domingo, 29 de abril de 2012

Cristinismo, Restauración y Bonapartismo (o el sueño dogmático de "suprimir" la lucha de clases)

CFK en Vélez
Usos y abusos del concepto de bonapartismo


La cuestión del bonapartismo fue largamente discutida en el marxismo. Muchos cuestionaron un presunto "abuso" por parte de los marxistas, en la utilización de este término para explicar fenónemos políticos muy diferentes. Trotsky respondía a estas acusaciones diciendo que, en todo caso, el mismo "abuso" se hace con conceptos como  "democracia", "liberalismo", "dictadura" o incluso y más aún, con otras generalidades como "estado" o "sociedad". Entonces, como siempre, la cuestión es definir las "múltiples determinaciones" que hacen al fenómeno concreto. Se pueden caracterizar como bonapartistas (o con rasgos bonapartistas) a regímenes o gobiernos que expresan una dinámica política determinada, que cumplen con ciertas regularidades (o leyes) que caracterizan su práctica política en un momento particular, siempre que especifique la base social y la relación de fuerzas entre las clases.
Gramsci planteaba que el concepto de "cesarismo" (o bonapartismo) en la ciencia política moderna, es una fórmula "polémico-ideológica y no un cánon de interpretación histórica", y creemos que Trotsky daba una definición en el mismo sentido cuando explicaba que "El término bonapartismo confunde a los pensadores ingenuos (a lo Chernov) porque evoca la imagen del modelo histórico de Napoleón, así como el término cesarismo evoca la imagen de Julio César. De hecho, ambos términos se desprendieron hace mucho de las figuras históricas que les dieron origen. Cuando hablamos de bonapartismo, sin aditamentos, no pensamos en analogías históricas sino en una definición sociológica". 
Bonapartismo como "fórmula polémico-ideológica" o como "definición sociológica", dan ciertas claves para huir del esquematismo mecánico y ponerle límites a las comparaciones históricas y a su vez obtener de ellas la mayor utilidad teórico-política. 


Bonapartismo y lucha de clases

Con este método, pensar el cristinismo y sus rasgos bonapartistas, reforzados en este último período, creemos que ayuda a observar su dinámica para no caer en el impresionismo de sólo ver la foto de la coyuntura en la que, evidentemente, existe una fortaleza política del gobierno.
Más allá de que CFK le dio a la medida la forma de proyecto de ley que fue al Congreso, donde tiene amplia mayoría, la movida tiene un marcado carácter bonapartista.
Un giro en el sentido de la flecha, distinto y hasta opuesto al que signaba la etapa inmediatamente anterior.
Este carácter está dado por la intención de colocar al Estado y a la propia figura de CFK, por arriba de las contradicciones y de las clases, afectando parcialmente los intereses de una empresa y haciendo intervenir al estado para arbitrar y pretender evitar la "inviabilidad" que la cuestión energética le planteaba al conjunto de la economía nacional. Pero además, utiliza la medida para hacer demagogia sobre los sectores populares levantando banderas como la "soberanía" o el "nacionalismo" en la cuestión petrolera, caras a las aspiraciones nacionales de un país arrasado por años de saqueo.
El punto es definir cuales fueron los determinantes que llevaron a tomar esta medida y cuales son las contradicciones y la relación de fuerza de clases sobre las que se realiza la "bonaparteada".
Dice Trotsky "Este tipo de situación (del posible surgimiento del bonapartismo NdR) se crea cuando las contradicciones de clase se vuelven particularmente agudas; el objetivo del bonapartismo es prevenir las explosiones”. (Otra vez sobre la cuestión del bonapartismo. Marzo de 1935 - Las negritas son nuestras)
George Novack afirma: “El papel del régimen bonapartista en la época del imperialismo y de la decadencia del capitalismo no es diferente del jugado en el período de su ascenso. Interviene para descabezar un estado potencial de guerra civil en una nación dividida, refiriendo todas las cuestiones en disputa a un supremo árbitro investido de exorbitantes poderes. El amo del destino trata de usar su autoridad para reducir las tensiones sociales y estabilizar las relaciones de clase en beneficio de los propietarios amenazados(las negritas son nuestras). Luego, en una definición muy pertinente a nuestra bonaparte criolla, explica que “aunque el «hombre a caballo» usurpe la autoridad por la fuerza extraparlamentaria o bajo una cobertura legal, la ejerce por decreto. Su régimen no necesita desmantelar o descartar completamente las instituciones o partidos parlamentarios en seguida; lo que hace es volverlos impotentes. A lo mejor, les permite sobrevivir garantizando que jueguen meramente papeles supernumerarios y decorativos.(Las negritas son nuestras y el teléfono es para los radicales, FAP, etc.) "Democracia y Revolución. De los griegos a nuestros días". George Novack


El ciclo kirchnerista y su etapa superior (bonapartista)


Si estos son los fundamentos generales de todo bonapartismo, queda por definir cuál es el género próximo y cuales las diferencias específicas que hacen a la peculiaridad del bonapartismo cristinista.
Contrariamente a los que ven en la medida una negación de las tendencias al agotamiento del ciclo kirchnerista, tanto en lo económico, como en lo político (después de todo "la política es economía concentrada"), nuestra impresión es que el necesario giro que se vio obligado a dar el gobierno confirma esas tendencias. El "potencial estado de guerra civil", debe entenderse, en la situación argentina, como la tendencia a mayores enfrentamientos de clase que el agotamiento del "modelo" ponía a la orden del día. Como afirmamos en el post anterior "Lo que se estaba volviendo "inviable" (concepto utilizado por CFK en su discurso) no era sólo la economía o las consecuencias del modelo de YPF-Repsol para la economía (modelo alentado por el kirchnerismo, "esquenización" incluida, hasta ayer nomás), sino la política y la propia continuidad del kirchnerismo que comenzaba también a sufrir las consecuencias de la batalla por la sucesión, que el "caso Boudou", había sacado a la luz"
Efectivamente, CFK toma la medida de expropiación de las acciones de YPF ante la evidente crisis que la "irracionalidad" del saqueo de Repsol, le planteaba al conjunto de la economía como expresión extrema de un "modelo" común a todas las empresas petroleras; y además, por las propias crisis políticas que la no posibilidad de reelección le planteaba para su propia continuidad política en el poder. 
A esto hay que agregar la crisis de hegemonía del imperialismo norteamericano y de los imperialismos en general, y en particular del español; que sumado a la crisis mundial, vienen provocando un desplazamiento en la geopolítica internacional, que le dan cierta capacidad de maniobra y "autonomía" relativa en la competencia global a países como China o Brasil. Algo de esto jugó en la decisión del gobierno norteamericano de dar un aval implícito a la medida de expropiación (para evitar el avance chino y/o mantener sus buenas relaciones con Argentina para contrapesar a Brasil).
Plantear que la decisión confirma las tendencias al agotamiento del ciclo, no niega que en lo inmediato el gobierno esté fuerte (y por lo tanto esa fortaleza política no sea una contratendencia en sí misma). Trotsky afirma justamente que una de las características del bonapartismo es que "el aparato burocrático adquiera en su condición de árbitro y salvador de la nación, una independencia y una fuerza excepcionales". 
Su carácter preventivo en la Argentina está basado (como todo bonapartismo), en una situación de cierto "empate" en la relación fuerzas entre las clases. El neoliberalismo (y antes la dictadura) significaron duras derrota para la clase obrera. Estas jugaron su rol, junto al factor de contención de la burocracia sindical, para su no intervención cualitativa en la crisis del 2001. Con la devaluación, la clase trabajadora cargó sobre sus espaldas el "éxito" del "milagro" económico de los años kirchneristas. Sin embargo, esa misma clase obrera se recuperó objetiva y subjetivamente logrando así nuevas conquistas, mientras la burguesía también hacía sus negocios sobre la base de la devaluación, combinada con los altos precios de la conmodities que favorecieron al esquema K. 
El programa de la "sintonía fina", que CFK quiso volver a enmascarar en Vélez, fue el reconocimiento del fin de esa etapa. Y justamente la emergencia de rasgos  marcadamente bonapartistas confirma que se iba (y se va) a choques más abiertos entre las clases. La ruptura con Moyano y el intento de formar una CGT aún más oficialista, así como el ataque a los piquetes y a la protesta social para controlar la calle (designación de Berni), fueron pasos de signo contrario, pero con el mismo objetivo "arbitral" de poner en caja al movimiento obrero y popular. 
Sin estos fundamentos no podría explicarse la última bonaparteada, excepto que se crea en un sincero giro "nacionalista" de la camarilla cristinista.

Fuerza y debilidad del bonapartismo


Pero, como certeramente explica Novack "El talón de Aquiles del bonapartismo reside en su falta de una amplia base de masas. Puesto que no representa una fuerza social decisiva, se mantiene en un equilibrio precario y es altamente vulnerable a los choques de los contratiempos internos o exteriores. Sólo da solución a medias a la crisis del orden burgués porque no lleva hasta su final la guerra civil del gran capital contra los trabajadores ni la demolición de la democracia. Puede venirse abajo cuando los antagonismos de clase que anula temporal, pero no totalmente, vuelven de nuevo a resplandecer"

Y este "resplandecer" estará más temprano que tarde a la orden del día, en la realidad nacional. Justamente porque la "bonaparteada" es además opacamente limitada (ni se acerca al "cardenismo" o al primer peronismo). Los problemas estructurales, incluso la grave crisis energética, siguen planteados; es decir, Once o un nuevo temporal están "a la vuelta de la esquina". Las batallas subterráneas en las fábricas o empresas donde el movimiento obrero reclama salarios y las patronales productividad, siguen su curso y plantean dos programas de salida opuestos a la encerrona del "modelo".

Frente a lo anterior, la ausencia del "movimiento obrero organizado" -eufemismo para denominar a la burocracia sindical- en Vélez, festejada por el "cristinismo puro" como la confirmación de la propia fortaleza, en realidad desnuda una debilidad. ¿O alguien piensa que La Cámpora, ahora más numerosa, en parte por su conquistas en el poder estatal, cumplirá el rol de contención del movimiento obrero, cuando del "humo" de la semi-estatización se pase nuevamente a la agenda cotidiana de la lucha de clases?
Sin caer en el derrumbismo permanente que confunde las perspectivas generales con el aquí y ahora, efectivamente, cuando los kirchneristas pretenden haber suprimido las tendencias a la agudización de la lucha de clases con la magia de la medida "arbitral", no hacen más que confesar la realidad de su emergencia inminente.
Si la "supresión de la lucha de clases" se desnudó como una ilusión bajo bonapartismos "serios" como Perón o Cárdenas (y como prueba está toda la historia del siglo XX), en la presente realidad mundial, con el retorno del proletariado a la escena e incluso de la  revolución; estas intenciones de los cristinistas adoptan la forma de fantasías caricaturescas.
Entender las tendencias generales y el sustrato material de las relaciones de fuerza de clases sobre las que maniobra el gobierno, no tiene el objetivo de negar la fuerza inmediata del gobierno y el clima de soberanía que inunda la vida espiritual de la Nación, sino plantear la necesidad de redoblar las tareas preparatorias para los momentos decisivos, que la "bonaparteada" tan sólo anuncia.

martes, 17 de abril de 2012

El anuncio que sí fue: ¿cisne negro? No, cisne gris clarito

Cárdenas anuncia la nacionalización del Petróleo - 1938
Si las consecuencias reales de la política fueran directamente proporcionales al nivel de fiebre "Nac&Pop" que levantaron los kirchneristas después de los anuncios de CFK en torno a YPF-Repsol, habría que definir que efectivamente estamos ante la "profundización del modelo" o la mismísima "revolución kirchnerista".
Lamentablemente, aunque el discurso político tiene cierta autonomía, está determinado en última instancia por los hechos que imponen la dictadura de su propia materialidad.
Hay que reconocer que el entusiasmo de los que apoyan al gobierno "desde el campo nacional" tiene algún fundamento. Como dijimos en el post anterior venían escasos de argumentos. La Masacre de Once, las consecuencias del temporal, la crisis de Boudou y sus amigos, la sintonía fina, el giro "frepasista rabioso" contra el movimiento obrero y sobre todo contra los que protestan, La Ley Antirerrorista, el techo a las paritarias, el ataque a los docentes,  la entrega de la megaminería, venían a sumarse a otros "accidentes" históricos en el haber (o en el debe) del kirchnerismo, que van desde Jorge Julio López a Mariano Ferreyra, pasando por los Qom y los muertos del Indoamericano.
Ante ese panorama, los anuncios de de ayer, fueron como un oasis en el desierto por el que se arrastraba la sedienta progresía K y permite darle cierta sobre-vida al relato.
Ahora, más allá del entusiasmo y la liturgia de los aplaudidores y defensores (hasta el compañero Artemio L. se tomó el trabajo de la chicana en el post anterior), están los hechos.
¿Se dio finalmente el "cisne negro", entre las hipótesis planteadas? Podemos decir que fue un cisne ..."gris clarito".

La nacionalización cardenista

En la noche del viernes 18 de marzo de 1938, el General Lázaro Cárdenas se presentó ante los medios de comunicación, principalmente prensa y radio, para anunciar uno de los hechos más trascendentes en la historia de los Estados Unidos Mexicanos: la Expropiación Petrolera. Ésta consistió en la apropiación legal del petróleo que explotaban 17 compañías extranjeras para convertirse en propiedad de los mexicanos. Entre ellas figuraban Mexican Petroleum Company of California, Compañía Mexicana de Petróleo “El Águila” y la Compañía Exploradora de Petróleo la Imperial SA, que hoy forman las más grandes corporaciones internacionales de comercialización de “oro negro”.

En este artículo, sobre la historia de la política petrolera mexicana y especialmente del gobierno de Cárdenas y los gobiernos posteriores se dice, "fue más una nacionalización, que una simple expropiación", ya que "no fue una acción individualizada y particular, sino una medida encaminada a un cambio sensible en la estructura económica del país..."
El gobierno de Cárdenas ofreció un pago a 10 años con las futuras ganancias del petróleo, las compañías extranjeras rechazaron la propuesta y salieron litigar en los tribunales internacionales y finalmente fueron los gobiernos de Ávila Camacho y de Miguel Alemán unos cuantos años después, quienes terminaron acordando los pagos, casi simbólicos en relación a lo que reclamaban las compañías.

La expropiación cristinista

La medida del gobierno argentino es de alto impacto político y le permite recuperar la agenda, como se planteó acá y acá en los blogs amigos, o acá en el análisis del alguien que no es precisamente de izquierda y mucho menos "K". La medida tuvo un motor político, que es la pérdida de agenda así como la emergencia de los límites estructurales del "modelo" que se transformaban en crisis políticas; y un motor económico vinculado con el intento subsanar el agujero fiscal que la importación de energía le está generando a las finanzas públicas (y que afecta a la balanza comercial) y al conjunto del esquema económico. Por lo tanto, entra dentro de la lógica del "bonapartismo fiscal", ahora con cierto costado "petrolero".
Lo que se estaba volviendo "inviable" (concepto utilizado por CFK en su discurso) no era sólo la economía o las consecuencias del modelo de YPF-Repsol para la economía (modelo alentado por el kiechnerismo, "esquenización" incluida, hasta ayer nomás), sino la política y la propia continuidad del kirchnerismo que comenzaba también a sufrir las consecuencias de la batalla por la sucesión, que el "caso Boudou", había sacado a la luz. Entre los objetivos K, inundados de relato sobre la "soberanía", estaba también un golpe a los posibles sucesores y, especialmente, al "compañero Daniel". 

Los hechos y el "modelo Petrobras"

Sin embargo, los hechos dicen que se declaró sujeto a expropiación con pago el 51% de las acciones de Repsol-YPF, que a su vez representa alrededor del 30% de la producción hidrocarburífera nacional. Es decir, además de que el 49% restante queda en manos de Esquenazi, Repsol y las acciones de flotan en bolsa, la "expropiación" con propuesta de pago real es del alrededor del 15% del conjunto de la producción y distribución de hidrocarburos del país. Una medida, no sólo aislada dentro de la estructura económica de la Argentina, sino aislada dentro de la propia producción y distribución hidrocarburífera. Con respecto al resto de las empresas que operan en el área, queda el interrogante del rol del Consejo Federal de Hidorcarburos que la propia ley crea. El gobierno, el discurso de Cristina junto a sus representantes, así como el mismo texto de la ley se encargan de aclarar que garantizarán las inversiones de capitales nacionales e internacionales a los cuales, al mismo tiempo, convoca a invertir (¿"bulgheronización"?). Ante la necesidad del  ejemplo concreto señalan la experiencia de Petrobras.
Éste y este artículo describen el funcionamiento del famoso modelo Petrobras y afirman que "El modelo de producción vigente llamado de "concesión", garantiza una privatización y transnacionalización crecientes, tanto de Petrobras como de los recursos naturales. Está regido por leyes y decretos de Fernando Henrique Cardozo, hechos después de que lograron derrotar la heroica huelga de los petroleros de 1995 y dar impulso al proyecto neoliberal". Y agrega "Todo el petróleo del país es administrado por la Agencia Nacional del Petróleo (ANP), que organiza las concesiones para que las empresas adquieran el derecho a explorar libremente áreas prometedoras para el petróleo, y los dueños de la producción tienen sólo que pagar un porcentaje de los ingresos en forma regalías o "intereses especiales", que en conjunto no suman el 20% de los ingresos obtenidos". Además se denuncian las tercerizaciones y otras jugosas "ventajas" para el capital brasilero o internacional.
La realidad del modelo brasilero, que no se les cae de la boca a oficialistas ni opositores, muestra la impotencia de la "soberanía" mixta de la producción petrolera para resolver los grandes problemas nacionales, además de no estar exento del saqueo "controlado" de los recursos naturales. (Dicho al pasar, la misma China o Cuba, llevando la discusión hasta el plano de economías nacionales, demuestran históricamente el "respeto" del capital por lo "mixto")
La disputa, por lo menos para nosotros, no es de "pronóstico". En la naturaleza del bonapartismo rige cierto grado de improvisación (y de aventura), claro, determinado en última instancia por su anclaje de clase. Por lo tanto, la discusión central pasa a la política y al programa.
Los interrogantes en la economía, como bien se señala acá, están planteados alrededor de los caminos para lograr el tan mentado "autoabastecimiento" que proclama la ley y sobre todo "a qué costo". CFK dio una señal, "no importa el precio, sino que haya", en relación a las naftas porque en lo inmediato, ante la desinversión y el saqueo de todos estos años, queda la necesaria importación que ronda los 12 o 14 mil millones de dólares.
A su vez, las preguntas en el terreno de la política surgen de considerar la capacidad de resistencia de la coalición gobernante y su "infantería ligera" de La Cámpora, ya que habrá que verlos ante las afrentas del imperialismo español y si el conflicto tiende "hacia los extremos". Aunque también, es necesario reconocerlo, el gobierno de la Madre Patria tiene sus acciones políticas en baja (con una manito del Rey y sus travesuras infames).
Kicillof, en su larga exposición en el Congreso, le dijo a toda la oposición de derecha que cuestiona que YPF-Repsol sólo representa el 30% de la producción, si alguno de ellos tenía la propuesta de "nacionalizar todas las empresas"; y es verdad que ninguno de los opositores allí presentes, tiene la autoridad política, ni moral, para semejantes cuestionamientos. Como ya afirmamos en varias ocasiones, la "tragedia" histórica de la oposición está en pretender cuestionar "por derecha" al kirchnerismo, por un lado, y en su retraso "pre-2001" para ubicarse en el escenario político que aquel acontecimiento transformó, por el otro.
Ahora bien, la "bonaparteada" limitada, abre la discusión sobre los enormes dilemas nacionales y las vías para superarlos, es decir sobre lo "inviable", no de Repsol, sino de la Argentina capitalista.
La izquierda tiene la autoridad política para plantear la necesaria nacionalización sin pago y la gestión obrera de todos los recursos hidrocarburíferos, comenzando por rechazar los ataques imperialistas. La izquierda tiene toda la autoridad para denunciar y explicar las limitaciones de esta medida aislada y plantear el único programa realista contra el saqueo que no sólo es de Repsol, sino de los bancos, las multinacionales, la oligarquía y burguesía sojera, sin cuya expropiación y reorganización del conjunto de la economía, sobre bases obreras, decimos que no hay "viabilidad" ni a mediano y ni a largo plazo. Una empresa "mixta" de una minoría de la producción petrolera, sólo permitirá caja y sobrevida al esquema bonapartista, pero no dará soluciones a los dramas nacionales (trabajo, recursos, soberanía, producción) que el relato y la medida en cuestión ponen sobre la mesa del debate político.

domingo, 15 de abril de 2012

Cristina, Repsol y el anuncio que no fue

CFK-Juan Carlos
Luego que circulara el paper del proyecto de "Mi pobre Angelito", la conferencia de prensa que amenazaba con "ir por todo" y con declarar la guerra abierta contra la Madre Patria por YPF-Repsol, terminó en una tímida apretada a la cadena de comercialización de yerba y un festejo por los chocolatines hechos en casa. Los aplaudidores del cotillón cristinista, donde se destacaba en primera fila la buzarda de Pignanelli del SMATA, con bigote y sonrisa propia de película de Raymundo Gleyzer, tuvieron que conformarse con esto...es lo que hay. El plan de ex Tonto pero no tanto, o mejor dicho del tonto y re-tonto, se guardó luego de la apretada de los españoles, que habrán recordado que si ellos derrotaron a la "Grande Armeé" de Napoleón, mirá si no van a hacerle frente al mocoso criollo que se hace llamar el "Robespierre" de la Argentina semi-colonial. Cuando además representa un gobierno que apenas si tiene algunas formas bonapartistas, pero donde su restauración no es en respuesta a ninguna revolución, sino de la autoridad estatal cuestionada en el 2001. Dicen que el "Napia" Moreno, ofició de moderador para bajar los humos y explicarle al tonto y re-tonto que la Argentina no es el Centro de Estudiantes de económicas y España, no es el Decano.
Más allá de la anécdota y los protagonistas de los últimos acontecimientos, lo primero que hay que señalar es que la presuntuosa "expropiación" no está más que en las ilusiones de la progresía nac&pop que apoya al gobierno, que por estos tiempos anda floja de argumentos.(El alicaído discurso de no represión a la protesta, tuvo otro mentís ayer con la militarización a los choferes de la 60)
Aunque nunca se puede descartar un "cisne negro", el evidente recule del gobierno entra en las leyes que rigen su naturaleza política y especialmente la gestión de Cristina Fernández. No puede descartarse históricamente que un gobierno burgués, en una semi-colonia, tome una medida de esa magnitud. Ahí estuvo la experiencia del México de Cárdenas y su expropiación del petróleo. La discusión está en las condiciones concretas para esa posibilidad.
Es una realidad que la crisis de hegemonía mundial, acicateada ahora por la crisis económica, deja abiertas hendiduras para los "chavismos" o las "ahmadineyadas". Pero en la Argentina, los años neoliberales le permitieron al imperialismo conquistar posiciones de avanzada, que continuaron y se fortalecieron en los años kirchneristas. Un reversión de esas posiciones que abra la hipótesis de una medida de ese nivel de ofensiva contra intereses imperiales, necesitaría, por lo menos de una base social que vaya un poco más allá de La Cámpora. Y esto cuando la etapa de las escasas concesiones terminó, para dar comienzo a la sintonía fina, congelada en las tarifas, pero en curso para los lineamientos generales de la economía. La cumbre con Obama volvió a reafirmar la "sensibilidad" de CFK para con los amos del mundo, venidos a menos, pero amos al fin.
Queda para el debate político si la movida fue una maniobra meticulosamente planificada por los grandes estrategas que mandan en la Rosada, como presión in extremis o una improvisación de una camarilla que va de un error político a otro y pensó que el 54% tenía valor Urbi et orbi.
De allí se desprenden consecuencias políticas diferentes. Una lectura es que, ahora se anuncia un acuerdo, bajo las condiciones (o el precio) que impongan los españoles y el gobierno muestra  como "éxito" que, después de 10 años de permitir el robo impune para la Corona, "logra" con "más estado" un anuncio de inversiones, mixto o en combinación con otras empresas. O pesa más el recule que se factura como otro error político de su "relato" nacionalista, a pocos días del blef de la "ofensiva" por Malvinas. O un poco de las dos cosas, la cuestión en ese álgebra, son los valores concretos de avance, estancamiento o retroceso político.
Al pasar, les respondemos al bloguero Abel Fernández, más para recordar una posición histórica de la izquierda trotskysta, que porque creamos pueda haber algún "diálogo". Abel F. como buen peronista, mezcla todo, derecha e izquierda y dice en relación a las posiciones del arco político con respecto a la línea del gobierno con Repsol: "Desde esos buques insignias de la Oposición, Clarín y LaNación, hasta un viejo adalid de la recuperación de YPF como Pino Solanas, y, seguro, la izquierda anti K, el sustrato común del discurso es “Si lo hace el kirchnerismo, está mal“. En lo que nos toca, como parte de la izquierda, el problema no está en lo que hace el kirchnerismo, sino en lo que "no hace" (en gran parte porque no puede y no quiere hacerlo). Acá, la posición de Trotsky con respecto al cardenismo y las expropiaciones del petróleo en México, que muestra que la cuestión nacional, es clave para el tradición marxista, por lo menos desde la III Internacional en adelante. Claro que para que exista la "cuestión nacional", tiene que haber alguien que seriamente la ponga, valga la redundancia, "en cuestión" y no parece el caso....

"Sin embargo, abandonemos a su propia suerte a los payasos e intrigantes. No estamos pensando en ellos sino en los obreros con conciencia de clase del mundo entero. Sin sucumbir a las ilusiones y sin temer a las calumnias, los obreros avanzados apoyarán completamente al pueblo mexicano en su lucha contra los imperialistas. La expropiación del petróleo no es ni socialista ni comunista. Es una medida de defensa nacional altamente progresista. Por supuesto, Marx no consideró que Abraham Lincoln fuese un comunista; esto, sin embargo, no le impidió a Marx tener la más profunda simpatía por la lucha que Lincoln dirigió. La Primera Internacional le envió al presidente de la Guerra Civil un mensaje de felicitación, y Lincoln, en su respuesta, agradeció inmensamente este apoyo moral.

El proletariado internacional no tiene ninguna razón para identificar su programa con el programa del gobierno mexicano. Los revolucionarios no tienen ninguna necesidad de cambiar de color y de rendir pleitesía a la manera de la escuela de cortesanos de la GPU, quienes, en un momento de peligro, venden y traicionan al más débil. Sin renunciar a su propia identidad, todas las organizaciones honestas de la clase obrera en el mundo entero, y principalmente en Gran Bretaña, tienen el deber de asumir una posición irreconciliable contra los ladrones imperialistas, su diplomacia, su prensa y sus aúlicos fascistas. La causa de México, como la causa de España, como la causa de China, es la causa de la clase obrera internacional. La lucha por el petróleo mexicano es sólo una de las escaramuzas de vanguardia de las futuras batallas entre los opresores y los oprimidos".

viernes, 13 de abril de 2012

HIROMI UEHARA - Now Or Never (2011)

Si tienen paciencia, más o menos al minuto 1.26, después de presentar al tío del "Negro" Mazza (por como toca el bajo, además) y al baterista, empieza a mover los dedos esta, digamos especie de Chick Corea...de Japón (acá juntos en una terrible versión del Concierto de Aranjuez)


jueves, 12 de abril de 2012

Las internas de camarilla y los crímenes sociales

Publicado de La Verdad Obrera N° 470



El fin de semana largo mostró crudamente las dos realidades de la Argentina. Por un lado, los dramáticos días que padecieron (y padecen) miles de familias trabajadoras por las terribles consecuencias del temporal que, como se dijo, fue un acontecimiento “natural”, pero sus consecuencias inmediatas afectan de manera diametralmente opuesta a las diferentes clases sociales. Por el otro, la casta política, mediática y judicial, en plena guerra de camarillas (centralmente entre los miembros del partido y la coalición de gobierno), destapó la podredumbre de un régimen político, donde cada uno defiende sus negociados con empresarios amigos, en pos de sostenerse en el poder. Un contraste entre el país de políticos millonarios, empresarios y jueces, “ricos y famosos” y la trágica realidad de la Argentina profunda.
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domingo, 8 de abril de 2012

Los Galos de Asterix, Aricó, Althusser (y algo para Artemio Lopez)


Luego de que Juan publicara este post donde dio en el clavo al etiquetar de "iluminista" la crítica de la historia del marxismo que hace "Pancho" Aricó, tuvimos una de esas tertulias virtuales, donde en general ponemos en duda todo lo que acabamos de publicar. En la conversa surgió (más de parte del él, que mía) la cuestión de que se le podría dar una vuelta de tuerca y decir que en realidad Aricó es inconsecuente con el propio método que propugna de partir del "suelo originario" que da impulso a la teoría marxista. En esto comparte la lectura del marxismo que hace  Oscar del Barco de la que hablamos en el post anterior, y no es casualidad ya que recorrieron juntos gran parte de su itinerario político- intelectual.
Sintetizando: los "gramscianos argentinos" pregonan permanentemente la lucha contra la escisión entre la teoría y la práctica o entre la ciencia (o filosofía) y la lucha de clases, en donde en realidad tienen su suelo originario. Es decir reniegan de una explicación que no sea "política" (en el sentido amplio), de los fenómenos sociales o del desarrollo teórico. Por eso afirman que Marx fue solo un "momento" (y que momento!) de la teorización de una clase, de la que otros "momentos" fueron Lenín o Rosa Luxemburgo.
Sin embargo, Aricó, cuando analiza el mecanicismo o el fatalismo de la Segunda Internacional y la Tercera (sin diferenciar en esta última claramente si es "con" o "sin" Lenin), en vez de ir al "suelo originario", es decir, a la lucha de clases, lo que culminaría en una explicación política de la degeneración del movimiento marxista; realiza una explicación "hermenéutica", es decir "teórica", en el sentido burgués del término. Ya que el problema, como bien explica Juan, se reduce a una "incorrecta" lectura de esa obra, efectivamente inconclusa que es El Capital y a la no publicación de muchas otras obras que se fueron conociendo a lo largo del siglo XX (los Grundrisse, La Ideología Alemana etc).
Distinto es el método de Del Barco en este texto (que le dedicamos especialmente al "althusseriano-kirchnero-cristino y recientemente "boudoísta",  Artemio López), donde le hace un jaque mate a Althusser y sus pretensiones "científicas" (en el sentido burgués del término) que llegaron hasta la osadía de decir que habría que "reescribir" el Capital, borrando, entre otras cosas, la reminiscencias hegelianas, porque Marx no tenía claro que estaba inventando una "nueva ciencia", que sólo Althusser iba a poder "sistematizar" unos cuantos años después.
Allí se Del Barco culmina este muy buen artículo con una explicación política y social de la "desviación" althusseriana y dice "Para concluir podemos preguntarnos por la causa de todos estos errores y "desviaciones" teóricas de Althusser. Estos errores no se pueden buscar en una falta de inteli­gencia de la problemática, vale decir en el orden teórico (tal como hace Althusser ), sino que deben buscarse las raíces sociales, políticas, de la desviación (cosa que nunca hace Althusser ). Entendiendo "Althusser" como nombre de un funcionario universitario de un país imperialista, altamente desarrollado desde el punto de vista técnico. Su "desviacionismo" teórico ¿no se vincula con l as corrientes tecnocráticas de la sociedad francesa? ¿No se vincula, además, con la fuerte tradición racionalista de la universi­dad francesa? Toda la fuerza puesta por Althusser en el análisis epistemológico, toda su furia taxonómica ¿no se vincula a la ideología dominante, a la ideología cientificista de los países altamente desarrollados? Por otra parte también debe considerarse a Althusser como nombre de un intelectual de un Partido comunista de la más pura orto­doxia staliniana; de un Partido cuyo clásico culto de la " ciencia" lo vuelve  el correlato adecuado del cientificis­mo, que considera a  la ciencia por sobre las clases (no es casual que últimamente abandone  la concepción marxista de dictadura del proletariado  para aspirar a ser gobierno de todos (...)"
Y en alguna nota al pie hace esta muy buena descripción sobre la relación entre odio y teoría en Marx, y entre "ciencia" y "orden" en Althusser:

"En Althusser, en la medida en que conserva las prácticas burguesas, la sociedad comunista aparece como una corrección de la sociedad capitalista. En sus textos siempre encontramos una hipostatización de la sociedad bur­guesa. Mientras los textos de Marx están cargados de odio, de sarcasmos y desprecio hacia el capitalismo, el texto de Althusser pretende ser pura­mente científico. Althusser intenciona un Estado, un Partido, una filosofía, una ciencia, etc. Vale decir, en resumen, una sociedad represiva de nuevo tipo, pues ¿ quién, en esa sociedad, podrá apartarse de ese Estado, Partido, Ciencia, Filosofía, sin caer bajo la calificación infamante y punible de anormal? ¿qué destino le aguarda a quien no acepte semejante Ley? Althusser respondería que no intenciona ninguna sociedad, que él hace ciencia y no utopía. Sin embargo a esta sociedad sólo se la puede criticar desde el proyecto de otra sociedad (en el capítulo sobre el fetichismo Marx habla de "asociación de hombres libres " ). Tal vez por la misma posible razón " científica" Althusser no piensa la experiencia del socialismo en nuestro siglo; y en realidad no la piensa porque desde el lugar en que está situado no puede pensarla sino tan sólo mentarla: ¿ ha fracasado el marxismo? Lo otro, lo impensado de esta sociedad, es lo reprimido: la po­breza, el tercer mundo, la locura, la delincuencia, el suicidio, el proleta­riado como clase en-sí (digamos que como clase para-sí el proletariado plantea muchos interrogantes que son fruto de la experiencia histórica, en la medida en que se convierte en un nuevo Logos, una nueva Ley, mientras que como clase en-sí es una clase dominada por la muerte: las huelgas salvajes, las rebeliones, las formas de resistencia que hunden sus raíces en el odio y no en la teoría."


miércoles, 4 de abril de 2012

Marx, la crítica y el marxismo (o de la pasión del cerebro, al cerebro de la pasión)

Marx y Engles

El impulso a pensar un marxismo con predominancia estratégica, así como ciertos debates en la bolgósfera de izquierda (o marxista), nos llevaron a una reflexión general sobre el "estatus" de la teoría marxista y también a (re) lecturas de algunos aportes de los "gramscianos argentinos" (sobre los que se hicieron algunas reflexiones acá, acá y acá).
Ciertas divisiones en los análisis y en las hipótesis con pretensiones "científicas" que separan la economía de la política, o ambas de la lucha de clases, nos indujeron a pensar el lugar que ocupa la teoría en el propio pensamiento de Marx y sus continuadores.
Oscar del Barco, a quien criticamos acá por sus reaccionarias posiciones actuales, realizó algunas definiciones pertinentes sobre esta cuestión, cuando todavía no había roto con el marxismo.
Partiendo de una crítica a la epistemología burguesa, Del Barco, recupera de Marx el combate teórico contra la ciencia burguesa, elaborado en el mismo acto que realiza su "crítica" de la filosofía, del derecho o de la economía política.
¿Es el marxismo una ciencia, una filosofía de la historia, una epistemología?
Es aquí donde Del Barco describe con lucidez la concepción de Marx, que parte de pensar la relación entre conocimiento y realidad o entre teoría y práctica, y culmina en la relación entre teoría y movimiento obrero.
Las Tesis sobre Feuerbach dejan más que claro la jerarquía de la práctica como criterio de verdad y de conocimiento.
Antes de los conceptos y de las categorías, la experiencia del hombre y su interrelación con la naturaleza,  es decir, su experiencia y su práctica llevan a la necesidad de una generalización conceptual. 
Antes de la teoría o de la crítica marxista, el proletariado, su misma presencia como lo otro odiado y a la vez necesario para al Capital, y luego su irrupción violenta y combativa, son el elemento crítico, opuesto y disruptivo, donde está la génesis de la teoría.
En su artículo "La clase obrera y el nacimiento del marxismo"  Göran Therborn afirma:
"La experiencia de la lucha de clases proletaria se da de frente contra la razón y contra la ciencia burguesa. La crítica de Marx, no puede entenderse sin esa savia vital de la lucha de clases. En Inglaterra fue el momento del chartismo, el primer movimiento proletario en la historia que alcanzara el nivel de una organización a nivel nacional. En Francia, el año de 1831 vio la primera insurrección proletaria, protagonizada por los obreros de la seda de Lyon. Aunque fue aplastada, muy pronto la siguió otro levantamiento, y también en Francia se estableció un movimiento de la clase obrera. Con la revuelta de los tejedores de Silesia en 1844, el proletariado alemán hizo su propia entrada en el escenario político. En resumen, el periodo de formación del socialismo científico fue precisamente aquel en el cual el proletariado de las mayores naciones europeas elevó su áspera y apremiante voz".
Del Barco analiza la famosa "Introducción a la Crítica de la Economía Política" de 1857 y dice: "El marxismo, entonces, sería la crítica teórica determinada, que tiene como base o punto de partida la perspectiva histórica de las clases oprimidas, un conocimiento interesado (político) que no apunta a un presunto conocimiento objetivo (neutral) sino que se encuentra inserto estratégicamente en las luchas concretas que tienen a transformar en un sentido revolucionario la sociedad: es un conocimiento que en lugar de quedarse en el concreto-de-pensamiento (ciencia burguesa) vuelve al primer concreto, a "la sociedad", encarnado en la acción política y con el objetivo de transformarla. Teniendo en cuenta, por último, está posición-de-clase y este objetivo-de-clase no son algo externo al conocimiento sino que lo conforman dando origen a un nuevo estatus de lo teórico, como forma de las clases oprimidas al que Marx denominó crítica" (Oscar del Barco, "El Otro Marx"/Milena Caserola-2008)
Del Barco describe el carácter de este texto (y de los Grundrisse) y los sitúa históricamente motorizados por la crisis capitalista que despegaba nuevamente en 1857 (casi 10 años después de 1848). Allí un Marx, que muchos no dudarían en calificar de "exagerado derrumbista" trabaja acelerada y hasta desordenadamente a causa del "rápido y convulso precipitarse de los acontecimientos" (muchas noches hasta las cuatro de la madrugada, confiesa en una de sus cartas). En el marco de la posible llegada del "diluvio", escribe "en la perspectiva del hundimiento, en apariencia inminente, del capitalismo, más que en la perspectiva de la permanencia inmutable del sistema económico burgués" (aquí Del Barco cita a Humberto Curi)
Toda esta cuestión viene a cuento de plantear que el marxismo es una superación de esa escisión entre economía, política y lucha de clases.
Y llama la atención como esa escisión se sostiene y amplifica con persistencia en muchos de los debates actuales. Se sorprenderían los "derrumbistas permanentes" (basados en la "pura objetividad"), como los "desarrollistas permanentes" (que se obnubilan con las posibilidades de superviviencia del capital), si descubrieran que tienen más elementos en común de lo que ellos mismos creen, empezando por la negación de la reflexión en torno a la estrategia.
El conocimiento o la teoría participa del combate y el combate le da a la teoría un estatus de verdad-de-clase y de superación de la "ciencia" y su objetividad que tiene los límites-de-clase y es expresión ideológica de una realidad social reificada o fetichizada.
Partimos de dar por hecho que se sobreentiende que esto no tiene nada que ver con esa vulgarización interesada, de las concepciones estalinistas de "ciencia proletaria", "arte proletario" etc etc.
El cambio epocal que se da con el surgimiento del imperialismo, la Gran Guerra y la Revolución Rusa y que los marxistas clásicos definieron como época de guerras, crisis y revoluciones o de "actualidad de la revolución" o de "etapa superior" en términos leninianos, no se reduce a un cambio económico ("estancamiento absoluto de las fuerzas productivas"), sino para plantearlo en términos de Marx, es un concepto "crítico". En la exposición o descripción del capitalismo imperialista y la nueva época, se muestran la agudización de sus contradicciones, el dominio de los monopolios, las mayores disputas interestatales, agudización de la lucha de clases y también el aumento cualitativo de la tensión entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales, sobre todo el estado nacional. Lo que empuja las tendencias al estancamiento.
Cualquiera que eche una mirada no "(des)apasionada", sino "(a)pasionada" sobre la historia del siglo XX y sus tragicidad, sus dos guerras mundiales e innumerables guerras regionales, sus cientos de revoluciones con hitos enormes como el propio Octubre o la Revolución China, los procesos revolucionarios a la salida de la primera guerra o a la salida de la segunda, sus mega-crisis desde la del 30 en adelante, el fenómeno aberrante del estalinismo; comprueban la verdad de esas definiciones. 
¿Cómo puede "explicarse" la supervivencia del capitalismo solo basándose en un reduccionismo métrico  de cálculo positivista sobre el (discutible) desarrollo de las FFPP y sus indicadores de pretendida verdad científica?.
¿Cómo pueden dejarse de lado los combates proletarios y sus avances extraordinarios y sus no menos extraordinarios retrocesos?
No hay forma de "explicar" la estabilización capitalista luego de auge de pos-Revolución Rusa, haciendo "abstracción" de la derrota sobre todo de la revolución alemana. No puede explicarse el boom, haciendo "abstracción" de la crisis del 30 o la Segunda Guerra y mucho menos haciendo "abstracción" de la traición del estalinismo a los procesos revolucionarios que desató en la inmediata pos-guerra. Y el neo-liberalismo no puede entenderse si se hace "abstracción" de la esclavización del proletariado chino o del este de Europa. Y esto solo para dar unos ejemplos. En algún lugar (no recordamos bien donde) Trotsky se burla de este tipo de método de "abstracción" en sus debates con el estalinismo y les dice algo así como "podemos salir a pasear desnudos en enero (invierno) por Moscú, haciendo abstracción del frío y la policía, aunque dudo que el frío y la policía hagan abstracción de nosotros" 
Y es aquí donde entra el problema de la estrategia y su arte, de las necesarias lecciones de los combates proletarios que conforman un elemento unido y clave, aunque específico del programa y de la teoría. La "savia vital" de la lucha de clases y las grietas que abren los enfrentamientos interestatales o las crisis como posibilidades para la acción obrera. ¿Quiénes son nuestros tejedores de Lyon o de Silesia sobre los que se elabora nuestra crítica en el presente?
El retorno de la cuestión estratégica, no es causal que esté ligado al retorno de los combates de clase, incluso con características clásicas en las calles de Grecia, el Estado Español o Egipto. Recuperar esa pasión y el compromiso de Marx por la lucha de clases o por las posibilidades que abren las crisis, es parte de la superación de la ciencia con pretendida licencia de marxismo, hacia una teoría que forme parte de la "maquinaria de guerra" del proletariado.
La Tesis XI, puede encontrar su sinónimo casi literario, pero no menos profundo, en ese  Marx de la Crítica a la Filosofía del Derecho, que sentenciaba que "la crítica no es una pasión del cerebro, sino el cerebro de una pasión"