viernes, 17 de octubre de 2014

17 de Octubre: sobre el peronismo y la izquierda




Juan Dal Maso y Fernando Rosso

La fecha, al igual que el reciente aniversario del natalicio de Perón, no genera mayores entusiasmos en los actuales "peronistas". Los motivos pueden ser varios e intrascendentes, por lo que evitaremos mayor indagación al respecto. Pero la sospecha más fuerte tiene que ver con el detalle siguiente: demasiados obreros en la calle, para "dirigentes" que prefieren ver encuestas, “me gusta”, “likes”, “retwits”, antes que manifestaciones obreras. Es más cómodo el palacio digital que un retorno a los años en que la gran política se definía en la calle. Por eso un nostálgico Horacio González tuvo que afirmar hace poco que si no lo dejaban “discutir” con la presidenta (es decir, criticar) se iba al corte de la Panamaericana. Porque si había un lugar donde hoy podía escucharse “la más maravillosa música” era en la Panamericana. 

La Izquierda Diario publica un especial con la lectura de varios intelectuales e historiadores sobre este acontecimiento.

En este post, hicimos algunos comentarios sobre los "desplazamientos" en el "anclaje de clase" que llevó adelante el peronismo en las últimas décadas, los cuales plantean que aunque existe un "peronismo sindical" es cada vez más débil el "peronismo obrero".

No obstante esto, como muchas veces se dio por "muerto" al peronismo, sin que éste se diera por enterado, la reflexión sobre qué queda de la "identidad peronista" del movimiento obrero y más en general en qué momento estamos de la relación entre peronismo y clase obrera en la Argentina, de alguna manera recién empieza, no como reflexión "teórica" sino como posibilidad política de que la clase trabajadora construya otra identidad política.

La efemérides peronista (con día soleado y todo) permite volver sobre el tema desde otro ángulo.

Una de las características del peronismo (acorde a las tendencias internacionales a la reconfiguración de las formas estatales durante el siglo XX, que Gramsci catalogó como "revolución pasiva"), fue la conformación de una identidad política de la clase obrera, promovida desde el Estado, apoyada en la consabida combinación de coerción y consenso: estatización de los sindicatos con un aparato mafioso y con amplias prebendas por un lado; y por otro lo que los sociólogos llamaron después "ampliación" de la ciudadanía. La situación internacional fue una condición de posibilidad para la emergencia del peronismo, cierto vacío entre el viejo imperio que no terminaba de retirarse y el nuevo que no terminaba de asentarse; además de las extraordinarias posibilidades económicas que la guerra otorgaba al país.

El golpe del '55 volteó a Perón y “salvó” al peronismo y el del '76 infringió una dura derrota a la clase obrera; derrota que se profundizó en los ’90 acompañando el retroceso internacional de las conquistas de la clase obrera.

El aporte más grande de Perón al país burgués fue la regimentación y estatización de los sindicatos, como vía para evitar la autonomía de la clase obrera (que de todas maneras no dejó de manifestarse). Liquidó el Partido Laborista cuando estaba naciendo e impulsó la organización estatalizada del movimiento obrero.

Más adelante con la desestructuración realativa de la clase obrera, el peronismo creó una red de contención clientelar, bajo la batuta de los intendentes.

El “estado ampliado” a la peronista fue la combinación de un gran aparato sindical verticalista y policíaco, luego complementado por el punterismo clientelar para el tutelaje de la pobreza.

Frente a esta identidad política fracasaron los tres modelos de estrategias predominantes en los sectores de la izquierda:

- La "Desperonización de la clase obrera", con el modelo del Partido Comunista, que apostaba al desarrollo de una izquierda "progresista" curiosamente bajo el paraguas de la proscripción del peronismo. 

- El “Entrismo”, realizado por una fracción del trotskismo (Palabra Obrera), que en realidad fue la combinación de trabajo sindical y adopción de un discurso peronista combativo. 

- La “Superación orgánica del populismo" por la vía de radicalizar el "peronismo revolucionario", del grupo Pasado y Presente que buscaba ilustrar y aconsejar a la dirección de Montoneros. 

Las experiencias de lucha de clases del proletariado argentino entre 1955 y 1975 aportaron más a la conquista de una conciencia crítica respecto del peronismo que todas las tentativas anteriores. De lo cual se deduce una obviedad, no por eso menos importante: la constitución de una identidad política socialista o de izquierda en la clase obrera argentina (o en fracciones de la misma por su heterogeneidad) difícilmente pueda desarrollarse por fuera de su propia experiencia en la lucha de clases.

Los años kirchneristas generaron un cierto revival de la identidad peronista en el movimiento obrero, pero bajo el signo de una "hegemonía débil", las conquistas obtenidas en estos años subieron las aspiraciones de conjunto, pero no son comparables en magnitud a las obtenidas por la clase obrera bajo el peronismo. Y además el kirchnerismo, sobre todo en su etapa cristinista, lo combinó con cierta línea “frepasista” hacia el movimiento obrero en general y hacia los sindicatos en particular; lo que dio como resultado la "maravillosa" obra de cinco centrales sindicales.

Todo esto, en un contexto internacional en el que la "política de masas" de la segunda posguerra tendió a desaparecer y priman las "redes sociales" y los consejos de Durán Barba. Aunque en los últimos años vimos un tortuoso resurgir de las movilizaciones de masas en general (desde los 15Ms, hasta las “primaveras” varias) y vuelta a las luchas sindicales del movimiento obrero.

En la Argentina esto significó también un retorno del protagonismo de los sindicatos, un desarrollo del clasismo, con una burocracia más dividida; que luego se terminó expresando en una adhesión de una minoría significativa al FIT en el terreno político.

Desde este punto de vista, la tarea de la izquierda clasista referenciada en el Frente de Izquierda es bastante más compleja de lo que parece. No se trata solamente de capitalizar electoralmente a los descontentos por la contradicción entre relato y realidad, o quitarle votos a los opositores como nos sugiere Abel Fernández.

La tarea de contribuir a la creación de una identidad socialista o de izquierda en un sector significativo de la clase obrera está directamente relacionada con la conquista de autonomía política en una sociedad en que la política está mediatizada por el Estado (incluidas como ya dijimos las organizaciones obreras).

Por eso, la conquista de influencia política general y bancas parlamentarias y la pelea por conquistar peso en los sindicatos y las organizaciones sociales, deben ser parte de una estrategia mayor que es la de preparar las condiciones para el poder de la clase obrera, socavando base de sustentación del capitalismo argentino, ya que sin los sindicatos, el Estado argentino queda apoyado en las fuerzas de seguridad y los punteros, que expresan una fuerza social mil veces más débil que la de la clase trabajadora.

En este sentido, la lucha por la recuperación y independencia de los sindicatos respecto del estado (y dentro de los sindicato incluimos las comisiones internas), en un país donde las organizaciones sindicales tienen un rol estratégico; no es una mera consigna "sindical" (y Trotsky la consideró nodal para la estrategia de los socialistas en América Latina), sino la única vía posible para avanzar o abrir la posibilidad de la independencia política de la clase obrera; la condición esencial para su hegemonía.


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