martes, 27 de septiembre de 2011

Beatriz Sarlo, Malvinas y el "derrotismo"

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Apenas habíamos empezado a leer el contrapunto que pomposamente presenta la revista Noticias entre Horacio Verbitsky y Beatriz Sarlo, cuando al comienzo del artículo nos encontramos con la siguiente declaración de la ensayista, en su discurso de agradecimiento a la Editorial Perfil por el premio que le otorgaban:
"En 1982, cuando el gobierno militar invadió las Islas Malvinas, éramos muy pocos los que nos oponíamos a esta guerra. Fue el momento de mayor soledad durante la dictadura militar. Con un grupo de amigos nos sentíamos extraños en nuestro propio país. Escribimos un pequeño texto pacifista, derrotista si quieren, como fueron derrotistas tantos demócratas y socialistas que consideraron que la guerra que llevaba adelante su propio país, era una guerra injusta (...)"
Verdaderamente nos llamó la atención la forma en que Sarlo presenta su posición sobre la guerra de Malvinas. Objetivamente y más aún visto desde el presente, con las consecuencias que la derrota de Malvinas dejó no sólo para la Argentina, sino para los trabajadores y los pueblos oprimidos del mundo, el pacifismo "derrotista" de Sarlo es un cipayismo pro-imperislista puro y duro. Pero sin embargo la "intelectual celebrity" del momento, deja deslizar cierta culpa vergonzante por su posición y pretende "ennoblecerla" enmarcarcándola en una tradición democrática y... socialista.
La distinción entre "guerras justas e injustas" en la tradición socialista viene de Marx y su caracterización de las guerras del siglo XIX y es actualizada por Lenin para la época imperialista, superando dialécticamente y traduciendo al marxismo a Clausewitz que había sentenciado que "a cada  época (le corresponden) sus guerras". Lenin fue quizá el que más desarrolló la cuestión del "derrotismo" dentro del movimiento socialista, como política para la intervención de los revolucionarios en la guerra y sobre todo en las guerras interimperialistas inscriptas en la naturaleza de  la "etapa superior del capitalismo".
Nada más alejado de este derrotismo socialista que el "pacifismo humanitario antirrevolucionario (que) se ha convertido en una fuerza auxiliar del militarismo" (Tesis sobre la situación mundial y las tareas de la Internacional comunista - 1921). La tesis del "derrotismo" postulaba que en épocas de guerra interimperialista, la revolución solo podía tomar la forma de "guerra civil" y que si el desarrollo de la guerra civil -es decir de la revolución- implicaba la derrota del propio gobierno, esto era simplemente un mal menor. Con la popular definición de "el mayor enemigo está en casa", el heroico Karl Liebknecht, compañero de Rosa Luxemburg, definía esta política profundamente internacionalista. Bajo ningún punto de vista, la socialdemocracia revolucionaria (en esa época todos se llamaban socialdemócratas) debía suspender la lucha de clases en pos de la "paz civil" exigida por las burguesías para mandar a la carnicería imperialista a los obreros y pueblos de Europa, con el único objetivo de conquistar territorios y mercados para la rapiña de sus propias burguesías. La lucha por esta política le costó a Liebknecht, diputado de la socialdemocracia alemana y única voz disonante contra la guerra en el Reichtag y a los "zimmerwaldianos", la cárcel y la persecución en medio de la marea patriotera en los comienzos de la Gran Guerra. Así como también sostener esta posición le permitió a Lenin, forjar en el internacionalismo militante al partido que llevará al triunfo la revolución de Octubre.
Pero si esta era la verdadera posición derrotista para las guerras interimperialistas y no el "derrotismo" pacifista que nos presenta Sarlo,  es doblemente cipayezco aplicar la fórmula del "derrotismo", y menos "en el marco de una tradición socialista", a una guerra como la de Malvinas entre una potencia imperialista y una semicolonia. Salvo que la "tradición socialista" se convierta en socialimperialismo. 
A todas luces desde la tradición de Lenin, la guerra de Malvinas es una "guerra justa" y más allá de los métodos y los objetivos de la dirección burguesa (en este caso de Galtieri y la dictadura), entre los que NO estaba enfrentar seriamente al imperialismo; era una obligación ubicarse en el campo militar de la Argentina semicolonial (y dictatorial) contra el imperialismo "democrático". Porque como afirmaría Trotsky explicando la posición socialista, ante una hipotética guerra entre "el Brasil fascista y la Inglaterra democrática": "Supongamos, empero, que el día de mañana Inglaterra entra en un conflicto militar con Brasil. ¿De qué lado se ubicará la clase obrera en este conflicto? En este caso, yo personalmente estaría junto al Brasil “fascista” contra la “democrática” Gran Bretaña. ¿Por qué? Porque no se trataría de un conflicto entre la democracia y el fascismo. Si Inglaterra ganara, pondría a otro fascista en Río de Janeiro y ataría al Brasil con dobles cadenas. Si por el contrario saliera triunfante Brasil, la conciencia nacional y democrática de este país cobraría un poderoso impulso que llevaría al derrocamiento de la dictadura de Vargas. Al mismo tiempo, la derrota de Inglaterra asestaría un buen golpe al imperialismo británico y daría un impulso al movimiento revolucionario del proletariado inglés." (La lucha antiimperialista es la clave de la liberación - 1940)
Las dobles o las triples cadenas que ataron a la Argentina al imperialismo, sobre la base de la derrota de Malvinas, que además fue parte de las duras derrotas de los trabajadores y los pueblos oprimidos del mundo, que allanaron el camino a la "restauración conservadora",  torna más canallesco sostener y reafirmar orgullosamente esa posición hoy.
Pero esta señora que se recuerda a sí misma como una inofensiva "humanista y pacifista" en 1982, ante al auditorio bienpensante del periodismo democrático que encabeza Fontevechia, algunos años antes, cuando el movimiento obrero argentino enfrentaba al gobierno peronista de Isabel, López Rega y su Triple A, protagonizando las masivas jornadas de Junio y Julio de 1975 contra el "Rodrigazo", escribía sobre esas movilizaciones cosas como esta: 
"(...) el amplio frente antilopezrreguista -heterogéneo política y socialmente- que fue utilizado como plataforma golpista por los sectores pro-soviéticos, unió todo lo susceptible de ser unido en contra del ex ministro de Bienestar Social y coyunturalmente del plan Rodrigo, en verdad apuntando a la caída de Isabel Perón(...) Así las cosas, el frente antilopezrregulsta se transforma en los hechos en un frente contra el sector nacionalista encabezado por Isabel de Perón, aislado políticamente y carente de los canales que promovieran la presencia y organización de las masas populares, en especial de la clase obrera en defensa del gobierno.
Desatada por grupos prosoviéticos (sic) e inscripta como momento de un plan global para nuestro país, la ofensiva de junio y julio apuntaba, de imponerse el diseño del golpe institucional, a consolidar lo ganado por los soviéticos y sus aliados tanto en el aparato del Estado y las Fuerzas Armadas (sic sic sic)
En primer lugar, la afirmación de la alianza con los sectores burgueses nacionales va más allá de una coyuntura crítica como la que estamos atravesando; la defensa del gobierno peronista en caso de golpe de estado debe entenderse en el marco de esta alianza y no a la inversa. En segundo lugar, comprender que esta alianza atraviesa toda la actual etapa de la revolución en la Argentina y que la lucha por la unidad con los sectores burgueses nacionales es inescindible de la lucha por la liberación de la patria (...)" (Carlos Altamirano - Bratriz Sarlo. Editorial de Revista "Los Libros" N° 42 Julio-Agosto 1975)
Los obreros que enfrentaban a un plan económico brutal, llevado adelante por el gobierno peronista y sus bandas fascistas, eran "golpistas pro-soviéticos" porque no entendían la necesaria alianza con la burguesía nacional...
Algunos años más tarde, de un salto, esa famosa "burguesía nacional" desaparece y es mejor la derrota argentina ante el imperialismo inglés.
Nobleza obliga, y es verdad que Sarlo rompe con el maoísmo para luego fundar la mítica "Punto de Vista", sin embargo dudamos mucho que haya sacado las conclusiones del caso, si pretende hablar en nombre de alguna "tradición socialista"...
En la lucha de clases aguda, con elementos de guerra civil que se desarrollaba en 1975 y en la guerra imperialista de Malvinas de 1982, Sarlo estuvo en el lado equivocado de las trincheras.
Se ve que la cuestión del "transformismo" es un "mal" que no solo afecta a nuestros intelectuales "Nac&Pop", sino también a los más "lúcidos" intelectuales liberales... 

domingo, 25 de septiembre de 2011

"En el mismo lodo, todos manoseaos" (otra respuesta a Artemio López)

"A ver si la cortamos con los "zurditos" y eso de la "restauración bonapartista", Artemio"



Los últimos post de Ramble en relación al debate en torno a la crisis del 2001 y el carácter del kirchnerismo no aportan ningún argumento nuevo que merezca discutirse; sin embargo hacemos una aclaración por la cuestión del "transformismo" que parece haber sido causa de la ofuscación de nuestro oponente:
Tiene razón Artemio López, es exagerado aplicarle el mote de "transformismo" a su evolución política. El "transformismo" según Gramsci, es la integración de ciertos intelectuales o dirigentes de las clases subalternas al orden conservador, como una forma de evitar que se forme un "bloque revolucionario". Pero claro, Artemio como CFK, jamás quiso ser revolucionario, sino un "simple peronista"... Por otra parte, qué duda cabe de que siempre estuvo entre los históricos "barones" del peronismo duro...
Si hubo cierta pasivización en la "restauración kirchnerista", también hubo cierto transformismo que, ahora sí con toda justicia gramsciana, puede aplicarse a algunos organismos emblemas de los DDHH, donde el transformismo llegó a mutar en "transfuguismo" y a "movimientos sociales" autonomistas como los MTDs que repitieron farsescamente la tragedia de los anarquismos del siglo pasado, negando rotundamente el estado o pretendiendo pasar por el costado, por abajo o por arriba, hasta que ese mismo estado les abre una puerta trasera y entran gustosamente a "cambiar las cosas desde adentro"...
Pero decíamos, como Artemio López no encuentra más argumentos para la discusión teórico-política, va a los pasos dos y tres del "manual del buen restauracionista", es decir, de la chicana barata al simple macartismo. Y de alguna manera lo entendemos, es toda una aventura intentar defender al kirchnerimo...desde Gramsci. Acá lo escrachan mal al "Perro" Verbitsky, cuando intenta hacerlo desde una de sus clásicas operaciones políticas, recordándole que él mismo había denunciado al "buenazo" de Néstor cuando era empleado y vocero de las petroleras oponiéndose férreamente a una "125" que querían aplicarles (la otra parte del cuento de su "oposición" a la devaluación)
Pero es en este post, no relacionado directamente con el debate, donde "salta la laucha" y Artemio despacha su macartismo puro y simple con argumentos que siempre caen bien a los señoras bien pensantes de ambos sexos.... como la discusión "contra la  la violencia en general" de las "malditas vanguardias". Como si no hubiera vanguardias y vanguardias, violencias injustificadas e inútiles derramamientos de sangre y violencias justas (distinciones hechas y reconocidas hasta por Santo Tomas, para no hablar de Maquiavelo). Entonces, "Lenin es igual a Firmenich", en el mismo lodo todos manoseaos (foquistas e insurrecionalistas, proletarios y burgueses, campesinos y trabajadores urbanos), todos "vanguardistas incurables".
Raro que no haya ido hasta el ejemplo clásico de macartistas experimentados como Oscar Del Barco: el del EGP de Masetti y los fusilamientos de sus combatientes. Que por no sacar las lecciones de sus propios errores políticos, salen a moralizar y (ay!) a "catequizar" con su biblia de unos pocos mandamientos: contra la vanguardia, contra la violencia y todo, "en general".
El que de joven era incendiario y de grande, "restaurador" ;), hace un reduccionismo a un principio abstracto: "masividad" vs. "vanguardismo", que incluso en general, podemos considerar correcto siempre que concreticemos de qué estamos hablando. Los que en los setenta subordinaban su lucha por el socialismo a las órdenes de un General ("para no perder masividad") que finalmente, les trajo de regalo a López Rega y Osinde, para después pasar a un vanguardismo loco, tienen algunas conclusiones políticas y estratégicas que sacar un poco más complejas que la simple oposición de "masividad" vs. "vanguardia".
Pretender resolver de manera más facilista aún, el complejo problema de la "delación bajo tortura", desde ese reduccionismo binario es un verdadero disparate...peor si está adornado con un "moralismo democrático".
Pero bueno, parece que "los espectros del bonapartismo", hacen bastante ruido en el momento presente del proyecto restaurador, que hasta sus mejores plumas, con otro nivel, aunque sin muchos más argumentos, salen a explicar que también hay "Bonapartes buenos"...pssss

martes, 20 de septiembre de 2011

¿Progresista o Restaurador? Otra vez sobre Gramsci y el kirchnerismo (una respuesta a Artermio López)

Para que siga el debate que empezó acá y continuó acá, posteamos una nueva respuesta a Artemio López que elaboramos con una gran colaboración del amigo Juan Dal Maso, del blog "Los Galos de Asterix"

En la discusión sobre las categorías gramscianas hay un eterno debate “hermenéutico” en torno a la interpretación sus textos, escritos en gran parte bajo una forma que le permita esquivar la censura. Esto ha colaborado para que exista un Gramsci “todo terreno”. Sin embargo, su historia personal y sobre todo política debería haber puesto ciertos límites al “libre albedrío” en la interpretación de su marxismo. Partamos entonces de aclarar algunos supuestos de los que parte la argumentación de Artemio López.

No es correcto lo dice Artemio López sobre que Gramsci plantee la “crisis orgánica” como una crisis mundial y simultánea. Si bien no lo explicita mucho en los Cuadernos, Gramsci parte del marco estratégico de la III Internacional, que consideraba la época imperialista como una época de declinación del capitalismo como sistema social, pero esto no significa que vea una crisis permanente ni mucho menos. Considera a la crisis económica como una condición, pero no como la única determinante de una crisis orgánica, dándole un peso principal a la crisis del Estado en su conjunto, la cual se expresa a través de la separación de las masas respecto de los partidos tradicionales de estructuración nacional. Precisamente porque una de las crisis del imperialismo tiene que ver con la contradicción entre el desarrollo de la economía mundial y los límites de las fronteras nacionales, la crisis orgánica se expresa con desigualdades y expresiones nacionales concretas, que a su vez hablan del marco internacional en que surgen. 
La debilidad de Gramsci, que es tener un punto de vista principalmente nacional en detrimento del internacionalismo, lo cual lo alejó de Trotsky, le permite contradictoriamente captar la dimensión de la crisis orgánica como fenómeno con raíces internacionales pero con expresiones nacionales "peculiares".(ver acá un interesante contrapunto entre Trotsky y Gramsci)
Aun así la visión de Artemio sobre la crisis económica es errónea o por lo menos un tanto "provinciana". Desde la salida de la crisis de los '70 que se basó en ataques a las condiciones de vida del movimiento de masas, evitando "sanear" los capitales sobrantes, hubo diversos capítulos de la crisis económica, de los cuales, por poner algunos de la última década y media, fueron hitos la crisis del Tequila,  la crisis del sudeste asiático, el  “default” ruso  y la crisis argentina en este marco. Sin crear "crisis de la autoridad estatal en su conjunto" a escala mundial, los capítulos previos de la crisis fueron mostrando un cambio de condiciones que hacían cada vez más imposible el sostenimiento de la convertibilidad. En cierto sentido, la Argentina fue un "eslabón débil" que mostró la crisis del “neoliberalismo” a nivel mundial. Es decir, que Artemio se equivoca cuando afirma sin más que fue una crisis nacional coyuntural, dejando de lado el contexto mundial. La crisis argentina fue "orgánica" también porque incluyó el fin de un "modelo" de acumulación que se había tornado obsoleto para las condiciones imperantes en la economía mundial y junto con él hizo estallar el sistema de partidos predominante desde la salida de la dictadura.
Sin embargo, para Gramsci lo central de la crisis orgánica no es que esta pueda transformarse en revolución, sino que plantea una crisis de la autoridad estatal, que puede abrir paso a un proceso revolucionario, en caso de que exista una fuerza combativa organizada previamente o a una solución de fuerza cesarista en caso de que ésta última no exista y la iniciativa de los de abajo se vuelva discontinua y desagregada o combinaciones de "coaliciones" con elementos cesaristas como planteamos en el post anterior .
No obstante lo dicho anteriormente, acordamos con Artemio López en que el sistema teórico gramsciano no es el único (y también discutible si es el “mejor”) sobre todo si se lo intenta utilizar en un país semicolonial como la Argentina, cuando en su génesis fue pensado para los países que integran (o integraban) lo que Gramsci llamaba “occidente”, es decir, las democracias capitalistas más o menos avanzadas de su época. Por eso nosotros partimos de que  “En los países industrialmente atrasados el capital extranjero juega un rol decisivo. De ahí la relativa debilidad de la burguesía nacional en relación al proletariado nacional. Esto crea condiciones especiales de poder estatal. El gobierno gira entre el capital extranjero y el nacional, entre la relativamente débil burguesía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esto le da al gobierno un carácter bonapartista de índole particular. Se eleva, por así decirlo, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar o bien convirtiéndose en instrumento del capitalismo extranjero y sometiendo al proletariado con las cadenas de una dictadura policial, o maniobrando con el proletariado, llegando incluso a hacerle concesiones, ganando de este modo la posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros” (León Trotsky “La Industria nacionalizada y la administración obrera”1939). Las condiciones especiales de poder estatal se caracterizan por una mayor “inestabilidad”, comparado con las democracias “avanzadas” o imperialistas, estructuralmente los países semicoloniales son mucho más “inorgánicos” (o "desigual y combinado"). En esto puede estar la base de tantas “crisis orgánicas” que vieron muchos “gramscianos” a lo largo del siglo XX. Y tienen cierta base de verdad, la historia política Argentina del siglo pasado estuvo caracterizada por convulsiones políticas permanentes. La estabilidad democrática de los últimos 30 años tiene su base en una enorme derrota histórica de la clase obrera y los sectores populares.
Pero hay “crisis y crisis”, si todo es “crisis orgánica”, nada es “crisis orgánica” y si todo es “crisis de coyuntura”, nada es “crisis de coyuntura”, por lo tanto es mejor hacer una discusión concreta y no solo de conceptos.
En el debate, Artemio López hace algunas operaciones donde intenta hacernos decir cosas que no afirmamos, para después “refutarlo” (o “falsarlo”), a saber:
En ningún momento afirmamos que la “crisis orgánica” se haya convertido en el 2001 en “revolución”, sino más bien planteamos lo contrario, tampoco Gramsci dice que “crisis orgánica” signifique inmediatamente revolución, como ya explicamos. Había una debilidad en “los de abajo”, producto de su historia política reciente, tanto en términos de subjetividad como de dirección política y la burocracia sindical jugó un rol muy importante para que el proceso avance lo menos posible hacia allí. Esto es una forma muy burda de ridiculizar nuestra posición. Si quiere discutir con Vilma Ripoll y sus “revolución de las cacerolas”, puede hacerlo, pero nosotros no somos, ni queremos ser Vilma Ripoll (menos en este momento!, ejem...si ella lo dice...). En esta respuesta a Manolo Bargue, en los comentarios del post, ampliamos sobre esta cuestión.
Justamente por esto no usamos el concepto gramsciano de “revolución pasiva” o de “diplomatización de la revolución”, para el kirchnerismo, precisamente porque el 2001 las acciones  de masas fueron “jornadas revolucionarias” y no revolución. Sin embargo, el kirchnerismo llevó adelanteuna "pasivización" de los movimientos que habían tenido expresión en aquellos días convulsivos.
Ahora, en este marco, la crisis que tuvo su expresión aguda en diciembre del 2001, no fue una crisis política más (como podía ser la crisis de la “Banelco”) o una crisis económica más. Sino que se combinó una crisis económica profunda (determinada por la crisis internacional del “paradigma neoliberal”), con una crisis social de magnitud y una crisis de hegemonía (ruptura entre “representantes y representados”, con el hundimiento de un partido histórico como el partido radical), todos elementos que Gramsci toma para definir una “crisis orgánica”. Una crisis de la autoridad estatal y de un “tipo de estado”, basado en la convertibilidad y un bipartidismo decadente (“pacto de Olivos), “remendado” (Chacho y la Alianza) pero todavía sobreviviendo.
Duhalde, el pejotismo y la burocracia sindical, hicieron el trabajo sucio e impusieron la devaluación (una medida, digamos…no muy progresista y una gran base para los “años kirchneristas” posteriores), que junto con la mejora de las condiciones internacionales para la Argentina, permitieron ir saliendo de la crisis catastrófica de la economía.
Sin embargo la “crisis de autoridad” estatal se mantenía y es ahí donde NK y sus “coaliciones”, comienzan su rol restaurador, conservador, con una primera “etapa” N&Pop (en la que logró el “trasnformismo” de muchos “intelectuales”, incluso Artemio mismo, siempre visto desde el peronismo “mazorquero” como un “infiltrado menchevique”, se convirtió a la ortodoxia peronista, y hoy es más papista que el Papa). Y ahora en su fase “cristinista” pretende terminar su tarea hasta el final.
Por último el intento de “minimizar” la crisis (“no fue orgánica, fue de coyuntura”)  cumple la función de presentar los aspectos más "progresistas" del kirchenrismo únicamente como producto de una voluntad política y nada como producto de las circunstancias (que no dejaban margen para una continuidad del neoliberalismo a secas). De esta forma, "achicando" las dimensiones de la crisis, Artemio busca agrandar el rol progresivo del ciclo K, disminuyendo su rol profundamente conservador centrado en la recomposición de la autoridad estatal.
Haya sido “orgánica”, como creemos, “de coyuntura” o como sea, el kirchnerismo fue el “agente” restaurador y el cristinismo y su coalición, lo dejan ver más claramente. Esperemos no tener que escuchar nuevamente los llantos de una nueva “traición Frondizi” o una  tragicómica “teoría del cerco”, cuando el N&Pop no sea más que un ¿“coyuntural”? recuerdo y CFK con Boudou y sus nuevos ímtimos de la UIA, desarrollen lo que hoy están mostrando embrionariamente.
Pero la observación más importante a plantear, a propósito de todo análisis concreto de las relaciones de fuerzas, es la siguiente: que tales análisis no pueden y no deben convertirse en fines en sí mismos (a menos que se escriba un capítulo de historia del pasado) y que adquieren un significado sólo en cuanto sirven para justificar una acción práctica, una iniciativa de voluntad. Ellos muestran cuáles son los puntos de menor resistencia donde la fuerza de la voluntad puede ser aplicada de manera más fructífera, sugieren las operaciones tácticas inmediatas, indican cómo se puede lanzar mejor una campaña de agitación política, qué lenguaje será el mejor comprendido por las multitudes, etc. El elemento decisivo de toda situación es la fuerza permanentemente organizada y predispuesta desde largo tiempo, que se puede hacer avanzar cuando se juzga que una situación es favorable (y es favorable sólo en la medida en que una fuerza tal existe y esté impregnada de ardor combativo). En eso estamos....


lunes, 19 de septiembre de 2011

Déjà vu

Revueltas en Londres
"David Camerón, sugirió que las personas reconocidas de haber participado en motines y pillajes sean desalojadas de sus viviendas sociales (con sus familias) y privadas de sus asignaciones. Un mensaje claro: si usted es pobre y comete un delito, será castigado dos veces"
Cuando leímos esta denuncia de Owens Jones, en el último número de Le Monde Diplomatique, edición cono sur, contra el gobierno conservador y derechista de Gran Bretaña, nos dio la sensación de haber tenido un déjà vu...
Pero no, efectivamente habíamos "vivido" esta situación cuando "Hannibal", el Jefe de Gabinete del gobierno Nac&Pop, progresista, pro-derechos humanos etc. etc., no sugirió, sino que acordó con el "Boris Johnson" argentino, cuando fueron las tomas en Parque Indoamericano y otras que: "Aquel que ocupe un espacio público o privado en las condiciones de usurpación no tendrá derecho a seguir percibiendo los planes sociales o a solicitar a futuro planes sociales de ninguna característica. Seremos inflexibles en esa posición" (Anibal Fernández). Es decir parafraseando a Jones "si usted es pobre, no tiene casa, lucha por un terreno y tiene la suerte de que no lo asesine la federal, la metropolitana o la gendarmería, sera castigado dos veces..."

jueves, 15 de septiembre de 2011

Del "Nac&Pop" a la restauración (leyendo desde Gramsci al kirchnerismo)

Este post de Los Galos de Asterix y la lectura de La Verdad Obrera Nª 444 nos llevaron a esta reflexión sobre el momento presente del kirchnerismo y a una lectura posible desde el marxista italiano.

Existe más o menos un acuerdo generalizado de que en el 2001 hubo, en términos gramscianos, una "crisis orgánica". Una crisis catastrófica de la economía, combinada con una crisis social y política. El fracaso de la "gran empresa" de la convertibilidad que nos llevaría al moderno primer mundo y por la cual hubo que sacrificar hasta las joyas de la abuela, devino en una crisis de representación y una movilización de masas que se convirtieron en  "jornadas revolucionarias".
Siguiendo a Gramsci, los momentos de crisis orgánica y sobre todo cuando existe un "empate catastrófico" entre las fuerzas "progresistas" y "reaccionarias", son propicios para soluciones de fuerza y para diferentes variedades de "cesarismo".  
En esto no hacía más que seguir al Marx del 18 Brumario. Incluso planteaba que lo distintivo de los cesarismos-bonapartismos modernos, era que el rol de apoyo que antes cumplía la "soldadesca" o elemento militar (sustancial en los bonapartismos clásicos), ahora podían cumplirlo las asociaciones, sindicatos y partidos, con un papel de control policial sobre el movimiento de masas. Por eso caracterizada al cesarismo moderno como policial, más que militar. Citamos En el mundo moderno, las fuerzas sindicales y políticas, con medios financieros incalculables puestos a disposición de pequeños grupos de ciudadanos, complican el problema. Los funcionarios de los partidos y de los sindicatos económicos pueden ser corrompidos o aterrorizados, sin necesidad de acciones militares en vasta escala, tipo César o 18 Brumario (…)La técnica política moderna ha cambiado por completo luego de 1848, luego de la expansión del parlamentarismo, del régimen de asociación sindical o de partido de la formación de vastas burocracias estatales y "privadas" (político-privadas, de partido y sindicales) y las transformaciones producidas en la organización de la policía en sentido amplio, o sea, no sólo del servicio estatal destinado a la represión de la delincuencia, sino también del conjunto de las fuerzan organizadas del Estado y de los particulares para tutelar el dominio político y económico de las clases dirigentes. En este sentido, partidos "políticos" enteros y otras organizaciones económicas o de otro tipo deben ser considerados organismos de policía política, de carácter preventivo y de investigación ("Notas sobre Maquiavelo". Recortamos a propósito la cita sobre la "fórmula cuarentayocehsca de la revolución permanente", que es parte de una lectura equivocada de Gramsci sobre la teoría de la revolución de Trotsky).
Este costado del pensamiento gramsciano es poco considerado por muchos de sus presuntos seguidores criollos, que pretenden ver en el peronismo al partido de la transformación, más que al partido de la contención y en la burocracia sindical a los genuinos representantes naturales de los trabajadores, más que a la policía interna del movimiento obrero.
Pero volviendo a la cuestión del cesarismo, Gramsci también planteaba que podía darse un "cesarismo" sin un Cesar o una gran personalidad "carismática", ya que el concepto de "cesarismo" es una fórmula "polémico-ideológica", no un canon y que "Todo gobierno de coalición es un grado inicial de cesarismo, que puede o no desarrollarse hasta los grados más significativos". Para caracterizar históricamente al "cesarismo-bonapartismo", para saber si se estaba frente a Cesar o Napoleón I o frente Bismarck o Napoleón III "Se trata de ver si en la dialéctica revolución-restauración es el elemento revolución o el elemento restauración el que prevalece, ya que es cierto que en el movimiento histórico jamás se vuelve atrás y no existen restauraciones in toto". Por último explicando la mecánica política de los cesarismos, Gramsci plantea "El cesarismo es progresista cuando su intervención ayuda a las fuerzas progresivas a triunfar aunque sea con ciertos compromisos y temperamentos limitativos de la victoria, es regresivo cuando su intervención ayuda a triunfar a las fuerzas regresivas, también en este caso con ciertos compromisos y limitaciones, los cuales, sin embargo, tienen un valor, una importancia y un significado diferente que en el caso anterior".
Las coaliciones o "cesarismos" (en el sentido polémico-ideológico), que muchas veces se imponen como salidas a los momentos de crisis orgánica, tienen una gran base en la debilidad de la fuerzas "progresistas" en el sentido histórico. En el 2001 argentino, tanto el partido proletario en el sentido amplio de Marx, es decir la dinámica de la propia clase obrera en tanto potencia de partido político, así como el partido en sentido coyuntural (la izquierda marxista realmente existente) eran débiles para dar una salida "progresista" (es decir revolucionaria). Las derrotas de la clase obrera bajo el "neoliberalismo" y el rol de policía interna de la burocracia sindical peronista, fueron elementos limitantes para que el 2001 no se convierta en un "argentinazo" y mucho menos en una revolución. La situación económica internacional y la medida "económico-política" de la devaluación, sacaron del medio el elemento catastrófico de la economía.
La "etapa superior del kirchnerismo", es decir el cristinismo y su coalición al haber desarrollado el fenómeno político hasta su madurez, permite ver más claramente el rol cumplido en sus fases anteriores ("en el hombre hay una clave para la anatomía del mono", Marx).
Es evidente el rol restaurador de la coalición gobernante, hoy con elementos de "bonapartismo fiscal". Tuvo su primera fase ("kirchnerista pura") donde la propia burguesía tuvo que aceptar "compromisos y limitaciones" para ocultar el elemento restaurador: paritarias, discurso "setentista", de "no represión" a la protesta social, demagogia en DDHH, ocultamiento de los impresentables del peronismo; y la nueva fase ("cristinista") donde se propone realizar la restauración hasta el final: perdida de peso y poder de los sindicatos y ataque a la izquierda sindical clasista en particular, discurso contra los piquetes, alianza más fuerte con los empresarios, Buodou como la "gran figura" del "nueva" coalición, apoyo abierto en y al aparato pejotista.
Tanto en el terreno de las relaciones económicas y sociales, como en el régimen político donde donde vuelve al centro el pejotismo y personajes como Scioli o Boudou o De la Sota, "recuperados"; como últimamente en el discurso, el kirchnerismo muestra su carácter restaurador. 
Cuando la crisis mundial amenaza con posibles nuevas crisis orgánicas y cuando se cae a pedazos el relato del peligro de la derecha y la "restauración conservadora", hay que prepararse para saber aprovechar las nuevas coyunturas estratégicas, ya que el éxito o fracaso de esa empresa política, en su fase abiertamente restauradora depende de la relación de fuerzas y de la lucha viva.
Desde ya que el uso de las metáforas y comparaciones históricas tiene muchos límites, los elementos "nac&pop" (los reales y los del relato), así como los de "restauración", tienen una relación directamente proporcional a las potencialidades y límites de la crisis y las jornadas del 2001. Pero consideramos que esta lectura es mucho más acorde al profundo pensamiento de Gramsci, que la que hacen muchos de los que se creen sus más fieles seguidores.

lunes, 12 de septiembre de 2011

El "modelo de acumulación con inclusión social" y la "paradoja" del relato


Leemos "Tras largos años de desindustrialización (1976-2001), en la etapa de posconvertibilidad se registró un incremento en la participación de la industria en el conjunto de la economía argentina, tal como se puede observar en el gráfico. Pero dicho aumento se dio hasta 2003 y, en gran medida, se vinculó con la utilización de las capacidades productivas instaladas que se encontraban ociosas por la crisis. A partir de ese año, el sector volvió a perder participación en el PIB total, lo cual se asocia a la relativamente baja inversión respecto a las altas ganancias de las grandes empresas, en particular entre 2004 y 2007, cuando la rentabilidad sobre ventas de los oligopolios líderes osciló entre el 14% y el 19% (niveles holgadamente superiores a los de la convertibilidad)"
El crecimiento industrial en la posconvertibilidad se asoció a una expansión considerable de las exportaciones: casi se triplicaron entre 2001 y 2010, alentadas por el “dólar alto”, los bajos salarios en términos internacionales y la existencia de mercados externos en expansión. Pero ante la debilidad de las políticas tendientes a propiciar una modificación en las modalidades de inserción en el mercado mundial, se fortaleció un perfil exportador muy volcado a la explotación de recursos naturales y la armaduría automotriz; perfil caracterizado además por un altísimo grado de concentración. Así, en 2010 las ramas elaboradoras de alimentos, vehículos automotores, sustancias y productos químicos, metales básicos y refinación de petróleo dieron cuenta del 86% de las exportaciones fabriles, frente a una participación promedio de “apenas” el 78% en la convertibilidad. Asociado a este perfil, hay que señalar que menos de un centenar de grandes corporaciones, en su mayoría extranjeras, explican cerca del 80% de las ventas externas del sector.
En ese marco, en la etapa de posconvertibilidad se afianzó la “dualidad estructural” de la industria argentina resultante de las políticas desindustrializadoras del período 1976-2001. Un puñado de ramas ligadas al procesamiento de recursos básicos presentan una balanza comercial positiva, mientras que las restantes son en general deficitarias.
En una industria caracterizada por esa “dualidad estructural” en materia de inserción internacional, los pocos sectores y actores generadores de divisas asumen un papel central en el desempeño fabril (y en la economía en su conjunto). Por ello, detentan un poder de veto decisivo sobre la orientación de las políticas públicas. Se trata básicamente de un puñado de grandes empresas, extranjeras y locales, altamente transnacionalizadas de los sectores minero, petrolero, agropecuario y elaboradores de ciertos commodities industriales. La paradoja es la siguiente: un proceso en el que la industria está llamada a convertirse en el núcleo ordenador de un “modelo de acumulación con inclusión social”, pero que en los hechos consolida la capacidad de veto de actores cuyo ciclo de acumulación pivotea sobre actividades con un bajo o nulo grado de industrialización.

No está en La Verdad Obrera o en algún "revolucionario" blog trosko especializado, sino en el "progresista" y políticamente correcto "El Diplo" (Le Monde Diplomatique, Edición Conosur, Septiembre 2011), hecho por el "buenazo" de Martin Shorr...
"Modelo de acumulación con inclusión social"?, pssss (diría Artemio L.)



miércoles, 7 de septiembre de 2011

Sobre el FIT, amplitud política y profundidad estratégica

Elaboramos junto a Juan Dal Maso (del blog "Los galos de Asterix") estos apuntes, en diálogo con el aporte que hicieron Fernando Aiziczon y Ariel Petruccelli, en su última intervención en el blog del Instituto del Pensamiento Socialista.


Juan Dal Maso y Fernando Rosso
En este post los compañeros Petruccelli y Aiziczon trazan algunos elementos de balance de las primarias que coinciden en líneas generales con otras análisis similares que escribimos en su momento y plantean algunas consideraciones sobre las perspectivas del FIT, que son útiles para debatir.

Lo central que proponen para fortalecer al FIT sería la propuesta de constituir una "izquierda amplia" (concepto planteado de una manera un tanto indeterminada) prestando atención a la izquierda independiente que apoyó al FIT, a pesar de tener diferencias con las organizaciones que la componen. Sin duda que es un proceso muy positivo que se haya nucleado alrededor del FIT un amplio espectro de compañeros y compañeras que coinciden en una perspectiva anticapitalista, incluso aunque tengamos diferencias respecto de las vías revolucionarias para hacerla efectiva.

El diálogo que se ha abierto desde este punto de vista es muy productivo y se ha expresado en la Asamblea de intelectuales, así como en muchas intervenciones realizadas en este mismo blog, en actividades como el Foro contra la proscripción a la izquierda en Neuquén, entre otras.

Sin embargo, en el post de los compañeros la experiencia del FIT es vista como esencialmente electoral y su proyección estructural se reduce en palabras de ellos mismos a Salta y Neuquén, donde la izquierda tiene una inserción "indiscutible y valiosa". Toman como referencia los fenómenos internacionales de lucha de clases, pero no toman en consideración los elementos de recomposición del movimiento obrero que existen en nuestro país y que tienen que ver con el sindicalismo de base, que a su vez ha jugado un papel en la ligazón entre la campaña del FIT y los apoyos conseguidos en el movimiento obrero de las principales concentraciones fabriles del país, como las fábricas de Zona Norte del GBA o incluso experiencias como la de Jujuy que expresan sectores de la clase trabajadora precarizados y sin acceso a derechos básicos que asumen luchas durísimas.

Entonces, sin perder de vista la "amplitud", que consideramos algo conquistado de lo que no estamos dispuestos a retroceder, nuestra apuesta es a la "profundidad" en tanto lo que puede permitir trascender los éxitos relativos o los fracasos electorales eventuales es la consolidación de una fuerte corriente de izquierda clasista en el movimiento obrero, como un paso hacia la construcción de lo que popularmente llamamos una “izquierda de los trabajadores”, que para nosotros debe tomar la forma de un partido revolucionario.
De las “izquierdas amplias”,  la experiencia del Nuevo Partido Anticapitalista en Francia,fue una de las más destacadas, con sumatoria de movimientos sociales, pero desligada del movimiento obrero y borrando los límites entre reformistas y revolucionarios de su programa, presuntamente porque eran diferencias “bizantinas” y pasadas de moda. Así en el año 2003 la vieja LCR francesa eliminó de su programa la lucha por la “dictadura del proletariado”, un par de años más tarde con algunos éxitos electorales lanzó el NPA, conquistó una figura muy conocida y referente de jóvenes y trabajadores (Olivier Bensancenot). Sin embargo en el año 2010, ante la enorme lucha de trabajadores y estudiantes contra las reformas de las jubilaciones, cumplió un rol tendiente a nulo. Consecuentemente entró en una grave crisis, perdió miles de militantes y su último congreso profundizó su parálisis estratégica, divididos entre quienes pretenden ir a un frente con la izquierda reformista, quienes quieren mantener un NPA “de los orígenes” y los que pelean porque se convierta en un partido obrero revolucionario, basado en la lucha de clases. Entre estos últimos se encuentran nuestros compañeros, que batallaron en el congreso como “Plataforma 4” y hoy constituyeron la Corriente Comunista Revolucionaria, una de las pocas que tiene a dirigentes obreros industriales entre sus principales referentes ¿Cómo se explica que un partido de izquierda, cuando se produce un movimiento que algunos catalogaron como el más grande desde el 68, entre en una crisis y parálisis y no pueda intervenir en los acontecimientos? Nuestra corriente criticó la deriva teórica y política de la vieja LCR y el NPA, en discusiones que se podrían haber calificado de “lucha interna incomprensible”, sin embargo el programa y la estrategia de una “izquierda anticapitalista amplia”, llevó a una nueva frustración y se demostró insuficiente (la misma suerte corrieron otras “izquierdas amplias” como Die Linke en Alemania, la coalición RESPECT en Inglaterra, el PSOL brasilero o la misma “Nueva Izquierda” argentina, que terminó directamente en la centroizquierda fracasada, como bien señalan los compañeros)
A diferencia de Petruccelli y Aiziczon, sectores de la “izquierda independiente” argentina, evitaron tomar posición política respecto del FIT, como con la declaración que elaboraron para las últimas elecciones de capital, donde llamaron a votar “contra Macri”, es decir no entraron en ningún debate “incomprensible” (no entraron en ningún debate en realidad), porque directamente se pronunciaron por el voto a Filmus, Pino …y el FIT. Con la lógica del “mal menor” (un vicio común a mucha “izquierda independiente”), que como bien afirma Bensaid, muchas veces en la historia fue el “camino más corto... hacia el mal mayor”.
La deriva hacia un “grado cero de la estrategia”, ante los presuntos “fracasos” de las grandes estrategias revolucionarias del siglo XX, llevó a gran parte de la izquierda a la carencia o negación total de la misma, en pos de apuestas mínimas y éxitos inmediatos, lo que implicó caer rápidamente en una adaptación a la estrategia del enemigo.
Es por esto que, partiendo del espacio común conquistado, que es hegemonizado por fuerzas que reivindican el trotskismo, pero aglutina compañeros con otras posiciones, vemos imprescindible profundizar el debate estratégico respecto de qué es lo que hay que construir, partiendo de la posición conquistada con el FIT. Sin duda que mientras más "electoral" en el sentido exclusivo del término sea la construcción del FIT, más inofensivo va a ser frente a la clase dominante y su estado. En este sentido venimos orientando distintas reflexiones y nuestra propia práctica política. La bancada obrera de Neuquén se estrenó viajando a Las Heras para llevar solidaridad a los compañeros petroleros perseguidos.
Más  que suspender la crítica y el debate, en pos del principio de la unidad electoral (incluso entre las propias fuerzas que integran el frente), unidad que pelearemos por mantener y aumentar, nuestro llamado es al retomo de las grandes discusiones, no solo programáticas, sino también de práctica política y sobre todo de estrategia de lucha por el socialismo.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Trotskysmo y "trotskysmos" . La actualidad de una tradición y un legado

El 71 aniversario del asesinato de Trotsky y las discusiones sobre la situación mundial, la crisis histórica que atraviesa el capitalismo, la cuestión de la subjetividad de la clase obrera y la relación de todo esto con el marxismo revolucionario, nos llevaron a reflexionar sobre la tradición del trotskysmo. O como definió Daniel Bensaid, con algunos elementos de verdad, de "los trotskysmos". Hasta la muerte de Trotsky, el movimiento mantuvo cierta unidad, luego de su desaparición y en una etapa signada por "fenómenos aberrantes" y difíciles, a los que tuvieron que enfrentarse los dirigentes que "el viejo" había intentado formar; primaron la crisis, la confusión y sus consecuencias: el oportunismo y las capitulaciones.
Sin embargo, tomada de conjunto, antes y después del asesinato de Trotsky, en la experiencia de esta corriente existe una enorme tradición heroica, fuente de enseñanzas políticas, teóricas y de moral revolucionaria que, probablemente, ninguna otra corriente que se revindique marxista o de izquierda en general, pueda igualar. Tanto bajo la dirección de Trotsky en el combate contra el stalinismo y sus traiciones; como luego sin "el viejo" y con "hilos de continuidad" que mantuvieron viva (aunque a veces tenue) la llama de marxismo clásico, ante la deformación estaliniana y todos los que se arrastraron ante ella y la huida hacia la academia del "marxismo occidental".
Tomada de conjunto, la corriente de seguidores de la IV Internacional, a la que no le faltaron canallas (siempre los hay), tiene en su haber cientos o miles de ejemplos de temple revolucionario, abnegación militante, inteligencias brillantes y audacia política, teórica y organizativa, forjada en el combate contra el capital y sus sirvientes.
Revolucionarios de la talla de León Sedov, Ta Thu Thau, Peng Shu-Tsé, para dar algunos ejemplos destacables, son igualables en su calidad moral al más re - nombrado (con buenas y malas intenciones) Ernesto Che Guevara, aunque muy superiores en formación teórica y estrategia política.
Esta reseña cuenta que "Trotsky es asesinado en 1940 por el agente estalinista Mercader. Los nazis fusilaron al alemán Marcel Widelin, organizador de las células clandestinas en la Wehrmacht y redactor del periódico «Arbeiter und Soldat»; al antiguo miembro del CC del PC alemán, Werner Scholem; al ex secretario general del PC griego, Pantelis Pouliopoulos; al secretario del POI, Marcel Híc; al belga Abraham León; a Henryk Sneevlit y a toda la dirección del RSAP holandés, cercano a la IV Internacional; a León Usoil, antiguo miembro del Comité Central del PC belga; los japoneses fusilaron al sucesor de Chen Du-siu, muerto en manos de Chiang Kai-shek, jefe de los trotskistas chinos, Chen Chi-chang; el PCF hizo ejecutar a Pietro Tresso, antiguo secretario en la organización del PC italiano; la comandancia del ejército de Mao hizo fusilar al jefe de los guerrilleros trotskistas Chu Li -ming; Ho Chi-Minh hizo ejecutar al jefe trotskista Ta Thu-tau, antiguo dirigente de la comuna de Cantón; Tito hizo ejecutar a Slobodan Marculic y a los trotskistas de Belgrado...". Abraham León, asesinado a los 26 años por el nazismo, dejó una de las elaboraciones teóricas no superadas hasta hoy, donde explica y amplía las concepciones que Marx había dejado plasmadas en unos pocos escritos sobre la controvertida "cuestión judía". Y es solo un ejemplo de tantos más que se pueden agregar como Erwin Wolf, Rudolf Klement o Ignace Reiss.
A pesar de la persecusión y asesinatos de los nazis, fascistas, demócratas y por supuesto estalinistas de todo tipo y color, el trotskysmo combatió y logró permanecer hasta el presente como una opción alternativa y revolucionaria. Hecho que sólo encuentra su explicación en las ideas, el programa y el método elaborado por Trotsky, que no fue más que un continuador y actualizador de la doctrina de Marx, Engels y Lenín.
Hoy se puede mirar hacia atrás y observar ese siglo "oscuro y opaco" (al decir de Bensaid) que quebró a una gama amplia de tendencias "revolucionarias" y las mandó al basurero de la historia: estalinistas de todo tipo, que fueron abriendo el camino al capital en estados en los que se había expropiado a la burguesía, anarquistas que tuvieron su temprana muerte política en España, guerrilleros (algunos heroicos) subordinados al estalinismo o a los nacionalismos y vueltos más tarde nuevos administradores de los negocios de la burguesía,  como cabeza o parte de los gobiernos "progresistas".  Debacle política y moral, de decenas de tendencias y cientos de miles de militantes, a la que el trotskysmo puede mirar con honra, desde una altura  ampliamente superior.
En la pos-guerra, los "trotskysmos de Yalta" convirtieron la corriente internacional de conjunto en un movimiento centrista. Visto desde hoy, la mayoría de las tendencias trotskystas pecaron de un mayor o menos grado de "pablismo". Es decir la adaptación más o menos profunda a direcciones estalinistas, nacionalistas, guerrilleras o reformistas, con tendencias a la liquidación del propio trotskysmo. Desde Michel Pablo llamando a la vuelta a los PCs, o el lorismo apoyando al la "izquierda" del MNR, Mandel y Moreno a las corrientes guerrilleras latinoamericanas o las más vergonzosas capitulaciones de Lambert al socialimperialismo de Mitterand, abriendo la etapa del "trotskysmo en tiempos de restauración", con los morenistas y mandelistas y otros afiebrados que vinieron después, entrando a gobiernos burgueses o a partidos únicos con estalinistas que ya estaban en su "etapa superior".
Sin embargo, también existieron combates reivindicables, desde el mismo Pablo y la organización del apoyo a la lucha por liberación de Argelia (sin la necesidad de ser Ministro de Ben Bella), las Tesis del Pulacayo que son parte de la tradición del movimiento obrero boliviano, el combate morenista contra la "traición de la OCI", las elaboraciones de Mandel y su popularización y en economía marxista (a pesar de diferir con algunas de sus teorizaciones) de las que hemos aprendido muchos, como un "puente a Marx". Y se puede incluir también combates ideológicos y filosóficos, como los dados por el mismo Bensaid y Callínicos, contra posmodernismo y sus ideologías. El problema fue el "grado cero" (o menos 10) de la estrategia.
Pero nuestra intención es dar sólo un pantallazo de muestra, con una mirada retrospectiva e histórica a un siglo  complejo y rico en experiencias revolucionarias. Y a un legado que mantiene su actualidad en una tradición viva, no solo en las elaboraciones teóricas y de estrategia política que dejó esencialmente su fundador, sino también en los heroicas luchas dadas por sus mejores combatientes y también en las grandezas y miserias de aquellos que actuaron en su nombre, de las cuales hay que aprender y sacar conclusiones,  que tomen forma de programa, organización, estrategia y táctica para vencer. 
Cuando se actualizan las condiciones de posibilidad de la revolución proletaria, abrevar en la actualidad de este legado y esta tradición brinda no solo las herramientas teóricas y políticas, sino también una enorme fuerza moral, muy necesaria para estos tiempos preparatorios.