miércoles, 27 de febrero de 2013

Causas y consecuencias de los “errores no forzados”

Columna en Diario Alfil del 28/02/13 



Por Fernando Rosso 

frossocba@gmail.com 


Hace ya varios meses que las iniciativas políticas del gobierno nacional tienen como resultado una suma cero y como todo lo que no avanza, retrocede. Los tiempos en que ocupaba el centro de la escena parecen haber quedado atrás. 

Pocas horas antes de la realización del acto por el primer aniversario de la tragedia de Once, fue el discurso de Cristina Fernández el que radicalizó el pronunciamiento de las víctimas. Lo que escondía el ya desgastado recurso de la actuación melodramática era la búsqueda de una absurda identidad entre una accidentada pérdida personal y las consecuencias bochornosas de un crimen social masivo y todavía impune. La maniobra del “maternalismo bonapartista” (“yo sé lo que es perder a un ser querido”) no prosperó y tuvo su merecida respuesta en la plaza. Artistas, figuras de los derechos humanos e intelectuales, sectores sociales y de la cultura que el gobierno consideraba cautivos, esta vez se encontraban del otro lado. Y a diferencia de los cacerolazos, el pronunciamiento político de la manifestación fue por izquierda, demostrando que hay algo más que la imaginaria pared del relato. 

Con el “Memorándum” de entendimiento con Irán por la causa AMIA, el gobierno se encerró en un laberinto de difícil salida, ni siquiera por arriba. No está claro qué resultado político pueden obtener además de la pérdida del apoyo de la comunidad judía en la Argentina que tan bien supieron ganarse a golpes de seguidismo fiel a la política norteamericana e israelí en los organismos internacionales. La orientación más dialoguista actual, lejos del “nacionalismo” pro-iraní y “anti-occidental” que denuncia gran parte de la miope oposición, en realidad acompaña un giro de la administración norteamericana hacia abrir canales con país persa, preocupada por resolver otras urgencias de la agenda internacional.

Finalmente, el cierre unilateral de la paritaria docente desató la huelga en la mayoría de las provincias, pero el dato político más destacado es que empujó al paro a la conducción nacional de un gremio (CTERA) que está entre los más “firmes” aliados del gobierno. 

A las limitaciones impuestas por el agotamiento del “modelo” y la sucesión imposible, el cristinismo químicamente puro le suma una lógica política de “ofensiva permanente” que acelera el declive de su hegemonía. 

De fondo y tiñendo permanentemente todo el escenario está el quiebre de la coalición con los sindicatos, la tan mentada “alianza estratégica” mutó hacia una creciente ruptura que avanza en relación directamente proporcional al aumento de los grados de la fiebre “frepasista” de Cristina Fernández. La ruptura de la alianza estratégica ya trajo los primeros problemas tácticos: un conflicto docente de resolución incierta y un acuerdo del 30% de Luz y Fuerza, otro gremio, ejem…también oficialista; y las paritarias recién comienzan. 

El cristinismo se quedó con la foto del 54% y dejó de mirar la película que muestra profundos desplazamientos. 
Alguna vez se dijo de Eva Perón que había tomado al país como escenario y al desarrollo de su vida como la misma encarnación de la historia nacional. La Historia se encargó de demostrarle lo contrario a la representante del alma plebeya del bonapartismo peronista, a quien agradecieron sus servicios con la imposición de un renunciamiento histórico, tan cobarde como sobrecargado de lirismo. Había cumplido su rol en la contención de los sindicatos y, a través de ellos, colaborado con la incorporación del movimiento obrero a la república burguesa, a costa de la pérdida de su autonomía política. 
La fracción típicamente pequeñoburguesa de la etapa superior del peronismo kirchnerista, es decir, el cristinismo, copia del alma plebeya todos sus vicios teatrales y ninguna de sus virtudes estratégicas. Y se propone, con su pedantería característica, desandar el camino y enfrentar al movimiento obrero, teniendo a los revolcones a la burocracia sindical que no es más que su expresión distorsionada. En esto, dicen, sigue las indicaciones de un teórico que imparte lecciones de doctrina “nacional y popular”, desde su cómoda residencia académica londinense. Queda por observar cual será el trato que le deparará la Historia al nuevo engendro de un peronismo “invertebrado”. 

viernes, 22 de febrero de 2013

Movimiento obrero: ¿el retorno de un gigante?


En dos momentos del año pasado desarrollamos una misma hipótesis de distinta manera.
Luego del paro del 20N decíamos: "El fin de ciclo menemista (y su continuadora la Alianza) encontró a la extrema izquierda mucho más débil y al mismo movimiento obrero en condiciones de división y todavía con el peso de las derrotas. La izquierda realmente existente era la corriente cuyo máximo referente era el "Perro" Santillán, en ese momento en el PCR, subordinado a la burocracia sindical y a Moyano, que fue el hombre clave para la salida devaluatoria, la transición duhaldista y el kirchnerismo. El fin de ciclo alfonsinista permitió la emergencia del MAS, que degeneró en el sindicalismo y el electoralismo y fue impotente en los combates que permitieron el asentamiento del ciclo menemista (las batallas de las privatizaciones). Además ese momento todavía estaba marcado por la cercanía de la derrota del ensayo setentista. Después de muchos años se combinan condiciones excepcionales: una recomposición obrera, una contradictoria historia reciente de desvíos y no de derrotas, lo que implicó un aspecto de aumento de las aspiraciones a las que Cristina, contra toda la experiencia histórica, quiere poner fin "por decreto" bonapartista. Y la existencia de una izquierda no reformista (aunque tampoco en su totalidad revolucionaria), que mostró su potencialidad el 20N"
Pero en mayo, en el mismo sentido, habíamos afirmado: "Si el 2001 fue una reversión de la derrota del 76 y el kirchnerismo un desvío, y como dijimos en otro lado, el producto de una ausencia; su fin de ciclo, más o menos postergado, acelerado o enlentecido, plantea la posibilidad de un nuevo "giro histórico", y las condiciones presentes reafirman el derecho al optimismo. En las últimas crisis o quiebres de la Argentina contemporánea , como la del 89, cuando en el movimiento obrero todavía pesaban las reminiscencias de la dictadura (además de los errores de quienes influenciaban a su vanguardia) o en el 2001, cuando todavía gravitaban las derrotas de la "noche negra" del neoliberalismo, las posibilidades de emergencia independiente del proletariado estaban limitadas. El álgebra política del proyecto kirchnerista, como movimiento restaurador, se basó no en una derrota de la crisis orgánica del 2001, sino en un desvío que no cambió la relación de fuerzas impuesta por ese acontecimiento, que reestableció aún más (porque nunca fue liquidado) el carácter "contencioso", propio de la sociedad argentina, que reaparece con piquetes y deliberación permanente hasta en hechos menores. Sintetizando, como no pasaba desde hace casi 40 años (es decir en los inicios de la insurgencia setentista), la clase obrera se prepara para encarar una crisis con sus fuerzas objetivas notoriamente recuperadas, sin el peso de derrotas históricas (...)."
Toda esta relectura viene a cuento de que recientemente surgieron debates en torno al carácter del retorno indiscutible del movimiento obrero, sus potencialidades y límites. Y, ligado a esto, sus condiciones para erigirse en posible sujeto hegemónico.
La pregunta disparadora fue ¿estamos ante el regreso de un gigante? En los debates políticos-académicos la figura del "gigante" remite a la metáfora con la que Juan Carlos Torre describió en uno de sus textos clásicos al movimiento obrero surgido luego de la pos-guerra. El gigante, para Torre, era un movimiento obrero que tenía esencialmente dos características: se desarrollaba en un mercado de trabajo equilibrado (con casi nula desocupación) y estaba unido o cohesionado políticamente bajo la dirección del peronismo. 
Tomado estrictamente desde este punto de vista, el movimiento obrero actual carece de estas características. El mercado de trabajo pos-neoliberal es mucho más fragmentado, con divisiones internas en la clase obrera y entre ésta y los nuevos pobres urbanos, muchos de ellos parte del precariado, un fenómeno social nuevo que es producto de los años de ofensiva del capital. Por su parte, la cuestión de la identidad política de la clase obrera implica un estudio y un análisis mayor, lo que sí podemos afirmar es que no tiene la "cohesión" política en torno al peronismo que tuvo en aquellos años.
Como ya hemos dicho, el retroceso del sindicalismo (como expresión distorsionada del movimiento obrero) se manifestó superestructuralmente en el avance de la Renovación en el seno del partido peronista; y el resurgir de su protagonismo se expresa hoy en las aspiraciones electorales y políticas del moyanismo. 
De acuerdo al punto de vista, el diagnóstico y la lectura política de los mismos hechos y de la misma estructura social del país puede llevar a distintas conclusiones.
El gigante de Torre no era sólo "invertebrado", sino y esencialmente reformista, es decir, limitado. Uno de los elementos que lo fortalecían sindicalmente, su cohesión política bajo la dirección del peronismo, fue un factor determinante  para su trágica derrota. La orientación reformista y corporativa y su adhesión política al peronismo, pusieron los límites a una clase obrera que desde la óptica de su fuerza social era efectivamente un "gigante". 
Alejandro Horowicz intenta dar una explicación del álgebra trágica del reformismo criollo (el peronismo) y afirma que con la liquidación del Partido Laborista Perón inició tempranamente el camino "inconsciente" hacia su propia derrota, producida 10 después. Claro que el desarrollo del Partido Laborista también abría entre una de sus posibilidades, la de superar al peronismo 10 años antes, es decir, que sea derrotado antes de nacer. La emergencia política de la clase obrera con un partido propio, podría haber significado el aborto del peronismo. Justamente lo que no dice Horowicz es que la independencia política de la clase obrera es incompatible con el nacionalismo burgués, o dicho de manera inversa, una de las razones de ser del nacionalismo burgués es la liquidación de la independencia política de la clase obrera. Es que como afirma un comentarista, el muy buen ensayo de Horowicz no es mucho más que "un poco menos peronista que Ramos, mucho más serio que Sebreli, y mucho menos aburrido que Milcíades Peña"
Pero tomando la lógica general de la afirmación de Horowicz, la no superación de reformismo peronista (porque las estrategias que lo combatieron se subordinaron de alguna manera u otra a él), determinó los límites de la insurgencia obrera que se abrió en los 70 y facilitó el final impuesto en 1976. El mayor de los gigantes puede convertirse en la nada si carece de estrategia o está subordinado a la estrategia del enemigo. Donde Torre ve, coherente con su perspectiva política, una de las más grandes fortalezas, nosotros vemos la más importante debilidad.
Desde el punto de vista sindical(ista) y de la orientación política del reformismo peronista, el retorno actual tiene muchas limitaciones. Desde el punto de vista estratégico revolucionario tiene, para nosotros, enormes potencialidades. 
Los alrededor de 16 millones de asalariados y la recuperación sindical, desigual como no podía ser de otra manera, cambiaron en primer lugar las aspiraciones y la autopercepción del movimiento obrero, su subjetividad. Y esto pese a las divisiones que se mantienen en la clase trabajadora y al menor poder relativo de su fuerza sindical (decimos relativo, ya que un análisis fino de indicadores como la tasa de afiliación o de representación sindical en los lugares trabajo, demuestra que mantiene una considerable fuerza en los principales centros del movimiento obrero, en las "posiciones estratégicas").
Pero además, las experiencias de lucha desarrolladas en el período abierto por la última crisis orgánica (2001) dejaron jalones que pueden recuperarse en los futuros combates. Las fábricas recuperadas (y de ahí el rol histórico de la experiencia viva de Zanón) o los movimientos piqueteros, son experiencias a resignificar para definir la estrategia futura. No fueron movimientos derrotados, en su inmensa mayoría fueron desviados.
Y más en general la "Argentina piquetera", donde cualquier sector social (incluida la clase media) corta la calle y reclama con el método del piquete y la acción directa, rinde permanentemente "homenaje" a los métodos históricos de la clase obrera. Los saqueos recientes demostraron que los lazos entre los punteros y los pobres urbanos y su contención es muy discutible.  
En síntesis, parafraseando a Portantiero si al peronismo "le sobran sindicatos y le falta burguesía nacional", a la Argentina le sobran fuerzas sociales y experiencias de lucha recientes y si algo le falta es desarrollar una fuerza política dotada de una estrategia para "hacerse del mando"

viernes, 15 de febrero de 2013

La tragedia palestina

El compañero Juan Ch. nos envió esta foto de Gaza, merecía un post...


viernes, 1 de febrero de 2013

Carta de Guillermo Almeyra (y respuesta)

Publicamos una carta que nos envío Guillermo Almeyra, a propósito de la lectura de este post que publicamos a fin de año. Abajo nuestra respuesta.

Carta de Guillermo Almeyra (recibida el 28/01/2013)

Estimado Fernando Rosso:

Primero, una cuestión de forma que, comos sabés, también es de fondo. Quien rechaza la acusación de sectario (o, en el caso del PTS, de sectario ma non troppo) que se le hace a su partido debería evitar el recurso inveterado a un tonito de perdonavidas (“Katz está flojo de papeles”, yo no conocería bien la izquierda, en la que milito desde hace 70 años y sobre la cual enseño probablemente desde hace más años que el ingreso de Rosso a la vida política activa). Si se establece un nivel de respeto y de igualdad, al menos formal, la discusión será más seria, profunda y fructífera, como creo todos queremos.
En segundo lugar los partidos que dicen ser trotskistas no son toda la izquierda ni la izquierda de origen controlado y, algunos de ellos, como el PO, son el ejemplo viviente de lo que no debe ser la izquierda revolucionaria. Es legítimo y hasta necesario hacer un frente electoral con gente así, pero no lo es no dedicar un esfuerzo especial de estudio, serio y profundo, al análisis de la fase actual del capitalismo mundial, de lo que sucede en Argentina, en particular en la clase trabajadora, o a un balance del trotskismo y de qué sigue siendo válido en las posiciones de Trotsky (que Uds., muy loablemente, editan para las jóvenes generaciones pero que deben ser aggiornadas y confrontadas con la realidad).
La inactividad del FIT salvo en los períodos electorales y la lamentable carencia de una revista teórica abierta a todos los revolucionarios que trate de aplicar el pensamiento marxiano al estudio de la realidad actual para desprender de allí conclusiones políticas, son dos ejemplos que ilustran por qué muchos decimos que los partidos que dicen ser trotskistas se limitan al obrerismo y a la agitación, dejando la educación socialista para la propaganda del sol del porvenir que según ellos será inevitablemente socialista.
En cuanto al sectarismo light del PTS, sería bueno que un partido que, en las fábricas, sabe trabajar con la diversidad de opiniones, no utilizase el ninguneo para ignorar a quienes, a su izquierda, pueden agregar algo a la educación política de los militantes, tanto en el campo de la lucha mundial por el socialismo, de la caracterización de la fase y de las tareas y de la definición de los movimientos políticos y sociales, como en la discusión sobre cómo construir en Argentina una programa de transición que no sea meramente la repetición mecánica del elaborado por Trotsky en 1938. Por ejemplo, ni en tu blog ni en el del IPS ni en El Diablo se llama Trotsky, ponen entre los blogs amigos o entre los que Uds. leen a La Jornada Quincenal y limitan su apertura a la importante e incluso indispensable revista web Sin Permiso, de cuyo Comité de Redacción formo parte, la cual es de izquierda sí, pero ecléctica o a Viento Sur, que es interesante, pero tan light, aunque para otro lado, como Uds…
No se gana nada, además, con subestimar la organización nacional de muchos grupos provenientes de diversas expresiones del viejo espontaneísmo, que hasta ahora estaban más o menos alimentados por las barbaridades teóricas- hoy en crisis- difundidas urbe et orbe por Holloway o el EZLN. Las ironías sobre el neoelectoralismo de parte de este sector pasan por alto que, en la fase actual, la participación electoral es absolutamente necesaria para toda la izquierda que no quiera vivir en una cueva y que lo que hay que discutir en realidad es cómo combinar la actividad cotidiana de propaganda y organización anticapitalista con una participación en las elecciones que no se limite a mendigar “un voto para Altamira” y se dé por objetivo la conquista de uno o más diputados (la cual, me apresuro a decirlo, no es un fin en sí mismo sino un medio para seguir organizando desde dentro mismo de una institución adversa). Además, habría que ayudar a estos compañeros que están queriendo formar un partido a romper con las teorías castrantes que hasta ahora difundían, en vez de verlos como competidores electorales que pueden sacarle votos al agonizante FIT.
El peronismo clásico, por último, fue un partido burgués, de base aplastantemente obrera, que controlaba a los trabajadores mediante la casta burocrática sindical de ideología, intereses y métodos capitalistas, gracias a que los obreros seguían una ideología de unión nacional, asumían el antiimperialismo como nacionalistas, no como internacionalistas, y se daban como objetivo un capitalismo de reformas y distributivo “justicialista”, no un régimen social diferente. El cristinismo ha roto con eso y se apoya según las teorías de Laclau –que hay que discutir (leé al respecto la reseña que hice a su opera magna en Crítica y Emancipación, de CLACSO), en la idea de que las clases han desaparecido y de que el nuevo sujeto del cambio es la juventud (sobre todo si se le paga bien y se le dan cargos, como a los de la Cámpora y otras agrupaciones similares). ¿No te parece que habría que discutir las consecuencias de esa ruptura de principio con los trabajadores que se refleja muy deformadamente en la actitud de CFK con respecto a los diversos sectores burocráticos? ¿No creés que hacer claridad sobre eso dará una base sólida para acuerdos con sectores amplios que no están ni estarán en las sectas o semisectas “trotskistas” entre otros cosas porque la idea de partido, dados sus orígenes, les causa escozor y la caricatura del bolchevismo a la PO les espanta?
Hay mucha tela para cortar, pero por ahora dejo esto aquí, con una exhortación a una discusión respetuosa y fraterna y que esta carta sea publicada y no en viada al canasto de los papeles.
Saludos cordiales,

Guillermo Almeyra

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Respuesta: 

Estimado Guillermo Almeyra:

Respondo esquemáticamente algunas cuestiones:

1) Posteriormente a tu carta y luego de tu lectura de este post, recibí otro mail personal en el que afirmás: "Estimado: Leí tu crítica a Katz, en este caso argumentada y respetuosa, cosa que me alegra". Creo que esto relativiza tu crítica sobre el presunto ninguneo de "tono inveterado". Efectivamente después de la afirmación que hice en ese post, me tomé el trabajo de leer el largo artículo de Claudio Katz y volcar unas reflexiones para fundamentar lo que allí había afirmado. En el caso del desconocimiento de la vida y la actuación actual de la izquierda que percibí en tus afirmaciones, tiene su base en las críticas generales e indiferenciadas a "los partidos trotskystas" que se publicaron en Sudestada, donde hacés de hecho "abstracción" de la rica lucha de tendencias que hay entre los partidos del FIT, donde "no todos los gatos son pardos" (aunque mencionás la iniciativa editorial del PTS). O también en esta afirmación que se publicó en La Jornada el 28/10/12: "Hay por último otros sectores que, por su origen o por razones históricas, son combativos y hasta lanzan declaraciones contra el capitalismo y colaboran con partidos anticapitalistas, pero reducen el margen de decisión de las asambleas de base y defienden contra toda competencia política el verticalismo del núcleo dirigente (como sucedía siempre, por ejemplo, en la izquierda sindical metalúrgica de la CGIL italiana y sucedió en la última elección en la fábrica ceramista Zanón en Argentina)". Afirmar que en las últimas elecciones en Zanón se "redujo el margen de decisión de las asambleas de base para defender contra toda competencia política el verticalismo de los dirigentes", es tan alejado de la verdad que opté por atribuirlo al desconocimiento, no en general de la historia y el presente de la izquierda, sino de esas especificidades. 
2) Sobre las limitaciones del FIT en relación a la falta de una revista de debate, estamos totalmente de acuerdo y de hecho fuimos quienes más insistimos en la Asamblea de Intelectuales de Apoyo al FIT para que ese proyecto pueda hacerse realidad. Pero nuevamente se repite una crítica abstracta a un "obrerismo y agitacionismo" que caracterizaría por igual a "los partidos trotskytas", cuando insisto, hay programas y sobre todo estrategias y prácticas políticas distintas que son discutidas permanentemente en los periódicos y materiales de los distintos partidos.
3) Sobre nuestro universo de lectura, creo que tenemos y hemos demostrado una gran amplitud para debatir con variadas corrientes de pensamiento, no solo nacional, sino internacional, polémicas expresadas en nuestras revistas "Estrategia Internacional" o "Lucha de Clases". El parámetro un poco arbitrario de las páginas que aparecen en los blogs (que son ámbitos de reflexión, a veces informal, pero útiles para poner a circular ideas que luego se mejoran e enriquecen colectivamente), no es suficiente para definir injustificadamente un presunto "sectarismo" ideológico-político.
4) No subestimamos a la Izquierda Independiente que ahora se propone participar en el terreno electoral porque le recordemos que todos estos años criticaron unilaterlamente a "la forma partido" y a la "izquierda electoralista" y ahora pretendan presentarse a elecciones. La cuestión es que dar ese "salto" sin sacar las conclusiones de toda su etapa anterior de la "anti-política radical", puede llevarlos al reverso de la moneda, es decir, al "politicismo electoralista". Su primera intervención pública, con un discurso light, más cercano a Pino Solanas que a la izquierda, nos confirmó esa previsión. La mejor "ayuda" que podemos brindarles a los honestos  compañeros que forman parte de este proyecto y "que quieren formar un partido" es una crítica frontal y honesta sobre su estrategia y su programa. Además, estos compañeros son los que levantan la política de "apoyar lo bueno y criticar lo malo", que como afirmamos es una versión elegante de la política del mal menor.
5) La última cuestión que planteás es, desde mi punto de vista, la discusión más interesante. Aunque no sé que se habrá entendido de lo que planteo alrededor de cristinismo en el post, parto de tener acuerdo y tomar algunas afirmaciones que hacés en Sudestada sobre el proyecto político de "ruptura" del cristinismo con el movimiento obrero (fundamentada con las teorías de Laclau). Así como también a la inversa (o como respuesta) el inicio de ruptura de franjas del movimiento obrero con el gobierno. Ambas cuestiones tienen una expresión (ultra) distorsionada en la ubicación de la burocracia sindical en general y de Moyano en particular. En este sentido afirmaba en el post que esta orientación del cristinismo de ninguneo del movimiento obrero puede ser "la más peligrosa fuente de posibles errores estratégicos". Determinar políticamente como se expresa esta contradicción en amplios sectores de la base de la clase obrera, puede permitir precisar los caminos y las posibilidades para que una izquierda de los trabajadores avance en su construcción política. En el diagnóstico creo que tenemos acuerdo, en la política (por lo que leí de tu último escrito) no tanto (pero esto será para futuros debates).

Fraternalmente
Fernando Rosso (01/02/2013)