lunes, 27 de junio de 2011

El cristinismo, la audacia y el (mal) cálculo


Cientos de interpretaciones circularon en estas horas posteriores al cierre de listas. La elección del candidato a vice-presidente, a vice-gobernador de la estratégica provincia de Buenos Aires y el armado de las listas de diputados y senadores nacionales, estuvieron en el centro del debate.
Nuestra primer lectura es que en la elección de los candidatos, CFK hace un reconocimiento de la precariedad política de la coalición con la que gobernó el país hasta ahora.
La disyuntiva es, parafraseando a Gramsci, si lo que pretende que nazca es mejor de lo que "no termina de matar". Es decir, una camarilla de funcionarios estatales, con figuras mediáticas, simpáticas a la clase media, venidas desde la derecha o la centroizquierda, intentando "domesticar" al peronismo "mazorquero" del PBA, a los federales de las provincias y como si fuera poco, también a la burocracia sindical, ¿significa mayor estabilidad burguesa y una profundización del "proyecto"?.
Hay algo de verdad en las declaraciones de Schmid sobre la injusta retribución del gobierno al "movimiento obrero organizado", al mandarlo a cola, en puestos testimoniales para las listas. Claro que no en el mismo sentido que el burócrata piensa. Pero la burocracia sindical hizo un gran aporte a la estabilidad política, manteniendo a raya al movimiento obrero, acordando techos "moderados" que marquen el ritmo de las paritarias, permitiendo la existencia de millones de contratados, en negro, precarizados y cumpliendo fielmente su rol de policía interna en el seno de la clase trabajadora. No es justo que a cambio de este gran servicio prestado a la estabilidad capitalista Argentina, la burocracia sindical deba soportar que le pisen la cabeza los arribistas de "La Cámpora" y tengan menos diputados que bajo el menemismo. Si hasta tuvo que pagar este rol, con el surgimiento de una fuerte corriente de "sindicalismo de base" en importantes industrias y empresas. 
Por su parte, el aparato peronista, como gran partido de la contención, tampoco quiere quedar marginado, cuando son ellos los que mantienen el "orden" en el territorio.
Pero el fin de ciclo político del kirchnerismo, obligaba a un cambio de rumbo, sino se pretendía llegar al ocaso, con un nuevo mandato sin posibilidad de reelección, con CFK flanqueada por una burguesía que exige cada vez más orden, un pejotismo que "agradece los servicios prestados" pero quiere más poder real y un una burocracia sindical reformista que pretende más poder político, para controlar mejor a un nuevo movimiento obrero. 
De todo este entramando contradictorio de fuerzas, CFK pretende salir "por arriba", con el clásico método del bonapartismo peronista ("con vestidito negro", diría el amigo Facundo Aguirre). Se apoya en "fuerza" que le da el crecimiento económico, la debilidad política de la oposición patronal y los votos, que le permiten en la coyuntura estas maniobras sin sobresaltos.
La cuestión decisiva será cuando, tarde o temprano, la crisis capitalista en curso, llegue a la Argentina.
El cuento de la hegemonia se terminó el fin de semana. La CGT se distancia, el peronismo histórico desconfía y se resiente.
Audacia no le faltó a CFK, pero lo importante es si el "cálculo" es certero. Se puede responder que sí y no. Para octubre, es probable que esta opción política permita ganar la elección. Pero estratégicamente se va hacia un gobierno que no sólo no es hegemónico, sino que ahora también resquebraja la relación con los aliados que le garantizaron hasta ahora la "estabilidad", para pasar a apoyarse en una nueva y políticamente fastasmagórica "juventud" con "épica de gestión". Y en un momento en que hasta logró enlodar, a través de su propio método de cooptación, emblemas nacionales, como la Asociación Madres de Plaza de Mayo, que bien supo utilizar en sus orígenes, como símbolos de un "cambio de época" y de concesiones por arriba, como respuesta a su vez a la crisis de la política y del régimen burgués del post-2001.
Claro que el bonapartismo-cristinista, como todo bonapartismo, no es neutral. Boudou en la vicepresidencia y la marginación de la burocracia sindical, son símbolos de un guiño (uno más) a derecha, que la Viuda le hace a la burguesía, para demostrarle que se superó el período ultraizquierdista de enfermedad infantil (un poco alentada por ese "loco" de Néstor) y que el kirchnerismo llegó a su adultez: el cristinismo. El mensaje subyacente a la burguesía es mas o menos este: "ven que estamos dispuestos a acordar con todos, salvo con Clarín, porque algún "enemigo" tiene que haber para sostener la "épica" (y a los giles que se la creen), y ahí está Boudou, como frutilla del postre, para demostrar que somos la mejor garantía de sus negocios".
Pero subirse al caballo junto con los prepotentes de la Cámpora, bajo el influjo de una economía con destino incierto y de los votos de una voluble clase media, es una movida un tanto peligrosa. Pretender atacar y romper o subordinar al "centro de gravedad" que sostiene el poder burgués en la Argentina (el peronismo y la burocracia sindical), desde un "armado" de "jóvenes" carreristas, más que audaz, es aventurero. Si hasta sectores de la propia burguesía alertan sobre los ciertos riesgos de romper abruptamente con la burocracia sindical.  
Los desplantes a los barones de mazorqueros y federales del peronismo y a la burocracia sindical, auguran nuevas intrigas, rupturas y crisis, que están en la naturaleza de la dinámica política de los regímenes de los países semicoloniales. Será a través de una mayor "autonomía" del moyanismo (que no deja de expresar el nuevo peso específico del movimiento obrero), o será con nuevas operaciones del aparato peronista o por la propia llegada de la crisis mundial o muy probablemente por una combinación de todos estos elementos, por donde puede saltar el equilibrio inestable del "nuevo" ciclo cristinista.
Para nosotros lo importante es aprovechar las brechas que se abren entre "los de arriba", para hacer avanzar la lucha y las organización de "los de abajo". El Frente de Izquierda y los Trabajadores debe postularse como un polo político fuerte de independencia de clase, conquistar simpatía (y posiciones) en el movimiento obrero y de masas, en un buen momento en el que se pueden empezar a aprovechar los errores de "cálculo" del enemigo.

miércoles, 22 de junio de 2011

Los debates (en) el Frente de Izquierda: elecciones, parlamentarismo, estrategia y táctica

El último post de "Los galos de Asterix" (el blog del amigo Juan Dal Maso), nos recomienda una re - lectura de un texto de los primeros Congresos de la III Internacional, a propósito de la política de los comunistas hacia y en los parlamentos burgueses. Una recomendación muy atinada, en momentos en que el FIT logró una banca en la legislatura de Neuquén y no es descartable que consiga alguna otra en las elecciones por venir.
Ese documento deja planteado con claridad meridiana el rol que los revolucionarios comunistas le asignan a la pelea electoral y a la lucha parlamentaria, en el marco de una estrategia de conquista del poder por la clase obrera, centrada en la movilización extra-parlamentaria de las masas.
Para nosotros fue un aliciente más para escribir sobre el debate que, quiérase o no, se está dando implícitamente entre quienes integramos el FIT y acordamos un programa común para las elecciones, pero tenemos marcadas diferencias en la estrategia política.
En éste y éste discurso y luego en éste y éste, se abrieron por lo menos dos discusiones relevantres: una sobre cual es la importancia precisa - es decir, sin exageraciones - de la compulsa electoral (aquí viene a cuento el documento de la Tercera) y, por otra parte, sobre las vías y los métodos para construir una dirección revolucionaria en la Argentina, la lucha por las masas y el lugar del FIT en ese camino.
Sobre el primer aspecto, el discurso de Jorge Altamira en el acto de Córdoba, remarca la importancia de la pelea electoral y su carácter "fundamental", porque implica una batalla "política" contra la clase capitalista de conjunto, a diferencia de la lucha sindical que es "contra el patrón individual". Entonces Altamira se manifiesta "en contra" de los que dicen que las elecciones "no son importantes".
Como en ese acto nadie dijo que las elecciones "no son importantes", ni lo oradores del PTS, ni meeeenos que menos los de IS, tal afirmación parecía responder al discurso de Castillo y sobre todo al límite que, con una muy buena cita de Trotsky mediante, le puso a la táctica de participación en las elecciones, la conquista de diputados etc etc. Y es ahí donde se abre el debate. Si bien es verdad que la campaña electoral es una lucha política superior, en un aspecto a la pelea sindical, no es menos cierto y en este sentido la importancia de la cita de Trotsky que "El método fundamental de la lucha del proletariado contra la burguesía, es decir contra su poder gubernamental, es ante todo el de las acciones de masas. Estas últimas están organizadas y dirigidas por las organizaciones de masas del proletariado (sindicatos, partidos, soviets), bajo la conducción general del Partido Comunista, sólidamente unido, disciplinado y centralizado. La guerra civil es una guerra. En ella, el proletariado debe contar con buenos cuadros políticos y un efectivo estado mayor político que dirija todas las operaciones en el conjunto del campo de acción".
Y también "La lucha de las masas constituye todo un sistema de acciones en vías de desarrollo, que se avivan por su forma misma y conducen lógicamente a la insurrección contra el estado capitalista. En esta lucha de masas, llamada a transformarse en guerra civil, el partido dirigente del proletariado debe, por regla general, fortalecer todas sus posiciones legales, transformarlas en puntos de apoyo secundarios de su acción revolucionaria y subordinarlas al plan de la campaña principal, es decir a la lucha de masas".
Y finalmente "Esta acción parlamentaria, que consiste sobre todo en usar la tribuna parlamentaria con fines de agitación revolucionaria, en denunciar las maniobras del adversario, en agrupar alrededor ciertas ideas a las masas que, sobre todo en los países atrasados, consideran a la tribuna parlamentaria con grandes ilusiones democráticas, debe ser totalmente subordinada a los objetivos y a las tareas de la lucha extraparlamentaria de las masas". (Todas las citas son de "El Partido Comunista y el parlamentarismo" y el resaltado es nuestro).
No queremos poner en boca de nuestro aliado algo que no afirmó, pero como lo creemos con bastante experiencia como para debatir en el aire y como uno de los peligros del centrismo está en lo que "no se dice", sólo aprovechamos la polémica para remarcar que la validez de la afirmación de que "Nuestro partido, no es como cualquier partido...". Y la batalla electoral, es una batalla política, dentro de una estrategia, donde el "centro de gravedad" del capitalismo y su estado, no está precisamente en el parlamento.
La segunda discusión refiere al partido, la vanguardia y la conquista de las masas.
En el discurso del acto de las juventudes Altamira resaltó la importancia de la lucha por las masas, en el de Córdoba afirmó que el Frente de Izquierda tenía el programa que expresaba la experiencia histórica de las masas, afirmó "no estamos introduciendo nada "extraño" en la clase obrera, nuestro programa está en sus genes"...Todo esto, por supuesto, con el fondo de la catástrofe capitalista.
Vemos cierto mecanicismo economicista en estas forma de pensar la dinámica de la lucha de clases y la relación entre lo objetivo y lo subjetivo. No un economicismo "fatalista" con el mismo sentido que el de la Segunda Internacional o del stalinismo, donde el "desarrollo de las fuerza productivas, llevaba necesariamente al socialismo". Pero si un "fatalismo" donde la crisis terminal del capitalismo, cobra un valor sin límite y "soluciona" en sus nueve décimas partes los problemas objetivos y subjetivos de las masas, de la clase y del partido, en el camino a la lucha por la revolución. 
Según este esquema, el PO (o el Frente, según el auditorio) tiene el programa histórico de la clase obrera. La catástrofe capitalista hace su parte. La clase obrera "empalma" con el partido que tiene "su" programa y por lo tanto solo hace falta agitarlo correctamente.
La realidad de la lucha cotidiana por la reconstrucción de una subjetividad revolucionaria y una dirección política con la capacidad de vencer, es mucho más compleja de que este "sistema" mecanicista.
Es acá donde las categorías de Clausewitz demuestran su utilidad (párrafo aparte: el documento de la Tercera que citábamos está inundado de categorías clausewitzianas).
En primer lugar, la magnitud de la derrota mundial de la clase obrera en los años de la restauración, llevaron al enemigo a quebrar todo lo posible la voluntad de combate del ejército proletario y destruir sus fuerzas. Esto, en términos sociales, significó intentar reducir a la clase obrera casi a polvo social. Dividir sus fuerzas, quebrarla, moral y materialmente.  Las direcciones estalinistas y reformistas, cumplieron el pérfido rol de quinta columna en colaboración con el enemigo.
El fin de la época de la Restauración y el retorno de las luchas proletarias y de masas, no niegan las consecuencias que ésta dejó en la propia clase obrera y en las mismas organizaciones revolucionarias. El desafío de los revolucionarios de principios de siglo XXI incluye una doble tarea. Se debe retomar el programa y la estrategia revolucionaria, así como aportar a la reconstitución de principios elementales de lazos de solidaridad de clase, en el seno de la clase obrera y el pueblo, lo que significa combates cotidianos por la unidad de las filas obreras (contratados, efectivos, en negro, inmigrantes, mujeres etc). 
El programa del marxismo representa los intereses históricos de la clase obrera. Pero los "genes" de esa clase, o dicho en términos menos "positivistas" su subjetividad y su conciencia, son producto de su historia reciente, del resultados de sus luchas, sus fracasos y sus intentos de recuperación.
Esta situación tornó "extraños" muchos de los planteos de los revolucionarios ante la clase obrera durante los años de la restauración e incluso en último período de "reformismo pos-restauración", como el que se vivió en la Argentina en los últimos años. Es verdad que la catástrofe capitalista, puede empezar a hacer que de un salto "la realidad explique nuestro dogma". Pero en épocas no revolucionarias, el "dogma" y la práctica revolucionaria se hace en lucha política e ideológica contra ciertas "tendencias genéticas o naturales" de la clase, excepto que  se vaya a la clase obrera a adaptarse a ella y a sus tendencias tal cual son y no a intentar reclutar a los mejores elementos. Acá vale recordar al Lenín del "Qué hacer", aunque luego modificó su concepción sobre los límites potenciales de la conciencia espontánea de la clase obrera (a la que reducía solamente al tradeunionismo), no pierde su validez en relación a la lucha contra el economicismo y la adaptación a la clase y menos que menos "a las masas" tal cual son.
Y no es menos cierto que el peso específico, la preparación y el grado de desarrollo de la organización revolucionaria, la conquista de posiciones que permitan "atacar el centro de gravedad" del enemigo, cuando la circunstancias lo permitan, es un elemento tan o más importante que la "predicción" más o menos catastrófica de la crisis. Y la preparación de ese ejército, su reclutamiento se hace entre los elementos avanzados de una clase contradictoriamente concreta, producto de su tiempo. Las "tareas preparatorias" del ejército y su "Estado Mayor", pasan por el ejercicio de las luchas y las huelgas (escuelas de guerra), como por el estudio y el enriquecimiento de la "doctrina", incluso y necesariamente en lucha con las ideologías dominantes. Así como por el desarrollo de organismos de autoorganización y "doble poder" que permitan a la vanguardia revolucionaria, dirigir a las masas y crear las condiciones de un contrapoder con capacidad de derrotar a la burguesía. Entre el partido y las masas, son necesarias instituciones de poder de clase que permitan no solo organizar a la clase obrera, sino ejercer hegemonía sobre el pueblo pobre y oprimido. Claro que sin un programa y una dirección, los soviets también se vuelven impotentes. Pero si las tendencias "naturales" a la autoorganización cuando la clase obrera se dispone al combate, fueron obturadas y liquidadas por el estalinismo (y borradas del horizonte incluso de las principales corrientes del movimiento trotskysta), durante las experiencias revolucionarias del siglo XX, hoy se hace más que necesario inscribir la "estrategia soviética" en el programa revolucionario y en la lucha cotidiana por desarrollar sus tendencias.
Porque como decíamos con Gramsci en el post anterior, "el elemento económico, puede abrir brechas en la defensa enemiga". Pero para aprovecharla hay que contar con un ejército y un estado mayor, con la capacidad de fuego suficiente y organizada para vencer y hacerse del mando.
Claro, todo esto si el objetivo es "hacerse del mando" y no "sólo" obtener parlamentarios, sindicatos, centro de estudiantes...que no son "nada más que un medio"...

sábado, 11 de junio de 2011

Coalición, hegemonía y "defensa enemiga"



En el último post discutíamos contra las lecturas ideológicas que pretendían endilgarle al gobierno un carácter hegemónico del que carece. Luego vino el famoso "debate" de Beatriz Sarlo en 678, humildemente creemos que se confirmó nuestra hipótesis del carácter funcional del "enfrentamiento" entre la intelectual liberal y los periodistas K. 
678 aumentó su rating y Sarlo aumentó su fama, algo de eso dice E. Verón en este artículo, un negocio para ambos, en un debate insustancial, sobre las buenas o malas prácticas del periodismo nacional o europeo o un análisis superficial sobre el panorama electoral argentino. 
En aquel post afirmábamos "La coalición de gobierno, basada en gobernadores de derecha, sindicalistas gangsteriles e intendentes mafiosos - aunque sirva para ganar elecciones - está lejos de un "bloque intelectual y moral", por lo menos en el sentido que Gramsci lo entendía. Y el quiebre de esta coalición seguramente lo empezaremos a ver el mismo día después del triunfo electoral, claro, si la crisis mundial, como el diablo, no "mete la cola" antes".
Los hechos que se desarrollaron en las últimas semanas, develaron las grietas de la coalición:
- El caso Schoklender, como afirmamos acá es una consecuencia del "transformismo" político y la cooptación de Hebe de Bonafini y la Asociación Madres de Plaza de Mayo, por un proyecto y un Estado que no cambió su carácter de clase y por ende,  tampoco sus vicios. Y menos en las manos de una "camarilla" que suplanta su falta de "gran política" con el toma y daca de los fondos públicos. 
- La disputa permanente con Moyano, que tuvo su último episodio en las elecciones del Sindicato de Comercio, donde un ala del gobierno apostó (con algunas ayuditas) al triunfo del "menemo-duhaldista" Cavalieri contra los moyanistas, demuestra la endeble alianza con el "movimiento obrero organizado" y la CGT. Y más general, como venimos afirmando, la contradicción estratégica del gobierno con la clase obrera, que ha recompuestos sus fuerzas y destacado una vanguardia. Aunque esta contradicción se se exprese distorsionadamente en peleas con los caudillos sindicales. 
- El duro conflicto docente en Santa Cruz, cuna de la camarilla gobernante y la respuesta con métodos de patota de la mano de burócratas o punteros locales que responden a los K, tercerizando la represión o enviando la gendarmería, significan una "cruce de Rubicón" del famoso límite de la "no represión" de la que  hizo bandera la izquierda kirchnerista. 
- La ruptura del intento de acuerdo con el peronismo cordobés (uno de los distritos más importantes) y los "gestos de autonomía" del "Gallego" De la Sota, limitando los cargos de los K en el armado de las listas o implorando la "reconciliación" y no la "venganza" (con los genocidas), muestran los límites por derecha y el "olfato" del caudillo cordobés para aprovechar los crisis de la "hegemonía" K.   
En contraposición a todo esto, el importante apoyo de intelectuales que estuvieron en los bordes de Carta Abierta, al Frente de Izquierda y los Trabajadores y la reciente intensa campaña del FIT en Neuquén, con eje en un sector de vanguardia de la clase obrera, muestran en potencia, las posibilidades de un proyecto hegemónico, que logró el apoyo de importantes referentes de la cultura y del pueblo en general.
A la coalición de gobierno, le vienen tambaleando sus aliados por derecha y por izquierda, lo que en si mismo demuestra el carácter inestable y poco hegemónico del "proyecto" del "Nunca menos". Todavía tiene a favor el empuje del crecimiento económico, pero las condiciones internacionales de la crisis en curso, auguran mas temprano que tarde los límites de este ciclo. 
Si con una buena situación económica, la coalición pasa por estas crisis políticas, que se puede esperar cuando irrumpa "(el)  elemento económico inmediato (crisis, etc.) que es considerado como la artillería de campaña que, en la guerra, abre una brecha en la defensa enemiga, brecha suficiente como para que las tropas propias irrumpan y obtengan un éxito definitivo (estratégico)" (Gramsci).
El debate sobre la hegemonía o no, en última instancia tiene que ver con analizar de conjunto el "teatro de la lucha" y las posibilidades de brechas en la "defensa enemiga". Coalición o hegemonía definen dos líneas de defensa posibles.
El debate de estrategias que se expresó acá y particularmente en este discurso, cobra importancia para la preparación del propio ejército (y su Estado Mayor), que esté a la altura de garantizar el "triunfo definitivo". Porque la previsión de la "catástrofe", su anuncio "rimbombante" e incluso su irrupción misma, son condiciones necesarias, pero no suficientes para la victoria. La campaña del Frente de Izquierda y los Trabajadores, cobra sentido e importancia, si está subordinada a esta tarea estratégica.