viernes, 31 de agosto de 2012

La batalla de "El Tabacal" y la lucha de clases






El 28 de agosto burócratas oficialistas, empresarios y gobierno pactaron un salario mínimo de miseria. Hugo Moyano se opone pero no convoca a ninguna medida de lucha. Se “olvidó” de la suba del mínimo no imponible y sólo junta firmas para terminar con el tope a las asignaciones familiares. Los obreros del Ingenio “El Tabacal”, en Orán, Salta, muestran el camino opuesto y escriben una nueva página de la lucha de clases.
A las demandas de aumento salarial y fin de la precarización, patrones, policías y gendarmes le salieron al cruce con 57 despidos y una batalla encarnizada. Las imágenes ocuparon los diarios y las pantallas: los obreros resistieron durante horas. Pero los caballos y las balas de goma no pudieron derrotarlos. Su ejemplo crece con cada nuevo día de lucha.

Ayer y hoy

“La batalla de Orán” rememora las luchas del norte argentino a fines de los ‘60, cuando las patronales y la dictadura de Onganía se dispusieron a cerrar los ingenios tucumanos. El 12 de enero de 1967 la represión se cobró la vida de Hilda Guerrero de Molina, una de las organizadoras de la olla popular de Bella Vista y del plan de lucha de la Federación Obrera de Trabajadores de la Industria Azucarera. Cuando la asesinaron, la movilización cargó contra las fuerzas represivas, obligándolas a esconderse en el local policial.
Entonces al ingenio lo manejaba la familia del fundador, Robustiano Patrón Costas, un oligarca amigo de Norteamérica. En los ‘90 pasó a manos de una multinacional yanqui, la Seaboard Corp. Pero hoy, a diferencia de los ’60, el argumento de la crisis se disuelve como carbonilla de caña. Estas patronales están entre las que más ganaron gracias al alto precio del azúcar y el aumento de sus exportaciones. Para ellos la crisis mundial es una oportunidad de negocios y el proceso de reorganización antiburocrático que avanza entre los trabajadores, un obstáculo a destruir.

Tierra de explotación y rebelión

La Seaboard Corp no tolera la organización sindical ni el grito de igualdad salido de las entrañas del ingenio. El 80% de los 1.400 trabajadores de El Tabacal está precarizado y, año tras año, muchos son despedidos cuando termina la zafra.
El reclamo de trabajo estable es parte de un proceso más amplio, de un despertar obrero que abarca a los ingenios de Jujuy y Salta. Ese despertar también estuvo acompañado por las rebeliones y tomas de tierras por la vivienda en Ledesma, junto a otras duras luchas, como la de los trabajadores de la salud en Tucumán en 2010.
La tierra obrera del norte, la valentía de sus habitantes, que venimos mostrando en La Verdad Obrera, vuelve a rendir honor a su tradición. Allí, donde las diferencias de clase son tajantes, pesan menos las clases medias o las burocracias sindicales son más débiles, la lucha de clases se presenta más violenta y con menos disfraces. Los gobiernos kirchneristas son sirvientes directos de las patronales y juntos mandan en las provincias como si fueran sus feudos. El discurso progresista cae dando paso a la caballería, las balas y la policía.
En los centros urbanos, sobre todo en Capital y Gran Buenos Aires, la clase dominante “cuida las formas” ante la opinión pública y la organización más avanzada de los trabajadores, aplicando una “estrategia de desgaste” contra los trabajadores organizados. En el norte, gobernantes y patrones (aliados a la burocracia) van al enfrentamiento directo, sobre todo contra quienes intentan organizarse de manera independiente de los dirigentes traidores.

Norte y sur

Algo similar sucede en el sur. Cortes de ruta, piquetes en los yacimientos, edificios públicos rodeados por los manifestantes, trabajadores heridos, presos y cientos de procesados. Los Dragones -ala disidente de la UOCRA- protagonizaron el conflicto más resonante de los últimos meses, en una lucha contra la desigualdad que se extiende también por Santa Cruz, Chubut o Tierra del Fuego, pero con el objetivo en este caso, de equiparar el salario al de los obreros petroleros.
El nuevo panorama se completa con los paros y movilizaciones de estatales y docentes en varias provincias, como recientemente en Córdoba y la provincia de Buenos Aires. Los métodos de lucha no son radicalizados pero su motor, acabar con los ajustes, apunta a objetivos políticos: los gobiernos kirchneristas u opositores como el de Scioli o De La Sota.
Cuando en los ’90 comenzó la resistencia, los primeros en salir fueron los estatales con el Santiagueñazo y otras luchas provinciales. Luego, cuando empieza a entrar en crisis el “modelo” de la convertibilidad, la lucha de clases se extendió también al norte y al sur con el protagonismo de los desocupados y los pobres; los estallidos y piquetes recorrieron varias provincias, anticipando las jornadas de diciembre de 2001 que acabaron con el gobierno de De La Rúa.
Ahora, cuando el “modelo” kirchnerista se está agotando, nuevamente desde el norte y el sur emerge la lucha de clases más violenta. Con la desaceleración económica y los ajustes fiscales que la presidenta quiere “tercerizar” hacia los gobernadores, las provincias son los “eslabones débiles” de la estabilidad capitalista.
A diferencia de los ’90, en la actualidad, debido a la recomposición del movimiento obrero, los protagonistas son los trabajadores ocupados, con mayor “poder de fuego” (por la capacidad de atacar directamente a la producción). Esos trabajadores cuentan en sus filas con muchos que participaron de la lucha social de fines de los ‘90, que hoy comparten la vida junto a nuevas generaciones obreras.

Salario mínimo: ni vital, ni móvil

La CGT oficialista junto al gobierno y las patronales acordaron llevar el sueldo mínimo, vital y móvil a $2.670 a partir de setiembre y $2.875 en febrero de 2013. Una miseria, y encima en cuotas.
El nuevo mínimo comprende a 113 mil trabajadores privados bajo convenio. La inflación supera el 25% y el aumento real es sólo del 16%. Una medida acorde a la “sintonía fina” kirchnerista, otra muestra del fin del “nunca menos”. La canasta familiar, según estiman los trabajadores del INDEC que enfrentan a la intervención, ya ronda los $6.000. Toda la “disputa” durante las negociaciones fue un teatro. Acuerdan en lo esencial: mantener el salario mínimo por debajo de la línea de pobreza y en menos de la mitad de la canasta familiar. A los que cobran la Asignación Universal por Hijo y el seguro de desempleo ni siquiera les aumentaron.
Como muestran los obreros de El Tabacal, el camino para el aumento de salario está en la lucha. Contra la vergüenza que se firmó en el Consejo del Salario hay que pelear por un mínimo equivalente al costo de la canasta familiar, terminar con la precarización, la tercerización y todo tipo de fraude laboral. A la CGT Moyano hay que imponerle un plan de lucha nacional por estos objetivos. Pablo Micheli de la CTA le dice a Moyano que pase “de las palabras a los hechos” y que convoque a un paro nacional, pero su Central, que además tiene peso en el Ingenio El Tabacal, le pone fecha –recién para ¡“la primera quincena de octubre”! Hasta ahora en relación al conflicto del Ingenio se limitó a una movilización luego de la represión.

Nuestras propuestas, nuestros objetivos

Nuestra propuesta de una Gran Asamblea Nacional Clasista se revitaliza cuando emergen luchas como las de “El Tabacal”. Esta asamblea podría reunir en un estadio a los delegados antiburocráticos de los ingenios, de los estatales de Córdoba y de todas las provincias que enfrentan los ajustes, a los sectores más avanzados en la organización, lo que se conoce como el sindicalismo de base: como las comisiones internas de la alimentación (Kraft, PepsiCo), los gráficos, la oposición de ferroviarios, los trabajadores combativos del subte, y obreros de gran experiencia de lucha como los ceramistas neuquinos.
Una asamblea como esta tendría la fuerza para hacerle al aguante y apoyar material y moralmente a los obreros de “El Tabacal”, a todas las luchas del país. Además serviría para fortalecer la exigencia a los dirigentes sindicales para que convoquen a un plan de lucha. Esta Asamblea, que proponemos convocar, en primer lugar, junto a las fuerzas del Frente de Izquierda y los luchadores, fortalecería el combate por una tarea estratégica: recuperar los sindicatos para la lucha de clases, para pelear por toda la clase obrera.

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