lunes, 14 de noviembre de 2011

El kirchnerismo y el sistema político argentino

Publicado en Diario Alfil 15/11/11



Fernando Rosso
frossocba@gmail.com

La reconfiguración del sistema político argentino está en el centro del debate luego de las elecciones del 23 de octubre y el contundente triunfo electoral de Cristina Fernández.
Algunos hablan de una situación de “anemia partidaria”, no sólo por la evidente crisis de la oposición, sino incluso por las características del kirchnerismo o “cristinismo”, muy lejano a los cánones tradicionales de un partido político. Otros alertan sobre el peligro de ir hacia un régimen de “partido dominante”, como lo fue el PRI mexicano. Del lado del gobierno sobran apologistas como el nuevo “gurú K”, Ernesto Laclau, que habla de un “populismo progresivo” y por lo tanto con gran capacidad y fuerza hegemónica.

En un reportaje reciente, el sociólogo Ricardo Sidicaro, autor de un clásico estudio sobre el peronismo, afirma que el 2001 “reestructuró el campo político” y cerró una etapa de un sistema de partidos que ya venía de una larga crisis. Antes de aquellas jornadas, tanto el peronismo como el radicalismo, se habían convertido en “federaciones de partidos provinciales”, luego de las truncas experiencias del alfonsinismo y el menemismo como proyectos políticos nacionales, que fueron parte del largo camino del hundimiento económico y social argentino. La pregunta que surge es si el kirchnerismo ha solucionado de alguna manera esta crisis de representación, una vez fracasada la “transversalidad” y la “concertación plural”, que fueron los intentos de crear dos grandes coaliciones de centro-derecha y centro-izquierda que le den mayor estabilidad estratégica al sistema político nacional.

El cristinismo ¿partido o coalición inestable?

El triunfo de Cristina Fernández y sobre todo la amplia diferencia con el Binner, quién se ubicó en segundo lugar, generaron la “ilusión óptica” de una fortaleza excesiva del gobierno y su capacidad de ejercer hegemonía hacia el interior de su propia coalición, así como hacia la sociedad.
Como ya hemos afirmado, la “foto” de las elecciones expresó más bien el pasado, que el presente y mucho menos el futuro de la vida política del país. Evidenció un apoyo a la “conservación” de las condiciones de los últimos años, que también explican el triunfo de la mayoría de los oficialismos de distinto tono ideológico, como Macri en Capital o De la Sota en Córdoba.
Pero pasada la bruma del triunfo y la fiesta (con baile muy “pro” incluido) y cuando comenzaron a plantearse los grandes temas de la agenda de gobierno: los golpes de la crisis internacional, la “fuga de capitales”, el dólar, la inflación y las paritarias y el necesario ajuste para sostener la caja, vuelve a emerger la cuestión de las fortalezas y debilidades del régimen político y su reconfiguración en la era K. Y más aún cuando, sin posibilidad de reelección, está planteada desde el vamos el problema de la sucesión.
Más allá del “giro” hacia el pejotismo iniciado por Néstor Kirchner y continuado por Cristina, el verdadero carácter del llamado kirchnerismo es el de una coalición inestable y con tendencias divergentes, unidos hasta ahora bajo el manto del crecimiento económico. No hay “partido kirchnerista” y el carácter débil de la adhesión popular, lo ubican muy alejado de lo que fueron las experiencias que se conocieron como “populistas” en América Latina.
En la relación del kirchnerismo con el peronismo jugó un rol muy importante el “bonapartismo fiscal”, para lograr la subordinación, más que la adhesión de muchos gobernadores e intendentes (bien llamados “mini-gobernadores) al “proyecto”. Empezando por Scioli, hasta el último y tibio apoyo de De la Sota en octubre, bajando su fracasada lista de las primarias de agosto.
Cuando las condiciones sobre las que se basó el crecimiento argentino de los últimos años comienzan a virar, el sistema político deja evidenciar sus grietas. Y lo que muchos festejaron como una fortaleza, la amplia ventaja del gobierno que dejó en crisis cualquier alternancia, puede volverse su principal debilidad. Y más aún cuando dentro de la propia coalición, la unidad está basada en intereses de coyuntura, más que en ideas, tradiciones o programas comunes.    

1 comentario:

  1. MUCHOS ESTAMOS ESPERANDO HACE BASTANTES AÑOS QUE ALGUNOS SE SUBAN AL RING A DISPUTAR EL PODER. EL PERONISMO SE RECREA Y SE INVENTA PERMANENTEMENTE Y NO APARECE NADIE QUE SE SUBA AL RING A DISPUTAR EL PODER

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