domingo, 30 de marzo de 2014

Ajuste: cambió la dirección, pero no el sentido



La histórica huelga docente de la provincia de Buenos Aires culmina luego de 17 días. En la Argentina, los sindicatos de los trabajadores de la educación no definen su salario en una paritaria única, la “paritaria nacional docente”, es más simbólica que real. La clave pasa por los acuerdos en los distritos. Buenos Aires es, además de políticamente relevante por las razones obvias de su centralidad en el país, el distrito que concentra el 40% de los que laboran en todo el sistema educativo nacional. Esto le da un carácter que sobrepasa sus límites distritales y toma relevancia más allá de sus fronteras, no solo geográficas, sino también gremiales. Es “testigo”, no solo para la docencia, sino para todos los trabajadores.
Por todas estas razones, Cristina Fernández había “tercerizado” la imposición de un techo al salario en manos del gobierno de Daniel Scioli, para sostener una de las “patas” del plan de ajuste: la contención salarial. La primera señal que demostró que el objetivo era que los salarios se conviertan en un “ancla” para la inflación la había dado el gobierno con el aumento de 11% a los jubilados hasta septiembre, un porcentaje que ya fue devorado por la inflación de este primer trimestre. Todas las dirigencias sindicales nacionales cargan con la responsabilidad de permitir este manoseo indignante hacia los jubilados.
Un límite a este plan se encontró en el territorio de “Buenos Aires, la provincia”, como dice el lema del gobierno bonaerense. Una rebelión generalizada y profunda recorrió todas las localidades durante las más de dos semanas de huelga. El apoyo popular fue evidente, de lo contrario hubiese sido insostenible un conflicto de tan largo alcance. La conciencia colectiva llegó a la comprensión de que tras los docentes, venían por los salarios de todos y todas.
Y este apoyo empezaba a manifestarse en la calle, hacia los últimos días de la huelga. En La Plata y Ensenada, los obreros del Astilleros Río Santiago y otros trabajadores estatales marchaban junto a los docentes; y lo mismo sucedía en La Matanza, donde la emblemática Ruta 3, que al fin del ciclo de la Alianza fue eje de protestas de los desocupados; ahora era ocupada por organizaciones sindicales y populares en apoyo a la huelga.
Manifestaciones de antorchas, caminatas, concentraciones, asambleas públicas, ganaron el territorio bonaerense y para algunos las imágenes eran solo comparables con las vividas en 2001. Ese es el género próximo, la diferencia específica fue que el eje articulador esta vez fueron los trabajadores de la educación, acompañados por otras organizaciones sindicales. Parte de un conjunto social con fuerzas renovadas, en una escena muy diferente a la caracterizada por las debilidades estructurales (no del todo revertidas) con las que cargaba la clase trabajadora luego de la década “neoliberal”, con la desocupación como principal problema.
El gobierno de Scioli tuvo que ceder y entregar el 31% promedio para todos los escalafones. Una logro parcial desde el punto de vista estrictamente sindical, pero con una mayor significación política, porque el techo salarial, en el caso de los docentes bonaerenses, fue bochado. Los resultados cobran más valor cuando se tiene en cuenta que la dirección nacional docente (con la que está alineada la de Buenos Aires), aliada del gobierno nacional, no acompañó con alguna medida, como un paro nacional que le aporte contundencia y respaldo. En el juego tradicional de resistencia e integración de las conducciones sindicales argentinas, uno de los sindicatos más “participacionistas” de la “década ganada”, pagó caro su integracionismo. El año pasado perdió varias seccionales emblemáticas del sindicato en la provincia, hoy en manos de la izquierda, y este año comenzó con una rebelión que amenazaba con llevarse su cabeza. De ahí su reubicación durante este conflicto, luego de años de mansedumbre.

Por otros medios
En resultado del paro docente hizo cambiar los planes, los caminos y la dirección del ajuste, pero no su sentido.
En simultáneo con el fin de la huelga, que estaba rompiendo parcialmente y de hecho el intento de techo al salario, el gobierno nacional operó para cerrar la paritaria de la UOM. Para el oficialismo, el acuerdo fue el 26,75%, otras voces dicen que con las sumas no remunerativas sobrepasa levemente el 29%. Fracasado el intento de cerrar por abajo del 25%, el “premio consuelo” sería que por lo menos públicamente parezca que los acuerdos promedio no pasan del 30%.
Pero si la histórica huelga docente fue un aviso que puso cierto límite al ajuste vía “cepo” al salario, el gobierno aceleró la toma de decisiones para llevarlo adelante con otras medidas. Comenzó la quita de subsidios al gas y el agua corriente y es inminente también para la electricidad, lo que traerá como consecuencia los correspondientes tarifazos que se calculan entre un 200 y 400%. De esta quita están exentos los industriales y lo aclaró la propia presidenta en cadena nacional. El mensaje es claro: si hay que resignar algunos puntos más en paritarias, nosotros los compensamos desde el Estado. Los tarifazos son, parafraseando a Clausewitz, “la continuación de la guerra contra el salario, pero por otros medios”. Combinado con nuevo endeudamiento, inflación y enfriamiento de la economía.

El paro del 10 y las “conspiraciones”
El complemento político del ajuste es el relato del gobierno para identificar el paro general del 10-04, llamado por Moyano y Barrionuevo, con los intereses políticos de Sergio Massa. Si la medida tiene éxito, como lo tuvo el paro del 20-N del 2012, será producto de un gran complot. Cuando los gobiernos empiezan a hablar de conjurados y conspiraciones, en respuesta al conflicto social, solo hacen evidente sus propios límites. Las conspiraciones (que no existen como las brujas, pero que las hay, las hay), tienen “éxito” solo si hay un terreno fértil para que actúen tanto “operadores” como “operados”. Y con todas las medidas que está llevando adelante el gobierno, está trabajando para que la “conjura” del 10, se parezca mucho a un contundente paro general tradicional, más allá de las intenciones de sus dirigentes. Esta es la conclusión de estas dos semanas de “clases” y de “lecciones” que deja la huelga docente.

jueves, 27 de marzo de 2014

La huelga docente, el paro del 10 y la "coyuntura estratégica"





Parece que este año va a estar signado por la vuelta de los sindicatos. La Argentina retorna a lo clásico: después de una década, le sobran sindicatos y no sólo le falta burguesía nacional, sino que también se le termina el kirchnerismo. Si hasta las banderas de la “ampliación de derechos”, empiezan a ser cuestionadas, por gente que sale espantada de su propio riñón
Y esta vuelta se da, en primer lugar porque la devaluación y la inflación complicaron las paritarias y dejaron en mal lugar a la burocracia. En segundo lugar, por la huelga de los trabajadores y trabajadoras de la educación que tiene alcance nacional, con epicentro en la PBA y paros escalonados en muchas de las provincias (con un reciente triunfo en Chubut). En tercer lugar, porque Moyano y Barrionuevo, salieron a convocar el paro que muchos trabajadores estaban esperando desde hace casi un año y medio. 
Entre paréntesis, la huelga docente interviene con la fuerza de los hechos en el famoso debate académico que “problematizaba” (en el sentido de “lamentar”) la cuestión de la separación tajante entre “la fábrica y el barrio”, durante y después del neoliberalismo. Los pobres urbanos, muchos de ellos vueltos a proletarizarse (o semi-proletarizarse) que son base de maniobras del clientelismo de los “barones”. La huelga, las cientos del movilizaciones de docentes a lo largo de todo el territorio bonaerense, viene a poner sobre la mesa que “entre la fábrica y el barrio”, está la escuela. Donde trabaja una fracción de la clase obrera, que si bien puede mantener resabios de identidad “socio-cultural” con los sectores medios, consumó con esta acción histórica el proceso de proletarización que viene de hace tiempo. En síntesis, la expansión económica, viene acompañada con cierta urbanización y modernización y su consecuencia inevitable: la proletarización. Los territorios feudales o mazorqueros, ya no lo son tanto, y por lo tanto también muestran los límites de sus métodos de contención social y política (lo que no quiere decir que no cumplirán su rol en las futuras “triples A”). Y todo esto, sin que la dirección central del sindicato docente, tenga una política para institucionalizar esa alianza que se da de hecho, por el apoyo hacia los y las docentes. Como se planteaba en estas discusiones entre Trotsky y sus colaboradores (“Sobre la cuestión de ganar a los campesinos. Aquí, hemos descubierto que los maestros pueden jugar un papel clave… Los maestros y los ferroviarios son el eslabón entre el campesinado y los obreros de la ciudad”). El lugar de los campesinos en la Argentina, lo ocupan los pobres urbanos, la función de “eslabón” de los docentes puede ser similar.
Más allá de las cuestiones relacionadas con la interna del peronismo, que las hay ¡y cómo! (Baradel llorando en 6,7,8) o las motivaciones políticas que puedan tener Moyano y Barrionuevo (denuncia de manual de Capitanich), el llamado al paro nacional, termina de mostrar una tendencia que está latente pero no se desarrolla: la de la convergencia de los distintos reclamos obreros en una gran acción de envergadura nacional.
Y esa "tendencia al frente único obrero", que es la condición para la emergencia de la tendencia a la huelga general, es la que vuelve a surgir a través de los cambios de coyunturas). Y resurge en forma inconsecuente, fragmentaria, obviamente por la política de las direcciones burocráticas, pero también porque el ajuste viene planteado como un ajuste "negociado" y no un choque de frente contra la clase obrera (sin dudas de consecuencias imprevisibles). Este ritmo quizá sea el “mejor”, para decirlo de alguna manera, para las tareas preparatorias y el agrupamiento de fuerzas. 
Desde este punto de vista, en el desarrollo de la situación, podemos ir configurando lo que Gramsci llamaba el plano de la "coyuntura estratégica", es decir un momento en el que convergen las fuerzas sociales en pugna, su grado de preparación y disposición a la lucha y todo ello configura las características de una situación original y peculiar, que en este caso contiene elementos dispares: el avance de la experiencia de la clase trabajadora con el kirchnerismo y por esa vía con el peronismo, con los trabajadores de la educación como "bisagra" que demuestran la potencialidad unir a clase obrera, los pobres urbanos, y capas medias progresistas como un actor destacado del pase a la oposición, que objetivamente se ubica por izquierda de Massa, Scioli y CFK. El cuestionamiento de la burocracia sindical y el crecimiento de la izquierda, pero sin que la burocracia pierda la dirección. A nivel más general de la clase obrera, un descontento con el gobierno que todavía no se transforma en odio (aunque entre los docentes, hay un odio bárbaro) o en una sensación de que es realmente insoportable su continuidad, como ocurriera con los últimos años del menemismo. En suma, crecimiento de la lucha de clases, con la burocracia incómoda pero no entre la espada y la pared, avance de la ruptura con el gobierno, pero no todavía una ruptura en clave revolucionaria. 
Desde el punto de vista de la reconfiguración subjetiva de la clase obrera, estamos en una especie de meseta (en la superficie) que esconde toda clase de experiencias complejas (en las profundidades), en muchos casos desconocidas incluso para cierta izquierda más dispuesta a poblar los pasillos de las facultades que las líneas de producción de las fábricas. La adhesión al FIT de importantes franjas de la clase obrera, no debe hacernos perder el punto de vista más global. Que la izquierda tenga peso como frente de independencia de clase, muestra precisamente que el proceso del movimiento obrero es persistente pero no mecánico y no sigue ninguna "teleología" según la cual la clase obrera pasa del punto de vista burgués al revolucionario, sin solución de continuidad. 
En ese sentido, las variantes de desarrollo posible están abiertas. En la actual situación coexisten el espacio del FIT, los frentes únicos sindicales de corrientes antiburocráticas (como el Encuentro de Atlanta y muchos otros a escala regional o local), las tendencias antiburocráticas "autoconvocadas" como en la PBA. Ni el FIT es el Partido Revolucionario, ni el Encuentro de Atlanta es el Frente Único Obrero de masas clásico, ni las asambleas de base son los Soviets o Coordinadoras, pero en cada uno de esos elementos, surgen puntos de apoyo para el desarrollo de experiencias más profundas. En la intervención con distintas formas de políticas de frente único, que es un reconocimiento de las disparidades y diferentes momentos y experiencias por las que pasan los distintos sectores de la clase obrera, a la vez que la búsqueda de un cauce a las aspiraciones de unidad; está la clave para el desarrollo y construcción revolucionaria.

Juan Dal Maso y Fernando Rosso

viernes, 21 de marzo de 2014

La huelga docente, Scioli y el kirchnerismo


En la Argentina, las conyunturas son "el arte de lo imposible". La política nacional se "ordena" por sus crisis. Y en el país contencioso, la movilización popular siempre está al acecho para aprovechar la más mínima hendija que se abra entre los de arriba.
Cuando se encontraba una salida parcial a la agudización de la crisis económica y no terminaba de asentarse el consenso ajustador, emerge una crisis con la paritaria de un gremio importante por su peso, su número y su prestigio social, en la provincia que siempre es territorio base de la madre de todas las batallas. 
El conflicto docente concentra todas las contradicciones y secuelas de la "década bonaparteada". 
En primer lugar, la necesidad de un "ancla" salarial testigo para todo el movimiento obrero y por lo tanto un ajuste, para que el plan devaluador (y enfriador), y el consenso que lo acompaña, sea "exitoso". La resistencia docente, que acumuló la bronca por la "batalla cultural" que CKF llevó adelante en su contra sistemáticamente en cada negociación paritaria, se suma a los efectos de la devaluación y la inflación sobre salarios retrasadísismos y explota en una huelga histórica.  
En segundo lugar, un gremio con crisis por arriba, por abajo y por el costado; producto de la estrategia de cooptar a una burocracia hiper-adicta y atomizar a las organizaciones sindicales. El annus mirabilis del 2011 con el 54% (y mejor aún, los mágicos 37 puntos de diferencia con el segundo), empujó a la pedante (aunque "necesaria" desde su lógica política) ruptura con Moyano, y hoy tiene como consecuencia un "moyanismo docente". Y el oficialismo rabioso del yaskysmo provocó la pérdida por izquierda de seccionales importantes de SUTEBAs, hoy en manos de frentes combativos y de izquierda. La burocracia sindical docente está apretada por todos los flancos: por la base, por izquierda y por el moyanismo "educativo", que no es ni de izquierda, ni de derecha, simplemente incorregible.
Por último last but not least, asoma (y actúa?) la crisis de sucesión todavía no resuelta de la coalición oficial, pese a las intenciones de que las PASO sean el "acierto no forzado" para superarla. Se pone en duda que la "alvearización" del kirchnerismo llegue hasta la imposición "natural" de Scioli. Como se sabe, el no lugar que ocupa le juega a favor cuando las aguas no bajan turbias, pero lo pone en el ojo del huracán cuando las cosas se complican. Es demasiado opositor para los kirchneristas y demasiado kirchnerista para los opositores. Y los y las docentes están entre los opositores de la primera hora (políticamente 180°de su dirección, para un lado y para el otro) e inauguraron el proceso de ruptura de sectores del movimiento obrero con el gobierno (y como bisagra, también expresión de ciertos sectores medios, por pertenencia "socio-cultural"). La complicaciones de Scioli y su desprestigio no les viene tan mal a los que empiezan a especular y a operar ( ver también acá y acá), con la posible utilización del declive de "Daniel", para instalar un candidato del propio riñón. 
Cuál es la justa proporción en que actúan todos estos elementos en el conflicto docente es difícil de saber o precisar. 
Las consecuencias superestructurales pueden ser que la crisis de sucesión vuelva a "(des) ordenar" la política argentina y haga su aporte golpeando el precario equilibrio del "consenso ajustador".
Lo más importante, estratégicamente, es el resultado y el balance de una dura pulseada. Es interesante que el primer intento y la primera disputa seria del plan de ajuste, de hecho ya no pasó "sin pena, ni gloria"; no está garantizado un triunfo, teniendo en cuenta la dirección, pero tampoco una derrota catastrófica. Eso ya depende de la lucha misma que está en curso y entra en etapa de definiciones y necesita de una estrategia ofensiva e independiente.
Y en el medio, Moyano (junto a Barrionuevo) convocan a un paro en el que "no se tiene que mover ni un alfiler", con el único problema que todavía no tiene fecha, aunque prometen que será en abril. 
¿Una "Scioli Situation" que se devora a sus propio hijos, liquidando de paso el "Macri Moment"?. Esperar y ver, dijo Lenin (que no es lo mismo que "vamo y vemo", según alguna "célebre" traducción local).
La trama de las coyunturas argentinas, ese laberinto borgeano del que, como dijo Marechal, se sale de una sola forma: por arriba.

lunes, 17 de marzo de 2014

Nuevo consenso, a la derecha de la pared


Por Fernando Rosso
frossocba@gmail.com

Los acreedores de deuda argentina agrupados en el Club de Paris, dieron el visto bueno al gobierno nacional para reunirse el próximo 26 de mayo con el objetivo de llegar a un acuerdo por los 10 mil millones de dólares que le reclaman al país. Junto con el plan de ajuste interno, los deberes y gestos hacia el FMI en términos de la reforma de las estadísticas nacionales, el acuerdo para la indemnización a Repsol, este acercamiento termina de configurar los lineamientos de una “salida” del momento catastrófico de la crisis. Desde la derrota electoral del oficialismo en octubre pasado, hasta la fuerte devaluación de principio de año, se vivió una coyuntura crítica: el revés electoral (que era producto del declive económico) acrecentaba la crisis política, y ésta a su vez agravaba la crisis económica. Los momentos más dramáticos se vivieron en enero, cuando el gobierno decide un giro hacia la devaluación brusca y el ajuste.
El discurso de inauguración de las sesiones ordinarias del Congreso cerró ese momento y abrió un nuevo consenso de los dueños del país y sus representantes políticos. Pueden debatirse los ritmos, los matices del “nuevo plan”, pero no sus lineamientos generales.
Tomó fisonomía un frente unido que incluye a las representaciones políticas tradicionales, al grueso de las dirigencias sindicales, a las distintas fracciones del empresariado y hasta el papa Franciso, quien había sintetizado el objetivo en una consigna: “cuiden a Cristina”, y que ahora la recibió en privado en su residencia de Santa Marta.
El economista Luchas Llach, que no puede ser sospechado de “izquierdista”, describe lo esencial del nuevo consenso: “Pero supongamos que el nuevo modelo del ajuste funciona. ¿Qué es el ajuste? Una devaluación que no es compensada totalmente por aumentos salariales. Los precios suben algo más que los salarios (por eso caen los salarios reales) pero menos que el dólar: mejora el tipo de cambio real. Quizás esta caída en el salario real se acentúa con aumentos de tarifas, para mejorar las cuentas del Estado y no depender tanto de la maquinita que supo o quiso manejar Amado” (Blog “La ciencia maldita”, 14/03/2014).
El “éxito” del nuevo modelo tiene su fundamento esencial en la caída del salario real. El posible aumento de tarifas, para disminuir los subsidios, permitiría mejorar las cuentas del Estado, aunque también afectaría al salario. Y a esto habría que agregar los posibles acuerdos con los “organismos multilaterales de crédito”, eufemismo políticamente correcto con el que se denomina a los saqueadores que han sostenido y profundizado la dependencia nacional, a través del mecanismo del endeudamiento externo.
De ahí la relevancia de la pulseada salarial con los docentes, sobre todo en la estratégica provincia de Buenos Aires. La contención salarial es un eje del nuevo plan. El “ancla” más baja posible debe darla la paritaria docente.

La “batalla cultural”

Cierto kirchnerismo acuñó el falso lema de que a su izquierda estaba la pared. Con el ajuste, la devaluación y el nuevo relato, el gobierno no solo cruzó hasta la pared de enfrente, sino que la rompió a mazazos y se pasó al cuarto de al lado donde esperaban ansiosos Scioli, Massa, Macri y una larga lista. Con esta señal de largada desató una competencia rabiosa por ver quién se ubica más a la derecha.
El jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, volvió a aumentar la tarifa del subte de la ciudad de Buenos Aires, llevándolo a $4,50, con lo que llega a un récord acumulado de 309% de aumento en dos años.
El vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, hasta hace poco símbolo del “nac&pop” conurbano, Garbiel Mariotto, sacó a relucir su duhaldismo genético. El dirigente, formado en los ‘90 en la “escuela” de Liga Peronista Bonaerense (Lipebo) que conducían Duhalde y Cafiero, salió a exigir que se declare a la educación un “servicio esencial”, es decir, limitar el derecho a huelga de los trabajadores estatales peor pagos del país.
José Manuel de la Sota, ni lerdo, ni perezoso, no iba a permitir de ninguna manera ser “corrido por derecha” y mucho menos por el kirchnerismo, así que directamente mandó un proyecto de ley también con el eufemismo de los “servicios esenciales”, pero agregó un plus: la posibilidad de 30 días arresto para huelguistas que rompan la normativa, remitiendo a un artículo del Código de Faltas que rige en la provincia.
Sergio Massa hizo su campaña contra el ante-proyecto de reforma del Código Penal, repitiendo toneladas de lugares comunes que son música para los oídos de la clase media conservadora, con una solución corta y simple para los graves problemas sociales: la penalización y la “mano dura”.
Y el brazo ejecutor del nuevo relato, el ex teniente coronel Sergio Berni, identifica al enemigo común y le pone nombre y apellido. Primero se ensañó con el diputado nacional del PTS en el Frente de Izquierda, Nicolás del Caño, y luego con el legislador -del mismo partido y coalición- por la provincia de Buenos Aires, Christian Castillo (al que llamó “diputado piquetero”). Ambos son “culpables” de no aceptar el nuevo consenso y salirse de los aparentes “enfrentamientos” de la politiquería tradicional, para bajar a la calle a defender codo a codo, los derechos pisoteados de las grandes mayorías.
El clima y la agenda de la política nacional se tiñen de un espíritu reaccionario. Los adalides de la “batalla cultural”, el cartaabiertismo y sus pares quedan, una vez más, rastreando en el diván del psicoanálisis (“¿por qué hicimos una devaluación que no queríamos?”), las causas de una nueva frustración, inexplicable desde su punto de vista político.
El “éxito” del nuevo plan es sinónimo de un nuevo fracaso, empobrecimiento, pérdida del poder adquisitivo y deterioro general de las condiciones de vida de la mayoría de la población trabajadora. El nuevo relato anuncia tiempos violentos y el desafío es la capacidad de resistencia contra el consenso ajustador. La izquierda probará su capacidad, no sólo ya en la superestructura de la política electoral y parlamentaria, sino en la arena caliente del conflicto social y del fantasma que recorre nuevamente la Argentina, el de la pura y dura lucha de clases.

jueves, 13 de marzo de 2014

The Scioli situation



El título del post de “Los Galosde Asterix” es provocador y estamos de acuerdo esencialmente con el contenido. Lo que queremos problematizar acá, para evitar el posible mareo por los cambios de coyuntura (que en Argentina son constantes “y sonantes”), son los límites o los determinantes más generales del escenario.
Es verdad que estratégicamente el gobierno y junto con él todo el régimen político vienen girando a la derecha. Culminada la primera etapa de la “gran política” del kirchnerismo de restaurar el orden, la fase superior implica la realización material de la utopía del “país normal”.
Esto incluye que Cristina suba la apuesta del gorilismo contra los y las trabajadoras de la educación, despotrique contra los piquetes y llame a legislar contra la protesta social, que alguna vez fue la “expresión de las tensiones del crecimiento” y por eso no debía ser “tan” reprimida. Claro, debe ser porque hoy los piquetes y las protestas expresan las tensiones del “de-crecimiento” y ya no muestran el “virtuosismo” de modelo, sino los vicios de sus límites; por lo tanto, leña.
Esto habilita y entusiasma a Massa para dar un salto hacia su ultraderecha y salir a vomitar toneladas de lugares comunes contra el ante-proyecto de reforma del Código Penal. Un debate imposible (otro de los tantos) entre “progres garantistas” que apoyan a un gobierno que va aceleradamente hacia el ajuste y por lo tanto hacia aumentar geométricamente las causas profundas del delito; y derechistas “mano dura” que quieren “profundizar” este proyecto (el de la devaluación, del enfriamiento y el endeudamiento).
En la discusión sobre la llamada “inseguridad”, la sociedad argentina (y quizá la mundial) tiene una posición inmediata de derecha. Y es entendible, aunque no justificable, cuando se trata de la vida o la muerte más o menos violenta. Quizá la industria cultural y comunicacional haga su aporte con el bombardeo del crimen y los delitos aberrantes como espectáculo, de manera inversamente proporcional a la falta de reflexión o discusión sobre los fundamentos. En última instancia, los que mandan en los medios son tan capitalistas (y sus elencos de periodistas consagrados), como cualquiera de los otros, y están interesados en la “seguridad” de sus propiedades y sus bienes. Su  programa siempre es más policía y menos pobres a la vista, para disfrutar en paz y armonía de su vida de lujo en los countries. El kirchnerismo nunca ganó y ni siquiera se acercó a empardar en esa “batalla cultural”, simplemente porque no puede resolverse con su “gramscismo” mal entendido, es decir, haciendo abstracción de las condiciones sociales sobre las que crece y se multiplica el pequeño y el gran delito.
Ahora, esto no define necesariamente a la cultura y el pensamiento político de la sociedad argentina en todas sus dimensiones. Alguna vez leímos a un perspicaz bloguero más o menos kirchnerista, que afirmaba que los peronistas más inteligentes eran de “centro” (más bien de centroizquierda), no por ideología, ni principios, ni programa; sino “por promedio histórico”.
Esto quiere decir que estos ribetes derechistas tienen un límite. La misma sociedad que responde y pide por abrumadora mayoría más mano dura y menos piquetes; puso en crisis e incluso provocó caídas de gobiernos (nacionales o provinciales), cuando las fuerzas armadas del estado se tomaron muy a pecho el discurso y se pasaron de la raya. Los casos de Kosteky y Santillán son un ejemplo paradigmático, pero también a su manera Mariano Ferreyra (que obligó a la cárcel de un dirigente sindical) o Teresa Rodríguez y otros tantos. Incluso ese “promedio histórico”, estuvo corrido a la derecha en los 90s (ni hablar de la dictadura); pero en la última década giró a izquierda, no olvidemos que el discurso de “no represión” fue un homenaje a situación general. Con respecto a esta cuestión, en el espacio político y social que se ubica entre la distancia entre relato y política, el Frente de Izquierda también cosechó una parte de su caudal electoral.
En el programa económico, la devaluación es ajuste, aunque en cierta medida diferido. La propaganda del 22% del techo a los salarios de los y las docentes es una señal política más que una negociación real, y los gobernadores tienen promediar para arriba, e incluso con mayor oferta sigue el conflicto en la PBA y otras provincias, con ampliación del sector antiburocrático. 
Por eso le pifiaría Massa si se sube a la moto en la que anduvo la oposición burguesa todos estos años y que fue adquirida en el “pre-2001” y que tan bien le vino al kirchnerismo. Las encendidas declaraciones contra el Código, como antes el pedido de "rebajar salarios", otorgan luz, cámara y acción, pero no necesariamente futuro político.
Y es ahí donde entra el “tiempista” Scioli que quiere hacer lo mismo que Massa, pero en su justa medida y armoniosamente.  
También las encuestas dictan que la amplia mayoría de la sociedad apoya el relato de Francisco. Loris Zanatta, el autor del clásico “Perón y el mito de la nación católica”, dice que Bergoglio apuesta a la batalla cultural, también casi “gramscianamente”, para ganar a los pueblos que tienen “contextura cristiana”, sin saberlo o sin darse cuenta (sic), algo así como "cristianos silvestres". Además explica que al ser un “bonaparte” de lujo se puede permitir proponer soluciones “populistas” que después no tiene que aplicar, total no tiene que andar pensando en ganar las elecciones o lidiar con parlamentarios. Pagni destaca que es admirador de Liddell Hart y que está a una distancia ideológica menor de este kirchnerismo maduro y moderado, de lo que los mismos kirchneristas suponían. Este apoyo hacia Bergolgio es una manifestación distorsionada (como todo, hasta los soviets que son representación bastante directa, tienen su cuota de distorsión propia de toda representación);  del “promedio histórico” que es un campo de disputa y que no se gana con propaganda, sino con estrategia, programa y organización (aunque también con un poco de propaganda). Pero el dato es que al lado de todo esto, La Nación publica una columnita de Scioli sobre Bergoglio, en la edición del día del primer aniversario de Francisco en el poder del Vaticano, cerrando el círculo de una de las apuestas fuertes de la “tribuna de doctrina”. Scioli y Francisco son a la vez la constatación y los límites de los ritmos del indiscutible giro a la derecha.
Todo este juego es posible mientras se mantenga el precario equilibrio del nuevo consenso pos-devaluación, enfriamiento y ajuste, cuestión que no está para nada garantizada.

En síntesis: the Macri moment, pero the Scioli situation

miércoles, 12 de marzo de 2014

El informe que desmiente categóricamente a Cristina Fernández


Los petroleros de Las Heras condenados a cadena perpetua son inocentes

La presidenta de la Nación, Dra. Cristina Fernández de Kirchner, en su discurso ante la Asamblea Legislativa del 1 de marzo de 2014, transmitido a todo el país mediante la cadena nacional, justificó la escandalosa condena que, en un fallo dividido, recibió un grupo de trabajadores de la localidad santacruceña de Las Heras. Estas condenas han sido recurridas ante el Tribunal Superior de Justicia de la provincia de la presidenta, lo que hace que sus palabras revistan una gravedad institucional por el evidente condicionante que cuenta hoy ese tribunal para emitir un fallo en forma imparcial. En su discurso a la Nación, la Primera Mandataria defendió unas condenas dictadas sin pruebas en un juicio donde se corroboró la existencia de apremios ilegales durante la instrucción.

Sumario del juicio y de la sentencia

Este informe incluye las razones y algunos de los documentos que confirman que hace tres meses la Cámara del Crimen de Caleta Olivia condenó, en un fallo dividido, a cuatro inocentes a cadena perpetua por la muerte del oficial Sayago. Esa misma sentencia condenó a otros seis trabajadores petroleros a cinco años de prisión por los delitos de coacción agravada y lesiones.

El informe COMPLETO ACÁ

También puede visualizarse ACÁ



lunes, 10 de marzo de 2014

Córdoba: El juego de imágenes del “partido sindical”


Fernando Rosso
frossocba@gmail.com

Los números de las elecciones del 27 de octubre pasado fueron una manifestación contundente de la crisis de representación de las coaliciones y partidos tradicionales en Córdoba. 
Según los resultados, la lista oficialista ganó con poco más del 26% de los votos en toda la provincia, la UCR obtuvo el 22%, el FPV y el PRO que responde a Mauricio Macri, salieron tercero y cuarto con el 15 y 14%, quinto se ubicó el Frente de Izquierda con cerca el 8%. En la capital, la ecuación se invierte y los números son más bajos y dispersos: la UCR gana con el 20.7%, lo sigue el PRO con el 16.62%, tercero sale Unión por Córdoba con el 15% y cuarto el FPV con el 14%, el FIT obtiene 12.24%.
La debilidad política del conjunto del régimen estuvo en la base del motín de la policía del pasado 3 y 4 de diciembre que vio una ventana de oportunidad, no solo para un reclamo corporativo “salarial”, sino también para poner límite a todo avance judicial o político ante el cuestionamiento y descrédito por las evidentes relaciones con negocios ilegales como el narcotráfico o la trata de personas. Como la corporación militar en su momento, actuando todavía como “partido” e imponiendo el llamado “punto final” (y la “obediencia debida”) al alfonsinismo, la policía asumió un rol de embrión de “partido policial” y protagonizó un motín que se convirtió en una manifestación política y una demostración de fuerzas con el objetivo de la defensa de sus negocios y en búsqueda de impunidad.
En estos días y en menos de un mes hubo dos movilizaciones de ambas fracciones en las que está dividida la CGT en la provincia, una el 14 de febrero y otra más reciente el pasado 7 de marzo.
En sus “Notas sobre Maquiavelo”, el italiano Antonio Gramsci afirmaba que en los regímenes políticos modernos se habían producido “transformaciones en la organización de la policía en sentido amplio, o sea, no sólo del servicio estatal destinado a la represión de la delincuencia, sino también del conjunto de las fuerzan organizadas del Estado y de los particulares para tutelar el dominio político y económico de las clases dirigentes”. Y explicaba de esta manera que “partidos "políticos" enteros y otras organizaciones económicas o de otro tipo deben ser considerados organismos de policía política, de carácter preventivo y de investigación”
Las movilizaciones protagonizadas por ambas centrales sindicales cegetistas no apuntaron contra nadie y se pronunciaron a favor del "salario y el empleo". Justamente hacer abstracción de los responsables políticos permite mantener el equilibrio entre las distintas fracciones de los dirigentes, ya que unos responden al gobierno kirchnerista y otros están alineados con el delasotismo.
La brusca devaluación impuesta por el gobierno nacional tuvo su pico en enero cuando dio un salto del 25%, pero en un año lleva acumulado más del 60%, y está siendo combinada con una política de enfriamiento de la economía. Las consecuencias son la inflación, las suspensiones y despidos que ya sufren los trabajadores.
Las centrales nacionales, tanto las oficialistas como las opositoras, mantienen un inmovilismo cómplice frente a este ajuste ortodoxo. Ante ellas, las CGTs de Córdoba aparecen asumiendo una posición de lucha.
¿Por qué Córdoba hace punta con la salida conjunta de los gremios más importantes, siendo que en la dirigencia nacional prima la "cordura" y la "moderación” frente al mayor ataque que recibe el movimiento obrero en una década?
No es una mayor “conciencia de clase" de la burocracia sindical local, sino una mayor conciencia de su función política.
El "partido sindical", histórico protagonista en la vida provincial, es consciente del momento de debilidad del régimen político, más aguda aún en la ciudad capital, donde se concentra el grueso del movimiento obrero. Su salida es preventiva y de anticipación en el sentido apuntado por Gramsci, en una provincia donde los estallidos "polares" son la forma tradicional de los enfrentamientos entre las clases.
Y esto se demuestra en que mientras se realizan las movilizaciones de los “cuerpos orgánicos” para la repercusión mediática, se firman acuerdos paritarios, como en el caso de los docentes o estatales, que rondaron el 30% y en cuotas, cuando la inflación será del 40% según las estimaciones de las consultoras más conservadoras.
La corporación policial salió en diciembre a imponer su fuerza, sin escatimar medios “radicales” como el impulso a los saqueos, obteniendo una “paritaria express” que ubica sus remuneraciones muy por arriba de los y las docentes, para tomar un ejemplo. El “partido sindical” hace su aporte al orden, conteniendo al movimiento obrero con inofensivas movilizaciones, para evitar su irrupción en tiempos de debilidad política.

Lo que vale de Valeo

Pero lo que demuestra el juego de imágenes de la dirigencia sindical es el conflicto de la fábrica Valeo. Desde el 21 de febrero esta fábrica de ópticas y otras autopartes, proveedora exclusiva de varias de las más importantes terminales automotrices, está paralizada y tomada por los trabajadores y su cuerpo de delegados. El reclamo que desató el conflicto fue lógico y de sentido común; y debería ser una exigencia de todo el movimiento obrero: piden un monto fijo o una recomposición que alivie el salario, licuado por la fuerte inflación de los últimos meses y la devaluación, hasta que se negocien las paritarias de la UOM. La empresa, que había despedido a 20 operarios en diciembre, respondió a este reclamo con la muy “dialogante” determinación de… despedir a otros 45 trabajadores. El paro total y la toma de la fábrica fueron una respuesta a esa prepotencia y provocación de la multinacional francesa. Este lunes 10/3 la fábrica Renault paralizaba sus actividades por falta de piezas que debería proveer Valeo. El anuncio lo hizo el secretario de prensa de SMATA, Leonardo Almada, quien hace tiempo en los hechos se convirtió en “secretario de prensa” de las malas noticias (suspensiones, despidos) de las terminales. 
La última “caravana” de ambas CGTs recorrió calles de la ciudad, hizo actos frente a los supermercados para denunciar a los “formadores de precios”, pero puso la mayor distancia entre su movilización y esta lucha testigo, inédita en los últimos tiempos en el movimiento obrero de Córdoba. Y esto pese a que entre los reclamos estaba la “defensa del empleo”, haciendo alusión a los despidos en las plantas autopartistas. El problema es que los “medios” no están altura de los “fines”. Para defender el salario y el empleo se necesita mucho más que caravanas de los “cuerpos orgánicos” y encendidos discursos para la TV. Para la función del “como sí” y el juego de imágenes de estos dirigentes es más que suficiente. Lo que vale de los trabajadores de Valeo es que muestra otra estrategia y otro camino y dejan al desnudo la diferencia entre las palabras y los hechos.

lunes, 3 de marzo de 2014

El retorno al “alma” verdadera del peronismo


Fernando Rosso
frossocba@gmail.com

“Que fuerte es este peronismo”, afirmo Cristina Fernández en un intencionado off the record, segundos antes de comenzar su discurso. En esa calculada frase "espontánea" ya estaba concentrado todo lo que vino después. 
“En ese maltrecho peronismo que vendió todas las almas por depósitos bancarios, Kirchner es otra cosa: insiste en dar cuenta de que ésta no fue toda la historia”, había afirmado Nicolás Casullo, un kirchnerista de la hora cero, en un texto del año 2002 que para algunos fue profético y que muchos hoy deberían volver a leer.
Sin embargo, la historia es la misma, el kirchnerismo no es “otra cosa”, y Cristina Fernández se encargó de dejarlo en claro en su discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la nación. Su exposición tuvo todos los condimentos del “peornismo”, es decir, del peronismo del peor. Elogio del orden y la unidad nacional, diatribas contra los y las docentes -un clásico del cristinismo- y a través de ellos una advertencia a todos los asalariados, el llamado a regimentar la protesta social, macartismo contra la izquierda y una exigencia para que truene el escarmiento contra obreros patagónicos, injustamente condenados por un crimen que no cometieron.
Un tono en el discurso político que fue una síntesis entre el Perón del regreso setentista y la “reconciliación nacional”, y del alfonsinismo de la democracia y la paz. La paz de la Argentina pos-genocidio y la democracia de la derrota, de la que fue hijo directo el radicalismo alfonsinista.
El aplauso rabioso del bloque del PRO de Mauricio Macri y el apoyo moderado del resto de la oposición tradicional, dejaron en evidencia un nuevo consenso del país burgués: fin de ciclo en orden, un ajuste aplicado por un kirchnerismo domesticado y la apuesta a una transición tácitamente pactada para la continuidad con cambios o el cambio con continuidad. Es decir, Scioli o Massa, o en su defecto, si hay error no forzado del peronismo, alguna coalición radical-socialista.
En relación a la economía, el discurso solo habló del pasado o de un futuro de mediano-largo plazo, pero no del presente o del periodo inmediatamente próximo. La descripción de los números más o menos fraguados, pertenece a los años anteriores al giro brusco de la devaluación, la inflación y la política de enfriamiento (aumento de la tasa de interés). Fueron acompañados de promesas futuras de un paraíso petrolero que de la mano de generosos acuerdos con multinacionales como Chevron nos lleve, esta vez sí, al “primer mundo”. O sea cifras que hicieron abstracción, nada más y nada menos, que del ajuste en curso. 
Para los momentos clave de la política argentina, es decir, para los próximos dos años, el mensaje fue orden, paz, administración y castigos ejemplares. Y por supuesto también “democracia”. Aunque los derechos democráticos que son iguales para todos, parece que para algunos son más iguales que para otros.
La justicia de Santa Cruz condenó a fines del año pasado a prisión perpetua a cuatro trabajadores petroleros de Las Heras por hechos ocurridos en el año 2006 durante una protesta contra el impuesto al salario, donde cayó muerto un policía (Jorge Sayago). Durante el juicio no se pudo demostrar la culpabilidad, ni la autoría de los condenados y hubo declaraciones arrancadas bajo tortura y apremios ilegales. Por eso un amplio espectro personalidades de los derechos humanos, de la cultura, organizaciones sindicales y políticas, está reclamando su absolución. Entre ellos el premio nobel de la paz, Adolfo Pérez Esquivel, la madre de Plaza de Mayo, Nora Cortiñas, el periodista y escritor Osvaldo Bayer, dirigentes sindicales tanto oficialistas como opositores, artistas como Abel Pintos o Calle 13, entre otros cientos de adherentes más. Contra la evidencia de los hechos y la intachable honorabilidad de muchos de los que apoyan a los petroleros, la presidenta se alineó en su discurso con el infame fallo de la justicia provincial, que además está hecho a la medida de las petroleras. 
Para complementar este mensaje político, atacó a la izquierda (y específicamente al PTS, miembro de Frente de Izquierda), que justamente protestaba contra este fallo. Y en el mismo acto aprovechó para proponer “legislar” sobre la protesta social. El control de la calle, que el gobierno perdió por su ruptura con una gran parte de las organizaciones sindicales, pretende ser recobrado mediante el fortalecimiento penal del estado. Otra (in)feliz coincidencia con el segundo peronismo que impulsó en 1974 la reforma y el endurecimiento del código penal y que produjo la famosa ruptura de los diputados de la llamada Tendencia Revolucionaria. Pacto social, macartismo e impulso a la legislación represiva, parece ser el combo de las segundas partes del peronismo.
Queda claro el sentido “democrático” que debe garantizar la paz: el aval a una justicia clasista y la penalización de la protesta social. Una “democracia” a la medida de los tiempos de ajuste.
Sin embargo, este giro hacia el “sciolismo”, la derecha posible de nuestros tiempos o este retorno al peronismo maltrecho, es todavía una expresión de deseos del nuevo consenso burgués y tiene el límite de la relación de fuerzas para asentarse. Los mismos números que la presidenta dio en su discurso sobre el crecimiento de afiliados de los sindicatos, mostraron un cambio en la constitución social y la configuración de clases del país, acompañados con una rica experiencia de lucha desarrollada en la última década. Y el propio avatar que configuró al kirchnerismo de los orígenes y de los primeros años, puso de manifiesto distorsionadamente una experiencia política de las nuevas generaciones que tuvo en el 2001 una expresión aguda, luego contenida, pero no derrotada. El desarrollo y la emergencia electoral de la izquierda (concentrada en el Frente de Izquierda) es manifestación de este desarrollo político.
En ese panorama el “programa” expresado por la presidenta es todavía una declaración de intenciones, que tiene el mérito de despejar escenario y dejar más claro el lugar que ocupará cada uno. Pero la resolución, como siempre, la decidirá la lucha misma que pondrá a prueba si verdaderamente es tan fuerte "este" retorno al peronismo maltrecho, de almas vendidas por depósitos bancarios.