miércoles, 5 de febrero de 2014

Bonus Track: Córdoba ¿se mueve?


Nuestro post anterior terminaba afirmando que los actores fundamentales de Córdoba -el movimiento obrero y estudiantil-, todavía no eran protagonistas del escenario social y político. Aunque, como a nivel nacional, la votación al FIT haya expresado el giro de fracciones de la clase obrera y los estudiantes hacia la izquierda. En parte, por esa ausencia, la lucha de clases tomaba contornos difusos bajo la forma de estallidos sociales que se disparaban a causa de motines policiales, que eran a su vez manifestación de una crisis económica general y de una debilidad política del régimen.
En ese marco, salió a la luz la convocatoria a una movilización para el 14 de febrero (día de amor y de espanto) de la CGT-Regional Córdoba (que responde a De la Sota) y que logró traccionar a dos gremios importantes de la CGT "Nacional y Popular" (kirchnerista): Luz y Fuerza y Municipales.  
La movilización no es contra nadie y es a favor del "salario y el empleo". Hacer abstracción de los responsables políticos permite mantener el equilibrio. 
¿Por qué Córdoba hace punta con la salida conjunta de los gremios más importantes, siendo que en la dirigencia nacional prima la "cordura" y la "moderación", es decir inmovilismo cómplice, frente al mayor ataque que recibe el movimiento obrero en una década?
No es una "mayor conciencia de clase" de la burocracia sindical de Córdoba, sino una mayor conciencia de su función política.
El "partido sindical", histórico protagonista en la vida provincial, es consciente de la debilidad del régimen político que describíamos en el post anterior, que es más aguda en la ciudad capital donde se concentra el grueso del movimiento obrero. Su salida es preventiva y de anticipación, en una provincia donde los estallidos "polares" son la forma tradicional de la lucha de clases.
Como parte de lo que se conoce como el "interior", Córdoba es lo suficientemente atrasada como para tener una cultura política con fuertes ribetes "feudales" y lo suficientemente moderna (lo que quiere decir, con un importante movimiento obrero y estudiantil), como para no dejarse contener fácilmente en momentos de crisis. De ahí el protagonismo histórico del "partido sindical", en el marco de una debilidad de su estructuras y de su cultura política (que para colmo, no tuvo peronismo en sentido tradicional). Por más que les duela a muchos, Agustín Tosco no fue más que el ala de "extrema izquierda" de ese "partido sindical". 
La izquierda, que logró un peso político importante, dignas batallas en el movimiento obrero industrial y minorías intensas en los gremios estatales; además de un fuerte peso en el movimiento estudiantil; tiene el desafío de convertirlo en fuerza social, reagrupando a la vanguardia y aprovechando esta salida obligada a calle de la burocracia sindical, para plantar las banderas de un polo alternativo. Que además puede utilizar las ventajas del desarrollo del sindicalismo combativo y clasista a nivel nacional.
Uno de los actores fundamentales, el movimiento obrero, empieza a salir a escena de la mano de dirigentes que quieren limitar al máximo su protagonismo. Es al mismo tiempo una paradoja y una oportunidad.

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