viernes, 7 de enero de 2011

Lecturas de verano: Mankell y "El Chino"


Es ampliamente conocido que el género policial es uno de los más populares de la literatura mundial. Cuando Borges escribió junto a Bioy Casares los Seis problemas para Don Isidro Parodi, una parodia (la redundancia fonética no es casual) del género, hizo una lectura particular del nacimiento del policial. En una conferencia que luego se introdujo como prólogo de este libro, decía que Edgar Allan Poe en realidad no sólo había creado un género con su clásico "Los crímenes de la calle Morgue", sino que había engendrado un tipo especial de lector, lo que era un mérito mayor aún. Sí, Poe había creado un lector desconfiado, lleno de sospechas, que lee con incredulidad, con suspicacia, una suspicacia especial. Así, según Borges,   un lector de policiales que baja de otro planeta y le informan que "El Quijote" es en realidad un policial, cuando se encuentra con que "En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre prefiero no acordarme...", comienza a preguntarse ¿cuál es ese lugar?, ¿por qué Cervantes prefiere no acordarse?, seguramente alguna complicidad tiene con aquello que sea que haya sucedido en ese  perdido (o escondido) lugar de la Mancha.... y así continúa su periplo (o su "pesquisa") por El Quijote en busca de descifrar el enigma, por caminos seguramente aterradores.
De Poe y Wilkie Collins hasta Stieg Larsson y su trilogía sobre "Los Hombres que no amaban a los mujeres", hay un largo camino recorrido por un género que produjo una pasión en esos lectores creados por el primero, entre los que nos encontramos. Conan Doyle y el genio intelectual y un poco aristocrático de su Sherlock, el clásico de la época limpia de la "novela-problema", donde la escena del crimen nunca estaba presente, lo central eran las capacidades intelectuales para resolver el enigma con el uso racional de la inteligencia, en una época de certezas de las ciencias positivas y de confianza burguesa en la fuerza de la "Razón". Maurice Leblanc y su más mundano y hasta "lúmpen" Arsenio Lupín, un anti-Sherlock que trabajaba con la intuición y la astucia, más que con la razón. Chandler y su Marlow que junto a Hammet y otros inauguran el policial negro estadounidense y desde algún punto de vista la etapa crítica del género, donde se confunden buenos y malos, donde la ley no se sabe muy bien donde está y el Estado pasa de gran "Leviatán" y gran criminal. Expresión de la crisis de los años 20 y 30, la ley seca, el crimen organizado y el irracionalismo de la Gran Guerra.
En Latinoamérica tenemos a Leonardo Padura (famoso últimamente por su novela sobre Trotsky y su sicario), a quién su Mario Conde le permitió retratar (y denunciar) las contradicciones de la vida política y cotidiana de su Habana contemporánea. Mankell nos relata las historias de Kurt Wallander y saca a la luz lo que la Suecia moderna pretende esconder bajo la alfombra. En la misma línea Stieg Larsson que llevó a una fama mayor al policial sueco, nos regaló a Lisbet Salander, una vengadora de los martirios que sufren las mujeres y ella misma en la siempre, en apariencia, "pacífica" y "tranquila" Suecia.
Rodolfo Walsh, un amigo de la casa, a quién parafraseamos y homenajeamos con el nombre de este blog, supo valerse del género para las más profundas denuncias de los crímenes sociales y políticos cometidos en este país.
Ernest Mandel fue entre los marxistas, uno de los que se ocupó de analizar críticamente este tipo de literatura y "distinguió en la novela policial una dimensión crítica del sistema capitalista. Al emprender la teorización histórica de la novela negra europea y estadounidense, Mandel devela cómo el género, si bien en sus inicios había sido producido y leído ideológicamente, al modo de la justificación de la represión del estado contra el delito individual o de organizaciones, evolucionó hasta el grado de presentar al Estado como el responsable del supremo delito. (...) entendiendo la novela policial como el género maleable que había transitado de la función integradora de los valores morales a la negación o, por lo menos, puesta en duda de estos valores en el ámbito del poder político y económico" (ver acá)
No sabemos si Mankell, hizo suya esta interpretación, pero en sus novelas policiales desentraña y se introduce en las complejas historias de los asesinos, el motor de sus odios y los motivos de sus venganzas personales (y sociales), convertidos en algunos casos en fetiches morbosos y sangrientos. Ahí se encuentran las respuestas que la mirada siempre superficial de la policía ("esto solo puede ser obra de un loco"), nunca puede resolver.
"El Chino" hace honor a esta forma del relato policial. Un crimen espectacular en un ínfimo pueblo perdido en los bosques suecos, el asesinato de casi todos los habitantes, la mayoría de ellos ancianos y un niño. Degollados, algunos cortados en pedazos y donde las primeras autopsias muestran que en los asesinatos existió la intención de que se produzca un largo martirio previo a la partida a mejor vida.
Un desquiciado (o varios?)... pero sin embargo terriblemente preciso, un asesinato masivo, meticulosamente planificado. No era un crimen acorde a ese país, podía serlo para EEUU, pero no para Suecia. Mankell nos lleva a los antepasados de alguno de los habitantes de ese pueblo, cuando emigraron a EEUU y trabajaron como "capataces" de las empresas que construyeron las redes de los ferrocarriles y abrieron los caminos estructurales en los primeros pasos de la democracia americana. Empresas que "importaban" esclavos chinos y negros, secuestrados en Cantón o en otras grandes ciudades a las que a su vez habían  llegado desde la pobreza del campo, huyendo de sanguinarios terratenientes y en busca de un destino mejor. Los blancos suecos, a su vez empleados de las empresas constructoras y montadoras de rieles, esclavizando a los "perros amarillos" y a los "demonios" sin alma y sin cerebro de piel negra. Una denuncia, en primer lugar, de un "crimen" masivo y de origen en el surgimiento de los EEUU, pero también una descripción de los odios que casi un siglo después desencadenarían la revolución China. Y a la vez una descripción de las corrupciones y los pasajes por los cuales la burocracia china actual, pasó a nueva clase capitalista. Y "de yapa" una crítica a la vida conyugal y conservadora de las "exitosas" familias suecas, retratada a través de la historia de una jueza (Briggita Roslin), activista radical de los años 60s, que no recuerda en que momento y lugar dejó su vida apasionada de esos años, para convertirse en una esposa infeliz y una funcionaria encargada de impartir una justicia imposible.
Entre los lectores policiales "puros" de Mankell, esta novela tuvo muchos detractores porque, según ellos, tiene un excesivo carácter "panfletario". Después de todo no habrán leído esta declaración de Mankell donde afirma que el policial es muy aburrido. Y tampoco se habrán enterado de esta última gran acción de solidaridad con el pueblo de Gaza, cuando sufría uno de los tantos ataques asesinos del Estado sionista.
Para nosotros un gran libro, aunque Kurt Wallander no haya intervenido en este caso.

jueves, 6 de enero de 2011

La índole de ciertos oficios, el profesor Toer y sus burradas "serviles"


Los amigos del Observatorio contestaron algunas cuestiones de esta nota que Mario Toer publicó en el diario de Irigoyen del gobierno Kirchnerista, para nuestro gusto muy diplomáticamente. Facundo Aguirre también hizo su crítica acá, mientras escribíamos este artículo.
Se dieron varios debates en la blogsfera con peronistas como Manolo Bargue o Abel F. o inclusive el mismo Artemio L. y aunque casi siempre son diálogos imposibles, el ejercicio de la crítica y el intercambio de argumentos da como resultado estimular el pensamiento, afilar las teorías, "falsar" y reconstruir hipótesis. Claro, todo esto se produce cuando los protagonistas, a pesar de las licencias para ciertas chicanas y exageraciones propias de un "duelo" ideológico, confrontan con cierta honestidad intelectual ideas  y fundamentos.
No es ese el caso del "profesor" Mario Toer. Su artículo parece más bien un berrinche y un pataleo contra presuntos trotskistas que son pocos pero intensos y no permiten que el proyecto transformador "nacional y popular" comandado ahora por CFK y "fortalecido" por Gildo Insfrán, el Gallego De la Sota, Aldo Rico y varios intendentes duhaldistas de toda la vida, se lleve adelante en "Pax".
Por supuesto, como es un profesor universitario y nada menos que Ciencia Política, tiene que adornar sus instintos primarios con ciertas definiciones pseudo académicas. Pero de la pluma (o las teclas) de un ofuscado señor ya entrado en años, solo salen verdaderas burradas.
Así, según la definición de Toer "el arte de la política implica, al menos, una cierta capacidad para obtener una creciente y apreciable audiencia en el escenario en el que se está inserto". Así que ahora la política (y su arte) dejaron de ser en esencia la lucha por del poder del Estado (en el caso de los marxistas, la lucha por destruir éste estado y poner en pie otro, con un carácter de clase opuesto y a la vez el comienzo del fin de todo estado), para pasar a ser un problema de "audiencia".
Luego viene lo más "rico" de las gansadas del profesor Toer, cuando afirma que el trotskysmo nunca habría roto con las premisas de la Segunda Internacional. No vamos a relatarle a este profesor de Ciencia Política la historia del marxismo, la lucha de Lenín y Trotsky contra los dirigentes de la Segunda Internacional, contra su "4 de Agosto", cuando mandaron a la carnicería imperialista a las clases obreras de sus propios países en nombre de la defensa de la Patria y así declararon su bancarrota. Lenín y Trotsky y un puñado de revolucionarios en  Zimmerwald y Kiental comenzaron sentar las bases de una nueva Internacional (la III), de la cual el trotskysmo y la IV Internacional fueron la continuidad. El marxismo revolucionario del siglo XX se hizo en lucha contra el reformismo de la II Internacional y la burocratización y el nuevo reformismo de la III. 
Pero la esencia del "argumento" de Toer, está en esta afirmación: "No comprendieron las transformaciones del siglo XX, todas las implicancias del imperialismo y mucho menos la índole de los conflictos en las periferias. Su propuesta estratégica, sea en Noruega, Francia, Mozambique o Bolivia, será la misma: “frente obrero” o “frente de trabajadores”. Nunca pretendieron encontrar un enemigo principal o procurar la unidad del pueblo".
Traduzcamos, Toer se enoja porque los trotskystas "no entendemos" que "la derecha" es el enemigo principal, entonces Insfrán, la burocracia sindical asesina, los duhaldistas Anibal Fernández o el neoliberal devenido en peronista "boy" Amado Boudou, el gallego De la Sota, el carapintada Aldo Rico, duhaldistas como Mussi y otros intendentes, menemistas como Scioli, entran en las categorías de "enemigo secundario" y "aliado circunstancial". Hay que ser un verdadero artista de la política (o un payaso de la academia) para hacer pasar esto como una "política transformadora nacional y popular", al menos podría hacer como Artemio López que volvió a un peronismo puro y duro, sin muchas vueltas.
Pero Toer cae víctima de sus propias afirmaciones, dice a propósito del tiempo en política que cuando en determinado período uno no logra los objetivos, podría cambiar de oficio. Toer tendria que hacer caso a sus palabras y dedicarse a otra cosa. El gobierno que defiende luego de 8  años de crecimiento a tasas chinas no resolvió ninguno de los problemas estructurales de los trabajadores y el pueblo pobre en la Argentina: trabajo precario y tercerización menemista, flexibilización, falta de viviendas y tierras para los pueblos originarios (como les rercordaron quienes ocuparon el Indoamaricano y fueron asesinados en un operativo conjunto de la Federal y la Metropolitana y los miembros de la comunidad Qom, que mandó a matar el "aliado circunstancial", Gildo Insfrán), solo para nombrar algunas cuestiones de la "herencia" que este gobierno no cambió en lo más mínimo.
No negamos que ciertos "trotskystas" con sus acciones improvisadas y guiadas por el aparato, le dan letra al gobierno y a infelices como Toer para escribir estas cosas, pero el hecho que toma Toer para la crítica, el improvisado corte del 23, no es justamente un ejemplo de "trotskysmo".
Justamente por eso se aferra a esta acción y no habla de la gran lucha de Kraft, el ejemplo de Zanón y la larga lucha de los trabajadores tercerizados del Roca, donde la estrategia de la alianza obrera y popular, la sana relación entre trotskystas militantes de partido y auootganización obrera, convirtieron a esas luchas en "escuelas de guerra" en el sentido leninista, luchas que lograron un amplio apoyo popular y demostraron la potencialidad de la hegemonía obrera.
Atilio Borón, había polemizado con Toer, cuando éste último llegó a afirmar en otro artículo del Boletín Oficial, algo así como que el kirchnerismo era un gobierno "más que merecido", por las masas argentinas. Nosotros habíamos escuchado el lugar común de que "los pueblos tienen los gobiernos que merecen", pero lo de Toer es una absoluta novedad, dicha en pos de servir al kirchnerismo. Este sería un gobierno "que es más de lo que se merecen" los trabajadores y el pueblo. Argumentando semejante afirmación en una histórica relación de fuerzas, en la estructura política del país etc. etc. Para Toer el pueblo Argentino merecería un gobierno "peor", pero el buenazo de Néstor nos concedió más por pura filantropía.
Solo un "intelectual" que no tiene que pensar donde van a dormir sus hijos mañana (como aquellos a los que su gobierno expulsó con métodos punteriles y en equipo con Macri  de Parque Indoamericano), que no tiene que huir de terratenientes que los apalean como en Formosa o que no tiene que trabajar cobrando la mitad del salario, como los tercerizados, puede "teorizar" desde su cómodo escritorio académico (o a veces "participando" en charlas de café como esta, para decir generalidades), sobre lo que el pueblo Argentino "se merece". 
Sabemos que los trabajadores y el pueblo se merecen mucho más y este profesor "charlatán" todo nuestro desprecio.