viernes, 21 de septiembre de 2012

Disidencias y oposiciones de distinta clase




Los cacerolazos de las clases medias descolocaron al gobierno y provocaron un cimbronazo político. El motor de las movilizaciones, apoyadas por los medios opositores, el macrismo, la iglesia y sectores del peronismo, es una disidencia por derecha contra el gobierno. 
Las patronales y la oposición mediática, intentan utilizar a estos sectores para fortalecer alternativas políticas patronales, y que esta disidencia sea canalizada en las elecciones de 2013. Por eso apuntalan a oposiciones de centroizquierda (como el FAP y su posible alianza con la UCR en algunos distritos), a la misma derecha de Macri o al peronismo no kirchnerista. Buscan menguar lo más posible el caudal de los K en las elecciones de 2013, para liquidar cualquier intento de reforma reeleccionista. Así pretenden obligar al gobierno a negociar un sucesor moderado (¿Scioli?) para las presidenciales de 2015.
Todos los partidos patronales, incluyendo la centroizquierda (y lamentablemente Izquierda Socialista o el MST de Vilma Ripoll), apoyaron las movilizaciones que, tras un discurso “republicano”, esconden un reclamo reaccionario para defender los privilegios de los sectores más acomodados de las clases medias.

Los cacerolazos y las libertades democráticas

La impronta de las movilizaciones mostró que no se trataba de una batalla progresiva por la ampliación de las libertades democráticas, efectivamente avasalladas por el cristinismo. No se reclamó contra las persecuciones a delegados o activistas, tampoco contra el espionaje del “Proyecto X”, el gatillo fácil o los asesinatos de los Qom o Soldati. A seis años de la desaparición de Jorge Julio López, no se nombró el reclamo de su aparición con vida. Ni siquiera hubo un pronunciamiento, ante el debate por el derecho al voto y los plenos derechos para la juventud.
El rechazo al “cepo” que afecta indiscriminadamente a todos los sectores medios, no se hizo para denunciar que con estas medidas el gobierno favorece a los grandes capitalistas; sino para rechazar cualquier tipo de intervención del Estado, desde una perspectiva que sólo puede favorecer a los capitalistas. Al no criticar a ninguna de las oposiciones políticas patronales, defender a monopolios como Clarín y plantear el reclamo contra la “inseguridad” exigiendo más poder para la policía y el Estado represor, son claramente funcionales a la oposición patronal.
El “cepo” al dólar, se realiza para garantizar divisas para el pago de la deuda. Se aplica arbitrariamente sobre el conjunto de la sociedad, mientras se favorece a los grandes monopolios que no tienen restricciones (ver pág. 4). El gobierno subsidia a los empresarios, mientras pone techo a las paritarias, manipula los índices del INDEC y se aplica sobre el salario el “impuesto a las ganancias”.
El repudio a la re-reelección y al abuso de la cadena nacional, es también sentido por amplios sectores obreros y populares, algunos vieron con simpatía a los caceroleros. Pero contra el intento K de perpetuarse en el poder y el manejo discrecional de los medios públicos, las otras variantes patronales no son alternativas progresivas.
Para aquellos que genuinamente rechazan el avasallamiento de sus derechos democráticos, la regimentación que impone el gobierno a las organizaciones obreras o estudiantiles, está planteado constituir una tercera posición independiente del gobierno y la oposición patronal, para ganar la calle por las demandas obreras y populares, incluyendo la pelea por ampliar las libertades democráticas.
Los socialistas revolucionarios, que consideramos que la verdadera salida de fondo es un gobierno de los trabajadores y el pueblo, y terminar con este sistema de explotación, somos los más consecuentes luchadores por los derechos democráticos. Luchamos sin sectarismo, con todos aquellos que quieran dar aunque sea algunos pasos en este camino. Por tirar abajo la Ley “Antiterrorista” votada por el kirchnerismo. Contra el intento re-reeleccionista, proponemos pelear por la revocatoria de mandatos de todos los representantes y que ganen el salario promedio de un trabajador, junto a medidas como la abolición de la figura presidencial, que cuenta con facultades de un rey sin corona. Nos manifestamos no sólo por el derecho al sufragio universal y obligatorio a los 16 años sino por todos los derechos para la juventud y los inmigrantes (ver págs. centrales).
Estas justas demandas democráticas están íntimamente ligadas al combate por el fin de la precarización, la indexación mensual automática de los salarios según inflación real, el fin del “impuesto al salario”, la generalización de las asignaciones familiares, la vivienda digna para todos en base a expropiar a los terratenientes urbanos y rurales y a un plan de construcción de viviendas para el pueblo trabajador. La nacionalización bajo administración obrera del sistema de transporte, para dejar de viajar como ganado, para lo cual es necesario afectar los intereses de los capitalistas con impuestos extraordinarios y progresivos a las grandes fortunas. Ante la regimentación arbitraria del gobierno sobre la compra de divisas, planteamos la expropiación de la banca, la creación de una banca estatal única, administrada por los trabajadores, que garantice créditos baratos para los sectores medios empobrecidos, afectados por las medidas del gobierno.
Con este programa, la clase trabajadora, en alianza con las clases medias empobrecidas y el resto de los explotados, puede ganar la calle para imponer una salida que de respuesta a sus demandas.

Disidencias y burocracia sindical

Junto a la disidencia por derecha también vienen surgiendo sectores que se oponen al gobierno y a los gobernadores desde otra perspectiva. Son los que luchan contra el ajuste de Scioli, de De la Sota en Córdoba, la rebelión de los ingenios azucareros del norte o la dura lucha de clases en Santa Cruz. También en el movimiento estudiantil, con la toma de los colegios y entre los trabajadores que rechazan el impuesto al salario, se expresa la disidencia. A ellos debemos sumarles los cientos de miles que, aunque pasivamente, empiezan a cuestionar los giros a derecha del gobierno, particularmente sus brotes represivos. Los 600 mil votos que obtuvo el FIT hace menos de un año son parte de este fenómeno. En los extremos de las disidencias, por derecha y por izquierda, también se expresa el odio. En las clases medias más acomodadas, odio reaccionario contra lo que afecte sus privilegios. Entre los más explotados, la juventud precarizada, la mujer trabajadora o los inmigrantes, también hay odio contra las condiciones de vida miserable que les impone el régimen y el gobierno.
Si toda esta oposición por izquierda al gobierno no tiene una expresión unificada en el escenario nacional ,es por responsabilidad de la burocracia sindical. La CGT oficialista discute quién o quiénes encabezarán una central apéndice del gobierno. La CGT-Moyano, apoyó los cacerolazos y trabaja políticamente para el peronismo de Scioli, e incluso se muestra en palcos con referentes de las patronales agrarias y hasta del macrismo. La CTA de Micheli es parte del proyecto de los “socialistas sojeros” de Binner, que salió exultante a apoyar las movilizaciones del jueves pasado (ver pág. 5). Ambas convocan a una movilización para el 11 de octubre con el eje, según sus primeras declaraciones, contra el impuesto al salario, una demanda justa, pero que afecta a una minoría de la clase obrera. La CTA afirma que también exigirá un salario mínimo de 5 mil pesos, igual a los planes sociales y a la jubilación mínima, 82% móvil, derogación de la Ley Antiterrorista y contra el tope a las asignaciones familiares. No levantan ninguna demanda por los precarizados, los que están en negro, es decir, por las franjas más explotadas. Hay que exigirle que rompan sus alianzas con los políticos y dirigentes patronales y convoquen a un plan de lucha por los reclamos de toda la clase trabajadora y el pueblo pobre.

Por un partido de trabajadores sin patrones y una alternativa independiente

Los cacerolazos pusieron en evidencia que la lucha también es política. Los trabajadores no podemos ser “neutrales” ante los proyectos del kirchnerismo o de las oposiciones patronales. Debemos poner en pie nuestra propia alternativa. La batalla por construir un “partido de trabajadores sin patrones, para que la crisis la paguen los explotadores”, como votó la Conferencia Nacional de Trabajadores del PTS de julio pasado, se impone como una necesidad urgente.
El Frente de Izquierda es un inmejorable punto de partida si se mantiene fiel a su programa y a su perspectiva independiente. El paro y la movilización del 11 de octubre, convocado por la CTA-Micheli y la CGT-Moyano, y el segundo aniversario del asesinato de Mariano Ferreyra, el 20 de octubre, son dos oportunidades para intervenir activamente y expresar esta perspectiva.

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