jueves, 19 de diciembre de 2013

Un relato de la década ganada: María, inmigrante boliviana, trabajadora de Elemento

En el número 6 de Diciembre de Ideas de Izquierda, publicamos un dossier especial dedicado a los trabajadores inmigrantes en la Argentina.

martes, 10 de diciembre de 2013

El régimen político vuelve a decir "felices pascuas"



Artículo publicado en www.pts.org.ar 

La generalización de los motines policiales a 17 provincias, con situaciones como las de Tucumán o Salta (entre otras), que repiten los hechos vividos en Córdoba la semana pasada y que ya produjeron cerca de 20 muertes; son una manifestación más del “fin de ciclo” político del kirchnerismo.
La mayoría de los gobiernos provinciales, avalados por el gobierno nacional, están otorgando de forma inmediata todos los reclamos de la corporación policial, siguiendo los pasos del gobernador de Córdoba, José Manuel De la Sota. Pese a esto, en muchas provincias, las protestas continúan y los uniformados aumentan su “pliego de reclamos”. No es solo la cuestión “salarial”, sino también exigen amnistías, impunidad y ascensos para fuerzas policiales que venían cuestionadas por su íntima relación con el narcotráfico, la trata de personas, los desarmaderos de autos y otros negocios ilegales. Venía quedando en evidencia ante la sociedad que las policías son las organizadoras del “gran delito” que está detrás del “pequeño delito”, ese que tanto agitan los gobiernos y los medios de comunicación en sus campañas de “seguridad” y que terminan en la demonización de los sectores más pobres de la población y en el fortalecimiento de los “criminales de uniforme” (amparados por el poder político y judicial).
En estos momentos dramáticos que vive el país, el gobierno se predispone a “festejar” los 30 años de democracia, con músicos y “acrobacia”, mientras cede ante apriete armado de una las instituciones más represivas del Estado. Los que se llenan la boca hablando de la democracia, mientras ceden todos los días ante las corporaciones económicas, hoy demuestran la bancarrota de su pseudo-democratismo, arrodillándose ante la prepotencia patotera de una de las corporaciones mafiosas y armadas de sus propio Estado.
El “modus operandi” de la mafia policial se repite a lo largo del país. Zonas liberadas e impulso coordinado de los primeros saqueos indiscriminados. En una situación social donde se mantienen altos niveles de pobreza y precarización laboral, agravados por la inflación creciente; el cuadro deriva en crisis que llevan al enfrentamiento de pobres contra pobres o de los sectores más vulnerables de la población trabajadora, con el resto de la clase obrera y las clases medias empobrecidas. 
El chantaje armado de las fuerzas policiales busca de esta manera generar una base social de derecha y un re-prestigio, además de mejores condiciones para su función represiva. La escenas de linchamientos vistas en Córdoba, por parte de sectores de clases medias contra jóvenes de los barrios populares, basadas también en la cultura de la segregación social impulsada como política de estado; muestran lo peligroso y lo criminal de la operación política que lleva adelante uno de los principales brazos armados del estado.

El “partido policial”

Con la concesión de prácticamente todas las reivindicaciones de los policías, en el marco una protesta nacional, fortalecen el poder material y político que esta corporación ya venía obteniendo en los últimos años, en el marco de la crisis histórica del resto de las FFAA. Más allá de los resultados inmediatos de la crisis en curso, las policías logran un triunfo material y un reconocimiento como un nuevo y peligroso actor político nacional. Con este aval político, logrado con los métodos del “vandorismo policial” (“golpear para negociar”), esta corporación gana terreno. Incluso las concesiones del poder político, ante el chantaje de las policías, puede alentar también a las otras fuerzas armadas a intentar recuperar terreno (y puede abrir peligrosamente paso a intentos de actuar como un “partido policial”, de tutelaje del régimen político argentino).
Los efectos colaterales “no deseados”, como el impulso a la lucha que provocó en otros sectores estatales de trabajadores (como los de la salud de Córdoba), por la bronca ante la respuesta inmediata que tuvieron los uniformados, mientras cualquier conflicto normal de trabajadores nunca tiene esta resolución; no pueden soslayar este dato político que fortalece a un enemigo estratégico del movimiento obrero y los sectores populares y uno de los pilares del régimen y el estado capitalista argentino. El desprestigio con el que todavía cargan estas fuerzas (más escandalosamente en provincias como Santa Fe o Córdoba), es una “ventaja” que debe ser utilizada para impulsar la movilización, no sólo por el aumento de salarios (plus de fin de año y demandas similares), sino también contra la represión y la impunidad, contra la criminalización de la juventud y los sectores populares. 

La izquierda y la clase obrera ante los motines policiales

El motín policial tuvo distintas respuestas en la izquierda, desde aquellos que “alegremente” toman el elemento de crisis del régimen y las luchas que desató en otros sectores de trabajadores, pero sin delimitarse claramente del chantaje policial; hasta aquellos que, como Vilma Ripoll, directamente le dan su apoyo y llaman al aumento de salario y a la sindicalización.
La extensión nacional de la protesta y los métodos (impulso al enfrentamiento de pobres contra pobres), dejan en evidencia la contradicción de aquellos que, desde la izquierda, han llamado a apoyar las huelgas y los reclamos policiales. Luego de su triunfo en Córdoba, la policía salió inmediatamente a la caza en los barrios populares, entrando ilegalmente a los hogares, con el objetivo presunto de “cumplir” con la orden de De La Sota, de recuperar las mercaderías. Ahora están mejor pertrechadas, con mejores condiciones y más salarios para salir a reprimir a la juventud y a los trabajadores, por ejemplo a aquellos que hoy tienen 11 hospitales tomados.
Frente a la crisis en curso la posición elemental de la que hay que partir es la de ningún apoyo a los motines policiales y la denuncia a todos los gobiernos patronales (sean oficialistas y opositores) que se han entregado ante el chantaje de los uniformados. No se puede dar apoyo a un movimiento que fortalece no solo materialmente a uno de los brazos armados del Estado, sino que además le da entidad de actor político. La negra trayectoria de las policías en la historia nacional, que tiene en su haber “hitos” como el Navarrazo en Córdoba, hasta su función esencial en la organización de la Triple A, debería ser una muestra suficiente para que algunos autodenominados “marxistas”, revean su posición de apoyo a estos motines.
No es casualidad que la posición de la burocracia sindical vaya desde la “prescindencia” al apoyo activo a los motines, como hizo el jefe del SMATA Omar Dragún en Córdoba, ladero del gobernador De la Sota. Su función “policial” y de contención del movimiento obrero, los “hermana” con la función de la policía en la sociedad. 
La burocracia sindical es la que se está encargando de contener al movimiento obrero, en momentos en que la inflación crece cada día más; y permite que la crisis del régimen político y las debilidades que son producto del “fin de ciclo”, sean aprovechadas por derecha por las fuerzas policiales. Micheli de la CTA opositora habla tardíamente de la necesidad de un paro, sin oponerse claramente a los motines. Por esto se vuelve más urgente la recuperación de los sindicatos, para que la clase obrera pueda intervenir con su programa y sus métodos. Para imponer un paro que unifique todos los reclamos de los trabajadores a nivel nacional. Rechazando el chantaje policial, exigiendo un salario mínimo igual a la canasta familiar, ajustado por la inflación. Terminar con la precarización laboral. Reclamando por un plan de obras públicas para dar trabajo y vivienda a los sectores más necesitados. Y ante las necesidades inmediatas, hay que encauzar la lucha por alimentos y vivienda dirigiéndola hacia el poder político reclamando la entrega inmediata de bolsones de alimentos en todos los barrios carenciados del país bajo el control de delegados barriales elegidos democráticamente y que trabajen en común y coordinadamente con las organizaciones obreras. Esto evitaría el método desesperado de los saqueos que son utilizados (y hasta impulsados) por la policía y en muchos casos llevan al enfrentamiento de pequeños comerciantes contra los pobres.
La vanguardia obrera, empezando por las agrupaciones clasistas y siguiendo con las comisiones internas, cuerpos de delegados y seccionales sindicales recuperadas por los trabajadores, las organizaciones estudiantiles combativas y pro-obreras, deben tomar esta perspectiva. Sólo clase obrera, acompañando y acaudillando al resto de los sectores oprimidos y el pueblo pobre, sobre que el “opera” impunemente la policía, puede dar una salida progresiva a la crisis a la que está llevando al país, la mafia policial.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Unas palabras sobre Roberto "Panono" Silvestri y las generaciones


Levantarme a la mañana, prender la notebook y encontrarme con el mail que terminó convertido en este post -uno de los más visitados ayer- no fue un acontecimiento más. Quizá porque llega fin de año y uno se pone nostálgico, quizá por el paso de los años que otorgan un poco de experiencia ("ese peine que te dan cuando ya te quedaste pelado", como dijo hace poco mi amigo JDM, citando al filósofo "Ringo" Bonavena), y que te permite distinguir un poco mejor la jerarquía de las cosas; o quizá por la sensibilidad particular que significa no poder reconciliarme, todavía, con Buenos Aires. 
La imagen de Roberto "Panono" Silvestri, de alguna manera me conmovió, me interpeló y por muchas razones. Y no es esencialmente lo estético: una cabellera y una barba "guevarezca" envidiables, una mirada, un porte y una estampa imponentes. Por supuesto, también el notable parecido con su hijo. Sino que, como muchos otros retratos de militantes de aquella generación, transmite fuerza, convicción, alegría y pasión. La seguridad inquebrantable de estar ubicado del lado correcto de la historia. Una imagen, con los valores de una generación (y no estamos discutiendo de balances políticos)
Pero también me sentí duramente interpelado, porque hace como 15 años que conozco a Pablo y si bien alguna vez cruzamos alguna que otra palabra sobre su viejo, nunca hablamos profundamente de la cuestión. ¿En qué cosas importantes estuvimos, o mejor dicho estuve yo ocupado estos 15 años, que no tuve tiempo de preguntarle sobre "Panono"? Claro, somos gente con muchas tareas, todo el tiempo en cosas urgentes...ponele.
Entre nosotros hay algunos valiosos compañeros/as de aquella generación, quizá los mejores, los verdaderos herederos y legítimos continuadores. En los años de la "pasivización" kirchnerista pareciera que "hijos de las madres" y continuadores de los desaparecidos y asesinados "somos todos" (sean funcionarios, burócratas o doctores). Pero no es así. Los herederos de una generación revolucionaria (como los verdaderos viajeros de los que hablaba Martin Kohan) son aquellos que "no se hallan, no se habitúan, no se relajan, no armonizan, no se asimilan, no se adaptan, no se entregan". Es decir, aquellos que no se amoldaron a los cantos de sirena de esta democracia cínica, hija de la derrota. Los verdaderos continuadores de una generación revolucionaria son aquellos que siguen peleando por la revolución. Hoy no son muchos, pero son los mejores y están comenzando a vivir los primeros triunfos de un nuevo despertar del movimiento obrero y la juventud. El orgullo de haber mantenido sus convicciones contra la corriente y que hoy empiece a dar sus frutos. Imagino muy difícil la tarea del "trasvasamiento generacional" de esos compañeros, hacia los otros, nosotros o los que vienen. No tanto por la transmisión del programa, de las ideas (esenciales, por supuesto); sino de la experiencia vital, de los valores, de la pasión, esa misma que transmite la imagen de Roberto. A la generación ochentista de la apertura democrática, a la del escepticismo un poco dark y posmo del noventismo y a la de los 10 años del reformismo kirchnerista. Pese a que hubo momentos tensos y hasta trágicos (Julio López, Mariano Ferreyra y otros tantos muertos más de la democracia), como afirmó alguna vez un compañero (de estos que tienen experiencia y capacidad de síntesis), en estas décadas militar fue casi "un seguro de vida" (si alguno se "cuelga" enseguida se lo busca, vamos prepotear a la cana, hasta que larguen a los compañeros si son detenidos y muchas otras cosas). Nadie cree que corre el riesgo de que lo arranquen de la cama y lo bajen en una esquina con 17 tiros. Por supuesto que no es un elogio de ningún martirio, sino la descripción de una realidad del "espíritu de época" en el que experimentamos nuestra lucha diaria y un llamado de atención, si se quiere, de que la revolución en serio tiene algo de todo eso.
Pero aunque sea tarde, siempre es mejor que nunca. Entonces, hoy le pregunté a Pablo por "Panono". Y me contó que tenía 26 años cuando lo mataron, que estudiaba ingeniería química y que pertenecía al Peronismo de Base, a los que la Triple A les había volado dos locales en Saavedra. Que trabajaba de repartidor de productos químicos y que era hincha de Chacarita. Que su mamá le contó que, entre otras cosas que hizo, llegó a parar con otros compañeros y con fierros, camiones que trasladaban kerosene y los desviaban hacia el barrio y llamaban a la gente para que cargue los bidones para los calentadores (todavía recuerdo uno a kerosene que había en casa, cuando era chico). Que su mamá, que hoy tiene 64 años, le colgó en facebook que consideraba que era un digno hijo de su padre. Googleamos los nombres de algunos de sus compañeros y encontramos historias de gente que había sido asesinada por la Triple A, apenas a unas cuantas cuadras de donde vivimos ahora (todos jóvenes de 20 a 30 años). Entre ellos encontramos a uno (amigo de "Panono") que escribió una carta a sus padres desde la clandestinidad, en la que les decía: "Creo que lo más importante no es pensar si hoy o mañana nos vamos a morir, sino pensar cada noche si durante el día hicimos todo lo posible para seguir construyéndonos como hombres, como seres humanos. Si es así, no me importa que dure hasta mañana, pasado o hasta siempre, porque prefiero una conciencia limpia, aunque me dure tres meses y no la mera subsistencia, en la indiferencia y el desprecio a lo que nos rodea”.
Algunos no somos jóvenes ya, pero todavía nos quedan muchas cosas por aprender, creo que hoy aprendí algunas más.

El homenaje de un amigo: ayer y hoy

Un día como hoy, pero 39 años atrás, tres autos de la triple A rodean la casa donde vivía con mis padres. Ingresan a casa en busca de mi viejo. Lo sacan de la cama. Mi viejo se resiste y lo golpean con la culata de una pistola 45. Una vez en la calle, en la esquina de Pico y Lugones en el barrio porteño de Saavedra, es fusilado. 17 balazos asesinos le quitaron la vida en nombre de la patria. En el día de ayer, Nicolas del Caño, Diputado Nacional del PTS por el Frente de Izquierda, jura en nombre de la clase obrera, por la memoria de los 30 mil detenidos desaparecidos y por todos los asesinados por la triple A. Un orgullo, tener diputados así en medio de tantos políticos de partidos que indultaron genocidas, que elaboraron la ley de obediencia debida y el punto final y que encubren la impunidad de ayer y de hoy.
Pablo Drums




miércoles, 4 de diciembre de 2013

Córdoba: primeras conclusiones después del motín y los saqueos


El orden reina en la Docta, ponele. Aunque deja muchos interrogantes. ¿Es la Semana Santa, el Punto Final y "la casa está en orden" de De la Sota? Es decir, ¿la "alfonsinización" de su fin de ciclo?, no en el sentido de la "traición" a banderas anti-represivas que nunca tuvo (como Alfonsin con los DDHH), sino de la capitulación ante el cuestionamiento de su "autoridad". ¿O es el fortalecimiento en posición defensiva del cordobesismo, frente a la presunta (ir)responsabilidad gobierno nacional, culpable de todos los males habidos y por haber de los cordobeses? ¿Fue una gran maniobra táctica montarse y capitular ante su propio "Navarrazo" (recordemos que fue alentador del original), para cargar todas las culpas en el gobierno central? ¿O una muestra de falta autoridad ante la principal fuerza armada del estado provincial?.
Quizá (y con los hechos en caliente, solo podemos hacer hipótesis) haya un poco de las dos cosas. El cierre de lo más urgente de la crisis, provoca una coyuntura de unidad para detener el "caos" y de clamor para que la policía vuelva a las calles y pueda reinar el orden. Sobre esa base -con camisa negra y quincho blanco- De la Sota hizo su discurso presentando el acuerdo como una "gran patriada" de su cordobesismo e hizo un encendido llamado a la cacería de los presuntos "delincuentes".
La unidad provincial en apoyo al regreso policial, genera una coyuntura reaccionaria, que fortalece a la policía, otorgando mejores condiciones -salariales y de otro tipo-, para su función represiva, impunidad e intento de re-prestigio frente a los duros cuestionamientos que estaban demostrando su podredumbre total y absoluta; y un relato ofensivo y habilitante para su "licencia para matar", perseguir y castigar a la juventud. 
Pero a la vez, la crisis en general abre muchos interrogantes sobre el mediano plazo del gobierno de De la Sota y del conjunto del régimen político. Hay que recordar que los hechos se dieron en una ciudad donde el oficialismo sacó el 15% de los votos y el "ganador", la UCR, el 20%, es decir las elecciones habían expresado el malestar y cierta inicial crisis entre los "representantes y los representados", aunque sin grave crisis económica, un elemento "moderador", como en cierta medida lo es a nivel nacional.
Una vez pasado el "terror" frente al "caos", habrá que medir la percepción en la sociedad y las conclusiones sobre los hechos, frente a un gobierno desgastado y que volvió a un relato "pre-2001", en cierta medida disfuncional a la relación de fuerzas nacional, que se manifiesta con todas sus distorsiones, también en Córdoba o por lo menos en sectores de la sociedad (la votación al FIT es una muestra). En lo inmediato, entre los trabajadores en general y en los estatales en particular, abre el interrogante y la agenda en torno a la pelea por la recomposición de sus salarios y condiciones de trabajo ¿si hay plata tan rápido y fácil para la narcopolocía, por qué no puede haberla para los miles de estatales y docentes que mantienen los hospitales, las escuelas y las dependencias que permiten el funcionamiento del estado?

La otra juventud, banlieue y segregación
Pablo Seman hace una buena descripción de la opresión de una franja importante de la juventud plebeya y obrera, que se había manifestado masivamente en la "Marcha de la gorra". Sectores de la misma fueron protagonistas de los saqueos.
La otra juventud, "ghetificada" en los barrios, expresión estructural de la precarización general. De aquellos que no tienen la suerte de entrar a trabajar en los "nichos" de las grandes industrias (como las terminales automotrices) y van desde trabajadores de otras ramas (UOM), pasando por todo tipo de precarización, hasta sectores más descompuestos socialmente. Pero a la vez se combina con una segregación y opresión social, como política de Estado. La policía es el principal agente discriminando y disciplinando a esa juventud, quitándole su elemental "derecho a la ciudad" (tienen prohibida de hecho su libre circulación en el centro) e incluso hasta se impulsa su encierro en el propio barrio, porque su sola presencia en otro, genera desconfianza. En cierta medida, las imágenes recordaron al "odio" de los banlieue de Francia, pero en este caso una juventud extranjerizada en su propia ciudad.
En cierta medida es una tendencia nacional, a la latinoamericanización de la Argentina de las últimas décadas, con la pobreza estructural legada por la etapa neoliberal y sostenida en los años kirchneristas. Un gobierno al que no le preocupó adoptar ningún perfil "pasivizante", provoca la emergencia de esta juventud, como en el 2010, de la juventud secundaria. 
Entender el fenómeno es importante para darse una política y desarrollar las tendencias hacia la organización (el movimiento que derivó en la "Marcha de la gorra"), con comités o movimientos democráticos contra la represión (el FIT y el Ceprodh son instituciones valiosísimas para esto), así como pelear por desarrollar una fracción pro-obrera, que quiera unirse a los trabajadores organizados (empezando por los docentes), única perspectiva para cambiar su futuro y evitar la "fabelización". 

Los mejores, los únicos...
El método del saqueo es cuestionable desde el punto de vista político y estratégico (aunque entendible por todo lo antes dicho), y funcional a los responsables del conjunto de la situación (el gobierno, los empresarios, los sojeros). Divide y disgrega a las fuerzas sociales que deberían confluir. Juzgar aisladamente y en sí las medidas de defensa de los distintos sectores sociales, es hacerlo de manera despolitizada (¿quién tiene razón, el joven marginado que va a saquear un pequeño negocio familiar o el que intenta defenderlo?). La tarea es definir cuales son las fuerzas sociales que deben aliarse con el objetivo de enfrentar a los principales responsables del conjunto de la situación social: de los trabajadores, de las clases medias empobrecidas y de la juventud precarizada o marginada. Los fines determinan la legitimidad o no de los medios (como la autoorganizaciòn popular, incluso armada). Por fuera de eso se cae rápidamente en el facilismo populista o en el corporativismo.
Como viene relatando EC en varios post, la clase obrera está cambiando su subjetividad y su disposición a la lucha. 
Se desarrolla en la escena mediterránea una combinación de un gobierno débil y en fin de ciclo, la recuperación del movimiento obrero, el desprestigio policial (hay que medir con el pasar del tiempo, cuánto logra recuperar el "prestigio" que estaba por el suelo) y la emergencia de la cuestión juvenil que pueda golpear no solo a los protagonistas directos, los "jóvenes de gorra", sino sensibilizar a franjas de izquierda de la juventud estudiantil. Todo esto combinado con el lugar conquistado por el FIT; abre posibilidades para el desarrollo de la izquierda. Los hechos recientes, sólo reafirman la necesidad de una estrategia, un programa y una organización política militante.
 

martes, 3 de diciembre de 2013

Algunas líneas sobre el motín y los saqueos en Córdoba


El motín policial y los saqueos en varios puntos de la ciudad de Córdoba, en una noche de furia, pueden tener una lectura a varios niveles.
Uno tiene que ver con la descomposición de la propia institución, cruzada por la crisis que implicó la salida a la luz de sus relaciones con el narcotráfico, la trata de personas y otros grandes delitos. 
Ligado íntimamente a lo anterior, existe una crisis "salarial" y de presupuesto, basada en la tercerización del ajuste. La crisis y descomposición del estado se manifiesta en la decadencia moral y estructural de sus propios brazos armados (en Santa Fe vimos el mismo fenómeno). El "narco-estado" es la expresión de la propia descomposición al no poder mantener en orden a los agentes que deben ejercer "el monopolio del uso de la violencia", el principio constitutivo de todo estado burgués "normal". Y esto sumado a la crisis histórica del "partido militar". 
Un tercer elemento tiene que ver con la cuestión social. Como ya dijimos en otra oportunidad, los saqueos (que pueden haber sido impulsados por "operaciones" policiales o de otro tipo), actúan sobre un terreno social propicio en el que los sectores más vulnerables intenten resolver sus necesidades a través de este método. La Córdoba profunda que se quiere ocultar bajo la alfombra, la de la juventud de los barrios que tiene vedada su entrada "ciudadana" al centro, al que no puede ingresar sin sufrir algún apremio; irrumpe violentamente aprovechando la oportunidad de la crisis policial. La "Marcha de la Gorra" de hace algunos días, con más de 10 mil personas ya había adelantado en una acción progresiva, esta crisis. 
Sin embargo, también hay una lectura política. Acá ensayábamos un análisis de la "crisis de autoridad" o de representación que vive el (des)orden burgués en Córdoba. Allí nos preguntábamos  ¿Cuánto de "efecto acumulativo" de bronca y malestar muestran los números de esta elección y cuánto tardarán en irrumpir de manera más abierta?. 
La crisis policial y la irrupción social a través de los saqueos es una forma laberíntica de manifestación de la lucha de clases. La Córdoba explosiva irrumpe sorpresivamente y a su manera, para sacar a la luz sus desgarrantes contradicciones.
Entre el "cordobesismo" delasotisa, que es lo viejo que no termina de morir, y la renovada predisposición a la lucha del movimiento obrero que es lo nuevo que no termina de nacer; surgen estos fenómenos aberrantes: motín policial e irrupción de las fuerzas elementales de los sectores más empobrecidos, y una peligrosa campaña de demonización de la pobreza, que puede terminar en una guerra de las clases medias y sectores de trabajadores contra los pobres.
De la Sota volvió de urgencia de su gira por Colombia y convocó a una parodia de "Frente Popular" con la CGT y el "movimiento obrero", los empresarios y los intendentes, para este miércoles a las 11 hs. Salió a responder con una línea "intransigente" contra el motín, a poco de una elección que mostró su gran retroceso y debilidad política, una parodia "delarruísta" de autoridad.
Para la clase obrera, la juventud y la izquierda se trata de articular una alianza capaz de movilizar a las fuerzas sociales fundamentales (el movimiento obrero y la juventud) en pos de un programa que resuelva genuinamente la crisis social atacando los intereses de los responsables de la situación social de conjunto: las multinacionales y la oligarquía sojera. Una planteo que debe partir de la oposición al motín que busca fortalecer a la fuerza represiva del estado. A la vez que levantar una alternativa a las salidas a la crisis policial que se reducen esencialmente a dos: o el fortalecimiento de esta fuerza represiva, mediante la capitulación a sus demandas (y a su reclamo sutil de impunidad) o su sobre-vida como corporación mafiosa, organizadora de todos los grandes delitos. O como siempre es posible, una combinación de ambas.
Comenzar a levantar la necesidad de la puesta en pie de una institución propia de la clase obrera y los sectores populares, que solo puede surgir de la más amplia movilización por todas sus demandas sociales y enfrentando a los verdaderos enemigos del pueblo, y sobre la base del desmantelamiento de este aparato represivo creado y educado para reprimir al pueblo. Una institución que debe tener como principio constitutivo la prohibición de la represión a los trabajadores y el pueblo. No hay resolución bajo este régimen que empuja a la descomposición a amplios sectores sociales y en muchos casos al enfrentamientos de pobres contra pobres. En la lucha contra este régimen social, surgirán las instituciones (milicias obreras y populares) que enfrentarán y podrán reemplazar al aparato podrido de las fuerzas armadas de este estado.
Córdoba, como Santa Fe, comienza a expresar las consecuencias del fin de ciclo, a través de sus "órganos más sensibles", los brazos armados del estado. 
El kirchnerismo podrá disfrutar hoy la caída en desgracia de uno de los opositores dentro del peronismo. Sin embargo, la trama de narcotráfico y otros negocios que impulsan descomposición de las fuerzas policiales y crisis social, no es un escenario exclusivo de Córdoba o Santa Fe, sino de toda la Argentina de la "década ganada", en tiempos de fin de ciclo, debilidad de las coaliciones políticas burguesas y deterioro económico.