lunes, 7 de octubre de 2013

El fratricidio peronista y la izquierda


Cuando un “hecho clínico” afecta a un dirigente político y mucho más si es una presidenta de la Nación, se convierte instantáneamente en hecho político. Para analizarlo hay que tomar cierta distancia de las valoraciones y sentimientos personales y humanos que una situación de este tipo naturalmente genera en los enemigos, adversarios o simpatizantes de, en este caso, Cristina Fernández.

El hecho se inserta en la trama del desarrollo de los acontecimientos e indefectiblemente comienza su uso o abuso, de acuerdo a los intereses de las fracciones en disputa.
Con los elementos conocidos hasta este momento y el nivel de gravedad de la salud de CFK, es difícil que el hecho por sí mismo cambié “dramáticamente” las tendencias políticas (por lo menos si la operación no precipita un cambio brusco). 
Lo que hoy aparece como más probable es que el reposo se inserte en la estrategia de “retirada” con imagen o con capital simbólico que viene llevando adelante CKF. Una estrategia que, como afirma Fernández Díaz en La Nación de este domingo, puede referenciarse en la salida de Bachelet en Chile, que luego del interregno Piñera, ahora va por la vuelta. Lo que llamamos la “glasnot” del cristinismo: los reportajes, la ida en masa a TN, el reconocimiento de lo que llaman la “inseguridad”; es parte de esa estrategia. Las llamadas telefónicas a Macri y el elogio de su “sinceridad” son parte del intento de construcción de un “Piñera a medida”. Ahora, el reposo y la fragilidad física, producto de “las tensiones de la pasión política” y de la “entrega a la causa”, serán usados también para ese objetivo. Preservar a Cristina, pasar el chubasco de la derrota de los candidatos oficialistas en octubre, y salvar al kirchnerismo como corriente con poder de veto dentro del peronismo, soñando con alguna vuelta con gloria. 
Sin embargo, la Argentina no es Chile y Macri por ahora se pasa de la raya de “la derecha posible” de acuerdo a la relación de fuerzas conquistada en el último período y no ha tenido un desarrollo nacional, excepto con figuras mediáticas en Santa Fe y Córdoba, además de otro pequeño detalle: el peronismo.
Por eso la alternativa es la “alvearización”, una salida también por derecha, pero dentro del peronismo. La incógnita abierta al desarrollo de la disputa política es si será por la vía negociada o apostando a la guerra abierta con un candidato propio (“ultra K”) que debilite a un futuro gobierno peronista (de Scioli o Massa) o directamente lo evite, abriendo posibilidades a la oposición republicana que, como siempre en la historia nacional, es sinónimo de gobierno débil.
Pero para todas estas elucubraciones faltan dos años, lo que en los tiempos de la política argentina es lo mismo que la eternidad.
La cuestión hoy es que el liderazgo del peronismo se encuentra en la situación de "empate hegemónico". Ninguna de los sectores en los que está fraccionado logra imponer su preeminencia sobre los otros. 
El kirchnerismo es una tendencia en retroceso, aunque estuvo diez años en el gobierno y detenta todavía el poder del estado nacional. Ante esta situación resurgió el pejotismo, que tiene poder en los estamentos estatales "subnacionales" (gobernaciones e intendencias), y sale a apoyar con el abrazo del oso a Cristina y a discutir que la sucesión surja de su propio riñón.
El massismo es un intento de construcción desde el GBA de una fracción más republicana o sojera de un peronismo moderno, todo lo “menemista” que la relación de fuerzas le permita ser.
Distorsionadamente, aunque todos “orgánicos” a las burguesías y al capital imperialista (si hasta Macri es “frigerista”) expresan matices en el equilibrio de clases. El massismo y el republicanismo apuestan a una salida más abiertamente sojera (foto con Reuteman), menos subsidios en general y a una industria de burguesía media (la burguesía “cupera” del kirchnerismo) en particular. Una generalización de la “chevronada” con la apertura a las inversiones y la "normalización" financiera del país. 
El pejotismo apuesta a sostener un poco más el “modelo” que combina neoliberalismo + “desechos de Estado”, un kirchnerismo de buenos modales con las burguesías, incluidas las agrarias, pero con retenciones más o menos como las actuales. 
Como sea, los matices son expresión de programas ligeramente alternativos, pero con un denominador común: el ajuste. No se discute su necesidad, sino los ritmos que hagan sostenible la “gobernanza”, una vez terminados los diez gloriosos del “tasachinismo”.
La “guerra bajo tierra” de Macri en el subte, la agenda de la “inseguridad” y la militarización del conurbano, la gendarmería y el ejército desalojando ocupantes, adelantan y buscan generar las condiciones de orden y de opinión pública para la salida (vía ajuste) de las contradicciones del “modelo”, al que todos los días le surgen desbarajustes. 
La autonomía de la política y de esta pelea del peronismo es un lujo que pueden darse con cierta irresponsabilidad por la situación no crítica o todavía no catastrófica de la economía.
Y al fratricidio del peronismo político le sigue como la sombra al cuerpo, la atomización sindical.
Es a través de esas grietas por donde emerge la izquierda, con la crisis del experimento político de un “peronismo de centroizquierda” que paradójicamente debilitó y dividió a la burocracia sindical, una irresponsabilidad estratégica desde el punto de vista burgués. Una emergencia que se da con el Frente de Izquierda en el terreno político y las posiciones del sindicalismo de base o clasista en el movimiento obrero y conquistas de centros de estudiantes en el movimiento estudiantil.
Mendoza, Jujuy o recientemente Salta, muestran que el fenómeno de avance electoral de la izquierda se mantiene, sobre todo en aquellos lugares donde el kirchnerismo fue más feudal.
La presión de los éxitos electorales y del régimen en general serán para “syrizar” al Frente de Izquierda; para que no sea parte de la profundización de la lucha de clases, sino de la reconfiguración política del o los sistemas de partidos (provinciales), como izquierda “ecológica” y moderada. Los matices hoy se manifiestan en el “como” se plantea el programa: si como “agenda parlamentaria” o como programa y estrategia de guerra de clases. Por eso es correcto el spot donde un obrero afirma que lo bueno de la posibilidad de que la izquierda entre al congreso, está en que puede ser útil para enfrentar “el ajuste que los otros preparan para después de octubre”.


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