viernes, 22 de febrero de 2013

Movimiento obrero: ¿el retorno de un gigante?


En dos momentos del año pasado desarrollamos una misma hipótesis de distinta manera.
Luego del paro del 20N decíamos: "El fin de ciclo menemista (y su continuadora la Alianza) encontró a la extrema izquierda mucho más débil y al mismo movimiento obrero en condiciones de división y todavía con el peso de las derrotas. La izquierda realmente existente era la corriente cuyo máximo referente era el "Perro" Santillán, en ese momento en el PCR, subordinado a la burocracia sindical y a Moyano, que fue el hombre clave para la salida devaluatoria, la transición duhaldista y el kirchnerismo. El fin de ciclo alfonsinista permitió la emergencia del MAS, que degeneró en el sindicalismo y el electoralismo y fue impotente en los combates que permitieron el asentamiento del ciclo menemista (las batallas de las privatizaciones). Además ese momento todavía estaba marcado por la cercanía de la derrota del ensayo setentista. Después de muchos años se combinan condiciones excepcionales: una recomposición obrera, una contradictoria historia reciente de desvíos y no de derrotas, lo que implicó un aspecto de aumento de las aspiraciones a las que Cristina, contra toda la experiencia histórica, quiere poner fin "por decreto" bonapartista. Y la existencia de una izquierda no reformista (aunque tampoco en su totalidad revolucionaria), que mostró su potencialidad el 20N"
Pero en mayo, en el mismo sentido, habíamos afirmado: "Si el 2001 fue una reversión de la derrota del 76 y el kirchnerismo un desvío, y como dijimos en otro lado, el producto de una ausencia; su fin de ciclo, más o menos postergado, acelerado o enlentecido, plantea la posibilidad de un nuevo "giro histórico", y las condiciones presentes reafirman el derecho al optimismo. En las últimas crisis o quiebres de la Argentina contemporánea , como la del 89, cuando en el movimiento obrero todavía pesaban las reminiscencias de la dictadura (además de los errores de quienes influenciaban a su vanguardia) o en el 2001, cuando todavía gravitaban las derrotas de la "noche negra" del neoliberalismo, las posibilidades de emergencia independiente del proletariado estaban limitadas. El álgebra política del proyecto kirchnerista, como movimiento restaurador, se basó no en una derrota de la crisis orgánica del 2001, sino en un desvío que no cambió la relación de fuerzas impuesta por ese acontecimiento, que reestableció aún más (porque nunca fue liquidado) el carácter "contencioso", propio de la sociedad argentina, que reaparece con piquetes y deliberación permanente hasta en hechos menores. Sintetizando, como no pasaba desde hace casi 40 años (es decir en los inicios de la insurgencia setentista), la clase obrera se prepara para encarar una crisis con sus fuerzas objetivas notoriamente recuperadas, sin el peso de derrotas históricas (...)."
Toda esta relectura viene a cuento de que recientemente surgieron debates en torno al carácter del retorno indiscutible del movimiento obrero, sus potencialidades y límites. Y, ligado a esto, sus condiciones para erigirse en posible sujeto hegemónico.
La pregunta disparadora fue ¿estamos ante el regreso de un gigante? En los debates políticos-académicos la figura del "gigante" remite a la metáfora con la que Juan Carlos Torre describió en uno de sus textos clásicos al movimiento obrero surgido luego de la pos-guerra. El gigante, para Torre, era un movimiento obrero que tenía esencialmente dos características: se desarrollaba en un mercado de trabajo equilibrado (con casi nula desocupación) y estaba unido o cohesionado políticamente bajo la dirección del peronismo. 
Tomado estrictamente desde este punto de vista, el movimiento obrero actual carece de estas características. El mercado de trabajo pos-neoliberal es mucho más fragmentado, con divisiones internas en la clase obrera y entre ésta y los nuevos pobres urbanos, muchos de ellos parte del precariado, un fenómeno social nuevo que es producto de los años de ofensiva del capital. Por su parte, la cuestión de la identidad política de la clase obrera implica un estudio y un análisis mayor, lo que sí podemos afirmar es que no tiene la "cohesión" política en torno al peronismo que tuvo en aquellos años.
Como ya hemos dicho, el retroceso del sindicalismo (como expresión distorsionada del movimiento obrero) se manifestó superestructuralmente en el avance de la Renovación en el seno del partido peronista; y el resurgir de su protagonismo se expresa hoy en las aspiraciones electorales y políticas del moyanismo. 
De acuerdo al punto de vista, el diagnóstico y la lectura política de los mismos hechos y de la misma estructura social del país puede llevar a distintas conclusiones.
El gigante de Torre no era sólo "invertebrado", sino y esencialmente reformista, es decir, limitado. Uno de los elementos que lo fortalecían sindicalmente, su cohesión política bajo la dirección del peronismo, fue un factor determinante  para su trágica derrota. La orientación reformista y corporativa y su adhesión política al peronismo, pusieron los límites a una clase obrera que desde la óptica de su fuerza social era efectivamente un "gigante". 
Alejandro Horowicz intenta dar una explicación del álgebra trágica del reformismo criollo (el peronismo) y afirma que con la liquidación del Partido Laborista Perón inició tempranamente el camino "inconsciente" hacia su propia derrota, producida 10 después. Claro que el desarrollo del Partido Laborista también abría entre una de sus posibilidades, la de superar al peronismo 10 años antes, es decir, que sea derrotado antes de nacer. La emergencia política de la clase obrera con un partido propio, podría haber significado el aborto del peronismo. Justamente lo que no dice Horowicz es que la independencia política de la clase obrera es incompatible con el nacionalismo burgués, o dicho de manera inversa, una de las razones de ser del nacionalismo burgués es la liquidación de la independencia política de la clase obrera. Es que como afirma un comentarista, el muy buen ensayo de Horowicz no es mucho más que "un poco menos peronista que Ramos, mucho más serio que Sebreli, y mucho menos aburrido que Milcíades Peña"
Pero tomando la lógica general de la afirmación de Horowicz, la no superación de reformismo peronista (porque las estrategias que lo combatieron se subordinaron de alguna manera u otra a él), determinó los límites de la insurgencia obrera que se abrió en los 70 y facilitó el final impuesto en 1976. El mayor de los gigantes puede convertirse en la nada si carece de estrategia o está subordinado a la estrategia del enemigo. Donde Torre ve, coherente con su perspectiva política, una de las más grandes fortalezas, nosotros vemos la más importante debilidad.
Desde el punto de vista sindical(ista) y de la orientación política del reformismo peronista, el retorno actual tiene muchas limitaciones. Desde el punto de vista estratégico revolucionario tiene, para nosotros, enormes potencialidades. 
Los alrededor de 16 millones de asalariados y la recuperación sindical, desigual como no podía ser de otra manera, cambiaron en primer lugar las aspiraciones y la autopercepción del movimiento obrero, su subjetividad. Y esto pese a las divisiones que se mantienen en la clase trabajadora y al menor poder relativo de su fuerza sindical (decimos relativo, ya que un análisis fino de indicadores como la tasa de afiliación o de representación sindical en los lugares trabajo, demuestra que mantiene una considerable fuerza en los principales centros del movimiento obrero, en las "posiciones estratégicas").
Pero además, las experiencias de lucha desarrolladas en el período abierto por la última crisis orgánica (2001) dejaron jalones que pueden recuperarse en los futuros combates. Las fábricas recuperadas (y de ahí el rol histórico de la experiencia viva de Zanón) o los movimientos piqueteros, son experiencias a resignificar para definir la estrategia futura. No fueron movimientos derrotados, en su inmensa mayoría fueron desviados.
Y más en general la "Argentina piquetera", donde cualquier sector social (incluida la clase media) corta la calle y reclama con el método del piquete y la acción directa, rinde permanentemente "homenaje" a los métodos históricos de la clase obrera. Los saqueos recientes demostraron que los lazos entre los punteros y los pobres urbanos y su contención es muy discutible.  
En síntesis, parafraseando a Portantiero si al peronismo "le sobran sindicatos y le falta burguesía nacional", a la Argentina le sobran fuerzas sociales y experiencias de lucha recientes y si algo le falta es desarrollar una fuerza política dotada de una estrategia para "hacerse del mando"

4 comentarios:

  1. Los saqueos fueron oraganizados por punteros. Vos vivis en un termo...En bariloche lo sabemos y los conocemos.

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  2. No te crispes fenómeno, claro hubo punteros. La cuestión es que expresaron "mas allá" de los punteros. Aparte no te quedes sólo con el "termo"metro del lugar que justo coincide con el que vivís vos...;)
    saludos
    FR

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  3. Buena reflexión. Se desprende como conclusión, como síntesis de la experiencia histórica la necesidad imperiosa de poner en pié un gran Partido Revolucionario para poder triunfar. Pero hay que decirlo así a "velas desplegadas" y no que quede tácitamente expresado.

    Saludos!

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