jueves, 27 de octubre de 2016

#Cambiemos y las derrotas en el Congreso


A medida que se acerca aceleradamente el año electoral, salen a la superficie las debilidades de origen de la coalición oficialista que marcamos al inicio de su gestión. 
En estos días, Cambiemos sufrió varios traspiés en el Congreso: no pudo sancionar la ley de reforma política a su medida, lo que incluía el "corralito" en las primarias; naufragó el proyecto de ley de reforma del Ministerio Público que intentaba desplazar a la kirchnerista Alejandra Gils Carbó, con un método que se daba de frente con el relato de "regeneración institucional" que le sirvió de base para llegar al Gobierno y en una reñida sesión, tampoco pudo aprobar la bochornosa ley de participación pública-privada (PPP). 
Esa ley era reclamada por la multinacional Siemens cuya promesa de inversión de alrededor de U$S 5600 millones para obras de infraestructura entre 2016 y 2020 estaba condicionada por su aprobación. Las malas lenguas dicen que el proyecto fue meticulosamente debatido en el "Davosito" que se desarrolló en el CeCeKa. Entre otras cosas, plantea "la prórroga de jurisdicción para que tribunales extranjeros sean los que resuelvan eventuales pleitos entre el Estado y los grupos económicos y deja abierto el pago en moneda extranjera a los contratistas". La "Ley Siemens", por ahora, volvió a comisiones. 
Los dadores voluntarios de gobernabilidad (pejotas y massismos varios) que hasta ahora habían decidido aprobarle a Cambiemos las leyes hasta que les duela, comprometen su propia supervivivencia política. 
Parece que no pasa nada, pero la relación de fuerzas es como las brujas, todos sabemos que no existen, pero que las hay, las hay. Como dice el nuevo relanzamiento (y van...) de Cambiemos: lo peor ya pasó y lo mejor está por venir.

Con mayor razón:



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