viernes, 31 de agosto de 2012

La batalla de "El Tabacal" y la lucha de clases






El 28 de agosto burócratas oficialistas, empresarios y gobierno pactaron un salario mínimo de miseria. Hugo Moyano se opone pero no convoca a ninguna medida de lucha. Se “olvidó” de la suba del mínimo no imponible y sólo junta firmas para terminar con el tope a las asignaciones familiares. Los obreros del Ingenio “El Tabacal”, en Orán, Salta, muestran el camino opuesto y escriben una nueva página de la lucha de clases.
A las demandas de aumento salarial y fin de la precarización, patrones, policías y gendarmes le salieron al cruce con 57 despidos y una batalla encarnizada. Las imágenes ocuparon los diarios y las pantallas: los obreros resistieron durante horas. Pero los caballos y las balas de goma no pudieron derrotarlos. Su ejemplo crece con cada nuevo día de lucha.

Ayer y hoy

“La batalla de Orán” rememora las luchas del norte argentino a fines de los ‘60, cuando las patronales y la dictadura de Onganía se dispusieron a cerrar los ingenios tucumanos. El 12 de enero de 1967 la represión se cobró la vida de Hilda Guerrero de Molina, una de las organizadoras de la olla popular de Bella Vista y del plan de lucha de la Federación Obrera de Trabajadores de la Industria Azucarera. Cuando la asesinaron, la movilización cargó contra las fuerzas represivas, obligándolas a esconderse en el local policial.
Entonces al ingenio lo manejaba la familia del fundador, Robustiano Patrón Costas, un oligarca amigo de Norteamérica. En los ‘90 pasó a manos de una multinacional yanqui, la Seaboard Corp. Pero hoy, a diferencia de los ’60, el argumento de la crisis se disuelve como carbonilla de caña. Estas patronales están entre las que más ganaron gracias al alto precio del azúcar y el aumento de sus exportaciones. Para ellos la crisis mundial es una oportunidad de negocios y el proceso de reorganización antiburocrático que avanza entre los trabajadores, un obstáculo a destruir.

Tierra de explotación y rebelión

La Seaboard Corp no tolera la organización sindical ni el grito de igualdad salido de las entrañas del ingenio. El 80% de los 1.400 trabajadores de El Tabacal está precarizado y, año tras año, muchos son despedidos cuando termina la zafra.
El reclamo de trabajo estable es parte de un proceso más amplio, de un despertar obrero que abarca a los ingenios de Jujuy y Salta. Ese despertar también estuvo acompañado por las rebeliones y tomas de tierras por la vivienda en Ledesma, junto a otras duras luchas, como la de los trabajadores de la salud en Tucumán en 2010.
La tierra obrera del norte, la valentía de sus habitantes, que venimos mostrando en La Verdad Obrera, vuelve a rendir honor a su tradición. Allí, donde las diferencias de clase son tajantes, pesan menos las clases medias o las burocracias sindicales son más débiles, la lucha de clases se presenta más violenta y con menos disfraces. Los gobiernos kirchneristas son sirvientes directos de las patronales y juntos mandan en las provincias como si fueran sus feudos. El discurso progresista cae dando paso a la caballería, las balas y la policía.
En los centros urbanos, sobre todo en Capital y Gran Buenos Aires, la clase dominante “cuida las formas” ante la opinión pública y la organización más avanzada de los trabajadores, aplicando una “estrategia de desgaste” contra los trabajadores organizados. En el norte, gobernantes y patrones (aliados a la burocracia) van al enfrentamiento directo, sobre todo contra quienes intentan organizarse de manera independiente de los dirigentes traidores.

Norte y sur

Algo similar sucede en el sur. Cortes de ruta, piquetes en los yacimientos, edificios públicos rodeados por los manifestantes, trabajadores heridos, presos y cientos de procesados. Los Dragones -ala disidente de la UOCRA- protagonizaron el conflicto más resonante de los últimos meses, en una lucha contra la desigualdad que se extiende también por Santa Cruz, Chubut o Tierra del Fuego, pero con el objetivo en este caso, de equiparar el salario al de los obreros petroleros.
El nuevo panorama se completa con los paros y movilizaciones de estatales y docentes en varias provincias, como recientemente en Córdoba y la provincia de Buenos Aires. Los métodos de lucha no son radicalizados pero su motor, acabar con los ajustes, apunta a objetivos políticos: los gobiernos kirchneristas u opositores como el de Scioli o De La Sota.
Cuando en los ’90 comenzó la resistencia, los primeros en salir fueron los estatales con el Santiagueñazo y otras luchas provinciales. Luego, cuando empieza a entrar en crisis el “modelo” de la convertibilidad, la lucha de clases se extendió también al norte y al sur con el protagonismo de los desocupados y los pobres; los estallidos y piquetes recorrieron varias provincias, anticipando las jornadas de diciembre de 2001 que acabaron con el gobierno de De La Rúa.
Ahora, cuando el “modelo” kirchnerista se está agotando, nuevamente desde el norte y el sur emerge la lucha de clases más violenta. Con la desaceleración económica y los ajustes fiscales que la presidenta quiere “tercerizar” hacia los gobernadores, las provincias son los “eslabones débiles” de la estabilidad capitalista.
A diferencia de los ’90, en la actualidad, debido a la recomposición del movimiento obrero, los protagonistas son los trabajadores ocupados, con mayor “poder de fuego” (por la capacidad de atacar directamente a la producción). Esos trabajadores cuentan en sus filas con muchos que participaron de la lucha social de fines de los ‘90, que hoy comparten la vida junto a nuevas generaciones obreras.

Salario mínimo: ni vital, ni móvil

La CGT oficialista junto al gobierno y las patronales acordaron llevar el sueldo mínimo, vital y móvil a $2.670 a partir de setiembre y $2.875 en febrero de 2013. Una miseria, y encima en cuotas.
El nuevo mínimo comprende a 113 mil trabajadores privados bajo convenio. La inflación supera el 25% y el aumento real es sólo del 16%. Una medida acorde a la “sintonía fina” kirchnerista, otra muestra del fin del “nunca menos”. La canasta familiar, según estiman los trabajadores del INDEC que enfrentan a la intervención, ya ronda los $6.000. Toda la “disputa” durante las negociaciones fue un teatro. Acuerdan en lo esencial: mantener el salario mínimo por debajo de la línea de pobreza y en menos de la mitad de la canasta familiar. A los que cobran la Asignación Universal por Hijo y el seguro de desempleo ni siquiera les aumentaron.
Como muestran los obreros de El Tabacal, el camino para el aumento de salario está en la lucha. Contra la vergüenza que se firmó en el Consejo del Salario hay que pelear por un mínimo equivalente al costo de la canasta familiar, terminar con la precarización, la tercerización y todo tipo de fraude laboral. A la CGT Moyano hay que imponerle un plan de lucha nacional por estos objetivos. Pablo Micheli de la CTA le dice a Moyano que pase “de las palabras a los hechos” y que convoque a un paro nacional, pero su Central, que además tiene peso en el Ingenio El Tabacal, le pone fecha –recién para ¡“la primera quincena de octubre”! Hasta ahora en relación al conflicto del Ingenio se limitó a una movilización luego de la represión.

Nuestras propuestas, nuestros objetivos

Nuestra propuesta de una Gran Asamblea Nacional Clasista se revitaliza cuando emergen luchas como las de “El Tabacal”. Esta asamblea podría reunir en un estadio a los delegados antiburocráticos de los ingenios, de los estatales de Córdoba y de todas las provincias que enfrentan los ajustes, a los sectores más avanzados en la organización, lo que se conoce como el sindicalismo de base: como las comisiones internas de la alimentación (Kraft, PepsiCo), los gráficos, la oposición de ferroviarios, los trabajadores combativos del subte, y obreros de gran experiencia de lucha como los ceramistas neuquinos.
Una asamblea como esta tendría la fuerza para hacerle al aguante y apoyar material y moralmente a los obreros de “El Tabacal”, a todas las luchas del país. Además serviría para fortalecer la exigencia a los dirigentes sindicales para que convoquen a un plan de lucha. Esta Asamblea, que proponemos convocar, en primer lugar, junto a las fuerzas del Frente de Izquierda y los luchadores, fortalecería el combate por una tarea estratégica: recuperar los sindicatos para la lucha de clases, para pelear por toda la clase obrera.

Los límites del "bonapartismo" cristinista y los desafíos de la izquierda revolucionaria

Primer artículo sobre Argentina, escrito en común con Christian Castillo para la edición nro. 28 de la Revista Estrategia Internacional



El 54% de los votos obtenido por Cristina Fernández de Kirchner en la elección  presidencial de octubre de 2011, que le permitió lograr la reelección en primera vuelta dejando muy por detrás a todos sus opositores, y el fortalecimiento del oi cialismo en el Parlamento, no abrieron, sin embargo, un panorama libre de obstáculos para el gobierno. En primer lugar, porque al no tener CFK la posibilidad de otra reelección, salvo que se realice una nueva reforma constitucional, sacó a luz la disputa por la sucesión al interior del peronismo, con el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, como principal apuesta de los sectores peronistas más “tradicionales”, de donde proviene la mayoría de los gobernadores e intendentes del Frente Para la Victoria. 

martes, 28 de agosto de 2012

Apuntes sobre Gramsci, a propósito de una biografía


"Vida de Antonio Gramsci" de Giuseppe Fiori nos reafirmó el valor del relato biográfico. No pretendemos hacer una reseña de esta biografía pionera sobre la vida de Gramsci, sólo destacar algunos elementos de su formación que, creemos, ayudan  a pensar su legado y sus "antinomias".
Es cierta una afirmación del autor que dice que "conociendo al hombre" se explican mejor algunos fundamentos de sus ideas, la historia y los motores de su lucha. Ayuda a entender por qué desarrolló cierta sensibilidad y no otra. Y de conjunto es un aporte para comprender sus puntos fuertes y débiles. Fiori lo sintetiza afirmando que a "la cabeza" hay que agregarle "piernas y cuerpo".
La humanización del personaje, sobre todo si se trata de hombres de la talla de Gramsci, permiten pensar que su excepcionalidad tiene también una historia y que antes de ser lo que fueron, recorrieron una trayectoria personal y política. Si son genios u hombres destacados permite situar su genialidad o sus talentos y relacionarlo con su época y con su historia de vida, acercarse a las causas vitales que los llevaron a unir sus destinos, como en este caso, al destino de la revolución y a la causa del proletariado.  
Con esta biografía, por ejemplo, (re) descubrimos la marca que el "sardismo" dejó en todo el itinerario político e intelectual de Gramsci. Su origen meriodional, ser "poco menos que un bárbaro", "genéticamente incapaz", como llegaron a ser cualificados incluso "teóricamente" los habitantes de la isla de Cerdeña, generaba el odio contra la Italia septentrional rica y prepotente. El odio era indiferenciado, por todo y contra todos, sin identificación de clases. El regionalismo provinciano contra cierta forma de opresión nacional, fue el primer posicionamiento político de Gramsci. 
Dice Fiori: "El muchacho que se había formado con temple sardista, en un clima de continua denuncia del atraso del pueblo sardo por el abandono que padecía la isla, tenía al principio una visión estrecha del problema meridional, con influencias del ambiguo irredentismo rural: la protagonista de la redención de los campesinos y de las capas sociales hambrientas era toda Cerdeña y esta redención solo podía realizarse en la lucha de toda Cerdeña, región-nación, contra el continente"
Quienes estudiaron a los gramscianos argentinos dirigidos por Aricó gustaban comparar y encontrar similitudes entre la naciente Córdoba industrial y la Turín obrera. Nos permitimos pensar la hipótesis de si no habían encontrado cierta identificación de la Córdoba de aquellos años, no solo con Turín, sino también con algo de ese regionalismo meridional. La resistencia federalista al puerto, a veces indiferenciada también desde el punto de vista de clases (recuérdese la batalla por la 125 y el "cordobesismo" y sus bases "populares") y un regionalismo todavía muy presente en la Argentina, permiten la digresión. No existe una "cuestión mediterránea", aunque sí tiene peso específico entre los tantos dramas argentinos, la "cuestión federal". Si el risorgimiento dejó abiertos en Italia muchos cuestiones nacionales, ni hablar de las que dejó pendiente el proceso de unificación argentino, bajó la batuta de Buenos Aires. En el número 1 de Pasado y Presente, Aricó planteaba la hipótesis de que Córdoba podía convertirse en eje de las batallas para una nueva unidad nacional: "Sin embargo, podemos afirmar que las transformaciones provocadas han abierto las posibilidades para que esta ciudad, tradicionalmente vuelta de espaldas al campo, pueda cambiar de función y estructurar una unidad profunda con las fuerzas rurales innovadoras, vale decir, que la Córdoba monacal y conservadora comience a perfilarse como uno de los centros políticos y económicos de lucha por la reconstrucción nacional"
Fiori desmiente el mito del origen pobre de Gramsci, en realidad su familia era una especie de clase media de la época. Sin embargo un problema familiar (el encarcelamiento de su padre) complicó las cosas para los Gramsci y también dejaron huella en él los sufrimientos de un joven que pasó años de necesidades y pobreza. Siempre creímos que lo peor de su vida había sido la cárcel, muchas de sus cartas son suficientemente ilustrativas de los padecimientos físicos y psíquicos del encierro, y efectivamente así fue. Pero con el relato de Fiori constatamos que el período de formación juvenil, compite en penurias con el de encarcelamiento, casi hasta el fin de su vida.
Sus primeras experiencias políticas lo relacionaron con el socialismo italiano. Y si a Rosa Luxemburg le tocó pelear contra el aparato conservador sindicalista y parlamentarista de la socialdemocracia alemana y eso inclinó su vara hacia el espontaneísmo; Gramsci, se encontró con un socialismo positivista y no menos corporativo y sindicalista, de ahí la importancia que le dio, con particular insistencia, a la cuestión de la "hegemonía". Según Fiori, era particularmente detestado y combatido, como Rosa, por el ala sindicalista del PSI. Su origen y los adversarios a los que tuvo que combatir impulsaron el desarrollo de un aspecto de su pensamiento: aquel que tenía que ver con el combate contra cualquier tipo de esencialismo y particularismo corporativista. La clase obrera, si pretendía devenir en clase universal y dirigente debía abandonar todo interés particular. 
Su primera llegada a la Turín obrera y el impacto que generó fue un hecho fundante para su salto desde un pensamiento regionalista hacia una perspectiva nacional.
Su avance, luego sistematizado en sus escritos "sobre la cuestión meridional", lo llevó a definir la necesaria alianza entre los campesinos pobres del sur y la clase obrera del norte, contra los terratenientes y la burguesía industrial y financiera que explotaba y oprimía a ambos sectores sociales.
Indiscutiblemente se convirtió en un dirigente y un intelectual con una visión profunda de los problemas y tareas de la revolución italiana.
Más discutible es su cualidad como dirigente de partido y más limitadas aún sus capacidades en tanto estratega internacional de la revolución mundial. Estatura a la que pocos llegaron, y si nos aprietan, solo dos: Lenín y Trotsky. 
Nuestra duda, más que hipótesis, es cuánto Gramsci extrapoló esta concepción de la hegemonía hacia un extremo donde romper con todo corporativismo tomó un significado literal y unilateral. Su ubicación junto al bujarinismo contra la Oposición Conjunta en la URSS, a mediados de los años 20, alrededor del gran debate en torno a la "smitchka", es decir la unión o la alianza entre el proletariado y los campesinos, base de sustentación social de la dictadura del proletariado, también tiene la marca de su concepción general de la hegemonía. Una de las famosas cartas (de octubre de 1926) sobre esta cuestión, a pesar de que fue censurada por Togliatti (en ese momento en Moscú) por considerarla en todo favorable a la Oposición (que en ese momento unía a Trotsky, Kamenev y Zinoviev), tan sólo por el hecho llamar a la moderación y a que la mayoría no abuse de su victoria sobre la minoría y evite medidas "excesivas"; coincidía en realidad con la línea oficial. Gramsci apoyaba la línea del enriquecimiento de los campesinos como única garantía de sostener la alianza obrero-campesina. Sentenciaba que el proletariado debía sacrificar sus intereses corporativos para sostenerse como clase "dominante", aunque esto signifique tener condiciones de vida inferiores a "estratos de la clase dominada y sometida". Es decir,  el proletariado que había pasado por la guerra civil y el comunismo de guerra, la devastación posterior del país que habían impuesto la necesidad del retroceso táctico de la NEP, debía permitir e incluso impulsar el enriquecimiento de los campesinos ricos y el "Nepman", en pos de sostener su..."hegemonía". Para Trotsky, ese era el camino más corto hacia la ruptura y la implosión de la alianza, las "tijeras" entre los precios industriales y los agrarios era un sustrato material explosivo que llevaba directamente al enfrentamiento entre el campo y la ciudad y a la ruptura; e imponían la necesidad de la industrialización, además de la necesidad urgente de elevar la densidad y el nivel de vida del proletariado, si se pretendía sostener las bases materiales de la hegemonía y el rol dirigente de la clase obrera.
Lo paradójico es como un hombre que luchó toda su vida contra el fatalismo y el mecanicismo del materialismo vulgar, llegaba a coincidir con uno de sus máximos representantes, en una misma línea política. Uno por el devenir natural y objetivo del socialismo (aunque sea "a paso de tortuga"), solo llevando la NEP hasta el final, y otro por un idealismo de las posibilidades de dirección moral del proletariado, más allá de sus condiciones materiales de existencia. La concepción filosófica más general y la influencia del idealismo croceano tienen que ver, según Fiori, en esta interpretación de la hegemonía.
Quedan en el tintero muchas otros aportes y debates de esta biografía, que dejamos de lado en este post ya demasiado largo.
A favor de Gramsci, por supuesto, está el hecho de que estas posiciones se desprenden de su historia de vida y sus combates pasados, en tanto militante comunista íntegro, a diferencia de la burocracia estalinista que adaptaba la "teoría" a las exclusivas necesidades de su propia conservación. 
El final, luego de los años dramáticos en las cárceles del fascismo, crudamente relatados por Fiori, es una constatación más que elocuente de esta coherencia. Expresada además en la negativa indeclinable a solicitar clemencia alguna, que pudiera dar a entender algún tipo de arrepentimiento de sus ideas o de sus principios. Indiscutiblemente fue una voz de ese gran "diálogo" teórico, político y estratégico que dio lo más alto del pensamiento marxista, en los años más revolucionarios del siglo pasado. Diálogo que fue cortado por la aberración estalinista, en lo que fue quizá su peor crimen, como certeramente se afirmó acá.   

viernes, 17 de agosto de 2012

El estalinismo y la estabilidad de la democracia occidental


Mientras garabateábamos un post de comentarios sueltos sobre la vida y pensamiento de Gramsci (disparados a partir de la lectura de "Vida de Antonio Gramsci" de Giuseppe Fiori),  releímos el ensayo sobre las "Antinomias de Antonio Gramsci" de Perry Anderson. Desde que lo escuchamos por primera vez seguimos aquel sabio consejo de Borges que dice que siempre es mejor releer que leer. Redescubrimos entonces en las "Antinomias" la importancia de estos pasajes críticos de Perry Anderson sobre Gramsci, en torno a la la cuestión del "consenso democrático". Algo de eso citamos hace un tiempo acá, ahora lo retomamos con otro sentido, un poco a favor y un poco en contra de lo que escribimos hace ya más de un año (alguna tarde o noche de mayo, bajo el cielo de Alta Córdoba). La polémica de Anderson es contra la creencia de que el "consenso" en las sociedades capitalistas avanzadas (o lo que Gramsci llamaba "occidente") se logra gracias a los aparatos ideológicos o culturales de la "sociedad civil" (medios de comunicación, iglesia etc.) que de alguna manera "manipulan" e imponen un sentido común, digamos, conformista. La realidad es que las democracias parlamentarias logran un profundo consenso ideológico (en el sentido marxista del término) con la creencia que se arraiga en la conciencia de las masas de que ellas ejercen una auotodeterminación definitiva bajo este orden social. En este sentido, Perry Andersón retoma la sentencia leninista que definió a la república democrática como la "mejor envoltura del capital", una afirmación que no sólo oficia como denuncia, sino que es una profunda caracterización sobre el "fetichismo" democrático. Una expresión en la esfera política del fetichismo operante en la producción, donde un intercambio desigual aparece "como si" fuera igual. El autor llega a afirmar que esta "ideología" de la democracia es, incluso, más potente que cualquier reformismo de conquistas materiales (incluidas las conquistas de la posguerra), ya que el reformismo es, en este sentido, intrínsecamente pasajero, porque crea progresivamente expectativas que ningún capitalismo puede satisfacer y asegurar en su totalidad. En cambio el consenso inducido por el estado parlamentario no está atado a estas coyunturas. Se afirma en las "Antinomias...":
"La particularidad del consentimiento histórico conseguido de las masas en las modernas formaciones sociales capitalistas no se puede encontrar de ningún modo en su simple referencia secular o en su temor técnico. La novedad de este consenso es que adopta la forma fundamental de una creencia por las masas de que ellas ejercen una autodeterminación definitiva en el interior del orden social existente. No es, pues, la aceptación de la superioridad de una clase dirigente reconocida (ideología feudal), sino la creencia en la igualdad democrática de todos los ciudadanos en el gobierno de la nación –en otras palabras, incredulidad en la existencia de cualquier clase dominante."
"Puede verse ahora por qué la fórmula primitiva de Gramsci estaba equivocada. Es imposible separar las funciones ideológicas del poder de clase burgués entre la sociedad civil y el estado, en la forma en que inicialmente pretendió hacerlo. La forma fundamental «del estado parlamentario Occidental –la suma jurídica de sus ciudadanos es ella misma el eje de los aparatos ideológicos del capitalismo. Los complejos ramificados de los sistemas de control cultural en el seno de la sociedad civil  –radio, televisión, cine, iglesias, periódicos, partidos políticos– juegan, indudablemente un papel complementario decisivo en garantizar la estabilidad del régimen clasista del capital. También juegan el mismo papel, por supuesto, el prisma deformador de las  relaciones de mercado y la estructura obnubiladora del proceso de trabajo dentro de la economía. La importancia de estos sistemas no debe ser ciertamente subestimada. Pero tampoco se debe exagerar ni, sobre todo, contraponer al papel cultural-ideológico del estado mismo."
"Paradójicamente, no obstante, Gramsci nunca produjo ninguna relación comprensiva de la historia o estructura de la democracia burguesa en sus Cuadernos de la cárcel. El problema que confiere su significado más profundo a su trabajo teórico central sigue siendo el horizonte más que el objeto de sus textos. Parte de la razón por la que las ecuaciones iniciales de su discurso sobre la hegemonía fueron mal calculadas se debió a esta ausencia. Gramsci no estaba equivocado en su reversión constante al problema del consenso en Occidente: hasta que no se comprenda toda la naturaleza y el papel de la democracia burguesa, no se puede entender nada del poder capitalista en los países industriales avanzados en la actualidad."
Sin embargo, en una nota al pie, Anderson afirma "Una creencia real y central en la soberanía popular puede, en otras palabras, coexistir con un profundo escepticismo hacia todos los gobiernos que la expresan jurídicamente. El divorcio entre los dos queda típicamente mediatizado por la convicción de que ningún gobierno puede estar más que distante de aquellos a quienes representa, pero muchos no son en absoluto representativos. Esto no es un mero fatalismo o cinismo entre las masas de Occidente. Es un sentimiento activo al orden familiar de la democracia burguesa, como el insípido máximo de libertad, que es constantemente reproducido por la ausencia radical de democracia proletaria en Oriente, cuyos regímenes representan el mínimo infernal. No tenemos aquí espacio para investigar los efectos de cincuenta años de stalinismo: su importancia es enorme para comprender el complejo sentido histórico de la democracia burguesa en Occidente hoy" (el destacado es nuestro)
Nos interesa sobre todo la última parte que remarcamos y para lo que Anderson no tenía espacio. Efectivamente es difícil llegar a comprender el "complejo sentido histórico de la democracia burguesa en Occidente", sin contemplar el fenómeno aberrante del estalinismo. No sólo por la falta de democracia proletaria, una ausencia completamente limitante para la gravitación de los estados obreros como sistemas alternativos al capitalismo por sobre el proletariado de occidente. Sino también por su rol de contención y traición de las cientos de revoluciones, su pacto con el imperialismo en Yalta, que fue un factor central para sentar las bases del boom de pos-guerra. La amenaza de extensión de las revoluciones fue utilizada por el estalinismo para obtener cuotas de poder mundial, es decir, exigió una contraparte por sus servicios, y se impuso a las burguesías de occidente entregar concesiones por la "amenaza obrera o comunista", que redundaron en "estados de bienestar", que seguramente tuvieron un poco más de peso como sustento de la  fortaleza de las democracias occidentales de lo que Anderson considera. ¿Que sería de las democracias de occidente, sin esta historia de los caminos sinuosos que tomó la lucha de clases en el siglo XX?
Los límites de la discusión académica o política que "socialdemocratiza" a Gramsci, están en su "punto de vista". Pensar abstractamente en términos sociológicos o de ciencia política burguesa, las capacidades de "resistencia" de las trincheras de las formaciones político-sociales occidentales, sin sopesar los resultados de la lucha de clases, nacional e internacional, termina en pura metafísica. ¿Donde se encuentra la génesis de la fortaleza de la democracia parlamentaria argentina, que va a cumplir sus 30 años? Sin la derrota de los setentas y las posteriores (además de la derrota nacional de Malvinas), se puede discutir años sobre las "trincheras" del estado ampliado y la "batalla cultural" que no se va a llegar a ninguna conclusión productiva.
Esto no niega que el profundo "fetichismo" democrático parlamentario descrito por Andreson no sea operante, sino que implica ponerlo en su justo término. Tiene importancia para pensar la dinámica revolucionaria, el peso de las demandas y aspectos programáticos que ayuden a la experiencias de las masas con la democracia (la pelea por "asamblea constituyente", por ejemplo). 
La profecía autocumplida de muchos académicos o socialdemócrtas que apoyaron o no combatieron al estalinismo y después recurren a Gramsci para "constatar" que las democracias occidentales tienen fuertes trincheras, sólidas y macizas, casi invencibles...solo lleva al escepticismo y a la adaptación. Lejos, muy lejos del combate  por el que, con sus puntos débiles y fuertes, entregó su vida Antonio Gramsci.