miércoles, 27 de marzo de 2013

"El Ojo Mocho" y las paradojales muertes del kirchnerismo


Después de escribir "Muerte y transfiguración del Kirchnerismo...", comenzamos a leer el último número doble de "El Ojo Mocho", segunda época. Allí en la sección "Diálogos", los editores de la revista, Alejandro Boverio (AB), Darío Capelli (DC) y Matías Rodeiro (MR), entrevistan (y dialogan) con Nicolás Prividera (NP), director de las películas "M" y "Tierra de los Padres" e hijo de desaparecidos. Todos se ubican desde la defensa o el apoyo crítico al kirchnerismo, sin embargo Prividera hizo algunas observaciones filosas sobre las dinámica y las contradicciones del proceso político y sus posibles fines (o muertes). Publicamos un fragmento de la entrevista. 
(en negritas los entrevistadores, como está en la revista)

AB: Bueno, pero en términos de discurso me parece que es una construcción que hace a un proceso político visible, el de construir una identidad, digo. Y en la inteligencia me parece que todos estamos expectantes de esta situación que es frágil, me parece que nadie aquí, o por lo menos yo, está tranquilo frente a una situación en donde el único horizonte posible podría ser una reelección de Cristina. En eso mismo se anuncia el fin de lo más interesante que pude tener el kirchnerismo...

NP: Yo creo que hay muchas maneras de pensar el fin del kirchnerismo. Lo que no podemos hacer es dejar de pensarlo. Yo no creo que los adversarios inteligentes estén pensando en una salida apocalíptica, aunque es obvio que hay quienes prefieren el caos para reinar. Por eso mismo, y porque todo tiene un final, al menos en cuanto a re-reelección, habría que pensar en cual sería el mejor fin del kirchnerismo. Pero a mi me parece que justamente el problema, empezando por la oposición, es no poder pensar el fin del kirchnerismo. Por eso la crispación. En cambio, el peronismo apuesta comno siempre a la integración, al reacomodamiento de fuerzas. El peronismo es así, ya lo sabemos: a rey muerto, rey puesto. ¿El sciolismo sería el fin del kirchnerismo?

AB: Yo creo que sí. Al menos sería el fin del kirchnerismo entendido como un proceso de apertura, en un sentido de emancipación...

DC: Tampoco está mal tratar de pensar el fin del kirchnerismo desde otro lado, por izquierda, si querés.

NP: No, claro. De hecho el fin del kirchnerismo puede ser el inicio de otra etapa, ojalá fuera también el fin del PJ como estructura de poder. Pero tal vez eso sea difícil de imaginar...

AB: Absolutamente. Ahora, cuando vos planteas en algunos textos, una crítica muy fuerte al peronismo, y planteás que nada nuevo, ni interesante, ni realmente emancipador puede surgir del peronismo, ahí eventualmente yo comparto. Y yo lo que veo es que la mayor o la mejor expresión del kirchnerismo, su desafío, es la construcción de un gran frente social y político...

NP: La vieja transversalidad, digamos. Yo creo que el ala izquierda del kirchnerismo, sigue soñando con salirse del PJ, pero el ala derecha los convence, quizá con razón, de que las condiciones objetivas no están dadas... Lo que es un gran problema, porque a partir de ahí no se puede sino retroceder: o sea, el peronismo se termina de comer al kirchnerismo. Paradójicamente, sólo gracias a los golpistas el kirchnerismo podría durar tanto como el peronismo, pero por suerte no habrá otro 55. Así que, en un punto, paradójicamente el mejor fin posible del kirchnerismo, en términos institucionales, tal vez políticamente sea el peor. Pero si se diluye en el sciolismo habrá demostrado que era sólo una astucia más de la razón peronista, como lo fue el kirchnerismo para el menemismo. Y yo creo que algunos de La Nación lo terminaron de entender después de 60 años, y saben que no pueden gobernar sin el peronismo: por eso apuestan al peronismo "bueno". Lo único que quieren es uno que no discursee tanto. Lo quieren a Scioli, a Scioli no lo van a odiar. ¿Cuáles son las opciones? Porque Macri tampoco va a ganar. Ahora, el problema, a largo plazo, es que de Scioli pasemos a Macri...

AB: No es muy diferente Macri de Scioli... 

NP: Bueno son como Obama y Romney...Siempre va a ser menos brutal el moderado, aunque más no sea para guardar las formas de las viente verdades, o porque no va a poder ir para atrás con todo. Creo que el punto es no terminar contribuyendo a ese retroceso. Porque un día muchos kirchneristas se van a encontrar votando a alguien como Scioli, algunos van a hacer ese trasvase tranquilamente, y otros hasta lo van a hacer contentos de no estar peleando todos los días con Clarín.

AB: Pero no creo que el kirchnerismo termine apoyando a Scioli, va a tener su candidato...Digo, no creo que vaya a entregar, en algún sentido, así como así, lo que construyó hasta ahora, y el mayor desafío del kirchnerismo hoy es trasvasar los límites del peronismo, olvidarse el peronismo.

NP: Si no lo hizo cuando estaba en la cresta de la ola, ya no lo va a hacer, ya no lo puede hacer, ahora menos que nunca. Porque ahora más que nunca andan con el "manual de conducción política", abajo del brazo, y saben que para seguir necesitan del PJ, no veo como ahora irían a dar ese salto que antes no se animaron a dar. Y si no lo hicieron ellos no se quien lo va a hacer. Ésa era la gran ruptura con el posibilismo, más que con la derecha tradicional. Escaparle a la ratio peronista. Y ese posibilismo final puede ser lo que termine siendo su gran derrota histórica: encarnar finalmente una izquierda peronista instirucionalizada... Porque tal vez el sciolismo no retroceda tanto, lo que demostraría que este gobierno no fue tan a fondo.

AB: Yo no quiero hacer profetismo, no sé si lo hará o no, puede que no. Pero me parece que el gran desafío del kirchnerismo es trasvasar el peronismo. Si no lo hace, evidentemente el kirchnerismo va a terminar muriendo.

NP: No, no, va ser peor que terminar mueriendo: va a ser un muerto vivo dentro del peronismo.

Si él lo dice... Sin embargo, los "dialogantes" no contaban con la astucia, no ya de la razón peronista en general, sino del pragmatismo de Cristina, para pejotizarse y sciolizarse de la mano del papismo franciscano, con un nuevo relato acorde a la metamorfósis.

martes, 26 de marzo de 2013

Muerte y transfiguración del kirchnerismo (del Nac&Pop al "papismo")


"Da la impresión que el papismo es el único horizonte para pensar la Argentina", afirmó Horacio González. Una voz disonante, y sólo por ese hecho destacada entre las escasas excepciones que optaron por cierto grado de coherencia frente al "panquequismo" de una amplia mayoría del kirchnerismo, luego del nombramiento del nuevo papa.
El punto es descifrar, y sobre todo traducir a política profana, qué significa ese papismo que inunda y ahoga de reaccionarismo la coyuntura nacional. Seguramente implica una (re) moralización de los representantes de la "nación católica" y su pase a la ofensiva, que hasta puede llegar a ser violenta. Quizá también un renacer de los prejuicios y esperanzas religiosas mezclados con el chovinismo nacionalista por el hecho de poder encumbrar a "Francisco" junto Maradona, Messi y Máxima en el podio de los "argentinos que llegaron y triunfaron".
Pero el dato más significativo, políticamente hablando, fue el giro de Cristina Fernández para decretar la muerte y transfiguración del kirchnerismo.
Efectivamente, la táctica, las condiciones y los tiempos para realizar el giro fueron las oportunas, con el oportunismo que demostró a lo largo de su historia sólo el peronismo, el "movimiento de los principios móviles".
Bergoglio necesitaba convertirse en "Francisco" para cumplir la función "restauradora" de la Iglesia. Había que borrar del pasado su complicidad con la dictadura y su amparo posterior a curas abusadores u otros que fueron mucho más que cómplices de los genocidas, bendiciendo sus hechos aberrantes y moralizando la matanza. Qué mejor que llevar adelante la conversión de la mano del "gobierno de los derechos humanos", "de los hijos de las madres", de una representante de los "gobiernos latinoamericanos". Qué mejor que abrirle las puertas al gobierno "nacional y popular", para  que haga su aporte infame y perverso al maquillaje de la inmundicia vaticana.
Para Cristina, significaba una forma de recuperar hegemonía...hacia la derecha. Frente a las tendencias más lentas o más rápidas de un "fin de ciclo", con el agotamiento económico y la encerrona de la crisis de sucesión, el "borocotismo" ideológico fue una buena opción.
El mensaje puede ser ¿Para qué quieren a Scioli, si yo misma puedo "sciolizarme"? Aparte a Scioli le estamos dando su merecido.
Después de la cumbre en Roma vino el relato de la reconciliación, del diálogo, de la "unidad nacional", en síntesis, del papismo bergogliano, el nuevo e incómodo horizonte de la Argentina cristinista.
El relato del consenso de la "línea aire y sol, siempre para adelante", como caratuló el Turco Asís al sciolismo. Es la obsesión por el “consenso” deliberadamente reinterpretado como resignación ante el establishment; la falsa idea de que la política es un espacio puramente “deliberativo” en el que está ausente la dimensión del poder. El nuevo relato es la negación de ese ethos conflictual que reivindicaba como fundante y vital del kirchnerismo el "intelectual" oficialista paladar negro.
En otras oportunidades hemos descrito los matices de la fase cristinista del proceso restaurador, este giro hacia el papismo podía inscribirse como una de las alternativas para su coronación. El kirchnerismo en su fase adulta, madura, moderada, "consensual"...sciolista; para una nueva Argentina católica y peronista.
Y como alguna vez afirmamos, los matices tienen menos que ver con las personalidades diferentes de Nestor o Cristina, que con la función y el rol que tuvieron que cumplir para la tarea restituir el orden en el anárquico fin del mundo de principios de siglo.
El giro hacia el papismo cierra el ciclo del gobierno de la "contención" que ya había incluido maniobras y giros anteriores: el fin del "nunca menos" y el ajuste propio o tercerizado (con el salario como blanco predilecto) y la alianza con el pejotismo para encolumnar a gobernadores e intendentes de los grupos Gestar y Santa Teresita.
Este papismo vuelve a la coyuntura muy reaccionaria, todo lo reaccionaria que la relación de fuerzas y el inestable equilibrio económico le permiten ser. El "opio de los pueblos", mixturado con el chovinismo nacionalista, y ambos declamados por casi todo el arco político argentino, son un factor actuante y pesan en la determinación, por lo menos, de la coyuntura. ¿Sólo de la coyuntura?
El límite es la relación de fuerzas más general y el agotamiento del "modelo" con la crisis del dólar tan sólo como una manifestación más. Esto abre las hipótesis del desbarranque económico y sus posibles consecuencias o, de mínima, la continuidad del fin del "nunca menos" en momentos en que las paritarias recién están comenzando con duros conflictos en Neuquén y Buenos Aires. La lucha de clases puede venir a cortar, como el "Flaco" Schiavi, con tanta dulzura papal. Si hay ataque al movimiento obrero, no hay papismo que valga.
De la evolución de estos factores (la economía y la lucha de clases) dependerán la extensión de la coyuntura y los ritmos de la situación general.
Mientras tanto se trata de combatir consecuentemente tanto al papismo derechista, como a la impostura que deja en evidencia el neopapismo del cristinismo pejotizado. Y salir a la conquista de la juventud y los movimientos que luchan por los derechos democráticos, frente el default de un progresismo en franca quiebra política.  

domingo, 17 de marzo de 2013

Francisco ¿reformista o restaurador? Bergoglio y el jesuitismo kirchnerista




“Los jesuitas fueron indudablemente los principales artesanos de este equilibrio, y para conservarlo, imprimieron a la Iglesia un movimiento progresivo que tiende a dar ciertas satisfacciones a las exigencias de la ciencia y la filosofía, pero con un ritmo tan lento y tan metódico que las mutaciones no se perciben en la masa de los simples, aunque parezcan “revolucionarias y demagógicas a los integristas” 
(citado en HUGUES PORTELLI, 
“Gramsci y la cuestión religiosa. Una sociología marxista de la Religión)

El encumbramiento del Papa "Franciso" en la cúspide de la Iglesia Católica despertó un sin fin de polémicas a nivel mundial. En la Argentina abrió brechas inesperadas en el debate político e ideológico e indiscutiblemente se convirtió en un hecho que cambió el escenario.
La "operación Bergolgio" puso sobre la mesa la pregunta sobre su función: ¿reformista o restaurador?. Una pregunta mal formulada porque parte de la premisa de que existe una contradicción absoluta entre esos términos. Podríamos dar una respuesta anticipada y sentenciar, como afirmamos en relación a otros fenómenos similares, que en tanto reformista para los cánones actuales de la Iglesia, restaurador. 
Acordamos con los análisis que separan por lo menos tres niveles para pensar el fenómeno: a) El nivel "endógeno" propio de la Iglesia y su "crisis orgánica", b) el geopolítico mundial y latinoamericano y, por último, c) la gravitación que potencialmente pueda tener en la política argentina.
a) A nivel interno y de los problemas y desplazamientos dentro de la propia Iglesia, Bergoglio, ahora Francisco, viene a representar el emergente de una crisis. Metafóricamente podemos llamarla una "crisis orgánica" que combina una crisis económica-financiera, política y moral ("del estado en su conjunto"), que llevó a una cierta escisión entre representantes y representados. En términos más históricos, y geográficos los bastiones de la Iglesia Católica mutaron: hubo un importante retroceso en Europa, un avance en Asia, pero no lo suficiente para convertirse en un nuevo centro de gravedad y mayor fuerza en América, pero donde hace un tiempo venía sufriendo un drenaje. Entonces el primer motivo es lograr cierta convergencia entre la cúpula y su propia base social y obturar esa pérdida de fieles hacia otras religiones. Pero además, con el perfil "austero" y "social" de Bergoglio, siempre medido en términos relativos con respecto a sus competidores dentro de la Iglesia, se intenta una regeneración moral y un operativo lampedusiano a golpes de gatopardismo ("cambiar todo para que nada cambie"), con los tiempos jeusíticos que describe Gramsci en la cita del epígrafe. Según el teólogo Hans Küng “asumirá una posición más reformista que la del papa anterior (Benedicto XVI)” y que “no hará una revolución, sino que realizará reformas lentamente”. Todo esto combinado con gestos kirchneristas o más específicamente "nestoristas", contra el protocolo y de acercamiento "a la gente", un lenguaje "popular" y mucha demoagogia. Por lo tanto, al igual que el kirchnerismo y con todas las diferencias específicas (que son muchas y entre las principales que el "estado" Vaticano no es como cualquier estado nacional); su reformismo es para cumplir un rol restaurador. Algunos entusiasmados empiezan a exigir que no se limite al "kirchnerismo" y avance hacia un "chavismo", cambiando el régimen con un nuevo concilio, es decir cambiando la constitución misma de la Iglesia actual, perspectiva que hoy parece la menos probable.
El primer interrogante es si va a poder llevar adelante con éxito esta operación maquillaje y recuperar la muy desprestigiada autoridad de la Iglesia. Y más en general esta crisis de la Iglesia y el intento del fin de la "teología de la ostentación", expresa el fin de la época de la restauración y el neoliberalismo y el retorno de los conflictos sociales, la lucha de clases e incluso los procesos revolucionarios. La Iglesia debe aggionarse si pretende cumplir su clásico y pérfido rol de contención en los nuevos tiempos violentos que comienzan a configurarse.
b) En el plano geopolítico latinoamericano, la comparación que inmediatamente surgió  de parte de quienes defienden a los gobiernos llamados "pos-neoliberales", es con Karol Wojtyla-Juan Pablo II y su papel activo para empujar la restauración-contrarrevolución capitalista en Polonia y el conjunto de los ex-estados obreros (llamados "comunistas"). Lech Walesa, el fundador del movimiento sindical Solidaridad que llegó a movilizar a 10 millones de personas contra el régimen polaco, declaró alguna vez ante Associated Press: "Sabemos lo que el Papa ha logrado. Le corresponde el cincuenta por ciento del colapso del comunismo". Contra la jactancia burocrática de Stalin que, según cuenta Churchill, habría preguntado algunas vez "¡El Papa! ¿cuántas divisiones tiene?"; la realidad es que el papel de Juan Pablo II fue importante desde el punto de vista simbólico y moral. Pero actuaba sobre un terreno de descomposición de las relaciones sociales, políticas y morales que el stalinismo había provocado en las formaciones sociales de los ex-estados obreros. Para que que pudiera hacerse realidad la consigna lanzada en Polonia por Wojtyla, un año después de ser electo Papa y que llamaba a "renovar la faz de la tierra"; fue clave el rol del estalinismo que allanó el camino a la restauración, a la que la Iglesia le dio cierta ideología y moral. La desmoralización generada por el estalinismo en estas sociedades y su rol aberrante en el desprestigio de la idea de la revolución y del comunismo, fue al ariete para moralización religiosa impulsada por la Iglesia.
América Latina puede tener algunos puntos en común, pero muchas diferencias con este proceso. Empezando porque en ninguno de los países de nuestro continente se cambiaron las relaciones sociales capitalistas, a excepción de Cuba que está en un abierto proceso de restauración. 
La relación entre la Iglesia y los regímenes de los gobiernos "pos-neoliberales" es mucho más de diálogo u oposición que de contradicciones abiertas. Prácticamente todos los gobiernos, incluido a uno de los más "radicales" (Venezuela) que hizo a la vez la interpretación más bizarra (Maduro), saludaron la asunción del "Francisco" y el perfil "social" y "humilde" que el operativo ideológico-político mundial quiere resaltar del nuevo Papa, casi transformando al mismísimo Bergolgio en un progresista. Hasta en Cuba se reestablecen los vínculos con la Iglesia en una relación directamente proporcional a los avances de la restauración.
Si "Francisco" logra recuperar la autoridad de la Iglesia (cosa para la que hay que "esperar y ver"), puede convertirse en un baluarte estratégico para las burguesías, pero no necesariamente en oposición total a los gobiernos del llamado "populismo" latinoamericano y actuando como factor "destituyente" de esos gobiernos. 
c) Finalmente y relacionado con lo anterior está el significado del hecho para la Argentina. En principio que un opositor al gobierno llegue a la jefatura de la Santa Sede no fue una buena noticia para el cristinismo. La oposición de derecha, mediática y política y hasta sus expresiones más recalcitrantes, levantaron cabeza y obtienen cierta fuerza moral para pasar a la ofensiva. La "Tribuna de doctrina" está exultante y quiere largar la "guerra santa" contra el populismo montonero.
En el gobierno dividió aguas entre las dos almas del kirchnerismo. El pragmatismo peronista salió a festejar al "Papa, argentino y peronista"; mientras que el "progresismo" gorila se espanta y vuelve con ciertas pinceladas de sus mejores años críticos, denunciando la comprobada complicidad de Bergoglio con la dictadura y el amparo hacia genocidas y pedófilos que mantuvo como jefe de la Iglesia.
Antes que el "gobierno de los derechos humanos" es el gobierno del desvío y la contención, por eso los progresistas vuelven a practicar su deporte preferido: la desilusión.
En la coyuntura, la vida espiritual de la nación está empapada de una mezcla de religiosidad con cierto chovinismo nacionalista (ambos distintos, pero con un mismo carácter ideológico, en el sentido marxista del término), un clima reaccionario y clerical. Hay cierta unidad nacional cargada de ilusiones que van desde quienes esperan milagros literales, hasta los más mundanos que piensan en las ventajas geolpolíticas y hasta económicas de contar con un Papa argentino al frente del Vaticano (ambos no se dan cuenta que a Bergoglio lo nombraron Papa de una Iglesia en crisis...no Dios).
Más a mediano plazo pueden abrirse varias hipótesis. Una es que el gobierno gire a la derecha "capitulando" (más) ante la Iglesia, y que la reunión de este lunes de Cristina con Bergoglio sea el inicio de una fumata blanca y se deje a la izquierda progresista cumpliendo su rol ecológico y funcional. Otra es que comience un enfrentamiento y alguna tendencia hacia los extremos, porque Francisco devuelva favores contra el kirchnerismo y apuntale de esa manera a la oposición patronal. En el primer caso se abrirá un espacio a la izquierda del gobierno, que coronaría su giro a la derecha en lo social (ataque al salario obrero y ajuste) con un giro a la derecha ideológico, lo que dejaría planteada la pregunta ¿qué queda del gobierno de desvío?. En el segundo caso se abriría una dinámica de crisis política y de polarización.
Para la izquierda, más allá de la repugnancia del clima que tiñe la coyuntura, ante el envalentonamiento de las derechas, se abre una oportunidad para enfrentarla abierta y consecuentemente (cosa que le está negada "por naturaleza" al progresismo), oponiendo y desenmascarando la demagogia y demostrando que "Francisco"...es Bergoglio, un reaccionario férreo opositor a los derechos democráticos de las mujeres (como el aborto) y de las personas LGTTB, así como cómplice y luego encubridor del genocidio y de curas pedófilos como Grassi. En la juventud, el movimiento estudiantil y el movimiento de mujeres, están planteadas estas batallas a banderas desplegadas. Además de que existe como base una relación de fuerzas y peleas ganadas contra esta institución, que fueron producto de la movilización y las necesidades impuestas al proceso de desvío que también tiene su explicación última en la lucha de clases (2001). Hasta en la Córdoba monacal y conservadora en el año 2010 se dio un proceso de tomas y movilizaciones masivas que fueron más allá de los edificios y adoptaron un programa anti-eclesiástico, contra un artículo de la ley de muy difícil aplicación, lo que demostraba que había una necesidad de manifestar contra esa institución retrógrada. 
Esto puede permitir un salto en la organización militante para que no se de "ni un paso atrás" en los derechos conquistados y se plantee ir por el derecho al aborto, terminar con el sustento a la educación religiosa y separar la iglesia del estado. 
Esto no debe confundirse con la unilateralidad de hacer mecánicamente propaganda antirreligiosa en los sectores obreros o populares que adhieren al catolicismo o conservan un sentimiento religioso, donde se debe explicar pacientemente.
Hacia el 24 de Marzo está planteado ganar la calle contra el golpe militar-eclesiástico y empresarial. Todas banderas que, frente al progresismo que se divide entre ser el ala izquierda de quienes apoyan a "Francisco" (los "Libres de escrúpulos" mas que del Sur, como bien los caratuló el amigo AL o el MST) y por otro lado los tragasapos e impotentes progresistas K; banderas que en última instancia sólo la izquierda revolucionaria está dispuesta a llevar hasta el final.

martes, 12 de marzo de 2013

Chavismo y cristinismo en el presente argentino y latinoamericano


El agotamiento del "modelo" profundiza la "ortodoxia"
En un interesante artículo del último número de Le Monde Diplomatique, el economista Rubén M. Lo Vuolo realiza un compendio bastante completo de los índices y tendencias  que certifican la indiscutible crisis del "modelo" económico argentino, que no es sinónimo de hundimiento, pero sí de agotamiento. Afirma que "lo cierto es que poco queda del régimen macroeconómico posterior a los primeros años posteriores a la crisis del 2001-2002. En aquella etapa, la economía funcionaba con tipo de cambio alto, precios relativos favorables a la competitividad, superávits gemelos (fiscal y externo), política monetaria atenta a la absorción de base monetaria e inflación moderada. Casi todos estos elementos hoy han desaparecido".
Las condiciones excepcionales que "neutralizaban" relativamente la inflación en los primeros años kirchneristas (congelamiento de las tarifas, amplia capacidad ociosa e incluso el enorme abaratamiento salarial) fueron agotándose con el tiempo y se acumularon factores que impulsaron y retroalimentaron la inflación, con un salto en calidad en los últimos años. 
Junto con el desarrollo de la inflación, comenzó un proceso de fuga de capitales que se inició en el 2007 y se mantuvo constante hasta el 2010. El tipo de cambio multilateral (la relación de cambio con las monedas de los principales socios comerciales), a fines del 2008 estaba apreciado un 25% con respecto al 2006, para dar sólo un ejemplo del cambio de las condiciones del los precios relativos. El creciente déficit energético (que conlleva implícito una gran carga fiscal) y la fuga de capitales tuvieron como respuesta el control cambiario y la restricción de las importaciones, medidas hechas "a lo Moreno". Esto derivó en la disparada del dólar paralelo y empujó la desaceleración económica que terminó en el frenazo del 2012. Más en general, luego de 10 años de gobiernos kirchneristas, se mantiene el carácter primarizado de la economía con una prácticamente nula inversión que impide ampliar cualitativamente la capacidad productiva, una de las causas más estructurales de la inflación. 
Estos límites generales del "modelo" están llevando necesariamente a medidas de ajuste claramente "ortodoxas". Presiones para el cepo en las negociaciones paritarias, el dato objetivo del retroceso de la participación de los asalariados en el reparto de la renta nacional en los últimos años es una confirmación de cierto éxito de esta política (después de la caída abrupta del 2002, donde con la devaluación cayó casi al 30% la participación de los asalariados, en 2007 llegó al 37,5%, en el distorsionado 2009 subió al 40% en el marco del estancamiento de la economía, para luego retroceder al 37,6% en 2011. Siempre lejos del "fifty-fifty" del que, casualidad, ya no se habla más). La mayor presión impositiva sobre el salario con el impuestos a las ganancias, el recorte y la disminución de los beneficios como las asignaciones familiares configuran una política de ajuste más o menos clásico. Finalmente las presiones para recortes fiscales hacia las provincias con el método de la "tercerización" derivaron no sólo en aumento de impuestos, sino también de tarifas (el más reciente fue el subte). Todo esto combinado con los aumentos tarifarios nacionales complementan una orientación general hacia el ajuste del bolsillo popular. 
Estas contradicciones estructurales están en la base de las tensiones políticas del gobierno con los que forman parte de su coalición y con su propia base social. Con ambos la relación es mucho menos "consensual" y mucho más "coaccional". Hay un chantaje político hacia los gobernadores e intendentes con un "bonapartismo de caja" degradado; y un chantaje social y económico hacia los trabajadores para que acepten los ajustes salariales (y de los otros) a cambio de "mantener el empleo" ("si no miren Europa"), ese nuevo "relato" llevado hasta el final estuvo entre los pilares fundamentales de la ortodoxia neoliberal.
La resultante no es solamente que el gobierno no encanta (el último "encanto fugaz" fue la seminacionlización de YPF), sino que alimenta un inicio de escisión de la clase obrera con el gobierno, del cual las tortuosas relaciones con la burocracia sindical son una manifestación deformada.
La incógnita, en este marco, es el desarrollo de las paritarias que recién comienzan y donde la negociación docente se está volviendo peligrosa en la provincia de Buenos Aires (además de Neuquén y otras), determinada por los problemas fiscales generales y por la interna peronista. 

Internas, política y el fenómeno Chávez
En la paritaria docente de PBA el diablo de la interna vuelve a meter la cola, demostrando que la crisis de sucesión se desliza hacia el "jugar con fuego" de la movilización callejera de trabajadores, de huelgas y paros. La negociación en la provincia de Buenos Aires está tomando una dinámica hacia "crisis del aguinaldo" de consecuencias impredecibles tanto para el gobierno de Scioli, como para el gobierno nacional (por aquella paráfrasis que se impuso como conclusión después de la crisis anterior y que afirma que "todo lo que es malo para provincia de Buenos Aires, es malo para el gobierno nacional").
Sin embargo, al margen de la resolución (o profundización) de estos conflictos, si las crisis estructurales que sufre el gobierno no se "pasan a valores" de un mayor retroceso político es por la impotencia de una oposición patronal con una desubicación histórica. 
Que uno de los principales referentes de la oposición, que se ubicó segundo en la  última elección presidencial (Binner), haya salido a declarar en medio de los funerales de Chávez y la conmoción latinoamericanca que él hubiera votado a Capriles en Venezuela, no es sólo una muestra del gorilismo genético del socialismo criollo sino también de su nulo olfato para el "oportunismo" político. Con la cuestión de la AMIA no cumplieron mejor papel y sólo con la denuncia por el espionaje del "Proyecto X" (surgida desde la izquierda) pudieron generar cierto impacto. Una evidencia más de que en el marco de las relaciones de fuerza actuales, el golpe debe ser "por izquierda", como lo hicieron los familiares de Once a un año de la masacre.
El kirchnerismo se entusiasma con el "efecto Chávez" y algunas razones tiene, siempre que se comprenda su justa medida. En primer lugar hay una diferencia con el "efecto Néstor", cuando paradójicamente la muerte de kirchner aportó a la sobrevida del kirchnerismo. Los efectos "mitificantes" de la muerte se combinaron en la Argentina con un crecimiento económico extraordinario (empujado por la recuperación mundial) en 2010 y 2011. La espectacular diferencia con el segundo en las elecciones del 54%, fue el producto también de la ubicación "piñón fijo" a la derecha de la oposición patronal. En Venezuela y en un marco mundial recesivo, estas condiciones son de difícil repetición, aunque el "haber" del que parte el chavismo es mayor del que partía el kirchnerismo, ya que el proceso de desvío fue más profundo en Venezuela, cambiando el régimen y adoptando rasgos de "bonapartismo sui generis". Pero el chavismo sin Chávez deberá lidiar con las contradicciones materiales de una economía en crisis, en un mundo en crisis que no se hunde en el abismo, pero tampoco encuentra recuperación en el horizonte. Condiciones que el "mito" les puede permitir sobrellevar en un primer momento pero que tenderán a emerger con el paso del tiempo.
El cristinismo puede usufructuar haber sido un aliado central de Chávez para adornar su giro a la derecha con un baño de "chavismo", pero el fortalecimiento político es más bien frente a las desilachadas derechas latinoamericanas, frente a las "tribunas de doctrina" del continente que están a la defensiva en la actual relación de fuerzas. No necesariamente fortalece a los "bonapartismos" frente a la izquierda o para lanzar ataques hacia el movimiento de masas como en muchos casos (y especialmente en la Argentina) le imponen las circusntancias, aunque moderados en la medida de lo posible por las necesidades políticas de un año electoral.
Sin embargo, visto el fenómeno dialécticamente, la simpatía popular por el "antiimperialismo" de Chávez (que puede transformarse en lo inmediato en ilusas esperanzas hacia el kirchnerismo y fortalecerlo en la cuyuntura), contiene y alimenta justas aspiraciones de enfrentar los mandatos imperiales, cosa que ni el propio Chávez lograba hasta el final y mucho menos el "engendro" cristinista. Diferenciar las sanas aspiraciones de las ilusiones que contiene la simpatía con Chávez es elemental para el diálogo político de la izquierda revolucionaria y socialista que debe poner en la mesa su programa y su perspectiva verdaderamente antiimperialista, contra los límites de los "nacionalismos burgueses" y mucho más contra el cipayismo kirchnerista.

América Latina, escisión y clase obrera
Luego de una década promedio de gobiernos "pos-neoliberales", lo nuevo son los comienzos de ruptura y cierta experiencia de una recompuesta clase obrera. Bolivia y Argentina, con la fundación inicial de un "Instrumento político de los Trabajadores" o el pase a la oposición de sectores del movimiento obrero, son las muestras más elocuentes de un proceso inicial que también había comenzado a expresarse en Venezuela y en otros países.
Si hay algún bloqueo al avance de la conciencia es de carácter muy parcial en Venezuela y mucho más "gasesoso" en el resto de los países latinoamericanos. 
Además, como lo demuestra la historia (y la trágica experiencia argentina que tiene "mitos" como para hacer dulce), ni los "mitos" pueden ser inmunes a la incursiones despóticas de las crisis del capital y por consecuencia a la irrupción violenta de la lucha de clases. 
Por lo tanto, se trata de "desmitificar" las historia con la critica paciente y acompañando la experiencia política y en la lucha de clases; a la vez que avanzar en construir la organización política revolucionaria nacional e internacional que permita gravitar en los momentos decisivos que los avatares del presente solamente pre-anuncian.

martes, 5 de marzo de 2013

Las ideas no caen del cielo


"El Violento Oficio..." nunca presentó oficialmente el blog que abrimos junto al amigo Juan Dal Maso de "Los Galos de Asterix". Aprovechamos el segundo posteo para presentar a "Las ideas no caen del cielo". En este post, unas reflexiones en torno a la cuestión del Frente Único y la Hegemonía, en debate con una ponencia del fallecido teórico de la ex-LCR, luego NPA, Daniel Bensaïd.