lunes, 31 de diciembre de 2012

Cristinismo, peronismo, ninguneo y un elogio de la clase obrera

"El Cuarto Estado" Giuseppe Pellizza da Volpedo
La lectura del último número del 2012 de la Revista Sudestada nos llevó a la reflexión para este último post del año. Allí algunos intelectuales reflexionan sobre los 10 años del kirchnerismo y la situación de la izquierda. Sobre esta última hay poco y nada nuevo en   los planteos de estos intelectuales que, en general, no militan en las organizaciones más representativas de la izquierda argentina. La "contradicción" de hacer un dossier sobre izquierda y kirchneriemo y que entre los doce entrevistados no haya ningún referente de la izquierda partidaria más representativa, esperamos que sea "subsanada" en la prometida "Parte II" que los amigos de Sudestada anuncian como continuidad del debate. Lo que es relativamente nuevo en relación a esta cuestión es que, además de las "tradicionales" y floklóricas críticas a la izquierda "tradicional", ahora tomaron tardía nota de la crisis y la impotencia de la izquierda independiente-autonomista y la quiebra de su estrategia de la "antipolítica absoluta". Negarse a adoptar una estrategia frente al Estado llevó a que ese mismo Estado coopte para su estrategia a una parte de la izquierda autonomista, mientras la otra estalla y se divide ante la misma cuestión: una tendencia quiere conformar un partido para presentarse a elecciones y la otra reniega de esta orientación. Paradoja de la "nueva, re-nueva y novísima" izquierda independiente-autonomista, que se presentaba como antítesis de la izquierda tradicional y termina enfrentada a sí misma por una discusión tan importante como... los votos y las elecciones.
Pero no es en este debate, sino en el apartado en el que se reflexiona sobre el kirchnerismo, en el que nos queremos centrar. 
Entre los entrevistados hay un acuerdo general, aunque se utilicen distintos sistemas conceptuales, en la función restauradora del kirchnerismo, la contradicciones entre su discurso y su política y los límites que enfrenta el "modelo". Claudio Katz es una voz disonante que se ilusiona con ver en el kirchnerismo alguna variante de "cardenismo" o aunque sea de "chavismo", pero está flojo de papeles para fundamentar esa lectura.
La reflexión nos llevó nuevamente a estos interrogantes: ¿cuáles son las fuerzas sociales en las que se apoya, (o frente las cuales "arbitra") el kirchnerismo?, o ¿cuál es la base estructural de su coalición política y cuáles sus fortalezas y debilidades en el presente?
Hay una acuerdo general en que el kirchnerismo sumó su trágico fracaso propio, a la larga historia de fracasos argentinos en la pretensión de dar nacimiento a una "burguesía nacional".
Como hemos definido, en su estrategia restaruradora, el kirchnerismo arbitró entre el conjunto de las fracciones de la burguesía, por un lado (con la devaluación favoreció a los exportadores, con los subsidios a los "perdedores" de la salida de la convertibilidad) y los distintos sectores del movimiento obrero y de masas, por el otro (con las paritarias para recuperar el salario luego del saqueo de la devaluación y con la asistencia social a los más empobrecidos). Todo esta política fue posible por las excepcionales condiciones internacionales, tanto económicas (por la posibilidades de exportación de conmodities) como políticas (por el cierto debilitamiento de las cadenas de un imperialismo en crisis).
Esas condiciones comenzaron a agotarse en 2007, se recuperaron relativamente en 2010 y 2011 y retomaron su tendencia decreciente en 2012, aunque todavía no se desarrollen de manera aguda. El año que comienza se presenta como un intermedio entre el catastrófico 2009 y el extraordinario 2011, desde el punto de vista de las posibilidades de crecimiento, pero con agravantes como la inflación, la falta de inversión (ambas causas de la pérdida o falta de competitividad de la economía argentina); o crisis estructurales varias, como la energética o la del transporte.
El cristinismo, a diferencia del kirchnerismo de los orígenes (y ni hablar del peronismo clásico), parece decidido enfrentar la última etapa de su segundo gobierno marginando al movimiento obrero y a la burocracia sindical de su coalición. Su apuesta, tan audaz como gorila, es una combinación de: 
1) Además del control del Estado nacional, la subordinación de los aparatos sub-nacionales del estado (gobernadores e intendentes) vía un "bonapartismo fiscal" limitado, pero todavía con capacidad de coacción;  
2) Una construcción de una base social-política "líquida" o como afirma Eduardo Lucita, la apuesta por un "sujeto social mucho más diverso en el que apoyarse y con el cual establecer una relación directa líder-masas, en el cual los trabajadores son una parte más del todo (...)" 
Si hay un "mal" de nuestros tiempos pos-Restauración Conservadora, más conocida en el mundo como "neoliberalismo", y que recorre todo el arco desde la derecha hasta, lamentablemente, gran parte de la extrema izquierda, es la subestimación del movimiento obrero en tanto clase con potencialidad emancipatoria.
El primer peronismo fue una contención preventiva de las posibilidades explosivas del movimiento obrero y en el mismo acto el reconocimiento a regañadientes de su insoportable presencia. Creó los caminos para la incorporación pacífica de la clase obrera, en tanto "ciudadanos", a la República burguesa moderna, lo que implicó en el mismo acto la resignación y la negación de su radicalidad emancipatoria, como clase con capacidad hegemónica, que podía poner en cuestión a esa misma República burguesa. Así y todo ni el peronismo, ni el régimen en su conjunto, pudieron evitar nuevas irrupciones violentas del movimiento obrero a lo largo de la segunda mitad del siglo XX argentino pos-peronista. A tal punto que para jugar su rol de gran partido de la contención debió crear (o dejar correr) a su izquierda ese oxímoron que en los sesenta y setenta se llamó "peronismo revolucionario".
Como afirma Guillermo Almeyra "el gobierno de Perón tenía dos patas: la burocracia sindical, sometida como corporación al aparato del Estado, la cual controlaba al movimiento obrero, que lo apoyaba; y la mayoría del ejército (...)". Y afirma que el cristinismo, a diferencia del peronismo, se apoya en un "doble vacío": el que deja la desunión y desprestigio de la oposición y el que afirma que existe a su izquierda (y comienza sus críticas abstractas a la izquierda "en general"). Creemos que Almeyra subestima las condiciones estructurales objetivas que le dieron, hasta ahora, capacidad de maniobra al kirchnerismo para llevar adelante un tímido reformismo, hoy en agotamiento. Y, hay que decirlo sin vueltas, tiene escasa idea de lo que sucede en la izquierda. Pero tiene razón en que hay mucho "vacío" en las bases de apoyo de la "hegemonía" cristinista, que extrae gran parte de su fortaleza de las debilidades de la oposición burguesa.
Esta subestimación de la clase obrera, que fue en cierta medida mundial, tenía cierta base material en las derrotas que sufrió en los últimos 30 años y de las que todavía paga consecuencias. Pero el retorno del movimiento obrero a nivel internacional fue cambiando la escena contemporánea. Si hay una clase que confirmó a lo largo de su historia la máxima clausewitziana que sentencia el permanente "derecho a la resurrección de los vencidos", recuperándose de derrotas mucho más profundas que la sufrida en la noche de los tiempos neoliberal, esa es la clase obrera.
El ninguneo pedante y pequeñoburgués del movimiento obrero por parte del cristinismo, es el aspecto menos peronista, más frepasista (o alfonsinista, como afirman varios de los entrevistados) y la más peligrosa fuente de posibles errores estratégicos
El 20N, el hecho más significativo de este año, fue sólo un aviso de la potencialidad y peligrosidad para el orden existente del retorno del proletariado, actuando como clase. El año que entra y los que vienen prometen nuevos despliegues e irrupciones de "el verdugo en el umbral". Nuestra apuesta estratégica, ahora más que nunca, frente al ninguneo generalizado, sigue siendo el combate porque "El cuarto estado" (ver ilustración) se convierta en sujeto político revolucionario.

PD: saludamos a todos los lectores y seguidores del blog en este fin de año. Aprovechamos para agradecer los comentarios y las críticas, muchas veces injustamente no respondidos, en general por falta de tiempo, pero siempre más que bien recibidos. Salud! 

jueves, 27 de diciembre de 2012

Un “modelo” de saqueo y criminalización de la pobreza

Publicado en La Verdad Obrera (edición online) N°507


Los saqueos a comercios y supermercados que se produjeron en más de cuarenta ciudades antes de los festejos de Navidad, terminaron de desenmascarar las mentiras del discurso K. A los trabajadores que fueron al paro general del 20 de noviembre, reclamando esencialmente contra el impuesto al salario y por las asignaciones familiares, el gobierno los enfrentó con el argumento que toda su política económica y ese impuesto era para beneficiar a los sectores más vulnerables. Se jactaba de haberlos sacado de la pobreza y de haber logrado, gracias al “modelo de desarrollo con inclusión social”, una mejora sustancial de sus condiciones de vida.
Las imágenes de la semana pasada desarmaron este último mito del deshilachado relato oficial.
Ahora la respuesta política de los funcionarios gubernamentales es denunciar una presunta “mega conspiración” organizada por las “corporaciones” contra el gobierno “nacional y popular” y consecuentemente acusó de “vándalos” y “delincuentes” a quienes participaron de los saqueos, con un lenguaje policial y gorila, al mejor estilo de la derecha más dura. La respuesta material fue la represión lisa y llana con cerca de 700 detenidos. En esto último coincidieron tanto los gobiernos oficialistas o “semi-oficialistas”, como Scioli en la provincia de Buenos Aires (que no deja de recibir elogios de los Moyano) y los opositores como Bonfatti en Santa Fe (del FAP de Binner y Libres del Sur). La “gran conspiración” se desvanece ante la realidad de los hechos. Hubo saqueos en provincias y localidades de gobiernos de distinto signo político, tanto kirchneristas como de la oposición patronal. En el Bariloche del kirchnerista Omar Goye, en la Santa Fe de Binner y hasta en comunas del conurbano como Malvinas Argentinas donde Jesús Cariglino es duhaldista o en San Fernando donde el intendente comulga con Sergio Massa.
Si la política de los partidos patronales y sus internas “metieron la cola” para empujar los saqueos, como muchas veces sucede en este tipo de acontecimientos y especialmente en el contexto de las “pequeñas guerras” de la interna peronista, eso no es lo más relevante. Porque además, como reconocieron algunos analistas oficialistas, para que esas “operaciones” se realicen con cierto éxito tiene que existir un marco económico, social y político que le posibilite cierta relevancia. Lo significativo es que estas acciones fueron protagonizadas por miles de personas desesperadas debido a las condiciones miserables de existencia a las que son condenadas en la Argentina kirchnerista (o en la Santa Fe “socialista” o en la Provincia de Buenos Aires “sciolista”). La cantidad de detenidos evidencia la participación masiva de sectores populares que sobreviven en la pobreza o en la indigencia.

Fábrica de pobres
Lejos de una Argentina de trabajadores “privilegiados” por un lado y pobres que están en un franco ascenso social por el otro, los datos oficiales muestran que “el 52,3 % de los sueldos no superan los 3.000 pesos mensuales y el 75,8 %, está debajo de los 4.509, frente a una canasta básica que calculada de forma optimista no baja de los 6.000 pesos”. Luego de casi diez años de crecimiento económico “los niveles de pobreza se encuentran estancados en un 30 %, donde la informalidad laboral se encuentra en un 34,5 %, y a la par de todo esto, las tasas de ganancia se mantienen en records históricos, superando en casi un 60 % a las de la convertibilidad” (Página 12, Cash 23/12/12).
Como denunciamos en el comunicado del PTS “existen en la Argentina más un millón y medio de desocupados y casi cinco millones tienen empleos precarios "en negro", mientras que un millón de jóvenes no estudia ni trabaja”. Además existe el agravante de un estancamiento e incluso pérdida de empleos (algunos calculan cerca de 40 mil en el último año) y una inflación que no baja del 25% anual (y puede llegar al 30% en los productos alimenticios). A los problemas sociales estructurales que el gobierno mantuvo (trabajo precario y en negro) se le suman los efectos del agotamiento del mismo “modelo”. Los apagones en Navidad que volvieron a dejar a oscuras a millones de personas, demostraron nuevamente el verdadero saqueo de las privatizadas.
Luego de casi una década, el kirchnerismo ya no puede hablar de la “herencia” del menemismo (del que ellos fueron aliados), la grave situación social de gran parte de nuestro pueblo es “hija legítima” del proyecto K.
Por más que para la tribuna progresista, los K hagan “como si” enfrentaran a la oligarquía con la expropiación del predio de la Rural, los empresarios, los banqueros, los “buitres” a los que se le paga la deuda, la gran patronal sojera dueña de la tierra que va por un nuevo año de cosecha y ganancias récord, las mineras amigas del gobierno, los monopolios de las automotrices; son los verdaderos saqueadores de la riquezas nacionales y la siguen “juntando con pala”.


Moyano, Micheli y los saqueos

Ante las acusaciones que les hizo el gobierno de organizar en las sombras los saqueos, Hugo Moyano y Pablo Micheli de la CGT y CTA opositoras, se defendieron planteando que no tenían ninguna responsabilidad y contraatacaron acusando al gobierno ser el verdadero instigador de los hechos. Como “efecto colateral” la acusación del gobierno unió a la burocracia sindical y Caló de la CGT oficialista llamó a Moyano para solidarizarse.
Pero, al igual que los funcionarios oficiales, Moyano y Micheli poco y nada dijeron de la pobreza que empuja a amplios sectores populares a estas acciones desesperadas. Ya es una tradición (y una traición) de la burocracia sindical argentina dejar librado a su suerte a los trabajadores desocupados y precarios, sin derechos sindicales. Ni siquiera en las convocatorias al paro o a la marcha del 19 incluyeron sus reclamos. Por este abandono, hacia fines de los noventa, los desocupados tuvieron que organizar el movimiento piquetero que irrumpió hacia el fin del ciclo menemista.
Pese a sus discursos duros contra el gobierno, la política de Moyano y Micheli de separar a estos sectores de los trabajadores organizados en los sindicatos, es funcional a la estrategia gubernamental de dividir al movimiento obrero y de conjunto separarlo del pueblo pobre, dejándolo librado a la “suerte” del discrecional reparto de planes de los “intendentes” o los movimientos sociales afines al gobierno.
Esta orientación es acorde a su estrategia que no responde a organizar una verdadera lucha nacional contra la pobreza, por el salario y por las demandas de toda la clase trabajadora que le de continuidad al paro del 20N, sino a subordinar al movimiento obrero y el pueblo pobre detrás de políticos patronales.


Por la unidad obrera y popular contra los verdaderos saqueadores

Los socialistas revolucionarios rechazamos en primer lugar la represión contra los pobres y exigimos la libertad de todos los detenidos. Desde el PTS no impulsamos, ni reivindicamos el método del saqueo y defendemos los históricos métodos de lucha del movimiento obrero, como la huelga y los piquetes donde puede forjarse la unidad de todos los trabajadores. Pero con mayor contundencia rechazamos y repudiamos las indignantes declaraciones condenatorias de todos los políticos patronales que defienden este orden político y social. Especialmente repudiamos a los cínicos “progresistas” K que hablan “en nombre de los pobres” y cuando éstos irrumpen en la escena social, su respuesta es la criminalización y la represión de la mano de coroneles “carapintadas” como Sergio Berni. Sostenemos que la lucha contra la pobreza, el hambre y por la vivienda hay que dirigirla hacia el poder político, contra los verdaderos “saqueadores” patronales y sus representantes, para exigir: libertad a todos los presos; entrega inmediata de bolsones de alimentos en todos los barrios carenciados del país bajo el control de delegados barriales elegidos democráticamente y aumento de emergencia de la asignación universal y todos los planes sociales.
Anulación del tarifazo al transporte; basta de trabajo en negro y precario, plan nacional de obras públicas bajo el control de las organizaciones obreras para realizar las obras de infraestructura que necesita el pueblo poniendo a trabajar a cientos de miles de trabajadores, con un salario mínimo que sea equivalente al costo de una canasta familiar.
Los recursos para tomar estas medidas están al alcance de la mano: cobrando impuestos progresivos a los grandes capitalistas, nacionalizando el petróleo, el gas y todos nuestros recursos estratégicos. Dejando de pagar la “saqueadora” deuda externa millonaria. Expropiando a los terratenientes y a la gran patronal agraria. Echando a las privatizadas que viven de los subsidios del Estado y mantienen los servicios en pésimas condiciones. Nacionalizando la banca para otorgar créditos baratos a todos los sectores populares, en primer lugar para una vivienda digna.
Hay que exigir a la CGT de Moyano y la CTA Micheli un verdadero plan de lucha no sólo para la defensa del salario, por el 82% móvil, sino también por estas demandas que son las de toda la clase trabajadora y los sectores populares.

domingo, 23 de diciembre de 2012

El cristinismo, los conjurados y las conspiraciones


¡Vaya por Dios, un nuevo motín!, se lamentaba y se consolaba Luis Capeto en medio la Gran Revolución francesa, mientras uno de sus duques le replicaba: "No señor, esto es una revolución".
"Una nueva conspiración contra el proyecto nacional y popular", sentencian los cortesanos del kirchnerismo. Y no hay nadie que les aclare que, con conspiración incluida, esto es en lo profundo, una manifestación más de su propia decadencia.
Un prisma de lectura que subvalora las manifestaciones populares atraviesa la historia de las clases dirigentes en épocas de crisis. Y el kirchnerismo no está exento de esas anteojeras tranquilizadoras en la autopercepción de su presente político.
Luis XVI deseaba reducir la mismísima Revolución a un impotente motín, el cristinismo pretende reducir los impotentes saqueos, a una simple conspiración. Y la trama conspirativa incluye en un mismo plan siniestro al 13S y al 8N, atados sin solución de continuidad al paro general del 20N, para coronarse con los "saqueos de la abundancia", supuestamente organizados con precisión milimétrica en estas vísperas navideñas.  
Las lecturas policiales de la historia emergen en momentos de crisis y de debilidad, y más aún, son su confirmación.
Los funcionarios del gobierno, y con mayor rabia los frepasistas, coparon los canales de TV para denunciar a los "vándalos", "criminales", "delincuentes", "violentos", que protagonizaron los saqueos "armados y preparados" y prometieron caerles encima con todo el peso de la ley. Y en esto coincidieron cristinistas, sciolistas, binneristas, macristas; todos militando en el "partido del orden" y pegando con un solo puño: el del brazo armado de su estado.
Lo que no advierte el cristinismo, que es una especie de kirchnerismo bobo (su etapa superior), es que en su denuncia histérica de la gran trama conspirativa dejan al desnudo su propio retroceso político a tan solo un año del 54%. Para que las "operaciones" funcionen, más si incluyen a sectores de masas, tiene que haber un marco propicio. Un marco que es producto de la historia económica, social y política reciente. Dice Trotsky en el capítulo "El arte de la insurrección" de su monumental Historia de la Revolución Rusa "De hecho, en toda sociedad de clases existen suficientes contradicciones como para que entre las fisuras se pueda urdir un complot. La experiencia histórica prueba, sin embargo, que también es necesario cierto grado de enfermedad social -como en España, en Portugal y en América del Sur- para que la política de las conspiraciones pueda alimentarse constantemente".
Dicho epigramáticamente, para el impulso y el éxito de las operaciones debe existir un contorno pasible de ser "operado". Y el partido por excelencia de las conspiraciones argentinas es el peronismo, un movimiento en el que si se exige tanto la lealtad es porque está lleno de traidores (como dijo un viejo dirigente peronista).
Desconocemos si el peronismo se puso en movimiento para jugar con el fuego de la política en las calles, en la carrera de velocidades de la disputa sucesoria; pero el entorno social y político es el de la lenta decadencia del kicrhnerismo y su "modelo". Lo saqueos fueron (¿fueron?) una manifestación más en esa transición, que hemos dado en llamar, a falta de mejor nombre,...fin de ciclo. Y desnudaron que la inclusión kirchnerista no alcanzó para una significativa franja de la sociedad argentina. 
Ya no es la clase media egoísta que sale al ritmo de la cacerola en la defensa de sus lujos, ni la angurrienta "aristocracia obrera" que protesta contra ese maravilloso impuesto que es  la garantía de justicia social. No, es el mismo subsuelo condenado de la patria el que emergió, incluso entre las fisuras de complot y conspiraciones, para gritarle a los frepasistas en su propia cara de nada: "No en nuestro nombre". Es decir, no sostengan su "relato" describiendo el presunto paraíso en el que nosotros habríamos entrado, gracias a las virtudes de su "modelo". Casas más, casas menos (AUH más, AUH menos), nosotros seguimos sobreviviendo en el mismo infierno.
El discurso consensual dio paso el relato policial y esto confirma la pérdida acelerada de hegemonía. Para el kirchnerismo de los orígenes, las huelgas y los piquetes eran las tensiones del crecimiento, en su época de ascenso su discurso tenía cierta consonancia con su estrategia (o gran política como la llamó JDM) de sacar a las masas de las calles. Para el cristinismo actual todo es obra de delincuentes, conjurados y conspiradores.
Todos los actores del drama del presente argentino en esta etapa de transición salieron a escena: las clases medias disidentes, la clase obrera que mostró su potencia y ahora los más pobres. Las primeras y los últimos con la impotencia de su naturaleza social, la segunda con los límites de su dirección sindical y política. Todos "sobredeterminados" por la situación económica todavía con débiles pero ciertas posibilidades de crecimiento, es decir, todavía sin el elemento catastrófico de la economía "operando" con sus leyes que son parte de la conspiración universal del Capital contra el mismo Capital.
Moyano respondió con la clásica estrategia del "conservandorismo": golpear para conservar, limitando las posibilidades de la clase obrera sólo a su defensa coorporativa, que a la larga, no es útil ni para ese mismo objetivo que declama. Y preparando su alianza con algún conservador burgués que lo tenga en cuenta.
La necesidad de lucha por la dirección de la clase obrera, para ganarla para una perspectiva hegemónica es la fundamental lección que dejaron los dinámicos acontecimientos del año que se cierra. Del resultado de esa disputa dependerá el desarrollo de los próximos actos y el desenlace del drama.   

viernes, 21 de diciembre de 2012

El kirchnerismo y la escisión con los trabajadores

Columna de opinión publicada en diario Alfil el 21/12/12


Fernando Rosso


El “cristinismo” cierra el 2012 con una pérdida significativa de su hegemonía política. Las movilizaciones de las clases medias y medias altas del 13S, que volvieron a salir a la calle el 8N evidenciaban la ruptura de estos estratos sociales.

Pero la sorpresa para el gobierno la dieron los trabajadores en el paro general del 20N. No se paralizaron las actividades sólo en los sindicatos que responden a las centrales opositoras de Hugo Moyano y Pablo Micheli, sino también en varios gremios de la CGT y la CTA oficialistas. La demanda contra el impuesto al salario y por el aumento y generalización de las asignaciones familiares cruzan “transversalmente” a todo el movimiento obrero. La inflación, negada por los dibujos de Guillermo Moreno en el INDEC, es una cruda realidad en la vida cotidiana de los trabajadores. Un espíritu de escisión manifiesta el principio del fin del “romance” de una parte de aquellos a quienes el gobierno consideraba su base social por excelencia.
Engolosinado con el imponente 54% que obtuvo apenas hace un poco más de un año, el cristinismo cometió lo que será recordado, quizá, como su principal error estratégico: la ruptura abierta con Moyano.
El camionero fue un aliado que acompañó fielmente al “proyecto” en su etapa de ascenso y fue marginado de la coalición kirchnerista cuando más necesario era para contener el descontento en la etapa de crisis y declive del “modelo”.
La estrategia de atomización del movimiento sindical (existe una inédita división en cinco centrales), tiene un efecto colateral: la emergencia desde la base, en las comisiones internas y cuerpos de delegados de un sindicalismo combativo. 
Este es el proceso más profundo que recorre la vida política nacional y demarca los campos de las disputas por venir, el retorno de un enfrentamiento de la clase obrera con un gobierno peronista.
Las “guerras” contra Clarín o contra la “corporación” judicial son maniobras efectistas y pueden contentar al progresismo que todavía confía en el gobierno. Pero en el terreno social, las últimas medidas de los “nacionales y populares” se chocaron de frente con las aspiraciones del movimiento obrero: una ley de Riesgos de Trabajo “a la medida de la UIA”, el sostenimiento de un impuesto a las ganancias aplicado al salario de más de 2 millones de asalariados y un tope para las asignaciones familiares (además de los altos índices de trabajo en negro y precarización laboral).El parámetro de medida de los trabajadores no se basa en el estudio hermenéutico de las complejidades del “relato”, sino en las posibilidades de mejora (o no) de sus condiciones vitales de existencia. Y el discurso del gobierno se desliza, como afirmó el sociólogo Juan Carlos Torre con respecto a la frustrada experiencia frondizista, “hacia una peligrosa libertad de toda consonancia”. 

jueves, 20 de diciembre de 2012

Tarifazo: la respuesta del gobierno a los reclamos del 19D

Publicado en "La Verdad Obrera" Nº 506 del 20/12/12


Por Fernando Rosso y Ruth Werner 

No habían terminado de retornar a sus casas los miles de trabajadores que coparon la Plaza de Mayo en la manifestación del 19D, que el ministro Florencio Randazzo ya anunciaba desde la Rosada un sorpresivo tarifazo. Las subas superan el 40% para el boleto de colectivos y trenes (pág. 3). Esta es la respuesta del gobierno “nacional y popular” a los reclamos obreros: un nuevo ataque contra el pueblo trabajador, elegido como blanco para descargar la “crisis fiscal”. No muy distinto al derechista Mauricio Macri que en la semana aplicó un aumento sideral en el impuesto de Alumbrado, Barrido y Limpieza. 
El 19D mostró en las calles a una nueva manifestación de sectores de la clase trabajadora que convocados fundamentalmente por la CGT Moyano y la CTA Michelli coparon la plaza por reclamos muy sentidos. Contra impuesto al salario, por el 82% móvil y la universalización de las asignaciones familiares, contra el “cepo” a las paritarias; fueron las consignas centrales. La convocatoria tuvo un enorme límite, porque fue sin paro y sin asambleas en la que puedan discutir, votar y decidir los trabajadores. 
En los mismos discursos de los dirigentes se notó que el objetivo no estuvo puesto en darle continuidad al parazo del 20N. Ni Moyano ni Micheli anunciaron nuevas medidas de fuerza y aunque dedicaron gran parte de su oratoria a denunciar la gravedad de las condiciones de vida de la clase trabajadora también dejaron claro que su política es funcional a la oposición patronal. A eso apunta Moyano cuando llama a "no equivocarse con el voto". Si le sumamos que viene reuniéndose casi a diario con opositores patronales como Scioli o Lavagna, a quienes no criticó en la plaza, es evidente que el plan de Moyano apunta a impulsar una coalición peronista. Ni siquiera criticó a Macri que ataca abiertamente a los trabajadores del subte. El caso de Micheli es similar aunque sus simpatías están puestas en el sojero Binner del FAP. Ambos impulsan una alianza con la patronal Federación Agraria y ninguno hizo mención a la rebelión popular que 11 años atrás tiró abajo al gobierno de De la Rua y en las que brillaron por su ausencia. 
En ese marco, la izquierda tuvo una presencia significativa en la Plaza de Mayo. Aunque no hubo columna unificada (pág. 10) particularmente la columna que agrupó a gran parte del sindicalismo clasista, detrás de la cual marchó el PTS se destacó por la presencia de combativos sectores de la vanguardia obrera, como las comisiones internas de Kraft y Pepsico de la alimentación, Claudio Dellecarbonara encabezando la delegación de los trabajadores del subte, sectores de la oposición en Gráficos como la Interna de Donnelley, la oposición ferroviaria de la Naranja, delegados y activistas telefónicos de la “Violeta”, entre otros sectores (pág. centrales). En esta columna también hubo un lugar para los sectores más explotados: los precarizados y los trabajadores inmigrantes. En ella se levantó una bandera claramente diferenciada de la orientación de los dirigentes sindicales burocráticos. Más que nunca, ahora que el gobierno ha redoblado la apuesta se impone pelear por un plan de lucha nacional para profundizar lo que empezamos en 20N. 

2012: un año de crisis para el kirchnerismo 

El gobierno termina un año marcado por sucesivas crisis políticas producto de la fuerte desaceleración económica y la ausencia de un sucesor “cristinista” puro. La desaceleración y la necesidad de pagar la deuda externa empujaron al programa de la “sintonía fina” de recorte de subsidios y un ajuste en los gastos del Estado, que el gobierno “terceriza” enviando menos fondos a las provincias. También el retroceso económico obligó a medidas como el “cepo” al dólar que acentuó la caída de la economía. 
La Masacre de Once fue el primer alerta de que el “modelo” mantenía las condiciones estructurales del capitalismo semicolonial argentino entregado a las privatizadas bajo el reinado del menemismo. Ante la bronca por ese crimen social, el gobierno debió suspender la “sintonía fina”, manteniendo la estructura de subsidios millonarios que van al bolsillo de los empresarios del transporte y a la energía, en grave crisis por la política de las petroleras privatizadas de ganancia fácil y escasa inversión. Ahora con el nuevo tarifazo retoma el camino del ajuste contra el pueblo. 
Con la nacionalización parcial de YPF el gobierno había retomado la iniciativa política e intentó “solucionar” la crisis energética. Pero la simpatía lograda se licuó aceleradamente porque no trajo ninguna solución para las amplias mayorías e incluso hubo aumentos en las naftas y el gas para “atraer inversores”. Ahora anunciaron un acuerdo con la multinacional imperialista yanky Chevron con el que pretenden volver a entregar nuestros recursos. Esa “semi-nacionalización” fue la última medida donde el gobierno logró recuperar cierta base social, de ahí en adelante fue una permanente emergencia de crisis que manifiestan su impotencia y declive. 
El 13 se septiembre se dio la sorpresiva movilización de las clases medias y medias altas, que volvieron a ganar la calle el 8N. En el medio estalló la crisis de los gendarmes y prefectos que desafiaron al gobierno con un ”motín”. Fueron manifestaciones por derecha que desnudaban la pérdida de hegemonía del gobierno. 
Pero lo más significativo para la izquierda clasista fue el pronunciamiento nacional de una parte muy importante de la clase obrera en el paro del 20N. 
El 54% de los votos que sacó CFK hace poco más de un año está en disgregación, si todavía mantiene cierta base es por la debilidad de la oposición patronal. Ante la ausencia de un sucesor se reabrió la disputa en el peronismo entre los “presidenciables” donde despunta el ex – menemista Scioli. 

Discurso “progre”, política de ajuste y tarifazos 

La “guerra” con Clarín, empantanada en una maraña legal y ahora la “batalla” discursiva contra la corporación judicial son intentos impotentes de retomar la iniciativa. Mientras sostiene un relato “progre” de lucha contra las corporaciones, sus últimas medidas son claramente a la derecha: ley pro-empresaria de Riesgos de Trabajo, reapertura de las negociaciones con los fondos “buitres”, sostenimiento del mínimo no imponible del impuesto al salario y el tope para no pagar las asignaciones familiares, la entregada del subte a Macri que inició un duro ataque a los trabajadores y la propuesta de “cepo” a las paritarias con un pacto social. Y como regalo de fin de año, el nuevo tarifazo contra el bolsillo popular, ya castigado por la inflación o impuestos regresivos como el IVA. 
El último discurso de Cristina reclamando a la justicia más “mano dura”, quejándose por la liberación de los detenidos por los hechos frente la Casa de Tucumán en la protesta por el escandaloso fallo del caso Marita Verón, y mezclándolo con los incidentes de la hinchada de Boca; profundiza el giro represivo iniciado cuando puso al Coronel del Ejército y ex–carapintada, Sergio Berni, al mando de la Secretaría de Seguridad. 
Aunque para 2013 los analistas pronostican ciertas mejoras de la economía, la crisis del “modelo” continúa y el inicial proceso de ruptura de un sector de la clase obrera no podrá ser revertida por el gobierno. Este proceso profundo que cruza “trasversalmente” (tanto en la base de los gremios de la CGT y CTA oficialistas, como opositoras) es una gran oportunidad para construir una izquierda de los trabajadores. 

2013: los desafíos de la clase obrera y la izquierda 


El sindicalismo combativo y la izquierda mostró en a Plaza una presencia destacada, como ya se había expresado en el 20N. 
La política burocrática de Moyano y Micheli de apuntalar proyectos opositores patronales dejó planteada la tarea de poner en pie una Asamblea Nacional de Trabajadores que unifique a los sectores combativos y clasistas del movimiento obrero, para imponer un plan de lucha que sea una verdadera continuidad del parazo del 20N. Pero también está a la orden del día cuál es la perspectiva política que debe darse la clase trabajadora en un año cruzado por la contienda electoral. El Frente de Izquierda y los Trabajadores es una gran conquista que debemos renovar programáticamente, mediante un debate que clarifique y reafirme su programa de independencia de clase de cara a las elecciones. Pero esta conquista táctica debe ser parte de una batalla estratégica porque la clase obrera conquiste su independencia política. En necesaria la pelea por sembrar la idea en las amplias franjas del movimiento obrero que inician su ruptura con el gobierno (y a las que Moyano-Micheli quieren llevar detrás de otras variantes patronales), de la necesidad de construir su propio Partido de Trabajadores sin patrones, para luchar porque la crisis la paguen los capitalistas y por un gobierno de los trabajadores. Esta lucha política facilita el camino a la izquierda revolucionaria para avanzar, cuando las condiciones lo permitan, hacia la fusión con la vanguardia obrera en un gran partido revolucionario.

domingo, 9 de diciembre de 2012

7D: crónica de una derrota anunciada. Resultados y Perspectivas




Una derrota política, más que judicial
La extensión de la medida cautelar que dictó la Cámara Civil y Comercial a favor de Clarín tiene más importancia política que jurídica. Es una autoderrota política del kirchnerismo que depositó todas las expectativas en un 7D que, incluso sin medida cautelar de por medio, estaba teñido de dudas sobre el grado de cambios concretos que significaba en relación a los grupos capitalistas y monopólicos que controlan los medios de comunicación en la Argentina. La "desinversión" del grupo UNO (Vila y Manzano) desnudaba el carácter gatopardista que podía tener la Ley de Medios, como tantas otras políticas del kirchnerismo. La obtención futura de resoluciones judiciales a favor del gobierno (en lo inmediato, oficialistas y opositores descartan que esa posibilidad venga de la Corte) no significaría una reversión política inversamente proporcional a la derrota del 7D. Para Clarín se trata de ganar tiempo (que juega a su favor) mientras apuntala a la oposición burguesa y apuesta a la construcción de un sucesor que deje en el olvido la Ley de Medios.
Las razones o sinrazones que llevaron al cristinismo a este grave "error no forzado" tienen una lógica en el marco de la cadena de acontecimientos de un lento (aunque cada vez más acelerado) fin de ciclo.
La sucesión imposible y los laberintos del "modelo" (todavía con cierto aire por determinados factores internacionales), obligaron a una política de moderado, pero persistente ajuste. Esto terminó empujando a la calle primero a las clases medias más acomodadas en el sorpresivo 13S y el más preparado 8N, y después a una significativa franja del movimiento obrero en el paro general del 20.
Como a todo gobierno en agotamiento se le empiezan a animar todos. El fallo del juez Griesa a favor de los fondos buitres puso en riesgo de default a la Argentina y su política sui generis de "desendeudamiento soberano con pago al contado". Obligó al gobierno a reabrir canales de negociación con los más buitres de los fondos buitres, para "profundizar el modelo" también en este terreno, es decir, para seguir pagando. Después vino el "exhorto" de la corporación judicial y el mismo día la cautelar que desvaneció en el aire el poco sólido 7D. En paralelo en el terreno político Scioli comienza su despliegue tiempista sin ruptura pero con marcado distanciamiento, una táctica que parece más eficaz que el enfrentamiento abierto de De la Sota; aunque los dos expresan la pérdida de hegemonía del cristinismo dentro del movimiento peronista. Por eso Scioli empieza a erigirse como la más amarga consecuencia de la resignación del cristinismo puro, como el producto de su derrota y el sapo más prominente para su estómago todo terreno.

Bonapartismos
Si en el momento de ascenso político los aciertos y la fortuna parecían infinitos, en el declive se multiplican los errores. Ante la pérdida de base social que hasta hace un año nomás alimentó el 54%, el gobierno aceleró la búsqueda de un éxito político y épico. El motor no está en el interés por la desmonopolización en un país repleto de corporaciones monopólicas u oligopólicas (las telefónicas, Techint, las mineras, las automotrices) intactas bajo los años kirchneristas; sino en un intento bonapartista con la ilusión de lograr el efecto centrípeto que tuvo la nacionalización parcial de YPF, que también vino después de catástrofes sociales y crisis políticas centrífugas (Boudou-Ciccone). El hecho de intentar repetirse a sí mismo es una confirmación de la decadencia, con serio riesgo de locura. Hace poco un amigo nos recordó el sabio consejo de Einstein: "Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados". Los errores del cristinismo muestran que entra en terreno de peligroso desequilibrio político.
El elemento de mayor fortaleza del arbitraje bonapartista en su momento de ascenso se convierte en el factor de todas sus debilidades en su etapa de declinación. Lo está viviendo por estas horas dramáticamente la Venezuela de Chávez y también con otros ritmos la Argentina kirchnerista. La sucesión imposible vuelve "al régimen (o en nuestro caso al gobierno-NdFR) susceptible de tijeretazos y socabamientos de otros competidores por ocupar el primer lugar", como describe Geroge Novack uno de los talones de Aquiles  de los bonapartismos. En el caso del venezolano, la crisis de su ciclo se acelera o se desata por las posibles consecuencias fatales de una enfermedad terminal. En la Argentina, en la que por el contrario una muerte le aportó (sobre)vida al bonapartismo gubernamental, la crisis del proyecto es propiamente "endógena", absolutamente política (entendiendo por política la "economía concentrada"), la consecuencia más evidente de sus propios límites.

Resignación y corporaciones
La resignación y la impotencia son las pruebas más tajantes del fin de ciclo del proyecto restaurador. Resignación ante el pejotismo blanco de Scioli, resignación ante los más buitres de los fondos buitres, resignación ante la justicia y resignación (ay!) ante el mismísimo Clarín. Así lo reconocen con distintos grados de honestidad intelectual Horacio Verbitsky y Mario Wanfield, cuando afirman que esta Ley de Medios no significa la pérdida del poder político-económico de las corporaciones.
Es que la fuerza material y las fuerzas morales a la altura de un verdadero combate a las corporaciones sólo pueden ser el producto de un programa, de una estrategia y una política que no está, ni cerca, en la naturaleza del proyecto restaurador kirchnerista, por más que le pese el progresismo K, a esta altura doblado de resignación. La estrategia y la táctica de apoyarse en unos monopolios contra otros y unas corporaciones contra otras, de medidas cautelares + recitales comercial-populares en Plaza de Mayo, no prefiguran una fuerza social y política con la capacidad de "derrotar a las corporaciones". Mucho menos si en el mismo momento se lleva adelante una política de ajuste y ataques al nivel de vida de las amplias masas (inflación, impuesto al salario, aumento de tarifas etc.). Y se pretende poner fin por decreto al aumento de las aspiraciones populares que reclaman, de mínima, aunque sea el cumplimiento del prometido "Nunca menos".
La lucha contra las corporaciones requiere del concurso de una fuerza social obrera y popular, un programa y una estrategia, mucho más que un relato cada vez más vacío del "como sí". En el caso del combate a los monopolios mediáticos, del concurso en primer lugar de los trabajadores de prensa y de los trabajadores en general. Pero no es distinto en el caso del resto de las corporaciones económicas y políticas (sirvientes y garantes de sus privilegios). La naturaleza  política del kirchnerismo, que no llegó ni siquiera a adoptar los contornos "sui generis" de los bonapartismos del siglo XX o del chavismo, es la negación misma de la posibilidad del surgimiento de esa fuerza social y política. Su etapa superior cristinista que desfondó la alianza social del "kirchnerismo de los orígenes", subida al caballo del 54%, es "la negación de la negación". El reformismo kirchnerista (como lo muestra, para nombrar un caso, el subte entregado al macrismo) cumple la ley de todo reformismo: es el camino más rápido y seguro para la derecha.
Si algo positivo puede sacarse de esta "batalla cultural" es que de las medias verdades que se dicen de ambos bandos saca a la luz la podredumbre de la "cultura política burguesa" en su conjunto. De un régimen político y social que imposibilita la "libertad de prensa", donde no existe la "justicia independiente", donde violan permanentemente las normas de su propia democracia, confirmando la sentencia leninista de que la democracia capitalista, es una "democracia para ricos". El "Ni corpo, Ni Korpo", cobra fuerza y auditorio político.

El 19D y las funciones del moyanismo
La marcha de Moyano y Micheli del 19D se inscribe en este dinámico presente argentino. La movida de la burocracia tiene varios motores y funciones. Si el moyanismo no actuara como válvula de escape "cautelar" (para seguir la onda) del descontento obrero que se expresó patente en el pronunciamiento del 20N, el "riesgo" para el régimen sería que esto irrumpa de manera peligrosamente radicalizada. Junto con Ruth Werner decíamos acá: "La crisis de estas burocracias ultra-K es una oportunidad para el avance del clasismo"; en un apartado, bajo el título "Peleas por la sucesión y crisis de la burocracia sindical K". La reflexión incorporaba a todas las direcciones sindicales oficialistas, aunque se centraba en las más subordinadas. Esta sintomática rebelión en una fábrica de un gremio estratégico como SMATA, es ilustrativa de la crisis...y la oportunidad. Si Moyano siguiera siendo "ultra-K", esto podría ser generalizado en el movimiento obrero. Una función estratégica que, para ser justos, es poco reconocida por las clases dominantes al "hombre del camión".
El otro motor de Moyano (y Micheli) es su aspiración a ser la pata "social" que adorne una nueva ilusión/frustración burguesa (Scioli o Binner), esto expresa el carácter oportunista de la burocracia sindical. 
Pero su función solo pueden cumplirla sacando los sindicatos a la calle. La marcha del 19D es, evidentemente, una medida menor que el paro del 20N. Pero no es menos cierto que esta nueva movilización se da después de ese pronunciamiento político nacional, de un paro general que cambió sensiblemente la situación objetiva y subjetiva de parte de la clase obrera. La izquierda logró visibilidad demostrando inserción orgánica en minorías intensas que le dieron la capacidad de aprovechar la medida para expresar una política independiente, es decir, mostró una forma de frente único que permitió "pegar juntos y marchar claramente separados".

Frente único e izquierda
El más limitado 19D tiene a su vez la potencia para la izquierda clasista de darse después de la experiencia de masas del 20N. Si la marcha plantea la posibilidad de expresar una política independiente tanto hacia los que se movilicen como hacia quienes sigan por los medios de comunicación este hecho político nacional con el movimiento obrero nuevamente como protagonista; es una obligación dar la batalla por hacer carne esa posibilidad. La política oportunista de convocar a la marcha en el aniversario de las jornadas revolucionarias que fueron bombeadas en su momento por Moyano y Micheli, no puede ser un elemento que evite dar este combate político. La izquierda no puede limitarse a hacer una marcha "propia" el 20, que es legítima, mientras no se convierta en una oposición al 19D, en una re-edición farsesca de un "tercer periodo" de "sindicatos rojos"...y más cuando esta política viene de quienes tienen escaso peso sindical para pintar de rojo.  
Ante la nodal cuestión del Frente Único, León Trotsky explicaba pedagógicamente:
5.- El Frente Único, ¿comprende solo a las masas trabajadoras o incluye también a sus dirigentes oportunistas?
El solo hecho de hacer esta pregunta demuestra incomprensión del problema.
Si pudiésemos simplemente unir al proletariado en torno a nuestra bandera o alrededor de nuestras consignas prácticas, y saltar por encima de las organizaciones reformistas, ya fuesen partidos o sindicatos, lógicamente, esto seria lo mejor del mundo. En este caso, el problema del Frente Único no existiría en su forma actual.
La cuestión surge de que algunos sectores muy importantes del proletariado pertenecen a organizaciones reformistas o las apoyan. Su experiencia actual es demasiado insuficiente para permitirles abandonarlas y unirse a nosotros. Es precisamente luego de intervenir en aquellas actividades de masas que están a la orden del día, que se producirá un gran cambio en la situación (las negritas son nuestras NdFR)
Si pudiésemos "unir al proletariado en torno a nuestra bandera o alrededor de nuestras consignas prácticas" el 20, en el aniversario de las jornadas y "saltar por encima de las organizaciones reformistas", tendría legitimidad una política de llamar a la Plaza con la izquierda y rechazar "in limine" el 19D (para seguir con la moda leguleya). En tanto y mientras se mantenga el carácter de una manifestación sindical con consignas esencialmente progresivas y que pide gran parte del proletariado, más allá de sus dirigentes oportunistas, es necesario "intervenir en aquellas actividades de masas que están a la orden del día". Lo contrario es un error de "leso sectarismo" que, como ya sabemos, es la contracara del oportunismo electoralista.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Ottmar Liebert (The Nigth)

Horowicz, una semblanza crítica de Eva Perón

Estamos leyendo el clásico ensayo de Horowicz y tiene muy poco o nada que ver con la coyuntura (de eso nos empachamos los miércoles en las "trasnoches de superacción"), ni con la derrota táctica del 7D, ni nada. Nos llamó la atención la descripción que hace de Eva Perón, indudablemente la mujer más gravitante de la historia política del siglo XX argentino. Por momentos cobra el tono casi de una apología, pero intercalada con agudas observaciones críticas, psicológicas (el resentimiento y el odio plebeyo, teñido de cierta admiración por el opresor), sociales, y sobre todo políticas, útiles para entender su rol como "síntesis" de los aspectos más pasivizantes del primer peronismo.
(El apartado sobre Eva Perón es más extenso en el libro, solo posteamos la parte que encontramos en este blog)


De Alejandro Horowicz, ensayista, analista político, profesor universitario, escritor, autor del libro Los cuatro peronismos

Evita ocupa un lugar único en la historia política argentina.
Hipólito Yrigoyen no tuvo mujer, o la tuvo en el sentido más doméstico del término. Y la lista de jefes populares - al menos por la composición social de sus seguidores - sólo tiene dos integrantes: Yrigoyen, Perón. Olvidemos entonces a los jefes populares: confeccionemos la lista tan amplia, tan desprejuiciadamente como se quiera, con famosos de toda especie y cualquier origen. Aun así Evita sigue siendo única. Esta unicidad - esta soledad, si se quiere - constituye su rasgo saliente. Sola también ( la única mujer ) integra la galería de los mitos políticos del siglo XX, internacionalmente socializados por América Latina.
La historia personal de Evita, que alguna importancia tiene, remite a la soledad rabiosa, a la marginalidad, a la impotencia y al miedo.
Hija irreconocida de un matrimonio indocumentado, niña sometida al murmullo moralizante de un pueblo de provincia, adolescente sin destino, parquitina, actriz sin cartel, personaje radial, amante del coronel, esposa del general, compañera del presidente, abanderada de los humildes y bandera de combate constituyen los peldaños de una carrera poco habitual y muy deseada.
A escala gigantesca, la historia de la Cenicienta rubia pareciera repetirse, y pocos ignoran que cuando cambia la escala, cambia la historia misma.
Evita es una táctica y un recorrido: es la táctica de doblarse tantas veces como sea preciso; es el recorrido de organizarse primariamente, sabiendo que la organización y la lucha importan, pero más - mucho más - importa el coronel - padre que finalmente se aviene a reconocer - a reconocerla - y, al hacerlo, se constituye en un elemento indispensable, decisivo, de su autorreconocimiento. El coronel la fija, se vuelve referencia obligada, indispensable, de su propia identidad. Su relación con todos los otros está mediada por él: él es el eslabón central de una relación radial, y casarse con la mediación es como casarse con el padre ( Perón tenía 49 años, Evita 24 ): es decir, incestuoso y conveniente, deseado y terrible.
Evita es la determinación de ocupar un lugar inexistente que se crea con la misma ocupación; un lugar que el otro - burgués niega y a quien Evita, sin desplazarlo, sin liquidar su poder, sin vincularse a él directamente sino a través de Perón, intenta convencer. Convencerlo tiene, para ella, un término preciso: imponer su presencia.
Dicho con el máximo rigor: ocupa un sitio que sólo se abandona revolucionariamente, en compañía de la clase obrera. Por eso la victoria de Evita no se constituye en derrota - del - otro - burgués sino en forma simbólica: es, en realidad, la victoria - del - otro - derrotado. Evita es la pedagogía del oprimido desde la perspectiva del opresor, puesto que no supera su horizonte: a la oligarquía se la vence electoralmente y los problemas de la sociedad argentina se resuelven con generosidad, con la Fundación Eva Perón.
La mirada con que Evita se mira, con que mira al oprimido que en ella se oculta, no es autónoma: está teñida de una secreta y confesada admiración por el opresor. Si la beneficencia es un postulado cristiano sin verificación social, Evita construye esta verificación con una práctica de corte militante. Si la belleza femenina es un patrón de verdad, ella es bella. Si el cuerpo de una burguesa sirve para lucir los objetos en que se reconoce como burguesa ( joyas, pieles, tocados ), también instrumenta su cuerpo. Evita es, en suma, la versión que las clases dominantes imponen como modelo y que paradigmáticamente rechazan cuando se la enfrentan como producto. Es curioso: Evita respeta una a una las reglas formales, pero su presencia viola toda regla. El motivo es simple: una modelo ataviada con los atributos de la burguesía no es una burguesa sino una representación que la burguesía constituye de sí misma. Pero ninguna clase social confunde una imagen de sí con los integrantes de la clase viva. Y si la modelo se vuelve modelo político social, la burguesía grita " usurpadora ", es decir, prostituta; porque si así no fuera, ¿ cómo ocuparía el lugar ?.
Evita registra el rechazo y lo devuelve como odio visceral; es un odio dúplice, recubierto de nerviosa envidia; es, en el fondo, el odio de un proletariado marginal, de una empleada doméstica que sola enfrenta el poder y la riqueza de su patrón. Este odio carece de instrumentos; ya no se trata de golpear las puertas de la historia con el sello rojo del camino obrero, es posible luchar sin que la muerte amenace a los antagonistas, sin que la victoria obrera enloquezca de terror a las clases dominantes.
El recorrido de Evita, el de la clase obrera argentina, sigue una misma línea genética. Ambos llegan desde afuera ( fuera del país, fuera del mundo urbano ) para escapar del hambre y la abyección, ambos son " extranjeros " en la múltiple significación del término. Extranjero es aquel que vive fuera de las fronteras de imperio de las normas, impuestas por el imperio para sus ciudadanos. Los extranjeros son bárbaros; el bárbaro es el que vive fuera del imperio, los " cabecitas " lo son por antonomasia, Evita es una mujer fuera de las normas, es una bárbara.
En Evita, como en todos los trabajadores, es posible reconocer un antes y un después del 17 de octubre. Antes del 17 de octubre, los sindicatos, la dirección sindical, constituía un universo de activistas minoritarios. Un trabajador elegía ser perseguido, maltratado y encarcelado por encabezar los reclamos de sus compañeros. Este no era el caso de Evita.
Antes del 17 de octubre, Evita batallaba en términos personales; políticamente no existía. Innumerables testigos centrales de los acontecimientos de esa fecha así lo confirman e, indirectamente, su propio comportamiento quiebra el mito de la lucha de calles encabezada por ella. Evita era, todavía, absolutamente igual a las mujeres de los obreros que participaron en el 17 de octubre de 1945 a través de sus maridos; es decir, a las mujeres de los obreros que no participaron sino medianamente.
El salto lo pegó desde el poder, o sea, desde Perón. Desde allí se ocupó de dos cosas: la Fundación y las relaciones con el movimiento obrero. La rama femenina del peronismo y el derecho al voto de la mujer fueron, si se quiere, una suerte de antecedente político de la Fundación, porque no habían sido el resultado del combate popular, sino de la existencia del gobierno peronista. Dicho epigramáticamente: ella es la síntesis personal del primer peronismo.

jueves, 6 de diciembre de 2012

La izquierda y la marcha del 19D

Publicado en La Verdad Obrera N° 504, semanario del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) 
19D: A PLAZA DE MAYO POR NUESTRAS DEMANDAS


Por un Polo Antiburocrático y de la Izquierda



Por Fernando Rosso y Ruth Werner

Finalmente la CGT de Hugo Moyano, la CTA de Pablo Micheli, a las que se suma la CGT de Luis Barrionuevo convocaron a una marcha el 19 de diciembre. El llamado es contra el impuesto al salario, la universalización de las asignaciones familiares y el 82% móvil, tres demandas muy sentidas por la clase obrera.También reclaman por los fondos adeudados a las obras sociales.

La contundencia del parazo del 20N mostró la disposición a la lucha de un amplio sector del movimiento obrero. Pero el gobierno no dio ninguna respuesta y despotricó contra los trabajadores y sus demandas e incluso acusó de “caranchos” a los jubilados que reclaman por vía judicial un derecho elemental, el 82% móvil. El gobierno “(anti) nacional y (anti) popular” se financia con el dinero de los impuestos que afectan al salario y con la plata de nuestros jubilados. El Banco Central y la ANSES son los principales financistas de un gobierno que continúa con el pago de la deuda. En octubre pagó $4500 millones sólo por los intereses de la deuda, de los cuales $3.500 los tomó “prestados” de la ANSES. Mientras tanto, para los jubilados, el gobierno impulsa burdas maniobras judiciales, “recusando” jueces para evitar que avancen las causas por el 82% móvil. 
El descontento que se generaliza entre los trabajadores es lo que obliga a estos dirigentes sindicales a llamar a la movilización. Aunque el horario de la convocatoria (18 hs.) y sin un llamado a paro conspira contra la participación masiva de trabajadores de los gremios convocantes. Más allá de los objetivos políticos de Moyano y Micheli y ni hablar de impresentables como Barrionuevo, hay que aprovechar la movilización para impulsar la lucha y la participación independiente de los trabajadores por sus propias demandas. Mientras los convocantes no cambien el carácter de la movilización (por ejemplo diluyendo el peso de los sindicatos o dándole más protagonismo a sectores patronales), el PTS y las agrupaciones clasistas de las que formamos parte convocamos a marchar con un Polo Antiburocrático y de la Izquierda. Exigimos que se llame a un paro para fortalecer la movilización, que debe continuarse con un plan de lucha discutido en la base de todos los sindicatos.

7D: Crisis y contraataque

El gobierno perdió el apoyo de las clases medias como expresó el 8N. El paro general mostró la ruptura de una parte de la clase trabajadora. CFK fue inflexible con el movimiento obrero que fue a la huelga, pero ensayó una respuesta (de dudosa efectividad) que “dialoga” con las demandas de la clase media, tomando la agenda de la “seguridad” y poniendo cámaras en los barrios ricos de la Capital. La debilidad en la que se encuentra el gobierno, golpeado desde varios flancos, lo llevó a lanzar un contraataque con la virulenta campaña contra Clarín. Sin embargo, la declamada “desmonopolización” se viene revelando como una farsa. El mismo Sabatella presentó como un ejemplo de “desinversión” el plan presentado por el grupo UNO (de los empresarios Vila y Manzano) que dividieron sus empresas…entre sus mismos familiares (pág. 4). El resto de los grupos capitalistas que controlan los medios de comunicación (incluido Clarín) podrían imitar esta “desinversión” trucha.
La batalla es esencialmente política. Todas las maniobras judiciales y discursivas con las que golpea el gobierno tienen el objetivo de evitar la disgregación de su base social en un momento de crisis. Para los K es una cuestión de vida o muerte para no retroceder aún más. Ahora, ante la movilización del 19D, vuelven a la carga afirmando que la convocatoria es un “bochorno” porque se hace en el aniversario de las jornadas del 2001, en las que efectivamente no estuvieron y fueron boicoteadores Moyano y Micheli... al igual que los aliados del gobierno de la CGT Balcarce, como el buchón de la dictadura Gerardo Martínez. El primer “bochorno” es que reivindique el 19 y 20 un gobierno que es la negación misma de aquella gesta y que vino a restaurar el orden y la autoridad de este Estado.

Peleas por la sucesión y crisis de la burocracia sindical K

La crisis política por la falta de sucesores kirchneristas, la desaceleración económica y el inicio de una crisis fiscal precipitan la interna peronista y las peleas con los opositores patronales “presidenciables”, mientras juegan con fuego impulsando conflictos por abajo. Entre los opositores, Macri pretende mostrarse más inflexible, como parte de su “perfil” hacia el 2015 y lanzó un ataque en regla contra los trabajadores del subte. El kirchnerismo que tanto habla de la lucha contra la derecha terminó entregando la gestión del subte al macrismo que, como era de esperar, inauguró su gestión con un ataque antiobrero. La mayoría de la directiva del nuevo sindicato de los metrodelegados, que había llamado fanáticamente a carnerear el paro del 20N, llamó a la lucha contra Macri. Es indiscutible la necesidad de enfrentar el plan de Macri, pero esto debe hacerse de manera independiente del gobierno K, que además tiene entre sus aliados de la CGT “Balcarce” a los patoteros de la UTA. Esa es la perspectiva que plantea nuestra agrupación y Claudio Dellecarbonara, el principal referente del clasismo en el Subte. (pág. 3)
En Córdoba las conducciones K de los gremios estatales (como los docentes) que también carnerearon el 20N, “retomaron” la lucha contra De la Sota y convocaron a un paro y movilización el 30/11, en el mismo momento en que el gobierno nacional enfrentaba ante la Corte al gobernador cordobés (también lanzado a la batalla por el 2015), para evitar que aplique un impuesto a las naftas. Como bien denunciaron el día del paro nuestros compañeros de la agrupación Docentes D-Base y el PTS, muchos docentes consideraban que tenían que haber parado el 20N y que las medidas de lucha de los dirigentes están subordinadas a las directivas de la Rosada, en sintonía con sus internas políticas patronales. La crisis de estas burocracias ultra-K es una oportunidad para el avance del clasismo.

La marcha del 19D y el aniversario de las Jornadas del 2001

El descontento aumenta contra un gobierno que sostiene el impuesto al salario, niega la inflación que saquea el bolsillo popular, castiga a los jubilados, retoma el programa de “sintonía fina” permitiendo aumento de tarifas, paga la deuda externa y mantiene a gran parte de los trabajadores en negro y precarizados.
En este marco se da la nueva convocatoria de la CGT-Moyano y la CTA-Micheli. Antes del paro, los defensores del gobierno lo atacaron afirmando que era una manifestación “funcional a la derecha”. La contundencia y adhesión de millones de trabajadores a la medida los dejó en ridículo.
La izquierda y los luchadores que fuimos parte de la rebelión del 2001, de la que se pretenden apropiar tanto el gobierno, como la burocracia sindical opositora, vamos a homenajear en este nuevo aniversario a aquellas jornadas en las que cayeron más de 30 compañeros asesinados por la represión y que voltearon al hambreador gobierno de De la Rúa. El próximo lunes 10/12 habrá una reunión de la izquierda para acordar una convocatoria común.
Para nosotros, la nueva marcha que convoca la burocracia sindical, levanta reclamos sentidos por la amplia mayoría obrera y popular y es una nueva oportunidad para que los trabajadores expresen sus reclamos en las calles, como en el 20N, más allá de las intenciones políticas de Moyano que apoya a Scioli, Micheli a Binner o Barrionuevo que apuntala a De la Sota.
Llamamos a movilizar en un Polo Antiburocrático y de la Izquierda, una columna independiente de la burocracia que quiere utilizar la fuerza obrera para proyectos patronales.
Este Polo debe proponer un programa que, partiendo de las demandas elementales de la movilización (contra el impuesto al salario, la universalización de las asignaciones y el 82% móvil) desarrolle las reivindicaciones para lograr la unidad de toda la clase obrera y una alianza con las clases medias empobrecidas. Para sumar a la lucha a todos los precarizados se debe levantar la lucha por acabar con la tercerización y precarización laboral. En lo inmediato hay que apoyar a los trabajadores del subte contra Macri, Cristina y Roggio y plantear la necesidad de la estatización del subte y todas las empresas de transporte privatizadas, bajo gestión de los trabajadores. Se debe imponer el no pago de la deuda externa y la nacionalización de la banca, ponerle “cepo” a los grandes capitalistas fugadores de dólares y otorgar créditos baratos a los sectores populares. Basta de impuestos al pueblo pobre, por impuestos progresivos a los capitalistas. Hay que pelear por terminar con la superexplotación de los peones rurales y expropiar a la oligarquía y a la gran burguesía agraria. No hay que permitir la entrega de YPF a nuevos saqueadores imperialistas y nacionalizar bajo control obrero el petróleo, el gas y la minería. Un programa de este tipo permitiría la verdadera alianza obrera y popular para enfrentar al gobierno y a todas las variantes políticas patronales.
Para no dejar la lucha en manos de la burocracia sindical hay que impulsar una Asamblea Nacional de Trabajadores antiburocráticos, para exigir e imponer la continuidad mediante un plan de lucha que debe discutirse en todas las fábricas, empresas y establecimientos.

martes, 4 de diciembre de 2012

Apuntes de coyuntura: hacia el fin de año y el fin ...de ciclo


1) Defensiva. Luego del 8N y más aún del 20N el kirchnerismo quedó a la defensiva. Su repliegue es directamente proporcional al despliegue de las distintas variantes del pejotismo que apuntan a la sucesión.
2) Internas arriba, conflictos abajo. La propia interna política y el cristinismo entrando en situación de temprano "pato rengo" alientan los conflictos de la coyuntura. El del subte contra Macri (o de Macri contra los trabajadores del subte), el de los gremios estatales de Córdoba (sobre todo los docentes) contra De la Sota y el de La Cámpora contra Peralta en Santa Cruz.
3) Agotamiento. Pero no es sólo la interna política, sino también las consecuencias del agotamiento del "modelo" que tiene su expresión más evidente en el aumento del rojo fiscal. La no suba del mínimo no imponible y el sostenimiento de los topes a las asignaciones familiares, el aumento de las tarifas (para bajar subsidios) retomando el programa de la "sintonía fina", el menor envío de fondos a las provincias (como siempre con "uso discrecional" de acuerdo a la interna) que obliga al aumento de impuestos ("tercerización del ajuste"); son las medidas que toma el gobierno para evitar vaciar la caja que sufre las consecuencias de la desaceleración económica. 
4) Fracaso. Sin embargo, a pesar de sus "esfuerzos", el nivel de subsidios sigue devorando el presupuesto, la factura energética continua a niveles similares a los años anteriores (a pesar de la "semi-nacionalización de YPF y una muy mínima reversión de la situación de los años anteriores) y la dependencia de la financiación del BCRA y el Anses es cada vez mayor. Y la persisntencia obstinada de la inflación, producto también de un combo de contradicciones estructurales (extranjerización, no inversión), completan el fracaso.
5) Karneros. De tanto jugar con fuego, el kirchnerismo está icinerando a las burocracias sindicales adictas, las que más se jugaron a carnerear y defender en la escena pública al gobierno en el paro del 20N. Unos días después fogonean el conflicto del subte (desatado por Macri, que también actúa para el 2015) y el paro de los estatales de Córdoba, el 30N. Las contradicciones evidentes del accionar político de estos dirigentes ultra-K, en función de las necesidades de la Casa Rosada y no de la defensa de los intereses de trabajadores, abren la posibilidad para el desarrollo de los sectores antiburocráticos en esos sindicatos. 
6) Sucesión. La consecuencia política inmediata es la resignación del cristinismo a la "continuidad con cambios" que tiene un nombre y se llama Scioli. Bruschtein lo presentó como "gobierno amigo" y Verbitsky retoma una especie de "teoría del cerco" al revés. Así la continuidad estaría garantizada con el modelo de “cerco” que La Cámpora le hizo, supuestamente con éxito, al gobernador en la provincia de Buenos Aires (ley de countries). Si la teoría del cerco original demostraba la ceguera de los montoneros frente a la derechización evidente de Perón, que era al artífice de su propio cerco; la nueva versión no sólo desnuda las ilusiones infantiles del “Perro”, sino también que después de tantos años no aprendió nada.
7) A derecha. Desde la nacionalización parcial de YPF, que fue el último acto que le permitió cierto efecto centrípeto al gobierno, todas las medidas tomadas fueron a derecha. La batalla del 7D amenaza con floklorizarse más aún, aunque el gobierno haga un acto-festival callejero, moviendo el aparto (después de todo cuentan con el Estado) y  lo presenten como "la recuperación de la calle". Después de la votación de la ley de ART, la nueva (y van) capitulación a los más buitres de los fondos buitres, abriendo la posibilidad de una nueva negociación; la última medida fue la instalación de cámaras de seguridad en Palermo, Belgrano y (ejem...) Recoleta y el discurso de CFK afirmando que "La inseguridad no está vinculada con los sectores de pobreza y abarca a todos los sectores (..)". Recuerda al viejo lema de la derecha argentina que despolitiza la cuestión afirmando que la "inseguridad no es de izquierda, ni de derecha". Relato que oculta que las políticas de "seguridad" de este estado sí tienen un marcado carácter de clase y terminan en el 100% de los casos en la criminalización de la pobreza (y de paso, de la protesta social). Este intento de diálogo con el 8N contrasta con la afrenta gorila contra la clase obrera que paró el 20N. Como afirmó Juan Carlos Torre con respecto a Frondizi, el discurso del kirchnerismo, es su etapa superior "frondizista-frepasista", se mueve "hacia una peligrosa libertad de toda consonancia"
8) La coalición y el cambalache“Los metrodelegados no le permiten a nadie trabajar”, afirmó Roberto Fernandez de la UTA (CGT "Balcarce"), mientras mandaba la patota a enfrentar a los trabajadores del subte. Yasky se solidarizó hoy con “los trabajadores del subte, golpeados por una patota de la Unión Tranviarios Automotor (UTA)”. El secretario de Seguridad, Sergio Berni, habló de “un incidente muy confuso donde la gente de la UTA fue a tomar sus tareas”, y “no los dejaron ingresar la gente de los metrodelegados”. Dicen que todos, en el mismo lodo, son parte del cambalache "nacional y popular", que se hace llamar "proyecto" y que no reprime la protesta y apuesta al desarrollo con inclusión social (ponele).
9) Todos los acontecimientos están inscriptos en el carácter transitorio de la nueva situación que terminó de abrir el 20N, pero de la cual no es el único elemento, aunque sí fundamental. El fin de ciclo económico político, el paro y el "espíritu de escisión" manifiestan que "los de arriba empiezan a no poder y los de abajo a no querer", aunque la no irrupción catastrófica de la economía gradualice los tiempos y los ritmos.
10) Pero no sólo los restos del viento de cola de la economía hacen su aporte a una pasivización cada vez más difícil. Moyano, que era los suficientemente independiente para no poder sostenerse dentro de la coalición, no es lo suficientemente independiente para enfrentarla radicalmente. La "guerra de desgaste" está en función del armado de una nueva coalición peronista, con todas fichas puestas en Scioli y esto determina los límites de su estrategia sindical.
11) Politización. El descontento y la politización recorren todo el escenario social, en el marco de un kirchnerismo que no termina de morir y un sucesión (burguesa) que no termina de nacer. Una situación casi óptima para el reclutamiento y el fortaleciemiento por arriba y por abajo de las fuerzas de la izquierda clasista. A condición de no separar "lo social de lo político", dos esferas que en la propia realidad están más unidas, como consecuencia lógica del (por ahora) gradual fin de ciclo.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Nostalgia - Emily Barker

La australiana Emily Barker musicaliza la intro de la versión inglesa de la serie Wallander (basada en las novelas de Mankell), con la que nos "castigamos" cada tanto con los amigos GP y MCh


Los cables del tranvía cruzan los cielos de Melbourne
Cortando mi rojo corazón en dos

Mis nudillos sangran bajando Johnston street
Golpeando una puerta que no debería estar frente a mí.
A doce mil millas de tu sonrisa
Estoy a doce mil millas de mí misma

De pie en la esquina de Brunswick
Con la lluvia cayendo y mis mejillas llenas de rímel.

Susúrrame palabras con forma de bahía
Resguarda mi amor del viento y de la lluvia.

Vuela, cuervo, sé mi coartada
Llévate esta fábula en tus alas
Llévatela lejos, donde juegan los gitanos
Bajo las estrellas metálicas junto al puente.

Déjame un fuego para que sepa cuál es el camino
Guía mi amor a través de la noche y del día.

Sólo la puesta de sol sabe de mi ciego deseo por lo fugaz
Sólo la luna entiende la belleza del amor
Cuando te atrapa como un halo de nostalgia.