miércoles, 28 de agosto de 2013

Ni de izquierda, ni de derecha, sino todo lo contrario


El título del post puede traducirse al lenguaje elegante del gorilismo borgeano como "ni buenos, ni malos, simplemente incorregibles".
Es que un día anuncian la suba precaria, inestable y arbitraria del piso del impuesto a las ganancias, aplicado sobre el salario y el aumento de las asignaciones; y al día siguiente, por medio del emepenismo y sus medios (balas y palos), presionan para la aprobación de una nueva entrega nacional.
Un día antes de estos dos anuncios, habían hecho otro que contenía en la misma propuesta los dos polos que contornean al bonapartismo: somos "pagadores seriales"... pero con "autonomía". Cristina prometió cumplir con el eterno mandato que viene desde el fondo de la historia semicolonial argentina, y que el tucumano Avellaneda supo sintetizar tan cipayescamente bien ("honrar la deuda sobre el hambre y la sed de los argentinos"). Eso sí, continuaremos cumpliendo fanáticamente con los compromisos, pero el pago se hará en alguna ventanilla de nuestra "patria vasalla".
Es la lógica del bonapartismo que tantas veces confundió a ciertas izquierdas dogmáticas y de pensamiento mecánico.
Sin embargo, obligadamente hay que diferenciar el largo plazo, o dicho gramscianamente, los movimiento orgánicos, de aquellos de coyuntura. Sino se corre el riesgo de perderse en el tactiquerío kirchnerista, en el que han sabido especializarse, con la inestimable ayuda de la oposición burguesa. 
Y para aclarar un poco todo esto, puede ser válida la comparación con las recuperaciones parciales, desde que en el 2008/2009 comenzaron las tendencias nunca revertidas totalmente, hacia el fin de ciclo. En esta etapa de declive general de las condiciones políticas y económicas que se agravan persistentemente, las recuperaciones tácticas fueron cada vez peores y más fugaces. 
La primera 2010-2011, combinó condiciones extraordinarias del capitalismo mundial que favorecieron a los emergentes (tendencia puesta en duda hoy), con la muerte de Néstor Kirchner que se inscribió indefectiblimente en los acontecimientos políticos. La mística de la ley de medios, la AUH y lucha contra la oligarquía. Quedará en la historia del kirchnerismo como la "gran recuperación", producto más de la fortuna que de la virtú. Y como siempre dijimos, el 54% estuvo exagerado, por obra y gracia de los opositores de cartulina que parecieron trabajar todos para el resonante triunfo que emborrachó al cristinismo.
Y esa misma borrachera, manifestada en el hablarse encima de la cadena nacional permanente fue un factor actuante, combinada con las tendencias fundamentales (la crisis energética, los crímenes sociales, la sucesión inviable), las que obligaron a otro gran giro táctico con la "expropiación" de YPF; en aquel ya tan lejano abril del 2012. Para parar la caída que se producía apenas unos meses después del "batacazo". La mística fue menor, el "nacionalpopulismo" duró menos, porque en el mismo anuncio, ya estaba en germen la chevronada. Sólo hicieron falta los cacerolazos de la clase media inquieta, que se exaltaba porque los parches del "modelo" comenzaban a afectar su derecho a la fiesta dolarizada. Y después el parazo del 20N que respondía al empeoramiento de las condiciones de vida de la clase trabajadora (inflación, impuesto al salario) y también a la suba de las aspiraciones que las propias conquistas engendraron. Es decir, que efectivamente y no de relato, exigía "nunca menos".
El cachetazo del 11 de agosto pasado fue una expresión distorsionada, moderada, por coyunturales condiciones económicas extraordinarias (mucho más coyunturales y mucho menos extraordinarias que las 2010-2011), de todas estas tendencias juntas (incluida la emergencia de la izquierda). 
En esta historia general se inscriben los giros actuales. Primero fue la sciolización para intentar no perder las elecciones en la provincia de Buenos Aires, dado que el resto ya estaba perdido. Y en este punto es interesante hacer una digresión en la comparación. Porque entre los motores del segundo giro táctico, estaba frenar la emergencia de los "competidores internos" frente la crisis de sucesión, en momentos en que se intentaba construir la utopía de Boudou como el "sucesor", cuyo mérito mayor era la carencia de todo poder propio. Es decir, era una lucha esencialmente contra de Scioli, cuando el kirchnerismo creía todavía en el "programa máximo" de convertirse en una genuina mayoría nacional. "Paradójicamente", este nuevo intento de recuperación y sus giros (suba del mínimo, aumento del 10% a empresarios) se hace en lucha por y junto a Scioli, el que espera cobrar toda la factura junta en 2015. Como siempre, y como no podía ser de otra manera, el bonapartismo responde de contragolpe y determinado por las condiciones generales. Ya no es una lucha por avanzar a consolidarse como mayoría nacional, incluso algunos reconocen que reducidos a su núcleo duro, al kirchnerismo paladar negro, son apenas el 10%, acercándose peligrosamente al Frente de Izquierda. 
Ahora se trata del "programa mínimo" de no continuar reduciéndose a su mínima expresión. Es decir, para que no se dispare Massa y los ponga en crisis terminal, con serio peligro de helicóptero.
Las condiciones no catastróficas (aunque tampoco espectaculares) de la economía, permiten todavía estas limitadas maniobras bonapartistas. Pero la recuperación, si la hay, está condicionada por todo el resto de las tendencias, que a falta de mejor nombre, podemos llamar "orgánicas". Incluida, por supuesto, la "cagada a palos" del 11 de agosto, como la describió muy académicamente un filósofo conurbano de origen nipón.
Habrá que ver las consecuencias concretas de los nuevos giros, pero las aspiraciones del kirchnerismo senil, son cada vez más modestas. Pelearle desde atrás al municipalismo, a golpes de gasto público (y después vemos) y de sciolismo levemente kirchnerizado. Si fracasa la recuperación, gana el masismo. Si "triunfa", el kirchnerismo se sobrevive acomodándole la alfombra roja a Scioli 2015. Son parafraseando a Munis, "jalones de victoria, promesas de derrota".


jueves, 15 de agosto de 2013

El retorno de un posmodernismo tardío (a propósito de ciertas lecturas de la elección del FIT)


Dijo Derrida : «Il n’y a pas de hors-texte», «no existe el fuera de texto», no hay nada fuera del texto, no hay «extra-texto». Pero la historia, que al final no tuvo final, demostró que la vida estaba llena de cosas "afuera del texto".

Dijo Jean Baudrillard: "La guerra del Golfo no ha tenido lugar". Fue sólo un espectro en un espacio hiperreal, un simulacro vivido como un simple espectáculo. Pero la guerra del Golfo tuvo lugar, al igual que las que vinieron después (otra vez Irak, Afganistán y tantas otras).

Dijeron nuestros queridos compañeros: "No hay nada fuera de mi texto y el Frente de Izquierda no ha tenido lugar". Y esto pese a lo que dijeron Clarín, La Nación, Página 12, MdZol y UNO de Mendoza, el Pregón de Jujuy, La Capital de Rosario, La Voz del Interior y La Mañana de Córdoba, cientos de radios, y decenas de canales de TV de aire, locales o nacionales, otros tantos cientos portales de internet, documentos fílmicos y fotográficos...Todo un simulacro, "no sucedido", "no acontecido", "no tuvo lugar", por el simple decreto de no nombrarlo en mi texto.

martes, 6 de agosto de 2013

La Argentina moderada, la foto y la película


La moderación es el espíritu que reina en la coyuntura, es la primera ganadora de la campaña electoral. El presente argentino vive un "momento Scioli", el de la "línea aire y sol, siempre para adelante", como lo define el inefable Jorge Asís.
Las superestructuras partidarias burguesas, oficialistas u opositoras rinden pleitesía a la "pos-política". La rebeldía vocinglera del kirchnerismo de los orígenes dejó el lugar a la "no política" de la administración, la gestión y el municipalismo. El kirhnerismo realmente existente, es decir el cristinismo, festeja que se acerca al empate técnico con Massa, a costa de imitarlo y copiarle no sólo la política, sino hasta los gestos y el estilo (mimetizarse con el adversario como dijo JDM). Asistimos al entierro de la batalla cultural. "Los años del final de la pasión política y del comienzo de un nuevo ciclo de perfiles todavía imprevisibles", afirma Zuleta Puceiro en el último número de "El Estadista", donde además describe que se terminaron las grandilocuencias de las elecciones anteriores a las que les sucede un instrumentalismo pragmático, cada vez más crudo y especulativo. Y recuerda que "las elecciones del 2013 han sido las primeras desprovistas por completo de programas y propuestas".
Como bien definieron Marx y Engels, las superestructuras (ideológicas, filosóficas, políticas etc) "ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma" (F. Engels a J. Bloch, 22 de septiembre de 1890, el destacado es de FE). Nuevamente la forma de las luchas políticas argentinas se juega en una interna del peronismo. Pero esa forma que tiene algunos imponderables abiertos a los resultados tanto de las PASO, como las generales de octubre, es manifestación de un contenido, que está en las tendencias y contradicciones de la estructura y en última instancia, de la economía.
Es allí donde está la base del inconformismo moderado del que es expresión el massismo, y del que resignadamente toma nota el cristinismo, para sciolizarse. 
El crecimiento coyuntural de la economía nacional, con un probable nuevo récord en fabricación de autos y una nueva cosecha histórica, dan cierto margen para la moderación y la pasivización de los factores que empujaron a los cacerolazos de la clase media derechista y al paro general del 20N, el año pasado. Esto más allá de que no hayan revertido las tendencias generales al agotamiento del "modelo", ni hayan encontrado solución a la "crisis de sucesión". Es decir, pese a que la decadencia del ciclo siga su curso, lo hace sobre la base de una economía que en la coyuntura tiene números en ascenso (aunque parece que no tan en ascenso como ¿dibuja? el Indek). Y la crisis sucesoria continua, descartando que Scioli no es la "solución" que esperan los kirchneristas, sino la resignación y el reconocimiento de su final.
Sin embargo, que la posibilidad de no tener una derrota espantosa en la madre de todas las batallas de la provincia de Buenos Aires y no bajar del 30% a nivel nacional, dependa de un gobernador de ADN menemista, un intendente "massista" formado en la escuela primaria del duhaldismo, y todos bendecidos por el "Papa peronista", habla del triste y solitario final por el que pasa el kirchnerismo, pese a que no se encamine a un resultado electoral desastroso y no se enfrente a una economía catastrófica. El cambalache se completa con un general que fue parte de la dictadura militar, al mando del Ejército, del que ni siquiera se puede aprobar el ascenso antes de las PASO.
Del gobierno hijo de las Madres y los pañuelos blancos, a la "gestión" y la promesa de más seguridad; de la reivindicación del "conflicto" como parte fundante de la política, a la bandera del consenso sciolista. De la crítica al jefe espiritual de la oposición e incluso a la misma corporación eclesiástica a besar arrastradamente el culo de Francisco, el deporte universal de los bonapartismos. De la "montonera" Garré y el stalinista con rostro humano, "Pomelo" Sabatella al "mano dura" Sergio Berni y "el perseguidor" Milani. De la "nacionalización" a Chevron. De la memoria de León Gieco, a la familia, la propiedad privada y el Estado, del duo Pimpinela. Del Nac&Pop a la Restauración como ya se dijo hace tiempo.
Las oposiciones peronistas o no, también tomaron nota y se "caprilizaron", giraron "a izquierda" y aceptaron que parte del trabajo de desvío y pasivización se había "hecho bien" (relato de DDHH, AUH); mientras el gobierno gira a la derecha, resignado a que llegó la hora del "thermidor voluntario;" y al nunca menos de las conquistas sociales, clausurado hace rato, ahora decreta el fin del nunca menos político y cultural. Todos se encuentran en el centro para un nuevo espectáculo de la "democracia", contenida por los resabios y rebotes de un "modelo" en declive. Y parado en el medio, el "perdedor" del día D siguiente al cierre de listas de las PASO, el que se había quedado sin legisladores, ni diputados, obispos, ni monaguillos, ministros, ni predicantes; ahora es, una vez más, la esperanza blanca de todos y todas.  
El "frio" de la campaña se corresponde con este reinado conyuntural de la "no política"; y los representantes más "destacados" son los directamente proporcionales a la situación: Scioli y Massa.
El clima también influye en los espacios y las construcciones de la izquierda. Si el FIT supera las PASO se abren importantes posibilidades para bancas y hasta bloques parlamentarios, con la "paradoja" de que su emergencia y conquista de posiciones se da en este marco. Puede mostrar una consolidación de un espacio de izquierda, pero en el marco de que las tendencias expresadas hacia fin del año pasado no se radicalizaron, sino que, momentáneamente, se moderaron, aunque no se revirtieron. Por eso no hay posibilidad de 54%, ni sueño de reelección, cruje el peronismo y se atomiza la burocracia sindical. Esto es una presión objetiva para dar el salto...a convertirse en la extrema izquierda del "sciolismo nacional". La base de clases del coyuntural nuevo consenso de la moderación, son las clases medias que guardaron el odio para más adelante (aunque este jueves prometen algunos volver a las calles) y aprovechan de nuevo la tarjeta y el mini boom consumista; y de los sectores más acomodados del proletariado que se ilusionan con la eternidad del nuevo veranito económico y electoral (donde hasta se "devuelve" el impuesto a las ganancias del aguinaldo). Pero esa es la foto y la manifestación de un precario equilibrio, parado sobre el país profundo que muestra hacia donde va la película. Ese país que tiene expresiones extremas en hechos "a lo Bangladesh" como este o donde colapsa todo el tiempo la estructura semicolonial y produce crímenes sociales que luego de Once, las inundaciones y tantos otros "accidentes", ponen al capitalismo y sus representantes empresarios y políticos en el banquillo de los culpables, por lo menos hasta que se demuestre lo contrario. El desafío de la izquierda y más aún si logra representación parlamentaria es no mimetizarse con la foto, sino prepararse para la película. Porque municipalistas, gestionadores, dialogantes, sonreídores y tutti quanti, no van a tener problemas de pasar del "aire y sol" a la leña, el ajuste, la sintonía fina y lo palos, para administrar el fin de ciclo después de las nuevas "fiestas de la democracia" del próximo domingo y de octubre.