viernes, 6 de septiembre de 2013

Borges, Perón, la herencia y la apuesta


A partir del texto de David Viñas sobre Borges y Perón, Juan Dal Maso escribió un interesante post sobre el primero como "intelectual tradicional" y el segundo como "intelectual orgánico", símbolos ambos de una Argentina hoy inexistente. 
Y en cierta medida es lo que decía Viñas en ese breve ensayo sobre la infinitud de las combinaciones de un pensamiento burgués finito; combinaciones que ya estaban agotadas para él, en la Argentina de comienzos de los años 80s. del siglo pasado.
Y tenía razón, a los sumo lo que se vivió desde aquel tiempo a esta parte es un refrito de combinaciones agotadas. Dice Viñas "Sucede que el verticalismo al que me refería –tanto el de Perón como el de Borges– acarrea, tanto en los liberales-elitistas como en los nacionalistas-populistas, una adhesión exenta de crítica, incondicional en la mayoría de los casos; eclesiástica, diría. Y con ella todo lo que suponen el star system y el star cult: filisteísmo, identificación y proyección inmovilizadoras, autosatisfacción, incondicionalidad. Herencia a lo sumo, no apuesta".
Y efectivamente tanto las tradiciones liberal-elitista (con La Nación como tribuna de doctrina), como la tradición nacional-populista, parasitan, a lo sumo, una herencia, de la que toman la mayoría de sus vicios y ninguna de sus virtudes. Pero no hay apuesta a renovación alguna.
Y otra cuestión interesante que plantea Viñas, es que esa "batalla cultural" argentina fue siempre una lucha entre fracciones de las clases medias que, en última instancia, discutían como "mandar" mejor al otro, si con el látigo o la espada, o con los cantos de sirena de las concesiones y los distintos lenguajes populistas o progresistas.
La Nación hace una editorial con cada una de las peores frases "políticas" de Borges, sin tener a nadie que se acerque a su mejor literatura (que puede tener una lectura "política" mucho más interesante). Y la "cultura kirchnerista" pretende reconciliar (o más bien amontonar) a todas las tendencias políticas y culturales que atravesaron la historia del peronismo y sus regiones fronterizas. Desde Cámpora y Oesterheld, pasando el sciolimenemismo y hasta los Alberto Villar de nuestros días. Todos "teorizados" por Carta Abierta con refritos de Jauretche en la particular lectura duhaldista de "Animal" Fernández.
Y el kirchnerismo también hoy discute más la herencia que la apuesta, sin siquiera la "honorabilidad" de la huida en la cañonera paraguaya, sino observando impotente su muerte y transfiguración consensual y democrática: del kirchnerismo a alguna variante de sciolismo.
La decadencia de la Argentina burguesa no da un Perón, sino a Cristina (o a lo sumo a Néstor), como tampoco da un Borges, sino a Marcos Aguinis. Es lo que hay.
Las dos grandes tradiciones culturales "elitistas" a su modo, sobrevivieron después y en parte gracias a la dictadura y al neoliberalismo, y no hacen más que repetirse, con la mala calidad que caracteriza a las segundas (o las terceras) partes.
A lo viejo que no termina de morir, hay que derrotarlo con lo nuevo que de alguna manera tiene un nuevo comienzo en la Argentina, en Latinoamérica y en el mundo. Y que también tiene su herencia, pero que debe tener mucho más de apuesta. Una apuesta a que la batalla cultural y política, deje de ser una lucha de clases medias y logre que las masas tomen en sus manos el gobierno de sus propios destinos.

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