jueves, 31 de octubre de 2013

Un ayuda memoria: El Partido Comunista y el parlamentarismo




Resolución del segundo congreso de la III Internacional en 1920

(Algunas negritas son nuestras. FR)


I. La nueva época y el nuevo parlamentarismo


La actitud de los partidos socialistas en relación al parlamentarismo durante la época de la Primera Internacional, consistió originariamente, en utilizar el Parlamento burgués para la agitación. Se encaraba la participación en la acción parlamentaria, desde el punto de vista del desarrollo de la conciencia de clases, es decir de despertar la hostilidad de la clase proletaria contra las clases dirigentes. Esta actitud se modificó, no por la influencia de una teoría, sino como resultado del progreso político. Por el crecimiento incesante de las fuerzas productivas y la extensión del dominio de la explotación capitalista. El capitalismo con 61 estados parlamentarios, adquieren una estabilidad durable por el crecimiento incesante de las fuerzas productivas y la extensión del dominio de la explotación capitalista.
De allí la adaptación de la táctica parlamentaria de los partidos socialistas a la acción legislativa "orgánica" de los Parlamentos burgueses y la importancia cada día creciente de la lucha por la introducción de reformas dentro de los marcos de la sociedad capitalista, el predominio de programas mínimos de los partidos socialistas, la transformación del programa máximo en una plataforma destinada a la discusión sobre un "objetivo final" cada vez más remoto. Sobre esta base se desarrollaron el arribismo parlamentario, la corrupción, la traición abierta o disimulada de los intereses primordiales de la clase obrera.
La actitud de la Tercera Internacional con respecto al parlamentarismo, no está determinada por una nueva doctrina, sino por la modificación de la función del parlamentarismo mismo. En la época precedente, el Parlamento como instrumento del capitalismo en vias de desarrollo, ha trabajado, en cierto sentido, por el progreso histórico. En las condiciones actuales, caracterizadas por la expansión del imperialismo, el Parlamento se ha convertido en un instrumento de las mentiras, del fraude, de las violencias, del bandidaje a su servicio; las reformas parlamentarias, desprovistas de espíritu de continuidad y de estabilidad, y realizadas sin un plan de conjunto, han perdido toda importancia práctica para las masas laboriosas.
El parlamentarismo ha perdido estabilidad, lo mismo que toda la sociedad burguesa. La transición del periodo orgánico al período crítico, impone nuevas bases a la táctica del proletariado en el campo parlamentario. El partido obrero ruso (el partido bolchevique) establece las bases del parlamentarismo revolucionario en la época anterior, porque en 1905 el equilibrio político y social de Rusia se pierde en un período de tormentas y convulsiones.
Cuando los socialistas aspirantes al comunismo sostienen que la hora de la revolución en sus respectivos países no ha llegado y, se niegan a separarse de los oportunistas parlamentarios, parten de la creencia, conciente o inconciente, de que el período que comienza es de estabilidad relativa de la sociedad imperialista y que, por esta razón, la colaboración con los Turati y los Longuet puede dar sobre tales bases, resultados prácticos en la lucha por las reformas.
El comunismo debe tomar como punto de partida el estudio teórico de nuestra época (apogeo del capitalismo, tendencias del imperialismo a su propia negación, a su propia destrucción, agravación continua de la guerra civil, etc.). Las formas políticas y organizativas pueden diferir de país a país, más el fondo de las cosas es el mismo en todas partes: se hace necesario para nosotros la preparación inmediata, política y técnica de la insurrección proletaria, que debe destruir el poder burgués y establecer el nuevo poder proletario.
Para los comunistas el Parlamento no puede ser en ningún caso el campo de una lucha por las reformas y por el mejoramiento de la situación de la clase obrera, como en ciertos momentos de la época anterior. El centro de gravedad de la vida política actual, ha salido definitiva y completamente, del Parlamento. Por otra parte, la burguesía, por sus relaciones con las masas trabajadoras y a causa de las relaciones complejas existentes en su seno está obligada a hacer aprobar de diversas maneras, sus actos por el Parlamento, donde las diversas pandillas burguesas se disputan el poder, ponen en evidencia su fuerza y sus debilidades, se comprometen, etc.
Así el deber histórico inmediato de la clase obrera es el de arrancar esos aparatos a las clases dirigentes, quebrarlos, destruirlos y reemplazarlos por los nuevos órganos del poder proletario. El estado mayor revolucionario de la clase obrera está profundamente interesado en tener agitadores en las instituciones parlarmentarias de la burguesía para facilitar su destrucción. Surge así clara la diferencia entre la táctica de los comunistas que concurren al Parlamento para cumplir fines revolucionarios y la del parlamentarismo socialista, que parte del reconocimiento de la estabilidad relativa y de la duración indefinida del régimen. El parlamentarismo socialista se dá como tarea el obtener reformas a cualquier precio, le interesa que cada conquista sea anotada por las masas en su cuenta (Longuet, Turati y Cia).
El viejo parlamentarismo de adaptación es reemplazado así por uno nuevo que es una de las formas de destruir el parlamentarismo en general. Pero las tradiciones repugnantes de la antigua táctica parlamentaria, han lanzado a ciertos elementos revolucionarios a ser antiparlamentaristas por principio (Los I.W.W., los sindicatos revolucionarios, el Partido Comunista Obrero de Alemania, etc.).

Considerando esta situación, el Segundo Congreso de la Intencional Comunista arriba a las siguientes conclusiones:


II. El comunismo, la lucha por la dictadura del proletariado y "por la utilización" del parlamento burgués


1) El gobierno parlamentario ha llegado a ser la forma "democrática" de la dominación de la burguesía, que en ciertos momentos de verdadera ficción aparenta expresar la "voluntad del pueblo" y no de las clases dominantes, pero constituye en realidad, en manos del Capital, un instrumento de coerción y de opresión;

2) El parlamentarismo es una forma determinada del Estado. No tiene nada que ver, en manera alguna, con la sociedad comunista, que no conoce clases, ni lucha de clases, ni poder gubernamental de especie alguna;

3) El parlamentarismo no puede ser, de ninguna manera, la forma de gobierno "proletario" en el período de transición de la dictadura burguesa a la dictadura proletaria. En el momento más grave de la lucha de clases, cuando ésta se convierte en guerra civil, el proletariado debe levantar su propia organización gubernamental, considerada como una organización de combate, en la cual las viejas clases dominantes serán admitidas. Toda ficción de "voluntad popular" en este período, será perniciosa para el proletariado, éste no tiene ninguna necesidad de recurrir a la nefasta división parlamentaria de los poderes; la República de los Soviets es la forma de la dictadura del proletariado;

4) Los Parlamentos burgueses, por ser una parte importante de la máquina gubernamental, no pueden ser conquistados por el proletariado, hasta tanto no lo sea el estado burgués en general. La tarea principal del proletariado consiste en hacer saltar la máquina gubernamental de la burguesía, y destruirla, incluida la institución parlamentaria, ya sea de las Repúblicas o de las monarquías constitucionales;

5) Lo mismo será con las instituciones municipales o comunales de la burguesía. Es teóricamente falso oponerlas a los órganos estatales ya que por formar parte del mecanismo gubernamental, deben ser destruidas por el proletariado revolucionario y reemplazadas por los Soviets de diputados obreros;

6) El Comunismo se niega a ver en el Parlamento una de las formas de la sociedad futura; se niega a ver en él, la forma de la dictadura del proletariado; niega la posibilidad de conquistar el Parlamento en forma durable; se da por objetivo la abolición del parlamentarismo. No puede discutirse pues acerca de la utilización de las instituciones gubernamentales burguesas, como no sea para lograr su destrucción. Es en este sentido y únicamente en éste, que la cuestión puede plantearse;

7) Toda lucha de clases es una lucha política, ya que es, al final de cuentas, una lucha por el poder. Toda huelga, extendida a un país entero, se convierte en una amenaza contra el Estado burgués y, por lo mismo, adquiere un carácter político. Esforzarse por derribar a la burguesía y por destruir el Estado burgués es sostener una lucha política. Crear un aparato de gobierno proletario y de coerción contra la burguesía refractaria, es conquistar el poder político, cualquiera sea la forma de ese aparato;

La lucha política, pues, no se reduce a una actitud negativa frente al parlamentarismo. Ella comprende toda la lucha de clases del proletariado en cuanto cesa de ser parcial o local y tiende a la demolición del régimen capitalista en general;

9) El método fundamental de la lucha del proletariado contra la burguesía, es decir contra su poder gubernamental es, en primer lugar, la acción de masas. Estas son organizadas y dirigidas por las organizaciones de masas del proletariado (sindicatos, partido, soviets) bajo la conducción general del Partido Comunista, sólidamente unido, disciplinado y centralizado. La guerra civil es una guerra. El proletariado necesita tener un buen estado mayor y buenos cuadros políticos dirigiendo las operaciones en todos los campos de acción;

10) La lucha de masas constituye todo un sistema de acciones en vías de desarrollo, que tiene su propia dinámica y conducen, lógicamente, a la insurrección contra el Estado capitalista. En esta lucha de masas llamada a convertirse en guerra civil, el partido dirigente del proletariado debe, en regla general, fortificar todas sus posiciones legales, convirtiéndolas en puntos de apoyo secundarios de su acción revolucionaria y subordinándolas al plan general de la campaña principal: la lucha de masas.

11) La tribuna del Parlamento es uno de esos puntos de apoyo secundarios. No se puede invocar contra la acción parlamentaria la condición burguesa de la institución misma. El Partido Comunista penetra en el Parlamento, no para entregarse a una labor orgánica, sino para minar desde su interior la máquina gubernamental y el Parlamento (Ejemplos: la acción de Liebknetch en Alemania, la de los bolcheviques en la Duma del Zar, en la "Conferencia democrática" y en el Preparlamento" de Kerenski, en la Asamblea Constituyente, en las municipalidades; también la sesión de los comunistas búlgaros).

12) Esta acción parlamentaria que consiste sobre todo en usar su tribuna para la agitación revolucionaria, para denunciar las maniobras del adversario, para agrupar en tomo a ciertas ideas a las masas que sobre todo en los países atrasados contemplan la tribuna parlamentaria con grandes ilusiones democráticas, debe someterse siempre y totalmente a los fines y a las tareas de la lucha extra parlamentaria de masas.
La participación en las campañas electorales y la propaganda revolucionaria desde la tribuna parlamentaria tienen una significación fundamental para la conquista política de la mayoría de la clase obrera común, que hasta el presente, como las masas trabajadoras rurales están marginadas del movimiento revolucionario y de la política.

13) Si los comunistas obtienen la mayoría en las municipalidades, deben: a) formar una oposición revolucionaria frente al poder de la burguesía; b) esforzarse por todos los medios en prestar servicios a la parte más pobre de la población (medidas económicas, creación o tentativa de creación de una milicia obrera armada, etc.) ; e) Denunciar en toda ocasión posible, los obstáculos puestos por el Estado burgués a toda reforma radical; d) Desenvolver a partir de estas bases una propaganda revolucionaria enérgica, sin temer enfrentarse al poder burgués; e) Reemplazar, en ciertas circunstancias, las municipalidades por soviets de diputados obreros. Toda la acción de los comunistas en las municipalidades debe dirigir la parte de la acción general a desintegrar el sistema capitalista.

14) La campaña electoral debe ser dirigida, no a la obtención de la mayor cantidad posible de representaciones parlamentarias, sino hacia la movilización de las masas en tomo a las consignas de la revolución proletaria. La lucha electoral no debe ser realizada sólo por los dirigentes del Partido. La totalidad de los miembros del Partido deben participar en ella.
Todo movimiento de masas (huelgas, manifestaciones, efervescencia en el ejército y en la armada) deben ser utilizados. Se establecerá un contacto estrecho con esos movimientos y la actividad de las organizaciones proletarias de masas debe ser estimulada sin cesar.

15) Si se observan estas condiciones (y aquellas que son señaladas en una circular con instrucciones especiales), la acción parlamentaria estará en total oposición con la que desarrollan las corrientes pequeño burguesas de los partidos socialistas de todos los países, cuyos diputados van al Parlamento para sostener esta institución "democrática" y, en el mejor de los casos para "conquistarla". El Partido Comunista no puede aceptar sino la utilización exclusivamente revolucionaria del Parlamento, a la manera de Carlos L. Liebknecht, de Hoeglund y de los bolcheviques.


III. En el Parlamento


16) El antiparlamentarismo de principio, concebido como la negativa absoluta a participar de las elecciones y de la acción parlamentaria revolucionaria, no es más que una doctrina infantil y simple, que no resiste la menor crítica. Esa posición, nacida tal vez de una sana adversión hacia los políticos parlamentarios, no percibe de ninguna manera, la posibilidad y los alcances del parlamentarismo revolucionario. Es necesario señalar también que parte de una noción completamente errónea del papel del Partido, al que no consideran como una vanguardia obrera centralizada y organizada para el combate, sino como un sistema descentralizado de grupos mal ligados entre sí.

17) Desde otro punto de vista, la necesidad de una participación efectiva en las elecciones y en las asambleas parlamentarias que existan, no se desprende sólo del reconocimiento de la efectividad de la acción revolucionaria en el Parlamento. Todo depende aquí de las condiciones específicas que se den en cada caso. En un momento dado, el abandono del Parlamento por los comunistas, puede ser necesario. Es así como los bolcheviques se retiraron del "preparlamento" de Kerenski para torpedearlo, para convertirlo de golpe en inoperante y para oponerle más claramente el Soviet de Petrogrado con el propósito de colocarlo a la cabeza de la insurrección; tal fue el caso de los bolcheviques, cuando trasladaron el centro de gravedad de los acontecimientos políticos, al Tercer Congreso de los Soviets. En otras circunstancias puede imponerse el boicot a las elecciones, cuando se trata de derribar inmediatamente y por la fuerza, al Estado burgués y sus pandillas. También puede darse la participación en las elecciones, simultáneamente con el boicot al Parlamento.

1 Así, reconociendo en general la necesidad de participar en las elecciones parlamentarias y municipales y de trabajar en el Parlamento y en las Municipalidades, el Partido Comunista debe encarar la cuestión en cada caso concreto, inspirándose en las características particulares y específicas de cada situación. El boicot a las elecciones o al Parlamento y aún el abandono de las bancas, solo son admisibles en presencia de condiciones que permitan el paso inmediato a la lucha armada para la conquista del poder.

19) Es indispensable tener permanentemente presente el carácter relativamente secundario de esta cuestión. El centro de gravedad siempre estará en la lucha extraparlamentaria para la conquista del poder político. Queda claro que la cuestión general de la dictadura del proletariado y de la lucha de masas por esta dictadura, no puede compararse a la particular utilización del Parlamento.

20) Es por esto que la Internacional Comunista afirma en la forma más categórica, que considera como una falta grave contra el movimiento obrero toda escisión o tentativa de escisión provocada en el seno del Partido Comunista, por esta cuestión, y únicamente por ésta. El Congreso invita a todos los partidarios de la lucha de masas por la dictadura del proletariado, bajo la dirección de un partido centralizado que conduzca a todas las organizaciones de la clase obrera, a realizar la unidad completa de los elementos comunistas, por encima de las divergencias en torno a la utilización de los Parlamentos burgueses.

IV. La táctica revolucionaria

A fin de garantizar la aplicación efectiva de una táctica revolucionaria en el Parlamento se imponen las medidas que siguen:

1) El Partido Comunista en su conjunto y especialmente su Comité Central, se asegurarán, en el período preparatorio que precede a las elecciones, de la sinceridad y del valor comunistas de quienes compondrán el grupo parlamentario comunista; el Comité Central tiene el derecho indiscutible de rechazar a todo candidato designado por una organización, si tiene la convicción de que no se ajustará a una política realmente comunista.
Los Partidos Comunistas deben renunciar a la vieja práctica social-demócrata de hacer elegir exclusivamente a parlamentarios "experimentados" y preferentemente abogados. En principio, los candidatos serán elegidos entre los obreros; no deben temer el designar a simples miembros del Partido, sin experiencia parlamentaria.
Los Partidos Comunistas deben rechazar implacablemente a los arribistas que se acercan al Partido, con el sólo propósito de ingresar al Parlamento. Los Comités Centrales no deben aprobar sino las candidaturas de quienes, durante muy largos años han demostrado indiscutiblemente su lealtad a la clase obrera.

2) Terminadas las elecciones, corresponde exclusivamente al Comité Central del Partido Comunista el organizar el grupo parlamentario, sea el Partido, en ese momento, legal o ilegal. La elección del Presidente y de los miembros de la mesa del grupo parlamentario, deben ser aprobados por el Comité Central. El Comité Central tendrá en el grupo parlamentario un representante permanente con derecho de veto. Sobre todas las cuestiones políticas importantes, el grupo parlamentario deberá solicitar directivas previas del Comité Central.
El Comité Central tendrá el derecho y el deber de designar o de vetar los oradores que intervendrán en las cuestiones importantes y de exigir que las tesis y aún el texto completo de sus discursos, sean sometidos a su aprobación. Todo candidato que integre la lista comunista, debe firmar un compromiso de renunciar a su mandato al primer pedido del Comité Central, a fin de que el Partido tenga siempre la posibilidad de reemplazarlo.

3) En los países donde los reformistas, los semirreformistas y aún los simples arribistas, han logrado introducirse en el grupo parlamentario comunista (lo que ha ocurrido ya) los Comités Centrales de esos Partidos Comunistas deben proceder a una depuración profunda de esos grupos, partiendo del principio de que un grupo parlamentario poco numeroso, pero realmente comunista, sirve mejor a los intereses del proletariado, que un grupo numeroso, sin firme política comunista,

4) Todo diputado comunista puede ser obligado, por decisión del Comité Central, a combinar la acción legal con la acción ilegal. En los países donde los diputados comunistas gocen de ciertas inmunidades, en virtud de las leyes burguesas, esta inmunidad parlamentaria debe ser puesta al servicio de la organización y de la propaganda ilegal del Partido.

5) Los diputados comunistas deben subordinar toda su actividad parlamentaria a la acción extraparlamentaria del Partido. Deben presentar regularmente proyectos de ley concebidos para la propaganda, agitación y organización revolucionaria, y no para ser aprobados por la mayoría burguesa, debiendo ajustarse a las directivas del Partido y de su Comité Central.

6) Los diputados comunistas deben ponerse a la cabeza de las masas proletarias, en primera línea, bien a la vista, en las manifestaciones y acciones revolucionarias.

7) Los diputados comunistas tienen la obligación de mantener por todos los medios y bajo contralor del Partido, relaciones epistolares y de todo tipo con los obreros, los campesinos y los trabajadores revolucionarios de todas las categorías, sin imitar en ningún caso a los diputados social-demócratas, que se empeñan en mantener solo "relaciones de negocios", con sus electores. Ellos estarán siempre a disposición de las organizaciones comunistas, para el trabajo de propaganda en el país.


Todo diputado comunista al Congreso debe comprender que no es un "legislador" que busca un lenguaje común con los demás legisladores, sino un agitador del Partido, enviado al campo enemigo, para aplicar las decisiones del Partido. El representante del Partido es responsable, no ante la masa anónima de sus electores, sino ante el Partido Comunista, sea éste legal o ilegal.


9) Los diputados comunistas deben utilizar en el Parlamento un lenguaje comprensible para los obreros, los campesinos, las lavanderas y los pastores, de tal manera que el Partido pueda editar sus discursos en folletos y repartirlos en los rincones más atrasados del país.

10) Los obreros comunistas destacados deben, aún cuando recién debuten, ocupar sin temor la tribuna del Parlamento burgués, y no ceder el lugar a oradores más "experimentados". En caso de necesidad los diputados obreros leerán simplemente sus discursos, destinados a ser reproducidos por la prensa o en folletos.

11) Los diputados comunistas deben utilizar la tribuna parlamentaria no solamente para desenmascarar a la burguesía y a sus lacayos oficiales, sino también a los social-patriotas, los reformistas, los políticos equivocados del centro, y de manera general, a los adversarios del comunismo y también para propagar intensamente las ideas de la Tercera Internacional.

12) Aunque sólo sean uno o dos, los diputados comunistas, deberán mantener, en todos sus actos, el desafío al capitalismo, sin olvidarse jamás que solo es digno del nombre de comunista, quien revela, no solamente por sus palabras, sino por sus actos, ser un enemigo de la sociedad burguesa y de sus sirvientes social-patriotas.

lunes, 28 de octubre de 2013

El 27 de octubre, lo viejo y lo nuevo


Más allá de las cuestiones inmediatas que arroja el resultado de la elección (sobre la que ya hay exceso de análisis en los medios), la hipótesis que queremos esbozar es que muy posiblemente estamos asistiendo a un momento crucial de la Larga Marcha de Domesticación del Peronismo (y a su vez de la experiencia que la clase trabajadora hace con este partido). Luego de casi sesenta años de reinventarse, viviendo de unos cuántos mitos y algunas realidades y cuando cada uno de sus "avatares" fueron versiones degradadas del peronismo de los orígenes.
En su momento planteamos que por el lado de la sucesión de CFK, todos los caminos conducían a Scioli ("sciolismo o barbarie"), mientras Massa era una especie de "continuación del sciolismo por otros medios". La excesiva "kirchnerización" de Scioli lo dejó en el incómodo lugar de los grandes derrotados de la noche de ayer (aunque todavía en carrera). Y si bien lo que prima es el "fin de ciclo" del kirchnerismo, del que queda poco y nada como fenómeno político de respuesta el 2001 (la campaña vacía de Insaurralde, lo terminó de demostrar), también hay un cierto agotamiento del peronismo, en términos de generar "avatares" que lo resignifiquen como identidad política y al mismo tiempo le permitan mantener el poder. "La desorganización organizada", "el movimiento caótico", no puede vivir eternamente de algún lejano pasado glorioso, cada vez más lejano y cada vez menos glorioso para las nuevas generaciones.
En este sentido, si bien Massa todavía tiene que ver si puede arbitrar los medios para realmente constituirse como una corriente política nacional (el triunfo en PBA es estratégico, necesario, pero no suficiente, sin armado como mínimo en Córdoba y Santa Fe, o el NOA y el NEA, según el caso), el PJ bonaerense sale golpeado y es de esperar que si se sigue haciendo más popular Massa, los mazorqueros se hagan los distraídos con la identidad peronista y empiecen a aparecer con la botellita de agua mineral y la barrita de cereal. O como lo dijo gorilamente Pagni, a mostrar un peronismo que empieza a comer con los cubiertos. Un peronismo republicanizado. 
En este sentido, el fenómeno de Massa (o su contracara Scioli) de "gestión sin tanto relato piantavotos y confrontación", además del resultado no querido de la "hiperpolitización" operada por el kirchnerismo es la expresión de que luego de un ciclo centroizquierdista, el peronismo no puede volver a un peronismo tradicional sin más, como tampoco a una resurrección del menemismo (por lo menos sin un cambio de la relación de fuerzas, social y política). Desde este punto de vista, después de la dictadura, el menemismo y el kirchnerismo, estamos asistiendo a una disminución de la "creatividad histórica" del peronismo en lo que a generación de avatares se refiere y por ende comienza a perder los contornos de su identidad histórica para comenzar a constituirse como una "centroderecha" estereotipada más adaptada a los modos republicanos.
Un peronismo vacío de política, que el kirchnerismo ayudó a reconstruir (o a restaurar) cuando pasó del abuso irresponsable de la "hiperpolitización" y la ensalada "ideológica" ("camporismo", "setentismo", "derechos humanos", "evitismo"), a la descafeinización política de Scioli, hasta los bordes de la tinellización con Insaurralde y Jesica Cirio. Dejando a la intemperie a amplias franjas de una juventud que compartió el nuevo "clima de época" y hasta el relato, pero no el cinismo de una presunta real politik pragmática y del "vale todo".
Sin dejar de reconocer al peronismo como el actor central de lo que se está tejiendo como "poskirchnerismo", hay que destacar que ese "poskichnerismo" tiene bastante de "posperonismo". El hecho de que Hugo Moyano tuviera que viajar hasta Neuquén para festejar el triunfo del candidato emepenista Guillermo Pereyra (Secretario General del sindicato petrolero y segundo de la CGT conducida por el camionero), cuando antes estuvo en el centro de la alianza sindicatos-gobierno durante el mandato de NK y parte del de CFK, es un buen indicador de esto. 
Se podría objetar ¿de qué domesticación están hablando si el peronismo es el principal sostenedor del orden social en la Argentina? Precisamente para cumplir ese rol, ha asumido "modos" y "batallas culturales" que no han generado precisamente el beneplácito de la burguesía. Por eso, J.W. Cooke hablaba del "hecho maldito del país burgués" y le dijo al Che Guevara "En Argentina, los comunistas somos nosotros, los peronistas". En suma, la idea repetida hasta el hartazgo, de que el peronismo es la única "izquierda real" que puede haber en nuestro país (y que el resto solo era "izquierda cultural"). La evolución actual de la política Argentina nos marca que el peronismo está resolviendo "por derecha" la paradoja del "bonapartismo" que históricamente resolvió el problema del control de las grandes masas, haciéndole más concesiones de las necesarias desde el punto de vista "corporativo" de las patronales y creó una cultura política verticalista pero plebeya que hasta el día de hoy, aunque los principales dirigentes peronistas naden en guita, es repudiada, aunque muchas aceptada como necesaria, por los "republicanos". 
Como contracara de este proceso, la emergencia del Frente de Izquierda, marca el inicio de la identificación de un sector de trabajadores con una fuerza de izquierda, que promueve la independencia de clase (a diferencia de las "izquierdas" que emergieron en las últimas décadas, aunque ninguna con la fuerza nacional y orgánica del FIT). Es decir, una identificación de fracciones de los trabajadores como clase y de esas fracciones de la clase, con la izquierda clasista. 
Hay un aspecto de "contingencia" de la política en todo esto, pero que bien mirado tiene que ver con que la crisis del kirchnerismo generó con mucha velocidad fenómenos políticos difíciles de asimilar por el conglomerado de partidos y frentes que conforman el sistema político actual. En resumen, el kirchnerismo generó más centroizquierda de la que puede asimilar el peronismo, al mismo tiempo que deglutió el espacio de la centroizquierda tradicional, cuyos restos quedaron a merced del frente sojero (por circunstancias de fuerza mayor tanto como por voluntad propia). Más allá de las ilusiones en la candidatura presidencial de Cobos, sigue siendo difícil que el radicalismo se termine de recuperar como partido nacional al nivel del PJ (y mucho menos como "partido de gobierno"). Hay una conocida frase de Trotsky sobre que la política de masas siempre está rezagada en relación con los cambios que se van operando subterráneamente en el plano de la economía. En vistas de la realidad política argentina podría hacerse una paráfrasis diciendo que en este "fin de ciclo", los actores políticos están rezagados en relación con los fenómenos políticos que recorren los movimientos de la conciencia de las masas.
Hemos dicho que, a diferencia de otras experiencias "de izquierdas" (término socialdemócrata patético) como el Frente del Pueblo o Izquierda Unida, el FIT expresa otra cosa, por ser un frente de partidos que se reivindican trotskistas y por levantar abiertamente como bandera la independencia de clase (mientras en las experiencias anteriores había sectores como el PC abiertamente frentepopulistas con lo cual el planteo era más "de izquierdas" que de izquierda). 
Se ha planteado que las tradiciones de "parlamentarismo revolucionario" de la clase obrera argentina son muchísimo más débiles que las de comisión interna, coordinadoras, huelgas urbanas con piquetes, tomas de fábricas y un largo etcétera, que podríamos englobar en la categoría "organización de base y acción directa". Si bien hubo experiencias de "parlamentarismo socialista" o de izquierda, en general fueron expresión de fenómenos electorales sin una relación orgánica con las organizaciones obreras. 
Sin embargo, la hipótesis de que la clase obrera pueda avanzar en conquistar jalones de independencia de clase por la vía del desarrollo político parlamentario de la izquierda trotskista, combinado con ciertas posiciones estratégicas conquistadas en el movimiento obrero y estudiantil, es hoy una hipótesis absolutamente realista, cuyas potencialidades no podemos desaprovechar, empezando por tener muy claro que es necesario superar cualquier intervención parlamentaria rutinaria. En este sentido, está planteado profundizar la reflexión política sobre como los "espacios" conquistados devienen "posiciones" a partir de las cuales bregar por construir una izquierda revolucionaria enraizada en la clase trabajadora y la juventud. 
Puede sonar trillado (por tanto mal uso), pero podemos esta en presencia de "lo viejo que no termina de morir (aunque muere un poco más) y lo nuevo que no termina de nacer" o, mejor dicho, que ya está naciendo.

Juan Dal Maso y Fernando Rosso

viernes, 25 de octubre de 2013

viernes, 18 de octubre de 2013

El consenso de una transición ordenada, el FIT y el pos-27


Falta poco más que una semana para el veredicto final del 27 de octubre. Las urnas dictarán los números concretos de las elecciones, y serán "concretos porque serán la síntesis de múltiples operaciones"; las que realizan esas asociaciones ilícitas que se hacen llamar consultoras o empresas de estudios de opinión.
Ese domingo por la noche se conocerán los resultados precisos. Sobre todo la distancia que termina sacando Massa con respecto a Insaurralde (el nuevo "MI" que está hasta en la sopa). También hasta dónde llega el nivel de los tristes resultados de los republicanos de distinto tono y, entre otras cosas, si efectivamente se confirma y se amplía el apoyo al Frente de Izquierda, que permita la consagración de una bancada parlamentaria en el Congreso Nacional, legisladores y concejales en las provincias.
Más allá de esto, las tendencias generales ya fueron prefiguradas con los resultados de agosto, los giros y re-ubicaciones posteriores de los ganadores y perdedores políticos, así como del conjunto del establishment económico y empresarial.
La primera definición general que está por encima de las rencillas de esta aburrida segunda etapa de la campaña electoral es que se existe implícitamente un "consenso para una transición ordenada". Un consenso que incluye a todo el arco burgués, político o empresario. 
El gobierno gira a la derecha, hacia la armonía y la moderación, acusando el golpe de la derrota y lejos de la utopía de quienes esperaban una "profundización del modelo". La última movida fue el acuerdo con un sector de los buitres para una nueva apertura al capital financiero internacional y las negociaciones con el Banco Mundial y el FMI. Una generalización del modelo del acuerdo con Chevrón, pero en el terreno financiero. 
Políticamente, el cristinismo deja abierta las opciones para dentro de dos años. De acuerdo a la fuerza política con la que cuente optará por un candidato propio o, como parece hasta ahora, se resignará a una sucesión sciolista. El giro pejotista hacia la "orgánica" (con la convocatoria a las internas del PJ, con el aval de CFK) es un reconocimiento de la retirada para intentar sostenerse como corriente interna del peronismo. El nivel de posibilidad o de fuerza que tenga para esta perspectiva es inversamente proporcional a los votos y la fuerza política que obtenga un posible sucesor. El sueño de la "gran Bachelet", como dijimos, pero con un Piñera peronista.
Al massismo, al que "MI" le robó hasta los gestos, le cuesta superar su cenit de agosto y encuentra los límites frente a un pejotismo unido por el espanto; y su escaso armado nacional. Tiene la contradicción de que si gira muy a la derecha deja la ubicación de "la Mella al revés" ("mantener lo bueno y cambiar lo malo"), pierde por izquierda entre los "confundidos" que creían que era parte del kirchnerismo; pero si no lo hace no gana nuevos aliados ni votos de la Argentina sojera y republicana. Demasiado republicano para kirchnerista crítico, demasiado peronista para el alma bella republicana. Pero igualmente, Massa es parte del consenso de la transición ordenada.
Los resultados de agosto (y probablemente los de octubre), no resolvieron la interna del poder peronista, simplemente la dejaron planteada. 
Los republicanos derechistas o de centroizquierda no levantan cabeza. A estos últimos, el kirchnerismo los limó desde el oficialismo y el FIT desde la izquierda. Solo sobreviven como "engendro", si se juntan o se UNEN con Prat Gay y otras yerbas.
Bendiciendo a todos y a ninguno, por lo menos hasta que se defina quien se ubica mejor para pelear el poder, está el conjunto de la burguesía que presiona para que se preparen las condiciones de los ajustes necesarios del "modelo", pero apoyando que CFK termine bien su mandato, haga lo más que se pueda del "trabajo sucio" y deje el camino libre a un sucesor que necesariamente confían será más "orgánico". Alvearista.

Una vez más, "kirchnerismo y cultura de izquierda"
El kirchnerismo como una manifestación distorsionada del 2001, bastardeó por necesidad e imposición de las circunstancias, causas históricamente progresivas de la izquierda y esto tuvo su efecto "no deseado" en la politización de una nueva generación. Produjo más discurso "radical" del que es capaz de digerir. Su antipejotismo inicial, demagógico y transfuguista, hizo que muchos lo crean y otros más honestos hasta lo asuman como propio. Las sanas aspiraciones de superar a los aparatos tradicionales, cómplices y parte de todos los desastres nacionales, hasta de la dictadura, terminaron en la desilusión con esta experiencia que tampoco nunca llegó a "pasión de multitudes". El Frente de Izquierda es un producto también de este "espíritu de época" abierto por el 2001 (y la debacle del neoliberalismo a nivel internacional), cuyas banderas fueron expropiadas irresponsablemente por el kirchnerismo, que lo tradujo a sobreproducción de relato ("setentismo", "juventud maravillosa", "hagan lío" como dijo el nuevo Papa "kirchnerista" en Río de Janeiro).
La elección reciente en Salta, las encuestas en Mendoza o Jujuy (incluso hasta en Córdoba) confirman que el fenómeno es parte de una corriente nacional, con resultados que aumentan proporcionalmente al nivel de "feudalismo" que existe en las provincias donde el kirchnerismo no pudo/no quiso construir nada serio.
El fenómeno del voto al Frente de Izquierda es la gran novedad política nacional que requiere ser pensada. Nuevamente la pregunta es ¿espacio "ajeno" o una tendencia a la conformación de un espacio político propio de izquierda en general? ¿Es la manifestación "por otros medios" de la tendencia permanente al surgimiento de un "laborismo", persistente en las historia del movimiento obrero argentino como expresión de las tendencias a su autonomía obrera? 
En el 43-44 del siglo pasado, previo al surgimiento del peronismo, se expresó en el mismo "Partido Laborista", frente al cual la izquierda realmente existente supo equivocarse por el vértice (así como frente al peronismo). En los 60s. con el vandorismo y su "peronismo sin Perón", que bajo la dirección de la burocracia sindical no podía terminar en otra cosa que en un fracaso. Los setentas, la dictadura y la pos-dictadura, fueron momentos excepcionales por razones opuestas. La radicalización  de la lucha de clases y la prepotencia revolucionaria de un movimiento obrero con gran subjetividad, pero sin dirección en un caso; y la derrota y debilidad en el otro.  
En la historia de la argentina contemporánea esas tendencias a la "independencia política" de la clase obrera emergieron en momentos de refortalecimiento objetivo y subjetivo de la clase obrera y debilitamiento de la contención peronista.
Hoy esta debilidad se expresa en la división del peronismo, en su crisis como "identidad política" (con el aporte del kirchnerismo "infantil") y la debilidad de la burocracia sindical, producto de las propias condiciones heredadas del neoliberalismo y el frepasismo rabioso del kirchnerismo antiobrero, que se creyó dios después del 54% y pensó que podía "autonomizarse" de todos los poderes reales.
Definir precisamente esta cuestión (para lo cual, insistimos, habrá que cotejar los resultados del 27) es importante para ver las posibilidades de un verdadero salto político y militante; y mucho mayores responsabilidades históricas. Son los momentos preparatorios, todavía pacíficos, pero no menos importantes, que definirán con que fuerza se llega a los momentos decisivos de mayor crisis y lucha de clases. 
Si estas tendencias se confirman y el FIT se asienta como fuerza política dejará planteada la discusión de cuáles son los caminos que hay que tomar para avanzar. Porque el FIT es un punto de partida muy importante, pero la estrategia es un partido revolucionario de la clase trabajadora. 
El programa acordado por el FIT es un buen punto partida, el debate sobre las prácticas políticas y la estrategia (que también hace al programa) pasarán a un nivel público y de exposición frente a una vanguardia obrera y de la juventud, cualitativamente superior de lo que fue hasta ahora. 
Debates para el post-27, al que hay primero hay que superar con éxito, pero importante pensar desde ahora.

lunes, 14 de octubre de 2013

domingo, 13 de octubre de 2013

Roberto Arlt, el obrero argentino y la tradición


Desde que escuchamos la conferencia de presentación de las Aguafuertes cariocas de Arlt, ofrecida por Martin Kohan en la Biblioteca Nacional y luego publicada en Ideas de Izquierda, teníamos ganas de exponer algunas reflexiones. Estas Aguafuertes..., injustamente inéditas durante tanto tiempo nos habían impactado cuando las leímos por primera vez, luego de comprar un ejemplar (del que estaba "prohibida su venta") en el Parque Rivadavia.  
El viaje de Roberto Arlt a Río de Janeiro es opuesto a los viajes enumerados por Viñas en su clásico Literatura argentina y realidad política y que considera fundantes de la literatura y el ensayo nacional. No es ni colonial, ni utilitario, ni balzaciano, ni ceremonial; y mucho menos estético. Podría decirse que apenas es periodístico y, como en cierto sentido afirma Kohan, es nostálgico. Viaja para extrañar Buenos Aires, para reafirmar su porteñismo. Interesante la tesis de Kohan, entre el entusiasmo inicial que muestran las primeras crónicas y el desencanto posterior emerge la porteñidad al palo. Río de Janeiro pasa de ser admirablemente amable, culta y civilizada; a convertirse en despreciablemente sumisa, ignorante e insoportablemente aburrida.
El porteñismo radical de Arlt seguramente formaba parte del prisma con el que miraba Rio de Janeiro. Sin embargo, el reconocimiento más profundo del territorio social que debía cronicar para los lectores del diario El Mundo también fue parte del giro brusco que lo llevó del encantamiento inicial, en gran parte superficial, a la desilusión posterior.
Apenas leímos estas Aguafuertes, habíamos posteado una referida a los literatos, los escritores y los intelectuales, donde Arlt afirma que para conocer un país hay que "vivir....vivir por completo al margen de la literatura..." y observar de cerca la vida popular.
Es ahí donde se encuentran los elementos de verdad de sus observaciones sociológicas y político-ideológicas. Frente a la sumisión, desorganización y despolitización que veía en los obreros cariocas, reivindicaba al obrero argentino, a sus bibliotecas, a sus clubes sociales, a su interés por la cultura (aunque sea superficial), a su combatividad y rebeldía. Arlt iba marcado por la experiencia del movimiento obrero argentino pre-peronista, todavía con reminiscencias anarquistas, con una nueva formación socialista y comunista (del "tercer periodo" que como cuenta Hernán Camarero, paradógicamente llevó al PC argentino a realizar un gran trabajo "fundacional" en el movimiento obrero); y también de la tradición sindicalista. Izquierdas varias que fueron parte de la tradición "nacional" y fundacional del movimiento obrero argentino. 
(Paréntesis: Acá se podría parafrasear al Borges del "escritor argentino y la tradición" y decir que la "tradición obrera nacional", era en cierta medida la todo el "occidente obrero" -o gran parte de él- que habían traído consigo los inmigrantes y no la que el peronismo consideró exclusiva: el paternalismo bonapartista de los "grasitas" y "descamisados")  
No era esa la experiencia del naciente movimiento obrero carioca y brasilero, país en el que, como cuenta en una de sus crónicas, se había abolido la esclavitud hacía tan sólo cuarenta y dos años.
Mucha agua pasó bajo el puente desde aquellos años a esta parte. La conferencia se dictaba justo en los días junio con los millones de brasileños en las calles. El "agregado cultural" de Brasil en el país, impulsor de la publicación de estas aguafuertes (no pudimos dejar de imaginar a un Arlt diciendo "¡Me caigo y me levanto!, un ´agregado cultural´ publicando mis notas de viaje que me llevan 30 minutos de laburo por día"); no sin cierto temor, afirmaba que quizá ese Brasil pacífico y armonioso estaba llegando a su final y esperaba que la cosa se encamine para bien (algo de "destituyente" veía en las movilizaciones el intelectual progresista y carioca).
En Brasil se fundó un "Partido de Trabajadores" que llevó a un obrero metalúrgico a la presidencia de la nación y desarrolló un aparato político y cultural monumental que se convirtió en la experiencia "transformista" más importante del continente y sirvió para sostener la desigualdad y el atraso relativo al Brasil burgués.
En la Argentina surgió el peronismo que llevó adelante una verdadera "batalla cultural" (que no es un invento kirchnerista) contra las tradiciones de ese movimiento obrero admirado por Alrt, desde Rio de Janeiro.
"Nuestro obrero es discutidor porque entiende de cuestiones proletarias. Hace huelgas, defiende rabiosamente sus derechos, estudia, bien o mal (...)", se enorgullecía desde Río de Janeiro.
Mientras la hija de Roberto Arlt que (otra paradoja) había sido durante años parte de la Cátedra de Literatura Inglesa de Filosofía y Letras, elucubraba en su intervención sobre el permanente "extrañamiento" de Arlt, porque en realidad supuestamente iba a nacer en otro lugar (Alemania, creo) y finalmente nació acá; nos quedamos interrogando ¿cómo hubiese visto Arlt al movimiento obrero moldeado por el peronismo ("doble conciencia" si las hay), de las "alpargatas sí y libros no" y del "yo no me meto en política, siempre fui peronista"? Moriremos con la pena y con la duda...mientras tanto nos queda la lucha por recuperar lo mejor de esas tradiciones de obreros que "entienden de cuestiones proletarias".

viernes, 11 de octubre de 2013

El FMI, Boudou, Lorenzino, Cristina, Cobos y vos...

Parece que van a tener que explicarles a estos chicos otra vez que es el FMI, el Banco Mundial...Cristina, Cobos y vos....(según lo que se cuenta acá, acá, y acá). El bloguero de la "Mesa de Autoayuda K", empieza con un buen intento acá (dudo que tenga éxito).


lunes, 7 de octubre de 2013

El fratricidio peronista y la izquierda


Cuando un “hecho clínico” afecta a un dirigente político y mucho más si es una presidenta de la Nación, se convierte instantáneamente en hecho político. Para analizarlo hay que tomar cierta distancia de las valoraciones y sentimientos personales y humanos que una situación de este tipo naturalmente genera en los enemigos, adversarios o simpatizantes de, en este caso, Cristina Fernández.

El hecho se inserta en la trama del desarrollo de los acontecimientos e indefectiblemente comienza su uso o abuso, de acuerdo a los intereses de las fracciones en disputa.
Con los elementos conocidos hasta este momento y el nivel de gravedad de la salud de CFK, es difícil que el hecho por sí mismo cambié “dramáticamente” las tendencias políticas (por lo menos si la operación no precipita un cambio brusco). 
Lo que hoy aparece como más probable es que el reposo se inserte en la estrategia de “retirada” con imagen o con capital simbólico que viene llevando adelante CKF. Una estrategia que, como afirma Fernández Díaz en La Nación de este domingo, puede referenciarse en la salida de Bachelet en Chile, que luego del interregno Piñera, ahora va por la vuelta. Lo que llamamos la “glasnot” del cristinismo: los reportajes, la ida en masa a TN, el reconocimiento de lo que llaman la “inseguridad”; es parte de esa estrategia. Las llamadas telefónicas a Macri y el elogio de su “sinceridad” son parte del intento de construcción de un “Piñera a medida”. Ahora, el reposo y la fragilidad física, producto de “las tensiones de la pasión política” y de la “entrega a la causa”, serán usados también para ese objetivo. Preservar a Cristina, pasar el chubasco de la derrota de los candidatos oficialistas en octubre, y salvar al kirchnerismo como corriente con poder de veto dentro del peronismo, soñando con alguna vuelta con gloria. 
Sin embargo, la Argentina no es Chile y Macri por ahora se pasa de la raya de “la derecha posible” de acuerdo a la relación de fuerzas conquistada en el último período y no ha tenido un desarrollo nacional, excepto con figuras mediáticas en Santa Fe y Córdoba, además de otro pequeño detalle: el peronismo.
Por eso la alternativa es la “alvearización”, una salida también por derecha, pero dentro del peronismo. La incógnita abierta al desarrollo de la disputa política es si será por la vía negociada o apostando a la guerra abierta con un candidato propio (“ultra K”) que debilite a un futuro gobierno peronista (de Scioli o Massa) o directamente lo evite, abriendo posibilidades a la oposición republicana que, como siempre en la historia nacional, es sinónimo de gobierno débil.
Pero para todas estas elucubraciones faltan dos años, lo que en los tiempos de la política argentina es lo mismo que la eternidad.
La cuestión hoy es que el liderazgo del peronismo se encuentra en la situación de "empate hegemónico". Ninguna de los sectores en los que está fraccionado logra imponer su preeminencia sobre los otros. 
El kirchnerismo es una tendencia en retroceso, aunque estuvo diez años en el gobierno y detenta todavía el poder del estado nacional. Ante esta situación resurgió el pejotismo, que tiene poder en los estamentos estatales "subnacionales" (gobernaciones e intendencias), y sale a apoyar con el abrazo del oso a Cristina y a discutir que la sucesión surja de su propio riñón.
El massismo es un intento de construcción desde el GBA de una fracción más republicana o sojera de un peronismo moderno, todo lo “menemista” que la relación de fuerzas le permita ser.
Distorsionadamente, aunque todos “orgánicos” a las burguesías y al capital imperialista (si hasta Macri es “frigerista”) expresan matices en el equilibrio de clases. El massismo y el republicanismo apuestan a una salida más abiertamente sojera (foto con Reuteman), menos subsidios en general y a una industria de burguesía media (la burguesía “cupera” del kirchnerismo) en particular. Una generalización de la “chevronada” con la apertura a las inversiones y la "normalización" financiera del país. 
El pejotismo apuesta a sostener un poco más el “modelo” que combina neoliberalismo + “desechos de Estado”, un kirchnerismo de buenos modales con las burguesías, incluidas las agrarias, pero con retenciones más o menos como las actuales. 
Como sea, los matices son expresión de programas ligeramente alternativos, pero con un denominador común: el ajuste. No se discute su necesidad, sino los ritmos que hagan sostenible la “gobernanza”, una vez terminados los diez gloriosos del “tasachinismo”.
La “guerra bajo tierra” de Macri en el subte, la agenda de la “inseguridad” y la militarización del conurbano, la gendarmería y el ejército desalojando ocupantes, adelantan y buscan generar las condiciones de orden y de opinión pública para la salida (vía ajuste) de las contradicciones del “modelo”, al que todos los días le surgen desbarajustes. 
La autonomía de la política y de esta pelea del peronismo es un lujo que pueden darse con cierta irresponsabilidad por la situación no crítica o todavía no catastrófica de la economía.
Y al fratricidio del peronismo político le sigue como la sombra al cuerpo, la atomización sindical.
Es a través de esas grietas por donde emerge la izquierda, con la crisis del experimento político de un “peronismo de centroizquierda” que paradójicamente debilitó y dividió a la burocracia sindical, una irresponsabilidad estratégica desde el punto de vista burgués. Una emergencia que se da con el Frente de Izquierda en el terreno político y las posiciones del sindicalismo de base o clasista en el movimiento obrero y conquistas de centros de estudiantes en el movimiento estudiantil.
Mendoza, Jujuy o recientemente Salta, muestran que el fenómeno de avance electoral de la izquierda se mantiene, sobre todo en aquellos lugares donde el kirchnerismo fue más feudal.
La presión de los éxitos electorales y del régimen en general serán para “syrizar” al Frente de Izquierda; para que no sea parte de la profundización de la lucha de clases, sino de la reconfiguración política del o los sistemas de partidos (provinciales), como izquierda “ecológica” y moderada. Los matices hoy se manifiestan en el “como” se plantea el programa: si como “agenda parlamentaria” o como programa y estrategia de guerra de clases. Por eso es correcto el spot donde un obrero afirma que lo bueno de la posibilidad de que la izquierda entre al congreso, está en que puede ser útil para enfrentar “el ajuste que los otros preparan para después de octubre”.


viernes, 4 de octubre de 2013

Marx, Borges y Kafka


El sentido preciso del famoso aforismo de Marx que sentencia que "la anatomía humana encierra la clave de la anatomía del mono", tuvo muchas interpretaciones polémicas y no pocas con sentido teleológico. 
Encontramos una llamativa similitud en las conclusiones teóricas de Borges en torno a "Kafka y su precursores" y las de Marx (en la explicación de Ellen Meiksins Wood) en relación al "capitalismo y sus precursores". En una síntesis superadora entre necesidad y contingencia y con la introducción de la historia como variable explicativa; en una visión más amplia, compleja y dialéctica del materialismo histórico

Dice Borges: "Si no me equivoco, las heterogéneas piezas que he enumerado se parecen a Kafka; si no me equivoco, no todas se parecen entre sí. Este último hecho es el más significativo. En cada uno de esos textos está la idiosincrasia de Kafka, en grado mayor o menor, pero si Kafka no hubiera escrito, no la percibiríamos; vale decir, no existiría. El poema Fears and Scruples de Browning profetiza la obra de Kafka, pero nuestra lectura de Kafka afina y desvía sensiblemente nuestra lectura del poema. Browning no lo leía.
Como ahora nosotros lo leemos. En el vocabulario crítico, la palabra precursor es indispensable, pero habría que tratar de purificarla de toda connotación de polémica o rivalidad. El hecho es que cada escritor crea sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro. En esta correlación nada importa la identidad o la pluralidad de los hombres. El primer Kafka de Betrachtung es menos precursor del Kafka de los mitos sombríos y de las instituciones atroces que Browning o Lord Dunsany."

En "Democracia contra Capitalismo", dice Ellen M. Wood que dice Marx: El capitalismo puede aportar la "clave" de la sociedad precapitalista, en el sentido aquí entendido, sólo porque realmente existe y porque ha dado pie a sus propias categorías históricamente constituidas, cuya especificidad histórica Marx trata de demostrar aplicándolas críticamente a las formas precapitalistas. Ese es precisamente el significado de su crítica de la economía política.
No se trata de que el capitalismo esté prefigurado en las formas precapitalistas, sino, por el contrario, de que el capitalismo representa una transformación históricamente específica. Marx adopta esta estrategia paradójica para oponerse "al modo de los economistas, que cancelan las diferencias históricas y ven la forma burguesa en todas las formas de sociedad (...)".
Y concluye: "La transición al capitalismo, entonces, es históricamente única (...)"...como Kafka.

jueves, 3 de octubre de 2013

Transiciones: alvearismo, menemismo y kirchnerismo



Alvearismo 

Se vuelve a la historia como lecciones del pasado en el instante de peligro, como pensaba Benjamin; o como búsqueda de explicación y balance en el momento de la inesperada y áspera derrota.

Desgastada la frágil comparación con la "primavera camporista" o la menos sustentable con el primer peronismo, caídas en desgracia como discurso legitimador del kirchnerismo; se fueron a buscar similitudes a los fondos de la historia de la Argentina moderna y una clave creyó encontrarse en la "alvearización". 

Para dar por válida la comparación, habría que aceptar por un momento que el kirchnerismo fue una especie de yrigoyenismo contemporáneo. Y ahí surge el primer problema, tanto Yrigoyen como Perón fueron, a su manera, la canalización burguesa de nuevos actores de masas, cuya entrada violenta se propusieron y en cierta medida lograron evitar. Las clases medias y sectores de la joven clase obrera en el caso del caudillo radical; y lo que ya era un verdadero movimiento obrero para el caso del General Perón.
El kirchnerismo no fue manifestación de nada nuevo en términos de estructurales reconfiguraciones sociales o de nacimiento de nuevas clases, fue el agente del recauchutaje de un régimen político y de acumulación que había destruido el entramado social y fue cuestionado por la movilización popular. Los pilares de esa formación social impuesta durante el noventismo "neoliberal" quedaron en pie, por eso fue continuista en términos de condiciones de trabajo y dependencia del capital extranjero, aunque el crecimiento económico generó empleos, permitió discutir salarios y fortalecer las finanzas del estado. 
Hecha la salvedad, el aspecto de verdad de la comparación es que los herederos realmente existentes que el kirchnerismo ayudó tanto a encumbrar, son a su manera, "alvearistas". 
Recordemos, Don Marcelo Torcuato y sus "galeritas" sucedieron a Don Hipólito, de quien la leyenda cuenta que también tuvo su "Página 12".
La "oligarquía" de la época lo consideraba más de su riñón que a la chusma yrigoyenista, mantenía una muy buena comunicación con los grupos de poder económico y político. Su vice-presidente era un tal Elpidio González, cordobés hijo de militares, Ministro de Guerra de Yrigoyen y jefe de la policía durante los hechos ocurridos en la "Semana Trágica". Algo así como que Scioli integre una fórmula con Granados, con Berni o con Milani. Y el sciolismo o el massismo son una especie de alvearismo, si se los considera un producto directo de la restauración kirchnerista; como Alvear de Yrigoyen. 
El interregno alvearista abrió el camino a la vuelta de un Yrigoyen senil y a la vez preparó el terreno del golpe del 30.

Menemismo

La otra comparación, más cercana en el tiempo, es con la transición entre el menemismo y la Alianza. El "consenso de la convertibilidad" era aún fuerte y De la Rua sólo podía ganar si reafirmaba que un dólar valdría un peso. La Alianza expresó un movimiento inverso a la alvearización, una "alvearización al revés". El malestar contra el menemismo se manifestó en el apoyo a un proyecto al cual el Frepaso disfrazaba de centroizquirdista. En última instancia después del 2001, el kirchnerismo tomó esa orientación y esa agenda para su obra restauradora.
Steven Levitsky demostró que el menemismo y el kirchnerismo fueron las formas que adoptó el peronismo de acuerdo a la relación de fuerzas. La "trasversalidad" y la "concertación plural" menemista fueron hacia la UCD y otras derechas; y las del kirchnerismo hacia los restos de frepasismos y centroizquierda. Ambos respetaron el poder real de gobernadores e intendentes y de la burocracia sindical, y tuvieron sus momentos de autonomía bonapartista. La aparición del poder real del partido se dio en los momentos de crisis, demostrando que la calificación de "partido de la contención" es más que correcta.
Por eso la reunión del Consejo Nacional del PJ de estos días es la expresión de la preparación para la crisis de la "herencia" kirchnerista, que se vienen manifestando en las "tensiones del modelo" y la necesidad del ajuste.
El grano de verdad de esta comparación es que los "alvearistas" (o los "aliancistas") del kirchnerismo tienen que actuar sobre la base del "consenso" de un modelo (neoliberalismo + desechos de estado) que no puede durar mucho sin ajuste. Si se corona la restauración política comenzada por el kirchnerismo, la consecuencia lógica es la restauración económica de las "concesiones" obligadas por el desvío, y solo posibles en tiempos de crecimiento.

Imponderables

Lo que nunca está ponderado en los análisis politológicos es la lucha de clases, salvo como telón de fondo. Cuenta la historia que durante el alvearismo estallaron 519 huelgas que involucraron a más de 400 mil trabajadores, solo algunos años después de la Semana Trágica y la Patagonia Rebelde. Y en esos mismos años el alemán Wilckens se tomó un rato para ajusticiar al jefe de los asesinos de los obreros patagónicos.
Durante el periodo de los últimos años del menemismo y el bienio aliancista se desarrollaron los paros generales, las revueltas y movimientos de desocupados en las provincias y las mismas jornadas de 2001.
Los alvearismos o las transiciones más o menos ordenadas hacia regímenes y gobiernos con empleados políticos más directos del capital; o hacia movimientos "pasivizantes" con cierta limitada autonomía, son el producto de los derrotas o los desvíos de la lucha de clases.
Al nuevo movimiento obrero de esta década y a la izquierda clasista que logró su propio peso político con el Frente de Izquierda, se le presenta el desafío de cambiar esta historia circular de la Argentina burguesa. 

Ya sale "Ideas de Izquierda" Nro. 4 (Tapa y presentación)


Este cuarto número de Ideas de Izquierda sale a la calle en un octubre invadido por la vorágine de las encuestas y especulaciones electorales, a la espera del “veredicto de las urnas”. Si bien esta segunda escena electoral del año tiene en común con la anterior la pobreza de “debates y combates” entre el kirchnerismo y los aspirantes a su sucesión, esa pobreza contrasta con la extendida politización que las elecciones han producido entre trabajadores y jóvenes.
Las elecciones universitarias en la UBA, donde las corrientes que integran el FIT lograron muy buenos resultados, son parte de ese fenómeno. Patricio Del Corro y Sol Cheliz analizan las elecciones en la Universidad, relacionándo las con el desarrollo del Frente a nivel nacional y comparando la situación del movimiento estudiantil en otros “fines de ciclo”. Los resultados del FIT en las PASO han vuelto visible, también, las posiciones de algunos analistas del arco progresista e incluso sectores de la propia izquierda, que defienden la perspectiva de la obtención de escaños por parte del FIT bajo el argumento de la necesidad de incorporar a la lógica de la representación parlamentaria una inofensiva “voz de izquierda”.
A contramano de ese discurso y con el sugestivo título “Elecciones: trampa para tontos”, Eduardo Grüner retoma el artículo publicado por Jean-Paul Sartre en 1973 para analizar la lógica de serialización a que el voto en formato burgués somete a las masas populares, y su contradicción con la experiencia colectiva de la organización de fábrica, de la militancia política, de la lucha de clases. Completa estas reflexiones la opinión del psicoanalista Enrique Carpintero sobre la importancia de un programa anticapitalista.
El dossier de este número analiza la situación crítica del transporte de pasajeros en el Área Metropolitana de Buenos Aires. La necesidad de abordar este problema no requiere explicación, dada la cercanía de los crímenes sociales de Once y Castelar, y del tercer aniversario del asesinato de Mariano Ferreyra. Sin embargo, pareciera que la contradicción entre la persecución del lucro y la preservación de la vida de los trabajadores y trabajadoras, se empeñara en ponerse de manifiesto. Al cierre de esta edición, otro trabajador del subterráneo falleció a causa de la falta de medidas de seguridad. Los artículos establecen la trama de responsabilidades que compromete a las empresas, los gobiernos de la Nación, de la ciudad de Buenos Aires y de la Provincia, así como a las cúpulas sindicales del sector, y demuestran el proceso de deterioro de las condiciones en que viajan los usuarios producto de que en la última década no se revirtió la desinversión. El dossier se completa con una entrevista a Claudio Dellecarbonara y extractos de una conferencia de Juan Carlos Cena sobre la historia de desguace del ferrocarril.
Completan esta sección nacional el análisis de Esteban Mercatante sobre la fuente de ingresos y el destino del gasto público en Argentina, y el abordaje de dos problemas centrales de la agenda de los movimientos sociales y de la izquierda en Argentina: los derechos humanos y el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Myriam Bregman y Gloria Pagés analizan la política kirchnerista hacia las FF.AA., y Andrea D’Atri describe la situación de las mujeres de la región bajo los gobiernos “posneoliberales”.
El horizonte internacional se introduce en este número a través de la lectura que realiza Pablo Oprinari sobre la situación en México. El autor analiza rol que están jugando las luchas de los docentes y el resurgimiento del movimiento estudiantil mexicano en la primera crisis después del retorno del PRI al gobierno. A su vez, Celeste Murillo y Juan Gallardo escriben sobre la huelga del precariado de los fastfood, un sector superexplotado de la fuerza de trabajo estadounidense.
Los debates ideológicos y cuturales una vez más abarcan las producciones internacionales y nacionales, así como las tradiciones y novedades teóricas que los recorren.
La entrevista exclusiva al crítico literario y escritor inglés Terry Eagleton, uno de los más importantes teóricos marxistas contemporáneos, a través de las definiciones dadas en uno de sus últimos libros publicados, abordan las visicitiudes de la teoría literaria y su relación con la lucha de clases. En ese recorrido retoma conceptos elaborados en algunos de sus libros más influyentes, y reflexiona sobre el fundamentalismo antiteórico posmoderno y los desarrollos y límites de los aportes hechos desde el marxismo.
Emmanuel Barot nos envía desde Francia un artículo que actualiza sus investigaciones sobre la universidad francesa publicadas en el libro Révolution dans l’université. Quelques leçons théoriques et lignes tactiques tirées de l’échec du printemps 2009.
A propósito de la nueva edición de La lucha contra el facismo en Alemania de León Trotsky, Hernán Camarero repasa con detenimiento la obra, destacando de qué modo el análisis de Trotsky sobre las condiciones de emergencia del nazismo es inseparable de su lucha política para que la Internacional Comunista, bajo el estalinismo, adoptara una política que permita al proletariado alemán (y al del mundo entero) enfrentar el fascismo.
Continuando la propuesta de conversaciones con intelectuales que han estudiado el movimiento obrero en Argentina, Paula Varela y Leonardo Norniella visitan al sociólogo Juan Carlos Torre. El análisis de Torre sobre la experiencia de Pasado y Presente y el clasismo cordobés es el disparador de un diálogo sobre las continuidades y rupturas con esa tradición, la distancia entre lo sindical y lo político, y el sindicalismo de base en la actualidad.
Como planteamos desde el inicio, Ideas de Izquierda pretende inscribirse en la tradición intelectual nacional de las revistas que nacieron y, a su vez, expresaron momentos bisagra en la vida política, social y cultural del país. Parte de esa aspiración implica una crítica a esas experiencias intelectuales y políticas. En este número, Ariane Díaz reflexiona sobre Contorno, destacando su influencia en la construcción de la tradición de la literatura nacional así como el peso que la política irá cobrando en la revista, atravesada por los posicionamientos políticos de los contornistas en relación al peronismo y el frondicismo.
Finalmente, se repasan dos producciones recientes en las reseñas del libro Fortunes of Feminism: From State-Managed Capitalism to Neoliberal Crisis de Nancy Fraser, y del documental Mika, mi guerra de España de Fito Pochat y Javier Olivera.

***

Como dijimos al inicio, la revista sale a la calle en medio de una vorágine electoral que atenta, las más de las veces, contra la reflexión sobre el tipo de desafíos y oportunidades que estas elecciones abren para una izquierda que se reivindica revolucionaria. Con este número de Ideas de Izquierda apostamos, al contrario, a alimentar esa reflexión y a abrir nuevos debates.

martes, 1 de octubre de 2013

La revolución kirchnerista



Hoy dimos unas vueltas largas por Monte Chingolo en el sur del conurbano. Por esos barrios donde las numeraciones son un bardo como la vida misma. Una calle salta del 3200 al 3900 de una cuadra a la otra, y para llegar al 3400 hay que recorrer unas 7 cuadras, dando una vuelta porque se corta en el "campito" y "la numeración de la Dinamarca es un desastre, está hecha para confundir a la gente", como nos explica el imprentero. Si las "prefabricadas" que son la media de las viviendas no tienen cloacas, ni gas natural (algunas ni agua potable) y solo haciendo mucho esfuerzo se le puede llamar "asfalto" a lo que cubre la calle; qué importancia puede tener el numerito que tiene la casa en la puerta.
Temprano, aunque no de madrugada, vemos las patrullas con pecheras de los que pertenecen los planes "Argentina Trabaja". Hombres y algunas mujeres limpian a su ritmo las calles, guardan la mugre en una bolsita negra y las acomodan de a dos en las esquinas. Algún camión pasará después a buscarlas. 
"El keynesianismo kirchnerista", me dicen Juan D.; y reflexiono en voz alta: un plan de estos, algunas asignaciones universales, y la changa precaria, son las "conquistas" cada vez mas licuadas por la inflación, con las que se sigue rascando la olla, y mirándole la cara al dolor.
Un poco sectariamente, pero describiendo hechos objetivos de una tiempo histórico que efectivamente no tenía el derecho a autodenominarse "revolución", Milcíades Peña dijo: "Sindicalización masiva e integral del proletariado fabril y de los trabajadores asalariados en general. Democratización de las relaciones obrero-patronales en los sitios de trabajo y en las tratativas ante el Estado. Treinta y tres por ciento de aumento en la participación de los asalariados en el ingreso nacional. A eso se redujo toda la ‘revolución peronista’"
Trabajo precario, plan Argentina Trabaja y Asignación Universal por Hijo, ¿a eso se redujo la "revolución kirchnerista"?. Y sí, por eso mismo pierde, alargando la agonía de la derrota en dos tiempos, "la madre de todas las batallas". Después de todo, "con el agua en los pies, no es difícil odiar".