martes, 31 de julio de 2012

Walter Malosetti - Above The Rim

Del disco "Tributo a Django Reinhardt", que según mi amigo anfibio y ahora también baterista, es de lo mejor que hay...(y además todavía lo tiene en "casette" ;)

domingo, 29 de julio de 2012

Osvaldo Fattoruso, adios a un grande!

A los 64 años se fue Osvaldo Fattoruso, un grande de la música uruguaya y universal...Por suerte nos dimos el gusto de verlo alguna vez junto a su hermano Hugo, invitados nada más y nada menos que por Luis Salinas, en la Trastienda. En el video tres al hilo del Trío Fattoruso. En el segundo tema ("Muy lejos te vas") cualquier reminiscencia con el legendario Eduardo Mateo, quien marcó gran parte del itinerario de la música uruguaya desde Jaime Ross hasta lo mejor de Drexler, no es casualidad. Y un final explosivo y muy arriba con "Goldenwings" (OPA)

jueves, 19 de julio de 2012

Internas que hacen crujir a la coalición kirchnerista


La coalición de gobierno cruje al ritmo de la desaceleración económica y las internas que desata la temprana pelea por la sucesión. Los pilares que sustentaron al kirchnerismo toman distancia o pasan a la oposición. Estos pilares son la burocracia sindical y los barones del peronismo, que junto a las policías bravas, de las cuales la Bonaerense es paradigma, conforman las “Tres B” (burocracia, barones y “bonaerenses”) de los factores reales de poder en la Argentina, más allá del relato de quienes ocupan la Rosada.

El gobierno todavía goza de cierta “fortuna” por los altos precios de la soja o la esperanza de que Brasil recupere algo de crecimiento, que le den aire a la Argentina en el segundo semestre. Incluso especula con recuperarse en el 2013, cuando el peso de la deuda será menor. Montado sobre su 54%, el cristinismo empuja al distanciamiento de los que hasta ahora fueron sus principales aliados y acelera las internas, para evitar la emergencia de competidores que le disputen poder político y sus posibilidades de continuidad. Igualmente el vendaval internacional, las medidas que tomen los gobiernos de Brasil o Argentina pueden generar ciertas contratendencias parciales, pero no evitar la avanzada de la crisis sobre sus economías, como viene sucediendo. Ante el hundimiento hasta el subsuelo de Europa, el casi nulo crecimiento de EE.UU. y los pronósticos a la baja de la economía mundial, soñar con evitar absolutamente las consecuencias de la crisis global, es una utopía reaccionaria.

martes, 17 de julio de 2012

Una fotito cara al Relato




Agradecemos el "recuerdo" al blog "Puede Colaborar"

Por Ricardo Ragendorfer
La entrevista tuvo lugar el 2 de julio de 2004 en un pequeño departamento situado en la calle Rodríguez Peña 279. Su único habitante, un tipo de mejillas hinchadas y mirada gris, ya había relatado algunos pasajes de su vida, antes de clavar los ojos en un punto indefinido del espacio; entonces dijo:
–¿Sabe quien trabajó como agente con nosotros en el Batallón 601?
Y sin esperar la respuesta, aportó un nombre: Gerardo Martínez, nada menos que el actual secretario general de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (Uocra).
El tipo, entonces, agregó:
–Fue fácil reclutarlo; ese muchacho tenía un homicidio encima.
El tipo remató la frase con una sonrisa.
Se trataba del ex capitán del Ejército Héctor Pedro Vergez, famoso por sus crímenes en el campo de concentración cordobés de La Perla.
En esa ocasión, también precisó que el sindicalista había ingresado a la Inteligencia militar a fines de 1981. Era difícil creerle. Es que el culto a la verdad no formaba parte de las virtudes de ese hombre. En consecuencia, el asunto pasó rápidamente al olvido. Sin embargo, el represor no había mentido.
Siete años después, el nombre del titular de la Uocra aparecería en el listado del personal civil que integró el Batallón 601. El martes pasado, otro gremio de la construcción y un grupo de organizaciones de derechos humanos le pidieron al juez federal Sergio Torres que determinase cuál fue su rol en la estructura militar que coordinó la aplicación del terrorismo de Estado durante la última dictadura

NOTA COMPLETA NADA MAS Y NADA MENOS QUE ACÁ

El mito del estatismo kirchnerista



La expropiación parcial de YPF y el relato sobre el la ampliación del estado, contra el neoliberalismo, del estado presente etc etc. crearon la ideología (en el sentido científico de "falsa conciencia") de que bajo el kirchnerismo existe una verdadera reversión de los años neoliberales y un estatismo creciente como factor central de la vida económica nacional. No faltaron impresionistas que hasta llegaron a hablar de un "capitalismo de estado" del kirchnerismo.
Alejandro Bercovich simplifica algunos datos duros en su artículo de la revista Crisis sobre la relación kirchnerismo/estado, más allá del relato.
Comienza citando una encuesta de la Universidad Di Tella hecha después de la expropiación parcial de YPF que constató que la población cree que el estado debe ser el responsable de asegurar el bienestar (82,7%), de crear empleos (81,6%) de reducir la desigualdad entre ricos y pobres (87,3%), de proveer jubilaciones (86,2%) y la salud (87,9%). Y continua con un dato al que llama "sorprendente" y en cierta medida lo es: un elevado 68,5% opina que el Estado debería ser "dueño de las empresas e industrias más importantes del país".
Si se analiza este nuevo "sentido común" pro-estatista de la sociedad, las causas profundas se encuentran en el quiebre del "neoliberalismo" en todo el mundo y en los "aires de igualitarismo" que dejó el 2001 como marca profunda en el nuevo espíritu de época.
Hemos afirmado en muchos lugares que el relato antineoliberal y en ese sentido pro-estatista era producto de una imposición de las circunstancias, más que de una voluntad del kirchnerismo, y que respondía en última instancia al pos- 2001, no para darle una respuesta a sus demandas profundas, sino para contener sus aspiraciones y desviarlas con el objetivo de restaurar la autoridad estatal cuestionada en aquellas jornadas.
Bercovich define que las estatizaciones kichneristas fueron "casi forzadas por las circunstancias" (Correo Argentino, Aguas Argentinas, Aerolíneas), pero que la "voluntad social expresada en la encuesta no tuvo un correlato tan tajante en la realidad. Ni mucho menos".
Lo más interesante son los datos que cita de FLACSO sobre la cúpula empresaria argentina, cifras a las que califica de "lapidarias" y efectivamente son un mentís demoledor al relato. "En 1976 las compañías estatales acaparaban 38.4% de la facturación total de las mayores 200 empresas del país. Financierización y plata dulce mediante, su porción cayó al 28,9% en 1991 (...). Pero apenas cuatro años después, la proporción se desplomó al 3,4%. Y hacia el 2001, en pleno reinado del Consenso de Washington, las estatales llegaron a su mínima expresión, solo un 1,6%.
¿Qué pasó con el kirchnerismo? Mucha extranjerización inicial, bastante "argentinización" posterior a manos de grupos económicos locales, en general cercanos al gobierno, pero muy poca recuperación del peso económico del Estado. En 2010 (...) FLACSO calcula que las empresas estatales facturaban un 3,5% de la masa total de la cúpula, casi lo mismo que en ...1995"
(ejem...). Claro, están por verse los negocios que haga el estado con YPF, pero depende de los acuerdos que buscan deseperadamente con empresas imperialistas.

Acá, la pata intelectual del "seissieteochismo" afirma "el gobierno de Néstor Kirchner impuso una fuerte recuperación del Estado, mientras que el de la presidenta marcó el enfrentamiento con los grupos económicos"...ponele

sábado, 14 de julio de 2012

La restauración y el desencanto (a propósito de un interesante artículo de la revista Crisis)




Hace ya casi un año decíamos "Esperemos no tener que escuchar nuevamente los llantos de una nueva “traición Frondizi” o una tragicómica “teoría del cerco”, cuando el Nac & Pop no sea más que un ¿“coyuntural”? recuerdo y CFK con Boudou y sus nuevos íntimos de la UIA, desarrollen lo que hoy están mostrando embrionariamente".

La "traición Frondizi" no es un canon, es una fórmula polémica de comparación. Aunque Cristina tiene algo del Frondizi histórico y su desarrollismo pro-imperialista, como también algo de Perón, de Alfonsín, de Menem y de la otra Fernández ...Meijide, sobre todo ese gorilismo de repulsa hacia el movimiento obrero, en tanto sujeto de lucha y de acción.

La "traición Frondizi" nos remite al desencanto por la emergencia de los contornos más ásperos de la restauración.

La monotonía de la cadena nacional no logra colmar los vacíos que dejan los límites de la política. Y corre el riesgo no solo de aburrir, sino incluso...de hartar. Sobre todo cuando lo que se promete es de lejana concreción, abstracciones que se pierden en el tramiterío kafkiano donde mueren las efímeras ilusiones.

Desde los blogueros peronistas hasta los consejeros por izquierda barruntan el desencanto y la preocupación. Carta Abierta parece que ya no tiene quien la escriba, dejaron en soledad a Horacio González que debe esforzarse y deslizarse cada vez más hacia lo críptico, a falta de sólidos argumentos para encontrar algo de "progresismo" en el cristinismo actual.

Paula Abal Medina, Alejandro Rebossio y Ximena Tordini, se preguntan ¿hasta acá llegamos? en el último número de la Revista Crisis. Y hablando de los discursos contra las protestas obreras (recuerdan la diatriba contra la tendinitis de los trabajadores del subte), afirman: "No fue el único discurso presidencial con ese tono de llamado a la responsabilidad. Más que un exabrupto, o una evidencia de la personalidad autoritaria de la mandataria, como diría algún indignado columnista republicano, lo que está en juego es la tendencia estabilizadora que predomina cuando la gobernabilidad se impone en detrimento de la fuerza social que históricamente desborda al peronismo como proceso y movimiento histórico". Preguntan más adelante "¿cuáles son las fronteras de clase de los movimientos nacional-populares? ¿hacia dónde se desplaza la confrontación cuando se pretende el imposible de detener la conflictividad?". Acá dijimos algo sobre ese imposible "sueño dogmático" del bonapartismo que se cree que anula la lucha de clases, cuando en realidad sólo logra suspenderla parcialmente.

Historizan los escribas de Crisis y con bastante agudeza perciben un retorno de lo que llaman el gran "malentendido" del drama nacional durante el siglo XX. Ese "malentendido" que surge en los momentos "de llegada" de los acontecimientos "nacional-populares", que en la Argentina tomaron la forma de los peronismos. Desde el Congreso de la productividad del 55, al intento del Pacto Social gelbardiano, donde el relato da un brusco vuelco y emerge el enemigo común. El nuevo discurso de esos giros puede resumirse en "ya se ha repartido lo posible", así como el otro a enfrentar es la vanguardia del movimiento obrero: las comisiones internas, los delegados porque "es inaceptable que, cualquiera que sea el motivo, un delegado toque su silbato en una fábrica y la paralice" (Gelbard en un discurso en el Congreso de la Nación).

El "malentendido" se suspendió, siempre según el análisis de Crisis, entre el 76 y el 2001, porque desaparecieron las condiciones objetivas y subjetivas que le daban marco, y retorna en el presente luego de 9 años de desvío, pero no de derrota. Aunque el talón de Aquiles del análisis está en su lectura de los límites del proyecto kirchnerista, que no registran en su naturaleza de clase, sino en una presunta posición defensiva en que la represión dejó a los sententistas que hoy gobiernan.

El gobierno no retrocede, pero tampoco avanza, no se hunde, pero tampoco se recupera. No re-encanta, sino más bien que todo lo contrario. Podemos decir que está suspendido, flotando sobre los dólares que son producto de que la ruleta financiera mundial favorece, por ahora, a la soja.

Lo que está en crisis no es la "pequeña política", terreno en el que incluso logra triunfos como el aislamiento de Moyano o el ¿hociqueo? de Scioli, sino la "gran política" de evitar que los reclamos irrumpan nuevamente en la calle (como bien dice JDM acá). 
Es la línea de juntura donde empieza la fricción, como definen con reminiscencias clausewitzianas los analistas de Crisis, es decir la línea límite de la restauración.
Son momentos ruptura, de posibilidades de giros históricos, que no se miden con el tiempo de la coyuntura y que tampoco devienen fatalmente en salidas progresivas. La apertura del campo de disputas, donde entra en juego la política, la estrategia y las fuerzas materiales que se enfrenten. En ese marco éste hecho es más que prometedor, sobre todo su poder potencial.

miércoles, 4 de julio de 2012

El futuro es hoy: internas y tiempos violentos

Artículo enviado a Diario Alfil, publicado en plazademayo.com y Rebelión


Antonio Berni "La Pesadilla de los Injustos"


La política nacional se asemeja por estos días al mercado de futuros de la especulación bursátil. En la interna peronista los movimientos se miden no por el peso que tengan en el presente, sino por el valor derivativo al 2013 y, sobre todo, al lejano 2015.
La apretada financiera contra Scioli tiene menos que ver con el real enfriamiento de la economía, que con la intención política de esmerilar al candidato “natural” del peronismo no cristinista. Scioli se convirtió en la “esperanza blanca” de aquellos que quieren dejar atrás los tiempos de “anomia”, según una peculiar definición ¿teórica? de la derecha académica (Ricardo Sidicaro, La Nación, 26/6), que le impusieron al kirchnerismo adornar su peronismo con concesiones económicas (pocas) y simbólicas (muchas). Con el objetivo de facilitar la restauración del orden que implosionó en las jornadas decembrinas de hace poco más de 10 años. Y ese país blanco descubrió también por estos días con Moyano, una “esperanza negra”.
El gran debate de las principales fuerzas de la superestructura política y sindical, no pasa por la resolución de las miserias estructurales que sufren las mayorías nacionales. Sino por la competencia para ver quienes son los mejores agentes de moderación de la emergencia de la Argentina contenciosa, en tiempos en que la crisis global demuestra la falacia del “capitalismo en un solo país”, alguna vez fundamentada con la teoría del desacolpe.

Internas y sucesión

La línea del “vamos por todo” del cristinismo no es más que el intento de convencer a las clases dirigentes de la necesidad de llevar hasta el final su obra restauradora y terminar de instaurar un “país normal”, como definió Néstor Kirchner al objetivo general en el amanecer de su gobierno.
El “grito de Moyano” es menos una protesta contra las injusticias del presente, que una insistencia en demostrar que sin el aparato de la burocracia sindical (incluidos sus beneficios) son mayores los peligros, que los presuntos éxitos para la administración.
La línea “aire y sol” (como la bautizó Jorge Asís) de Scioli es una espera tiempista de su momento político, con la lealtad que solo exageran los que están dispuestos a traicionar, una movida permitida en los principios peronistas, con la única condición de que… den el aviso previo.
El moyanismo, como toda la dirigencia sindical tiene los límites del achicamiento de su base social, permitida y alentada por ellos mismos en las mil una capitulaciones bajo los años neoliberales. Además de sus propias transformaciones a burocracias empresarias y corporativas, que desarrollaron mas odio que adhesión en las bases de los trabajadores, con la excepción de un estricto sector que obtuvo conquistas como contrapartida a la colaboración con la coalición en los orígenes del experiencia kirchnerista. La dependencia estatal pesa mucho más, comparado históricamente, que bajo los años del vandorimo original. Hoy sufren las paradojas de toda burocracia servil, a mediano o largo plazo debilitan su propio poder fuego. Aunque Moyano mantenga la estratégica posición del sindicato camionero, con más capacidad de daño que de poder constituyente, excepto como columna vertebral que unifique la esperanza blanca con la esperanza negra, bajo el ritmo de Clarín y la línea ideológica de La Nación.
El cristinismo sufre las consecuencias de esa verdadera obstinación peronista: el bonapartismo exagerado, es decir, la utopía de la excesiva independencia entre el poder formal y el poder real.
El trasvasamiento generacional con los arribistas de La Cámpora puede ser útil para el show televisivo de los anuncios cada vez más vacíos y menos eficientes de la cadena nacional, pero no para contener las agudas contradicciones en las que entra el país, al ritmo de la crisis mundial y los límites del propio modelo.

Tiempos violentos

Las condiciones estructurales impuestas por los años neoliberales se sostuvieron y reforzaron en los tiempos del kirchnerismo. Hoy se ve a todas luces - y la rabia frepasista de Cristina Fernández lo confirma- que la reinstauración de las paritarias, la asistencia social y el relato izquierdizante, fueron más producto de la imposición de las circunstancias, que de la voluntad política.
Más allá de las internas políticas que cruzan al conflicto con “Los Dragones” en la provincia de Chubut, su aparición pública y violenta no es más que la expresión de un fenómeno extendido que evidencia las desigualdades entre la propia clase obrera. El sustrato social del conflicto es una demanda tan “anómica” que exige iguales remuneraciones y condiciones laborales, para iguales trabajos. Las tasas chinas de los más de 9 años no alcanzaron ni para el famoso fifty-fifty y menos para cambiar estas condiciones estructurales, simplemente porque no estaba entre los objetivos del “país normal” kirchnerista. La “ampliación de derechos” tenía un límite infranqueable en el núcleo duro de las (contra) reformas neoliberales. Los Kirchner, como no podía ser otra manera, jamás quisieron atravesar ese umbral. Esto la denuncia magistralmente la familia del actual jefe de la CGT, sobre todo su “pata izquierda”, Facundo Moyano, con fundamentos que suenan hasta creíbles, si no fuera porque acompañaron fanáticamente el proyecto hasta ayer nomás.
El plan de Scioli de abonar el aguinaldo en cuatro cuotas no tiene nada que envidiarle a las medidas aliancistas de ajuste fiscal. Para el kichnerismo y para el gobernador bonaersense, la estrategia es “si pasa, pasa”; e incluso sería una receta genial para aplicar en todas las provincias y por qué no, en las empresas privadas. Si el conflicto social recrudece, la Casa Rosada aparecerá como salvadora y el pragmatismo kirchnerista pensará otro camino para el necesario ajuste, pero habrá cumplido el objetivo de mínima: tercerizar sus costos políticos.
La crisis de la coalición gobernante, impulsada por la caída económica, recalienta las internas y abre un abanico de posibilidades para “errores no forzados”. Las acusaciones mutuas y los “trapitos al sol”, propios de todo fin de ciclo, no hacen más que erosionar y desnudar las miserias de tirios y troyanos. Esta semana en la provincia de Buenos Aires se medirán los aciertos y errores de los cálculos políticos y seguramente se develarán (como hoy con Los Dragones) escenas naturales de los tiempos violentos por venir, donde el “nunca menos” no será más que un lejano recuerdo.