sábado, 16 de mayo de 2015

América Latina, presente y futuro





En un artículo de Diego García-Sayan publicado en el diario El País del Estado Español en abril pasado, se alertaba sobre los péndulos latinoamericanos. Allí se hablaba de la incorporación de 50 millones de personas a lo que el autor denominaba la "clase media", además del crecimiento concentrado en diez años del producto bruto del continente y una disminución de la desigualdad. Si se "desagrega" esa "clase media" seguramente se "descubra" que la inmensa mayoría son asalariados, por lo tanto parte de la clase trabajadora.

El autor marcaba una serie de contradicciones con las perspectivas a futuro y tomaba el dato de la CEPAL que rebajaba las perspectivas de crecimiento al 1% para el 2015 (en su informe de finales de 2014 había indicado que el crecimiento sería del 2,2%). Pero además, el crecimiento inédito de la última década había subido las expectativas y generado nuevas aspiraciones y demandas en un marco en el que los problemas estructurales de empleo o infraestructura urbana no habían sido resueltos (las movilizaciones en junio de 2013 en Brasil, eran una primera consecuencia).

El nuevo informe de la CEPAL-OIT, recientemente publicado (mayo-2015), afirma que se espera para este año un aumento de la tasa de desempleo para la región (del 6.0 al 6.2%), debido justamente al escenario poco alentador de crecimiento económico.

El documento CEPAL-OIT analiza en su primera parte el desempeño laboral de la región en 2014. Durante ese año, que fue también de bajo crecimiento económico, hubo una caída de la tasa de desempleo. Sin embargo, este descenso se debió a un comportamiento atípico de los mercados del trabajo en Argentina, Brasil y México (los tres más importantes de la región), específicamente por la gran magnitud de la caída de sus tasas de participación urbana. 

Esto significa que el potencial aumento de desempleo, una consecuencia lógica del crecimiento cercano a cero, se "ocultaba" por la baja participación en el mercado de trabajo. "En efecto, entre 2013 y 2014 la tasa de ocupación urbana se contrajo del 56,8% al 56,5%, mientras que la tasa de participación urbana registró una disminución aún mayor, del 60,6% al 60,1%", afirma el documento.

La "resiliencia" por cierto "colchón" social en los hogares, producto de la etapa de crecimiento anterior, permitió que hasta ahora no haya habido necesidad apremiante de enviar a la "fuerza de trabajo secundaria" (sobre todo los jóvenes) al marcado de trabajo. Según el documento, esa situación es muy difícil que se sostenga durante el 2015 y los próximos años. 

Esta tendencia a la pérdida de dinamismo económico, muy marcada desde el 2011, y sus consecuencias sociales, están en la base estructural de las diferentes crisis de los llamados gobiernos posneoliberales y el creciente conflicto social y obrero que enfrentan (o lo que en el último número de Ideas de Izquierda, hemos llamado "la hegemonía débil") 

Además, como también reconoce el documento, se mantienen condiciones estructurales de precariedad laboral y altos niveles de desigualdad, ya que "se estima que en 2014 los ingresos de 167 millones de latinoamericanos y caribeños no alcanzaron a superar la línea de la pobreza".

En un escenario económico adverso, los gobiernos posneoliberlaes enfrentan su verdad, cuando llevan más de una década en el poder y presencian el crecimiento de nuevas derechas así como una oposición social por izquierda que agrava las tensiones en el continente.

Datos duros que muestran una recomposición social de los asalariados, un aumento de las aspiraciones (muchas veces alimentado desde los discursos oficiales) y una reversión, aunque no catastrófica, de un ciclo que permiten pronosticar nuevos tiempos de lucha de clases y experiencias políticas que ya están en curso.


jueves, 14 de mayo de 2015

Frente para la Victoria: progresismo en caída libre






Jorge Taiana y Fernando "Chino" Navarro (ambos del Movimiento Evita) fueron los últimos candidatos en bajarse de la interna del FpV para despejar el camino hacia las PASO, tanto en la carrera presidencial como en la disputa por la gobernación de la provincia de Buenos Aires.

Anteriormente se habían bajado Patricio Mussi (intendente de Berazategui) que perfilaba como más cristinista que Cristina y amigo de La Cámpora, Agustín Rossi y Sergio Uribarri, otros en quienes el "progresismo" había depositado esperanzas. En la carrera por la provincia también se bajó Diego Bossio. 

De esta manera, en la interna del FpV por la presidencia quedaron solo Florencio Randazzo y Daniel Scioli. Y en la pelea por la gobernación de la provincia de Buenos Aires (si no olvidamos a nadie) quedan el autodenominado "duhaldista portador sano", Anibal Fernández, que ayer fue hasta el centro de la redacción de La Nación para una entrevista con el diablo (Joaquín Morales Solá); Julián Dominguez, un íntimo de la patota de SMATA, además de un gran amigo del campo (sobre todo de los dueños) y uno de los delegados de la "Puerta de Hierro" de nuestros días (el Vaticano); Fernando Espinoza, un mazorquero de ley; y finalmente "la experiencia Insaurralde", como lo llamaron los filósofos de "El Ojo Mocho". También creo que se mantiene carancheando, como de costumbre, Sergio Berni. 

Los oyentes de Radio Pública lamentaban la caída de sus eventuales candidatos, ya que Randazzo tampoco genera pasiones (y con justas razones) en el espectro del progresismo. Es un sciolismo con rostro un poco más humano para ese universo, pero sciolismo al fin. 

Pero además, es algo así como un mal menor frente a Scioli, pero un mal menor sin posibilidades de ganarle al mal mayor (esa debería ser la función genérica de todo mal menor).

Juan Manuel Urtubey en Salta, Omar Perotti en Santa Fe, Adolfo Bermejo en Mendoza. Eduardo Acastello (y su acompañante "Del Sel" Buenaventura) en Córdoba, alguna variante de duhaldismo para "la provincia", Scioli en la país y Francisco en el mundo, es una verdadera "continuidad con cambios". 

Podrían haber sostenido a Taiana, para contener unos puntitos de votos por izquierda, 4 o 5% (o 3%), para descargar la culpa de las "almas bellas". Pero no, la sciolización dijo: "vamos por todo".

De esta manera, el voto a Randazzo puede ser muy "poco útil", por la simple razón de que no gana (una modificación sería un muy difícil apoyo explícito de Cristina lo que implicaría dividir el voto peronista y dejar bajo a los dos en la tabla de posiciones hacia octubre). Hasta ahora se conoce la posible medida de desligarlo de todo lo referente al proceso electoral, un gesto demasiado implícito, casi imperceptible. 

Por todas estas razones, en las PASO, el oficialismo no deja muchas opciones para una franja de sus votantes que la de inclinarse hacia el Frente de Izquierda, que sigue debatiendo cual será el camino hacia las primarias.

martes, 5 de mayo de 2015

Pablo Iglesias y su Gramsci a la carta




Juan Dal Maso y Fernando Rosso

En su reciente artículo publicado en publico.es y reproducido en el blog amigo gramscimanía, Pablo Iglesias realiza una interpretación de la teoría de Antonio Gramsci, tendiente a justificar su política electoral, después del cimbronazo sufrido por la dirección de PODEMOS ante la dimisión su "número tres", Juan Carlos Monedero. 

El artículo tiene cierta coherencia interna pero está, sin embargo, plagado de operaciones ideológicas que de conjunto expresan una degradación del pensamiento gramsciano. Veamos por qué. 

En primer lugar, Iglesias asimila los conceptos de hegemonía y guerra de trincheras con el de "lucha cultural" y esencialmente “superestructural”. Si bien es una interpretación posible de algunas formulaciones de los Cuadernos de la Cárcel (la de Iglesias sería como una versión "posmoderna" de la apropiación realizada por Palmiro Togliatti) trabajos como The Gramscian Moment (Brill, Leiden-Boston, 2009) de Peter D. Thomas, del cual hemos realizado distintas críticas o el de Alvaro Bianchi, O Laboratório de Gramsci (Campinas, Alameda Editorial, 2008) demuestran que solamente forzando en un sentido "culturalista" la lectura de la cuestión de la hegemonía puede realizarse esa asimilación sin establecer matiz alguno.

Dice Iglesias: “Gramsci fue el primero en entender la hegemonía no como la necesidad de las organizaciones socialistas de liderar a sectores subalternos distintos a la clase obrera o de aliarse con sectores de la burguesía, sino como el conjunto de mecanismos supraestructurales, sobretodo en un sentido cultural (…)”

Sin embargo en un “pasaje legendario” (Iglesias dixit) Gramsci afirma que la hegemonía “si es ético-política no puede no ser también económica, no puede no tener su fundamento en la función decisiva que el grupo dirigente ejercita en el núcleo decisivo de la actividad económica” (C13 §17).

En segundo lugar, de esta primera asimilación de lucha por la hegemonía con "batalla cultural", Iglesias da un paso más y degrada a aquella a la "lucha electoral por imponer un relato" (en la Argentina esto significó un largo camino desde el kirchnerismo hacia el peronismo moderado).

“Y es que el poder en las sociedades avanzadas no sólo se expresa a través de mecanismos coercitivos, sino predominantemente a través del consentimiento y el consenso”, dice Iglesias.

Sin embargo, en otro pasaje tradicional (citado hace algunos años acá en polémica con el kirchnerismo) Gramsci explica que “la técnica política moderna ha cambiado por completo luego de 1848, luego de la expansión del parlamentarismo, del régimen de asociación sindical o de partido de la formación de vastas burocracias estatales y "privadas" (político-privadas, de partido y sindicales) y las transformaciones producidas en la organización de la policía en sentido amplio, o sea, no sólo del servicio estatal destinado a la represión de la delincuencia, sino también del conjunto de las fuerzan organizadas del Estado y de los particulares para tutelar el dominio político y económico de las clases dirigentes. En este sentido, partidos "políticos" enteros y otras organizaciones económicas o de otro tipo deben ser considerados organismos de policía política, de carácter preventivo y de investigación” (C13 § 27).

De esta definición no se desprende que estas “vastas burocracias” estatales y privadas (que en el siglo XX llegaron a transfigurarse en un "sistema" aberrante de estados nacionales, bajo la dirección de los estalinismos varios), tengan el “consenso” como práctica predominante. O en todo caso es un consenso tutelado con métodos de policía política, un consenso que se parece mucho a la coerción o a la coacción. Si Iglesias observara la burocracia sindical “consensual” sobre la que se apoya su admirado kirchnerismo laclausiano o la propia burocracia sindical de su país, debería revisar estas conclusiones simplistas con las que intenta teorizar su oportunismo electoral. Aquí se ubica nuevamente por detrás de la teoría gramsciana del Estado integral que Gramsci resumía como "dictadura + hegemonía" (C6 §155).

Y ya que Iglesias habla de "legendarios pasajes" sin mencionar cuáles, podemos citar el célebre fragmento "Análisis de situaciones y relaciones de fuerzas" (que se puede leer en el C13 §17 y ya citamos más arriba) en el cual se plantean tres niveles de las relaciones de fuerzas: sociales, políticas y político-militares, de forma tal que la conquista de hegemonía, que para nosotros implica la constitución de un partido proletario que luche por ella, es inseparable del desarrollo del movimiento social de la clase obrera y a su vez no puede detenerse en una influencia "cultural" sino que abre paso al "momento político-militar" que Gramsci ejemplifica con el arquetipo de una guerra de liberación nacional, pero cuyo equivalente de clase es la guerra civil. 

Es decir, la lucha por la hegemonía no se reduce ni a la "lucha cultural" ni a la "electoral", mucho menos si, como en el caso de Iglesias, el mundo se descompone entre "políticos que crean un relato" y "electores que optan por uno u otro relato", división que curiosamente se parece mucho a la distancia entre "dirigentes y dirigidos" contra la que Gramsci consideraba que debía luchar el marxismo como teoría y movimiento histórico. 

En última instancia, el pensamiento de Iglesias es que ser hegemónico significa conquistar una mayoría. Por eso, todos los gestos que viene haciendo para ubicarse en el "centro", que provocaron múltiples cuestionamientos hasta la dimisión de Monedero. En el mismo sentido dice que PODEMOS nació para ganar las elecciones generales, a tono con su idea de que "el Estado es la última esperanza de los pueblos" (según afirmó en una entrevista con Chantal Mouffe). Se guía por una idea similar a la de Stathis Kouvelakis que sostiene que "hay que tomar el Estado sin dejarse tomar por él". Esta especie de utopía pos-poulantziana vuelve a reproducir el mismo problema al que hacíamos referencia más arriba: ¿a partir de qué cambios reales en las relaciones de fuerzas sociales y políticas se proponen estas "izquierdas" como Syriza y PODEMOS llegar al "poder" y de qué "poder" estamos hablando?

Puesto que la única forma de "tomar el Estado sin dejarse tomar por él" es con una estrategia de movilización revolucionaria de las masas obreras y populares (lo que implica destruir el Estado), las políticas de "utilizar el apoyo popular para ganar las elecciones con un discurso de centro" no sólo es lo contrario de "NO dejarse tomar por el Estado" sino que es directamente funcional a la recomposición de la autoridad estatal (capitalista) en crisis.

En otro lugar, hemos criticado el “posicionalismo sin guerra de posición” de PODEMOS o Syriza. El posicionalismo absoluto es impotente porque niega la maniobra o la deja para eventuales momentos que nunca llegan (y por lo tanto no se prepara para ella). Pero el “posicionalismo vacío” que reivindica Iglesias es una degradación grotesca que algo explica la crisis actual de PODEMOS: antes de “llegar al poder” ya tienen crisis por sus capitulaciones. 

Sucede con Iglesias lo que contradictoriamente ha sucedido con muchos "gramscianos": del análisis de las revoluciones pasivas como procesos, pasaron a la reivindicación de la revolución pasiva como "proyecto" (para utilizar una expresión de Massimo Modonesi). La "antítesis vigorosa" de la que hablaba Gramsci no es del agrado de esta izquierda electoral sin fuerzas sociales.


domingo, 3 de mayo de 2015

Algunas conclusiones el batacazo mendocino



Los diarios del domingo habían publicado información sobre las polémicas y los cambios de estrategia que se estaban discutiendo dentro del Frente Para la Victoria después de la derrota en la Ciudad de Buenos Aires. El fracaso de la táctica de presentar múltiples listas internas en las PASO (en Capital fueron siete!) estaba llevando a la conclusión de que era necesario concentrar en una candidatura única (o a lo sumo dos). La elección en la Capital de Mendoza vuelve a poner en cuestión todos estos interrogantes. 

El FpV con cuatro candidaturas había logrado ubicarse segundo como fuerza en las primarias del 22 de febrero pasado con el 17.71%. En esa elección se impuso en la interna el peronismo moderado "sciolista" representado por la candidatura de Carlos Aranda (9%). La candidatura del "kirchnerismo puro" de "Pinty" Saba apenas había alcanzado el 5.38% de los votos. 

En las generales que se realizaron este domingo, el FPV con Aranda a la cabeza retrocedía casi tres puntos y llegaba al 14.68%, cayendo al tercer lugar.

De las elecciones en la CABA y Mendoza se desprende una conclusión que tiene posibilidad de generalizarse: si optan por una candidatura del "kirchnerismo puro" retroceden hasta los niveles más bajos obtenidos por el peronismo en la historia (CABA). Si se impone una candidatura del peronismo "moderado" o sciolista, no logran contener al conjunto de los apoyos kirchneristas. Las PASO con varias candidaturas pueden representar una "ilusión óptica" como es el caso de Mendoza (en CABA se presentaron todos candidatos del mismo "perfil"). En las primarias pueden mantener los votos de la fuerza de conjunto pero luego en las generales no logran contenerlos cuando se impone un candidato con un claro perfil.

El problema de fondo es que cruje la coalición oficial. Hasta ahora se mantiene "unida" bajo la conducción bonapartista de Cristina Fernández que no tiene continuidad ni posibilidad de reelección. Estas son expresiones más o menos distorsionadas de la transición de una coalición que está pasando de "partido de la contención" a "partido del orden" (dando por hecho que ambos contienen elementos de su contrario).

El Frente de Izquierda con la candidatura de Nicolás del Caño creció casi la misma cantidad de votos que perdió el FPV, lo que no quiere decir necesariamente que todos los apoyos ganados provengan de allí, aunque si una parte significativa (otra puede venir de listas de izquierda que no pasaron las primarias).

El FIT se constituyó (con desigualdades) en una fuerza con capacidad de disputa de aquellas personas que con aspiraciones progresistas apoyaron al FPV y genuinamente creyeron en algunas banderas levantadas durante todos estos años.

La necesidad del "desvío" y la pasivización luego de la crisis del 2001 impusieron un cambio que implicó levantar demandas y un discurso que el kirchnerismo no es capaz de sostener cuando se agotan las condiciones económicas y políticas que hicieron posible las maniobras pasivizadoras.

Por otra parte, Mendoza vuelve a desmentir la tesis de que los apoyos al FIT provienen de la crisis del histórico "espacio de representación radical" (en general de clase media) y que no afectaba a las bases tradicionalmente peronistas. En esta elección, el radicalismo se alza casi con el 60% de los votos y el FIT logra el 17%. 

Por lo tanto, parte de la Mendoza profunda de los trabajadores y de la juventud precarizada, encuentra en el FIT y en Del Caño (así como en en otros candidatxs) una representación que va configurando una nueva identidad política ligada a la izquierda clasista, con la crisis histórica y coyuntural del peronismo. Los zig-zag del kirchnerismo no permitieron recuperar una identidad peronista en las nuevas generaciones ni alcanzaron a crear una identidad cualitativamente nueva. La consecuencias de su propia amalgama que fue del "Nac&Pop" a la tardía restauración de la mano del peronismo tradicional. 

Por último, el batacazo de Nicolás del Caño gravita sobre el Frente de Izquierda nacional. El potencial de "electorabilidad" revalidado y ampliado en esta elección cuyo resultado inmediatamente tuvo repercusión nacional (derrotar al peronismo en una elección ejecutiva en la capital del quinto distrito electoral del país, no es cosa de todos los días); re-legitima lo que algunos consideraron una "osadía": su presentación como pre-candidato presidencial con sobradas credenciales para la batalla que tiene planteada el FIT hacia agosto y octubre.