lunes, 28 de abril de 2014

jueves, 24 de abril de 2014

(Audio) Entrevista en Pateando el Tablero Neuquén

A propuesta de mi coequiper Juan Dal Maso de "Los galos de Asterix", tuvimos una conversa con los amigos de Pateando el Tablero Neuquén en su programa del miércoles 23/04. La Ley Kunkel, el pago a Repsol, la presentación del FAU, el paro del 10/04 y la izquierda; fueron parte del intercambio.  




miércoles, 23 de abril de 2014

Kirchnerismo, el criador de gorilas


Fernando Rosso

@RossoFer


Con el lanzamiento formal del Frente Amplio – UNEN (FAU) queda configurado un posible escenario de competencias políticas hacia el 2015. Los analistas destacan la formación de cuatro “grandes” coaliciones tradicionales, lo que implica un reconocimiento del fracaso en la reconstrucción de un régimen político de mayorías estables. Al mismo tiempo que intentan ocultar la existencia de una quinta e incómoda coalición que acaba de demostrar en las elecciones municipales de la ciudad de Mendoza que es algo más que un “fenómeno pasajero”: el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT).
SEGUIR LEYENDO ACÁ

Las tres empanadas de Brandoni (para el que no la recuerda)

Mendoza, la trotska (la asunción de las legisladoras del PTS-FIT en imágenes)



domingo, 20 de abril de 2014

Los estalinistas pro moscovitas y pro maoístas, según Salvador Benesdra

Este fragmento de "El Traductor" puede ayudar a entender los "matices" de las dos grandes vertientes del estalisnismo. E incluso también algunos aspectos del kirchnerismo (con el reciente affaire Kunkel-Pinochet), ya que también se nutrió con un poco de cada uno: ex estalinos y ex maoístas.

"El estalinista pro moscovita le contestaba con bastante racionalismo pero partiendo de aseveraciones de improbable demostración: los obreros soviéticos eran felices, en Siberia no se vivía tan mal después de todo, los burócratas comunistas no tenían privilegios, en la U.R.S.S. reinaba la libertad desde la fundación si la discusión estaba ocurriendo antes del informe Jruschov, o desde Jruschov, si era posterior, ciertos generales progresistas del Tercer Mundo iban a traer el socialismo a sus países con solo que los trotskyistas pararan de criticarlos y los dejaran realizar en paz sus revoluciones democráticas, que luego desembocarían en el socialismo, porque solo a un ultraizquierdista podría ocurrírsele que un progresista como Chang Kai Shek iba a meter a los comunistas de Shangai y Cantón vivos en las calderas de sus locomotoras como combustible, o que un patriota constitucionalista como Pinochet iba a sublevarse. La prueba de que todo eso era verdad había que buscarla en la "prensa proletaria", y toda refutación de tales verdades fácticas solo era atribuible a la perfidia de la "prensa burguesa". Después de todo, solo la "prensa proletaria" del Partido Comunista había descubierto, unos días antes del 11 de septiembre de 1973, que Pinochet era un patriota constitucionalista y que abrirle proceso por contrabando, como estaba contemplando hacerle la Justicia, era una burda provocación.
El estalinista pro maoísta no se molestaba en cambio en aludir a la realidad, su dominio era la poesía: las cosas eran como eran porque había un "gran timonel", o porque había que lograr que "florezcan cien flores", porque se daría un "Gran Salto Adelante", o se privilegiaría la "contradicción principal" sobre las "secundarias". Cómo se pasaba de eso a la masacre de millones de comunistas y no comunistas chinos con cada gran salto, con cada flor florecida, con cada revolución cultural, podía entenderse si se conocía la respuesta que los sentimentales, los intuitivos, los místicos, los poéticos maoístas daban a los enigmas trotskistas sin solución: "con un trotskista no se discute, se lo abofetea", había dicho -rezaba la leyenda- Ho Chi Minh, y repetido Vo Nguyen Giap, o a la inversa. Y no había por qué poner en duda las leyendas. El panteón estalinista estaba repleto de asesinos, hasta sus más presentables héroes gustaban adornarse con alguna frase criminal de ese estilo. Por cierto, lo que habían recibido millares de trotskistas en Siberia, en Europa Oriental, en Yugoslavia, en la China e Indochina no habían sido siquiera solo bofetadas, sino balas o el encierro menos indultable de todos en los campos de concentración. Pero no debía pensarse que se usaba el eufemismo por faltar a la verdad, sino por elipsis poética, por puro refinamiento artístico. El maoísta nunca se molestó en mentir, como el pro moscovita. Siempre creyó que había algún giro poético, alguna voltereta del lenguaje, algún ideograma mágico que podía convertir mil cadáveres en mil flores y hacer de cada crimen un verso, fuera en la China, en Camboya o en el Perú. Le habría parecido el colmo del despropósito que se lo acusara de mentir: ¿miente el poeta?, ¿miente el surrealismo?, ¿miente el arte?. El maoísmo era el arte, la intuición, el sentimiento hecho política. Por eso en el Tercer Mundo terminaba a menudo disolviéndose en la lava sentimental del nacionalismo, casi siempre en el de derecha, porque el de izquierda había sido ya ocupado por los soviéticos. Pocos maoístas más fieles a su inspiraicón poética que los argentinos que apoyaron el irresistible ascenso del pseudonazi López Rega ya antes de que Pekín sentara escuela apoyando a Pinochet."
Salvador Benesdra, "El Traductor". Eterna Cadencia. 2012

miércoles, 16 de abril de 2014

El Decreto de Pinochet y la Ley Kunkel, (in)feliz coincidencia



El Decreto Supremo Nº 1086, promulgado en 1983 durante la dictadura de Augusto Pinochet sentencia: 


“Artículo 2°.- Para las reuniones en plazas, calles y otros lugares de uso público regirán las siguientes disposiciones:


a) Los organizadores de toda reunión o manifestación pública deben dar aviso con dos días hábiles de anticipación, a lo menos, al Intendente o Gobernador respectivo. Las fuerzas de Orden y Seguridad Pública pueden impedir o disolver cualquier manifestación que no haya sido avisada dentro del plazo fijado y con los requisitos de la letra b.
b) El aviso indicado deberá ser por escrito y firmado por los organizadores de la reunión, con indicación de su domicilio, profesión y número de su cédula de identidad. Deberá expresar quiénes organizan dicha reunión, qué objeto tiene, dónde se iniciará, cuál será su recorrido, dónde se hará uso de la palabra, qué oradores lo harán y dónde se disolverá la manifestación”.

El proyecto presentado por los diputados kirchneristas encabezados por Carlos Kunkel y Diana Conti dice:

Artículo 5.- MANIFESTACIÓN LEGÍTIMA. Se considera que una manifestación pública es legítima cuando reúne los siguientes elmentos:
- Después de los incisos a, b, c y d, en el inciso "e" afirma: "Es notificada en los términos de la presente ley".
- Y en su Artículo 7.- SOBRE LA NOTIFICACIÓN. Toda manifestación pública debe ser notificada ante representación policial, con una antelación no menor de 48 horas. En esa notificación deberá indicarse:

a) El lugar en que se llevará a cabo


b) El tiempo estimado

c) El objeto de manifestación

d) El manifestante delegado

Si la manifestación no cumple con alguno de los requisitos del Artículo 5, entre ellos la notificación, se infiere lógicamente que es ILEGÍTIMA.

Con respecto a esto dice en su Artículo 10.- MANIFESTACIÓN ILEGÍTIMA. Una manifestación ilegítima y que afecta derechos de terceros puede ser dispersada por las fuerzas de seguridad con el objeto de garantizar esos derechos, pero siempre sometiéndose la actuación de éstas a los procedimientos y límites previstos en los capítulos I y III de esta ley.

Cualquier similitud ¿es pura casualidad?
Hasta podría afirmarse que "formalmente" el decreto pinochestista que sigue vigente hasta hoy, tiene el decoro de mostrarse como más "democrático", ya que el aviso tiene que realizarse ante autoridades civiles, mientras que en el "proyecto-Kunkel" se obliga a que el aviso se realice directamente ante la misma policía.

Esta nota cuenta que abogados de los derechos humanos de Chile reclamaban en el año 2011, ante la Convención Interamericana de los Derechos Humanos, justamente contra ese aspecto en el que coinciden el Decreto de Pinochet y la Ley de Kunkel, con los siguientes argumentos:

DECRETO SUPREMO Nº 1086
Los abogados también describirán uno de los instrumentos legales que viola el derecho a manifestarse libremente sin pedir autorización. Se trata de la vigencia y utilización del Decreto Supremo Nº 1086, promulgado en 1983 durante la dictadura de Augusto Pinochet, con Sergio Onofre Jarpa como ministro del Interior.
Asesoría Ciudadana explica que el DS 1086 limita un derecho resguardado en la Constitución Política de Chile (art. 19 N° 13), que es la libertad de reunión pública. No sólo eso: también vulnera el artículo 15 de la Convención Americana de Derechos Humanos, suscrita por nuestro país.
Los abogados chilenos explicarán al organismo interamericano que el DS no es una ley, y no persigue un fin legítimo ya que dar aviso a la autoridad no es a priori defensa de ninguno de los fines explicitados, aseguran. "Se trata de una acción desproporcionada, porque la mera falta de aviso no es título legítimo (desde la Convención) para disolver una marcha pacífica y sin armas", explicarán.

  

Perón, Kunkel y la disciplina

El 22 de enero de 1974, Perón mantuvo un dialogo con un grupo de diputados de la ‘Juventud Peronista’, representantes de la llamada "Tendencia" revolucionaria del peronismo. Cuestionaban el represivo proyecto de reformas al Código Penal que impulsó el poder ejecutivo, luego del ataque al cuartel de Azul, llevado adelante por el ERP. Entre los diputados estaba Carlos Kunkel, quien hoy, junto a Diana Conti (otra ex izquierdista del PCR), presentó este proyecto de Ley Antipiquetes. Parece que "Carlitos" Kunkel, 40 años después, aprendió. "Tarde, pero seguro" 
Acá, el diálogo completo.

martes, 15 de abril de 2014

Precarización: trabajo “en negro” y eufemismo gris


Por Fernando Rosso
@RossoFer

En su monumental y única novela (“El Traductor”), el fallecido e injustamente desconocido escritor Salvador Benesdra se burla del doble discurso del progresismo en los oscuros años neoliberales. Frente a una propuesta de su jefe, que es a la vez el dueño de la editorial “progresista y de izquierdas” donde trabaja (Turba), para que realice una labor extra por la que recibirá un “adicional fuera del sobre”; Benesdra le hace reflexionar a su personaje principal (Ricardo Zevi): “Yo había tenido desde adolescente la experiencia del pago en negro o del pago en blanco. Pero desconocía los matices del gris y las sutilezas de sus eufemismos”. Algunos críticos dicen que Turba era la versión ficcional del diario Página 12, en el que Benesdra trabajó hasta su despido poco antes de que se suicidara arrojándose del noveno piso de su departamento, el segundo día del año 1996. (SEGUIR LEYENDO ACÁ)

viernes, 11 de abril de 2014

El paro general del 10A algunas lecciones estratégicas


Este 10 de abril se produjo el segundo paro general bajo el gobierno de Cristina Fernández, convocado por las centrales que agrupan a los sindicatos que dirigen Hugo Moyano, Luis Barrionuevo y Pablo Micheli. 
Como se preveía la medida fue masiva y contundente. Al igual que durante el paro general anterior -producido 20 de noviembre de 2012 (20N)-, esta vez también pararon amplios sectores de trabajadores enrolados en los sindicatos que apoyan al gobierno y que, en consecuencia, no convocaban a la huelga. Es más, los más conocidos dirigentes sindicales oficialistas (como Antonio Caló de la UOM o Hugo Yasky de la CTERA), se encargaron de desprestigiar al paro en los días previos, identificando la medida con los intereses políticos de los dirigentes sindicales convocantes (esencialmente con Sergio Massa del Frente Renovador). 
Como definición sintética puede afirmarse que fue un “20N”, pero cualitativamente más contundente y más consciente en los trabajadores en general, y con mayor preparación de las fracciones de vanguardia antiburocrática y clasista, en particular.
Volvió a hacerse evidente que el proceso de ruptura o escisión, aún no radicalizado pero persistente de amplios sectores del movimiento obrero con el gobierno continúa su curso, pese a que por momentos se torne latente en el devenir constante de cambios de coyunturas características de la Argentina.
Los piquetes organizados por la izquierda clasista y sectores de vanguardia tuvieron un componente obrero superior al paro anterior. El más representativo fue el realizado en la Panamericana en la zona industrial norte de la provincia de Buenos Aires. Pero también en el Puente Pueyrredón, en el límite de la CABA con en el conurbano sur, una zona con mayor presencia histórica de distintas variantes de organizaciones sociales y políticas “populistas”, también se notó la presencia de delegaciones de obreros industriales, de servicios y estatales. Y la escena se repite en varias provincias del interior con sus correspondientes desigualdades, pero con el denominador común de la mayor presencia vanguardia obrera junto a la izquierda. No es novedad para nadie que el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) y las agrupaciones que influencia aportaron contingentes obreros, cualitativa y cuantitativamente superiores a cualquier otra organización de la izquierda, debido a su histórico trabajo en sindicatos clave de la industria y los servicios. La apuesta estratégica al trabajo en el movimiento obrero ocupado desde hace más de una década, cuando la mayoría de la izquierda caía en la tentación facilista del atajo, mediante la organización semi-clientelar de movimientos de desocupados dependiente del estado, hoy comienza a mostrar su verdad. 
Al margen de la guerra de interpretaciones mediáticas, contaminada por los intereses de los distintos monopolios de la “industria comunicacional” (opositores u oficialistas), se desprenden algunas lecciones estratégicas de esta nueva jornada protagonizada por la clase trabajadora de nuestro país.
Uno. Por si todavía quedaban dudas, se volvió a ratificar el peso de los sindicatos en la realidad social y política nacional. Incluso, pese a sus divisiones y los límites impuestos por la burocracia sindical, mostraron su relevancia innegable para cualquiera que pretenda desarrollar una estrategia de transformación revolucionaria. 
Dos. La jornada también demostró que los piquetes no son un “capricho” de la izquierda para ganar visibilidad propia, sino que, además de ser un instrumento histórico de contrapeso a las cientos de formas de coacción patronal y estatal contra los trabajadores en huelga, son una necesidad específica que se desprende de la historia reciente de la lucha de clases y de la reestructuración de la clase obrera en el pos-neoliberalismo. Un bloguero peronista (Abel Fernández), que no puede ser calificado justamente de ”izquierdista” (más bien es un hombre “orgánico” a la burocracia sindical), afirma: “Hoy los de abajo son – como en la mayoría de las sociedades modernas – los precarizados, los tercerizados, los que están “en negro”, los desempleados, los marginados. Que les resulta mucho más difícil hacer huelga; lo suyo son los piquetes”. Efectivamente, “huelga y piquetes” es la combinación necesaria para hacer pesar con toda su potencialidad la fuerza del conjunto de la clase trabajadora.
Tres. El protagonismo de los sindicatos y la contundencia del paro muestran los límites de la llamada “derechización” que vienen editorializando distintos analistas y que está muchas veces sobrecargada de expresión de deseos, antes que de realidad. A. Fernández también dice: “Y los votantes pueden ser distraídos pero no son idiotas. Mi opinión, falible, por supuesto, es que la mentada “derechización” de la sociedad no llega al bolsillo. Y los que aspiran a que los voten el año próximo deberían tenerlo claro y esforzarse en convencer que ellos no ajustarían más. O rezar para que sea este gobierno el que se vea forzado a hacerlo.” En temas sensibles, controvertidos y contradictorios, como la llamada “inseguridad”, las posiciones del promedio de la sociedad orillan en general la franja derecha (en parte porque su “solución” es imposible sin una transformación radical de la sociedad, si el reformismo en general históricamente no funciona, en este caso mucho menos). Pero confundir esto con el aval a “giros” a la derecha de conjunto, sería un grave error. Hombres como Miguel Peirano (entrevistado en el último número de la Revista Crisis), expresan un sector dentro del Frente Renovador de Sergio Massa, que alerta contra esta lectura facilista: “Si vos mirás los millones de votos que tuvo el Frente Renovador en las últimas elecciones, es gente que ha creído que no se trataba de una visión de ajuste ortodoxo sino de una concepción de desarrollo. Si yo mismo no lo creyera, no estaría colaborando con Massa”. Desconocemos cuánta ascendencia tiene Peirano en el FR, pero su lectura expresa el reconocimiento de una relación de fuerzas real.
Cuatro. Y esto lleva necesariamente a pensar la dinámica del proceso de decadencia y el fin de ciclo kirchnerista y su relación con la izquierda. Basado en el crecimiento económico e impulsado por la necesidad del “desvío” o de la “gran política” de recomponer el régimen gravemente herido en 2001 y sacar a las masas de las calles, el kirchnerismo fogoneó aspiraciones sociales (políticas e incluso culturales) a las que hoy enfrenta abiertamente con el ajuste. El salario y el consumo estuvieron entre las centrales. El salto electoral del Frente de Izquierda y los Trabajadores está ligado a esta experiencia de los sectores más conscientes de la clase obrera que están dispuestos a la pelea por un efectivo “nunca menos” y hasta con aspiraciones de ir por más. Vieron en los referentes del FIT (que basaron su campaña electoral con el eje puesto "contra el ajuste que preparan”), a los más decididos para esta pelea, cuando el relato tomaba cada vez mayor distancia de la realidad hasta ubicarse 180° en el polo opuesto. La combinación de emergencia electoral y conquista de posiciones en la izquierda sindical revelan la falsedad de la existencia de un componente homogéneo de clase media (o perteneciente exclusivo al histórico “espacio representación radical”), entre los votantes del FIT y reafirma la existencia de un componente obrero de calidad, en el universo de los un millón doscientos mil votantes. 
Cinco. De la lectura de este escenario de desarrollo político del FIT, relevancia y peso estratégico de los sindicatos en el escenario político y social y emergencia de una vanguardia sindical de izquierda, se desprenden algunas conclusiones y una combinación de tareas para el desarrollo de la izquierda revolucionaria. Por un lado demuestra la falsedad y deja en ridículo a aquellos que decretaban la “superación” y el derrumbe de la burocracia sindical, mediante los votos que había obtenido el FIT (y los traspiés que sufrieron ciertas fracciones de la burocracia en sus apuestas políticas), una especie de bastardeo de la “ilusión de lo político”, que es más bien una “ilusión de lo electoral”. Las elecciones permiten el recuento globular de fuerzas, incluso pueden lograr la conquista de tribunas parlamentarias muy importantes, pero dicho en criollo, “no hacen milagros”. Si la lucha política-electoral no está íntimamente unida a la batalla por recuperar los sindicatos, lo que presupone distintas variantes (y “cambiantes”) de frente único, “la agitación política o parlamentaria de un programa socialista”, no encuentra la fuerza material para hacerlo efectivo. La coalición electoral del FIT en el terreno político y el encuentro sindical combativo de Atlanta, así como la participación en el paro general, con piquetes y una clara delimitación de la dirección, son manifestaciones hoy de esta estrategia de conjunto. Esto es lo que está haciendo emerger al PTS como una izquierda obrera (e internacionalista) en el escenario nacional y que empieza a ser reconocido por la gran prensa burguesa. La ausencia de esta perspectiva está en la base de la desubicación de otros a los que les quedan solo los intentos un poco desesperados de sobreproducción de aparición mediática. 
Una “táctica” efímera e insostenible en el tiempo, porque como dijo un general famoso, a éste solo lo vence la organización.

lunes, 7 de abril de 2014

Alfonsín, el portavoz más lúcido (o sobre la alfonsinización del kirchnerismo)


Raúl Ricardo Alfonsín parece ser el nuevo punto de consenso de la "republicanización" del kirchnerismo. Acá y acá se escribió sobre la cuestión. Y hasta escuchamos a Horacio González citarlo como autoridad política y moral para pensar las perspectivas del kirchnerismo: "cuando la sociedad gira a la derecha, hay que prepararse para perder elecciones", dicen que dijo Don Raúl. 
Parece que cuando la sociedad giró muy a la izquierda y a la vez muy a la derecha, había que guiarse por otros "principios"...  
Posteamos un extracto de Alejandro Horowicz sobre las posiciones del viejo dirigente radical, después del golpe de estado. 

"A semanas del golpe el radicalismo orientado por Raúl Alfonsín comenzó a publicar un mensuario: Propuesta y Control. El nombre resulta curioso, ya que no pareciera dirigido ni a los afiliados ni a los simpatizantes de la UCR. No bien se leen los primeros números queda claro que la propuesta está destinada al hipotético control de las Fuerzas Armadas y de su gobierno. En el Editorial: "La participación de los trabajadores" se lee: "[...] a veces se exhibe como único denominador común y exclusivo centro de actividad la lucha antisubversiva. Más allá de esta lógica coincidencia generalizada, solo pueden mostrarse vaguedades y contradicciones".
En su doble condición de dirigente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) y de la UCR, Alfonsín subraya que el "único denominador común" con el gobierno es la "lucha antisubversiva". Es evidente que no ignora en qué consiste; por eso escribe: "El ámbito para desarrollar la participación es el respeto por la libertad, la igualdad y la dignidad de los hombres, espacio vital imposible de obtener en el marco de una guerra sucia en la que la guerrilla ha logrado el objetivo de que la voz de los exaltados truene como la de Marat: dictadura o derrota". Curiosa aseveración: recién empieza la lucha y ya es "sucia", de modo que resulta constitutivamente "sucia", y por lo tanto impide la "dignidad de los hombres". No es el gobierno de la dictadura, sino la guerrilla que "ha logrado el objetivo"  dictadura o derrota. En criollo, solo la dictadura evita la derrota a manos de la militancia popular. En consecuencia Alfonsín sostiene: "Aquí no está en juego el triunfo de una cierta concepción política. Aquí estamos frente a la necesidad de actuar para evitar la disolución nacional". 
En suma, dos posiciones: respaldar al gobierno de Videla o a la subversión apátrida. Bajo el título "El otro flanco" escribe por si quedan dudas: "En la difícil situación por la que atravesamos, para preservar el orden y la cohesión, se necesita un mínimo de adhesión, sin la cual nos ubicaremos en el tobogán de la desobediencia que conduce a la resistencia y a la subversión".
La demarcación era precisa, de un lado la gente decente y del otro las corrientes revolucionarias. Las zonas grises "en la difícil situación que atravesamos" no se permiten, ni practican. Conviene en este punto cruzar el planteo de Alfonsín con las indicaciones "legales" del Proceso. Debemos admitir que son perfectamente intercambiables. En lugar de deducir la adhesión al gobierno de los postulados del Proceso, la infiere de la naturaleza de la situación. Una cosa sólo argumentativamente difiere de la otra. En rigor, una presupone la otra. Alfonsín fundamenta los postulados del Proceso con razones que el gobierno no creyó necesario pronunciar entonces: la excepcionalidad de la situación. Dado que "la guerrilla ha logrado el objetivo de que la voz de los exaltados truene como la de Marat: dictadura o derrota". Ergo, para evitar la derrota no solo acepta la dictadura sino que le brinda "un mínimo de adhesión", ya que según un viejo adagio jurídico "la necesidad no tiene ley".
La postura de Alfonsín no le produjo ninguna tensión puertas adentro de la APDH. Y sin embargo, daba cuenta de un cambio jurídico copernicano: nunca ningún golpe de estado en la Argentina había exigido y obtenido el consentimiento de todos los partidos del arco parlamentario para la prohibición de toda forma de oposición. La única política "legal" era respaldar la política formalmente ilegal de un gobierno cuya legitimidad solo ponía en tela de juicio a los subversivos. Aún la revolución libertadora se sintió en la obligación de justificarse con un argumento "tradicional": el retorno de la Constitución. En cambio, el sistema político aceptaba, compartía, apoyaba defendía un orden que le confiscaba sine die la legalidad de toda acción independiente.
Por cierto Alfonsín representaba bastante más que una corriente interna del radicalismo, actuó -esto último retrospectivamente- como el portavoz más lúcido del nuevo orden inaugurado en 1976. En ese sentido, su triunfo en las elecciones de 1983 coronó tanto su aptitud para mimetizarse con el 24 de marzo como su capacidad para diferenciarse de la crisis militar posterior a Malvinas.
¿Éste es un comportamiento extraordinario?
De la lectura de la lista de intendentes que la dictadura burguesa terrorista unificada conservó en sus cargos o convocó inmediatamente después del 24 de marzo surge que sobre un total de 1.697 municipios 301 intendentes (35%) corresponden a la Unión Cívica Radical; 169 al Partido Justicialista (19,3%); 23 a neoperonistas (2.7%); 109 a los Demócratas Progresistas (12.4%), 94 al Movimiento de Integración y Desarrollo (10.7%), 78 a fuerzas federalistas provinciales (8.9%), 16 a la Democracia Cristiana (1.6%); y 4 al Partido Intransigente (0,4%). De modo que el arco parlamentario estaba representado según una curiosa lectura militar. Era, por reproducir una fórmula de época, sin duda un gobierno cívico militar.
El Partido Comunista (PC) fue sumamente claro al respecto. A través de uno de sus dirigentes caracterizados sostuvo tras la derrota en Malvinas: "El Partido Comunista evitó el grave error que hubiera significado enfrentar la Junta Militar, así como el de apoyarla ciegamente. Además de ser la suya una política de principios, permitió conservar las posibilidades legales, tan importantes para la lucha por un Convenio Nacional Democrático"
Para evitar cualquier malentendido Orestes Ghioldi explica: "En el terreno político, en su acepción más general, se abrió la posibilidad de que la clase obrera y sus aliados logren forjar la alianza con los sectores nacionalistas de las fuerzas armadas" 
Amén...(NdFR)

Alejandro Horowicz, "Las Dictaduras Argentinas. Historia de una frustración nacional" (Edhasa, 2012)

Volvé relato "camporista", te perdonamos todo lo que nos hartaste...    

jueves, 3 de abril de 2014

El linchamiento, la patria y el otro



Fernando Rosso
@RossoFer

La literatura argentina, afirma David Viñas, “emerge alrededor de una metáfora mayor: la violación. El Matadero y Amalia, en lo fundamental, no son sino comentarios de una violencia ejercida desde afuera hacia adentro, de la ´carne´ sobre el espíritu”. Era la metáfora literaria del miedo a la “barbarie”, actuando con toda su tosca materialidad sobre los cuerpos de la “civilización”. 
Los discursos políticos y periodísticos del presente argentino emergen sobre un hecho bárbaro y que no tiene nada de metáfora: el linchamiento. La presunta “civilización” ejerciendo la violencia colectiva y cobarde sobre los cuerpos individuales de la supuesta “barbarie”. 
La polémica pública del país burgués está encerrada en su propio círculo de argumentos. El solo hecho de validar los términos del “debate” es toda una toma de posición política condenatoria para con los “linchados” y contemplativa para con los “linchadores”. ¿Cuál es el nivel de tolerancia o de justificación que hay que tener con los agresores?, en torno a la respuesta a esta cuestión se desarrollan los matices y las diferencias mínimas. Para algunos es el “estado ausente” (Massa o Macri), para otros es una consecuencia no justificada desde el punto de vista intelectual, pero muy entendible desde el punto de vista lógico, es decir, justificada pragmáticamente. Finalmente, otros, como la presidenta Cristina Fernández, dan cátedra de “sociedad y estado” en cadena nacional y explican que la venganza es “el estado de no derecho”, es decir, lo mismo que dicen Massa o Macri (estado ausente, derecho ausente), pero explicado de manera más “progresistamente” elegante. Condena la “acción directa” reaccionaria, para reafirmar el principio del monopolio estatal para el uso de la violencia, el único con legitimidad de “organizar” civilizadamente el “linchamiento” en cuotas, el disciplinamiento sobre los pobres y sobre toda la sociedad. Traducido a la Argentina actual, el derecho de un bárbaro con todas las letras, como Sergio Berni a “limpiar las calles de delincuentes” y de paso… de piquetes. El mismo Berni, en simultáneo, encabeza el coro de los justificadores y pide “mano dura judicial”, porque “la gente” reacciona por el “hartazgo”. Al rengo hay que mirarlo cuando camina, no cuando da clases sobre el arte de caminar, sentencia un viejo dicho criollo. En materia de represión y de la llamada “inseguridad” a Cristina hay que mirarla con los ojos puestos en Berni, no cuando habla para La Cámpora. 
Saliendo de este círculo, los linchamientos expresan las tendencias iniciales a la polarización social, producto de la crisis en curso. “El fascista no es más que un pequeñoburgués asustado”, dijo Bertolt Brecht, y estas acciones de brotes fascistizantes son producto del miedo de la clase media y su expansiva opinión pública sobre otros sectores de la sociedad. ¿A qué le temen?, a una nueva pérdida por la crisis en desarrollo, a un nuevo despojo a los que los tiene acostumbrados la Argentina con sus catástrofes recurrentes, a un nuevo potencial desclasamiento. El carterista es la “metáfora”, la personificación de ese posible nuevo despojo, el linchamiento el intento desesperado e impotente de evitarlo, equivocando groseramente al responsable. Los medios, abarrotados de tipos ideales de pequeñoburgueses miedosos, multiplicando ilimitadamente el relato justificador.
El otro extremo de la inicial polarización social fue la histórica y radical huelga docente, sobre todo la de la provincia de Buenos Aires, donde comenzó una simbólica alianza social que identificó al “enemigo común” y verdadero responsable no solo de los salarios docentes, sino de la situación de toda la educación pública.
Lo indiscutible es la derrota de la “batalla cultural”. Finalmente, la “Patria no es el otro”. Para los linchadores la “patria” es la expulsión del otro. El kirchnerismo queda en el medio, haciendo propaganda de su tímido progresismo de consignas vacías.
Durante la Guerra Civil española, los fascistas agitaban sobre el campesinado la idea de que esa abstracción llamada “república” no le había dado nunca de comer y usaban para sus propios fines una verdad que se desprendía de los límites de la lucha democrática-republicana, porque no avanzaba sobre la propiedad, es decir, porque no convertía a la guerra en revolución social. Tenía un gran componente de “relato”. La tragedia de España tuvo su base en que no pudo dar ese salto hasta el final.
Esa abstracción llamada “modelo” empieza a dar menos de comer a algunos y a expulsar nuevamente a la calle a otros, de un saque la devaluación y la inflación empujaron bajo la línea de pobreza a decenas de miles. A la clase media la pone en situación de riesgo de perder sus bienes y su actual “seguridad” y cada uno reacciona a su manera. Lo único que se demuestra es que el 54% fue en cierta media ficcional y efímero, basado esencialmente en el consumo “artificial”. 
Se dice que los llamados heterodoxos hacen lo mismo que los ortodoxos, pero un poco más tarde. Todo el secreto del “modelo” se basó en que fue un “neoliberalismo del 3 a 1” (que ahora quieren reconstruir como un “neoliberalismo del 8, 9 o 10 a 1”), que continuó y en algunos casos profundizó la decadencia estructural y la dependencia nacional. Precarización del trabajo y de las condiciones de vida, pobreza estructural, aumento brutal de las desigualdades, como puede verse en las configuraciones urbanas de Tigre, Rosario o Córdoba. Cuando se acabó el “derrame”, que la devaluación del 2002 y el ciclo de alza de las materias primas permitían volcar sobre el conjunto social y que “moderaba” las consecuencias de estas desigualdades; irrumpen actos violentos como manifestación una crisis social, histórica y estructural; combinada explosivamente con una crisis inmediata que se agrava por un ajuste de esa “ortodoxia tardía” que es la heterodoxia. 
En diciembre pasado cuando se desarrollaba la huelga policial en Córdoba, se vieron escenas similares de linchamiento, en medio de la convulsión social iniciada en gran parte por la misma policía (“estado ausente” en la superficie, pero presente tras bambalinas para organizar los primeros saqueos).
El aval o la justificación del linchamiento es peligroso y solo trae consigo el aumento de la represión estatal y la legitimación de la violencia “preventiva” contra los más pobres. El pobre estigmatizado se convierte en ladrón potencial, el carterista en potencial asesino; y así se justifica la violencia “preventiva” sobre ese enemigo construido en el que se depositan todos los miedos.
Hoy se manifiesta como odio social, paranoia colectiva y llamado a la represión y control a los más pobres, empujados al delito, organizado a la vez desde las mismas mafias estatales. Mañana puede deslizarse hacia todo aquel que salga a la calle a defender su derecho y a cuestionar la propiedad. ¿Qué fue el genocidio, sino un gran linchamiento sistemático "tercerizado" en las manos del estado militar, ante el peligro del orden basado en la propiedad? Y, hay que decirlo, avalado pasivamente por una masa de pequeñoburgueses (y no tanto) con miedo, que eran una consecuencia de la desmoralización y la impotencia de las estrategias políticas en el período anterior, marcadas por el corporativismo o por el aventurerismo.
El desafío para enfrentar esta situación se encuentra en la superación del corporativismo y la posibilidad de una alianza social “hegemónica” que pueda unificar las aspiraciones de los que hoy sufren un nuevo ajuste, y direccionarla contra el enemigo común. Dicho sintéticamente, el símbolo que expresó la huelga docente, desarrollado y generalizado por todos los trabajadores. 
Son los inicios de una nueva crisis, por lo tanto todos los elementos son embrionarios, lo que da tiempo para estas tareas preparatorias, que de todos modos se vuelven cada día más urgentes.