domingo, 10 de enero de 2016

La Revolución Libertadora y la Revolución de la Alegría




Hay en cierto kichnerismo estético un intento de identificar la situación que se vive a partir de su salida del poder, con la caída del primer peronismo. El objetivo es poner un signo igual entre la "Revolución Liberadora" y la "Revolución de la Alegría". 

Las comparaciones además de odiosas, a veces pueden ser también bizarras. Casi que no hay punto de comparación, partiendo del hecho de que el kirchnerismo tuvo mucho más continuidades en el cambio de lo que tuvo la experiencia por excelencia del nacionalismo burgués criollo encabezado por Perón, con respecto al régimen anterior; o el más evidente, el macrismo llegó al poder por elecciones y no constituye un régimen militar.

Sin embargo, con estas salvedades, en el álgebra de la dinámica política y de clases pueden encontrarse puntos de contacto, bajando mil cambios la intensidad de los fenómenos en cuestión o tomando esos puntos en su justa medida y armoniosamente. 

Afirma Claudio Uriarte en El Almirante Cero. Biografía no autorizada de Emilio Eduardo Massera: "El intento de preservar el orden sin el peronismo, y el intento peronista de volver al poder sin perturbar el orden burgués terminaban constituyendo, de este modo, la paradójica fórmula del desorden, la inestabilidad y la crisis política permanente: no había gobierno que pudiera sostenerse sin el apoyo político de Perón, pero el golpe de 1955 inauguraba un ilevantable veto militar sobre cualquier experimento que recreara la participación de Perón en el escenario político. La extrema rigidez y el conservadurismo de las Fuerzas Armadas, junto a la extrema cautela y prudencia el jefe del movimiento peronista, terminaban, de este modo, forzando un desbalance paradójico para un drama político donde todos eran conservadores: la Revolución."

Y  más adelante explica: "El qué del peronismo era probablemente insignificante, y quizá no difiriera esencialmente de lo que hubiera hecho cualquiera en esas condiciones económicas sobresalientes de la Argentina. El cómo, en cambio, era profundamente perturbador, porque constituía la legalización del movimiento de masas en el universo político, la entrada de los trabajadores a la ciudadela política que antes había estado celosamente restringida a la oligarquía y a la clase media. Justamente, cuando los marinos cuestionaban el cómo, el estilo, ponían el dedo en la llaga quizá sin advertirlo del todo ya que esa democratización aluvional, ese mamarracho neocorporativista y esa cursilería cultural en que se resumió el primer peronismo, con sus constantes apelaciones a la sabiduría y la bondad del pueblo, constituían la forma imperfecta, el lenguaje a medias, para unas masas que recién comenzaban a expresarse. El cómo era el único elemento genuinamente progresivo del peronismo."

Esta última frase es a una exageración benévola para con el peronismo, quizá ese cómo haya sido en realidad el elemento más reaccionario, justamente por ser el más falso, el que encubría la esencia conservadora del peronismo, el relato que escondía la realidad de que -pese a que no lo reconozcan las clases dominantes-, había sido el hecho bendito del país burgués (o el hecho maldito para el subsuelo de la patria tan sublevado como contenido). 

Parece que un destino trágico condicionó al peronismo para no poder completar nunca el tránsito de partido de la contención a partido del orden. Ni en el '55 ni en el '74/75, ni en el 2015 (el menemismo es otro cantar, fue una extensión de la derrota y el orden que impuso el genocidio). 

El primer peronismo surgió como movimiento de anticipación, para evitar la radicalización de las masas obreras (un objetivo muchas veces confesado por el mismo Perón), el retorno se produjo para frenar esa radicalización, que de todos modos se produjo luego de que Perón declinara de la lucha "para evitar un baño de sangre".

El kirchnerismo emergió como movimiento de desvío de una crisis orgánica y una situación de convulsión social y radicalización política (aunque sin la impronta clásica de la clase obrera), y luego, como el primer peronismo, aprovechó condiciones internacionales e internas que habilitaron el crecimiento económico. 

Finalmente, se preparaba para completar el tránsito hacia la moderación que tenía nombre y apellido: Daniel Osvaldo Scioli, un hombre que no tiene problemas con la realidad, simplemente porque le gusta tal cual es. 

Muchas veces afirmamos que el kichnerismo produjo mucho más relato del que es capaz de satisfacer, ese fue el cómo que molestó a fracciones de las clases dominantes y una de las llaves de su capacidad de pasivización.

La "Revolución de la Alegría" hoy cuestiona los símbolos más estridentes del cómo del kirchnerismo: la llamada Ley de Medios que no había afectado sustancialmente los intereses de las corporaciones, las posiciones en la Justicia que nunca avanzaron genuinamente sobre la corporación judicial, las expresiones culturales como el CCK, los aparatos de comunicación o el presunto excesivo estatismo que en términos de condiciones laborales de los empleados públicos mantuvo una precariedad sorprendente y en términos de avances sobre las empresas nunca fue más allá de algunos roces. 

La radicalidad de las medidas a favor del capital para salir de la crisis en la que estaba la economía argentina y que son en su totalidad en contra de los trabajadores y las mayorías populares, se manifiestan hoy en quinta y a fondo.

Un gobierno Scioli hubiese seguido con matices una hoja de ruta similar de ajuste, podía diferir en los ritmos y en el nivel de negociación, pero no en sus objetivos. Esto por el simple hecho de que otro camino implicaba afectar los intereses del las empresas y de la oligarquía, medidas contrarias a la naturaleza del ex- candidato del FpV y de su coalición.

Un burócrata sindical afirmó recientemente que "este gobierno tiene reversa", aunque hasta ahora ha retrocedido en poco y nada, a golpes de Ceocracia y decretismo. 

En este contexto se produce la otra paradoja que puede compararse en términos algebraicos: la extrema rigidez y el conservadurismo de la nueva administración, junto a la extrema cautela y prudencia los jefes del movimiento peronista.

Las potencialidades y límites de esa paradoja se verán en el desarrollo de las próximas coyunturas que constituirán de conjunto una nueva etapa. Los condicionantes estructurales para que la clase trabajadora imponga su sello están a la vista de todos, tanto como su evidente recuperación social en los últimos años. El pueblo no pide sangre, como para poder afirmar que estamos cerca de la revolución. Pero si se sostiene esta paradójica fórmula, el desorden, la inestabilidad y la crisis política permanente están más que aseguradas, elementos que siempre son la antesala (con los tiempos que se toma la historia para resolver sus dramas) de grandes acontecimientos. 




  


1 comentario:

  1. Esta muy interesante el articulo, y creo que el problematizar la cuestión de que la libertadora y la alegría tienen mas diferencias que "parecencias" es algo a profundizar. Lo cual, lleva a discutir también a "La Cámpora" y "La Kampora", mas adelante, o un cacho antes, "la resistencia peronista" y "la resistencia kirchnerista".

    Un punto que me parece también interesante a desarrollar, en una suerte de "que hubiera sido si..." es decir, haciendo un poco de futurología, pero que puede servir para pensar mas "la necesidad de que la clase obrera haga una experiencia con el peronismo"; es el rol de la burocracia.
    Es que hay cierta idea que si Scioli hubiera ganado, por ser parte del FPV, y tener a esos "resistentes" detras, que le ejercerían el control de sus intenciones menemistas, y mantendrían controlada a "la bestia que lleva adentro el proyecto"; el ajuste hubiera sido mas "dialogado" o "gradual" como también afirmas en el post. Yo me permito dudar, y mas bien tiendo a pensar que, un gobierno de Scioli, hubiera incluso sido mas brutal en el ajuste, justamente porque de haber ganado, ganaría también la maldita burocracia sindical de la que se sirvió el kirchnerismo en el poder, aunque en menor medida CFK desde su ruptura con un sector (Moyano) en su segundo mandato.
    Aunque, como decía mas arriba, de haber pasado eso, la clase obrera hubiese acelerado su experiencia con el peronismo: En el poder y aplicando un ajuste. Por eso también, me pareció muy interesante el artículo que para entonces publico un "amigo de la casa trosko-esfera" Daniel Satur: "Mi voto es en blanco pero no se si no estaría bien que gane Scioli". http://elastaporlostoros.blogspot.com.ar/2015/11/mi-voto-es-en-blanco-pero-no-se-si-no.html

    Salud!

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