viernes, 21 de septiembre de 2012

Mambembe - Chico Buarque e Roberta Sá

Disidencias y oposiciones de distinta clase




Los cacerolazos de las clases medias descolocaron al gobierno y provocaron un cimbronazo político. El motor de las movilizaciones, apoyadas por los medios opositores, el macrismo, la iglesia y sectores del peronismo, es una disidencia por derecha contra el gobierno. 
Las patronales y la oposición mediática, intentan utilizar a estos sectores para fortalecer alternativas políticas patronales, y que esta disidencia sea canalizada en las elecciones de 2013. Por eso apuntalan a oposiciones de centroizquierda (como el FAP y su posible alianza con la UCR en algunos distritos), a la misma derecha de Macri o al peronismo no kirchnerista. Buscan menguar lo más posible el caudal de los K en las elecciones de 2013, para liquidar cualquier intento de reforma reeleccionista. Así pretenden obligar al gobierno a negociar un sucesor moderado (¿Scioli?) para las presidenciales de 2015.
Todos los partidos patronales, incluyendo la centroizquierda (y lamentablemente Izquierda Socialista o el MST de Vilma Ripoll), apoyaron las movilizaciones que, tras un discurso “republicano”, esconden un reclamo reaccionario para defender los privilegios de los sectores más acomodados de las clases medias.

Los cacerolazos y las libertades democráticas

La impronta de las movilizaciones mostró que no se trataba de una batalla progresiva por la ampliación de las libertades democráticas, efectivamente avasalladas por el cristinismo. No se reclamó contra las persecuciones a delegados o activistas, tampoco contra el espionaje del “Proyecto X”, el gatillo fácil o los asesinatos de los Qom o Soldati. A seis años de la desaparición de Jorge Julio López, no se nombró el reclamo de su aparición con vida. Ni siquiera hubo un pronunciamiento, ante el debate por el derecho al voto y los plenos derechos para la juventud.
El rechazo al “cepo” que afecta indiscriminadamente a todos los sectores medios, no se hizo para denunciar que con estas medidas el gobierno favorece a los grandes capitalistas; sino para rechazar cualquier tipo de intervención del Estado, desde una perspectiva que sólo puede favorecer a los capitalistas. Al no criticar a ninguna de las oposiciones políticas patronales, defender a monopolios como Clarín y plantear el reclamo contra la “inseguridad” exigiendo más poder para la policía y el Estado represor, son claramente funcionales a la oposición patronal.
El “cepo” al dólar, se realiza para garantizar divisas para el pago de la deuda. Se aplica arbitrariamente sobre el conjunto de la sociedad, mientras se favorece a los grandes monopolios que no tienen restricciones (ver pág. 4). El gobierno subsidia a los empresarios, mientras pone techo a las paritarias, manipula los índices del INDEC y se aplica sobre el salario el “impuesto a las ganancias”.
El repudio a la re-reelección y al abuso de la cadena nacional, es también sentido por amplios sectores obreros y populares, algunos vieron con simpatía a los caceroleros. Pero contra el intento K de perpetuarse en el poder y el manejo discrecional de los medios públicos, las otras variantes patronales no son alternativas progresivas.
Para aquellos que genuinamente rechazan el avasallamiento de sus derechos democráticos, la regimentación que impone el gobierno a las organizaciones obreras o estudiantiles, está planteado constituir una tercera posición independiente del gobierno y la oposición patronal, para ganar la calle por las demandas obreras y populares, incluyendo la pelea por ampliar las libertades democráticas.
Los socialistas revolucionarios, que consideramos que la verdadera salida de fondo es un gobierno de los trabajadores y el pueblo, y terminar con este sistema de explotación, somos los más consecuentes luchadores por los derechos democráticos. Luchamos sin sectarismo, con todos aquellos que quieran dar aunque sea algunos pasos en este camino. Por tirar abajo la Ley “Antiterrorista” votada por el kirchnerismo. Contra el intento re-reeleccionista, proponemos pelear por la revocatoria de mandatos de todos los representantes y que ganen el salario promedio de un trabajador, junto a medidas como la abolición de la figura presidencial, que cuenta con facultades de un rey sin corona. Nos manifestamos no sólo por el derecho al sufragio universal y obligatorio a los 16 años sino por todos los derechos para la juventud y los inmigrantes (ver págs. centrales).
Estas justas demandas democráticas están íntimamente ligadas al combate por el fin de la precarización, la indexación mensual automática de los salarios según inflación real, el fin del “impuesto al salario”, la generalización de las asignaciones familiares, la vivienda digna para todos en base a expropiar a los terratenientes urbanos y rurales y a un plan de construcción de viviendas para el pueblo trabajador. La nacionalización bajo administración obrera del sistema de transporte, para dejar de viajar como ganado, para lo cual es necesario afectar los intereses de los capitalistas con impuestos extraordinarios y progresivos a las grandes fortunas. Ante la regimentación arbitraria del gobierno sobre la compra de divisas, planteamos la expropiación de la banca, la creación de una banca estatal única, administrada por los trabajadores, que garantice créditos baratos para los sectores medios empobrecidos, afectados por las medidas del gobierno.
Con este programa, la clase trabajadora, en alianza con las clases medias empobrecidas y el resto de los explotados, puede ganar la calle para imponer una salida que de respuesta a sus demandas.

Disidencias y burocracia sindical

Junto a la disidencia por derecha también vienen surgiendo sectores que se oponen al gobierno y a los gobernadores desde otra perspectiva. Son los que luchan contra el ajuste de Scioli, de De la Sota en Córdoba, la rebelión de los ingenios azucareros del norte o la dura lucha de clases en Santa Cruz. También en el movimiento estudiantil, con la toma de los colegios y entre los trabajadores que rechazan el impuesto al salario, se expresa la disidencia. A ellos debemos sumarles los cientos de miles que, aunque pasivamente, empiezan a cuestionar los giros a derecha del gobierno, particularmente sus brotes represivos. Los 600 mil votos que obtuvo el FIT hace menos de un año son parte de este fenómeno. En los extremos de las disidencias, por derecha y por izquierda, también se expresa el odio. En las clases medias más acomodadas, odio reaccionario contra lo que afecte sus privilegios. Entre los más explotados, la juventud precarizada, la mujer trabajadora o los inmigrantes, también hay odio contra las condiciones de vida miserable que les impone el régimen y el gobierno.
Si toda esta oposición por izquierda al gobierno no tiene una expresión unificada en el escenario nacional ,es por responsabilidad de la burocracia sindical. La CGT oficialista discute quién o quiénes encabezarán una central apéndice del gobierno. La CGT-Moyano, apoyó los cacerolazos y trabaja políticamente para el peronismo de Scioli, e incluso se muestra en palcos con referentes de las patronales agrarias y hasta del macrismo. La CTA de Micheli es parte del proyecto de los “socialistas sojeros” de Binner, que salió exultante a apoyar las movilizaciones del jueves pasado (ver pág. 5). Ambas convocan a una movilización para el 11 de octubre con el eje, según sus primeras declaraciones, contra el impuesto al salario, una demanda justa, pero que afecta a una minoría de la clase obrera. La CTA afirma que también exigirá un salario mínimo de 5 mil pesos, igual a los planes sociales y a la jubilación mínima, 82% móvil, derogación de la Ley Antiterrorista y contra el tope a las asignaciones familiares. No levantan ninguna demanda por los precarizados, los que están en negro, es decir, por las franjas más explotadas. Hay que exigirle que rompan sus alianzas con los políticos y dirigentes patronales y convoquen a un plan de lucha por los reclamos de toda la clase trabajadora y el pueblo pobre.

Por un partido de trabajadores sin patrones y una alternativa independiente

Los cacerolazos pusieron en evidencia que la lucha también es política. Los trabajadores no podemos ser “neutrales” ante los proyectos del kirchnerismo o de las oposiciones patronales. Debemos poner en pie nuestra propia alternativa. La batalla por construir un “partido de trabajadores sin patrones, para que la crisis la paguen los explotadores”, como votó la Conferencia Nacional de Trabajadores del PTS de julio pasado, se impone como una necesidad urgente.
El Frente de Izquierda es un inmejorable punto de partida si se mantiene fiel a su programa y a su perspectiva independiente. El paro y la movilización del 11 de octubre, convocado por la CTA-Micheli y la CGT-Moyano, y el segundo aniversario del asesinato de Mariano Ferreyra, el 20 de octubre, son dos oportunidades para intervenir activamente y expresar esta perspectiva.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Kevin Johansen, Ileana Cabra - Timing live

Mucho ruido para el viernes, cacerolas por un lado, relato por el otro....Un poco de música con el "Piojo López" junto a Ileana Cabra....


Disidencias y bonapartismo

Los "luchadores" del 13 S
¿Cuál es la "gramática de (esta) multitud? para retomar la metáfora de Juan Dal Maso en su post de (muy buen y rápido) análisis del cacerolazo de ayer, con reminiscencias a los debates de la edad de oro del autonomismo local. Aquel que encumbraba a Toni Negri y Paolo Virno, quienes habían aggiornado su operaísmo de ayer hacia un más posmoderno autonomismo pos-restauración. Una primera lectura debe separar el contenido social del contenido político.

La "minoría intensa" que se movilizó con fuerte presencia en la CABA y varias ciudades del país fue la clase media acomodada (no faltará alguno que diga "yo vi algunos más pobres, incluso algunas docentes!", hablamos de lo esencial, se entiende). El contenido social de su lucha de clases (medias y medias altas) es contra las medidas que ponen límite a la "fiesta menemista" que vivieron, incluso bajo los años "nacionales y populares". Se acercan las vacaciones y se encarecen, y encima no se puede comprar y ahorrar dólares. "Saquen a su estado de mis dólares", "esto en San Luis no pasa", dirían Thelma y Nancy. 

El cepo, cierta presión impositiva, la inflación y la mayor intervención del estado en la economía en tiempos de desaceleración, se combinan con el repudio a las formas políticas del bonapartismo cristinista que, a decir verdad, se subió al caballo después del 54%.

Un bonapartismo de la "cadena nacional permanente" que también harta a los sectores obreros y populares, algunos de ellos, los más privilegiados, identificados de cierta manera con las manifestaciones de ayer. En este punto la disidencia general, producto del agotamiento y la desaceleración, la "sintonía fina" y los ajustes; en síntesis, del fin del nunca menos, entra una difusa zona gris que puede aportar a la confusión general.

Pero el contenido social es, desde nuestro punto vista, diferente. Hay hartazgos y hartazgos. Aunque suene a perogrullada, no son los mismos motores de ambas disidencias. Con una se puede dialogar, a la otra se la combate. Hoy en la lucha política, mañana en calle, a las piñas o a los tiros (¿o alguien duda de que el núcleo duro de los manifestantes de ayer pueden ser tranquilamente las "Ligas Patrióticas" de mañana?). Por eso lo primero es la clara delimitación con estos, ejem...luchadores. 
Las movilizaciones del jueves deben enmarcarse como una más de las manifestaciones de los límites por derecha y por izquierda del bonapartismo cristinista. Pero no sólo  el de las formas (que igualmente expresan mediadamente el contenido), sino el del sustrato material. El arbitraje que pretende contener y suprimir la emergencia de las tensiones sociales inscriptas en la dinámica de la crisis del "modelo". La soja brinda, por ahora, cierto margen de maniobra y de sobrevida al "modelo" en franco agotamiento desde el 2007.
La Masacre de Once fue otro emergente sintomático de las contradicciones estructurales. La "sintonía fina", suspendida y luego retomada una confesión de estos límites. El "grito de Moyano", luego devenido en susurro al oído de la oposición peronista y la protesta de Paolo Rocca contra el "costo laboral", otras expresiones de la misma dinámica.
El cepo no puede entenderse sin estas condiciones generales de la economía y entre ellas la crisis energética que, junto a la fuga de capitales, se llevaban una masa enorme de dólares del país. Y la crisis energética (a la que, dicho sea de paso, la expropiación parcial no aportó ninguna solución sustancial), fue producto del sostenimiento de las privatizaciones. El costado continuista neoliberal del kirchnerismo, empresas imperialistas (o nacionales) que tuvieron ganancias extraordinarias y no reinvirtieron, llevaron a la economía a la encerrona actual. La protesta "Don Paolo" contra los salarios es la avanzada de todo un programa patronal de salida a la crisis (si es necesario, devaluación).
El limitado dirigismo estatal es (con truchada de los datos del Indec incluida) la confesión de la realidad del fin de las condiciones estructurales que permitieron, junto a sus políticas de desvío por la nueva relación de fuerzas  pos-2001, la posibilidad del ciclo kirchnerista .
La tercerización del ajuste es otro factor que hizo más estrechos los lazos y las lealtades con ciertos gobernadores y algunos pasaron abiertamente a la vereda del enfrente.
El "hablarse encima" de la Cadena Nacional no es solo una vocación oratoria escénica de CFK, sino una necesidad política (hoy de discutible eficacia) de tapar con relato las inconsistencias de la política para expandir su base. El "aumento con ajuste" de las asignaciones familiares y universal, otro botón de muestra.
La diáspora opositora y su desubicación política de los tiempos que corren, permitió un triunfo exagerado en 2011 (por la magnitud de la distancia que le sacó al resto) y fue un plus para la subida al caballo del cristinismo y su creencia en la eterna lealtad popular y la ilusión de "Cristina eterna". La partida de Néstor le dio también, hay que decirlo, un empujoncito. (Una creativa gorilada "negra" del jueves le reclamaba al finado "Lupo" que vuelva porque "se había olvidado a Cristina acá", una especie de "Gracias Néstor, pero llevate a Cristina"). 
Pero el otro costado continuista neoliberal del kirchnerismo pone un límite a su creencia de que otorgó una nueva "ciudadanía social", que en realidad es más frágil de lo que los kirchneristas piensan. Que nadie "de la vida por Cristina", no es una cuestión de cambio cultural y de época (distinta a los setenta) como quisieron explicar algunos kirchneristas, sino que tiene una profunda base material en el carácter muy "soft" de este "pacto populista". El voto cruzado o "líquido", como dijimos en algún lugar, con triunfos de oficialismos de distinto tono en 2011 ("nacionales y populares" y también...todo lo contrario), era la expresión política de que "es la economía estúpido (a)".
La oposición de derecha, ahora corre el riesgo simétrico de subirse al Pony, impactarse con las movilizaciones ayer y volver a escena bajo la disciplina del General de Magneto y Clarín. Pino Solanas ya compró. Allá ellos.
La cuestión es que la disidencia no es solo por derecha y "la gente" no solo la que que ayer salió a la calle, aunque como hecho social y político hace su aporte "involuntario" al malestar general. También es por izquierda o también "difusa" y es terreno de disputa política y donde la extrema izquierda tiene responsabilidad, porque es el marco general, no solo las manifestaciones del jueves, el que acelera los tiempos de las tareas preparatorias. La posibilidad de superación por izquierda del kirchnerismo no es automática y está en las batallas para conformar una fuerza política muy superior a lo que es la izquierda hoy. La posibilidades abiertas y los grandes puntos de apoyo en las posiciones conquistadas en el terreno social y también político son  muy superiores, quizá, de lo que la propia autopercepción de las potencialidades permite divisar hoy. 

jueves, 13 de septiembre de 2012

Tarea Fina - Armónica

La disidencia y la izquierda revolucionaria




La pelea entre Cristina Fernández y el presidente de Techint, Paolo Rocca fue un aviso de los empresarios. Por más que ahora se “reconciliaron” el reclamo se hizo escuchar. Paolo Rocca, integrante de la Asociación Empresaria Argentina, la central que nuclea a las patronales más poderosas del país, se queja porque los “salarios altos” son un factor determinante de lo que llama “pérdida de competitividad” (ver pág. 5) El empresario dijo públicamente lo que piensa un amplio sector de las patronales. Luego de aprovecharse de la devaluación que abarató el salario obrero y después de años de pelea de los trabajadores, que permitió cierta recuperación salarial, las patronales aducen falta de competitividad y pretenden seguir ganando como antes, vía aumentos de productividad o nuevas devaluaciones. La inflación es otro signo del agotamiento del modelo, empresarios que no reinvirtieron sus fabulosas ganancias, con el aval del gobierno, ahora exigen volver a ser “competitivos” con el saqueo del salario.

En el escenario político, De la Sota se propone como presidenciable dentro del peronismo, ante la falta de candidato propio del kirchnerismo. De la “Soja” esconde sus intenciones políticas detrás de un presunto reclamo “federal”. La línea “destituyente” del kirchnerismo contra el gobernador Peralta de Santa Cruz, suma otra interna por arriba.

El operativo re-reelección, que el gobierno utiliza para evitar que surjan competidores internos y que los progresistas disfrazan con el cuento de una reforma “antineoliberal”, le facilitó a la oposición, a la que ahora se sumó Moyano, amontonarse para golpear al gobierno.

Se estrecha la base de apoyo político al oficialismo que depende casi exclusivamente del “viento de cola” de los altos precios de la soja, que le permiten sostener la caja. A la fuga de Moyano, ahora se suma el enfrentamiento con De la Sota, Peralta y la disidencia de otros referentes peronistas como el gobernador de San Juan, José Luis Gioja, que criticó al IndeK por la evidencia de que nadie puede vivir con $6 al día. Aunque el gobierno siga disciplinando con fondos públicos a gobernadores e intendentes, la adhesión es cada vez más frágil.

La disidencia de los abajo

Más allá del cacareo seudodemocrático de las oposiciones mediática o política contra el abuso de la Cadena Nacional, el hartazgo de muchos trabajadores y sectores populares con los discursos de CFK en la TV, tiene un signo muy distinto.

La presidenta pretende tapar con palabras la ausencia de políticas que permitan expandir su base de sustentación. La catarata de intervenciones con anuncios cada vez más ajenos a las necesidades populares, desnuda la debilidad del “relato”. Cuando un trabajador, al que todos los días lo castiga la inflación o que sigue viajando en condiciones deplorables, protesta por la Cadena Nacional, expresa que ya no espera nada del discurso y que tiene otras urgencias que las que muestra el circo armado para la TV. El tardío anuncio de aumento de la asignación universal y la elevación del tope para cobrar la asignación familiar, no cambia esta situación.

Si la adhesión que tuvo el gobierno estuvo marcada por el ciclo económico ascendente y las conquistas que lograron los trabajadores (paritarias y trabajo, aunque precario); ante el cambio de sentido de la flecha, con desaceleración, “sintonía fina” y ajustes; las lealtades por arriba y por abajo se debilitan. Aunque la disconformidad no se exprese todavía bajo la forma de lucha de clases aguda con que se manifiesta en los extremos del país.

La disidencia irrumpe también en el movimiento estudiantil que, como siempre, actúa como “caja de resonancia” de las contradicciones de la sociedad. La mayor actividad y crecimiento de su sector de izquierda es una demostración de los límites del gobierno, que nunca pudo construir nada serio entre los estudiantes, pese a haber cooptado a sectores intelectuales y de la burocracia académica. La toma y las asambleas de Filosofía (y unas semanas atrás la de Sociales, ambas de la UBA) o los magros resultados del kirchnerismo en las elecciones de dos importantes facultades (Medicina y Económicas) atestiguan esta realidad.

La propuesta del voto a partir de los 16 años instaló en el debate público las crudas condiciones en la que vive, estudia y trabaja nuestra juventud, después de una década de kirchnerismo. Ante la maniobra electoralista de ampliación de un derecho formal, que desde la izquierda consideramos justo mucho antes que el gobierno lo “descubriera”, aparece la Argentina real con la total ausencia de derechos sociales y económicos para la juventud, demandas por las que los socialistas luchamos históricamente, ya que esta democracia para ricos es una envoltura que esconde bajo el lema de la “igualdad ante la ley”, las profundas desigualdades ante la vida.

Contra los delegados de base y de izquierda: NO PASARÁN

El “reclamo” patronal contra el salario de los trabajadores es lo que está detrás de todos los discursos de la presidenta cada vez que suelta su lengua contra las huelgas y los piquetes. Los patrones, la justicia, los burócratas sindicales tomaron nota para atacar las posiciones conquistadas por el sindicalismo antiburocrático y clasista que es una referencia para todos los trabajadores. A todas las formas que utiliza el Estado para perseguir a los delegados de base, ahora suman nuevos intentos de desafueros. Es un ataque al delegado de base, al activista, donde actúan conjuntamente la Gendarmería que espía con el “Proyecto X”, la Justicia, la empresa y muchas veces los burócratas sindicales. Pasa en Alicorp, en Kraft, en la empresa de colectivos de la línea 60, donde además cuentan con patotas de la burocracia de la UTA y la patronal, o en Molarsa de Neuquén (ver pág. 5). Es un asunto de carácter estratégico para las patronales y el gobierno porque apunta a debilitar el poder de la organización democrática de los trabajadores y acallar a los delegados e internas que expresan posiciones de avanzada en el movimiento obrero, los que defienden firmemente a los trabajadores.

Nuestros desafíos

La izquierda y en especial el Frente de Izquierda, con el peso político conquistado, expresión de su protagonismo en la lucha de clases y en los procesos más importantes de la vida política nacional, tiene el desafío de avanzar en la construcción militante en el movimiento obrero y la juventud, proponiéndose como una alternativa para los sectores que se desencantan con el kirchnerismo. Por eso levantamos la propuesta para debatir con todos estos sectores la idea de poner en pie un “partido de trabajadores sin patrones”.

La pelea por el derecho al voto juvenil y por todos los derechos democráticos, pero también sociales y económicos, tiene el objetivo de organizar a cientos de jóvenes. Tomamos el desafío político y vamos a la batalla por la conquista de la juventud obrera y estudiantil, que ni el kirchnerismo, ni la oposición de derecha pueden cautivar y mucho menos organizar de manera militante. Las primeras voces de los jóvenes que reclaman sus derechos, en un proceso de amplia deliberación en los colegios, constatan que es un verso retrógrado el argumento de la “inmadurez” que plantea la derecha, pero también que hay una amplia oposición a la regimentación de la juventud y del movimiento estudiantil, por parte del Estado (ver pág. 3)

Para el PTS se trata de huir de todo sectarismo e intervenir audazmente en la disidencia, con tácticas y movimientos que nos permitan crecer de manera cualitativa en fuerza militante y conquistar peso decisivo dentro de la izquierda. Para batallar contra toda deriva frentepopulista, como la del Partido Obrero y sus alianzas centroizquierdistas en la universidad, o su contracara sectaria, como su política en el Ferrocarril Roca; u oportunistas, como el caso Izquierda Socialista que se puso a la cabeza de una lista contra la dirección clasista del Sindicato Ceramista de Neuquén, en alianza con el PCR y miembros de La Cámpora. El peso conquistado por nuestro partido en la “extrema izquierda” nos plantea esa responsabilidad en el destino y el rumbo de la izquierda en nuestro país. Una batalla que no es sólo de ideas y programa, sino de fuerza militante.

Pero no se puede avanzar sin defender las posiciones conquistadas. Hay que repudiar los ataques y buscar la más amplia solidaridad con los delegados y activistas perseguidos por las patronales, la justicia y la burocracia sindical. No pasarán sobre las posiciones ganadas por el sindicalismo clasista y de izquierda. Ellos son la vanguardia que puede hacer posible la perspectiva de “sindicatos sin burócratas”, un paso necesario para lograr la unidad de todo el movimiento obrero que en alianza con el movimiento estudiantil y la juventud combativa se prepare para enfrentar la crisis.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Córdoba, los “cordobesismos” y la izquierda ("mini" columna en Diario Alfil)

Publicado en la edición especial del primer aniversario del 5/9/12 del Diario Alfil de Córdoba
Mayo 1969

Fernando Rosso 

frossocba@gmail.com 


Remontarse a los últimos años de la historia de Córdoba, echa un poco luz sobre el presente y sobre los movimientos de una sociedad tan compleja, como apasionante. 
El kirchnerismo recorre desde hace un tiempo su “punto de llegada” (Revista Crisis nro. 10) y esto, más allá de nuevos triunfos electorales más o menos resonantes. Y ese momento lo encuentra en Córdoba sin ninguna construcción, ni peso político propio que haya superado el estadio de secta. 
Pero el delasotismo “recargado” que emergió luego del aggiornamiento de la campaña de “José Manuel y Alicia”, tampoco encuentra a la misma Córdoba de los años crepusculares del neoliberalismo. 
Una reconstrucción de actores sociales clásicos siempre protagonistas en la historia de Córdoba, se produjo durante estos años: un nuevo mapa social del movimiento obrero e inicios de un despertar político de la juventud estudiantil. 
Los jóvenes que salieron a la calle en 2010 fueron expresión más de los nuevos tiempos, que de los reclamos edilicios o los “peligros” de una ley tan críptica como de difícil aplicación. El ímpetu delasotiano en el tradicionalismo familiar y anti-juvenil se dará de frente contra un nuevo espíritu de época. El kirchnerismo tiene la contradicción (además de haber sido aliado de De la Sota en las últimas elecciones) de que su “momento de llegada”, lo obliga a ubicarse en lo social a la derecha del gobernador (la armonización de la Caja es una expresión). 
Al “cordobesismo” blanco que se pretende restaurar, lo persigue (como a William Wilson) el otro “cordobesismo” que también marcó la contradictoria historia de la provincia y la ubicó a la vanguardia de la Nación por la radicalidad de sus luchas obreras y estudiantiles o la avanzada de sus movimientos políticos e intelectuales. 
En ese marco enfrenta sus desafíos la izquierda. El peso electoral conquistado en 2011, como parte de un nuevo protagonismo nacional de la “extrema izquierda”, es solo un aspecto superestructural, tan necesario, como insuficiente. Su protagonismo indiscutible en las luchas sociales le impone el desafío de una construcción orgánica que le otorgue gravitación decisiva en los tiempos por venir. 

lunes, 3 de septiembre de 2012

Apuntes del PTS sobre la construcción de un partido revolucionario en Argentina


Segundo Artículo sobre Argentina, escrito junto a Christian Castillo para la edición nro. 28 de la Revista Estrategia Internacional


A diferencia de lo que ocurre en otros países, en Argentina la “extrema izquierda” enfrenta relativamente fortalecida este período signado por la crisis capitalista internacional. Aunque el crecimiento económico de la última década constituyó un bloqueo a un mayor desarrollo de la izquierda revolucionaria, debido a que entre los trabajadores y el movimiento de masas predominaron en estos años las ilusiones reformistas, desde la crisis entre el gobierno y las patronales agrarias, y con más claridad desde la gran lucha de los trabajadores de Kraft en 2009, existe en nuestro país una tendencia a la emergencia política de la izquierda obrera, socialista y
anticapitalista, tanto por su papel en los fenómenos de la lucha de clases como en la escena política nacional. En cierta medida, este proceso viene desde 2001 por el papel jugado por el PO en el sector del movimiento piquetero que se mantuvo independiente del gobierno, y por la intervención del PTS en las “fábricas recuperadas”, impulsando desde Zanon y Brukman el bloque que señaló una perspectiva clasista y de lucha frente a la política de integración cooperativista, junto con la permanente presencia en el movimiento estudiantil universitario y secundario, pero claramente ha pegado un salto en los últimos años.