domingo, 9 de diciembre de 2012

7D: crónica de una derrota anunciada. Resultados y Perspectivas




Una derrota política, más que judicial
La extensión de la medida cautelar que dictó la Cámara Civil y Comercial a favor de Clarín tiene más importancia política que jurídica. Es una autoderrota política del kirchnerismo que depositó todas las expectativas en un 7D que, incluso sin medida cautelar de por medio, estaba teñido de dudas sobre el grado de cambios concretos que significaba en relación a los grupos capitalistas y monopólicos que controlan los medios de comunicación en la Argentina. La "desinversión" del grupo UNO (Vila y Manzano) desnudaba el carácter gatopardista que podía tener la Ley de Medios, como tantas otras políticas del kirchnerismo. La obtención futura de resoluciones judiciales a favor del gobierno (en lo inmediato, oficialistas y opositores descartan que esa posibilidad venga de la Corte) no significaría una reversión política inversamente proporcional a la derrota del 7D. Para Clarín se trata de ganar tiempo (que juega a su favor) mientras apuntala a la oposición burguesa y apuesta a la construcción de un sucesor que deje en el olvido la Ley de Medios.
Las razones o sinrazones que llevaron al cristinismo a este grave "error no forzado" tienen una lógica en el marco de la cadena de acontecimientos de un lento (aunque cada vez más acelerado) fin de ciclo.
La sucesión imposible y los laberintos del "modelo" (todavía con cierto aire por determinados factores internacionales), obligaron a una política de moderado, pero persistente ajuste. Esto terminó empujando a la calle primero a las clases medias más acomodadas en el sorpresivo 13S y el más preparado 8N, y después a una significativa franja del movimiento obrero en el paro general del 20.
Como a todo gobierno en agotamiento se le empiezan a animar todos. El fallo del juez Griesa a favor de los fondos buitres puso en riesgo de default a la Argentina y su política sui generis de "desendeudamiento soberano con pago al contado". Obligó al gobierno a reabrir canales de negociación con los más buitres de los fondos buitres, para "profundizar el modelo" también en este terreno, es decir, para seguir pagando. Después vino el "exhorto" de la corporación judicial y el mismo día la cautelar que desvaneció en el aire el poco sólido 7D. En paralelo en el terreno político Scioli comienza su despliegue tiempista sin ruptura pero con marcado distanciamiento, una táctica que parece más eficaz que el enfrentamiento abierto de De la Sota; aunque los dos expresan la pérdida de hegemonía del cristinismo dentro del movimiento peronista. Por eso Scioli empieza a erigirse como la más amarga consecuencia de la resignación del cristinismo puro, como el producto de su derrota y el sapo más prominente para su estómago todo terreno.

Bonapartismos
Si en el momento de ascenso político los aciertos y la fortuna parecían infinitos, en el declive se multiplican los errores. Ante la pérdida de base social que hasta hace un año nomás alimentó el 54%, el gobierno aceleró la búsqueda de un éxito político y épico. El motor no está en el interés por la desmonopolización en un país repleto de corporaciones monopólicas u oligopólicas (las telefónicas, Techint, las mineras, las automotrices) intactas bajo los años kirchneristas; sino en un intento bonapartista con la ilusión de lograr el efecto centrípeto que tuvo la nacionalización parcial de YPF, que también vino después de catástrofes sociales y crisis políticas centrífugas (Boudou-Ciccone). El hecho de intentar repetirse a sí mismo es una confirmación de la decadencia, con serio riesgo de locura. Hace poco un amigo nos recordó el sabio consejo de Einstein: "Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados". Los errores del cristinismo muestran que entra en terreno de peligroso desequilibrio político.
El elemento de mayor fortaleza del arbitraje bonapartista en su momento de ascenso se convierte en el factor de todas sus debilidades en su etapa de declinación. Lo está viviendo por estas horas dramáticamente la Venezuela de Chávez y también con otros ritmos la Argentina kirchnerista. La sucesión imposible vuelve "al régimen (o en nuestro caso al gobierno-NdFR) susceptible de tijeretazos y socabamientos de otros competidores por ocupar el primer lugar", como describe Geroge Novack uno de los talones de Aquiles  de los bonapartismos. En el caso del venezolano, la crisis de su ciclo se acelera o se desata por las posibles consecuencias fatales de una enfermedad terminal. En la Argentina, en la que por el contrario una muerte le aportó (sobre)vida al bonapartismo gubernamental, la crisis del proyecto es propiamente "endógena", absolutamente política (entendiendo por política la "economía concentrada"), la consecuencia más evidente de sus propios límites.

Resignación y corporaciones
La resignación y la impotencia son las pruebas más tajantes del fin de ciclo del proyecto restaurador. Resignación ante el pejotismo blanco de Scioli, resignación ante los más buitres de los fondos buitres, resignación ante la justicia y resignación (ay!) ante el mismísimo Clarín. Así lo reconocen con distintos grados de honestidad intelectual Horacio Verbitsky y Mario Wanfield, cuando afirman que esta Ley de Medios no significa la pérdida del poder político-económico de las corporaciones.
Es que la fuerza material y las fuerzas morales a la altura de un verdadero combate a las corporaciones sólo pueden ser el producto de un programa, de una estrategia y una política que no está, ni cerca, en la naturaleza del proyecto restaurador kirchnerista, por más que le pese el progresismo K, a esta altura doblado de resignación. La estrategia y la táctica de apoyarse en unos monopolios contra otros y unas corporaciones contra otras, de medidas cautelares + recitales comercial-populares en Plaza de Mayo, no prefiguran una fuerza social y política con la capacidad de "derrotar a las corporaciones". Mucho menos si en el mismo momento se lleva adelante una política de ajuste y ataques al nivel de vida de las amplias masas (inflación, impuesto al salario, aumento de tarifas etc.). Y se pretende poner fin por decreto al aumento de las aspiraciones populares que reclaman, de mínima, aunque sea el cumplimiento del prometido "Nunca menos".
La lucha contra las corporaciones requiere del concurso de una fuerza social obrera y popular, un programa y una estrategia, mucho más que un relato cada vez más vacío del "como sí". En el caso del combate a los monopolios mediáticos, del concurso en primer lugar de los trabajadores de prensa y de los trabajadores en general. Pero no es distinto en el caso del resto de las corporaciones económicas y políticas (sirvientes y garantes de sus privilegios). La naturaleza  política del kirchnerismo, que no llegó ni siquiera a adoptar los contornos "sui generis" de los bonapartismos del siglo XX o del chavismo, es la negación misma de la posibilidad del surgimiento de esa fuerza social y política. Su etapa superior cristinista que desfondó la alianza social del "kirchnerismo de los orígenes", subida al caballo del 54%, es "la negación de la negación". El reformismo kirchnerista (como lo muestra, para nombrar un caso, el subte entregado al macrismo) cumple la ley de todo reformismo: es el camino más rápido y seguro para la derecha.
Si algo positivo puede sacarse de esta "batalla cultural" es que de las medias verdades que se dicen de ambos bandos saca a la luz la podredumbre de la "cultura política burguesa" en su conjunto. De un régimen político y social que imposibilita la "libertad de prensa", donde no existe la "justicia independiente", donde violan permanentemente las normas de su propia democracia, confirmando la sentencia leninista de que la democracia capitalista, es una "democracia para ricos". El "Ni corpo, Ni Korpo", cobra fuerza y auditorio político.

El 19D y las funciones del moyanismo
La marcha de Moyano y Micheli del 19D se inscribe en este dinámico presente argentino. La movida de la burocracia tiene varios motores y funciones. Si el moyanismo no actuara como válvula de escape "cautelar" (para seguir la onda) del descontento obrero que se expresó patente en el pronunciamiento del 20N, el "riesgo" para el régimen sería que esto irrumpa de manera peligrosamente radicalizada. Junto con Ruth Werner decíamos acá: "La crisis de estas burocracias ultra-K es una oportunidad para el avance del clasismo"; en un apartado, bajo el título "Peleas por la sucesión y crisis de la burocracia sindical K". La reflexión incorporaba a todas las direcciones sindicales oficialistas, aunque se centraba en las más subordinadas. Esta sintomática rebelión en una fábrica de un gremio estratégico como SMATA, es ilustrativa de la crisis...y la oportunidad. Si Moyano siguiera siendo "ultra-K", esto podría ser generalizado en el movimiento obrero. Una función estratégica que, para ser justos, es poco reconocida por las clases dominantes al "hombre del camión".
El otro motor de Moyano (y Micheli) es su aspiración a ser la pata "social" que adorne una nueva ilusión/frustración burguesa (Scioli o Binner), esto expresa el carácter oportunista de la burocracia sindical. 
Pero su función solo pueden cumplirla sacando los sindicatos a la calle. La marcha del 19D es, evidentemente, una medida menor que el paro del 20N. Pero no es menos cierto que esta nueva movilización se da después de ese pronunciamiento político nacional, de un paro general que cambió sensiblemente la situación objetiva y subjetiva de parte de la clase obrera. La izquierda logró visibilidad demostrando inserción orgánica en minorías intensas que le dieron la capacidad de aprovechar la medida para expresar una política independiente, es decir, mostró una forma de frente único que permitió "pegar juntos y marchar claramente separados".

Frente único e izquierda
El más limitado 19D tiene a su vez la potencia para la izquierda clasista de darse después de la experiencia de masas del 20N. Si la marcha plantea la posibilidad de expresar una política independiente tanto hacia los que se movilicen como hacia quienes sigan por los medios de comunicación este hecho político nacional con el movimiento obrero nuevamente como protagonista; es una obligación dar la batalla por hacer carne esa posibilidad. La política oportunista de convocar a la marcha en el aniversario de las jornadas revolucionarias que fueron bombeadas en su momento por Moyano y Micheli, no puede ser un elemento que evite dar este combate político. La izquierda no puede limitarse a hacer una marcha "propia" el 20, que es legítima, mientras no se convierta en una oposición al 19D, en una re-edición farsesca de un "tercer periodo" de "sindicatos rojos"...y más cuando esta política viene de quienes tienen escaso peso sindical para pintar de rojo.  
Ante la nodal cuestión del Frente Único, León Trotsky explicaba pedagógicamente:
5.- El Frente Único, ¿comprende solo a las masas trabajadoras o incluye también a sus dirigentes oportunistas?
El solo hecho de hacer esta pregunta demuestra incomprensión del problema.
Si pudiésemos simplemente unir al proletariado en torno a nuestra bandera o alrededor de nuestras consignas prácticas, y saltar por encima de las organizaciones reformistas, ya fuesen partidos o sindicatos, lógicamente, esto seria lo mejor del mundo. En este caso, el problema del Frente Único no existiría en su forma actual.
La cuestión surge de que algunos sectores muy importantes del proletariado pertenecen a organizaciones reformistas o las apoyan. Su experiencia actual es demasiado insuficiente para permitirles abandonarlas y unirse a nosotros. Es precisamente luego de intervenir en aquellas actividades de masas que están a la orden del día, que se producirá un gran cambio en la situación (las negritas son nuestras NdFR)
Si pudiésemos "unir al proletariado en torno a nuestra bandera o alrededor de nuestras consignas prácticas" el 20, en el aniversario de las jornadas y "saltar por encima de las organizaciones reformistas", tendría legitimidad una política de llamar a la Plaza con la izquierda y rechazar "in limine" el 19D (para seguir con la moda leguleya). En tanto y mientras se mantenga el carácter de una manifestación sindical con consignas esencialmente progresivas y que pide gran parte del proletariado, más allá de sus dirigentes oportunistas, es necesario "intervenir en aquellas actividades de masas que están a la orden del día". Lo contrario es un error de "leso sectarismo" que, como ya sabemos, es la contracara del oportunismo electoralista.

4 comentarios:

  1. Muy bueno Fer. Sólo un "apunte cordobés". Como De la Sota nunca fue parte de la coalición K, está obligado a hacer algo de "vandorismo político", golpeando para después negociar su lugar o el armado que pueda surgir. En estos años, cuando tuvo algo de "buena onda" fue porque se subordinaba abiertamente.
    El problema que tiene el Gallego es que corre de atrás por su escaso conocimiento a nivel nacional. En función de eso está obligado a patear el tablero cada vez más, ante un Scioli que es parte del "proyecto" y puede imponerse gradualmente desde adentro, como sapo que hay que tragar.

    abrazo

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  2. "...circula aún hoy por el mágico campo de las etimologías una muy juiciosa que relaciona con la mirra el adjetivo "esmirriado". Esmirriado es lo flaco, lo extenuado, lo consumido. Y lo es por su semejanza con el aspecto de los cadáveres "mirrados", embalsamados con mirra, momificados..."

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  3. Oportuncrisis. Muy bueno el post.

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