lunes, 9 de mayo de 2011

Usos y abusos de Gramsci, el kirchnerismo y la "hegemonía"


Cada vez más kirchneristas adoptan a Beatriz Sarlo como una especie de "nueva guía intelectual" o un referente de su propia conciencia crítica, que les brinda fundamentos ideológicos al "proyecto" desde las entrañas mismas del "enemigo", es decir, desde las páginas del diario La Nación.
Ella disparó el debate sobre la hegemonía (o no) del proyecto K, a partir de su artículo sobre la "batalla cultural" que, finalmente, habría ganado el kirchnerismo. Este triunfo, le habría permitido convertirse en hegemónico y el candombe "Nunca Menos" sería un símbolo de este proceso. Aunque en ese artículo, la misma Sarlo introduce ciertos límites a la capacidad hegemónica del kirchnerismo, lo que los militantes e intelectuales K tomaron como propio es justamente el presunto triunfo en la "batalla cultural" que anuncia Sarlo.
Hay un uso mutuo entre la intelectual ex maoísta y los kirchneristas. Los últimos toman sus argumentos para darle alguna explicación teórica progre al "proyecto" y Sarlo se ubica en un "no lugar" o en los límites entre el kirchnerismo y el antikirchnerismo que le permite, entre otras cosas, subirse a la moda de la "politización" sacar rápido un nuevo libro y aumentar un poco la fama de "intelectual lúcida". 
La discusión se tornó en cierta medida teórica y puso en cuestión la utilización del concepto de "hegemonía", para entender o explicar el proceso político argentino en los años kirchneristas.
Cuando a determinados conceptos se los utiliza para todo, finalmente no terminan explicando nada. O peor aún terminan adornando fundamentaciones vulgares y superficiales que pretenden tomar vuelo con el "uso" de conceptos resonantes.
Esto parece estar ocurriendo con el concepto de "hegemonía" y su uso para explicar el fenómeno político del kirchnerismo.
Por supuesto, la cuestión de la "hegemonía" remite a Gramsci, quien popularizó y en cierta medida amplió el universo político de su aplicación; aunque no fue -como muchos creen- el "inventor" del mismo. La misma Beatriz Sarlo cita, o mejor dicho interpreta a su manera al marxista italiano o hace suya la interpretación  más elemental y en cierta medida de sentido común, que afirma que para Gramsci la hegemonía tiene que ver con la supremacía de "lo político" y sobre todo "lo cultural", en oposición al positivismo mecanicista o economicista.
Pero nada de preguntarse si esas teorizaciones de Gramsci, donde el concepto y en cierta medida la estrategia de la "hegemonía civil", que apuntaban al análisis y a la práctica política en los países capitalistas avanzados de lo que denominó genéricamente como "Occidente", pueden ser utilizados para un país semicolonial como la Argentina. O en su defecto dentro de qué límites pueden aportar.
Con respecto a esto, el mismo Gramsci alerta: "Esta cuestión (la "Hegemonía Civil" NdR) se plantea para los estados modernos,  pero no para los países atrasados o para las colonias, donde todavía siguen en vigor formas que en todas partes han sido superadas y se han transformado en anacrónicas" (Cuadernos de la Cárcel)
La sociedad civil y el "estado en el sentido amplio" que Gramsci llegó a definir en alguna de las etapas de su pensamiento, ha llegado a tomar en muchos países semi coloniales, incluida la Argentina, una "densidad" seguramente superior que la que tenía en países que Gramsci incluía dentro de lo que denominaba "Oriente" (con Rusia como paradigma). 
El desarrollo de partidos políticos, sindicatos, medios de comunicación y la misma democracia parlamentaria son elementos que van en este sentido. Sin embargo, no puede afirmarse que hayan "igualado" para decirlo de alguna manera, a los estados de las sociedades capitalistas centrales avanzadas (o imperialistas). El límite estructural en el desarrollo económico y por lo tanto en sus formaciones (y deformaciones) sociales, el desarrollo desigual y combinado, ponen un límite al surgimiento de un proceso "orgánico" en estos países. Sus clases sociales se desarrollan de una manera distinta y por lo tanto hacen más complejo el análisis de sus formas de dominación.
 La discusión sobre la hegemonía ya tenía una larga historia en el movimiento marxista ruso, antes de Gramsci. Entre los marxistas rusos, fue largamente discutida, pero centrada en la preocupación de cuál debía ser la posición del proletariado en la lucha contra el zarismo y cómo lograr una alianza de clases que le permitiera cumplir un rol dirigente en la revolución. 
Lo novedoso en Gramsci fue la "extensión" del uso del concepto, para pensar cómo la  misma burguesía logró históricamente imponer su hegemonía en los procesos de revolución burguesa, e inclusive cómo lo hacía en el presente, es decir para explicar "cómo domina la clase dominante". Como explica P. Anderson, "Porque Gramsci, en efecto, extendió la noción de hegemonía desde su aplicación original a las perspectivas de la clase obrera en una revolución burguesa contra un orden feudal, a los mecanismos de la dominación burguesa sobre la clase obrera en una sociedad capitalista estabilizada" (Las Antinomias de Antonio Gramsci).
En un país semicolonial como la Argentina, la capacidad "hegemónica" de la burguesía o de fracciones de la misma, está muy limitada "desde el vamos" para decirlo de alguna manera y hasta podríamos afirmar que viven en una "crisis orgánica permanente". Como hoy, está muy limitada para gran parte de la burguesía mundial, con una crisis económica de un capitalismo que se sobrevive (ahí está Obama para preguntarle)
Como explicó Trotsky acá, en los países atrasados, por la misma debilidad de la burguesía nacional, se dan formas especiales de poder estatal que tienden al bonapartismo. La historia argentina y latinoamericana, son una constatación cabal de esta premisa. La democracia de los últimos casi 30 años y su relativa estabilidad están basadas en una de las contrarrevoluciones más grandes de la historia nacional, más que en la capacidad "hegemónica" de la burguesía.
El kirchnerismo no es ajeno a estas determinaciones históricas de las condiciones políticas del país y como dice nuestro amigo Juan Dal Maso, "Digo esto porque si pensamos la hegemonía en el sentido de un bloque intelectual y moral con algún tipo de homogeneidad, esto contrasta con el armado inestable en el que se sostiene el gobierno, con las pujas entre los progesistas centroizquierdistas, los gobernadores e intendentes y la CGT"
La debilidad estructural de la burguesía argentina, le impide "genéticamente" volverse hegemónica. Gramsci afirmaba «El hecho de la hegemonía presupone que se tienen en cuenta los intereses y tendencias de los grupos sobre los cuales se va a ejercer la hegemonía, y que debe darse un cierto equilibrio de compromiso  –en otras palabras, que el grupo dirigente debe hacer sacrificios de tipo económico-corporativos. Pero no hay duda de que aunque la hegemonía es ético-política, también debe ser económica, debe basarse necesariamente en la función decisiva ejercida por el grupo dirigente en el núcleo decisivo de la actividad económica» (Cuadernos de la Cárcel).
Y Perry Anderson agrega "Puede verse ahora por qué la fórmula primitiva de Gramsci estaba equivocada. Es imposible separar las funciones ideológicas del poder de clase burgués entre la sociedad civil y el estado, en la forma en que inicialmente pretendió hacerlo. La forma fundamental «del estado parlamentario Occidental –la suma jurídica de sus ciudadanos– es ella misma el eje de los aparatos ideológicos del capitalismo. Los complejos ramificados de los sistemas de control cultural en el seno de la sociedad civil  –radio, televisión, cine, iglesias, periódicos, partidos políticos– juegan, indudablemente un papel  complementario decisivo en garantizar la estabilidad del régimen clasista del capital. También juegan el mismo papel, por supuesto, el prisma deformador de las  relaciones de mercado y la estructura obnubiladora del proceso de trabajo dentro de la economía. La importancia de estos sistemas no debe ser ciertamente subestimada. Pero tampoco se debe exagerar ni, sobre todo, contraponer al papel cultural-ideológico del estado mismo. (Las Antinomias de Antonio Gramsci). 

Todo esto viene a cuento de no comerse el verso de una nueva "hegemonía" del proyecto kirchnerista, con un candombe y el pase de algunas personalidades de la "cultura" (¿incluida Beatriz Sarlo?), al proyecto K. 
La coalición de gobierno, basada en gobernadores de derecha, sindicalistas gangsteriles e intendentes mafiosos - aunque sirva para ganar elecciones - está lejos de un "bloque intelectual y moral", por lo menos en el sentido que Gramsci lo entendía. Y el quiebre de esta coalición seguramente lo empezaremos a ver el mismo día después del triunfo electoral, claro, si la crisis mundial, como el diablo, no "mete la cola" antes.
La vanguardia de la única clase con capacidad "hegemónica", es decir la clase obrera, tiene que prepararse para esta perspectiva.




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