lunes, 7 de febrero de 2011

José León Suarez: Crimen y Castigo (o Ablel F. y la "marca de la gorra")


En un libro sobre el pensamiento de Clausewitz, José Fernández Vega, describe la concepción de los contractualistas sobre el Estado moderno y el aparente "desplazamiento" de la guerra del plano interno al de de las relaciones internacionales. En la visión de esta concepción claramente burguesa "el pacto vuelve remota la posibilidad de la guerra civil, pero a nivel "micro", la guerra late todavía en los contornos de la sociedad bajo la figura del delito (...) En el plano privado, quién comete un crimen cualquiera, quién viola una ley por él consentida contractualmente, desprecia el pacto social, lo amenaza, se erige a sí mismo como un enemigo, tanto de su víctima inmediata, como, más importante, de la sociedad en su conjunto (...) Si representa una amenaza para el resto de los integrantes de la sociedad es menos por la comisión puntual de un hecho ilegal que por la consecuencia política que involucra: burlar la sociabilidad acordada. Es preciso pues que su acción no quede impune. El delincuente le declara la guerra a la sociedad, y esta responde en consecuencia, no en nombre de la venganza individual, sino apelando al discurso guerrero de la defensa común. El castigo al crimninal, enemigo social, resulta necesario, además de legítimo (...). El delincuente es ante todo un traidor a la patria, por su crimen, más que por su falta civil, representa un desafío político.
Traducido al lenguaje marxista, el pacto social entre clases que pretende imponer el Estado, se ve negado parcial y a veces totalmente por la vigencia (ay!) de la lucha de clases. Desde el delito (forma laberíntica en que muchas veces se expresa la lucha de las clases desposeídas por sobrevivir), pasando por las revueltas y motines, hasta las revoluciones, cuestionan el orden social impuesto por la burguesía y su estado y dan por la borda con el pretendido pacto social de un sistema económico que le declara la guerra a las mayorías populares. No por nada la "criminalización" y el mote de "delincuentes" llega hasta las protestas y los luchadores sociales.
Esta profunda concepción está en la base del pensamiento de Abel F ., el discurso guerrero de la defensa común emerge simulado, pero enérgicamente del "abogado" peronista con "conciencia social", ante el desafío no ya del crimen o el delito expresamente cometido, sino ante la posibilidad de que pueda cometerse. Y ante el temor de las "clases altas y medias (véase el detalle, altas y medias en primer lugar) y los pobres en general" (los pobres son "en general")
Así, ante el asesinato de dos jóvenes en José León Suárez a manos de la policía, que los mató ante la amenaza de un posible saqueo a la formación de un tren que descarriló, la propuesta es: más policía, con mejores salarios.
El "consejero del principe" (o en este caso "la princesa") primero "analiza", antes de lanzar su discurso de guerra y afirma "el problema profundo, es social y también policial". Las negritas son del autor, quiere remarcar de entrada, que nadie lo dude: es social, pero también policial.
Es social pero (los peronistas, siempre tienen su pero...) "como la política social mejor que pueda imaginarse, no va a modificar en menos de una generación el deterioro social que ya lleva por lo menos 40 años, debemos también acertar con las políticas de seguridad". La escasa "imaginación" del consejero (nada más y nada menos que del "movimiento obrero organizado" de la Capital) nos condena a una generación!  para que el "problema social" pueda resolverse. En la cabeza "hobbesiana" de Abel F. no entra la posibilidad de repartir las horas de trabajo, para que puedan tener empleo los cientos de miles de jóvenes que nacen, viven y mueren en la marginación o que se deje de subsidiar a las grandes multinacionales para hacer un plan de obras públicas que no sólo de respuesta al problema del trabajo, sino también al de la vivienda para aquellos otros tantos, entre los que se encuentran los que cometieron el "delito" de Parque Indoamericano. Y esto sólo para nombrar dos medidas de emergencia. Nunca se le ocurriría plantear semejante propuesta utópica y trotskysta en la mesa de las 62 Organizaciones de la Capital. 
Claro, si el camino es acordar con el sojero Reuteman, pacto político por el que Abel F. está MUY satisfecho, el "problema social", no va a resolverse en "una generación", ni en dos y muy probablemente lo tendremos por los siglos de los siglos...   
Entonces, ante la corta imaginación "social" del intelectual peronista y ante la constatación (basada en las muy confiables encuentas de Artemio L.) de que "Nuestra sociedad, clase alta, media y pobres en general, no quieren tolerar el nivel de violencia casual que estos hechos expresan"; la propuesta, no para dentro de 40 años, sino para YA, es: "(...) que el Estado vuelque a la policía los recursos y la atención que dedica, por ejemplo, a las campañas electorales. La policía – federal, provincial – debe ser mucho más numerosa – lo que ayudará en el tema del empleo, de paso – mejor pagada, y mucho más controlada.
Ni buenos, ni malos: incorregibles, dijo un gorila inteligente.
A pesar de que describe el fracaso de todos los planes de "control" de la policía que se intentaron hasta ahora, la propuesta de Abel F. es agrandar a la bestia y pagarle mejores honorarios, eso sí, "bajo control". Alguién dijo utópico?.
Tanto este Estado, como el pensamiento de Abel F. que lo defiende, tienen un problema de "matriz"... de clase y ambos son "incorregibles".
Menos mal que la "imaginación" de las nuevas generaciones y sobre todo de aquellas que nacieron a la vida política después del 2001, es mucho más audaz que el "vuelo gallináceo" (y guerrero) de la "inteligentzia" peronista.

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