martes, 28 de enero de 2014

Devaluación, “final de partida” y …de ciclo


La clásica de obra Samuel Bekett “Final de partida” (1957) puede resultar metafórica para el presente del kirchnerismo y sus puestas en escena que rememoran al teatro del absurdo. Para algunos críticos, la resistencia de Hamm (uno de los dos protagonistas centrales de la obra) a aceptar el fin puede ser comparada con la del jugador amateur de ajedrez a admitir una derrota.

Esa era la imagen del gobierno esquivando sus contradicciones con sobreproducción de relato, hasta que empezó a pedir “tablas” y la semana pasada pateó el tablero (hacia la derecha).
“Cristina corazón, acá tenés los pibes para la devaluación”, fue una de los tantos remedos que circuló en las redes sociales ante la última medida económica del gobierno

domingo, 26 de enero de 2014

El kirchnerismo: herencias y legados


Fernando Rosso


@RossoFer

A la recauchutada escuela del neo-revisionismo histórico le gusta ubicar al kirchnerismo en la línea de continuidad con otros “movimientos nacionales y populares”, como el radicalismo de Hipólito Yrigoyen y el mismo peronismo. Sin embargo, el kirchnerismo como movimiento surgido en respuesta una de las crisis de la Argentina semi-colonial en decadencia, repite mucho de sus defectos y casi ninguna de sus virtudes.
El yrigoyenismo pasó a la historia como el agente de institucionalización de las nuevas clases medias. Marcó el fin de la Argentina oligárquica o el aburguesamiento moderno de la oligarquía. 
El primer peronismo hizo lo propio con la clase obrera, creando un estado con base de masas que evitó su irrupción por medios violentos. La estatización del movimiento obrero fue el precio pagado por las concesiones, el presunto carnet de ciudadanía y la integración a la "república". 

martes, 21 de enero de 2014

“París, bien vale una misa”


La historia cuenta que el rey Enrique IV de Francia promulga en Nantes un edicto que asegura la libertad de culto a los hugonotes (protestantes NdR), poniendo fin a las guerras de religión entre protestantes y católicos que tiñieron Francia de sangre durante décadas y que tuvieron su punto culminante en la Matanza de San Bartolomé de 1572. Enrique IV, que era protestante, se convirtió al catolicismo el 25 de julio de 1593, para poder acceder al trono, momento en el que se le atribuye la famosa frase “París bien vale una misa”. El decreto establece por primera vez unas bases jurídicas firmes para la coexistencia pacífica entre las dos grandes confesiones cristianas, aunque gran parte del clero católico y del extremismo hugonote siguió sin aceptarlo.
El ministro Axel Kicillof fue a París con la intención de ofrecer un acuerdo a los llamados fondos buitres, que representan a usureros de 19 países que litigaron todos estos años contra la Argentina y reclaman una suma que ronda los 10 mil millones de dólares. Axel Kicillof abandona su viejo “credo” keynesiano y se “convierte” al neoliberalismo al que “combatió” durante toda su corta existencia. Adopta la nueva ortodoxia y afirma que el acuerdo permitirá nuevas inversiones y generará la confianza que necesita el capital financiero internacional que está muy entusiasmado con el inicio de un nuevo ciclo de saqueo, por ejemplo, en los yacimientos de Vaca Muerta. Esto le permitiría a su jefa, no ya sostener el reinado -que mantuvo en los años dorados a golpes de cadena nacional-, en el país del fin del mundo; pero por lo menos ayudaría administrar lo mejor posible su fin de ciclo y su triste retirada.
Una gran parte del “clero” neoliberal se niega a aceptar el “transformismo”, y por su parte, el “extremismo hugonote K” que se reúne en una cofradía autodenominada “Carta Abierta”, protesta, patalea y se siente defraudado. Sin embargo, para el ministro, al que alguna mala lengua apodó como El Gótico: “París, bien vale una misa”.

lunes, 6 de enero de 2014

El factor Bergoglio y la transición argentina


El enigma y el temor de los dueños del país y sus representantes está centrado en la capacidad del régimen político para una garantizar una transición ordenada hacia el 2015. Ya no se discute el fin de ciclo -excepto en el cristinismo duro-, sino cómo será el pos-kirchnerismo y quiénes serán sus agentes. Alrededor de qué eje podrá articularse un nuevo partido (o coalición) del orden.
Los interrogantes surgen porque la transición en curso contiene muchos elementos inéditos, comparado con el “normal” catastrofismo argentino en tiempos de fines de ciclo. En principio -aunque nunca puede descartarse-, no hay debacle económica y su consecuente crisis social aguda (las “hiper”, inflación o desocupación), como pasó en otros momentos históricos (1989-2001); factores que actuaron como disciplinadores tanto de los de arriba, como de los de abajo.