jueves, 25 de octubre de 2012

Cristina y Macri juntos contra la vida obrera


CON ACUERDO DEL PRO Y DEL FRENTE PARA LA VICTORIA SE APROBÓ LA REFORMA DE LA LEY DE RIESGOS DEL TRABAJO



Fecha: Jueves 25 de octubre de 2012


La aprobación de la reforma de la Ley de Riegos de Trabajo el 24 de octubre fue el último acto que devela el carácter abiertamente patronal del kirchnerismo. Los legisladores que responden a Cristina y los acólitos de Macri levantaron la mano para votar una ley que rifa la salud y la vida de la clase trabajadora. Las patronales no paran de aplaudir. Se trata de una ley “noventista”. No faltó cámara empresarial del país, grande, mediana o chica, que no haya saludado la iniciativa oficial.La marcha convocada por la CTA Micheli y la CGT Moyano contra la reforma de la ley fue otra de sus acostumbradas “medidas de lucha” testimoniales. La bronca de los trabajadores sobra, pero los dirigentes sólo hacen discursos virulentos para los medios: no hay ningún plan de lucha concreto para derrotar la “Ley Banelco” de los K. Ni siquiera le pusieron fecha al paro general. No es de extrañar. Dos días antes de la movilización, Hugo Moyano se fotografiaba con Mauricio Macri. La “estrategia” del líder sindical es fortalecer a la oposición patronal. Despotrica con que hay que “echar a las ART” pero su objetivo es apuntalar al peronismo más retrógrado y hasta al empresario neoliberal Macri. El juego de Pablo Micheli de la CTA es similar, pero al servicio de la centroizquierda sojera del FAP de Binner.

Un descontento que crece

La oposición que existe entre los trabajadores a esta reforma se suma a la cadena de descontentos que acumula el gobierno en una etapa de declive político, todavía lento, porque la situación general de la economía no es de hundimiento, pero declive al fin. La inflación, el sostenimiento de un piso bajo del mínimo no imponible del impuesto al salario entre los trabajadores en blanco y la continuidad y agravamiento de las precarias condiciones laborales de una amplia franja de la clase obrera; producen un descontento mucho más generalizado aún. En la provincia de Buenos Aires ya se cumplen dos días de altísimo acatamiento de paro docente con movilización, donde los trabajadores exigen la reapertura de paritarias y el pago de sueldos atrasados. Sectores de las clases medias también vienen protestando. Los cacerolazos y luego el motín de gendarmes y prefectos, fueron expresiones activas por derecha de la pérdida de base de sustentación del kirchnerismo.

El 7D y la crisis de sucesión

Uno de los principales laberintos que articula (o desarticula) el escenario político es la crisis de sucesión en el seno de la coalición gubernamental. Sin candidato propio del riñón cristinista para 2015, (el “último de los mohicanos” que intentaron encumbrar fue el corrupto Boudou); el kirchnerismo choca con sus propios límites. El agotamiento del “modelo” –y sus problemas estructurales- emerge por todos lados. Las condiciones de ferrocarril Sarmiento están exactamente igual que el día del crimen social de Once, la crisis energética continúa tras los permanentes fracasos luego de la estatización parcial de YPF para aumentar la producción local, y son recurrentes las crisis provinciales provocadas por el “cepo” al dólar o los ajustes fiscales producto de la falta de envío de fondos por parte del gobierno nacional.
La famosa batalla del 7D contra Clarín es un punto de fuga para mantener como blanco a un “enemigo” de las “corporaciones”, y darle algo de letra a su sector progresista. Pero el “relato” se cae a pedazos con el Secretario de Seguridad, Sergio Berni, actuando en las calles contra la protestas sociales y obreras, o cuando los diputados del Frente para la Victoria votan con el macrismo una ley menemista, dictada por De Mendiguren de la UIA.

“Derechos y humanos”

Los anuncios por cadena nacional, luego del silencio durante la crisis de los gendarmes, no alcanzan siquiera para mantener el “rating” de la transmisión. El famoso plan PRO.CRE.AR de construcción de viviendas, o las exigencias de inversiones en proyectos productivos a los bancos y ahora a las aseguradoras, pasaron sin pena ni gloria. Para las masas populares, los anuncios y largos discursos no tienen consecuencia en su vida cotidiana y comienzan a generar hartazgo.
A las tímidas intervenciones estatales de exigencia a sectores empresarios, se las recompensa con una reforma pro-empresarial como la de la Ley de Riesgos de Trabajo. Y con la garantía de que el orden reine en las calles de la mano de un ex–Teniente Coronel del Ejército, participante del alzamiento carapintada de 1987 que, a lo Rambo, encabeza en persona los ataques a quienes se manifiestan, con escenas que serían cómicas, sino fuera porque dejan secuelas graves para los luchadores. Las sufren los choferes de la línea 60, que fueron denunciados penalmente por movilizarse en la Panamericana o los perseguidos por el “Proyecto X”. En su último acto represivo, el 24/10 contra ex combatientes que cortaban la 9 de Julio en la Ciudad de Buenos Aires, Berni vociferó: “No puede ser que doscientas personas compliquen a millones de hombres y mujeres que vienen a trabajar a la Ciudad”, bien lejos del verso del gobierno que “no reprime la protesta social”.
Los aliados sindicales de Cristina, la CGT de Caló con el ex-buchón de la dictadura, Gerardo Martínez de la UOCRA, como uno de los protagonistas “de peso”, y la relevancia que tomó Berni en las acciones de represión callejera; desnudan el quiebre del discurso del gobierno “de los derechos humanos”.

Opositores de la misma clase

La oposición compite con el gobierno en sus políticas antipopulares. Macri acaba de vetar la ley de aborto no punible, para restringir aún más un derecho elemental vedado a las mujeres con el mismo fanatismo con el que “Santa Cristina” se niega al aborto legal, seguro y gratuito, que evitaría miles de muertes, sobre todo de mujeres pobres (pág. 14) En el paraíso “socialista” de Santa Fe del gobernador Bonfatti y de Binner, saltó a la luz que estos íntimos amigos de las patronales sojeras del trabajo esclavo; sostienen su poder real en aparatos represivos tan podridos como la Bonaerense o el resto de las policías bravas. No se trató de un policía aislado de menor rango, sino del mismísimo jefe de policía provincial, organizador del narcotráfico (pág. 4).

Ganar la calle con nuestra agenda

La persecución y represión a los que protestan y esta reforma de ley pro-empresarial, suman nuevos agravios contra la clase obrera, que ponen a la orden del día la necesidad de un paro general y un plan de lucha.
Los trabajadores y los sectores populares pueden y deben ganar protagonismo y las calles para imponer su agenda. La anulación de esta ley patronal, y que se vayan las ART, terminar con el impuesto al salario, la reapertura de las paritarias, comenzando por el reclamo de un “plus” de fin de año que ya exigen varios sectores, el fin del trabajo en negro y la precarización, la nacionalización de todo el transporte, bajo control de los trabajadores; son algunas de las medidas por las que tenemos que luchar. Ni la CGT Moyano ni la CTA Micheli están dispuestas a dar una lucha seria por los reclamos de la clase obrera. Hay que imponerles a estos dirigentes, no sólo que le pongan fecha al paro, sino que éste sea debatido democráticamente en todas las fábricas y establecimientos del país, incluyendo a las bases de los gremios que están en la CGT y CTA que apoyan al gobierno.
No podemos dejar que la debilidad del gobierno, sean sólo aprovechadas por sectores de las clases medias derechistas o las corporaciones armadas; debemos intervenir golpeando por nuestros reclamos. Hay que pegar en los puntos débiles del gobierno, que evidencian sus impresentables aliados sindicales y funcionarios como Berni. Las organizaciones obreras, de derechos humanos, estudiantiles y sociales, debemos hacer una gran campaña contra este “patotero” al mando de una de las principales fuerzas represivas del Estado. No sólo por la elemental autodefensa de nuestras organizaciones y activistas, sino para desenmascarar el doble discurso oficial.
Para la izquierda, y en especial para el Frente de Izquierda y las organizaciones antiburocráticas del movimiento obrero, se trata de conformar un polo, asamblea o coordinadora que fortalezca la voz de los sectores combativos que se oponen a la burocracia sindical. En momentos en que, por seguir a distintas variantes patronales, la burocracia divide al movimiento obrero en cinco centrales, y cuando el gobierno ataca las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores, es necesaria la unidad de un bloque independiente, antiburocrático y de lucha.

martes, 23 de octubre de 2012

La juventud, la política y la obstinación reformista (ni buena, ni mala...simplemente incorregible)


José Natanson es un ejemplo de cómo una determinada estrategia política puede contornear análisis e hipótesis mas o menos inteligentes, bien pensadas y hasta bien escritas, pero que encuentran su límite en las aspiraciones miserables, conservadoras, incapaces de atravesar el horizonte de "lo posible". Cuando se descubre la juventud del autor, más o menos de la misma generación que la nuestra, la sorpresa es mayor. Seguimos en general "El Dipló" en su edición cono sur (o las columnas en Página 12) y las editoriales a cargo de Natanson nos dibujaban la imagen de un señor sesentón, un "alma cansada", socialdemocratizado, cuyo "tipo ideal" podría ser un... Ernesto Laclau.
A su último libro"¿Por qué los jóvenes están volviendo a la política? De los indignados a La Cámpora" -en realidad un breve ensayo-, le pone un poco más de onda, pero no escapa al laberinto de un tímido reformismo, que de tan utópico, deviene en zonzo.
La enumeración que hace de los acontecimientos mundiales protagonizados por jóvenes en los últimos años, no deja de sorprender. Desde la primavera árabe, con Tunez y Egipto como emblemas, a los indignados españoles, los estudiantes chilenos, el #yosoy132 mexicano, las movilizaciones juveniles en Portugal, los "ocupantes" de Wall Street o los jóvenes que rompieron todo en Londres, Liverpool y Nottingham en 2011, luego del asesinato de un joven negro y pobre a manos de la policía, que llevó a The Economist a titular "Anarchy in the UK".
La definición que hace de la juventud como fenómeno económico socio-cultural, más que etario es interesante. La juventud como un producto moderno de la pos-guerra, que aparece primero como actor social hacia los sesenta y luego como protagonista político. Nacidos y crecidos en los "treinta gloriosos", sin el peso de las derrotas y traiciones de  las generaciones anteriores, que habían vivido desde el terror de la crisis del 30, hasta el nazismo y la carnicería de la Segunda Guerra. Las condiciones de vida del boom (posibles gracias a la destrucción de la crisis, la guerra y las traiciones estalinistas), que posibilitaron un "reverdecer" capitalista, subieron las aspiraciones, con una ampliación fenomenal de los que accedían a la universidad, la protección del "welfare estate" (que actuaba también como contención al peligro de la revolución); procesos que de conjunto llevaron a lo que el autor llama un "abismo generacional". Una juventud que ganó protagonismo social, luego cultural y finalmente político.
El paralelo o las similitudes pueden ser pertinentes con la emergencia de la juventudes en el presente. Sin la mochila de las derrotas setentistas y producto de variadas modernizaciones "neoliberales" (simplificando), con los desarrollos desiguales y combinados que producen fenómenos "paradójicos" como la existencia de jóvenes con una alta formación académica y una oferta de empleos precarios o directamente la condena de la desocupación.
Los descubrimientos de Natanson no son más que la expresión de la forma de funcionamiento del Capital, que encuentra el principal límite en su propio "metabolismo", cada vez más enfermo y decadente. El mérito del autor es graficar este fenómeno general con algunos ejemplos concretos que demuestran como opera este proceso "aberrante" en las contradicciones que cruzaron a la juventud durante gran parte del siglo XX, y también en el presente. Ciclos de desarrollo (en la época imperialista, cada vez más débiles) donde hay empleo, cierto ascenso social, producen una conciencia reformista, que se estrella con el devenir de las crisis y con ellas, de las oportunidades revolucionarias. No es casualidad que los fenómenos juveniles descritos por el libro estén en realidad ocupando el proscenio en el mundo "pos-Lehman", acontecimiento que abrió una nueva crisis histórica que va camino hacia su quinto año y lejos está de encontrar resolución.

La Cámpora, La Coordinadora, kirchnerismo y alfonsinismo

En el análisis del proceso argentino, hay otro acierto de Natanson. Lejos del relato mítico de que los jóvenes kirchneristas vendrían a continuar "por otros medios", pacíficos y democráticos, la utopía setentista, el autor se remonta al momento alfonsinista y compara a La Cámpora con La Coordinadora de los jóvenes radicales, con quienes comparten todos sus vicios y ninguna de sus virtudes. Como lo demuestran las recientes elecciones universitarias, ni con todos los recursos del poder estatal volcados a las camarillas llegaron a dirigir ninguna organización de masas (lejos del reinado que alguna vez tuvieron los jóvenes morados).
Y la comparación tiene cierta legitimidad. Si el alfonsinismo vino a continuar en lo social, la contrarrevolución iniciada por la dictadura, con concesiones democráticas producto de las formas de la caída militar con la movilización popular; el kirchnerismo vino a restaurar la autoridad estatal que implosionó en el 2001 y para el éxito de su obra, también se vio obligado a las concesiones sociales parciales y cierta "ampliación de derechos" democráticos, sin modificar el núcleo duro de la conquistas del capital sobre el trabajo, sino más bien todo lo contrario.
Consumidores de poder, mucho más que hacedores, según una buena definición tomada de Martín Rodríguez.
La repolitización de la juventud es mucho menos producto de la voluntad política del kirchnerismo, que de la etapa abierta por el 2001. Y los límites de las juventudes, tanto del alfonsinismo, como del kirchnerismo, están en el carácter de esos movimientos políticos: progresistas (según la definición pro-positiva de Natanson); y en tanto progresistas, conservadores (según nuestra definición). 
Es en el balance donde se produce el derrape moldeado por los límites de la estrategia política. 
Según Natanson, los jóvenes de la Coordinadora no supieron realizar el "parricidio" correspondiente antes del giro a la derecha de Alfonsín que coronó el Pacto de Olivos. No supieron construir a tiempo el "posalfonsinismo", muriendo políticamente en el parlamentarismo gris.
Y ese es el desafío que le plantea a La Cámpora, generar su propia agenda política y proponerse como actores nuevos del trasvasamiento generacional.
Culminando, el libro se torna un "cuento celeste" en el país de las maravillas kirchneristas, para el que Natanson pide final feliz.
Pero son las ausencias (como bien observó FL) las que destruyen de un plumazo su castillo de fantasía reformista. Ni Jorge Julio Lopez, ni Mariano Ferreyra (tampoco Luciano Arruga y tantos otros), tienen lugar en el libro. Parece que las últimas muertes fueron las "duhaldistas" de Kosteki y Santillán. Luego fue todo primavera, con las mil flores de La Cámpora creciendo de arriba para abajo (y todavía se atreve a decir verbitskyanamente que la "microizquierda trotskysta vive en sus mundos de fantasía de siempre").
Finalmente, Natanson tranquiliza a los jóvenes kirchneristas y les advierte que "La Cámpora, cuya conducción disfruta de espacios de poder equivalentes a los de los jóvenes alfonsinistas, asciende en un contexto de normalidad -al menos para los cánones argentinos- y no enfrenta -al menos hasta el momento- el riesgo de una derechización del kirchnerismo..."
El "al menos hasta el momento" devela el trauma inconsciente de la "traición Frondizi" que todo progresista sufre por naturaleza.
El "momento" es el de la alianza con Gerardo Martínez, como uno de los sindicalistas fieles, de Sergio Berni, como el Coronel Kilgore de Trapalanda, que anda persiguiendo delegados y desalojando cortes, para después judicializar la protesta social. Lo último  fue la ley menemista del fin del "nunca menos", si no son giro a la derecha, pasa bastante cerca.
El cuento celeste de la juventud pro-poder de un movimiento anti-poder, se evapora en la etapa superior de la Restauración. La nueva juventud se hará en lucha contra el conservadurismo derechista o progresista, la batalla es por la estrategia verdaderamente radical, combativa y "anti-poder",  a la que Natanson renunció cuando todavía no había dejado de ser joven.

viernes, 12 de octubre de 2012

"Irreverente, pero sospechoso de universalidad..." (La Papa de "Hortensia")

Ojeando uno de los regalos que nos hicieron los amigos más íntimos cuando nos fuimos de Córdoba, la edición facsimilar de la legendaria "Hortensia", releímos esta "Carta al que lee", que oficiaba de presentación del primer número.



Carta al que lee / Agosto de 1971

Cuando Jerónimo Luis de Cabrera inventó Córdoba, la mandó al pozo. El humor cordobés, irreverente, pero sospechoso de universalidad, inició un periplo que culminaría -en su plano histórico- con el gran show de traslado de don Dalmacio Vélez Sarfield (rebasado por la base), unos metros más atrás*. Esa noche un malón de cordobeses produjeron el dalmaciazo de "Don Veli" mientras una pila de obreros sudaban sus cascos descomponiendo el monumento.

"No te bajé Don Veli que vai a ser un desocupado más""! (risas)
"Don Veli, si habrái visto llorar a los radicales! (risas)
"Che, Vele Sarfield, que goliadón te metió Tallere!!" (risonones)

La mayor virtud de los cordobeses, esa irrespetuosa afectividad, esas ganas de reírse de alguien y que se rían "de él", apresuró este parto que se llama "Hortensia". La legendaria Papa le presta su nombre a una revista con propósitos altamente indefinidos. Una publicación con vocación de "fayuta", capaz de durar, solo un número, no merece la confianza de nadie -ni siquiera la nuestra-; pero hay algo que nos consuela: NINGUNA REVISTA SOBREVIVIÓ DEMASIADO TIEMPO EN CÓRDOBA (mayúscula de los autores).

* "Hortensia" finalmente editó 245 números y duró casi 20 años y por ella pasaron entre otros Crist hasta el gran "Negro" Fontanarrosa....La "Carta al que lee" del Nro. 1, lleva al extremo de que en Córdoba todo puede convertirse en "azo" (por supuesto, siempre "rebasado por la base"), hasta el traslado de una estatua unos metros más atrás..., frente a la Casa Radical...Que va a hacer, ahora hay que conformarse con Barcelona...

domingo, 7 de octubre de 2012

El "motín" y sus consecuencias. Apuntes para un análisis


La foto del jueves pasado era "de otro partido": habían salido pocos días atrás a cacerolear las clases medias derechistas, ahora los milicos levantiscos estaban en las calles y, como si fuera poco, un testigo desaparecido. La suma aritmética de esta seguidilla de acontecimientos podía llevar a la lectura de la apertura de una "situación reaccionaria" o de un marcado giro a la derecha del escenario político. Sin embargo el álgebra de la política complejiza el análisis y la situación es más contradictoria, si se observa la película.

Los "moderadores" del "motín"

En uno de los intercambios diarios que tenemos con Juan Dal Maso, él planteó una interesante definición -que después fue centro de polémicas varias- para un pensamiento que nos había surgido con la lectura de esta nota de Página 12  (y en parte también de este post de Ezequiel Meler): lo que la investigadora del CONICET está diciendo es que en última instancia, la movida de los gendarmes y prefectos es un "homenaje al peso social del movimiento obrero". O dicho de otra manera, la forma que toma la protesta es un reconocimiento de los límites que impone la relación de fuerzas que se remonta al hecho fundante de los años kirchneristas, es decir, al 2001. (Aunque también remite a la "renguera estatal" que dejó la caída de la dictadura y la derrota en Malvinas en relación al Estado y sus FFAA).
Partimos de lo básico y elemental, por supuesto, la política y el programa es contra un movimiento que es reaccionario en tanto pretende fortalecer una institución represiva del estado, y a la que buscaban investir de un nuevo halo democrático para la reconciliación. Uno de los  aspectos de la restauración. 
Pero acá queremos problematizar los límites y los contornos que adoptó el movimiento y las relaciones de fuerzas más generales que actúan como condicionantes.
El motín de los uniformados no tomó la forma de una "asonada" o de un movimiento destituyente. Aunque si el enfrentamiento tendía hacia los extremos, es decir, si el gobierno no retrocedía, nadie podía descartar que se diera un salto hacia un movimiento que al grito de "no somos golpistas", terminara yendo contra el gobierno y abriendo una situación incierta.
Pero la camarilla gobernantes está llena de inútiles y de internas, propias de sus formas "bonapartistas" de gobierno...pero no son locos.
El gobierno retrocedió de inmediato con los descuentos, que era lo importante para intentar descomprimir y abrir el canal de negociación, aunque (como dijo un amigo), la "contraofensiva" de Abal Medina a la mañana siguiente fue tan miope como la del ´79 (ahora de moda por la "Infancia Clandestina"), pero con consecuencias un poquito menos trágicas.
El primer "moderador" de la situación general es el elemento económico. En un año con desaceleración, pero sin catástrofe inminente, con sintonía fina, pero sin ajustazo, y en el marco de un mundo en crisis aguda, es la base de un reformismo de masas. 
Una muestra son las clases medias que entre cacerolazo y cacerolazo, interrumpen su "odio" y su militancia rabiosa y sacrificada, para reventar los lugares turísticos en los fines de semana largo...seguramente para después "continuar la lucha".
El segundo es la relación de fuerzas y la política. Que el movimiento de gendarmes y prefectos no sea un reclamo "a lo Blumberg", y contrariamente, tome las formas de una "paritaria" y de un movimiento defensivo contra el "ajuste", habla por sí mismo de los límites que impone la relación de fuerzas. 
La "fuerza moral" que les brinda el tener cierto apoyo y empatía popular se sostiene mientras el "planteo" se mantenga dentro de esos límites. Además de cierta "imbricación" (por lo menos pensable) de sectores populares con una fuerza que tiene un poco de mejor fama que las policías bravas y que tuvo un proceso de "plebeyización" que puede producir cierta identificación social (eso es lo interesante y no la política, del planteo de Meler).
Con los cacerolazos se vio un fenómeno parecido, aunque el componente social estaba más claro. Los derechistas que quieren enriquecerse en paz, dejar de mantener vagos y negros, adornaron su reclamo con algo del relato democrático (y republicano) y los cronistas de la "corpo" se gastaron la lengua relatando toda la movida ellos, porque no podían abrirle el micrófono a los "luchadores" del 13 S. que no desbordaban discursos y programas precisamente... "hegemónicos".
Más en general, esto no quiere decir que con la evolución de la situación, no puedan emerger y ganar apoyos demagogos de derecha (De Narváez -2009), sino que, ellos o el gobierno, tienen el límite del marco general.

Sindicalismo, corporativismo y el "motin" 

Si estos movimientos son todo lo derecha que la relación de fuerzas les permite ser, el apoyo o la empatía popular o de sectores del movimiento obrero también hay que situarlos en este marco. 
¿Hay una diferencia cualitativa en la conciencia del obrero medio o los sectores populares que ayer simpatizaban con el reclamo de Moyano contra el impuesto a las ganancias y hoy con el reclamo de los uniformados?
Por supuesto que hay una diferencia de contenido, de las que se parte para el posicionamiento político y programático. Pero no vemos diferencias de calidad, desde el punto de vista de su conciencia, entre el corporativismo sindicalista de ayer y la simpatía con el reclamo "salarial" de los "verde-caki", que toma la forma de una paritaria y se ven obligados a aclarar que sus intenciones no son más que esas. Es decir, no hay un deslizamiento profundo "a la derecha", en el marco de que no es una "Semana Santa" (como incorrectamente se dice acá).  
O es de derecha, para decirlo en otros términos, en tanto que el reformismo y sindicalismo son "de derecha", desde el punto de vista revolucionario de los intereses históricos de la clase obrera en tanto potencial clase hegemónica. Y la precisión es importante para el diálogo político paciente que sepa captar los matices del descontento difuso, el segundo paso después de sentar los principios. Descontento que, por otra parte, no podía manifestarse de otra manera en una situación de declive de la economía y del gobierno, pero sin catástrofe y ni dura lucha de clases y de persistencia del reformismo.
Y si semanas atrás fueron las clases medias derechistas, puede pensarse (como bien definió otro amigo en los acalorados debates de estos días), que ahora fue "la emergencia de la argentina plebeya". Descontentos que, por supuesto, tienen sentido y dirección opuestas, pero con un componente social similar, entre los uniformados (muchos plebeyos que ascienden socialmente con el encuadramiento) y los secundarios de los colegios técnicos.
Lo interesante es cuánto de caja de resonancia de futuros descontentos obreros se manifiestan en estos síntomas.

Crisis política del "bonapartismo"

Como ya se dijo acá, por arriba la crisis política está en curso y el gobierno en una encrucijada. La restauración de la autoridad estatal no recompuso un régimen estable, más allá de la fortuna de la economía. Las corporaciones fortalecidas y alentadas para lograr su "colaboración" en la restauración, como camioneros o ahora ese intento de guardia nacional "democrática nacional y popular" (Gendarmería), que consideraban "tropa propia", se dan vuelta y exigen lo suyo por los servicios prestados, demostrando que quieren más guita y poder y menos relato. El bonapartismo de "manta corta" recibe una "fidelidad" directamente proporcional a su "revolución". Y como en cada crisis (en su momento con los camioneros), la nueva juventud militante brilla por su ausencia,  los "Unidos y organizados" solo atinaron a cacarear "contra el golpe" de los "Enfierrados y alborotados", parafraseando la chicanea de un bloguero de la mazorca. Aunque el problema principal, más que su (des)orientación, es su escasa construcción (siendo estado y gobierno!). En la juventud "compiten" con la izquierda, la única que tiene construcción real, como reconoce un editorialista K.
La alternativas de resolución teñirán los tiempos por venir. Si hay un cambio tipo "sale Garré, entra Berni" (o mejor dicho termina de salir), y este continua su deriva hacia un giro más de orden, le abre una crisis con la maltrecha ala izquierda (el triste papel de un deslucido Verbitsky algo dice sobre esto) y una posibilidad para la izquierda real.
Pero para las consecuencias de la resolución es mejor esperar y ver... Lo que sí puede afirmarse es que el gobierno no puede salir bien parado de ninguna manera. 
Entre paréntesis, y esto hay que reconocerlo, lograron que se calle un poco la boca y algo de descanso de la cadena nacional (sí, suena clarinezco, pero el que no estaba harto que tire la primera piedra).

A la izquierda

En la izquierda cada uno está cumpliendo más o menos su rol. Algunos volviendo a derrapar, de la Rural a la cacerola y de ésta a la sindicalización de la gorra; otros con un centrismo líquido casi perfecto, inclinado a la derecha, pero cuidando las formas.
El punto es que, como intentamos explicar, "lo coyuntural" (manifestaciones de derecha más o menos encubiertas), no cambia "lo orgánico" (la relación de fuerzas), haciendo nuestro uso de Gramsci; y el gobierno es centrífugo y su agenda política ya no tracciona y pierde por derecha, como por izquierda, también con los límites de la no radicalización. El #7D seguramente emergerá otra vez, pero es una discusión para la secta propia, el rating de Lanata (que pasó a dirigir ideológicamente a Clarín, explicándole a Magnetto que la disidencia, justamente es "difusa"), es una demostración, aunque ahora anda haciendo de "escuálido" en Venezuela.
Y este panorama general abre más oportunidades que "peligros" (por ahora), para la preparación y la construcción por izquierda.

(A pocas horas del resultado en Venezuela, veremos que pasa, algo dirá también de la relación de fuerzas continental...)


jueves, 4 de octubre de 2012

La protesta de los represores abrió una crisis política


Por: Fernando Rosso , Ruth Werner



Pero el ofrecimiento llegó tarde. La ministra Garré pasó a retiro a las cúpulas de Prefectura y Gendarmería. Tampoco alcanzó. Las fuerzas “modelo” de la “seguridad democrática” van por más, leyeron la debilidad gubernamental y presentaron un petitorio que exige, entre otras demandas, un básico de $7.000. Al cierre de esta edición el conflicto seguía abierto hasta el martes 9, cuando se prometió una respuesta oficial. El gobierno está en una encrucijada. Si retrocede en toda la línea puede quedar como rehén de los insubordinados, y su ejemplo ser tomado por otros sectores de las FF.AA. incluso por policías provinciales que simpatizan con los rebeldes. Por el contrario, si no cede, el escenario puede polarizarse, perdiendo, de manera más abierta, el control de sectores claves del aparato de Estado, y poniendo en juego su propia gobernabilidad.El amotinamiento protagonizado por la suboficialidad de la Prefectura y la Gendarmería (al que se sumó un sector de la Armada) abrió una crisis nacional. El conflicto, detonado por un recorte salarial, se transformó en político. El abucheo a los oficiales, la extensión del conflicto y su propagación entre las Fuerzas, ilustran lo grave de la situación. Horas después del amotinamiento, rápido, como nunca hizo ante un reclamo obrero, el gobierno anunció que no haría los descuentos. Lo primero que hizo el oficialismo fue ser fiel a sus intereses de clase, reconociendo lo “justo” de las reivindicaciones de los represores.
El motor del conflicto fue el recorte salarial, pero expresa, como mínimo, un enfrentamiento objetivo al Poder Ejecutivo y, de manera manifiesta, al Ministerio de Seguridad de Nilda Garré. El discurso pregonado por los K de “recambio generacional” y de “FF.AA. integradas a la democracia”, se evapora con las imágenes de los rebeldes lanzando expresiones fascistoides, típicas de la derecha troglodita. No hay que confundirse. Lo que muchos trabajadores quizás vean como un reclamo contra el ajuste, son demandas para fortalecer su función represora. Es lo opuesto a la lucha de los estatales de La Plata que hoy toman el Ministerio de Educación. La “nueva generación” de gendarmes y prefectos está cortada con la misma tijera que la “vieja guardia” genocida.
Según algunos analistas, el amotinamiento fue, de mínima, “dejado correr” por el Secretario de Seguridad, Sergio Berni, un hombre que viene cobrando protagonismo a la cabeza de un giro más represivo del gobierno. La interna entre Berni y Garré está al rojo vivo. La Ministra viene siendo blanco de distintos escándalos. El último había sido el caso del “Proyecto X”, que involucró a Gendarmería en el espionaje a los militantes populares.

Debilidades estratégicas

El amotinamiento puso de manifiesto una crisis más profunda del aparato de Estado y los graves problemas del kirchnerismo para recomponer la legitimidad de las FF.AA y de Seguridad.
Con las FF.AA. desprestigiadas por su rol en la dictadura, Prefectura y Gendarmería venían recibiendo, desde los ‘90, dinero como para equipar a un ejército. Esta política fue continuada bajo los K. Además de retratar con un aura democrática a fuerzas tan protagonistas del genocidio como el Ejército, la Marina o la Aeronáutica, no sólo le incrementaron su poder de fuego (desde la asunción de Néstor Kirchner, Gendarmería pasó de 18 mil a 30 mil efectivos) sino también su poder social. Bajo el kirchnerismo asumieron funciones de policía y miles en las calles “custodian” a los vecinos contra la “inseguridad”. El fortalecimiento que les dieron los Kirchner a estas corporaciones armadas del Estado, es la base material de la prepotencia que muestran en el conflicto.
La “sintonía fina” y los ajustes vienen provocándole al kirchnerismo crisis recurrentes de distinto signo. Lo vimos con el paro camionero y el impuesto al salario, que terminó con la ruptura de Moyano; con el “cepo al dólar” y la bronca de las clases medias en el cacerolazo.
Por su parte, el enfrentamiento del moyanismo con el gobierno y ahora el conflicto de los uniformados evidencian las debilidades estratégicas de las alianzas en las que el gobierno sustenta su poder. Las corporaciones (como la burocracia sindical o las “fuerzas del orden”) que el gobierno alentó y alimentó, demuestran que sólo son fieles a sus intereses: unos exigen privilegios por defender su poder de policía a la hora de reprimir, otros, por cumplir el rol de “policía interna” del movimiento obrero.

La oposición patronal y la burocracia sindical frente a los insubordinados

La oposición patronal, el duhaldismo, el PRO, la UCR, la Coalición Cívica y el FAP apoyaron los reclamos de los insubordinados, mientras desde el Congreso promovieron un documento donde llaman a respetar la institucionalidad. Quieren presentarse como una alternativa burguesa seria a la vez que denuncian al gobierno de “la confrontación permanente”. Estos partidos velan por los intereses de los represores del pueblo y la estabilidad de esta democracia para ricos. No es de extrañar. Los que ya gobernaron mandaron a estas fuerzas a combatir a los que luchan.
Víctor De Gennaro del FAP y Pino Solanas de Proyecto Sur no adhirieron al documento. Pero igualaron el conflicto a cualquier reclamo obrero y exigen entusiastas la sindicalización de estas fuerzas represivas. En el mismo sentido, Hugo Moyano, fue uno de los primeros en solidarizarse con quienes llamó “trabajadores”. Antonio Caló, el flamante Secretario General de la CGT oficialista, hizo lo mismo, aunque horas más tarde retrocedió, seguramente por algún reto gubernamental. Las organizaciones, como el MST e Izquierda Socialista, que apoyaron el amotinamiento cometen una capitulación. Apoyar a los uniformados significa colaborar en el fortalecimiento de fuerzas represivas que serán utilizadas contra los trabajadores y la propia izquierda (ver página 4). Desde el PTS somos claros. No apoyamos a quienes son la punta de lanza de la represión contra el pueblo. Son los asesinos, entre otros luchadores, de Mauro Ojeda y Francisco Escobar en Corrientes bajo el gobierno de la Alianza, o de Carlos Santillán y Oscar Barrios, durante el levantamiento de los piqueteros de Gral. Mosconi. En 2007 la Prefectura reprimió la lucha de los trabajadores del Casino flotante y este mismo año los gendarmes avanzaron brutalmente contra la pueblada que denunció la minería contaminante en Tinogasta y son quienes espían ilegalmente con el Proyecto X. Los gendarmes y los prefectos no son trabajadores. Cobran un sueldo por integrar el plantel del aparato represivo del Estado. Les pagan para eso, para reprimir al pueblo.

La jornada del 10 de octubre y nuestra propuesta

El apoyo de Hugo Moyano de la CGT y de Pablo Micheli de la CTA a la protesta de los prefectos y gendarmes, igualando sus demandas a las de los trabajadores, fue el último paso para teñir de manera reaccionaria la convocatoria a Plaza de Mayo del 10 de octubre. La jornada tendrá a Eduardo Buzzi de la Federación Agraria como figura destacada y será un acto político. No habrá ninguna jornada de lucha. Moyano no convoca al paro y sólo marcharán los camioneros. En una proclama de 21 puntos Moyano acaba de sentar las bases para aglutinar a todo el peronismo de derecha a fin de “castigar al kirchnerismo en las urnas” en 2013 y 2015. Por parte de la CTA, todo un apartado de la convocatoria a la jornada está dedicado a defender los intereses de las patronales agrarias, como la propuesta de “retenciones segmentadas”, la “defensa de pequeños y medianos productores”; (es decir los patrones) y hasta reivindica el reclamo de De la Sota que pide la “restitución del 15% de la coparticipación”, que luego usa para subsidiar a los capitalistas. Nada se dice de los grandes terratenientes o de la gran burguesía agraria y se ignora la penosa situación de los peones rurales, los explotados del campo. Este programa presentado por la “democrática” CTA no fue votado en ninguna asamblea de base.
Ni la CGT Moyano ni la CTA Micheli se proponen pelear por las demandas de los trabajadores. A diferencia de la marcha del 27/6 pasado donde los camioneros venían de realizar un paro (que fue enfrentado por la gendarmería que hoy apoya Moyano), el acto del 10 se da en un contexto donde el cacerolazo y el levantamiento de los prefectos y gendarmes le ponen su impronta reaccionaria al escenario nacional.
Llamamos a los sindicatos y a las comisiones internas combativas y al Partido Obrero, a elaborar un posicionamiento común ante el acto del 10 y a tomar el paro convocado por la CTA en nuestras propias manos. Los trabajadores tenemos que abrir un debate sobre un programa de conjunto, opuesto al del gobierno y al de la oposición patronal. Hay que levantar medidas como el fin del trabajo precario y en negro y el pase a planta de todos los contratados. La eliminación del impuesto al salario y el aumento y generalización de las asignaciones familiares. Por un salario mínimo equivalente al costo de la canasta familiar indexado según inflación real y el 82% móvil para todos los jubilados. Hay que expropiar a los terratenientes y a la gran burguesía agraria y entre otras medidas pelear por la nacionalización de la banca y el monopolio del comercio exterior, además de la renacionalización bajo control de los trabajadores de todas las empresas públicas privatizadas. Decimos claramente: ningún apoyo a los represores “en lucha”, derogación de la ley “antiterrorista”, desprocesamiento ya de todos los luchadores.

miércoles, 3 de octubre de 2012

PTS: “LOS PREFECTOS Y GENDARMES SON REPRESORES, NO TRABAJADORES”



(PTS, 3/10/12) Ante la protesta de efectivos de la Prefectura Nacional, a la que se sumaron integrantes de la Gendarmería, Christian Castillo, dirigente nacional del PTS (Partido de los Trabajadores Socialistas) y del Frente de Izquierda, sostuvo que “los mismos que no han vacilado bajo las órdenes del gobierno nacional en reprimir multitud de protestas obreras y populares, y realizar tareas de espionaje ilegal como en el caso de los gendarmes y su ‘Proyecto X’, sufren ahora en carne propia lo que lleva a la lucha a millones de trabajadores, que son los ajustes, el pago de parte de los salarios en negro y distintas formas de trabajo precario que sostiene el gobierno kirchnerista y los gobiernos provinciales. Sin embargo, esta acción no puede tomarse como si fuese un reclamo de un sector de la clase obrera. No compartimos la posición de Moyano o integrantes del FAP como Stolbizer y De Gennaro, ni de quienes desde la izquierda apoyan los reclamos de los integrantes de las fuerzas represivas del Estado capitalista, ya que darles más recursos es generar mejores condiciones para que repriman al pueblo trabajador. No olvidamos como los prefectos fueron parte del genocidio que se cometió en la dictadura, el grupo Albatros participó del movimiento ‘carapintada’ para evitar los juicios a los represores y fueron la herramienta predilecta de la represión en la huelga del Casino flotante contra los despidos del empresario kirchnerista Cristóbal López y en el caso de los gendarmes en multitud de conflictos obreros. La diferencia con los reclamos de la clase obrera se nota también en la diferente respuesta gubernamental, rápidamente dispuesta a ceder frente a las primeras demandas de los represores mientras, por ejemplo, el reclamo contra el desdoblamiento del aguinaldo en Provincia de Buenos Aires demandó semanas de protestas y manifestaciones. Es algo congruente con el aumento de las acciones represivas del gobierno de la mano del Secretario de Seguridad Sergio Berni. Aun así no es claro que la protesta sea levantada en las próximas horas”. Castillo también señaló que “no nos extraña que, según comenta el diario Página/12, los prefectos le dijeron ‘andate zurda’ a Vilma Ripoll cuando fue a apoyarlos, y repetían una y otra vez que ellos ‘no son piqueteros’. Es coherente con miembros de fuerzas cuyos integrantes, a pesar del origen popular de gran parte de ellos, son política e ideológicamente anti obreros y anti populares, algo congruente con la función social represiva que cumplen. En este conflicto en particular hay además disputas internas entre y dentro el gobierno y las jefaturas de las fuerzas y defensa de sus mandos de maniobras diversas para llevarse ingresos de unos 80 mil pesos mensuales". Por último el dirigente del PTS manifestó que "Es una ilusión pensar que estas fuerzas represivas pueden dividirse hoy y dejar de jugar su papel represivo porque la izquierda o los sindicatos apoyen sus reclamos o con su sindicalización. En estos años hemos visto, y no solo en nuestro país, diversos reclamos salariales de fuerzas policiales y de seguridad que una vez logrado su objetivo de reclamo vuelven como siempre a seguir ejerciendo la represión a las luchas y el gatillo fácil. La historia ha mostrado que la división y el quiebre de las fuerzas represivas y el pasaje de parte de ellas del lado de los explotados solo puede tener lugar en situaciones de aguda lucha de clase y cuando los trabajadores tienen capacidad de organizar su propia autodefensa”. 

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