jueves, 27 de octubre de 2011

El “cristinismo” y el poder real

Publicado en la edición impresa del diario Alfil del lunes 31 de octubre de 2011


Se han hecho variados análisis sobre balance de las elecciones del domingo. Desde distintos ángulos políticos se ha intentado explicar las causas el amplio triunfo electoral de Cristina Fernández, que hoy se encuentra en el centro del escenario.
Sin embargo poco se escribió o se dijo sobre lo que, en realidad, es lo más importante: el futuro. Es decir, los desafíos y esencialmente los problemas, que emergen de una situación que se presenta muy distinta a la de los años de bonanza en los que le tocó gobernar al kirchnerismo.

Del “viento de cola” al “viento de frente”

Y el futuro llegó hace rato. A dos días de la elección, el gobierno se encontró con el problema de la escasez de divisas por la fuga de capitales. El intento de resolución parcial fue un decreto que obliga a las mineras y petroleras a liquidar en el país, el 100% de los dólares que obtienen por las exportaciones.
Pero este es sólo un aspecto, de uno de los problemas o desafíos de la nueva gestión del gobierno de Cristina: la crisis económica-financiera internacional que amenaza con golpear desde distintos ángulos a la dependiente economía argentina. La desaceleración económica de China y Brasil, afectan directamente a sus exportaciones y por lo tanto a la recaudación fiscal. La debacle financiera encarece el crédito, justo en el momento en que es una de las opciones que el gobierno baraja, para solucionar el problema de liquidez. Tan sólo dos de los primeros efectos del tembladeral internacional.

La “columna vertebral” y la cuestión obrera

La relación con Hugo Moyano y con la CGT, que fue uno de los grandes puntos de apoyo del kirchnerismo en los últimos años, es otra de las delicadas cuestiones que debe enfrentar el nuevo gobierno. Por fuera de todo análisis personalista, el deterioro de la relación del gobierno con el dirigente camionero es sólo la manifestación aparente y distorsionada de un problema de fondo: la relación con el movimiento obrero, que no sólo ha recuperado poder con el aumento sustancial de sus filas, sino que también desarrolló en los últimos años una gimnasia de renovada lucha sindical e incluso destacó tendencias más radicalizadas, conocidas como el “sindicalismo de base”. Ninguna opción es fácil para el gobierno. Romper con Moyano y apostar a un líder más moderado y domesticable es una jugada de alto riesgo. Sostenerlo sin cambios, no parece ser tampoco la mejor opción. Buscar una tangente intermedia, donde Moyano pueda mantener cuotas de poder dentro de la CGT, puede ser un equilibrio elegante. Pero la clave es buscar una nueva arquitectura de poder sindical, con capacidad de poner un coto mayor a las aspiraciones salariales y tener éxito, manteniendo el control de las bases. Tarea difícil, como lo muestra el extendido conflicto de la salud de Córdoba, que deberían observar con mayor atención otras administraciones provinciales.

Pejotismo y cristinismo

Por último, en el terreno estrictamente político, la nueva “coalición cristinista”, ha mutado casi por completo en relación a aquella de origen. El poder fáctico, más allá del poder coyuntural de los votos, está en las alianzas con gobernadores e intendentes peronistas ortodoxos, empezando por Socioli (que además sacó más votos que Cristina en la estratégica provincia de Buenos Aires), que son tan “cristinistas”, como ayer duhaldistas y antes de ayer menemistas. La cuestión de la sucesión que empezó a rondar al otro día del triunfo, se mantendrá latente o se abrirá paso en el debate público con voz más potente, de acuerdo los aciertos o errores de Cristina, de los cuales será única y exclusiva responsable.
Ni en el movimiento obrero organizado, ni en el terreno de la política, el kirchnerismo y menos en su etapa cristinista, ha construido “poderes reales” propios. La juventud estatal de La Cámpora es un “pelotero” para entretener a algunos hijos de funcionarios que juegan a ser “militantes” (de 30 mil pesos mensuales para arriba). Ni ésta, ni algunos movimiento sociales cooptados, pueden definirse como una construcción política propia seria, con capacidad de fuego o de resistencia.
Al cristinismo, como se afirmó alguna vez sobre el peronismo, “le sobran sindicatos y le falta burguesía nacional”, podemos agregar, justamente porque le “sobran corporaciones multinacionales” en la industria y en el campo, ya que la estructura económica no se ha modificado en los años kirchneristas. Y carece absolutamente de “centros de gravedad” propiamente “cristinistas”.
Sobre esos factores reales de poder, comienzan a plantearse problemas que la impactante cantidad de votos no resuelve por sí misma. Las dificultades ponen a prueba las cualidades del estadista y las que asoman en el presente argentino, amenazan con llevarse puesta la “fortuna”, sobre la que, a falta de “virtud”, se proyectó el acontecimiento kirchnerista.  

lunes, 24 de octubre de 2011

Cristinismo: el cálculo y la política


Colgamos el post después de un debate "online" con el amigo Juan Dal Maso de "Los Galos de Asterix" que nos hizo pensar...Por lo que recomendamos leer el post suyo de hoy para "equilibrar" éste (y por supuesto que también viceseversa)

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Los números y el cálculo


Los números de la elección del domingo, ratificaron lo que había sucedido en las primarias. Que esta vez las elecciones hayan sido “de verdad”, le da al hecho mayor relevancia, pero políticamente un resultado de este tipo ya estaba dicho antes de la realización de los comicios.
Los defensores del gobierno remarcan una lectura de las cifras y de los hechos que, tomados en sí mismos,  pueden adoptar carácter espectacular. Más que Alfonsín y hasta quizá que Yrigoyen y un poquito menos que Perón, la mayor distancia histórica con el segundo, la primera mujer que se reelige y otros “récords” que seguramente podrían encontrarse si se rastrease un poco más.
Pero la política es algo más compleja que una cuestión de números. O, en todo caso, el análisis político debe explicar esos números y esos hechos y ahí comienza la verdadera discusión política.
La historia, la relación de fuerzas políticas y sociales (es decir de clases), la economía y la situación internacional, son el complejo  entramado en el que hay que leer el momento presente, incluido el  triunfo electoral de Cristina Fernández, la situación del conjunto del régimen político y pensar el futuro.

La historia y la época

Sin la crisis del 2001, poco puede entenderse lo que aconteció durante todos estos años. Y aquella “crisis orgánica” que culminó en las jornadas de diciembre, fue parte de un proceso internacional de crisis del “neo-liberalismo” como forma de estado del capitalismo de los últimos 30 años.
Aunque no se llegó al fin total del “paradigma neoliberal” y sus formas político-culturales (en varios países de la Europa del presente puede verse el intento de aplicación de sus mismas recetas), sí entró en una fuerte crisis que obligó a cambios a las clases dirigentes.  Algunos (pocos)  cambios en las relaciones entre estado y economía y otros tantos en el discurso político-ideológico general, debían hacerse, si quería evitarse poner en riesgo el sistema en su conjunto.
La “primera mujer en reelegirse”, se inscribe en el marco del “primer afroamericano” en el gobierno del EEUU, el “primer originario” en el gobierno de Bolivia y el “primer obrero” en el gobierno de Brasil. Los “indignados” norteamericanos y los originarios recientemente reprimidos en el altiplano, demuestran que estas “novedades” en el personal político del estado por arriba, no son garantía de nada “por abajo”.
La relación de fuerzas interna en la Argentina pos-2001 se plasmó en una forma de estado y de gobierno que debió “aggiornarse” a una nueva situación de crisis de la política y los partidos y a la emergencia de la movilización popular. Las debilidades que arrastraba consigo la clase trabajadora y el pueblo, consecuencia de los años de la “restauración neo-liberal”, fueron un límite a la radicalidad del cuestionamiento a la Argentina capitalista durante aquellas jornadas y un hándicap para la sobrevida de su régimen político y sobre todo de su principal sostenedor: el peronismo.
El kirchnerismo emerge haciendo equilibrio en esta situación y con un gran apoyo en la dirigencia sindical. La herencia duhaldista de la devaluación y una economía internacional, favorable durante estos años para Latinoamérica en general y la Argentina en particular, le brindan una gran ayuda para la recomposición.
Medidas político-culturales como el discurso de DDHH, la renovación de la Corte o el matrimonio igualitario, para citar algunos ejemplos, que hicieron patalear a algunos, pero no afectaron seriamente el interés de corporación alguna, le permitieron ganar ascendencia en las clases medias progresistas. La reconciliación de estos días con la corporaciones agrarias demuestra que la “125” no fue ninguna “batalla antioligárquica”, sino un simple error de cálculo. 
La mayoría del espectro opositor que sufrió su última y patética derrota este domingo, no supo o no quiso ver estos cambios del “espíritu de época”, nacionales e internacionales, pretendiendo volver  a distintas formas de “menemismo”(concepto "teórico" en el que incluimos a la Alianza). El peronismo federal y el radicalismo (donde incluimos a su fracción “mística”, Carrió), pagó en la lona del domingo, esta miopía política y por supuesto favoreció la espectacularidad de los números a favor del gobierno. Si hasta el mismo Menen se "avivó" de que el “menemismo” era cosa del pasado y hoy se cuenta entre los triunfadores del Frente para la Victoria riojano. Binner fue la excepción a esta debacle, justamente porque el “socialista sojero”, trató de ubicarse como alternativa “por izquierda” al kirchnerismo, difícil para un hombre de su trayectoria. La consolidación política del voto a la “extrema izquierda”, que desmiente que sólo era un “voto lástima” o “milagroso”, también se enmarca en esta situación más general y fue una demostración de que hay mucho a la izquierda del kirchnerismo (cerca de 700 mil votos al Frente, sumando a presidente y diputados)

Coalición "cristinista": presente y futuro

Pero la actual “coalición cristinista” se apoya hoy esencialmente en un pejotismo de intendentes y gobernadores que nunca pretendieron ser parte del relato (aunque supieron tragarse disciplinadamente el “sapo progresista” y el ninguneo de los primeros años) y están siempre dispuestos a la “traición con aviso”, típica del peronismo, que desde el mismo 24 empezó a discutir la sucesión. Además atraviesa una crisis con y de la dirigencia sindical, que expresa más en general el problema estratégico de la relación del gobierno con el movimiento obrero, al que no sólo no puede darle “más”, sino que es difícil sostenerle el “nunca menos”, en el marco de la crisis mundial que comienza a actuar en el país. Además de que, como afirman preocupados blogueros kirchneristas, al gobierno “no le sobran sectores sociales organizados”, a pesar de cierto entusiasmo para eventos festivos (o funerarios) de calendario, como el Bicentenario, los funerales de Néstor Kirchner o el festejo del triunfo electoral muy “pro” con flolklore “Nac&Pop” de la “noche del domingo” cristinista, en el marco de una sociedad como la argentina de la "movilización permanente". Cierta militancia en una juventud bancada desde el estado, con “jóvenes” que pasan directamente a bomberos-funcionarios, sin siquiera haber sido “incendiarios”, no puede calificarse de una fuerza orgánica y verdaderamente “militante”.
El conformismo social, un producto más del pasado que del presente y menos del futuro, chocará inevitablemente con la crisis mundial y ahí se medirán las fortalezas y debilidades del gobierno. La apariencia de los números, que le dan indiscutible fortaleza coyuntural al gobierno, no puede negar la realidad de la política.

viernes, 21 de octubre de 2011

El peronismo, la izquierda y los “gorilas” (publicado en el diario "Alfil")

Reposteamos la nota publicada hoy (viernes 21/10) en la edición impresa del "Alfil" de Córdoba. El diario publicó el 19/10 éste post de Ramble Tamble (Artemio Lopez). Agradecemos a la redacción de "Alfil" el espacio cedido para que podamos publicar esta respuesta.

Fernando Rosso*
                                        
En una nota publicada en este diario, el sociólogo y encuestador kirchnerista Artemio López,  hace una “crítica” a un artículo  que publicamos en el blog “El violento oficio de la crítica”, a propósito de un nuevo aniversario del 17 de Octubre.
Nuestro post original respondía a una crítica de otro bloguero peronista (Manolo Bargue, del blog Deshonestidad Intelectual) que debatía con la izquierda en general, incluyendo al trotskismo, por no haber “entendido” lo que Carlos Altamirano llamó el “hecho peronista”. Y a la vez, nos llamaba a “pensar lo impensable”, para “no cometer los mismos errores de 1945”.
Nosotros respondimos que fenómenos como el peronismo, en realidad habían sido pensados por el “Trotsky mexicano”, es decir por el revolucionario ruso, en los años que le tocó exiliarse en el México gobernado por Lázaro Cárdenas. En sus escritos latinoamericanos había previsto la posibilidad de gobiernos de tipo “bonapartistas sui generis”, continuando, pero a la vez renovando, las elaboraciones de Marx en torno a la cuestión del bonapartismo moderno.
Desde esta óptica, planteamos los elementos que condicionaron el fenómeno peronista en sus orígenes:
La disputa internacional entre una potencia imperialista en retirada, como era Inglaterra y nueva potencia en surgimiento, EEUU, que todavía no asentaba su hegemonía a nivel mundial. Este relativo “vacío hegemónico”, poco contemplado entre aquellos que estudian el peronismo, nos parece de primer orden para entenderlo. La división en las clases dominantes, generadas en gran parte por lo planteado anteriormente, fue otra condición determinante.
Los cambios estructurales, que se impusieron como necesarios, luego de la crisis del 30 y la misma guerra, con la política económica que se conoció como “sustitución de importaciones” y que trajo consigo lo que el historiador marxista Milcíades Peña denominó una “pseudo-industrialización” del país.
El surgimiento, como consecuencia de lo anterior, de una clase obrera muy poderosa, que había desarrollado una amplia organización y “amenazaba” con imponerse abruptamente en un escenario de regímenes anti-obreros como eran los del “fraude patriótico”.
Todos estos elementos fueron condicionales para el surgimiento del peronismo, como un bonapartismo especial, que regateaba con el imperialismo americano y se apoyaba en la clase obrera, favoreciendo su organización sindical, pero absolutamente regimentada por el estado, como forma de “encauzar” pasivamente la cuestión obrera y evitar su irrupción autónoma.
De esta manera simplemente discutíamos contra varios mitos que pretendían ver en el peronismo (no un movimiento “trotskista”, como chicaneramente afirma Artemio Lopez), sino ni siquiera un movimiento serio de “liberación nacional” o incluso “pro-obrero” (Cook, Hernández Arregui, Abelardo Ramos y lo que se conoció como “izquierda nacional”). El segundo gobierno peronista, con su giro hacia el capital extranjero y su exigencia de aumento constante de la productividad para salir de la crisis, e incluso la forma de su misma caída, desmentían materialmente esos mitos.
Artemio López responde a todo esto con el epíteto de “gorila”, típico argumento de los peronistas… sin argumento. Es verdad que en el 45 existió una izquierda “gorila”, si con esto se califica a aquellos que pretendieron combatir al peronismo, aliados a sectores burgueses reaccionarios y anti-obreros. El Partido Comunista y el Partido Socialista, fueron la expresión de esto y una gran ayuda, paradójicamente, para que Perón gane ascendencia entre los obreros. Pero ni Trotsky, ni el trotskismo tienen nada que ver con esas corrientes, a las que combatió desde mucho antes de que el peronismo aparezca la escena argentina.
De más está decir que el presente de los años kirchneristas, poco y nada tienen que ver con las condiciones del primer peronismo, pero esto será cuestión de otros debates, que se vienen desarrollando y a los que también hemos aportado desde el blog.

*Autor del Blog "El violento oficio de la crítica"

jueves, 20 de octubre de 2011

Uno puede ser obrero....

Posteamos este ilustrativo y creativo "afiche digital" elaborado por lxs compañerxs de la Juventud del PTS de Campana, en apoyo a la campaña de Hernán "Bocha" Puddu y el Frente de Izquierda y los Trabajadores...

Mariano Ferreyra: un año. PRESENTE!


Juicio y Castigo a los responsables materiales e intelectuales del crimen de Mariano Ferreyra

lunes, 17 de octubre de 2011

Trotsky y el 17 de Octubre (o lo impensable pensado)

"Se ha dicho, señores, que soy un enemigo de los capitales, 
y si ustedes observan lo que les acabo de 
decir no encontrarán ningún defensor, diríamos, 
más decidido que yo, porque sé que la defensa de los 
intereses de los hombres de negocios, de los industriales, 
de los comerciantes, es la defensa misma del Estado".  

Queríamos escribir unas líneas para este nuevo aniversario del 17 de octubre y éste post del "compañero" Manolo Bargue, nos facilitó las cosas. Es que el bloguero peronista vuelve nuevamente sobre la "realpolitik", las contingencias probabilísticas y el presunto antideterminismo agnóstico de la "filosofía peronista". Y también nos "desafía" a pensar lo impensable, para combatir la pereza intelectual y no cometer los errores del 45.
Pero, lamentablemente, si lo que se pretende es discutir con Trotsky, primero debería superar la pereza no ya de pensar, sino aunque sea de leer lo que ya estaba pensado, e incluso publicado.
Entendemos que es más fácil discutir con Codovilla, Ghioldi, Gino Germani u otros que intentaron de alguna u otra forma interpretar el "hecho peronista". Algunos en clave sociologista, en torno a la disposición de masas manipulables por el líder carismático y demagogo, con base en el atraso de una clase obrera nueva. Otros con el manual del pragmatismo estalinista en busca de la burguesía progresista, necesaria para el bloque de la revolución democrático burguesa que la "Historia" le imponía a la Argentina "cuasi-feudal". O aquellos que, basados en la "hipótesis de Justo", esperaban la modernización liberal del país a la que solo había que agregarle algo de inclusión social.
"Ortodoxias" deterministas social-liberales o estalinistas que políticamente las ubicaron capitulando a uno u otro bando burgués, con la Unión Democrática o más tarde con el mismo peronismo. En el caso del stalinismo criollo, el tránsito fue desde el famoso folleto donde "don" Vittorio llamaba a "Batir al naziperonismo", a la adaptación al movimiento, pasando obviamente por la "vieja táctica probada" (como abiertamente capituladora), del "apoyo a las medidas progresivas y el rechazo a las reaccionarias".
Pero el hereje y heterodoxo de Trotsky, que en el temprano siglo XX, se había animado a pensar y a pronosticar la posibilidad de la "revolución contra El Capital", es decir a pensar lo impensable, ya había dicho esto, unos años antes:
“En los países industrialmente atrasados el capital extranjero juega un rol decisivo. De ahí la relativa debilidad de la burguesía nacional en relación al proletariado nacional. Esto crea condiciones especiales de poder estatal. El gobierno oscila entre el capital extranjero y el nacional, entre la relativamente débil burguesía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esto le da al gobierno un carácter bonapartista sui generis, de índole particular. Se eleva, por así decirlo, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar o bien convirtiéndose en instrumento del capital extranjero y sometiendo al proletariado con las cadenas de una dictadura policial, o maniobrando con el proletariado, llegando incluso a hacerle concesiones, ganando de este modo la posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros...(León Trotsky, La industria nacionalizada y la administración obrera)
Y en otra parte, con respecto a los sindicatos, “El gobierno de los países atrasados, o sea coloniales o semicoloniales, asume en general un carácter bonapartista o semibonapartista. Difieren entre sí en que algunos intentan orienatrse hacia la democracia, buscando el apoyo de obreros y campesinos, mientras que otros implantan una cerrada dictadura policíaco militar. Esto determina también la suerte de los sindicatos: o están bajo el patrocinio especial del estado o sujetos a una cruel persecución. Este tutelaje del estado está determinado por dos grandes tareas que éste debe encarar: en primer lugar, atraer a la clase obrera, para así ganar un punto de apoyo para la resistencia a las pretensiones excesivas por parte del imperialismo y al mismo tiempo disciplinar a los mismos obreros poniéndolos bajo control de una burocracia." (León Trotsky. Los sindicatos en la era de la decadencia imperialista)
En el discurso que citamos encabezando el post, para algunos el "discurso maldito" del relato peronista, en tanto pretendido movimiento nacional-popular y para otros la verdadera esencia del programa peronista, JDP afirmaba. 
"Las masas obreras que no han sido organizadas presentan un panorama peligroso, porque la masa más peligrosa, sin duda, es la inorgánica (...)
"Por cada huelga producida naturalmente, hay cinco producidas artificialmente, y ellas lo son por masas heteróditas, que tienen dirigentes que no responden a la propia masa. En permitir y aun en obligar a los gremios a formar sindicatos, radica la posibilidad de que los audaces que medran a sus expensas puedan apoderarse de la masa y obren en su nombre en defensa de intereses siempre inconfesables (…).

"La posguerra traerá, indefectiblemente, una agitación de las masas, por causas naturales; una lógica paralización, desocupación, etcétera, que combinadas producen empobrecimiento paulatino. Ésas serán las causas naturales de una agitación de las masas, pero aparte de estas causas naturales, existirán también numerosas causas artificiales, como ser: la penetración ideológica, que nosotros hemos tratado en gran parte de atenuar; dinero abundante para agitar, que sabemos circula ya desde hace tiempo en el país, y sobre cuyas pistas estamos perfectamente bien orientados; un resurgimiento del comunismo adormecido, que pulula como todas las enfermedades endémicas dentro de las masas; y que volverá, indudablemente, a resurgir con la posguerra, cuando los factores naturales se hagan presentes".
"Por eso creo que si yo fuera dueño de una fábrica, no me costaría ganarme el afecto de mis obreros con una obra social realizada con inteligencia. Muchas veces ello se logra con el médico que va a la casa de un obrero que tiene un hijo enfermo, con un pequeño regalo en un día particular; el patrón que pasa y palmea amablemente a sus hombres y les habla de cuando en cuando, así como nosotros lo hacemos con nuestros soldados. Para que los obreros sean más eficaces han de ser manejados con el corazón. El hombre es más sensible al comando cuando el comando va hacia el corazón, que cuando va hacia la cabeza. También los obreros pueden ser dirigidos así. Sólo es necesario que los hombres que tienen obreros a sus órdenes, lleguen hasta ellos por esas vías, para dominarlos, para hacerlos verdaderos colaboradores y cooperadores (...)
En en el análisis del Trotsky mexicano, había algunas claves para entender la dinámica social y de dominación política de América Latina y a fenómenos como el mismo peronismo.
El "discurso del miedo" del General frente a los dueños del país, confirma esas caracterización de LT. La experiencia del cardenismo, le había permitido ver los posibles "sui generis", impensables de una formación social concreta como la de Latinoamérica.
No es nuestra intención minimizar el peso político de un movimiento que, después de todo, marcó la historia del país de los últimos 65 años. Pero tampoco aceptar el mito de que era "impensable", ya que no sólo era "pensable", sino incluso hasta "combatible" desde un punto de vista de clase, si las direcciones del movimiento obrero (socialistas, estalinistas, sindicalistas y lo que quedaba del anarquismo), no se hubiesen basado en "filosofías de la historia" que las llevaron a la pasividad ante el surgimiento del peronismo y al lado equivocado de la trinchera. Los por qué de esta relación de fuerzas en el seno del movimiento obrero, remiten a una historia, esencialmente internacional de más larga data, que no podemos abordar aquí. 

En el relativo "vacío hegemónico" en el escenario internacional, producido por la retirada del viejo imperio inglés y el "todavía no" del imperialismo norteamericano, está la base de la "guapeada" de Perón y el mito de su "antiimperialismo". En los necesarios cambios de la estructura económica, producido por la crisis del 30 y luego por la guerra, que imponían cierta sustitución de importaciones, están los fundamentos del mito de su "industrialismo de liberación nacional". La división que generó en las clases dominantes ligarse a uno u otro imperio, jugó su rol en la relativa autonomía del estado en los orígenes del peronismo. En la necesidad de contención de una nueva clase obrera, que había protagonizado la gran enorme huelga 36 y había desarrollado nuevas organizaciones sindicales y se imponía en la vida política nacional; y en el apoyo sobre ésta para regatear con el imperio, está la base de la regimentación del movimiento obrero, con la extensión de su organización dependiente del Estado y del "mito" del "primer trabajador" o del "peronismo pro-obrero".
El desarrollo posterior de los acontecimientos, es decir los devenires del segundo gobierno, permitieron confirmar los límites fenómeno peronista.
El síntoma de que "En el aciago invierno de 1952 y teniendo por marco los funerales de Evita, los argentinos debieron consumir un pan más negro, elaborado con mijo, escaseó la carne y se volvieron frecuentes los cortes de luz."(Juan Carlos Torre), demostraba una crisis en puerta.
Y ante la crisis, la opción del "movimiento impensado", fue la de manual de todo gobierno burgués: el giro a la inversión extranjera y la productividad, garantizar las ganancias y los negocios. La entrega en concesión de más de la quinta parte de las tierras de la provincia de Santa Cruz (ejem...), a la Standar Oil, fue emblemática del "giro de Salerno" del movimiento nacional. 
"El lema argentino de la hora ha de ser producir, producir, producir (...) El pueblo es el encargado de producir. El justicialismo sólo puede asegurar una justicia distributiva en relación con el esfuerzo y la producción".(JDP, citado por J.C. Torre). 
El "nacionalismo" y el "populismo" limitados per se, comenzaban su crisis bajo la cruda realidad de su propia impotencia.
Las huelgas, omitidas en la Constitución del 49 y las comisiones internas, el verdadero "hecho maldito" del movimiento peronista, a tal punto que nunca fueron reconocidas por su legislación laboral, fueron las trincheras de la Resistencia obrera, que a decir verdad ya había empezado para esta época. Y era la continuidad de luchas que la misma clase obrera dio durante los años peronistas "La vigencia efectiva de estos mayores niveles de protección laboral fue asimismo el resultado de las luchas emprendidas por los trabajadores organizados, las cuales en muchos casos se proyectaron más allá de las iniciativas del gobierno, llegando incluso a entrar en colisión con él".(Louise Doyon, La formación del sindicalismo peronista)
Considerado bajo esta luz el peronismo fue en cierto sentido, para los trabajadores, un experimento social de desmovilización pasiva. En su retórica oficial puso cada vez más de relieve la movilización controlada y limitada de los trabajadores bajo la tutela del Estado...Este aspecto cooptativo del experimento peronista se reflejó en la consigna fundamental dirigida por el Estado a los trabajadores en la época de Perón para exhortarlos a conducirse pacíficamente: ‘De casa al trabajo y del trabajo a casa’"(Daniel James, en Los Años peronistas)
El General que en 1944 ya tenía el "agitómetro" y sabía medir cuál era la agitación "natural" de las masas y cual era la "artificial", durante su segundo gobierno, "determinado" (ay!) por las nuevas condiciones internacionales, de clara hegemonía del imperialismo norteamericano y los propios límites internos de su proyecto económico - político, sentenció que cualquier agitación que se negara a producir, producir y producir o pretendiera mantener el nivel salarial era excesiva y... "artificial".
El resto es historia conocida, huir para "evitar un derramamiento de sangre", que en criollo significaba negarse bajo cualquier punto de vista a armar a los obreros, ya que las armas, entre otras cosas, podrían llevarlos a "agitaciones artificiales".
El golpe, paradójicamente lo resguardó políticamente, para volver 20 años después a brindar nuevamente sus servicios, en la guerra de clases que estaba en curso. Esta vez comenzando el "derramamiento de sangre" (López Rega y la Triple A) que después continuó el golpe. Y su última "genialidad estratégica" (parafraseando al Turco Asís), lo salvó de Junio-Julio y de la experiencia histórica del movimiento obrero, de alguna manera puede decirse que "dio la vida por la causa".
"Pensar lo impensable" hoy, cuando la clase obrera se recupera social y subjetivamente de los años de la restauración (en la que algo tiene ver el peronismo!) es luchar contra este "determinismo reformista" y por una perspectiva estratégica superior a las mezquinas utopías que pretenden "humanizar"  o "armonizar" al capital...es decir contra el legado ideológico del peronismo que hoy se intenta revivir farsescamente.

sábado, 8 de octubre de 2011

Restauración, relato y "fuerza moral" (leyendo desde Clausewitz al kirchnerismo)



Si la guerra pertenece a la política, adquirirá naturalmente su carácter. 
Si la política es grande y poderosa, igualmente lo será la guerra, y esto 
puede ser llevado al nivel en que la guerra alcanza su forma absoluta.
Karl von Clausewitz  "De la Guerra"
Esta profunda concepción de Clausewitz sobre la guerra moderna puede sintetizarse en el aforismo "cuánto más política, más guerrera". Contra la lectura vulgar o de sentido común que afirma que la política se opone de forma absoluta a la guerra, Clausewitz siguiendo la sentencia de su famosa, y a la vez tan incomprendida "fórmula", considera que la política engendra a la guerra y por lo tanto le imprime su carácter.
Entonces, aplicando una forma de pensamiento -es decir una lógica- profundamente dialéctica, delimita la apariencia y la esencia de la guerra moderna. Cuánto más "política" (o politiquera), diplomática, negociadora, aparece una guerra, menos esencialmente Política es, y cuánto más guerrera, más comprometida, es profundamente más Política y tiende a  acercarse a su concepto (es decir, a la "guerra absoluta", que nada tiene ver con lo que se conoce como "guerra total").
Esta concepción de la política en general de Clausewitz, puede emparentarse con las definiciones de Gramsci, sobre "gran política" y"pequeña política". Si la guerra está dirigida por una pequeña política, será una guerra mediocre. Sólo una gran política, puede impulsar una gran guerra.
La concepción de la política de Clausewitz no es la misma que la del marxismo. El primero considera a la política no como lucha de clases, sino como conciliación de intereses en la administración interior y como política o guerra nacional en la relaciones interesetatales.
Sin embargo en una salvedad, el propio Clausewitz, no puede dejar de admitir que puede existir una guerra, dirigida por una política que "sirva preferentemente a las ambiciones, los intereses y la vanidad de los gobernantes", lo que sería una "falsa dirección" de la guerra. Lenín anotó al costado de esta frase en su propia traducción de la obra épica, que en esto había en Clausewitz "un paso hacia el marxismo".
La importancia determinante de las "fuerzas morales" en las guerras modernas, es decir del compromiso vital que pueda obtenerse del pueblo para una empresa política de guerra, está en la base de esta concepción.
Este sistema conceptual, trasladado metafóricamente a las "guerras de la política" (como tituló Fernández Vega su libro sobre Clausewitz), puede ser útil para  pensar el desarrollo de un movimiento político, las fuerzas morales que destaca, la intensidad, la pasión y el compromiso que puede despertar en las masas.
La burguesía, en su etapa decadente, dirige sus guerras sobre la base de las "ambiciones, los intereses y la vanidad" de su propia naturaleza y por lo tanto de sus "pequeñas políticas". La burguesía dejó atrás, allá lejos y hace tiempo, su época de "gran política" (cuando batallaba contra los viejos órdenes feudales).
Sin embargo de todo esto puede sacarse una regla: las fuerzas morales están directamente relacionadas con la envergadura del proyecto político.

Las "falsas" guerras del kirchnerismo

La empresa restauradora del kirchnerismo, tomado de conjunto, fue de pequeña política. Sin embargo, luego de la crisis del 2001 se vieron obligados disfrazarla con un "relato" épico de una "gran política" e incluso de grandes batallas: contra las Corporaciones, contra los responsables del Genocidio, contra el Neoliberalismo y hasta contra el Imperialismo, contra la Represión a la protesta social, contra los Partidos de la "vieja política" y el mismo peronismo, más adelante, contra el Campo.
Esto decía Néstor Kirchner en el 2002,  "Se ha agotado el bipartidismo como lo conocimos, con un radicalismo que no es más un partido de poder (va a tardar mucho tiempo en recuperarse, si es que alguna vez se recupera), y el justicialismo, aliado durante la última década a los sectores neoconservadores liberales (...) en el peronismo… sé que hay un aparataje muy grande, hay mucha plata, clientelismo, les importan poco las propuestas, los proyectos. Hoy en día el peronismo dejó de representar a los que representaba, los usa. Hay mafias internas, aprietan a los clubes en la provincia de Buenos Aires para que no me alquilen para hacer actos. Ya no hay cuadros militantes: tienen gerentes y clientes" (Néstor Kirchner Página 12 23/06/2002)
Esto le generó algunas episódicas "fuerzas morales", apropiándose de un pasado heroico de los desaparecidos, un relato de continuidad de luchas pasadas. Sin embargo nunca logró despertar las pasiones que pretendía su relato. Así lo sintetiza un académico  "La renuncia al balotaje de Menem le anuló la posibilidad de ser plebiscitado por el pueblo antineoliberal; la quita en los montos de la deuda externa no dio visibilidad pública a una alteridad poderosa que se supusiese derrotada; los juicios a los responsables de los crímenes dictatoriales no alcanzaron la espectacularidad de los de 1985 ni suscitaron reacciones militares; las empresas extranjeras que vieron disminuir sus ganancias no reaccionaron como para alimentar la idea de un triunfo antiimperialista; en fin, en 2008 no hubo oligarquía vencida. Sin épica propia, el deterioro del kirchnerismo se vio revertido al producirse el fallecimiento de Kirchner, que fue sentido por amplios sectores de la opinión pública como un excepcional acto de sacrificio personal realizado en nombre de un ideal político" (El partido peronista y los gobiernos kirchneristas. Ricardo Sidicaro. NUSO N° 234 Julio-Agosto 2011)

El cristinismo y la muerte del relato

"Ciertamente hay hoy una batalla cultural, más enconada en algunos sectores generacionales y en círculos intelectuales o artísticos. Pero no le asigno la densidad y dimensión social de las batallas de 1946 o 1970. Encuentro poca consistencia en el fervor post mórtem. Tampoco creo que la mayoría tome como referencia, así sea distante, esos clivajes: son sus prácticas, más que sus discursos, las que aportan votos al gobierno. La reciente elección recuerda mucho más a la de Menem en 1995 que a los triunfos electorales de Perón en 1946 o 1973. Ninguna movilización social tiene hoy la densidad dramática e identitaria del Cabildo Abierto de 1954 o de las movilizaciones peronistas de 1973" (Luis Alberto Romero - LA NACION 7/09/2011) 
Efectivamente en la etapa actual, hasta la forma es de pequeña política. Hubo un giro hacia el aparato del PJ, el partido de "gerentes y clientes", hasta la incorporación del mismo Soria al "proyecto". El nuevo "relato" ensayado por Cristina donde intenta enlazar una continuidad entre el primer gobierno peronista, Frondizi y el desarrollismo (el mismo de la "traición", además del plan Conintes) y hasta Onganía!, sobre la base de un supuesto "industrialismo", no puede generar el entusiasmo de nadie. El relato de la primera etapa del kirchnerismo es una de las últimas víctimas de la restauración. Más allá de lo que diga Artemio López, puede haber "Cris", pero no hay "Pasión".
El kirchnerismo reinterpreta farsescamente los dos gobiernos del primer peronismo. El primer gobierno de la "lucha contra la oligarquía" y las conquistas obreras y el segundo del congreso de la productividad y la cañonera paraguaya. Pero sin si quiera tener un décima parte de la "fuerza moral" del primer peronismo, basada en las conquistas que arrancó la clase trabajadora a un gobierno, que además encontró una situación internacional para el desarrollo de un "bonapartismo sui generis", basado también en la defección de las direcciones obreras previas a su surgimiento.
El peronismo setentista, tuvo su "fuerza material" en el aparato de la burocracia sindical y en la burocracia del propio partido. Su ala izquierda sólo puedo encontrar "fuerza moral" intentando superar los mezquinos objetivos políticos de su propio movimiento, imprimiéndole un mítico carácter revolucionario y hasta socialista al peronismo. Claro que la fuerza moral es limitada sin estrategia, es decir sin una dirección clara de la lucha, la dirección política puede desplegar o limitar las fuerzas morales.Y estrategia era justamente de lo que carecía la izquierda peronista. El peronismo menemista pudo imponer su política sobre la base de la desmoralización amplia de la clase obrera en épocas nacionales e internacionales de derrota y restauración burguesa.
Luego de la crisis del 2001, el kirchnerismo prácticamente se redujo a ese "relato" fenecido, combinado con condiciones económicas excepcionales que están llegando a su fin. Sin las bases materiales del primer peronismo, ni la fuerza moral del peronismo setentista (que también se alimentaba de la vuelta a un pasado imposible). Las escasas conquistas materiales de los trabajadores y el pueblo en estos años, no le dieron al kirchnerismo, ni fuerza moral, ni mucho menos la pasión que puede despertar una gran empresa política, por esto no puede hablarse de un nuevo movimiento histórico. La fortaleza coyuntural de los votos, no debe hacer perder de vista esta debilidad estratégica.
La fuerza material de la recuperación de la clase trabajadora y el pueblo, que comenzaron en el 2001 un proceso de "reversión" de la derrota histórica de la dictadura, además de una recuperación objetiva de sus fuerzas, plantean la necesidad de la construcción de una fuerza de "gran política", que permita el despliegue y desarrollo de una nueva fuerza moral capaz de combatir...y vencer.

lunes, 3 de octubre de 2011

La socialdemocracia alemana, el peronismo y la "contención"



Partido de la contención

Quizá el "partido de la contención" por excelencia del siglo XX haya sido la socialdemocracia alemana. El partido ejemplo y guía del movimiento socialista de la II Internacional, la herramienta poderosa y ejemplar que llevaría a la clase obrera al poder. Cientos de periódicos y diputados, afiliados y votos por millones. Un inmenso aparato que algunos no dudaron en definir, no como un partido más, sino como la misma "forma de vida" de la clase obrera alemana. Y finalmente se convirtió (confirmando las leyes de hierro de la dialéctica) en su contrario, el más conservador y el mejor garante del orden, cuando la burguesía así lo necesitó. Después del 4 de agosto comenzó a cumplir el rol de "policía interna" de control de la clase obrera alemana y cuando llegó a ser estado, fue uno de los principales engranajes en la liquidación la revolución, después de la guerra.
Un gran historiador explica las causas de este espectacular fenómeno:
"La transformación económica de Alemania, la relativa paz social en Europa – interrumpida sólo por la llamada revolucionaria de 1.905 en el imperio ruso,– los progresos de la legislación social, estas conquistas de la socialdemocracia y de los sindicatos, las esperanzas de ascensión social, de éxito individual que ofrecen a los proletarios capaces las organizaciones obreras y su universo cerrado, han nutrido las tendencias revisionistas, fundamentalmente opuestas a las de Marx, notoriamente la de un movimiento socialista nacional donde la suerte material del obrero parece ligada a la prosperidad de los negocios de ”sus” capitalistas, donde el nivel de vida de la clase obrera alemana parece condicionado, en consecuencia, por la apertura de nuevos mercados; es decir, en definitiva, por la expansión imperialista alemana. Después de Bernstein, pero con mucha más brutalidad y cinismo, sin el idealismo y las preocupaciones morales que lo animaban, se desarrollan desde ahora perspectivas similares aplicadas por representantes de la corriente que Charles Andler bautiza como "neo-lassalianos”, ”socialistas” para quienes la clase obrera es solidaria del capitalismo (...) (Pierre Broue, La Revolución Alemana)
Sobre este partido, su política y su filosofía conservadora, Walter Benjamín sentenció: "No hay otra cosa que haya corrompido más a la clase trabajadora alemana que la idea de que ella nada con la corriente"

El peronismo y la contención

Podemos parafrasear a Benjamin y decir que "no hay nada que haya confundido más a algunos peronistas que la idea de que nadaban con la corriente". Cierta ideología y filosofía peronista afirma que existe un "instinto" o una naturaleza propiamente nacional de la clase obrera y el pueblo argentino de los cuales el peronismo es el mejor intérprete. Donde los trabajadores "por naturaleza", tienen modestas aspiraciones, sólo de control y moderación del capital, a través de las "cajas", el territorio y los sindicatos.
Entonces los peronistas autocumplen su profecía, controlan a través de la coacción (que no es represión, ni consenso, sino quizá ambas cosas a la vez) el territorio y la fábrica. Todo este andamiaje, hace al partido de la contención, que junto con las fuerzas policiales son las verdaderos "factores reales de poder". De control policial de "investigación" preventiva (Gramsci), en tiempos de paz y de represión estatal y para-estatal abierta en tiempos de crisis y lucha de clases. Los aspectos "consensuales", que existen, hay que tenerlos en cuenta en el marco de esta arquitectura de poder.
Quizá, en esta cuestión del poder (hay alguna más importante?), está la diferencia esencial que tenemos con los compañeros peronistas, donde ellos ven una cosa, nosostros vemos exactamente lo contrario, el resto son apenas matices de distintos clivajes "culturales" ;). Cuando ellos creen que son "el movimiento mismo" del los trabajadores en su forma criolla, nosotros vemos que son un aparato conservador y de orden, que controla abierta o preventivamente las tendencias a la insubordinación obrera y popular. 

Socialdemocracia y peronismo: coincidencias "lasalleanas"

En el famoso debate sobre la "huelga general" de la socialdemocracia alemana, de principios del siglo pasado, los nuevos "lasalleanos" que tomaron la dirección del partido,  le decían a Rosa Luxemburgo que en realidad propiciaba un "caos general" con su infantilismo izquierdista. Que la "vieja táctica probada" del sindicalismo y parlamentarismo, debía ser la orientación "madura" del movimiento obrero. Y de alguna manera la mandaban al "pelotero" (como diría el "compañero" Manolo Bargue). Esta misma "gente seria", con un fuerte apoyo en la fracción sindical del partido, no dudó en mandar a asesinar a Rosa Luxemburg, la misma noche que a Karl Liebnecht, cuando salió tardíamente a disputar la dirección real del movimiento obrero.
También hay que decir que la cuestión del espontaneísmo cobró valores concretos y tuvo consecuencias en la política y hasta en la revolución misma. En la afirmación de Rosa de principios de siglo, cuando decía que la socialdemocracia no era la representación de la clase obrera, sino el "movimiento mismo de la clase trabajadora", estaba la concepción desde la cual batallaría por mantenerse dentro de la socialdemocracia sin construir una fracción alternativa, hasta el mismo momento en que se le hizo imposible. En las disputas contra el centralismo y el fraccionalismo de Lenín, estaba el eslabón débil de su pensamiento y su mirada de "águila": el espinoso problema del equilibrio entre la espontaneidad y la dirección consciente. Los peronistas dirían que nunca quiso salir del "pelotero", dentro de una impotente "izquierda leal". Eso sí, aquellos "neo - lasalleanos", cuando los espartaquistas salieron al ruedo, a disputar el poder real, no dudaron en dar la orden a su "Triple A". Dicen que Gustav Noske, ministro socialdemócrata del Ejército alemán y uno de los responsables de los asesinatos confesó: "Es preciso que alguien sea el perro policía"

Kirchnerismo, peronismo y contención

¿Qué tiene que ver esta historia de la socialdemocracia con los actuales debates con los peronistas?. En muchos aspectos en nada y en algunos esenciales en todo.
En última instancia la discusión con Artemio López, es en esencia la misma que se plantea con Manolo Bargue., aunque provengan de distintas "culturas peronistas". Y es una discusión histórica en el movimiento obrero y popular. Masividad vs. vanguardia, "pelotero" vs. "poder real". Y gran parte de la tragedia de la izquierda argentina (y en eso algo de razón tienen los peronistas) está en los "zig zag" entre recluirse en el "pelotero" o adaptarse al "poder real". Los límites de varias experiencias "clasistas" son un ejemplo de "izquierdismo", la adaptación de tanta izquierda al peronismo, son otro ejmplo, opuesto en la forma, pero similar en el contenido. El sindicalismo, incluso radicalizado, el guerrillerismo vanguardista son exponentes extremos del "no combate" a los centros de gravedad de los "factores reales de poder". 
Lasalle y su estrategia de "poder organizado", admirado por Manolo Bargue, es el gran punto de encuentro entre peronistas y socialdemócratas. En la mecánica de la contención y en los métodos de control "modernos" es donde se encuentran las mayores similitudes entre ambos fenómenos políticos.
El relato de los peronistas de que ellos son el "fenómeno maldito del país burgués" o el "lado oscuro, que la sociedad argentina, como Willam Wilson, quiere negar y reaparece constantemente", no es más que eso, un relato de "epopeya" y de justificación de su rol policial "moderno".  
El kirchnerismo fue la "forma" adoptó el peronismo, cuando parecía que la Argentina se transformaba en un enquilombado "pelotero" generalizado. Pero es restauracionista, porque se encargó de mantener el "poder real" (de los intendentes de la "mazorca" bonaerense y los gobernadores "feudales", la burocracia sindical y las fuerzas represivas) que son las los verdaderos factores reales de poder y contención, mediante la coacción y la represión abierta con Triple A incluída, cuando se hace necesario (la detención con causa armada del sindicalista de base ferroviario, Rubén "Pollo" Sobrero, algo dice sobre todo esto). Algunos peronólogos lo analizan con la metáfora del "piso de abajo" y el "piso de arriba", los "factores reales de poder" (el piso de abajo) pueden "alquilar" el piso de arriba a centroizquierdistas Nac&Pop o menemistas, de acuerdo a la relación de fuerzas o las tendencias internacionales.
En sus discusiones con la izquierda, los peronistas nos plantean dos salidas: o la reclusión en el "pelotero" (el vanguardismo) o la adaptación como "ala izquierda" ("masividad") de los "factores reales de poder". 
Pero hay una "tercera vía", la construcción de una izquierda que dispute la dirección de la clase obrera con política hegmónica en los centros reales de poder. Una clase que no es "ontológicamente" revolucionaria, como tampoco "ontológicamente" peronista y más allá de esas variantes de "filosofías de la historia" (peronista criolla o positivista socialdemócrata), el capital la empuja a la insubordinación y es la lucha viva la que dice la última palabra.
El punto más candente es llegar a ser una fuerza material y moral mucho mayor a los espartaquistas cuando se encontraron de frente con la revolución. Porque lo que olvidan los peronistas es que entre "peloteros izquierdistas" e "izquierdas de los poderes reales", existió un hombre, Lenin y su partido, que vaya si entendía sobre esta cuestión del poder real.