miércoles, 13 de julio de 2011

Elecciones porteñas: los kirchneristas y sus "confesiones de invierno"


Leímos atentamente los análisis de la prensa, así como de la blogósfera (kirchnerista, peronista o troska), sobre el triunfo de Macri el domingo en la CABA.
Varios plantearon elementos con los que coincidimos: un voto esencialmente conservador, pero en el sentido de que puede serlo también para CFK en las primarias o en octubre. Es decir una manifestación conformista, para que todo siga más o menos así. El crecimiento económico que se mantiene y el consumismo, están en la base del triunfo de los oficialismos que parece ser la tendencia general en el país.
Pero lo que queremos destacar son las verdades que se les escapan a los progres kirchneristas, cuando hacen el balance de porqué perdieron con Macri. Dejando de lado los que le echan la culpa al pecho de "pantriste" (que es verdad que siempre está temperaturas bajo cero), cuando van a lo más general dicen:

1/ Macri ganó, porque muchos de los que trabajan, pagan alquiler, tienen créditos y no les alcanza para una casa propia, tienen bronca con el "populismo" de la AUH y que le regalen a los pobres, lo que a ellos les cuesta el sudor de su frente. Y el gobierno no "pudo" ser una alternativa para esta gente. Eva Row describe más o menos así el razonamiento de este sector: "La jubilación ha sido una gran cosa. También la Asignación Universal. Pero a ellos no les alcanza. Quieren un vivienda mejor. Viven como en la villa, pero pagando, pagando, pagando".
Conclusión: bajo la administración K (después de 8 años!), los salarios son malos, el trabajo precario, la inclusión no es tal, la vivienda es una cuestión inalcanzable y la AUH no es más que un paliativo. Se "vive como en la villa, pero pagando, pagando, pagando...". La calidad del empleo y el poder de compra de los salarios, la usura de los créditos de los bancos y hasta la vivienda, son esencialmente responsabilidad del gobierno nacional, el que debería ser la "alternativa"... 

2/ El discurso de recuperación de lo público no va, "lo público es para el que está en la última" (Ezequiel Meler).
Conclusión: en boca del kirchnerismo, la "recuperación de lo público" no es más que eso: un discurso. No pueden mostrar nada cualitativo de "recuperación de lo público", que sea eficiente, simplemente porque no han recuperado nada de las privatizaciones y el estado general de los servicios básicos (educación y salud), sigue siendo malísimo. ¿O los hospitales de La Matanza o José C. Paz, gobernados por Scioli o los intendentes amigos, pueden mostrar una realidad distinta de un esplendor de la  "recuperación de lo público"?

3/ El discurso de los DDHH, no le interesa al que tiene problemas concretos todos los días (Eva Row). 
Conclusión: en boca del kirchnerismo, no es más que eso: un discurso. No se desmantelaron los aparatos represivos, todo lo contrario se fortalece la represión, se mantienen en funciones a policías y hasta jueces que vienen de la dictadura. Y por arriba se habilitó el juzgamiento de algunos represores emblemáticos. Peor aún, el uso (y abuso) por parte del gobierno de un sector de los organismos para adornar la política de la coalición de gobierno, terminó primero en el caso Shocklender y ahora llevó al desprestigio político de uno de los emblemas de los "nietos recuperados", Juan Cabandié, convertido en uno de los jefes de una banda de arribistas y además fue uno de los grandes derrotados en este elección.
Estos son solo algunos de los argumentos, para no nombrar a aquellos que reclamaron que los gendarmes a las zona sur se tendrían que haber mandado tres meses antes o incluso a los que van más allá y dicen que también hay que utilizar la "fiesta" y los "globos", para transmitir alegría. Es decir, tomar no solo la agenda de Macri, sino hasta la forma menemista (este...ejem) de la campaña.
Muchos lectores del blog dirán que esto es lógico, porque está en la naturaleza del kirchnerismo esta "impotencia" para "enfrentar a la derecha". Y que estas denuncias sobre los límites del "proyecto nac & pop", es lo que planteamos en los pocos espacios que tuvimos desde el Frente de Izquierda. Sin embargo lo novedoso es leerlo o escucharlo de boca de los mismos K. A confesión de partes...

Kirchnerismo, progresismo, populismo y peronismo

Los peronistas ortodoxos, a los que hace un tiempo se les sumó Artemio Lopez, dicen que hay que cortarla con eso del progresismo, que el "el kirchnerismo no es un progresismo". Es uno de los populismos, que, como los infinitos de Hegel, los hay de dos tipos: buenos y malos. El populismo de Macri es el malo y el populismo de CFK, apoyada en los intendentes, gobernadores derechistas, que administran con los mismos métodos de Macri, es el bueno.
No importa que los punteros de Macri que le ganan los votos de la zona sur, tengan exactamente los mismos métodos que utilizan los de Ishi para ganar votos de para CFK en José C. Paz
Lo que los peronistas ortodoxos no entienden o no quieren entender es que después del 2001, el kirchnerismo tuvo que adoptar varios discursos y algunas medidas simbólicas (derechos humanos, "renovación" de la corte, discurso de la "no represión", "lucha" contra Clarín) que combinado con el crecimiento basado en la devaluación duhaldista y la tendencia favorable a la región en la economía internacional, se convirtieron en una "estrategia de pasivización". Esto es lo que entusiasmó al "progresismo" y a cierta intelectualidad, que ahora confiesa los límites de estas medidas para "enfrentar a la derecha". Es verdad que el centro de gravedad siguió siendo el "bloque" del peronismo territorial y la burocracia sindical. Pero sin el "condimento progre" (e insistimos la suerte de la economía), quedaba reducido a duhaldismo puro y duro y en tanto tal, incapaz de cumplir su función, ante la crisis orgánica abierta en el 2001.
En fin de este ciclo político se comenzó a expresar con el giro más abiertamente hacia el pejotismo que comenzó NK y ahora se expresa en la interna latente que subyace bajo la lucha por interpretar cual es el verdadero "sustrato" del kirchnerimo o del cristinismo: si progresismo o peronismo populista. CFK le sumó a esto el intento de armar "tropa propia" por arriba, agudizando las tensiones y quemando puentes con los que pueden cumplir el rol de contenedores en el movimiento obrero o en el territorio.
Incluso el giro a la derecha, desde los años en que los piquetes y las huelgas eran las "tensiones del crecimiento", los pañuelos blancos y el nombre de las Madres no se lea caía de la  boca en cualquier acto político, cuando la juventud era heredera de la "juventud maravillosa", setentista y montonera; cuando no habían asesinado a los Qom, a los sin techo del Indoamericano o a Mariano Ferreyra; algo dice también de la elección porteña. Lo que actuaba como un discurso habilitante y en cierta medida generaba politización, hoy trocó en un discurso de una nueva "épica de la gestión", de la condena de las huelgas y los piquetes (y la persecusión judicial correspondiente a los luchadores), símbolos de otra nueva y descafeinada "batalla cultural" de estos años cristinistas, que cada vez deja más "progresistas" pedaleando en el aire. La calentura de "Rodolfito" no es nada más que una expresión extrema de esta impotencia.
Más allá de las próximos triunfos y derrotas de coyuntura, el fin de ciclo político emerge permanentemente, en la economía interna la inflación muestra los límites del modelo (con su consecuente cada vez mayor intento de contener las paritarias), y en la economía internacional éste es solo un hecho más de la crisis en curso. La batalla del Frente Izquierda, en el terreno electoral, es una más de las tareas preparatorias hacia los estallidos que estas contradicciones anuncian.





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