martes, 6 de agosto de 2013

La Argentina moderada, la foto y la película


La moderación es el espíritu que reina en la coyuntura, es la primera ganadora de la campaña electoral. El presente argentino vive un "momento Scioli", el de la "línea aire y sol, siempre para adelante", como lo define el inefable Jorge Asís.
Las superestructuras partidarias burguesas, oficialistas u opositoras rinden pleitesía a la "pos-política". La rebeldía vocinglera del kirchnerismo de los orígenes dejó el lugar a la "no política" de la administración, la gestión y el municipalismo. El kirhnerismo realmente existente, es decir el cristinismo, festeja que se acerca al empate técnico con Massa, a costa de imitarlo y copiarle no sólo la política, sino hasta los gestos y el estilo (mimetizarse con el adversario como dijo JDM). Asistimos al entierro de la batalla cultural. "Los años del final de la pasión política y del comienzo de un nuevo ciclo de perfiles todavía imprevisibles", afirma Zuleta Puceiro en el último número de "El Estadista", donde además describe que se terminaron las grandilocuencias de las elecciones anteriores a las que les sucede un instrumentalismo pragmático, cada vez más crudo y especulativo. Y recuerda que "las elecciones del 2013 han sido las primeras desprovistas por completo de programas y propuestas".
Como bien definieron Marx y Engels, las superestructuras (ideológicas, filosóficas, políticas etc) "ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma" (F. Engels a J. Bloch, 22 de septiembre de 1890, el destacado es de FE). Nuevamente la forma de las luchas políticas argentinas se juega en una interna del peronismo. Pero esa forma que tiene algunos imponderables abiertos a los resultados tanto de las PASO, como las generales de octubre, es manifestación de un contenido, que está en las tendencias y contradicciones de la estructura y en última instancia, de la economía.
Es allí donde está la base del inconformismo moderado del que es expresión el massismo, y del que resignadamente toma nota el cristinismo, para sciolizarse. 
El crecimiento coyuntural de la economía nacional, con un probable nuevo récord en fabricación de autos y una nueva cosecha histórica, dan cierto margen para la moderación y la pasivización de los factores que empujaron a los cacerolazos de la clase media derechista y al paro general del 20N, el año pasado. Esto más allá de que no hayan revertido las tendencias generales al agotamiento del "modelo", ni hayan encontrado solución a la "crisis de sucesión". Es decir, pese a que la decadencia del ciclo siga su curso, lo hace sobre la base de una economía que en la coyuntura tiene números en ascenso (aunque parece que no tan en ascenso como ¿dibuja? el Indek). Y la crisis sucesoria continua, descartando que Scioli no es la "solución" que esperan los kirchneristas, sino la resignación y el reconocimiento de su final.
Sin embargo, que la posibilidad de no tener una derrota espantosa en la madre de todas las batallas de la provincia de Buenos Aires y no bajar del 30% a nivel nacional, dependa de un gobernador de ADN menemista, un intendente "massista" formado en la escuela primaria del duhaldismo, y todos bendecidos por el "Papa peronista", habla del triste y solitario final por el que pasa el kirchnerismo, pese a que no se encamine a un resultado electoral desastroso y no se enfrente a una economía catastrófica. El cambalache se completa con un general que fue parte de la dictadura militar, al mando del Ejército, del que ni siquiera se puede aprobar el ascenso antes de las PASO.
Del gobierno hijo de las Madres y los pañuelos blancos, a la "gestión" y la promesa de más seguridad; de la reivindicación del "conflicto" como parte fundante de la política, a la bandera del consenso sciolista. De la crítica al jefe espiritual de la oposición e incluso a la misma corporación eclesiástica a besar arrastradamente el culo de Francisco, el deporte universal de los bonapartismos. De la "montonera" Garré y el stalinista con rostro humano, "Pomelo" Sabatella al "mano dura" Sergio Berni y "el perseguidor" Milani. De la "nacionalización" a Chevron. De la memoria de León Gieco, a la familia, la propiedad privada y el Estado, del duo Pimpinela. Del Nac&Pop a la Restauración como ya se dijo hace tiempo.
Las oposiciones peronistas o no, también tomaron nota y se "caprilizaron", giraron "a izquierda" y aceptaron que parte del trabajo de desvío y pasivización se había "hecho bien" (relato de DDHH, AUH); mientras el gobierno gira a la derecha, resignado a que llegó la hora del "thermidor voluntario;" y al nunca menos de las conquistas sociales, clausurado hace rato, ahora decreta el fin del nunca menos político y cultural. Todos se encuentran en el centro para un nuevo espectáculo de la "democracia", contenida por los resabios y rebotes de un "modelo" en declive. Y parado en el medio, el "perdedor" del día D siguiente al cierre de listas de las PASO, el que se había quedado sin legisladores, ni diputados, obispos, ni monaguillos, ministros, ni predicantes; ahora es, una vez más, la esperanza blanca de todos y todas.  
El "frio" de la campaña se corresponde con este reinado conyuntural de la "no política"; y los representantes más "destacados" son los directamente proporcionales a la situación: Scioli y Massa.
El clima también influye en los espacios y las construcciones de la izquierda. Si el FIT supera las PASO se abren importantes posibilidades para bancas y hasta bloques parlamentarios, con la "paradoja" de que su emergencia y conquista de posiciones se da en este marco. Puede mostrar una consolidación de un espacio de izquierda, pero en el marco de que las tendencias expresadas hacia fin del año pasado no se radicalizaron, sino que, momentáneamente, se moderaron, aunque no se revirtieron. Por eso no hay posibilidad de 54%, ni sueño de reelección, cruje el peronismo y se atomiza la burocracia sindical. Esto es una presión objetiva para dar el salto...a convertirse en la extrema izquierda del "sciolismo nacional". La base de clases del coyuntural nuevo consenso de la moderación, son las clases medias que guardaron el odio para más adelante (aunque este jueves prometen algunos volver a las calles) y aprovechan de nuevo la tarjeta y el mini boom consumista; y de los sectores más acomodados del proletariado que se ilusionan con la eternidad del nuevo veranito económico y electoral (donde hasta se "devuelve" el impuesto a las ganancias del aguinaldo). Pero esa es la foto y la manifestación de un precario equilibrio, parado sobre el país profundo que muestra hacia donde va la película. Ese país que tiene expresiones extremas en hechos "a lo Bangladesh" como este o donde colapsa todo el tiempo la estructura semicolonial y produce crímenes sociales que luego de Once, las inundaciones y tantos otros "accidentes", ponen al capitalismo y sus representantes empresarios y políticos en el banquillo de los culpables, por lo menos hasta que se demuestre lo contrario. El desafío de la izquierda y más aún si logra representación parlamentaria es no mimetizarse con la foto, sino prepararse para la película. Porque municipalistas, gestionadores, dialogantes, sonreídores y tutti quanti, no van a tener problemas de pasar del "aire y sol" a la leña, el ajuste, la sintonía fina y lo palos, para administrar el fin de ciclo después de las nuevas "fiestas de la democracia" del próximo domingo y de octubre.
  

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