jueves, 13 de septiembre de 2012

La disidencia y la izquierda revolucionaria




La pelea entre Cristina Fernández y el presidente de Techint, Paolo Rocca fue un aviso de los empresarios. Por más que ahora se “reconciliaron” el reclamo se hizo escuchar. Paolo Rocca, integrante de la Asociación Empresaria Argentina, la central que nuclea a las patronales más poderosas del país, se queja porque los “salarios altos” son un factor determinante de lo que llama “pérdida de competitividad” (ver pág. 5) El empresario dijo públicamente lo que piensa un amplio sector de las patronales. Luego de aprovecharse de la devaluación que abarató el salario obrero y después de años de pelea de los trabajadores, que permitió cierta recuperación salarial, las patronales aducen falta de competitividad y pretenden seguir ganando como antes, vía aumentos de productividad o nuevas devaluaciones. La inflación es otro signo del agotamiento del modelo, empresarios que no reinvirtieron sus fabulosas ganancias, con el aval del gobierno, ahora exigen volver a ser “competitivos” con el saqueo del salario.

En el escenario político, De la Sota se propone como presidenciable dentro del peronismo, ante la falta de candidato propio del kirchnerismo. De la “Soja” esconde sus intenciones políticas detrás de un presunto reclamo “federal”. La línea “destituyente” del kirchnerismo contra el gobernador Peralta de Santa Cruz, suma otra interna por arriba.

El operativo re-reelección, que el gobierno utiliza para evitar que surjan competidores internos y que los progresistas disfrazan con el cuento de una reforma “antineoliberal”, le facilitó a la oposición, a la que ahora se sumó Moyano, amontonarse para golpear al gobierno.

Se estrecha la base de apoyo político al oficialismo que depende casi exclusivamente del “viento de cola” de los altos precios de la soja, que le permiten sostener la caja. A la fuga de Moyano, ahora se suma el enfrentamiento con De la Sota, Peralta y la disidencia de otros referentes peronistas como el gobernador de San Juan, José Luis Gioja, que criticó al IndeK por la evidencia de que nadie puede vivir con $6 al día. Aunque el gobierno siga disciplinando con fondos públicos a gobernadores e intendentes, la adhesión es cada vez más frágil.

La disidencia de los abajo

Más allá del cacareo seudodemocrático de las oposiciones mediática o política contra el abuso de la Cadena Nacional, el hartazgo de muchos trabajadores y sectores populares con los discursos de CFK en la TV, tiene un signo muy distinto.

La presidenta pretende tapar con palabras la ausencia de políticas que permitan expandir su base de sustentación. La catarata de intervenciones con anuncios cada vez más ajenos a las necesidades populares, desnuda la debilidad del “relato”. Cuando un trabajador, al que todos los días lo castiga la inflación o que sigue viajando en condiciones deplorables, protesta por la Cadena Nacional, expresa que ya no espera nada del discurso y que tiene otras urgencias que las que muestra el circo armado para la TV. El tardío anuncio de aumento de la asignación universal y la elevación del tope para cobrar la asignación familiar, no cambia esta situación.

Si la adhesión que tuvo el gobierno estuvo marcada por el ciclo económico ascendente y las conquistas que lograron los trabajadores (paritarias y trabajo, aunque precario); ante el cambio de sentido de la flecha, con desaceleración, “sintonía fina” y ajustes; las lealtades por arriba y por abajo se debilitan. Aunque la disconformidad no se exprese todavía bajo la forma de lucha de clases aguda con que se manifiesta en los extremos del país.

La disidencia irrumpe también en el movimiento estudiantil que, como siempre, actúa como “caja de resonancia” de las contradicciones de la sociedad. La mayor actividad y crecimiento de su sector de izquierda es una demostración de los límites del gobierno, que nunca pudo construir nada serio entre los estudiantes, pese a haber cooptado a sectores intelectuales y de la burocracia académica. La toma y las asambleas de Filosofía (y unas semanas atrás la de Sociales, ambas de la UBA) o los magros resultados del kirchnerismo en las elecciones de dos importantes facultades (Medicina y Económicas) atestiguan esta realidad.

La propuesta del voto a partir de los 16 años instaló en el debate público las crudas condiciones en la que vive, estudia y trabaja nuestra juventud, después de una década de kirchnerismo. Ante la maniobra electoralista de ampliación de un derecho formal, que desde la izquierda consideramos justo mucho antes que el gobierno lo “descubriera”, aparece la Argentina real con la total ausencia de derechos sociales y económicos para la juventud, demandas por las que los socialistas luchamos históricamente, ya que esta democracia para ricos es una envoltura que esconde bajo el lema de la “igualdad ante la ley”, las profundas desigualdades ante la vida.

Contra los delegados de base y de izquierda: NO PASARÁN

El “reclamo” patronal contra el salario de los trabajadores es lo que está detrás de todos los discursos de la presidenta cada vez que suelta su lengua contra las huelgas y los piquetes. Los patrones, la justicia, los burócratas sindicales tomaron nota para atacar las posiciones conquistadas por el sindicalismo antiburocrático y clasista que es una referencia para todos los trabajadores. A todas las formas que utiliza el Estado para perseguir a los delegados de base, ahora suman nuevos intentos de desafueros. Es un ataque al delegado de base, al activista, donde actúan conjuntamente la Gendarmería que espía con el “Proyecto X”, la Justicia, la empresa y muchas veces los burócratas sindicales. Pasa en Alicorp, en Kraft, en la empresa de colectivos de la línea 60, donde además cuentan con patotas de la burocracia de la UTA y la patronal, o en Molarsa de Neuquén (ver pág. 5). Es un asunto de carácter estratégico para las patronales y el gobierno porque apunta a debilitar el poder de la organización democrática de los trabajadores y acallar a los delegados e internas que expresan posiciones de avanzada en el movimiento obrero, los que defienden firmemente a los trabajadores.

Nuestros desafíos

La izquierda y en especial el Frente de Izquierda, con el peso político conquistado, expresión de su protagonismo en la lucha de clases y en los procesos más importantes de la vida política nacional, tiene el desafío de avanzar en la construcción militante en el movimiento obrero y la juventud, proponiéndose como una alternativa para los sectores que se desencantan con el kirchnerismo. Por eso levantamos la propuesta para debatir con todos estos sectores la idea de poner en pie un “partido de trabajadores sin patrones”.

La pelea por el derecho al voto juvenil y por todos los derechos democráticos, pero también sociales y económicos, tiene el objetivo de organizar a cientos de jóvenes. Tomamos el desafío político y vamos a la batalla por la conquista de la juventud obrera y estudiantil, que ni el kirchnerismo, ni la oposición de derecha pueden cautivar y mucho menos organizar de manera militante. Las primeras voces de los jóvenes que reclaman sus derechos, en un proceso de amplia deliberación en los colegios, constatan que es un verso retrógrado el argumento de la “inmadurez” que plantea la derecha, pero también que hay una amplia oposición a la regimentación de la juventud y del movimiento estudiantil, por parte del Estado (ver pág. 3)

Para el PTS se trata de huir de todo sectarismo e intervenir audazmente en la disidencia, con tácticas y movimientos que nos permitan crecer de manera cualitativa en fuerza militante y conquistar peso decisivo dentro de la izquierda. Para batallar contra toda deriva frentepopulista, como la del Partido Obrero y sus alianzas centroizquierdistas en la universidad, o su contracara sectaria, como su política en el Ferrocarril Roca; u oportunistas, como el caso Izquierda Socialista que se puso a la cabeza de una lista contra la dirección clasista del Sindicato Ceramista de Neuquén, en alianza con el PCR y miembros de La Cámpora. El peso conquistado por nuestro partido en la “extrema izquierda” nos plantea esa responsabilidad en el destino y el rumbo de la izquierda en nuestro país. Una batalla que no es sólo de ideas y programa, sino de fuerza militante.

Pero no se puede avanzar sin defender las posiciones conquistadas. Hay que repudiar los ataques y buscar la más amplia solidaridad con los delegados y activistas perseguidos por las patronales, la justicia y la burocracia sindical. No pasarán sobre las posiciones ganadas por el sindicalismo clasista y de izquierda. Ellos son la vanguardia que puede hacer posible la perspectiva de “sindicatos sin burócratas”, un paso necesario para lograr la unidad de todo el movimiento obrero que en alianza con el movimiento estudiantil y la juventud combativa se prepare para enfrentar la crisis.

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