lunes, 7 de abril de 2014

Alfonsín, el portavoz más lúcido (o sobre la alfonsinización del kirchnerismo)


Raúl Ricardo Alfonsín parece ser el nuevo punto de consenso de la "republicanización" del kirchnerismo. Acá y acá se escribió sobre la cuestión. Y hasta escuchamos a Horacio González citarlo como autoridad política y moral para pensar las perspectivas del kirchnerismo: "cuando la sociedad gira a la derecha, hay que prepararse para perder elecciones", dicen que dijo Don Raúl. 
Parece que cuando la sociedad giró muy a la izquierda y a la vez muy a la derecha, había que guiarse por otros "principios"...  
Posteamos un extracto de Alejandro Horowicz sobre las posiciones del viejo dirigente radical, después del golpe de estado. 

"A semanas del golpe el radicalismo orientado por Raúl Alfonsín comenzó a publicar un mensuario: Propuesta y Control. El nombre resulta curioso, ya que no pareciera dirigido ni a los afiliados ni a los simpatizantes de la UCR. No bien se leen los primeros números queda claro que la propuesta está destinada al hipotético control de las Fuerzas Armadas y de su gobierno. En el Editorial: "La participación de los trabajadores" se lee: "[...] a veces se exhibe como único denominador común y exclusivo centro de actividad la lucha antisubversiva. Más allá de esta lógica coincidencia generalizada, solo pueden mostrarse vaguedades y contradicciones".
En su doble condición de dirigente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) y de la UCR, Alfonsín subraya que el "único denominador común" con el gobierno es la "lucha antisubversiva". Es evidente que no ignora en qué consiste; por eso escribe: "El ámbito para desarrollar la participación es el respeto por la libertad, la igualdad y la dignidad de los hombres, espacio vital imposible de obtener en el marco de una guerra sucia en la que la guerrilla ha logrado el objetivo de que la voz de los exaltados truene como la de Marat: dictadura o derrota". Curiosa aseveración: recién empieza la lucha y ya es "sucia", de modo que resulta constitutivamente "sucia", y por lo tanto impide la "dignidad de los hombres". No es el gobierno de la dictadura, sino la guerrilla que "ha logrado el objetivo"  dictadura o derrota. En criollo, solo la dictadura evita la derrota a manos de la militancia popular. En consecuencia Alfonsín sostiene: "Aquí no está en juego el triunfo de una cierta concepción política. Aquí estamos frente a la necesidad de actuar para evitar la disolución nacional". 
En suma, dos posiciones: respaldar al gobierno de Videla o a la subversión apátrida. Bajo el título "El otro flanco" escribe por si quedan dudas: "En la difícil situación por la que atravesamos, para preservar el orden y la cohesión, se necesita un mínimo de adhesión, sin la cual nos ubicaremos en el tobogán de la desobediencia que conduce a la resistencia y a la subversión".
La demarcación era precisa, de un lado la gente decente y del otro las corrientes revolucionarias. Las zonas grises "en la difícil situación que atravesamos" no se permiten, ni practican. Conviene en este punto cruzar el planteo de Alfonsín con las indicaciones "legales" del Proceso. Debemos admitir que son perfectamente intercambiables. En lugar de deducir la adhesión al gobierno de los postulados del Proceso, la infiere de la naturaleza de la situación. Una cosa sólo argumentativamente difiere de la otra. En rigor, una presupone la otra. Alfonsín fundamenta los postulados del Proceso con razones que el gobierno no creyó necesario pronunciar entonces: la excepcionalidad de la situación. Dado que "la guerrilla ha logrado el objetivo de que la voz de los exaltados truene como la de Marat: dictadura o derrota". Ergo, para evitar la derrota no solo acepta la dictadura sino que le brinda "un mínimo de adhesión", ya que según un viejo adagio jurídico "la necesidad no tiene ley".
La postura de Alfonsín no le produjo ninguna tensión puertas adentro de la APDH. Y sin embargo, daba cuenta de un cambio jurídico copernicano: nunca ningún golpe de estado en la Argentina había exigido y obtenido el consentimiento de todos los partidos del arco parlamentario para la prohibición de toda forma de oposición. La única política "legal" era respaldar la política formalmente ilegal de un gobierno cuya legitimidad solo ponía en tela de juicio a los subversivos. Aún la revolución libertadora se sintió en la obligación de justificarse con un argumento "tradicional": el retorno de la Constitución. En cambio, el sistema político aceptaba, compartía, apoyaba defendía un orden que le confiscaba sine die la legalidad de toda acción independiente.
Por cierto Alfonsín representaba bastante más que una corriente interna del radicalismo, actuó -esto último retrospectivamente- como el portavoz más lúcido del nuevo orden inaugurado en 1976. En ese sentido, su triunfo en las elecciones de 1983 coronó tanto su aptitud para mimetizarse con el 24 de marzo como su capacidad para diferenciarse de la crisis militar posterior a Malvinas.
¿Éste es un comportamiento extraordinario?
De la lectura de la lista de intendentes que la dictadura burguesa terrorista unificada conservó en sus cargos o convocó inmediatamente después del 24 de marzo surge que sobre un total de 1.697 municipios 301 intendentes (35%) corresponden a la Unión Cívica Radical; 169 al Partido Justicialista (19,3%); 23 a neoperonistas (2.7%); 109 a los Demócratas Progresistas (12.4%), 94 al Movimiento de Integración y Desarrollo (10.7%), 78 a fuerzas federalistas provinciales (8.9%), 16 a la Democracia Cristiana (1.6%); y 4 al Partido Intransigente (0,4%). De modo que el arco parlamentario estaba representado según una curiosa lectura militar. Era, por reproducir una fórmula de época, sin duda un gobierno cívico militar.
El Partido Comunista (PC) fue sumamente claro al respecto. A través de uno de sus dirigentes caracterizados sostuvo tras la derrota en Malvinas: "El Partido Comunista evitó el grave error que hubiera significado enfrentar la Junta Militar, así como el de apoyarla ciegamente. Además de ser la suya una política de principios, permitió conservar las posibilidades legales, tan importantes para la lucha por un Convenio Nacional Democrático"
Para evitar cualquier malentendido Orestes Ghioldi explica: "En el terreno político, en su acepción más general, se abrió la posibilidad de que la clase obrera y sus aliados logren forjar la alianza con los sectores nacionalistas de las fuerzas armadas" 
Amén...(NdFR)

Alejandro Horowicz, "Las Dictaduras Argentinas. Historia de una frustración nacional" (Edhasa, 2012)

Volvé relato "camporista", te perdonamos todo lo que nos hartaste...    

2 comentarios:

  1. “—¿y vos, por quien votaste? ...me imagino que por Luder-Bittel?
    —¡Vos, sos loco!, si llegaban a ganar estos, nos volvían a meter presos!”

    En honor a la verdad histórica Alfonsín fue uno de los pocos dirigentes políticos que repudiaron la aventura militar en Malvinas en su momento. Después del fracaso, sí, ya fueron tomando distancia los que antes la habían apoyado. Quitando esta falsa aseveración nos queda que para el autor -tal como lo admite, “restropectivamente”- Alfonsín resulta ser el portavoz más lúcido del proceso debido a su triunfo en las elecciones de 1983.
    “La derrota electoral de 1983 no fue cualquier derrota. (...) [Se quebró] ...así una suerte de ley de hierro de los procesos electorales argentinos según la cual libre sufragio equivalía, desde 1946, a triunfo peronista. La probabilidad de perder una elección presidencial libre no parecía tener cabida en el horizonte de expectativas de dirigentes, militantes y adherentes peronistas. En la memoria electoral del partido, las elecciones presidencias libres equivalían prácticamente a una actualización plebiscitaria de la autoridad del líder. Quienes dirigían el partido en 1983 no parecían haber perdido esa autoconfianza partidaria. En todo caso, no parecían estar preparados para ser vencidos.” / Ricardo Gutiérrez / Entre movimiento y partido: un análisis de las transformaciones organizativas del peronismo (193-1995)- Política y Gestión número 5, 2003, p.34
    “El triunfo de Raúl Alfonsín en elecciones libres irrestrictas y la transformación de la UCR en una opción de gobierno rompieron con un dilema previo del radicalismo: gobernar bajo la proscripción del peronismo (1955-1966) o subordinarse a su estrategia de gobierno (1973-75), La estrategia desplegada por Alfonsín demostró que la UCR tenía capacidad para liderar la movilización política, para penetrar en el "campo popular" tradicionalmente adscripto al peronismo y, finalmente, para derrotar electoralmente a los sucesores de Perón" / Ricardo Gutiérrez / p.63, op. cit.
    “El resultado electoral favorable a la UCR fue la consecuencia de que esta fuerza logró simbolizar el estilo político adecuado para la etapa de reconstitución del tejido democrático que se iniciaba: partido consustanciado con la democracia política y respeto al pluralismo. (...) Raúl Alfonsín presentaba la imagen del político antagónico con toda forma de autoritarismo. El peronismo, cuya fórmula encabezaba el Dr. Italo Luder, se presentaba frente al electorado sin ninguna imagen autocrítica superadora de los caóticos y tormentosos tiempos de Isabel Perón, dando la imagen a una parte de la población de ser continuidad constitucional del mismo Proceso.” / Julio Godio / Historia del Movimiento Obrero Argentino Tomo II (continúa)

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  2. Por más esfuerzos del oficialismo en revestirse del primer Alfonsín, lo cierto es que el kirchnerismo alimentó el resentimiento, recordemos al mismo N. Kirchner en su discurso a-histórico en la ESMA cuando dijo que venía a pedir perdón en nombre del estado que nunca había hecho nada. Más atrás en el tiempo la claudicación de las banderas de memoria, verdad y justicia en aras de la reconciliación nacional mediante los indultos a las cúpulas militares y a los jefes guerrilleros de Menem, la no integración del PJ a la CONADEP.
    Pero como se trata nada más que de un “aggiornamiento” de una pátina superficial puesto que de profundizar podrían encontrarse con el meollo del asunto -a la luz de la ley antiterrorista, el nombramiento de Milani, el proyecto anti-piquete, etc.- como lo es aquella famosa denuncia del pacto sindical-militar, que “...había logrado (...) asociar al peronismo con diferentes formas de autoritarismo en el pasado, ya sea “propias” (corporativismo) o por alianzas (golpe de 1966, Triple A, colaboración sindical con el Proceso, etc.).” / J. Godio, op.cit. De esa manera Alfonsín, dejó planteado a toda la sociedad quienes eran los representantes electorales del “Proceso”, lo mismo que decir quienes venían a ser la continuidad del antiperonismo: “...los militares del Proceso se propusieron acabar con el peronismo con el objetivo último de resolver todos los "males" argentinos y fundar un nuevo orden basado en el mercado." / R. Gutiérrez / p.62, op. cit.

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