jueves, 24 de diciembre de 2015

Luca Prodan: el traductor nacional (Feliz Navidad!)





El pasado 22 de diciembre se cumplieron 28 años de la muerte de Luca Prodan. El nuevo gobierno -que además de pretender llevarnos puestos a todos-, lo hace a toda máquina, no nos dio tiempo para postear algunas palabras. La navidad es una buena excusa, por el simple hecho de que Luca, entre muchas otras cosas, creó el hit argentino de "las fiestas" para varias generaciones de jóvenes perpetuos y heroicos sobrevivientes, bajo el amparo de la cultura rock.

Borges se pregunta en "El escritor argentino y la tradición": "¿Cuál es la tradición argentina? Creo que podemos contestar fácilmente y que no hay problema en esta pregunta. Creo que nuestra tradición es toda la cultura occidental, y creo también que tenemos derecho a esa tradición (...)". 

Y Gustavo Álvarez Núñez redobla la apuesta de la interrogación: "Pero qué sucede cuando el traductor es un extranjero que se instala en la Argentina y ante el estado existente de las cosas planta semillas desconocidas o poco tratadas en estos pagos. El desconcierto y la resistencia como la fascinación y la incomodidad obran como catalizadores de este personaje, ahora Luca Prodan, italiano educado en Gran Bretaña, que para limpiarse de un pasado de adicción a la heroína, descubre en la campiña cordobesa su bálsamo, su destino de cura y desintoxicación.

Pero Luca Prodan fue más que el traductor: él jugó el papel de importador, el que vino a subsanar la falta, la carencia. Frente a un rock argentino mojigato y atrasado, todavía deslumbrado por la rítmica y el virtuosismo del jazz rock, ataviado en su look hippie de jean gastado, pelo largo, remera desteñida y morral obligado, Luca Prodan introdujo al agrio y urbano Lou Reed, al chalón y apóstol Bob Marley, a los desolados y en carne viva Joy Division.

El cuadro desértico y conservador de principios de los años 80 puso a Luca Prodan como faro de la modernidad, convirtiéndolo en introductor de ideas musicales no practicadas ni tenidas en cuenta hasta ese momento en el rock argentino. Estaba la new wave revisitada por los hermanos Moura en Virus; estaba originándose el satélite Daniel Melero –quien verá desfilar por su sala de ensayo del barrio de Flores a muchos de los protagonistas del rock moderno de los 80, desde Gustavo Cerati a Richard Coleman y Ulises Butrón–; y estaban en plena combustión los orígenes del punk argentino con Los Baraja y Los Violadores –algo a tener en cuenta es que la importación de estilos muchas veces está ligada en un país periférico al bienestar económico y el buen pasar de sus "traductores"– como la intensificación de la horda heavy metal –Riff y V8–."

Norberto Cambiasso, por su parte, escribirá en el prólogo al libro "Luces Calientes" de Damian Damore: "El pasaje febril de las noches y los días de unos adolescentes fanáticos de Sumo que, persiguiendo incansablemente a sus ídolos por cuanta presentación se les ponga a tiro, reinventan un paisaje y trazan una línea imaginaria entre la Capital y el conurbano bonaerense. Al hacerlo, asoma una realidad diferente, ajena a nuestras urgencias cotidianas, suspendida en el significado renovado que le asignan a su peregrinaje.

Y hay que decir que Sumo se presta muy bien a este ejercicio. He aquí una banda con un cantante italiano y letras en lengua inglesa que muchos han postulado como representante insigne de nuestra condición ciudadana.

Un sortilegio de vivencias abigarradas que, en la medida en que nos comunica con el ambiente externo, termina también por transformar nuestras propias experiencias internas.

¿Y quién mejor que Luca para ilustrar ese estado de perpetua juventud que los rituales del rock, siempre repetidos pero siempre distintos, promueven en nuestra memoria?"

Luca Prodan observaba en el rock nacional mucho de "calco y copia", por eso dudaba que un virtuoso como Gustavo Cerati pudiera pelar con una guitarra criolla algo que le mueva el corazón (lo mismo dirá de Federico Moura), o que Los Violadores tenían mucho arreglo de "pelito así" para parecer un perfecto punk. Por eso admiraba más a Mercedes Sosa o Atahualpa Yupanqui.

Así es como un italiano que llegó a la Argentina a instalarse en las más tana de nuestras provincias (Córdoba), educado en la cultura inglesa y que cantaba rock en ingles, inventó en el Zero Bar el hit nacional que le permitió a varias generaciones bancar los trapos de las "felices navidades". Esas donde mamá e hijo con antifaz, disfrutan su noche de paz (tiempo después Ataque 77 completará la postal de la familia feliz con la presencia de un clásico de clásicos: "papá que llega borracho, como de costumbre...").

En otro lado le contó al mundo como eran las mañanas del gardeleano barrio del Abasto, introdujo a Chivilcoy de prepo en alguna canción, simplememte porque le gustaba ese nombre e hizo un fresco de un eterno personaje porteño que hoy vivirá el éxtasis de haber asaltado los cielos y haber llevado su "imaginación" al poder: la rubia tarada.

Para Luca fue simple el hit: “Lo hicimos porque estábamos locos. La hicimos punk y yo la canté en tres idiomas. Tocábamos esa noche de Navidad y así salió, en Zero Bar”. 

Y salió buenísima. Salud!



Como bonus track para los que se quedaron con ganas, vale la pena escuchar la cocina de Sumo, en este disco "póstumo" que tiene canciones grabadas en Córdoba en los años 1981, 1982 y 1983 y que se llama "Perdedores Hermosos" (Alto descubrimiento!, en su momento)


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