lunes, 15 de abril de 2013

Venezuela, las elecciones y la relación de fuerzas


En este post escrito luego de la muerte de Chávez decíamos "El kirchnerismo se entusiasma con el "efecto Chávez" y algunas razones tiene, siempre que se comprenda su justa medida. En primer lugar hay una diferencia con el "efecto Néstor", cuando paradójicamente la muerte de kirchner aportó a la sobrevida del kirchnerismo. Los efectos "mitificantes" de la muerte se combinaron en la Argentina con un crecimiento económico extraordinario (empujado por la recuperación mundial) en 2010 y 2011. La espectacular diferencia con el segundo en las elecciones del 54%, fue el producto también de la ubicación "piñón fijo" a la derecha de la oposición patronal. En Venezuela y en un marco mundial recesivo, estas condiciones son de difícil repetición, aunque el "haber" del que parte el chavismo es mayor del que partía el kirchnerismo, ya que el proceso de desvío fue más profundo en Venezuela, cambiando el régimen y adoptando rasgos de "bonapartismo sui generis". Pero el chavismo sin Chávez deberá lidiar con las contradicciones materiales de una economía en crisis, en un mundo en crisis que no se hunde en el abismo, pero tampoco encuentra recuperación en el horizonte. Condiciones que el "mito" les puede permitir sobrellevar en un primer momento pero que tenderán a emerger con el paso del tiempo".
Y el efecto del "mito" Chávez no alcanzó para darle un tranquilo triunfo a Maduro en las elecciones donde estuvo cerca del empate técnico. El mismo factor del que sacaba su fuerza Chávez, el poder personal de su arbitraje bonapartista, se convirtió en la mayor debilidad para el chavismo; y con esto no hace más que confirmar la ley histórica que determina al bonapartismo en general. Y en esta ley entran también los bonapartismos que adoptan rasgos sui generis, que como afirma Novack, sólo dan una "solución a medias a la crisis del orden burgués", aunque esa solución dure 14 años en los que no se cambió la dependencia de la nación ni sus profundas contradicciones estructurales, pese a los excepcionales años de millonaria renta petrolera.
Y estas contradicciones emergen bajo la forma crisis de la economía empujando a las devaluaciones que el gobierno bolivariano llevó adelante con consecuencias inflacionarias y pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores. El poder político de Chavez podía contratendenciar el descontento lógico que generan medidas de este tipo; no así la parodia de Maduro.
Sin embargo, contra las lecturas superficiales, pesimistas u optimistas, que pasan de la euforia a la depresión de acuerdo al lado hacia el que se vuelca un mínimo porcentaje de votos; es imprescindible ver los movimiento profundos de las relaciones de fuerza.
Todos o la mayoría de los procesos latinoamericanos son expresión distorsionada y de "contención" de levantamientos de masas que enfrentaron al "neoliberalismo". En general son manifestación de un desvío o no de una derrota de los movimientos populares. La "chavización" de Capriles es un "homenaje" a esa relación de fuerzas que, hasta ahora, impone un límite por derecha el péndulo latinoamericano. Esta precaria situación, de la que son expresión transitoria los gobiernos "pos-liberales", no será eterna, y tampoco niega que eventuales triunfos electorales de las derechas (del que estuvo cerca Capriles) no actúen sobre esa relación de fuerzas, en el terreno superestructural. 
Este escenario más general es el que no ve "ni cuadrado" la oposición burguesa en la Argentina y allí radica la fuente de todos sus fracasos (y cierta fuerza "donada" al kirchnerismo)
Las crisis que comienzan a evidenciar el chavismo en Venezuela, el "masismo" en Bolivia, donde surgen procesos políticos a su izquierda (IPT) o el propio kirchnerismo en la Argentina, con un inicio de ruptura del movimiento obrero (a la izquierda socialmente, más difuso e incluso con elementos de derecha política e ideológicamente), plantean, en este marco de relación de fuerzas, la posibilidad y oportunidad de su necesaria superación por izquierda. Esto plantea la tarea de construir partidos revolucionarios obreros y socialistas que se propongan llevar hasta el final la obra comenzada por las masas populares latinoamericanas cuando derrotaron a los gobiernos "neoliberales". Hoy con la ventaja de una recomposición social, sindical y política del movimiento obrero, que fue el gran ausente como clase en los levantamientos anteriores.

domingo, 14 de abril de 2013

Primavera, "que anda dando vueltas" (El ciclo alfonsinista y el ciclo kirchnerista)


Continuando con el "estudio comparado" de los fines de ciclo, acá un relato de los problemitas y las "soluciones" del fin de ciclo alfonsinista, con el Plan Primavera. Insistimos, con todas las diferencias del caso, las llamativas similitudes con el presente del "peronismo alfonsinista" o de "alfonsinismo peronista" o del "frepasismo rabioso", de este peculiar fenómeno que se hace llamar "kirchnerismo"; no son pura casualidad...

"El corazón del Plan Primavera era un desdoblamiento cambiarno entre un tipo de cambio comercial fijado oficialmente y un dólar financiero más alto, cuyo valor sería fijado libremente en el mercado. Las exportaciones agripecuarias se liquidarían por el dólar comercial, las exportaciones industriales -50% por el valor comercial y 50% por el valor financiero- (...). El BCRA se comprometía a intervenir en el mercado libre a fin de mantener la brecha entre ambos tipos de cambio entre un 20% y un 25%. El desdoblamiento incluía la promesa de su futura unificación en el marco de un proceso gradual de apertura económica. De modo que la suerte del plan estaba atada, en primer término, a la capacidad del BCRA de responder con sus reservas a la demanda de divisas y a la liquidación en tiempo de las exportaciones.
El segundo aspecto del plan era el acuerdo, fundamentalmente con la UIA, de pautas decrecientes de aumentos de precios. Dichas pautas tenían a su vez como condición de posibilidad la capacidad del estado de imponer techos a los aumentos salariales discutidos en el marco de paritarias libres. La homologación de los aumentos salariales se haría, en principio, sólo si no superaban esos techos. En segundo término, entonces, el éxito dependía del sostenieminto del acuerdo de precios con los sectores empresarios y en "encarrilamiento" de las negociaciones salariales en los marcos requeridos por el plan."
"(...) la CGT enfrentaba fuertes divisiones internas en un contexto dominado por los posicionamientos políticos al interior del PJ (...)"
"El desdoblamiento cambiario equivalía para este sector (el agropecuario NdR) la imposición de retenciones encubiertas"
"Al mismo tiempo, el aumento de los costos de insumos y salarios y el retraso tarifario de las empresas del estado como estrategia antiinflacionaria hacían estallar en enero la crisis energética y obligaban a un fuerte aumento de tarifas."
"Ese mes, la burguesía agraria dejaba de liquidar exportaciones".
"Acumulación y hegemonía en la Argentina menemista". Adrián Piva. Buenos Aires, Biblos 2012

martes, 9 de abril de 2013

Pasado y Presente: el ciclo peronista y el ciclo kircnherista



"Los problemas comenzaron a surgir primero débilmente en los comienzos de la década del 50, para afirmarse al promediar ésta. A medida que la crisis económica avanza, el equilibrio de poder se iba quebrando, por cuánto la expansión habría tenido sólo características coyunturales, no habiéndose zanjado la crisis estructural. Al contrario: el propio crecimiento industrial se transformó en un factor agravante de ella, dado que la industria había creado nuevas necesidades específicas que sólo un desarrollo adecuado de la infraestructura podía resolver. Al carecer de ese desarrollo básico, la crisis económica, en cuánto coincidiera con una nueva depresión coyuntural, sería aún mas profunda que en etapas anteriores, en las que había afectado a una sociedad económicamente menos compleja" (Juan Carlos Portantiero, Política y clases sociales en la Argentina actual, Pasado y Presente N°1 - Córdoba 1963 - Los destacados son nuestros)
Cualquier proximidad con la realidad actual del kirchnerismo (tomando en cuenta todas las diferencias específicas que hablan en contra del kirchnerismo, ver acá y acá) no es casualidad, sino una manifestación propia de los ciclos en los que recae permanentemente la Argentina semicolonial. Y todo esto, pese a los 3 o 4 (o 6,7,8) peronismos varios...

viernes, 5 de abril de 2013

Georgina Hassan y Kevin Johansen - El Círculo

Mi amigo de tantos años, Pablo Drums, baqueano de la música y especialmente de las canciones (además de un incansable militante obrero), nos presentó a Georgina Hassan. Acá, junto a Kevin Johansen con "El círculo" (el "Piojo López" demostró ser un muy buen acompañante, sino miren acá, junto a Ana Prada)

Argentina catastrófica, el "modelo" y la hegemonía


Los dramáticos días que vivió la Argentina fueron un "homenaje" al catastrofismo. Siempre que se lo entienda de manera diferente a un fatalismo metafísico que anuncia finales permanentes, determinados con la fuerza de una necesidad inmutable o la tragicidad de un destino.
Hablamos de las condiciones de probabilidad generadas por la precariedad argentina que convierten a fenómenos contingentes y accidentales en catástrofes, y a las catástrofes en crímenes sociales. La precariedad de una nación convertida en "República Cromañón" no es natural, como sí lo fue el temporal. 
"Crimen social" es una justa "imputación sociológica" (una definición pintoresca que escuchamos estos días). Es la identificación acusatoria de las responsabilidades, no por las lluvias, sino por la administración social de sus consecuencias. 
El capitalismo argentino está en permanente zona de riesgo y de catástrofe. Y el crecimiento económico -desigual y combinado-, de la década kirchnerista no hizo más que agudizar las tensiones estructurales, pese a haber acolchonado los enfrentamientos entre las clases durante los años de esplendor de su proyecto reformista. Recuperación económica e industrial, desplazamientos migratorios hacia las aglomeraciones urbanas, movilización de millones personas diariamente, aumento del  consumo y del déficit energético para sostener los ritmos de producción; todo esto hecho sobre las mismas bases estructurales de la condición urbana, del transporte o de la (des) inversión en recursos estratégicos. Un desarrollo superficial que no llegó ni al modelo "pseudo-industrializador" del que Milcíades Peña "acusaba" al peronismo, por ser falsamente nacionalista.
Desde está óptica no es un desarrollo, sino meramente un crecimiento económico medido en los términos del PBI. El "fin de ciclo" o el agotamiento del "modelo" pueden graficarse como la suma de los "cuellos de botella" de los límites estructurales de la nación semi-colonial. Los cuellos de botella de la industria, de la producción energética, del transporte, de otros servicios y ahora de las ciudades mismas donde por un lado hay "sobre-acumulación" demográfica y por el otro, especulación inmobiliaria de los que buscan valorizar su capital obtenido por las ganancias de la primarizada economía (como la burguesía sojera de la "pampa gringa" de Córdoba que "invierte" en departamentos y edificios).
Y no es meramente un problema de errores de gestión o planificación urbana, es la condición misma del "modelo" la que determina las imposibilidades de una planificación racional de las potencialidades productivas del país. Cuando esas contradicciones orgánicas se agudizan año tras año, sientan las bases para las "tragedias" como las de Once o el reciente temporal, o mejor dicho las inscriben como muy probables en la dinámica explosiva de su régimen de acumulación. Y Once o el temporal están entre los más vistosos de los crímenes sociales, pero no son los únicos. El genocidio silencioso de obreros de la construcción o la persistente y paulatina destrucción de los cuerpos en las fábricas ("los rotos"), producto de que la capacidad instalada tocó su techo y por lo tanto la única condición de productividad es la fuerza de trabajo; son otros ejemplos del mismo fenómeno. 
Ante el desastre natural, la relación social que llamamos Capital y su régimen, el capitalismo, metaboliza las consecuencias de acuerdo a las leyes de su orden social. Unos pocos "blindados" contra las "inclemencias del tiempo" (o del transporte, o de la economía) y la mayoría a la intemperie frente a "incontroladas" fuerzas de la naturaleza. Una clase social que privatiza las conquistas de la humanidad por sobre la naturaleza, para el usufructo egoísta de unos pocos privilegiados. La confirmación de la irracionalidad o la sinrazón del Capital y la simple conclusión de que el socialismo "tan sólo" quiere llevar la razón a la organización económica de la sociedad, para terminar contra esta anarquía destructiva de la condición humana.
Si este es el diagnóstico correcto, las próximas catástrofes, ya sean "naturalmente" socializadas a la manera del Capital, o directamente sociales (inflación, desocupación, "Onces"); son sólo una cuestión de tiempo.
Y las catástrofes golpean las conciencias y muestran crudamente quién es quién. Reconfiguran las alianzas sociales y cambian las percepciones subjetivas. Es decir, ponen blanco sobre negro las determinaciones de clase (como también lo hacen otras catástrofes como las crisis o las guerras). La Plata se asemejó en estos días a un territorio bélico, y la realidad misma dio una dura lección de "clasismo", mostrando el salvajismo del que es capaz el Capital y sus administradores políticos "derechistas" o "nacionales y populares".
El dramático acontecimiento rompió la unidad nacional de la bendita coyuntura anterior, cuando las esperanzas  de una costumbre de ascenso evolutivo generaron la ilusión de nuevas mejoras de la mano de un "Papa argentino". La nueva unidad nacional es la unidad de la nación burguesa frente al miedo a una respuesta violenta de las víctimas a las que el agua las privó de todo. Más que una nueva unidad, introdujo por lo menos en la nueva coyuntura, fuertes elementos de división o de escisión. La demogogia populista adoptó la forma de un espectáculo patético, del que no estuvieron exentos ninguno de los responsables políticos del desastre, imposibilitados por su naturaleza (de clase) de dar una respuesta a las urgentes demandas populares.
Pero quizá el fenómeno más destacado es la otra unidad, la que se dio entre las clases subalternas aportando con un ejemplo práctico, a la necesaria discusión teórica sobre la "hegemonía". En un sentido, efectivamente, esta vez el Capital centralizó por la negativa y empujó a la unidad a sus enemigos estratégicos. La solidaridad obrera con la tragedia popular y la alianza forjada en el peligro, delimitó y clarificó las líneas de división clasista. El obrero o el trabajador que tiene un empleo estable, sindicalizado, más o menos bien remunerado y que en tiempos "normales" es permeable a las ilusiones del ascenso y la conciliación de clases; ante acontecimientos dramáticamente extraordinarios se identificó más con quienes estaban sufriendo el desastre, que con los que permanecían inmunes en sus countries o barrios privados. Le podía haber tocado a él mismo (y a muchos les tocó) y si no fue así esta vez, su futuro, viendo la actitud de las clases dominantes, está más cerca de esa condena que del paraíso prometido por el relato de la conciliación de clases.
Se articuló históricamente el pasado, como afirma Benjamin, no para "conocerlo como verdaderamente fue", sino para "adueñarse de un recuerdo tal como éste relampaguea en un instante de peligro".  O, dicho más simplemente por un obrero revolucionario: "A pesar de tamaño ataque, el principio de la Solidaridad de Clase se mantiene en la memoria histórica de nuestra clase, como un archivo en un disco rígido, que cuando lo necesitamos aparece con toda su magnitud (...)" . De ahí la respuesta masivamente positiva en muchas fábricas y establecimientos a la campaña de solidaridad. 
Vale más por el simbolismo estratégico que por las soluciones que pueda aportar de inmediato. La catástrofe deja planteada la necesidad de la "hegemonía" obrera como una lección de los hechos de estos días. Una lección que es imprescindible sacar para fortalecer la perspectiva de acabar con la fuente de todos estos crímenes: este régimen social que merece ser arrojado al basurero de la historia. Además, la tragedia hizo que la realidad "explique nuestro dogma" (Lenin) y las demandas de un programa de transición recobraron fuerza vital como única posibilidad de salida (expropiación, autoorganización, demandas "democrático radicales" etc).
Los muertos de este crimen se suman a nuestro pasado avasallado y este nuevo agravio quedará en la memoria popular. Fue también Benjamin el que afirmó que la socialdemocracia "Se complacía en atribuirle a la clase obrera el papel de redentora de generaciones futuras. Con ello le cercenaba el nervio de su mejor energía. En esa escuela la clase desaprendió tanto el odio como la disposición al sacrificio. Pues ambas se nutren de la imagen de los antepasados avasallados, no del ideal de los nietos liberados". El reformismo kirchnerista se preocupó también por hacer "desaprender" a la clase obrera el nervio de su mejor energía; sin embargo "inconscientemente" fue generando las condiciones para acontecimientos como los de estos días donde se recuperó tanto el odio como la disposición al sacrificio, dos motores prometedores para los combates futuros.

miércoles, 3 de abril de 2013

Pese a todo Argentina progresa


Tragedia "natural" o crimen social?


Cuando un individuo hace a otro individuo un perjuicio tal que le causa la muerte, decimos que es un homicidio. Si el autor obra premeditadamente, consideramos su acto como un crimen. Pero cuando la sociedad [2] pone a centenares de proletarios en una situación tal que son necesariamente expuestos a una muerte prematura y anormal, a una muerte tan violenta como la muerte por la espada o por la bala, cuando quita a millares de seres humanos los medios de existencia indispensables, imponiéndoles otras condiciones de vida, de modo que les resulta imposible subsistir, cuando ella los obliga por el brazo poderoso de la ley a permanecer en esa situación hasta que sobrevenga la muerte, que es la consecuencia inevitable de ello, cuando ella sabe, cuando ella sabe demasiado bien que esos millares de seres humanos serán víctimas de esas condiciones de existencia, y sin embargo permite que subsistan, entonces lo que se comete es un crimen, muy parecido al cometido por un individuo, salvo que en este caso es más disimulado, más pérfido, un crimen contra el cual nadie puede defenderse, que no parece un crimen porque no se ve al asesino, porque el asesino es todo el mundo y nadie a la vez, porque la muerte de la víctima parece natural, y que es pecar menos por comisión que por omisión. Pero no por ello es menos un crimen. Ahora pasaré a demostrar que la sociedad en Inglaterra comete cada día y a cada hora lo que los periódicos obreros ingleses tienen toda razón en llamar crimen social, que ella ha colocado a los trabajadores en una situación tal que no pueden conservar la salud ni vivir mucho tiempo, que ella mina poco a poco la existencia de esos obreros y que los conduce así a la tumba antes de tiempo. Demostraré, además, que la sociedad sabe hasta qué punto semejante situación daña la salud y la existencia de los trabajadores y, sin embargo, no hace nada para mejorarla. En cuanto al hecho de que ella conoce las consecuencias de sus instituciones y que ella sabe que sus actuaciones no constituyen por tanto un simple homicidio, sino un asesinato, puedo demostrarlo citando documentos oficiales, informes parlamentarios o administrativos que establecen la materialidad del crimen.

Extracto: "La situación de la clase obrera en Inglaterra" - Federico Engels - 1845

[2] Cuando hablo de la sociedad, aquí y en otras partes, como colectividad responsable que tiene sus obligaciones y derechos, huelga decir que me refiero al poder de la sociedad, es decir, de la clase que posee actualmente el poder político y social, y por tanto es responsable también de la situación de aquellos que no participan en el poder. Esa clase dominante es, tanto en Inglaterra como en los demás países civilizados, la burguesía Pero que la sociedad y particularmente la burguesía tenga el deber de proteger a cada miembro de la sociedad por lo menos en su simple existencia, de velar por que nadie muera de hambre por ejemplo, no tengo necesidad de demostrarlo a mis lectores alemanes. Si yo escribiera para la burguesía inglesa, la cuestión sería muy distinta. And so it is now in Germany Our German Capitalists are fully up to the English level, in this at least, in the year of grace 1886. (Así es ahora en Alemania. Nuestros capitalistas alemanes se hallan enteramente al nivel de los ingleses, al menos en este respecto, en el año de gracia de 1886). ¡Cómo ha cambiado todo desde hace 50 años! Hoy hay burgueses ingleses que admiten que la sociedad tiene deberes hacia cada miembro de la misma; pero, ¿hay alemanes que piensen de igual modo? (F.E.)