jueves, 29 de marzo de 2012

Santa Juana (Hernán Aragón)


Bernard Shaw escribió, en 1923, “Santa Juana”: la historia de la “Doncella” que se convirtió en soldado - vestía como tal - y por designio de Dios y Santa Catalina tenía encomendado liberar a Francia de los invasores ingleses.
Juana además de ser una joven campesina, era por sobre todas las cosas un mal ejemplo, una figura revulsiva para la moral, las leyes y convenciones de la Edad Media. Todas las épocas tienen las suyas.
Acusada por la iglesia católica de herejía, brujería y hechicería, fue quemada en la hoguera a la edad de solo 19 años. La particularidad del caso es que a favor de su ejecución estuvieron de acuerdo tano las autoridades inglesas como francesas, es decir el clero, los nobles y los jefes militares de ambos países.
La tragedia es mayor porque, a pesar de infundirle moral a una Francia en ruinas, dirigir a su ejercito a liberar a la sitiada Orleans y coronar a Carlos - el delfín - en la catedral de Reims (Notre-Dame de Reims), Juana de Arco estaba sola. 
Pero la historia no se agota con su crimen infame. En 1456 la Iglesia la rehabilita de todos los cargos, la designa venerable en 1904, la declara beata en 1908 y finalmente la canoniza en 1920.
En el final de la obra de Bernard Shaw, Juana se reúne con el rey Carlos, con sus verdugos y con quienes, de una u otra manera, la traicionaron. Todos ellos le lloran arrepentimiento. En ese momento ingresa un oficial de la iglesia con la misiva de que Juana acaba de ser canonizada. La adulación de todos los presentes se vuelve inmensa. Con la inocencia que la caracterizaba, Juana les dice algo más o menos así: “- Oh, si ahora soy una santa, entonces puedo hacer milagros. Y si puedo hacer milagros, puedo resucitar. ¿Creen ustedes que debería hacerlo?”
Cauchon, obispo francés, le responde que es mejor que siga muerta, porque los ojos del mundo aún no han aprendido a diferenciar entre los santos y los herejes.
Todos, cada cual con una excusa pertinente, se retiran y Juana vuelve a quedarse sola.
Se acaban de cumplir 36 del golpe genocida. ¿Por qué la “Santa Juana” se vuelve tan presente? ¿Por qué su rostro se confunde con la imagen de algún desaparecido? Será tal vez porque los Cauchon que besaron la cruz de quien antes habían mandado a quemar, abundan por todos lados.
36 años no pueden compararse con los casi cinco siglos que a Juana le costó convertirse en santa. A 36 años los leños de la hoguera aún siguen humeantes, por más que algunos que convierten los patíbulos en museos de la memoria se esfuercen soplándolos.
Las analogías son, por cierto, intencionadas. Si Juana en vez de nacer en 1412 lo hubiese hecho en 1957 no hubiese sido una hereje, sino una sucia trotskista, una guerrillera de mierda o una subversiva a la que era preciso eliminar.
Juana miró con escepticismo cuando un ex presidente descolgaba el cuadro de uno de sus inquisidores. Desde entonces, el nombre de la doncella estuvo en todos los actos y ceremonias, recibió ofrendas y hasta se juró por el. Pero Juana parece haber comprendido que los partidos de la burguesía solo pueden hacer canonizaciones parciales y que si erigen estatuas, lo hacen solo para dilapidar su contenido heroico. Ante todo el terror al fuego liberador. No sea caso que alguien quiera volver a prender la mecha.
Si no fuera así, pensemos sino qué sucedería si Juana y los 30.000 desaparecidos se presentaran hoy ante las autoridades gubernamentales y preguntaran con la inocencia de la campesina guerrera: ¿”y si resucitamos?”   

La izquierda ganó la Plaza


Ruth Werner / Fernando Rosso 

El 24 de marzo miles de compañeros y compañeras convocados por el Encuentro Memoria y Verdad y Justicia y la izquierda, nos hicimos presente en la histórica Plaza de Mayo y en las ciudades más importantes del país.
En la Ciudad de Buenos Aires, el Frente de Izquierda aportó la columna más importante, que nucleó a la Asamblea de Intelectuales de apoyo al FIT, al PO, Izquierda Socialista y a nuestro partido, el PTS. También marcharon con el Encuentro, miles de compañeros independientes. No sólo se exigió la cárcel para los genocidas. También se denunció que este gobierno promovió la Ley Antiterrorista, cuenta en su haber con más de 18 muertos por luchar (sólo en el último año y medio), y tiene el mayor número de procesados, desde la caída de la dictadura. La marcha opositora fue similar en convocatoria a la de los organismos oficialistas y hasta “Página 12” lo tuvo que reconocer.

¿Por qué la izquierda ganó la plaza? Porque el gobierno kirchnerista tiene una crisis, especialmente con su flanco “progresista”. El discurso de los intelectuales de Carta Abierta llamando a apoyar al kirchnerismo para profundizar el “modelo” terminó apuntalando el poder de un gobierno que busca bajar el salario obrero, mantener la precarización laboral e incrementó, de mano de la “seguridad democrática” de la Ministra Garré, la persecución a los luchadores y a la izquierda. Basta ver las paritarias y las declaraciones de cualquier funcionario, para comprender que la dinámica es hacia el “ajuste”.(seguir leyendo acá)

domingo, 25 de marzo de 2012

El bonapartismo en su etapa superior



Esta nota de Página 12 señala alguna de las encrucijadas del mecanismo de gobierno del cristinismo. Los indicadores reafirman el ciclo descendente, tanto en la economía como en la política. Y la respuesta cristinista es más y más dosis de bonapartismo.
La producción industrial muestra signos de desaceleramiento y las primeras consecuencias del bajón mundial y sobre todo de Brasil y China, empiezan a sentirse en el país. El precio de la soja juega a favor y el petróleo en contra. La cuestión energética limita la base de sustentabilidad del esquema a mediano plazo, poniendo en cuestión el balance comercial, aunque también fiscal (ya que Enarsa subsidia gran parte del abstecimiento energético, para mantener la disparidad de precios internos en relación a los internacionales). Lo que ganaron por el recorte de subsidios, se licua con por este lado. Aunque también, un desaceleramiento de la producción, disminuye el consumo de energía y "ajusta" de hecho, aunque con otras consecuencias "no positivas" para la economía general. Ritmos con final abierto, aunque en pendiente de descenso.
En lo inmediato el "manotazo a las reservas", para decirlo en forma "clarinezca" o "la ruptura final con la convertibilidad", dicho en términos de Página 12, le permite al gobierno patear un poco para adelante el "ajuste brutal" (Marcó del Pont dixit) y congelan la sintonía fina, por el momento.
Los síntomas de agotamiento y el fin del "nunca menos" emergen por donde se lo mire. Y más administrado o menos, por un camino o por el otro, la hoja de ruta hacia adelante es el ajuste.
Sin embargo, exponer los elementos concretos es necesario para huir del "derrumbismo permanente" que confunde parafraseando a Gramsci, los elementos "orgánicos" (o las tendencias a mediano y largo plazo), con los "de coyuntura" (es decir el aquí y ahora). Distinguir uno y otro es útil para la definición de los tiempos de la política y no anunciar, como reloj parado, finales permanentes. Aunque siempre se está en "zona de riesgo" latente, con la posibilidad de que "lo fundamental se vuelva coyuntura".
La oposición zigzaguea, siguiendo la agenda de la coorporación mediática, entre atacar eventualmente por izquierda (como cuando quisieron apropiarse de la denuncia de "Proyecto X") para volver a su naturaleza socialmente de derecha. Artemio López les endilgaba ser "pre-kirchneristas" y lo son, en la medida en que son "pre-2001", retrasando en los tiempos del espíritu de época.   
Llevar el bonapartismo hasta su etapa superior, es la respuesta que le queda al cristinismo. Más bonapartismo y menos hegemonía , puede funcionar en lo inmediato, pero rompe con la ingeniería de poder que construyó el kirchnerismo durante todos estos años. Y que incluía un control "consensual" (con altas dosis de coerción) del movimiento obrero y de gran parte de las organizaciones sociales, una negociación permanente con el pejotismo (tarea que hacía Néstor Kirchner) y un ala izquierda para amoldarse a los años pos 2001 y a un espíritu de época, que no es sólo nacional, sino internacional, por la debacle del "pacto neoliberal" a escala global.
En el movimiento obrero, le soltaron la mano a Moyano, subidos al caballo del 54% y alientan la división de la CGT, siguiendo la misma receta que con la CTA. Caló o Pignanelli, pueden controlar a sus bases (con el elemento a favor que la industria automotriz es de casi la única que sigue con crecimiento "chino"), pero difícil que actúen con la "eficiencia moyanista" en la contención del conjunto de los reclamos del movimiento obrero, en un momento más que necesario. La paritaria docente fue sintomática al respecto. La resultante puede ser una "jibarización" de esa institución clave para la estabilidad del régimen político argentino: la burocracia sindical. La táctica "evitista" ("como van a hacerle una huelga a Perón"), de apelar personalmente al pueblo, contra los docentes, es de muy dudosa efectividad.
A los movimientos sociales aliados, les resulta más difícil impulsar la esclavización de sus bases, a lo que también les llega la sintonía fina, con exigencias de productividad y presentismo para pasar de los $1200 a los $1700. 
Berni es el elegido para regimentar y ordenar la calle, confesando que la tendencia es más al orden, que al consenso. A Nilda (que soñaba con ser "Dilma") Garré, luego del "Proyecto X" le pusieron un "Comisario Político" y está más cerca de Fernández Meijide, que de Roussef. 
El peso político que tuvieron ayer, a 36 años del golpe, las marchas alternativas a los organismos de DDHH oficialistas y con gran peso de la izquierda, demuestran su retroceso en este terreno, donde el kirchnerismo supo hacerse bastante hegemónico.
Y finalmente en la relación con el "pejotismo", comienza a emerger la "paradoja" histórica de todo bonapartismo: la sucesión. Urtubey se anotó en la carrera con el "lapsus" (en realidad una declaración política planificada) sobre el aborto y se sumó al siempre presente Scioli. 
Al cristinismo le queda "La Cámpora", que tiene más forma de "La Solano Lima", como bien define MR acá y ronda la peregrina idea de que "Mínimo" haga honor a su nombre y se convierta en "Máximo" de algo, en el 2013 o 2015!. Después dicen que los marxistas somos "utópicos".
Los que compraron el "relato" reclaman renovación , pero reciben más bonapartismo en su "etapa superior" (en términos leninianos, su momento decadente). La dinámica es la misma del primer peronismo pos-52, que llega hasta el "Congreso de la Productividad" y su ruta. Claro, esto sólo en la forma, porque como todos sabemos, en el contenido, Cristina no es Evita, ni el kirchnerismo llegó ser lo que el primer peronismo.
El que siempre sí está presente y con fuerza renovada es el "verdugo en el umbral" y encima con  una destacada vanguardia clasista con la presencia de ..."nosotros, la izquierda".

viernes, 9 de marzo de 2012

El marxismo, el programa y la estrategia

"El violento oficio..." deja de lado lo "urgente" y hace lugar a lo importante. Posteamos esta interesante entrevista a Emilio Albamonte publicada en la edición online del último número de "La Verdad Obrera". Allí se sintetizan las principales conclusiones de un seminario realizado recientemente, que tuvo el mérito de retomar los debates del marxismo clásico y sobre todo la predominancia de la "estrategia", que es (o debería ser) un aspecto esencial del programa en el movimiento marxista, aunque con su especificidad, "olvidada" o dejada de lado por "los marxismos" y "los trotskysmos" y sus avatares en el siglo XX. Pero además plantea definiciones para un marxismo renovado y creativo, ante los desafíos que presenta la crisis actual del capitalismo.


Entrevista a Emilio Albamonte: Táctica y Estrategia en la época imperialista

Los días 18, 19, 20, y 21 de febrero se realizó en el salón principal del Hotel Bauen el seminario “La concepción de estrategia en el marxismo de León Trotsky” coordinado por Emilio Albamonte, del que participaron más de 200 de los principales dirigentes y cuadros del PTS de todo el país y delegaciones de la Fracción Trotskysta – Cuarta Internacional (FT-CI) del Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR-CcC) de Chile y de la Liga Estratégia Revolucionária (LER-QI) de Brasil. Como bibliografía de base para la discusión se tomó el libro de Trotsky “Stalin, el gran organizador de derrotas. La III Internacional después de Lenin” de 1928, así como “Lecciones de Octubre” y “El ‘tercer período’ de los errores de la Internacional Comunista”. Para este número de La Verdad Obrera entrevistamos a Emilio Albamonte, dirigente del PTS y de la FT-CI sobre algunos de los principales debates que atravesaron las cuatro jornadas del seminario.

El seminario comenzó con la pregunta sobre qué es el marxismo ¿nos podrías contar brevemente en que consistió este punto?

Partimos de una definición analítica de qué es el marxismo a partir de cuatro componentes. Por un lado, el marxismo como “concepción del mundo” cuyo fundamento más general es la dialéctica materialista. Es decir, la dialéctica rescatada por Marx de su cautiverio idealista y vuelta hacia el mundo de la materia, para la cual ni Dios, ni el Espíritu Absoluto, ni ningún demiurgo de la historia pueden ni tienen nada que hacer. Dentro de esta concepción marxista del mundo, el materialismo histórico es la aplicación de la dialéctica materialista a la sociedad humana y su desarrollo.

Por otro lado, el marxismo es una crítica científica a la economía política y a través de ella a los fundamentos del capitalismo, cuya sistematización fundacional fue realizada por Marx en El Capital. Pero también es una crítica a la teoría política, al contrario de quienes opinan que el marxismo solo cuenta con la apropiación-reproducción de filósofos anteriores como Rousseau. Contiene una crítica de la política, del derecho y del Estado burgués, que no solo atraviesa las principales obras de análisis político de Marx y Engels, sino el propio “El Capital”, y que posteriormente, al igual que en la crítica a la economía política fue enriquecida y desarrollada por los “marxistas clásicos” del siglo XX y muy en especial por León Trotsky con sus análisis del fascismo, la URSS, los bonapartismos sui generis en los países semicoloniales, que permiten entender gobiernos como el Cárdenas o el de Perón, etc. A su vez, el marxismo es una teoría de la revolución que partiendo de las conclusiones más avanzadas de su época de surgimiento, a mediados del siglo XIX, condensa la experiencia histórica de más de 160 años de lucha de la clase obrera moderna. Una síntesis teórica de las lecciones estratégicas fundamentales de la lucha del proletariado.

Y en este sentido, como decía Lenin “una guía para la acción”. Esto no significa que contenga un “manual de procedimientos” que nos señale cómo actuar en todo tiempo y lugar, sino que el conocimiento de la experiencia anterior lo que nos permite es justamente no tener que pensar todo de nuevo cada vez que nos enfrentamos a una determinada situación de la lucha de clases.

Acá llegamos a un cuarto aspecto del marxismo, que se relaciona más con el arte que con la ciencia, un arte que a diferencia de otro no actúa sobre una materia inerte sino sobre las relaciones humanas buscando la destrucción de ciertas relaciones y la construcción de otras nuevas. Nos referimos al arte de la estrategia, cómo decía Trotsky: “no puede aprenderse el arte de la táctica y la estrategia, el arte de la lucha revolucionaria, más que por la experiencia, por la crítica y la autocrítica” (“Una escuela de estrategia revolucionaria”). Estos cuatro componentes, el marxismo como concepción del mundo, como crítica a la economía política y a la teoría política, como teoría de la experiencia del proletariado, y como arte de la estrategia, tienen para nuestra definición de marxismo una unidad inescindible. Estamos en las antípodas de lo que discutían los neokantianos que las primeras diez “Tesis sobre Feuerbach” eran científicas pero que la Tesis XI (donde Marx plantea “la transformación del mundo”) era simplemente un imperativo moral. Para nosotros el marxismo es justamente esta unidad, es una teoría de la práctica y un arte de la estrategia fundado sobre bases científicas (entendiendo esta última, desde ya, no en su estrecha y vulgar acepción positivista).

También en el seminario planteabas la necesidad de desarrollar un marxismo con predominancia estratégica ¿a qué te referías?

La necesidad del desarrollo de un marxismo con predominancia estratégica (la cual por supuesto es inescindible del programa) parte justamente de la unidad entre los elementos que señalaba antes, que llevan a concebir al marxismo como una teoría orientada a hacer la revolución.

Hasta la III Internacional el concepto de estrategia era prácticamente ajeno al marxismo. Se discutía en términos de táctica, no había diferenciación entre uno y otro concepto. Sobre este punto quiero traer algunas citas que tomamos en el seminario. En el “Stalin, el gran organizador de derrotas”, Trotsky señala como en la época de la II Internacional “la labor estratégica se reducía a nada, se disolvía en el ‘movimiento’ cotidiano con sus fórmulas cotidianas de táctica. Solo la III Internacional restableció los derechos de la estrategia revolucionaria del comunismo, a la cual subordinó completamente los métodos tácticos.” Esto no era casual, tenía que ver con la entrada en lo que Lenin llamó la “época de crisis, guerras, y revoluciones” y con la enorme experiencia adquirida a partir de revolución de octubre, y en general con los grandes enfrentamientos entre revolución y contrarrevolución que se sucedieron.

Trotsky señala esto para introducirse en una de las críticas fundamentales que le hará al proyecto de programa redactado por Bujarin para el VI Congreso de la Internacional Comunista. Trotsky parte de reconocerle a Bujarin que bajo el título “La ruta hacia la dictadura del proletariado” por lo menos incluyó en el programa una parte referida a la estrategia, pero a renglón seguido le plantea que “en lo que concierne a los problemas estratégicos, propiamente dichos, el proyecto se limita a dar modelos apropiados para las escuelas primarias”, como por ejemplo “Conquistar (?), influenciar en vastos círculos de trabadores en general…”. Es decir, frases generales para todo tiempo y lugar.

Y luego agrega que “se examina el problema fundamental del programa, es decir, la estrategia del golpe de estado revolucionario (las condiciones y los métodos para desencadenar la insurrección propiamente dicha, la conquista del poder) con aridez y parsimonia [...] se consideran los grandes combates del proletariado sólo como acontecimientos objetivos, como expresión de ‘la crisis general del capitalismo’, y no como experiencia estratégica del proletariado”.

Es decir, mientras que Trotsky consideraba que la estrategia (las condiciones y los métodos) para la conquista del poder es el problema fundamental del programa que solo puede ser analizado a la luz de las lecciones de las principales batallas de la clase obrera; para Bujarin estos combates solo contaban como una expresión de la crisis general del capitalismo. Esto nos lleva a la relación entre estrategia y programa. Trotsky le da una importancia fundamental a la estrategia, a la que entiende como algo que no es reductible a los objetivos y los fines que se establecen en el programa. La diferencia refiere a la que existe entre “qué pretendemos conquistar” pregunta propia del programa y “cómo nos proponemos conquistarlo” pregunta propia de la estrategia.

Que sean dos elementos diferenciados no significa para Trotsky que sean escindibles, sino todo lo contrario. Una estrategia sin programa se reduce a una técnica cualquiera, pero un programa que no examina la estrategia es “un documento diplomático”. Trotsky justamente considera su profunda relación cuando sostiene que el examen de los problemas de estrategia es una de las partes fundamentales de cualquier programa que se precie de revolucionario.

Es por esto que en el seminario desarrollamos el estudio de los problemas fundamentales de táctica y estrategia.

¿Esto no está claro hoy? ¿En qué consiste la actualidad de este debate?

Tenía razón Perry Anderson cuando en su libro “Consideraciones sobre el marxismo occidental” planteaba que uno de los problemas fundamentales del marxismo en la pos segunda guerra mundial había sido el divorcio estructural entre teoría y práctica. Anderson desarrolla fundamentalmente la crítica a lo que denomina “marxismo occidental” donde señala no solo la reclusión de los teóricos en las universidades mientras que los PC dominaban la arena política, sino el desplazamiento de las propias temáticas desde la economía y la política hacia la filosofía, y la estética o las superestructuras culturales. De conjunto en este escenario los problemas de la estrategia quedaban fuera del campo de lo pensable.

Pero también es importante señalar la debilidad que desde este punto de vista tuvieron las propias corrientes que se reivindicaban del trotskismo. La media general consistió en relegar el desarrollo teórico del marxismo y no se produjeron obras importantes. Se tenga la opinión que se tenga sobre sus obras, hubo excepciones como Isaac Deutscher, Román Rosdolsky, o el propio Ernest Mandel. Pero tampoco éstos se pararon sobre los hombros de Trotsky en tanto estratega para formular una nueva síntesis capaz de nuevos desarrollos de la estrategia marxista. Más bien lo que primó fueron corrientes que sostuvieron el programa revolucionario en general pero subestimando gravemente la estrategia quebrando la unidad entre programa y estrategia. El resultado fue la adaptación a otras estrategias, como por ejemplo la estrategia guerrillera que eran producto de revoluciones donde primaba el peso del semiproletariado y el campesinado, dirigidas por partidos-ejércitos; revoluciones triunfantes que expropiaban a la burguesía constituyendo nuevos estados obreros pero que desde su misma génesis nacían burocratizados.

El internacionalismo que dominó la estrategia revolucionaria de la III Internacional en sus primeros años dejaba su lugar al “tercermundismo” en la periferia, a la adaptación a los Partidos Comunistas en el centro, y en el caso de los estados obreros, se extendió aquello que Trotsky planteaba en su “Crítica al programa de la Internacional Comunista”, en el año1928, que: “La nueva doctrina dice: puede organizarse el socialismo en un Estado nacional a condición de que no se produzca una intervención armada. De ahí puede y debe desprenderse una política colaboracionista hacia la burguesía del exterior, a pesar de todas las declaraciones solemnes del proyecto de programa”

La derrota del asenso de iniciado en 1968, y la ofensiva imperialista de las tres décadas que le siguieron, no hizo más que profundizar la ausencia generalizada de un pensamiento estratégico en el marxismo revolucionario. El desarrollo de los problemas de estrategia que para Trotsky era uno de los principales logros de la III Internacional, hoy, hasta en corrientes que se reivindican trotskistas pareciera ser una especie de excentricidad.

Este tipo de posturas no pueden contrastar más a la hora de ir a la lectura de Trotsky. Por ejemplo, cuando cuenta: “Un numeroso grupo de personas, reunido en torno a la sociedad de ciencias militares, emprendió en 1924 una obra colectiva para elaborar las normas de la guerra civil, es decir, una guía marxista sobre los problemas de los choques directos entre clases y de la lucha armada por la dictadura. Sin embargo, este trabajo chocó pronto con la resistencia de la Internacional Comunista (esta resistencia formaba parte del sistema general de lucha contra el trotskismo), después se liquidó completamente esta actividad. Sería difícil concebir un acto realizado a la ligera más criminal que este.” (L. Trotsky, “Stalin, el gran organizador de derrotas”)

En el contexto de la crisis histórica que atraviesa actualmente el sistema capitalista y partiendo de la debilidad histórica del marxismo en el desarrollo de estos problemas desde la segunda posguerra hasta acá, no solo es indispensable sino cada vez más apremiante el desarrollo de un marxismo con predominancia estratégica.

El año pasado coordinaste un seminario para el estudio del estratega prusiano Karl von Clausewitz y su obra principal, “De la Guerra”. Ahora el tema fue el estudio de la concepción de estrategia en el marxismo de Trotsky. ¿Cuál es la relación entre ambos seminarios?

Este seminario es complementario del que hicimos el año pasado. Sobre estos debates estamos escribiendo un libro donde abordamos a algunos de los principales conceptos de los teóricos de la estrategia militar, y en especial Clausewitz, así como los debates más importantes de estrategia que hubo dentro del marxismo, donde sin duda la figura de León Trotsky como estratega del proletariado tiene un lugar fundamental.

Como señala Trotsky en una de las citas que leímos antes, fue muy importante para la III Internacional la apropiación que hizo de determinados conceptos de la teoría militar. A su vez, tanto de parte de Lenin como de Trotsky hay una profunda apropiación, en particular, de muchos elementos del pensamiento de Clausewitz, empezando por las propias definiciones de estrategia y táctica. Pero de más está decir que esta apropiación se da en el marco de profundas diferencias.

Por ejemplo, si bien Clausewitz tomó la revolución como fundamento del cambio de época en lo militar y de la potencia del ejército napoleónico, el Estado como unidad política y la “paz civil” en su interior fueron la base de todos sus desarrollos estratégicos. La conceptualización sobre irrupción del pueblo “con peso propio” lo distingue cualitativamente como estratega e intérprete de las guerras napoleónicas. Sin embargo, nunca sobrepasó los marcos de una reflexión de éste como una “masa de maniobra” capaz de desarrollar una “intención hostil” en consonancia con la política del gobierno. Nuestro punto de partida de radicalmente diferente. La política no es para nosotros “la inteligencia personificada del Estado” como señalaba Clausewitz, sino que está inescindiblemente ligada a la lucha de clases al interior de las fronteras estales y a su vez tiene un carácter internacional. Y fundamentalmente, como decía Trotsky “la historia de las revoluciones es para nosotros, por encima de todo, la historia de la irrupción violenta de las masas en el gobierno de sus propios destinos” (Historia de la Revolución Rusa). A diferencia del “pueblo”, que es el tercer componente de la “trinidad” desarrollada por Clausewitz junto con “el gobierno” y “los generales y sus ejércitos”, la clase trabajadora nunca puede ser pensada como “base de maniobra” por el marxismo revolucionario. La historia de la lucha revolucionaria de la clase obrera más bien se ha distinguido por su capacidad de desarrollar organismos de autoorganización de tipo soviético. Ésta, así como las relaciones entre estos organismos y el partido revolucionario, son las grandes diferencias entre la “trinidad” elaborada por Clausewitz y la de “clase, partido y dirección” que Trotsky desarrolla especialmente, por ejemplo, en el “Clase, partido y dirección: ¿por qué ha sido vencido el proletariado español?”.

Es ilustrativo como planteaba sobre este punto Trotsky que “En la acción, las masas deben sentir y comprender que el soviet es su organización, de ellas, que reagrupa sus fuerzas para la lucha, para la resistencia, para la autodefensa y para la ofensiva. No es en la acción de un día ni, en general, en una acción llevada a cabo de una sola vez, como pueden sentir y comprender esto, sino a través de experiencias que adquieren durante semanas, meses, incluso años, con o sin discontinuidad”. (L. Trotsky, “Stalin, el gran organizador de derrotas”)

No quiero desarrollar en profundidad estos puntos acá porque entiendo que supera los objetivos de la entrevista pero de estos puntos se desprenden toda una serie de diferencias que hacen justamente a la cuestión de por qué el marxismo revolucionario no puede ser reducido bajo ningún punto de vista a un mero militarismo.

Sobre esto último, y marcando las diferencias entre el pensamiento militar convencional y el marxismo revolucionario, Trotsky decía: “el ejército es una organización de violencia, está obligado a combatir. Una represión militar muy dura amenaza a los recalcitrantes. Ningún ejército puede existir de otra manera. Pero en un ejército revolucionario la principal fuerza motriz es su conciencia política, su entusiasmo revolucionario, la comprensión de parte de la mayoría del ejército del problema militar que espera y de la voluntad de resolverlo. ¡Cuánto importa esto a las luchas decisivas de la clase obrera! No hay derecho a forzar a nadie a hacer una revolución. No existen instrumentos de represión. El éxito no se basa más que sobre la voluntad de la mayor parte de los trabajadores, en intervenir directa o indirectamente en la lucha para ayudarle a vencer” (L. Trotsky, “Escuela de estrategia revolucionaria”)

El “Stalin, el gran organizador de derrotas” fue el texto principal que se discutió en el seminario, de señalaste varias citas a lo largo de la entrevista, pero ¿por qué basarse en un texto de 1928 para el seminario?

Aunque es cierto que varios de los elementos que están planteados en este libro luego Trotsky los desarrollará mucho más en obras posteriores, sin embargo, es muy interesante estudiar la obra de Trotsky de estos años. Es una época repleta fenómenos históricos de gran trascendencia no solo por la existencia de la URSS y los procesos en su interior, sino también por los múltiples procesos revolucionarios que se desarrollan. El libro de Trotsky toma como punto de partida la derrota de la revolución alemana de 1923 y los 5 años posteriores están llenos de lecciones estratégicas. Con la III Internacional burocratizada, Trotsky va a ser el único que encara en profundidad el balance de estos procesos enriqueciendo enormemente el acervo estratégico del marxismo.

Es muy interesante ver la compleja relación que establece Trotsky entre lo político y lo económico, entre lo objetivo y lo subjetivo, entre la crisis capitalista, los momentos de estabilización y el papel que cumplen en estos las derrotas de la clase obrera. Por ejemplo dice: “‘no hay situaciones absolutamente sin salida’. La burguesía puede escapar de una manera duradera a sus contradicciones más penosas únicamente siguiendo la ruta abierta por las derrotas del proletariado y los errores de la dirección revolucionario. Pero lo contrario también puede suceder. No habrá nuevos progresos del capitalismo mundial […] si el proletariado sabe encontrar el medio de salir por el camino revolucionario del presente equilibrio inestable.” Es evidente que Trotsky no puede estar más lejos de esas caricaturas que se hacen del marxismo donde las crisis harían que el capitalismo “se caiga por sí solo”.

Durante el período que toma el libro se dan procesos fundamentales como la revolución alemana del ’23, huelga general en Inglaterra en el ‘26, la revolución China del ’25-’27.

El combate al ultraizquierdismo había posibilitado avanzar en la construcción de un partido fuerte en Alemania, sin embargo, la revolución de 1923 muestra que la dirección del partido alemán se había vuelto incapaz de deshacerse de la rutina y de esta forma la táctica termina desplazando a la estrategia. Trotsky es muy agudo en señalar este problema cuando dice que “La lucha cotidiana por conquistar las masas absorbe toda la atención, crea su propia rutina en la táctica e impide ver los problemas estratégicos que se deducen de las modificaciones de la situación objetiva”. (L. Trotsky, “Stalin, el gran organizador de derrotas”)

En Inglaterra, la táctica del Frente Único deja de servir para fortalecer la propia fuerza de los comunistas y conseguir aliados para la vanguardia proletaria para convertirse en su contrario. El Comité angloruso con las direcciones de las trade unions deja de ser una coalición temporal para transformarse en un acuerdo estratégico que lleva a la derrota del movimiento huelguístico más importante de Inglaterra en el siglo XX. Otro tanto sucede en la revolución China con la resolución de la IC que ordenaba al Partido Comunista Chino subordinarse política y organizativamente a Chang Kai Chek, y luego a Wan Tin Wei. Lo cual tuvo como consecuencia catastrófica la masacre de los comunistas chinos a manos del Kuomintang. Trotsky justamente desarrolla críticamente este derrotero donde la táctica termina subordinando a la estrategia, donde los acuerdo circunstanciales como el Comité angloruso son transformados en alianzas estratégicas. Sin embargo, este curso oportunista no le impide a la burocracia de la IC, combinarlo con salidas ultraizquierdistas. Después de haber dejado pasar la situación revolucionario a Alemania sin lucha, se lanza a acciones ultraizquierdistas como el atentado en la catedral de Sofía en el ’24. Lo mismo en China, luego de que la vanguardia sufriese golpes fundamentales producto de la política de subordinación al Kuomintang, y para cubrir las consecuencias de esta política se lanza la insurrección en Cantón que, lanzada a destiempo termina en una nueva derrota.

Un curso típico del centrismo que sostiene una política de derecha que lleva a la derrota y una vez concretada esta y modificada desfavorablemente la relación de fuerzas se lanza a aventuras ultraizquierdistas para cubrir las consecuencias de sus propios actos.

Estos son algunos de los puntos por los cuales todo militante serio debería revalorizar este texto de Trotsky, que luego continuará y desarrollará en sus análisis sobre asenso del fascismo en Alemania, sobre la revolución española, etc.

Estas elaboraciones son de suma importancia ya que muestran claramente al Trotsky estratega que ha sido reducido muchas veces por gran parte de las organizaciones que se reivindican del trotskismo por una especie de escolástica.

Y a su vez, muestran la superficialidad de las reconstrucciones del marxismo del siglo XX como la que expone José Aricó en sus lecciones del curso dictado en México en el ’77, recientemente publicadas bajo el título Nueve lecciones sobre economía y política en el marxismo, donde pareciera que Trotsky muere junto con Lenin y en el ’24 deja de ser parte de la historia del marxismo, lo cual demás está decir no alcanza la más mínima seriedad teórica.

En el seminario haciendo un paralelo con ciertas discusiones de teóricos de la estrategia militar hablabas de teorías “combatocéntricas” ¿Opinás que este concepto puede ser utilizado para la Teoría de la Revolución Permanente? En otras palabras, ¿es “combatocéntrica” la Teoría de la Revolución Permanente?

El término “combatocéntrico” surge en realidad para describir el tipo de pensamiento estratégico que inaugura Karl Clausewitz. Uno de los que lo toma es un intelectual del imperialismo norteamericano especialista en Clausewitz que sostiene que “así como el sistema de Copérnico se describe como heliocéntrico, también debemos pensar el sistema de Clausewitz como combatocéntrico […] si tuviéramos que eliminar la lucha o la violencia del sistema de Clausewitz este se derrumbaría” (A. J. Echevarria II, “Clausewitz. Contemporary War”)

Tomando esta acepción podríamos decir que la Teoría de la Revolución Permanente en tanto teoría programa ligada a la estrategia en un sentido es combatocéntrica y en otro no.

¿En qué sentido sí? En tanto teoría programa ligada a la estrategia elaborada para la época imperialista. Lo es en el sentido que parte de que las posiciones conquistadas sindicales, parlamentarias, etc., así como los mismos aliados, y el tipo de organizaciones revolucionarias a construir deben ser pensadas en función de su utilidad para el combate. En este sentido la rutina de la táctica no debe hacernos perder de vista este elemento. La burguesía le obliga al proletariado a pensar en un marxismo de este tipo para enfrentar masacres monumentales como las dos guerras mundiales, a contrarrevoluciones fascistas, sufrimientos inauditos productos de crisis como la del ’30 (que en su profundidad es comparada con la crisis actual no solo por nosotros sino por muchos de los analistas burgueses). En el “Stalin, el gran organizador de derrotas”, por ejemplo, Trotsky desarrolla pormenorizadamente la relación entre una “posición” como la que representa la conquista del poder en un país y la necesidad de ponerla al servicio de la revolución internacional. Sin embargo, no hay que confundir esto con el combate permanente. Tampoco, desde luego, hay que confundir la Teoría de la Revolución Permanente con que la revolución esté planteada en todo tiempo y lugar o con una especie de voluntarismo.

La época imperialista con su crisis y guerras plantea la actualidad de la revolución proletaria. Dentro de la propia III Internacional hubo sectores ultraizquierdistas que interpretaron la “actualidad” de la revolución proletaria en la nueva época como sinónimo de “inminencia”, como fundamento para la teoría de la “ofensiva revolucionaria” permanente. A una variación más grotesca tuvo que enfrentarse Trotsky con el comienzo del “tercer período” y sancionó como política oficial la orientación ultraizquierdista de “clase contra clase”.

Como señalara Trotsky: “El carácter de la época no consiste en que permite realizar la revolución, es decir, apoderarse del poder a cada momento, sino en sus profundas y bruscas oscilaciones en sus transiciones frecuentes y brutales” (L. Trotsky, “Stalin, el gran organizador de derrotas”). Desde ya, estas características, estuvieron mediadas en mayor o menor medida en cada una de las etapas en las que se dividió la época de crisis, guerras y revoluciones, sin embargo, su comprensión nunca dejó de ser fundamental. Trotsky, en el mismo libro plantea como “Si no se comprende de una manera amplia, generalizada, dialéctica, que la actual es una época de cambios bruscos, no es posible educar verdaderamente a los jóvenes partidos, dirigir juiciosamente desde el punto de vista estratégico la lucha de clases, combinar exactamente sus procedimientos tácticos ni, sobre todo, cambiar de armas brusca, resuelta, audazmente ante cada nueva situación.” ¿En qué sentido no es combatocéntrica la Teoría de la Revolución Permanente? En tanto que es una teoría de la revolución socialista internacional, y como tal incluye el aspecto militar (guerra civil, insurrección, etc.) pero éste constituye solo una parte de un todo donde la primacía es de la política. La Teoría de la Revolución Permanente parte de la lucha de clases a escala nacional, se desarrolla en el terreno internacional y solo culmina con la centralización de las fuerzas productivas a nivel internacional, con la extinción de estado, las clases, la explotación y la opresión. En este sentido, podemos decir parafraseando a Pierre Naville en su prólogo a “De la Guerra”, que es una teoría de la “política absoluta” en tanto antítesis del concepto de Clausewitz de “guerra absoluta”. Es una teoría que busca el fin de todo aquello que oficia de causa para las guerras.

Para terminar, podrías comentarnos brevemente las conclusiones a las que llegaron en el seminario.

Si, como decía, empezamos con una definición analítica del marxismo, tratamos de llegar al final del seminario a una definición sintética de lo que significa un marxismo con predominancia de la estrategia. Preferimos hacer hincapié en el marxismo como una corriente que sintetiza la experiencia teórico-práctica del proletariado del último siglo y medio. Un marxismo que plantea como medios estratégicos el derrocamiento del Estado burgués y la creación de estados obreros transicionales, es decir dictaduras del proletariado basadas en organismos de tipo soviético hasta lograr la centralización y planificación de las fuerzas productivas a escala mundial como fundamento material para crear una sociedad de productores libres y asociados. Es decir, empezar a concretar el comunismo.

En nuestra definición los medios estratégicos (dictadura del proletariado) y el objetivo o “fin político” (comunismo) que coincide con la extinción del estado, de las clases y de la explotación del hombre por hombre, están indisolublemente ligados.

En el 2010 Paidós justamente publicó en castellano un simposio “Sobre la idea de Comunismo”, organizado por Badiou y Zizek un año antes. Nosotros estamos en las antípodas de lo que sostiene el filósofo francés Alain Baudiou que: “la Idea comunista es la operación imaginaria mediante la cual una subjetivación individual proyecta un fragmento de lo real político en la narración simbólica de una Historia […] Hoy es esencia comprender claramente que ‘comunista’ ya no puede ser el adjetivo que califica una política”.

Cuando señalamos que la Teoría de la Revolución Permanente es una teoría de la “política absoluta”, lo que queremos destacar es la ligazón concreta que hay entre nuestro programa y nuestra estrategia con el “objetivo político” del comunismo. Con esto no pretendemos acercarnos a las visiones idealistas del estilo Tony Negri que postulan el comunismo “aquí y ahora” y que se terminan adaptando a las variantes “progresistas” de la burguesía, sino todo lo contrario.

Nuestra concepción está ligada a los conceptos de táctica y estrategia. Tanto para Trotsky como para Clausewitz, mientras que la táctica es la conducción de los combates aislados, la estrategia es la que liga esos combates al “objetivo político”. Para nosotros el comunismo no representa una Idea con mayúscula, ni una palabra vacía, sino nuestro “objetivo político” más elevado. En tanto tal sostenemos que el marxismo revolucionario no debe perder de vista este objetivo en el fragor de las batallas y conquistas parciales.

Esto no es para nosotros una consideración abstracta sino parte de nuestro balance de la deriva, luego de la segunda guerra mundial, de las corrientes que se reivindicaban trotskistas pero que sin embargo sostuvieron un marco estratégico característico de la etapa según el cual el socialismo se extendía a través de “revoluciones cualquiera” con “direcciones cualquiera”. El gran valor de la teoría de la revolución permanente para nosotros está justamente en este punto: el ser una teoría programa ligada a la estrategia que pone las conquistas parciales, por ejemplo, la toma del poder en un país en función del objetivo de la revolución mundial y del proceso de cambios sociales, políticos, y culturales que luego de la toma del poder se orienten a la extinción misma del estado, las clases, la explotación y la opresión, e incluso del propio marxismo. Como señala Terry Eagleton en la misma compilación: “El socialismo es un proyecto que se deroga a sí mismo. Esta es una de las razones por las cuales ser socialista no tiene nada que ver con ser judío o musulmán. El marxismo mismo pertenece a la época de la prehistoria. En una sociedad comunista, su tarea es desvanecerse lo más pronto la decencia se lo permita.”

jueves, 8 de marzo de 2012

Los empresarios, los únicos privilegiados del "modelo"






El paro nacional de los maestros fue una contundente respuesta al discurso de la presidenta, que en el Congreso se había lanzado brutalmente contra los docentes, acusándolos, palabras más, palabras menos, de “privilegiados”. Una constante en CFK, no hay discurso en que no les dedique alguna acusación. Esta vez, además les cerró por decreto las paritarias.

El paro fue aún más fuerte tras sus palabras. Y no por voluntad de los dirigentes de la CTA-CTERA, afín al gobierno, que tuvo que salir a la huelga obligado por la extendida bronca de la base que no se banca el “techo salarial” dictado por la Nación. La pulseada sigue abierta. En varias provincias surgen luchadores opositores a la dirigencia burocrática; y donde tienen peso las corrientes del que integran el Frente de Izquierda, con una destacada participación de la corriente nacional “9 de Abril” impulsada por nuestros compañeros del PTS. La “sintonía fina” kirchnerista, tan afín a las patronales de la UIA, busca fijar un techo ante la inminente ronda de paritarias y que el ejemplo docente no se propague al resto de los trabajadores. En un nuevo aniversario del 8 de Marzo, el gremio docente, con mayoría de mujeres, le dijo NO a Cristina y su ofensa a miles de maestras. Para la presidenta los únicos “privilegiados” son los empresarios.

A la par que atacó a los docentes, Cristina Kirchner se excusó de la responsabilidad que le cabe a su gobierno en el crimen social de Once, afirmando que nunca nadie le había pedido la rescisión de la concesión a TBA y, cínicamente, reivindicó, las presuntas grandes inversiones y obras realizadas. Sólo si tenemos en cuenta al Cuerpo de Delegados del Sarmiento, desde 2003 en adelante, fueron presentadas unas 300 denuncias. A una semana de los 51 muertos y los más de 700 heridos en Once, sus declaraciones, como mínimo muestran su absoluta incapacidad para dar alguna solución a los padecimientos de los humildes. No hay que olvidar que el “modelo nacional y popular” se basa en sostener lo esencial de las privatizaciones de los ’90, que como muestra el transporte, fueron aprovechadas por el kirchnerismo para beneficiar a sus empresarios amigos como Cirigliano. No por nada, la presidenta reivindicó en su discurso la primera etapa de la privatización de YPF, blanqueando su entusiasmo cuando Néstor Kirchner fuera el gobernador menemista de Santa Cruz. Respuesta oficial de contragolpe

Días después, el Secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi, debió renunciar, pero es sólo un “fusible” para “calmar las aguas” porque nadie en el oficialismo está dispuesto a romper esa verdadera asociación ilícita entre las empresas concesionarias, el Estado y la burocracia sindical. Siempre que hay una crisis, el gobierno intenta taparla con “grandes anuncios” para la tribuna. Al cierre de esta edición los medios hablaban de la creación de un Ministerio de Transporte. No sería la primera vez que Cristina Kirchner intenta capear los problemas “por arriba”. Hizo lo mismo cuando estalló la crisis por el reclamo de vivienda en el Indoamericano a fines de 2010, donde también había emergido el odio de los de abajo. La “salida” oficial, después de los muertos por el desalojo a manos de la Federal y la Metropolitana, fue la creación del Ministerio de Seguridad de Nilda Garré. Las viviendas que prometieron jamás aparecieron y la ministra acaba de ser desenmascarada por la denuncia de espionaje a los luchadores sociales que realiza la Gendarmería bajo su mando (ver páginas centrales).

El gobierno, que venía de obtener el 54% de los votos y leyó este resultado como una oportunidad para llevar adelante un giro hacia el ajuste, se muestra ante tragedias como la de Once, perdiendo la agenda y debiendo contestar de contragolpe, pero sin poder resolver la crisis abierta. Una de las ventajas del kirchnerismo es la debilidad de la oposición política patronal, además de que la burocracia de la CGT, por más que Hugo Moyano amenace y hasta hable de paro, no pasa de las palabras.

La agenda de los trabajadores y el pueblo

En las luchas obreras y populares que se vienen dando en el país y luego de la masacre de Once, emergen exigencias de soluciones de fondo a los padecimientos del pueblo trabajador. A modo de ejemplo, la marcha del pasado viernes 2 impulsada por los ferroviarios del Sarmiento, tuvo como consigna central la renacionalización de todos los ferrocarriles bajo gestión de trabajadores y usuarios. La nacionalización bajo administración obrera, también es necesaria para dar solución a la expoliación de nuestros recursos naturales por parte de las mineras, que son defendidas a rajatabla por el gobierno.

En el plano de la organización de los trabajadores, en el gremio de la alimentación, la lista encabezada por las Comisiones Internas clasistas de Kraft y Pepsico inscribió en su programa la demanda de “8 horas, 5 días por semana, con un salario equivalente a la canasta familiar” (ver página 7). Una salida opuesta a la de los capitalistas, que exigen más productividad y horas extras, con techos salariales (ver página 6). Por su parte, la gran campaña contra el Proyecto X, impulsada por la Comisión Interna de Kraft, representada por los abogados del CeProDH y del PTS, desnudó uno de los aspectos del verdadero carácter represivo de este Estado, aún bajo el barniz “Nac & Pop”.

Tomar partido

Los luchadores que se organizan y levantan estos reclamos tienen que ser concientes de que se trata de algo muy serio. La batalla por trabajar “8 horas, 5 días a la semana con un salario mínimo que cubra la canasta familiar” como plantean los compañeros de “La Bordó” en la Alimentación, ataca el corazón de la ganancia capitalista. Nacionalizar todos los recursos es liquidar a una clase parásita de privilegiados que vive a costa de la gran mayoría obrera y popular, para poner las minas, las tierras, los hidrocarburos, al servicio de un plan que de satisfacción a las demandas de salario, vivienda, educación y transporte para el pueblo trabajador. Luchar por acabar con el espionaje, la ley antiterrorista y la represión es enfrentar al Estado que sostiene este orden social, donde una minoría es dueña de todo y condena a las grandes mayorías a la esclavitud, a dejar la vida en la fábrica, a la miseria y hasta a crímenes como el de Once.

Es ser concientes de que la salida del obrero en blanco es hermanarse con el obrero precario, con el inmigrante, con el pueblo pobre, para impulsar la lucha de clases, en la perspectiva de acabar con este sistema de explotación y opresión. Ese es el objetivo que nos damos desde el PTS. Nuestro llamado a los luchadores obreros, a los jóvenes trabajadores y a los estudiantes combativos, es a sumarse a esta militancia, para construir un poderoso partido revolucionario de miles capaz de ser una alternativa para vencer.

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El próximo 24 de marzo, a 36 años del golpe genocida que derrotó la insurgencia obrera abierta con el Cordobazo, nos movilizaremos a Plaza de Mayo, junto a la izquierda y las organizaciones del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia. No sólo por la memoria de los que cayeron, sino también porque tenemos una batalla concreta. Vamos a imponer en la Plaza, las demandas de acabar con el ajuste, el saqueo y la represión del gobierno K, vamos por la derogación de la ley antiterrorista y el desprocesamiento de todos los luchadores y la cárcel a los genocidas.

jueves, 1 de marzo de 2012

La indignación popular y el nuevo escenario político

La debacle del sistema de transporte que develó la masacre de Once se extiende y abre nuevas crisis políticas. El enfrentamiento entre Macri y Cristina por el traspaso del Subte, donde ambos gobiernos se pasan uno a otro la “papa caliente” de millones de pasajeros, deja en claro para el conjunto de la población la incapacidad de los gobiernos capitalistas de cualquier signo para resolver un problema acuciante para la mayoría popular. A cinco días de la masacre de Once, finalmente Cristina Fernández habló en un acto en homenaje a la bandera en Rosario. Si su silencio había sido ampliamente cuestionado, la bronca y el repudio se multiplicó entre las víctimas y en gran parte de la población, después de su discurso. Allí se dedicó a reivindicar los presuntos logros de su gestión y la de Néstor Kirchner. En el momento más cínico llegó a afirmar que “si no hemos hecho más es porque no nos ha alcanzado la plata”. Durante 9 años de crecimiento a “tasas chinas” y habiendo entregado miles de millones de pesos en subsidios a las concesionarias del ferrocarril, “no alcanzó” para brindar un servicio esencial mínimamente digno. En relación a la tragedia, sus respuestas fueron poco menos que un “saludo a la bandera”: “Quiero decirles que voy a tomar las decisiones que sean necesarias… una vez que la Justicia decida”, o “hay que volver a tener un sistema de ferrocarriles en la República Argentina”. Ninguna medida concreta ante el repudio masivo contra estos empresarios asesinos y los funcionarios cómplices. Al día siguiente, sus ministros anunciaron la “intervención cautelar” de TBA por 15 días, una medida sin consecuencias prácticas, cuando el reclamo popular era, como mínimo, que se le quite la concesión a los Cirigliano.

“Vil, bastardo y canalla”, así calificaron los padres de Lucas Menghini Rey al infame comunicado del Ministerio de Seguridad que conduce Nilda Garré, en el que se pretendía responsabilizar al joven de su propia muerte. También empezaron a aparecer los rostros de las otras víctimas, en su inmensa mayoría trabajadores precarios, empleadas domésticas y un importante sector de inmigrantes.

Los familiares, además del dolor por la pérdida de sus seres queridos, tuvieron que aguantarse la humillación de TBA, que comenzó a llamarlos para ver cómo “arreglar lo que pasó”. Un frío cálculo para ponerle un precio “bajo” a los muertos.

La masacre de Once provocó la emergencia del odio de los condenados del “modelo”, ese amplio sector de la clase trabajadora con empleos “basura”, en negro, sin representación sindical, inmigrantes que hacen las peores tareas y que se trasladan en un sistema de transporte destruido por las privatizadas, que recibieron subsidios millonarios y no invirtieron un peso en el mantenimiento y renovación de las vías o del material rodante.

Mientras los sectores “progres” y hasta críticos del gobierno, hacen análisis para descifrar las generalidades del discurso de Cristina, gran parte de las víctimas, de los más explotados de esta sociedad, manifestó su repudio identificando claramente a los responsables: la empresa, los funcionarios y hasta el gobierno, porque saben que no tienen una solución real a sus padecimientos.

Esta emergencia de la bronca de la Argentina profunda es un hecho político en sí mismo y un cambio importante en el escenario nacional. Como afirmamos en La Verdad Obrera, esto ya se había anticipado en las luchas por la tierra y la vivienda y ahora se potencia por la gravedad de este crimen social masivo en el centro político del país y que afectó justamente al sector que el kirchnerismo consideraba “su” base social.

Noventismo puro y duro

El slogan kirchnerista de su “modelo de desarrollo con inclusión social” suena como un chiste de mal gusto ante la cruda realidad del crimen de Once. El continuismo con lo esencial de la estructura económica impuesta en la década menemista le empieza a estallar al gobierno por varios flancos, luego de casi una década de crecimiento económico y sin que aún haya golpeado de lleno la crisis mundial.

Lo mismo sucede con el petróleo y la energía. Las privatizadas succionaron al máximo los recursos, sin hacer las inversiones necesarias, y embolsaron ganancias millonarias. La Argentina pasó a tener déficit energético, ahora debe importar gas y petróleo con el consecuente encarecimiento de la cadena productiva, lo que deriva en la inflación que paga toda la población. En el caso de YPF, el gobierno baraja la posibilidad de algún tipo de “intervención” o incluso presentan como el “gran anuncio” que haría Cristina en su discurso de este jueves en el Congreso, la posible compra de acciones con fondos del ANSES, para “hacerse del control” de la empresa.

Ninguna de las “tímidas” medidas de “control e intervención” de este Estado, dan una solución de fondo contra estos empresarios saqueadores y asesinos. Hay que luchar por imponer ya la re-estatización sin pago y bajo administración de los trabajadores de los ferrocarriles y de todas las privatizadas. La oposición patronal, cómplice del saqueo, bajo el gobierno de Menem, de la Alianza o siendo parte del kirchnerismo en sus orígenes, ahora pretende montarse de manera oportunista sobre la tragedia. Sólo el Frente de Izquierda y los Trabajadores viene levantando esta demanda que está entre los puntos centrales de su declaración programática.

La bronca popular y la “sintonía fina”

Este clima político abierto por la emergencia de la bronca de los más explotados irrumpe en una situación donde el giro a la derecha del gobierno ya había provocado el cuestionamiento de sectores de trabajadores contra los tarifazos y sobre todo contra el techo salarial en las paritarias. Las huelgas docentes, el no inicio de clases en nueve provincias y el paro nacional decretado por el gremio (CTERA), un sindicato “amigo” del gobierno, expresa esta situación. Es la primera respuesta más generalizada al ajuste, que antes se había visto en algunas luchas de estatales en las provincias. La última novedad de la “sintonía fina” es la insólita medida de un incremento de $550 en el monto de los planes sociales, pero que estarán atados a la productividad ($300) y al presentismo ($250). “Lo que nos faltó decir al peronismo es que con cada derecho hay obligaciones”, sentenció Cristina para fundamentar esta resolución “gorila” contra los “beneficiarios” de los planes sociales.

La repercusión por la denuncia al “Proyecto X” y el espionaje contra las organizaciones obreras y sociales derrumbó el discurso de “no criminalización de protesta”, una de las últimas banderas del “progresismo K”. A la “sintonía fina”, es decir al ajuste, le corresponde su “nueva doctrina”: la que afirma que las luchas sociales pueden ser, a la vez, una protesta y un delito. Horacio Verbitsky, uno de los ideólogos del gobierno, lo dijo claramente en su columna de Página/12 y el delegado clasista de Kraft, Javier “Poke” Hermosilla, le hizo notar su bajeza en una carta abierta, que por supuesto, el diario oficialista se negó a publicar.

Una gran campaña obrera y popular

La importante asamblea que realizaron este miércoles 29 los trabajadores del Ferrocarril Sarmiento, junto a su Cuerpo de Delegados y de la que participaron nuestros compañeros de la Agrupación Bordó del Roca y otras agrupaciones antiburocráticas, es un gran primer paso. Esta asamblea convocó a una marcha para el viernes 2, para movilizarse por el castigo a los responsables empresariales y políticos de la masacre de Once y por la re-estatización bajo gestión obrera y popular de los ferrocarriles. La marcha debe ser el inicio de una gran campaña que unifique a todos los delegados y trabajadores del ferrocarril y del subte (que enfrentan a la burocracia sindical cómplice) para, junto a los usuarios, dar una verdadera salida de fondo.