martes, 30 de julio de 2013

Cristina, Bismarck y el trasero del Papa


Leemos:
"(...) cuando Bismarck llegó a las elecciones forzadas, prefirió besar al Papa en el trasero, antes que a la revolución en los labios"
F. Engels a F. Sorge, 29 de abril de 1886
Parafraseamos:
"Cuando Cristina llegó a las PASO "forzadas", prefirió besar a Chevron en los pies, al Papa en el trasero y la Mazorca en los labios"

Se ve que los particulares gustos bonapartistas vienen de tiempos antediluvianos y son universales, solo empeoran con el paso del tiempo.

lunes, 29 de julio de 2013

Nuestro homenaje a Walter Malosetti

Se agradece al mujik el envío...

Ya sale! Ideas de Izquierda N° 2 (Tapa y sumario)




Progresismo K: la historia (repetida) de una impotencia

Posteamos artículo escrito junto a Juan Dal Maso, para el número 1 de la revista "Ideas de Izquierda"




Luego de 10 años de kirchnerismo en el poder, los sectores que lo apoyan por izquierda confiesan su incapacidad para superar al peronismo tradicional. La revista El Ojo Mocho discute sobre de una impotencia En nuestro país, al “modelo” se le achican los su propia impotencia histórica y sobre su “tragedia” política.

Los debates sobre los diez años de experiencia kirchnerista encontraron en una situación paradojal a los intelectuales que intentan ubicarse en sus llamadas “alas izquierdas”. O a quienes la apoyaron con la ilusión de que se convirtiese en el agente de una “superación” del pejotismo tradicional. Cabe destacar que no es un sector que se caracterice por una gran estabilidad. Pasa de la euforia a la depresión según el sentido de los golpes de efecto del gobierno, últimamente muy pocos hacia la izquierda y la inmensa mayoría hacia la derecha.

Las mutaciones del kirchnerismo y la “astucia de la razón peronista”

Desde el punto de vista de la clase dominante, estos diez años confirmaron la “destreza” mutante del peronismo para salvar al país burgués de las crisis agudas. En los últimos 60 años, el peronismo fue el nunca bien reconocido “fenómeno bendito” del capitalismo argentino, pese las contradicciones que este movimiento tuvo con las clases dominantes. Los costos de esta última empresa de contención y desvío de las jornadas del 2001 fueron escasos y los beneficios como para ser “juntados en pala”, como confesó Cristina Kirchner en uno de esos excepcionales momentos de honestidad.

Las contradicciones económicas, sociales o políticas de los “populismos” latinoamericanos o los llamados gobiernos “posneoliberales” son la mayor confirmación de sus límites. Venezuela con devaluaciones en cadena y una oposición de derecha (“caprilismo”) en ascenso, Bolivia con un gobierno que viene de llevar adelante una cruzada contra el movimiento obrero minero, para defender un sistema noeliberal de jubilaciones.

En nuestro país, al “modelo” se le achican los márgenes entre las tendencias a la devaluación o la opción por el ajuste deflacionista; y mientras tanto, el gobierno aplica un poco de cada cosa (tarifazos, control de importaciones y “desdoblamiento cambiario”, es decir, devaluación encubierta), ese a que en la coyuntura la campaña electoral suspenda las “grandes tareas” planteadas desde el punto de vista burgués.

El espíritu y la moral conformista del momento “populista” en nuestro continente, lo reafirmaba un analista, describiendo los resultados y los “logros” de Brasil, poco antes de que irrumpieran las masivas movilizaciones recientes: “Y, mientras tanto 52 millones de brasileños habrán eludido un futuro cruel y pasando de la humillación de la miseria a la pobreza digna”[1]. A esta altura de la civilización, solo el progresismo posibilista puede darle un carácter “digno” a la pobreza, que es por definición, indigna. Y el mentís se lo dieron las rebeliones que comenzaron contra los tarifazos en las calles de San Pablo, Río de Janeiro y otras ciudades, y que son un síntoma de cierto final del consensualismo y la pasivización lulista.

Esto y nada más describe la definición periodística del “fin de ciclo” que irrita sobremanera a los defensores del kirchnerismo. Ante sus tendencias evidentes, por el agotamiento de las condiciones que permitieron el desarrollo del “modelo” y la crisis de sucesión política; los kirchneristas respondían con la “persistencia”. La discusión no es sobre la persistencia de un gobierno, que es un hecho, sino sobre qué es lo que persiste y, sobre todo, cuáles son sus perspectivas. El marxismo, o por lo menos el nuestro, es un método de análisis y una guía para la acción, no reniega de las contingencias de la política, sino que analiza las condiciones, relaciones de fuerzas y tendencias en las que ésta se desarrolla. “Fin de ciclo” describe las tendencias generales y no sentencia la “caída inevitable”, “catastrófica” y permanente del gobierno.

Y estas contradicciones y “paradojas” las ratifica Nicolás Prividera en el último número doble de El Ojo Mocho y su hipótesis de que el progresismo kirchnerista termine preso de la “astucia de la razón peronista”, como tantas otras fábulas de “trascendencia desde adentro”[2]. En ese diálogo entre el cineasta y los editores de la revista, el pesimismo de un poco de inteligencia se impone al optimismo de una voluntad ilusa. La figura hegeliana de la “astucia de la razón” remite a los sujetos particulares como medios de realización de alguna razón universal, el adjetivo de “peronista” admite que es muy probable que el poder real continúe en las mismas manos de siempre. Y esta metáfora filosófica se emparenta con la “arquitectónica” de la “casa peronista”, que describió el derechista Eduardo Fidanza, donde el piso de abajo es invariable y el piso de arriba se adapta al relato que expresa mejor a los tendencias de moda. Similar a la imagen del “peronismo permanente” y el “peronismo contingente” del que hablaba Juan Carlos Torre, donde la inmutabilidad del primero (del que Duhalde era el paradigma) era la garantía que autorizaba los giros discursivos del segundo.

Cualquiera que observe la geología del poder real en la Argentina debe reconocer el pleno dominio de lo que llamamos la “Triple B”. Y esto en referencia a las policías bravas, con la Bonaerense como modelo, que están igual o levemente empeoradas; los Barones del peronismo, “feudales” (gobernadores) o “mazorqueros” (intendentes) renovados en la inmutabilidad de sus métodos, y finalmente, la Burocracia sindical desplazada, dividida y vuelta a convocar. Esto se debe a que expresa distorsionadamente la relación ambigua con “el enemigo público N°1”: el movimiento obrero, sobre todo cuando tiende a convertirse en sujeto. Todo este continuismo político- estatal es la garantía de otro continuismo esencial, el económico y estructural.

El temor impotente y escéptico de Prividera por una nueva “tragedia” en la que el kirchnerismo tan solo termine siendo una transición hacia la reconstitución del peronismo tradicional, en el peor sentido del término, sigue siendo la disyuntiva política de la hora, más allá de las coyunturas electorales. La perspectiva de convertirse en un “muerto vivo o un avatar dentro del peronismo”, por la vía de la resignación a la sucesión de un Scioli, por la sciolización de Cristina Kirchner o por el resurgir de una figura como la de Sergio Massa, con la que también haya que resignarse a

acordar. Los intentos de construcción de sucesores propios del riñón cristinista se estrellaron de frente con los profundos problemas estructurales irresueltos y agravados que irrumpieron bajo la forma de “crímenes sociales”. Alicia Kirchner con las inundaciones de Buenos Aires y La Plata o Florencio Randazzo con los recurrentes “accidentes” ferroviarios, ambos borrados de un plumazo de las listas del Frente Para la Victoria. Y esto sin hablar de los anteriores intentos de sucesiones fallidas, como Nilda Garré, responsable del espionaje “derecho” y “humano” conocido como “Proyecto X”. Encerrado en estas disyuntivas, el kirchnerismo, que fue parte orgánica del “feudalismo” peronista desde la gobernación de Santa Cruz, hoy alienta el peligroso juego de dividir las lealtades del peronismo y sobre todo el de la provincia de Buenos Aires; abriendo una “caja de pandora” de resolución incierta. Las divisiones del peronismo fueron en la historia de la Argentina contemporánea, condición de posibilidad de crisis nacionales, así como oportunidades para su verdadera superación.

La “pregunta sobre el sujeto” y las paradojas de un “entrismo sui generis”

La pregunta sobre cuál es el sujeto y sus vueltas (tema central de este número El Ojo Mocho) formulada todavía 10 años después, devela una cruda realidad. Lo “conquistado” en este período alcanzó para cierto conformismo, pero no para el desarrollo de una pasión y una nueva militancia. El relato épico se escindió totalmente de la política real. Por eso para mostrar multitudes verdaderas en los festejos de la “década ganada”, recurren al aparato peronista que creció y se afianzó justamente en la “década perdida”. Y a la misma maquinaria recurren para la contienda electoral en puerta. El aparato peronista es el “sujeto” realmente existente, con la única diferencia con respecto a los años neoliberales, de que ahora lo acompaña y lo maquilla una juventud construida desde y para el Estado, con discurso distinto a los jóvenes menemistas o aliancistas, pero con el mismo ímpetu arribista de sus dirigentes.

Y esto de la “astucia de la razón peronista”, habilita una respuesta retrospectiva a los Restos Pampeanos de Horacio González[3]. En el ensayo en cuestión, González hizo su lectura del trotskismo en la tradición nacional, justamente para ubicarlo casi en sus fronteras. Ese trotskismo gonzaliano ridiculizado y “a la carta”, sería el agente de una historia fatalista y en permanente estallido, leída con el marco de una dialéctica salvaje, tosca y poco sensible a las argamasas culturales que Gramsci habría sabido interpretar mejor. Esa externalidad y una razón “instrumental” le dan al “entrismo” el carácter de táctica por antonomasia del trotskismo. La experiencia concreta en la práctica morenista del “entrismo en el peronismo”[4], demostró que favoreció más al entrado que al entrista, al ampliar el universo discursivo (único universo que le interesa a González) del peronismo.

El punto es que pasada una década, González quedó como uno de los más prominentes referentes de los que –como Prividera– soportaron el momento de realpolitik y apostaron a un “entrismo”, esperando el momento de la trascendencia “desde adentro”. Y esto más allá del mismo González y Carta Abierta, muchos de ellos parte del funcionariado o con ansias de serlo. Hasta dónde el kirchnerismo acabará en términos históricos como un momento entre el menemismo (y su continuadora la Alianza) y alguna especie de peronismo “tradicional”, será una cuestión para los futuros historiadores del quehacer nacional. La realidad es que desde hace un tiempo se está llevando adelante la antropofagia y el entrado (el pejotismo) está sacando todas las ventajas del entrista (el progresismo K). Esta maniobra tranfuguista habilita a que un Aníbal Fernández pueda pasar del duhaldismo puro y duro a erigirse en autoridad de un neojauretchismo progre, nacional y popular; y que el menemista liberal Amado Boudou, se convierta en el ejemplo “sacrificial” para la nueva juventud maravillosa. Sufriendo estas paradojas, Horacio González se transformó en un personaje de sí mismo, lo cual no deja de ser un tanto extravagante.

De las contingencias de la política al “determinismo peronista”

Las coordenadas de estos debates se ubican en dos ideas que tienen la fuerza de la costumbre. La primera es que el peronismo es la forma histórica y “natural” de expresión de la clase trabajadora y los sectores populares, constituidos como tales dentro de la alianza de clases formada por aquel, desde el control del aparato estatal. La segunda es que el “peronismo realmente existente” debe ser superado, pero no por una clase trabajadora que adquiera una posición independiente de la ideología del “peronismo histórico”, porque caería peligrosamente en manos de una izquierda que tiene “modelos de guerra”, la lógica del “cuanto peor mejor” y en general está dispuesta a tirar por la borda las conquistas concretas del “populismo” en función de un más que improbable clasismo o “hegemonismo” obrero.

De esta forma, las más sofisticadas elucubraciones sobre la “vuelta de la política” y la “batalla cultural”, se ponen al servicio del más cruel “determinismo peronista”; el cual por otra parte, bajo la forma de la “astucia de la razón” aparece como la expresión misma de la derrota del supuesto “proyecto transformador” llamado a trascenderlo.

Las concepciones “politicistas” y “culturalistas” que de la adhesión de la clase obrera al peronismo derivan una imposibilidad de un desarrollo en clave clasista, son a su vez “sustituistas” de la experiencia de la clase obrera como sujeto de sus propias luchas. El máximo sujeto al que aspiran es a uno corporativamente organizado en sindicatos burocráticos y movimientos sociales estatalizados.

Estas operaciones se hacen al costo de ocultar la historia misma de la clase obrera y reemplazarla por una imagen idílica de un proletariado peronista o la nihilista de uno que no se reconoce más como tal. No existen más los proletarios que se enfrentaron a las bandas fascistas en la Semana Trágica, ni la huelga de 1936, ni el 17 de Octubre como acción obrera, ni el Partido Laborista de Cipriano Reyes. Desaparece la Resistencia Peronista, con su toma del Lisandro de la Torre, el Plan de Lucha de la CGT de 1964, el Cordobazo y todo lo que vino después.

Para ser un poco más objetivo, o mejor dicho para no tomar “instrumentalmente” las formas de organización y “cultura obrera” del siglo XX, habría que decir mínimamente que junto con su adhesión al peronismo que ocupa la mayor parte de su historia reciente, la clase trabajadora en la Argentina ha desarrollado distintas experiencias ligadas al “clasismo” y al método de la huelga general insurreccional y la organización de base en comisiones internas, coordinadoras y otras instancias de tendencias hacia la autonomía y la autoorganización.

En la oposición frontal hacia la recuperación y el reconocimiento de esas experiencias reside uno de los elementos más conservadores de los que terminaron en la “izquierda” kirchnerista y el secreto revelado de su impotencia histórica, el “obstáculo epistemológico” para entender los momentos de giros bruscos y cambios históricos.

Apoyándose en la acción por arriba del Estado, en detrimento de las potencialidades creativas de la clase trabajadora, a lo más que pudieron aspirar fue a un PJ con discurso progresista, que dejó en pie lo esencial del aparato policial, territorial y mafioso de los intendentes, los gobernadores y la burocracia sindical.

Un Estado restaurado y el camino allanado para algún tipo de massismo, el sciolismo o una combinación de ambos engendros, sin descartar contubernios con el mismo kirchnerismo.

La “astucia” de la lucha de clases

La alternativa realista a la “auto-reforma” imposible del peronismo es el desarrollo de la independencia política de la clase trabajadora. No es difícil imaginar las objeciones que despierta esta idea en el progresismo. La primera y principal: la lejanía “utópica” de esa aventura, mientras intentar “presionar por izquierda” al aparato estatal está al alcance de la mano. Tan al alcance de la mano como el círculo vicioso de la “astucia de la razón” peronista que ha demostrado con creces que no puede trascenderse dentro de su propia lógica de hierro, a pesar del entusiasmo con cada “gesta” efímera de los que ocupaban el “piso de arriba”.

El proceso abierto el 20 de noviembre de 2012, con el pronunciamiento nacional del primer paro general de los años kirchneristas entró en un impasse pero no ha finalizado. Fue un episodio, a un nivel superior, de un proceso profundo y de una recomposición social y subjetiva de la clase trabajadora y solo “el aviso de incendio” de un posible retorno. Y esa es en cierto modo la “astucia” de la lucha de clases. Puede ser contenida, puede retroceder por largos períodos en los que hasta se decreta su desaparición. Pero continuamente vuelve y modifica la experiencia del movimiento obrero, contra el “sueño dogmático” del peronismo de suprimirla bajo la tutela del Estado.

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[1] Eric Nepomuceno, “Los diez años que cambiaron Brasil”, Página/12, 17/05/2013.


[2] “Conversación con Nicolás Prividera”, El Ojo (otra vez) Mocho 2-3, primavera/verano 2012-2013. El Ojo Mocho fue una revista nacida en 1991 y orientada durante muchos años por Horacio González. Durante la década menemista logró reconocimiento en el mundo académico intelectual de izquierda. En la segunda época con un grupo editor encabezado por

Alejandro Boverio, Darío Capelli y Matías Rodeiro y alienada abiertamente con el kirchnerismo, perdió el filo crítico de sus mejores épocas y en este caso confirma el dicho popular de que “las segundas partes siempre fueron malas”.


[3] Buenos Aires, Colihue, 1999.


[4] Partiendo de la definición de que el peronismo “no dejó y posiblemente no deje por mucho tiempo ninguna posibilidad de organización política independiente de la clase obrera”, la corriente morenista (orientada por el dirigente trotskista Nahuel

Moreno) definió que “el entrismo es posible e inclusive necesario cuando el movimiento obrero apoya a ese movimiento nacional y no hay brotes importantes de organización independiente de la clase obrera”, buscando convertir al Movimiento de Agrupaciones Obreras que ellos orientaban en “la fracción trotskista legal del peronismo”. De esta manera el “entrismo” en el peronismo se expresó en la adopción de un discurso sindicalista combativo que le cedía en los problemas centrales de la política nacional al peronismo, por ejemplo “acatando” la orden de Perón de votar por Frondizi. Esta política terminaría sumiendo a la

corriente morenista en un curso sindicalista que se expresaría luego en la ruptura de un sector de dirigentes posicionados en ese sentido. Para un debate al respecto, ver “El populismo castrado”, en Lucha de Clases 4, 2004.

viernes, 19 de julio de 2013

Deodoro Roca, "La Docta" y los doctores


Leemos en el número de Julio de la Revista Deodoro:


Hubo dos actos cometidos por Deodoro Roca que también prepararon el terreno. Un escrito donde proclama la abolición del doctorado en Derecho por considerarlo el camino normal, en línea recta y ascendente, sin ningún sobresalto del stablishment. (...)

"Todas las soluciones parten de que el doctorado es una institución seria. Yo pienso, en cambio, que debe ser suprimida. El 'doctor' es una cosa sin significación vital alguna, muerto que está insepulto, asunto que no atañe en realidad a la cultura. Se llega a ser doctor como se llega a ser mayor de edad sin que el interesado pueda evitarlo"
El psicoanálisis, entre los ámbitos de pasión y el currículum. Cesar Mazza

Massa, Scioli y Cristina "Unidos y Organizados" (contra el enemigo común)

martes, 16 de julio de 2013

Lenin y el "Proyecto X"


Como siempre dijimos, es mejor releer que leer. Y estamos releyendo el ¿Qué hacer? de Lenin, aprovechando la muy buena edición de las Obras Selectas del IPS. En otro texto de la misma edición, Lenin dice que desde que el marxismo adoptó el carácter de ciencia, hay que tratarlo como tal, es decir, hay estudiarlo. No fue la suerte del ¿Qué hacer?, tan controversial, como poco entendido y mucho menos estudiado. 
Más allá de estas cuestiones, leyendo el fragmento que reproducimos abajo, no pudimos dejar pensar en el debate que se desarrolló en las instancias previas al acuerdo del Frente de Izquierda y que expresaba mucho más que matices tácticos, sino profundas diferencias sobre la praxis revolucionaria. Distintas (y hasta opuestas) concepciones en torno al rol de la agitación política, a la (in)utilidad de los "llamamientos" generales ( para "hacer" campaña electoral, por ejemplo), y sobre los "tribunos populares", En síntesis, la diferentes formas de entender la dialéctica entre lucha económica y lucha política. Y tenemos este fragmento justamente en el ¿Qué hacer?, un texto muy "abusado" por nuestros adversarios, donde creen encontrar las "20 verdades" para defender un politicismo electoralista, que es la contracara lógica de un sindicalismo economicista. Acá y acá, pueden leerse algunos elementos de ese debate entre la política concreta y los "llamamientos" rutinarios y generales.   
Dice Lenin: "En cuanto al llamamiento dirigido a las masas para la acción, surgirá por si mismo cuando se realice una categórica agitación política y denuncias vivas y convincentes. Sorprender a alguien con las manos en la masa y estigmatizarlo en el acto ante todo el mundo y por todas partes produce mayor efecto que cualquier "llamamiento"; y las consecuencias suelen ser de tal magnitud que más tarde ni siquiera es posible determinar con precisión quién "llamó" a la muchedumbre, quién lanzo tal o cual manifestación, etc. Sólo se puede llamar a la masa a una acción -en el sentido concreto de la palabra y no en general- en el lugar de la acción; no se puede exhortar a la acción a los demás sin dar el ejemplo uno mismo y de inmediato. A nosotros, como publicistas socialdemócratas, nos incumbe ahondar, extender e intensificar las denuncias políticas y la agitación política" (los destacados son nuestros). 

  

miércoles, 10 de julio de 2013

Sciolismo, massismo, kirchnerismo y barbarie


Si el cristinismo fue la etapa superior del kirchnerismo, el massismo y el sciolismo, diferenciados sólo por el lugar que ocupan a un lado u otro de la misma frontera, son la etapa superior natural del cristinismo.
El kirchnerismo es víctima de la lógica de hierro de todos los reformismos: no es lo suficientemente disciplinado como para ser considerado por el conjunto de la burguesía un gobierno "orgánico" 100% propio, y no es lo suficientemente radical para generar un movimiento de masas en el cual apoyarse para un cambio cualitativo. Molesta pero no pega, ladra pero no muerde. 
Es una segunda versión histórica, desmejorada del peronismo; acorde y casi directamente proporcional a las condiciones mundiales de la pos-restauración. El peronismo fue el producto, en primer lugar, de las condiciones de quiebre de la hegemonía mundial, y de la emergencia social de un nuevo movimiento obrero, la forma que adoptó el bloqueo a su irrupción política independiente. El kirchnerismo es un producto distorsionado de la relación de fuerzas nacida del 2001 y también de un cambio de paradigma internacional, por la bancarrota del neoliberalismo. Ambos, hijos (i)legítimos de sus tiempos históricos.
Y esta última quiebra mundial fue la obertura de la ópera que abrió el paso a la actual "primavera de los pueblos", donde Egipto quizá esté marcando el tránsito entre 1848 y 1871.
Los regímenes políticos, como formas del estado, son manifestaciones de las relaciones de fuerzas, con mayores o menores desplazamientos y condensaciones institucionales. Dicho epigramáticamente, en el capitalismo moderno, rinden homenaje a la fuerza o debilidad del movimiento obrero
Aquellas bases estructurales permitieron a mediados de siglo pasado el bonapartismo sui generis del primer peronismo; y las más recientes, la "hegemonía débil" del kirchnerismo. 
La "caprilización" de Massa y el silencioso caprilismo tiempista de Scioli, fueron un reconocimiento de estos determinantes estructurales, luego de una década de errores no forzados de una oposición autista. Y la "sciolización" de cristina, una expresión de sus propios límites. 
En la batalla en curso dentro del peronismo no están en juego distintos programas económicos o políticos, sino matices y diferencias en los tiempos para consumar hasta el final la restauración. Es un lucha dentro de la "pequeña política". La apatía general ante estas elecciones se sustenta también en esta realidad.
El kirchnerismo exige el reconocimiento debido por la obra de pasivización de estos 10 años, y los que se consideran los herederos naturales pretenden demostrarles que les ha llegado la hora. La delicada y casi imperceptible diferencia entre continuidad con cambios o cambio con continuidades.
El relato contra las corporaciones y hasta contra el imperialismo se mantiene para la tribuna, para los "desechos humanos" del seisieteochismo. Pero para la lucha concreta y la batalla real se recurre a un massismo versión Nac&Pop. Insaurralde, apuntalado por Scioli para dar pelea en la Mazorca, es una demostración viviente de la derrota final de la "batalla cultural". Neo municipalismo y gestión, mazorqueros renovadores y duhaldismo con rostro humano es la mejor oferta del "proyecto", pasada una década. 
Es que ese maoísmo althusseriano y su punto culminante en Laclau, las "revoluciones culturales", la hegemonía vacante y el sueño dogmático de la "política sin clases" ya están desaparecidos en el mundo. 
Y en cuestiones de clase, el cristinismo enterró hace tiempo el nunca menos, puso "punto final" a las concesiones y dejó boyando en el vacío y sólo para consumo interno de su secta a la batalla cultural.
En nuestros intercambios surgió el interrogante sobre la capacidad de resistencia de la camarilla kirchnerista y el nivel al que puede llegar la guerra interna del peronismo.
En lo inmediato, la guerra ya tiene sus consecuencias y daños colaterales en las divisiones de la burocracia sindical, generando su debilitamiento y abriendo una ventana de oportunidad para la izquierda.
A mediano plazo es una cuestión incierta. Como se dice acá, si el diablo de la crisis mundial o los estallidos propios de la bomba de tiempo a la que llaman "modelo", no meten la cola en el tranquilo gradualismo del fin de ciclo argentino, estaríamos frente al hecho inédito de una transición "pacífica" dentro del peronismo.
La "hegemonía débil" del kirhnerismo tiene la base en la fragilidad líquida de los sujetos en los que se apoya. Movimientos sociales y juventudes excesivamente dependientes del aparato estatal; gobernadores e intendentes que son particularmente leales...sobre todo a la caja. Fuera de eso, viento de cola y la secta progresista (o  "la mierda oficialista", como científicamente de autodefinieron en el momento pedante de su cenit). Fracciones del sindicalismo en la vereda de enfrente y otras cercanas, pero distantes. Sin fracciones organizadas tampoco en el movimiento estudiantil, donde sólo cuentan con camarillas acomodaticias de la nomenclatura universitaria. Inorgánico, invertebrado y con un nuevo "gigante" en la oposición abierta o en tránsito subterráneo hacia la disidencia y el inconformismo (20N).
Igualmente, 10 años con el poder del estado, no es poca cosa. Ni Montoneros, ni frepasismo del Varela Varelita. Esas son las referencias inmediatas de la historia reciente. Unos que intentaron centroizquiedizar al peronismo y terminaron como encubridores de la derecha radical. Los otros, el producto de la radicalización setentista y la agudización de la lucha de clases que dio como resultado una izquierda peronista, que también tuvo su otra causa más "subjetiva" en las incompetencias de la verdadera izquierda revolucionaria. Aunque con la diferencia evidente de que eran más "orgánicos" que el "Evita" o "La Cámpora".
Sciolismo o barbarie como parafraseó un bloguero kirchnerista de los que, a veces, piensan.
Finalmente, como siempre no es un problema de política objetiva, sino una cuestión esencialmente de orden práctico. Más allá de las formas que termine adoptando el fin de ciclo, la definición también estará determinada por lo que sepamos construir desde la izquierda.

jueves, 4 de julio de 2013

Revista Ideas de Izquierda, adelanto de Editorial y sumario




Editorial
IDEAS DE IZQUIERDA

Esta revista sale a la calle cuando recorren el mundo nuevas explosiones de rebeldía con un gran protagonismo de la juventud, pero también con la participación de sectores de trabajadores. Las más diversas y masivas manifestaciones en San Pablo, Estambul, Santiago de Chile o El Cairo, y en muchas otras metrópolis, tienen el trasfondo de una nueva crisis histórica del capitalismo que va por su sexto año. Si al inicio de las “primaveras” en Medio Oriente los apologistas del capitalismo podían todavía ilusionarse con que los cuestionamientos solo tenían como eje el reclamo de democracia contra las dictaduras (aunque en las calles de Túnez, Egipto y el resto de los países árabes se enfrente los lastres de décadas de saqueo imperialista sostenidas por las élites locales), las actuales movilizaciones anuncian que viejas verdades sagradas pueden no ser tan sólidas y desvanecerse en el aire, como demuestra el hartazgo con las democracias para ricos, combinado con los efectos de la crisis. Regímenes que en muchos países de los mal llamados “emergentes” se asentaron recientemente, ligados al reforzamiento del poder del capital, en todo el mundo son abiertamente enfrentados por masivas movilizaciones que unen el cuestionamiento de los privilegios de la casta de políticos serviles de los capitalistas, con el reclamo de mejores condiciones de vida. Las contrarreformas económicas del “neoliberalismo” fueron acompañadas por una expansión de los regímenes democráticos burgueses, presentados como la mejor y la única forma de representación de los intereses generales, pero reducidos como nunca a limitados derechos formales. El grito de “no nos representan” de los indignados del Estado Español reverbera en las plazas del mundo, junto al rechazo a pagar las consecuencias de la crisis.

En Argentina, la lenta decadencia del gobierno nacional tiene como marco esta nueva crisis capitalista y el retorno, aunque inicial, de la lucha de clases, presagiando el nacimiento de una nueva época.

En la tradición intelectual nacional, las revistas que “hicieron época” nacieron y en parte fueron manifestación de esos momentos bisagra. Ideas de Izquierda se propone asumir el desafío (SEGUIR LEYENDO...)