martes, 28 de mayo de 2013

La veintena fugada por la burguesía "nacional"


Leemos el último número de Crisis, que viene acompañando la "traición Frondizi" del kirchnerismo y resignándose a su fin de ciclo, un artículo de Alejandro Bercovich sobre la fuga de capitales bajo el "infierno" menemista y el paraíso "Nac&Pop", que,  como diría Minguito "segual" (...o peor).

"La fuga de capitales, que no precisa de aviones privados ni billetes de 500 euros en bolsos deportivos, ha sido el deporte de una burguesía "nacional" que no se hace cargo del liderazgo que insistieron en asignarle los gobiernos que se sucedieron desde la recuperación de la democracia. Durante la convertibilidad, mientras Domingo Cavallo ejecutaba un plan económico que todos los grandes capitalistas vitoreaban en público y hasta citaban como ejemplo para el mundo, ellos mismos fugaron del país 68 mil millones de dólares. Según calculó la consultora Econométrica, entre 1992 y 2001 se llevaron por año el equivalente a un 1,9% del PBI. Durante la década ganada, con costos salariales por el piso y tasas de rentabilidad inéditas, la fuga hizo escurrir otros 73 mil millones. Entre 2004 y 2011, promedió un 3,2% del PBI. Y de un PBI mayor."
("Una brújula para el establishment", Alejandro Bercovich,  Revista Crisis, N° 14 Mayo y Junio de 2013)

domingo, 26 de mayo de 2013

Derrotas y victorias en los orígenes del PT de Lula


Leemos el muy buen suplemento de Le Monde, "El explorador", que dedica su segundo número a Brasil (en general desde una óptica socialdemócrata). Allí Michaël Löwy y Gilberto Mathias relatan el enorme ciclo de lucha proletaria que vivía el Brasil en los orígenes del PT; al mismo tiempo que dan cuenta de que este último fue expresión, tanto del peso social del nuevo movimiento obrero, como del desvío/derrota de ese descomunal proceso de lucha de clases.

"Se iniciaba entonces un nuevo ciclo de luchas obreras en los principales centros industriales, que llegaría a su apogeo den 1979, cuando la combatividad de los metalúrgicos alcanzó a otras categorías sociales y se expandió a otras regiones en una ola de huelgas que, según el DIESSE (Departamento Intersidincial de Estadísticas y Estudios Socioeconómicos), movilizó a unos 3.200.000 obreros y empleados. En abril-mayo de ese año, la gran huelga de los 250 000 trabajadores metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo reveló - por su duración excepcional (41 días) y su capacidad de organización de masas (mítines diarios de decenas de miles de trabajadores)-, la fuerza sorprendente de este nuevo sindicalismo, cuya vanguardia participaría luego de la creación del Partido de Trabajadores (PT).
Pero a partir de entonces, este movimiento vivió cierto retroceso. Enfrentada a un recrudecimiento de la represión directa en las fábricas y sindicatos, atacada por una táctica patronal de despidos masivos (en 1981 se despidió al 25% de los 400 mil metalúrgicos de San Pablo), desorientada por las propuestas de la burocracia sindical "carnera" de "pacto social", que consistía en intercambiar el 15% de incremento salarial (acordado en concepto de aumento de productividad) por una estabilidad del empleo durante, la clase obrera se debilitó y buscó otras formas de combatividad. 
Así fue como reunieron 5 mil delegados que representaban a más de un millar de sindicatos rurales y urbanos en una Conferencia Nacional de las Clases Trabajadoras (CONCLAT): un paso decisivo hacia la creación, por primera vez en el país, de una Central Única de Trabajadores (CUT). En la misma época, el PT vivió un crecimiento explosivo que, con un programa detallado de reivindicaciones socialistas, ya contaba en 1982 con la adhesión de más de 400 mil militantes, esencialmente obreros."
("El proletariado se reorganiza", Michaël Lowy y Gilberto Mathias, El Explorador N°2. "Brasil, avances y contrastes")

sábado, 25 de mayo de 2013

Dos países, dos imágenes: la misma decadencia "nacional y popular"

El gobierno de Evo Morales reprime a los mineros para defender un sistema neo-liberal de jubilaciones...


El gobierno de Santiago del Estero (kirchnerista) reprime a la comunidad Tonocoté para desalojarlos de sus tierras...


viernes, 24 de mayo de 2013

Viñas, Piglia, policial y la izquierda


Leemos en Ñ...

El policial parece haber hecho pie entre los autores argentinos. Recuerdo una entrevista con David Viñas, en la que él me dijo. “Viejo, mirá si estará mal la literatura, que hasta Piglia escribe policiales”. Se refería a Blanco Nocturno, creo, pero vos ya lo hacías desde Respiración artificial…

(Risas) Sí, claro. Pero yo recuerdo la época en que nos veíamos muchísimo con David, a él, pese a que en un momento escribió policiales para ganarse unos pesos, no le gustaba ese asunto. Consideraba que la literatura policial, con tanta violencia, tenía algo de fascista. Y esa visión circulaba mucho en algunos sectores de la izquierda. Nosotros leíamos los policiales justamente al revés, como una gran literatura social. Esos textos tienen un elemento cínico, pero es un elemento cínico romántico, de alguien que ha perdido las esperanzas, como Marlowe. Pero en este tiempo el policial ha encontrado otro espacio, se incorporan al género autores que no escriben en inglés, los nórdicos, los franceses, italianos. Ha empezado a universalizarse el género.

Algunos números de la década fraguada


Leemos en este informe de coyuntura del CIFRA, dirigido por Eduardo Basualdo (que no es lo que se dice un opositor destituyente, ni un fanático militante del "sucio trapo rojo"), algunos datos interesantes de la "década ganada". Agradecemos a Paula V. el envío del material.

Los ganadores: para juntarla con pala, a la devaluación, la década ganada le aportó "productividad", si la inversión no fue cualitativa ¿adivinen quién pagó los cotos?
Costo laboral: "Importa remarcar que los aumentos en los ritmos de crecimiento de la productividad en el marco de la posconvertibilidad no sólo compensaron la recuperación del costo laboral, sino que lo superaron: si bien el costo laboral creció el 8,6% en el período 2001-2012, la productividad ascendió el 33,3%. De allí que el costo laboral unitario haya caído el 18,5%. Cuando se intensificó la puja distributiva, el costo laboral subió el 12,7% y la productividad el 20,1% en el período 2007-2012. En efecto, a pesar de los recurrentes reclamos empresariales, el costo laboral unitario cayó el 6,2% entre 2007 y 2012".

Lucha contra las corporaciones, ejem, ponele... 
Oligopolios y precios: "En el período 2007-2010 la contribución de las ramas altamente concentradas a la variación media de los precios industriales fue del 63,6%, mientras que la de las ramas con estructura de oferta de mediana y escasa concentración fue de apenas el 23,5% y el 12,9%, respectivamente. De esta manera, se corrobora que el importante proceso de elevación de precios industriales a partir de 2007 estuvo asociada a, entre otros factores, la formación oligopólica de precios".

Fin de Ciclo 1 y lo dice Basualdo, no Rosendo Fraga
Cuentas Fiscales y deuda:"A tal punto que en 2009 se verificó un leve déficit, equivalente al 0,6% del PBI, y un resultado primario (antes del pago de intereses de la deuda) superavitario del 1,5%. Por su parte, en 2012 el déficit total alcanzó a -2,6% del PBI, mientras que el resultado primario se mantuvo en 0,3%. Esta diferencia se debe a los elevados compromisos de la deuda externa que tuvo que afrontar en 2012. Y el déficit responde a los impulsos fiscales contracíclicos (aun cuando fueron moderados) y a los menores ingresos por las retenciones a la exportación. En efecto, se trata de un escenario fiscal caracterizado por un menor margen de maniobra como para encarar medidas que puedan reactivar, con mayor impulso, la actividad económica".

Fin de Ciclo 2:
Empleo: "Cabe apuntar que si bien los niveles de desocupación y empleo crecieron significativamente entre 2003 y 2012 (trepando, respectivamente, del 17,3% y 37,8% al 7,2% y 42,9% en esos horizontes temporales), en la segunda etapa de la posconvertibilidad se advierte una estabilización en las mejoras de esas variables. Así, en el período 2008-2012 la tasa de desocupación cayó del 7,8% al 7,2%, mientras que la tasa de empleo subió del 42,2% al 42,9% (en ambos casos una mejora de apenas 0,7 puntos porcentuales). En este amesetamiento no sólo influyó la crisis mundial, sino también los menores niveles de inversión y los cambios en el perfil de crecimiento."

Fin de ciclo 3: 
Informalidad: "A partir de allí se advierte un sistemático descenso en del porcentaje de asalariados no registrados. A punto tal que cayó del 49,2% al 34,4% entre 2003 y 2012. Pero esta significativa reducción en este tipo de informalidad laboral se fue desacelerando en la segunda etapa de la posconvertibilidad (apenas 2,6 puntos porcentuales de mejora en el período 2008-2012). Y en 2012 se estancó. Resulta necesario implementar políticas más activas para reducir los aun elevados niveles de informalidad (el porcentaje de asalariados no registrados es apenas menor al de 1995), más aun si se tiene en cuenta que tres cuartas partes de los jefes de hogares pobres tienen trabajo no registrado." (ah, no mi querido para eso habrá que esperar tres o cuatro décadas y seis, siete u ocho lustros más...eso sí todos "ganados")

martes, 21 de mayo de 2013

10 años: el kirchnerismo y la astucia de la razón peronista


El cumplimiento de los 10 años presume un balance. En eso están tirios y troyanos de las superestructuras políticas y mediáticas, bombardeando con cifras y datos, todas un poco ciertas, y esencialmente falsas. La "década ganada" toma un carácter extraordinario y hasta espectacular a fuerza de fraguar estadísticas y mediciones, y de realizar comparaciones interesadas o entre momentos históricos simplemente inconmensurables. El próximo número de La Verdad Obrera que sale este jueves 24 y está en preparación, abordará estas cuestiones, partiendo de la perspectiva general de la economía y la política, hasta llegar a las visiones y lecturas de los más avanzados de los de abajo, los que son vedados absolutos en 678 o en la Corpo. De los que habitan el subsuelo condenado de la patria, para los que la historia gris de su cotidianeidad pasa en tiempos pesadamente más lentos que el vertiginoso trajinar de la política como espectáculo (sea éste "nacional y popular" o "lanatista y clarinesco").
En la guerra de migajas y el país de los ciegos (o cegados por la restauración neoliberal), el tuerto fue rey. Eso no caracteriza al "proyecto" como transformador y mucho menos como "revolucionario", simplemente reafirma la "viveza" mutante del peronismo para salvar al país burgués, del que fue en los últimos 60 años el nunca bien reconocido "fenómeno bendito", pese a los insoportables ribetes populistas que tuvo que adoptar de tanto en tanto. El costo de esta última empresa de contención fue escaso y los beneficios como para ser juntados en pala, como confesó Cristina en uno de esos excepcionales momentos de honestidad intelectual.
Las crisis de los "populismos" latinoamericanos es la mayor confirmación de sus límites. Venezuela con devaluaciones en cadena y caprilismo ascendente, Bolivia con un gobierno en plena cruzada antiminera, con  un histérico y desbocado "intelectual" como vocero, lo que demuestra que el "frepasismo rabioso" no es un invento argentino. Y en estas tierras con el "modelo" al que se le achica el pasaje entre el Escila de la devaluación y el Caribdis del ajuste deflacionista; y mientras tanto aplica un poco de cada cosa (tarifazos, control de importaciones y "desdoblamiento cambiario").
El "voceo" individualizado del lanatismo es expresión, como afirman los kirchneristas, de una pre-política por la ausencia de oposición burguesa con fuerza o coherencia, pero también su éxito es manifestación de la decadencia del "proyecto". 
El espíritu y la moral conformista del momento "populista" en nuestro continente, que tuvo su génesis en las impotencias de la lucha de clases, lo expresó un analista cuando creía que hacía una reivindicación de otra "década ganada", la del Brasil lulista: "Y, mientras tanto, 52 millones de brasileños habrán eludido un futuro cruel y pasando de la humillación de la miseria a la pobreza digna". A esta altura de la civilización, sólo el vuelo gallináceo del progresismo actual, puede darle un carácter "digno" a la pobreza, que es por definición, indigna. 
Esto y nada más, quiere describir la definición periodística del "fin de ciclo". Ante sus tendencias evidentes, por el agotamiento de las condiciones que permitieron el desarrollo del “modelo” (a partir del 2007) y la crisis de sucesión; los kirchneristas respondían con la "persistencia". La discusión no es sobre la persistencia de un gobierno (con recambio familiar), que es un hecho, sino sobre qué es lo que persiste y qué perspectivas tiene, y eso por sí sólo habla de la década. 
El marxismo, o por lo menos el nuestro, es un método de análisis y una guía para la acción, no niega las contingencias de la política, sino que analiza las condiciones y las tendencias en las que ésta se desarrolla. “Fin de ciclo” describe las tendencias generales y no sentencia la caída “inevitable” y permanente del gobierno, sino las contradicciones en las que interviene. 
Y estas contradicciones y “paradojas” las confirma Nicolás Prividera en el último número doble de "El Ojo Mocho" y su hipótesis de que el kirchnerismo termine preso, como tantos otros intentos de trascendencia desde adentro, de la "astucia de la razón peronista". En ese diálogo entre el cineasta y los editores de la revista, el pesimismo de un poco de inteligencia, le ganó el partido por goleada al optimismo de una voluntad tonta. La figura hegeliana de la "astucia de la razón" remite a los sujetos particulares como medios de realización de la razón universal, el adjetivo de "peronista" admite que es muy probable que el poder real quede en las mismas manos de siempre. Y esta metáfora filosófica se emparenta con la "arquitectónica" o, si se quiere, la "inmobiliaria" de la "gran casa peronista", donde el piso de abajo es invarible y el piso de arriba se alquila al relato que más votos consigue, y es todo lo contingente que el poder real le permite ser. 
Cualquiera que observe la geología del poder social y político en la Argentina debe reconocer el pleno dominio de las "Tres B". Las policías bravas están igual o levemente empeoradas, los "feudales" (gobernadores) y los mazorqueros (intendentes) renovados en la inmutabilidad de sus métodos y negociados, y los culatas (burocracia) desplazados, divididos y vueltos a convocar, porque expresan distorsionadamente la relación ambigua del frepasismo con "el enemigo público N° 1" de los populismos: el movimiento obrero, sobre todo cuando tiende a convertirse en sujeto.
El temor impotente y escéptico de Prividera por una "tragedia" en la que el kirchnerismo tan sólo termine siendo una transición hacia la reconstitución del peronismo, en el peor sentido del témino, sigue siendo la disyuntiva de la hora política. La perspectiva, en el mejor de los casos de convertirse en un "muerto vivo o un avatar dentro del peronismo", por la vía de la resignación a la sucesión de un Scioli o por la sciolización acelerada de CFK o algún improbable delfín que intente emerger hacia el 2015.
El razonamiento es simple, si tan ganada fue la década ¿por qué no sobran candidatos o sujetos propios del "proyecto"?
La pregunta sobre el sujeto (el tema de "El Ojo Mocho") remite justamente al predicado. Y lo predicado alcanzó para el conformismo, pero no para la pasión y la militancia. El relato epopéyico se escindió totalmente de la política real (al igual que el "contrarrelato" apocalítico del terror al "vamos por todo" y la deriva autoritaria). Por eso para mostrar multitudes en los festejos de la "década ganada", recurren al aparato mazorquero y feudal que creció y se afianzó justamente en la "década perdida", cuando el peronismo se territorializó por el retroceso del movimiento obrero.
Y esto de la "astucia de la razón peronista", permite devolver una chicana a los "Restos Pampeanos" de Horacio González. Fundador y director de la revista en sus mejores épocas, cuando la lejanía del poder afinaba la crítica y cuando entre medio de tanto lenguaje encriptado podía encontrarse la frase que ilumine el todo, como le dice José Pablo Feinmann en sus conversaciones tardías. Ahora, como la teoría de Baglini rige también para la intelectualidad, lo que seguro se encuentra en los textos del mismo estilo, es la frase capituladora que oscurece el todo.
En el ensayo en cuestión, González hizo su lectura del trotskysmo en la tradición nacional, justamente para ubicarlo casi en sus fronteras. Ese trotskysmo gonzaliano ridiculizado y a la carta, sería el agente de una historia fatalista y en permanente estallido, leída con el marco de una dialéctica salvaje, tosca y poco sensible a las argamasas culturales que Gramsci habría sabido interpretar mejor. Por eso nos recuerda, terciarizando la afirmación en la voz del italiano, que Trotsky era "cosmopolita", a diferencia de Lenin que era más "nacional-popular". Esa externalidad y una razón "instrumental" le dan al "entrismo" el carácter de táctica por antonomasia del trotskysmo. La experiencia concreta en la práctica morenista del entrismo al peronismo, demostró que favoreció más al entrado que al entrista.
El punto es que después de la "década ganada", González quedó como uno de los más prominentes referentes de los que (como Prividera), soportaron el momento de realpolitik y el "entrismo" kirchnerista, esperando el momento de la trascendencia "desde adentro". Si el kirchnerismo acabará en términos históricos (en última instancia los verdaderamente importantes), como un "momento" entre el menemismo (y su hija boba la Alianza) y alguna especie de "sciolismo"; desde hace un tiempo que se está llevando adelante la antropofagia y el entrado (el pejotismo) está sacando todas las ventajas del entrista. Como me dijo mi amigo Juan Dal Maso, González se transformó en un personaje de sí mismo, terrible, una tragedia, si no fuera bizarro. 

domingo, 19 de mayo de 2013

domingo, 12 de mayo de 2013

Arlt, los periodistas, literatos e intelectuales

En esta charla que menciona JDM sobre Roberto Arlt, estaban presente las recientemente editadas "Aguafuertes Cariocas", que se suman a las clásicas porteñas, a las madrileñas, sudafricanas...Posteamos una donde Arlt se despacha con todo tipo de flores para con los periodistas, literatos e intelectuales, a los que NO entrevistó en Río de Janeiro...




¿Para qué?
(Miércoles 9 de Abril de 1930)

Me escribe un amigo del diario: "Estoy extrañado de que no haya visitado en el Uruguay, ni de señales de hacerlo allí, en el Brasil, a los intelectuales y escritores. ¿Qué le pasa?".

En realidad

En realidad no me pasa nada; pero yo no he salido a recorrer estos países para conocer gente de que un modo u otro se empeñarán en demostrarme que sus colegas son unos burros y ellos unos genios. ¡Los intelectuales!. Le voy a dar un ejemplo. En un diario de Buenos Aires, número atrasado, traspapelado en la Redacción de un periódico de Río, leo un poema de una poetiza argentina sobre Río de Janeiro. Lo leo y me dan tentaciones de escribirle a esta distinguida dama:
-¿Dígame, señora, por qué en vez de escribir no se dedica a la conspicua labor de la calceta?
En Montevideo conversaba con un escritor chileno. Me contaba anécdotas. Las anécdotas atrapan a los intelectuales de allí. A esta escritora un pintor chileno le mandó un magnífico cuadro y ella, en una fiesta que se daba en su homenaje, recoge unas violetas y le dice a mi amigo_
-Oiga, Fulano, envíele estas flores a X...
O estaba trastornada o no se daba cuenta en su inmensa vanidad que no se envían unas violetas a un señor que la ha obsequiado de esta forma, a una distancia suficiente para permitir que cuando lleguen las flores estén harto marchitas.
Además que la vida de los intelectuales, ¿a quién le interesan los escritores? Uno se sabe de memoria lo que le dirían: elogios convencionales sobre Fulano y Mengano. 
Llega a tal extremo el convencionalismo periodístico que los voy a hacer reír con lo que sigue. Al llegar a Río me entrevistaron redactores de distintos periódicos. En el Diario de la Noite se publicó un reportaje que me hicieron y entre muchas cosas que dije, me hicieron decir cosas que nunca pensé. Allá va el ejemplo: que mi director me invitó a "hacer una visita a patria do venerado Castro Alves".
Cuando yo leí que mi director me había invitado a realizar una visita a la patria del venerado Castro Alves me quedé frío. Yo no sé quién es Castro Alves. Ignoro si merece ser venerado o no, pues lo que conozco de él (no conozco absolutamente nada) no me permite establecerlo.
Sin embargo, los habitantes de Río, el leer el reportaje, habrán dicho:
-He aquí que los argentinos conocen la fama y la gloria de Castro Alves. He aquí un periodista porteño que, conturbado por la grandeza de Castro Alves, lo llama emocionado "venerado Castro Alves". Y Castro Alves me es menos conocido que los cien mil García de la guía telefónica.
Yo ignoro en absoluto qué es lo que ha hecho y lo que dejó de hacer Su Exelencia Castro Alves. No me interesa. Pero la frase quedaba bien y el redactor la colocó. Y yo he quedado de perlas con los cariocas.
¿Se da cuenta, amigo, lo que se macanea periodísticamente?
Imagínese ahora usted las mulas que trataría de pasarme cualquier literaro. Así como a mi me hicieron decir que Castro Alves era venerable, él, a su vez, diría que el "dotor" merece ser canonizado, o que Lugones es el humanista y psicólogo más profundo de los cuatro continentes...

No interesan...

No pasa mes casi sin que de Buenos Aires salgan tres escolares en aventura periodística y lo primero que hacen, cuando llegan a cualquier país, es entrevistar a escritores que a nadie interesan.
¿Por qué voy a ir yo a quitarles el trabajo a esos muchachos? No. Por qué voy a ir a sustraerles mercadería a los cien periodistas sudamericanos por cuenta de sus diarios para saber qué piensa Mengano o Fulano de nuestro país. De memoria sé lo que ocurriría. Y, de ir a verlos, tendré que decir que son unos genios y ellos, a su vez, dirán que tengo un talento brutal. Y el asunto queda así arreglado de conversación: "He entrevistado al genial novelista X". Ellos: "Nos ha visitado el despampanante periodista argentino...".
Todo son macadas.
Cada vez me convenzo más que la única forma de conocer un país, aunque sea un cachito, es conviviendo con sus habitantes; pero no como escritor, sino como si uno fuera tendero, empleado o cualquier cosa. Vivir...vivir por completo al margen de la literatura y los literatos.
Cuando al comienzo de esta nota me refería al poema de la dama argentina, es porque esa señora había visto de Río lo que ve un malísimo literaro. Una montañita y nada más. Un buen mono parado en una esquina. ¿No es el colmo de los colmos esto? Y así son todos. Las consecuencias de dicha actitud es que el público lector no termina de enterarse el país, ni de qué forma vive la gente mencionada en los artículos. Y tanto, y tanto, que el otro día, en otro diario nuestro leía un reportaje hecho por un escritor argentino a un general, no sé si de Río Grande o de dónde. Hablaba de política, de internacionalismo de qué se yo. Terminé de leer el chorizo y me dije: "¿Qué sesos tendrá el secretario de Redacción de este diario que no ha mandado al canasto semejante catarata de palabrerío? ¿Qué diablos le importa al público porteño lo que opina un general de cualquier país sobre el Plan Young o sobe cualquier otra mentira más o menos secante?".
Lo que había ocurrido era lo siguiente: así como a mi me hicieron decir que Castro Alves era venerable, porque con ellos creían que me congraciaban con el público de Rio (el público de Río le importa un pepino mi opinión sobre Castro Alves), al periodista argentino le hacen reportear a un generalito que los deja imperturbables a los doscientos mil lectores de cualquier rotativo nuestro.
Y con dicho procedimiento los pueblos no terminan de conocerse nunca.
Ahora se explica, lector mío, porqué no hablo ni entrevisto personalidades políticas ni literarias.


jueves, 9 de mayo de 2013

Los verdaderos padres del "modelo"


"El que depositó dólares recibirá dólares", aseguraba Duhalde ese mismo 1º de enero en una combinación de improvisación y voluntarismo. El día 6 el ministro Jorge Remes Lenicov anunaciaba un régimen dual: dólar oficial a 1,4 pesos para las operaciones de comercio exterior y dólar flotante para el resto. "No debería alejarse demasiado del oficial", alentaba Remes en un fallido intento de intervención verbal. El régimen debutaba el viernes 11, dejando atrás al oficial y gatillando la intervención cambiaria del Banco Central.
El martes 9, el mismo día en que entraba en vigencia la Ley de Emergencia Económica, se anunciaba la reprogramación de depósitos (el "corralón"). El 17, anticipando lo que vendría, se ofreció desporgramar hasta 5.000 dólares, nuevamente al cambio oficial. El 1º de febrero la Corte Suprema declaraba inconstitucional el corralón, en respuesta al "cacerolazo" del 26 de enero, señalando que "la modificación en el régimen cambiario provoca un generalizado menoscabo en la situación patrimonial del conjunto social". El 3 de febrero el ministro Remes disponía un nuevo feriado bancario hasta el día 5 (se extendería hasta el lunes 10) y anunciaba la unificación del mercado cambiario, flexibilización del corralito con la libre disponibilidad para las cuentas sueldo y la pesificación -un verdadero jubileo de acreedores (algunos de ellos, como YPF-Repsol, con ingresos del dólares)-.
El 4 de marzo se anunciaban las retenciones a las exportaciones. Los argumentos eran varios, incluyendo la inflación (amortiguar el efecto de la devaluación sobre alimentos que tomaban su valor del mercado internacional) y la justicia social (redestribuir el ingreso extraordinario de exportadores beneficiados por la devaluación en un marco de pobreza y desempleo récords). Pero el motivo principal era fiscal: había que recaudar fuera como fuera para cerrar el déficit e incluso general superávit, para fondear las necesidades urgentes de la protección social.
Así, a principios de marzo de 2002, estaban ya dispuestos los pilares de lo que, años más tarde, el revisionismo kirchnerista bautizaría como "el modelo": tipo de cambio competitivo (dólar alto), solvencia fiscal (gracias a las nuevas retenciones y al impuesto al cheque introducido por Cavallo en 2001), autonomía externa (gracias a la pesificación doméstica, el default de deuda externa y, de nuevo, a las retenciones que generaron recaudación adicional en dólares), y protección social mediante transferencias de ingresos con sesgo discrecional y clientelar."
"Vamos por todo. Las decisiones más polémicas del modelo". Eduardo Levy Yeyati y Marcos Novaro. Sudamericana. Buenos Aires 2013

martes, 7 de mayo de 2013

Condición de clase e identidades socio-culturales: el caso docente


Sacándole el jugo al trabajo de Adrian Piva (que criticamos en el post anterior y que a esta altura recomendamos), posteamos un fragmento interesante sobre la condición de clase y las identidades socio-culturales, en este caso, de los y las docentes. 
Definir científicamente la condición de clase de un sector social es necesario, pero no suficiente para comprenderlo de conjunto. Desde el punto de vista de una definición marxista científica, los y las trabajadoras de la educación son parte de la clase obrera (como todos aquellos que tienen que vender su fuerza de trabajo para sobrevivir). Sin embargo problematizar la historia de su identidad socio-cultural es útil para pensar la política y los posibles roles dentro de una estrategia proletaria. AP le da un valor "positivo" a la pertenencia "socio-cultural" de gran parte de la docencia, no de todos, a los "sectores medios" (un calificativo que muchas veces se toma como "negativo"). Esto puede plantear un rol de articulador (no solo con "la comunidad" como se ha dicho muchas veces), sino con el conjunto de quienes se identifican como "sectores medios" (y donde hay otros tantos trabajadores). El peso numérico y estos posibles roles dan fundamento a un rol estratégico tanto para la unidad de las distintas fracciones de la clase obrera, como para el desarrollo de la hegemonía, pese a no estar en una "posición estratégica" desde el punto de vista de la producción. Claro, esto siempre se que tomen en cuenta el conjunto de las contradicciones. Va el fragmento de AP: 

"(...) los docentes han pertenecido históricamente -y en gran medida aún pertenecen- a los "sectores medios". No podríamos discutir aquí las razones de ese hecho pero basta enumerar un conjunto de causas mencionadas ampliamente en la literatura sobre clases y estratificación social sin pretensión de jerarquía explicativa: condiciones particulares de trabajo (especialmente su mayor autonomía), sus funciones en el campo ideológico, prestigio ocupacional y estatus ligado a él, desarrollo de una fuerte identidad vocacional-profesional y, aún hasta años recientes, la pertenencia de no pocos docentes a familias pequeñoburguesas e incluso burguesas, entre otras razones. Lo cierto es que desde los años 70, pero sobre todo desde el retorno de la democracia y como parte de una tendencia mundial, los docentes han aumentado su nivel de sindicalización, ha crecido su autorreconocimiento como "trabajadores de la educación" y han tendido a desarrollar prácticas en el terreno económico-corporativo similares a las del resto de la clase obrera. Esta situación ha llevado a establecer relaciones complejas en el terreno de las intervenciones político-ideológicas de los docentes entre la creciente proletarización subjetiva y la permanencia de prácticas y discursos asimilables a los de los "sectores medios". En este sentido, las acciones del sindicato docente, por un lado, han podido constituirse en núcleo de apoyo y movilización de porciones de "sectores medios" y, por otro lado, se inscribieron en la estrategia de una central sindical: la CTA. Ese hecho les ha permitido jugar un rol articulador en la segunda mitad de los 90 entre la luchas de los "sectores medios" y las de la clase obrera. Más particularmente, la lucha docente se desarrolló en la segunda mitad de los 90 de manera simultánea a la aparición de desocupados, como vimos, sobre todo en el año 1997. 
La lucha docente se transformó, de hecho, en el espacio de articulación de procesos de movilización independientes y territorialmente alejados pero contemporáneos y las demandas de "Educación y Trabajo" se convirtieron, cada vez más, en articuladores de conflictos protagonizados por actores disimiles, de orígenes sociales distantes -"sectores medios" y desocupados- y que se desarrollaban de manera fragmentaria y descoordinada." 

viernes, 3 de mayo de 2013

Menemismo y kirchnerismo, fines de ciclo y lucha de clases


El libro de Adrián Piva (AP), "Acumulación y hegemonía en la Argentina menemista", brinda varios elementos históricos y teóricos útiles para pensar los posibles escenarios del fin de ciclo kirchnerista, comparado con los años de la decadencia del menemismo.
El marco teórico de Piva es un marxismo gramsciano donde el concepto de "hegemonía" es central para pensar los momentos de crisis y reconstitución del poder político y los regímenes de acumulación. En este trabajo en particular intenta dar una explicación a la emergencia y caída de la hegemonía menemista. Con los límites y problemas teóricos que pueden traer los múltiples usos del concepto de "hegemonía", su trabajo es útil para reflexionar sobre el periodo y sobre todo para pensar las convergencias y divergencias con la actualidad. 
Primero algunas definiciones: para AP la menemista fue una "hegemonía débil", basada en un "consenso negativo". Con esto quiere decir que la génesis del consenso menemista estaba en un elemento de coerción: la hiperinflación. La impotencia del movimiento obrero y la estrategia vandorista de su dirección para responder a la hiperinflación en  los últimos años del alfonsinismo, permitieron que actuara como factor disciplinador. A este elemento se le fueron agregando a lo largo de la década la desocupación y la fragmentación de la clase trabajadora, como otros elementos coercitivos que facilitaron el consenso negativo a la estabilidad neoliberal. 
Un poco más teóricamente, AP relativiza la oposición binaria entre consenso (adhesión voluntaria) y coerción (imposición por la fuerza o la represión), para relacionar estas dos categorías en un análisis más complejo que define mejor la formas que adoptó la dominación capitalista en la democracia argentina. El significado más amplio que AP le da a la coerción, extendiéndola a factores económicos puede compararse con el matiz que introduce Perry Anderson, terciando con el concepto de "coacción", como un elemento actuante y generalizado en las democracias modernas, mediando entre los polos de coerción y consenso. 
Volviendo a la historia del menemato, esos tres elementos disciplinantes (hiperinflación, desocupación y fragmentación obrera) facilitaron el consenso negativo. Aunque fueron necesarias derrotas estratégicas entre las que AP ubica a la de los telefónicos y los ferroviarios como las derrotas "testigo". O sea, entre coerción/coacción y consenso, media también como elemento fundante la relación de fuerzas.
El "Santiagazo" dio el inicio a un primer ciclo de revueltas provinciales (Cutral Có, Jujuy). Según AP hasta el año 1997 el estado nacional tuvo la capacidad de circunscribir estas protestas a los ámbitos provinciales y evitar su nacionalización. No fue así con los conflictos de la segunda "ronda" de protestas que lograron una mayor nacionalización, golpeando en los centros urbanos (donde había movilizaciones contra la represión) y donde se impone una mayor actividad de los sindicatos (segundo Cutralcazo, segundo Jujeñazo o Gral Mosconi).
La decadencia menemista se manifiesta en el surgimiento de una amplia oposición social por "las consecuencias sociales del modelo" (aunque su impugnación total vino unos años más tarde) y por el rechazo a la represión. Los docentes en general y, una vez más, con la vanguardia de los nucleados en ATEN (Neuquén) en particular, actuaron como caja de resonancia del pase a la oposición de amplios "sectores medios", base de sustentación central de cualquier democracia, así como también de fracciones del movimiento obrero. AP reconoce la "proletarización" del gremio docente, pero sin embargo ubica a los docentes dentro de lo que llama una categoría "socio-cultural", los sectores medios, que sin negar las determinaciones clasistas, creemos útil para pensar las respuestas políticas o acciones de sectores o fracciones de clases, en determinadas circunstancias.
La ilusión aliancista permite por un momento volver a marginar los conflictos a los ámbitos provinciales. Recordemos que uno de los eslabones débiles del plan económico eran las provincias por las exigencias permanentes de ajuste fiscal, desde los organismos internacionales al país, y desde el estado nacional a las provincias.
AP hace una permanente relación entre la capacidad de "metabolizar" los conflictos, esencialmente evitando su nacionalización y su gravitación sobre los grandes centros urbanos y sobre los sectores medios, como expresión de la capacidad del estado de mantener (o no) su hegemonía. Luego la historia sigue con las jornadas del 2001 en las  que la clase obrera no interviene como clase y el resto es más o menos conocido.
Tomando estos elementos se puede pensar que tipo de consenso fue/es el kirchnerista. Evidentemente su aspecto de "consenso negativo" fue el factor coercitivo/coaccional de la hiperdesocupación. Aunque pasado el tiempo este factor se fue debilitando. Se sostiene la división estructural de las filas obreras. Pero no mediaron durante todos estos años derrotas significativas, sino más bien todo lo contrario, ya que se partía de un piso muy bajo. Si durante el menemismo la clase obrera retrocedía en fuerza estructural y, sobre todo, en subjetividad, lo que marcó las formas de la lucha de clases en el desenlace del 2001; en la última década la reestrucruración social y, sobre todo, la subjetividad fueron en ascenso (aunque no se hayan revertido muchas condiciones). El consenso kirchnerista estuvo basado no en las derrotas, sino en las posibilidades que la "fortuna" de un crecimiento económico (asentado también en la "virtud" del trabajo sucio del duhaldismo y la devaluación) le dieron al kirchnerismo para desarrollar su "modelo".
En la actualidad estamos viviendo un momento de crisis de la hegemonía kirchnerista. Hay un empeoramiento paulatino y comienzan a verse  "las (malas) consecuencias sociales del modelo", a partir de lo que llamamos el "fin del nunca menos". Sin embargo no llega todavía a una "impugnación total". El discurso de la "no represión" fue un elemento en que se basó el gobierno para lograr reconstituir la autoridad estatal. Pese a que ese relato es falso, porque hubo represiones para todos y todas, la realidad es que para el estado burgués una reconstitución que se base en un discurso que niegue el libre uso del monopolio de la violencia, es una contradicción, que se suma a la más histórica de la crisis de las FFAA desde la dictadura.
Nuevamente los y las docentes, con la crisis de la burocracia, recuperación de seccionales y huelgas, adelantan el malestar como "caja de resonancia" de los "sectores medios" y de franjas del movimiento obrero (no pocos de ellos se autoperciben como "sectores medios"). Los cacerolazos, haciendo un análisis objetivo, y partiendo de la delimitación que ya hicimos del programa y la políticas de quienes le imponen su impronta, son también parte de esta crisis del consenso kirchnerista. Sin embargo, siguiendo esta lógica, la no gravitación nacional de los conflictos, como la reciente dura huelga de Neuquén o la de provincia de BsAs, muestran todavía los límites de la situación. Por supuesto que en esto, la primera responsabilidad es de la burocracia sindical, pero no menos pérfido era el rol hacia el fin del  menemato. 
Lo que queremos plantear son los límites entre disidencia, descontento y radicalización.
El paro del 20N mostró la generalización del descontento obrero. A su vez la forma de pronunciamiento nacional mostró también los límites que todavía existen en la disposición a la lucha de clases que es mas o menos directamente proporcional a los ataques. Estos ataques todavía se dan mediados (impuesto a salario, inflación no descontrolada, tarifazos), pero está inscripto en la dinámica que tienen necesariamente que pasar a una "fase superior", por las contradicciones cada vez más agudas del "modelo".
Por último, la respuesta obrera al fin de ciclo menemista estuvo determinada por las debilidades estructurales e históricas de la clase obrera, como (y esto es la principal debilidad del análisis de AP) por los límites de las estrategias de las direcciones que se revindicaban de izquierda combativa.
Lo interesante que nos hizo repensar/recordar el trabajo, es que el movimiento de desocupados no estaba condenado a la clientelización determinada trágicamente por su condición estructural. En su inicio, como fracción de la clase obrera y alrededor de la consigna de "trabajo genuino", tuvo capacidad de "universalizar" su reclamo particular (hegemonía) y lograr una alianza social que llegó hasta ser eje de puebladas. En Mosconi se llegó a una fuerte alianza entre ocupados y desocupados y en el segundo Cutralcazo a una avanzada organización asamblearia con rotatividad. 
Las potencialidades "universalisantes" del movimiento de desocupados, como fracción de la clase obrera, fueron inversamente proporcionales a su clientelización (a la que aportó gran parte de la izquierda argentina). La CCC que era la organización combativa más extendida, dirigida por la estrategia de su partido, el PCR, se jugó a las "multisectoriales" y a la capitulación a las burocracias sindicales.
Una estrategia, que obviamente hubiese necesitado de una fuerza política más o menos nacional y con fuerza militante, que basada en la independencia de clase, buscara la unidad con los trabajadores ocupados, hubiese permitido potenciar esa capacidad hegemónica. Recordemos que en el 2000 se llegó imponer a todas las centrales el paro de 36 horas, marcando la intervención de los trabajadores ocupados, que luego fue contenida quirúrgicamente en diciembre del 2001, donde los protagonistas fueron los "sectores medios", precedidos por los saqueos se los más pobres. Como a lo largo de todos los momentos de crisis de la historia nacional la discordancia de los tiempos en la intervención de las distintas clases sociales o de sus fraccciones, fueron la causa de las derrotas. La organización de la vanguardia (en partido) está justamente para mantener y conquistar posiciones de avanzada y preparar una estrategia que permita la concordancia y aporte a la nacionalización de resistencia, ya que siempre se parte de la defensa, y que siente las bases y en parte cree las condiciones para la ofensiva. 
Todo esto plantea el desafío de pensar la estrategia para el fin de ciclo kirchnerista que está anunciado en la crisis del "modelo", el inicio de escisión entre los trabajadores y la ruptura más avanzada entre los "sectores medios". Además de qué, por ahora, no se divisa una "salida aliancista", por la debilidad de la oposición burguesa.
El movimiento obrero parte una mejor situación social y subjetiva; y con una izquierda no reformista con posiciones conquistadas en fracciones de la vanguardia y cierto peso político nacional. Esto no garantiza nada, aunque es un buen punto de partida. Pero el más o menos lento (hasta ahora) declinar del kirchnerismo, no sólo plantea la oportunidad, sino que obliga a una mayor acumulación de fuerza militante y una preparación estratégica si pretendemos jugar un rol histórico en los interesantes tiempos que se avecinan. 
En los fines de ciclo, que tienen como consecuencia lógica la agudización de la lucha de clases, el mayor crimen que no se puede cometer es estar insuficientemente preparado en fuerza militante o en disposición estratégica para jugar un rol decisivo. Las lecciones del último momento agudo de laberíntica lucha de clases al fin del menemismo ratifican esta lección histórica. Si pasaremos la prueba en este nuevo momento histórico que se anuncia, es una cuestión que depende de nuestra propia práctica.