viernes, 28 de febrero de 2014

De tradiciones e hilos de continuidad




De este número de New Left Review en español se puede descargar la entrevista que la revista le hizo a Adolfo Gilly. Apenas algunas mínimas anécdotas de la historia de una pequeña parte de una tradición mucho más vasta (la de quienes lucharon en nombre de la Cuarta Internacional después que la muerte de Trotsky) que todavía está por contarse. En cierta medida trágica, por los sinuosos caminos que recorrió un siglo a la vez heroico y terrible, cargado de derrotas y fenómenos aberrantes. De los "revolucionarios sin revolución", o de revoluciones desplazadas y excepcionales. Protagonistas de la degeneración de un movimiento rodeado por un capitalismo que luego de la crisis y la guerra recuperaba parcialmente dinamismo y un estalinismo que paradójicamente salía triunfador cuando cometía su traición mayor.
Pero necesaria para las nuevas generaciones que buscan descifrar hilos de continuidad que puedan explicar sus combates en el presente. Rescatamos un fragmento: 


"Siempre hubo dos elementos en su seno (el de la Cuarta Internacional - FR). Uno concentrado en la revolución en Europa y el otro en el mundo colonial. Ambos sueños pertenecían a Trotsky y ambos cohabitaban en la Cuarta Internacional, aunque siempre existió tensión entre ellos. Ernest Mandel y Michel Pablo representaban esas dos concepciones. Mandel que se había formado en el mundo manufacturero y minero de Bélgica, estaba convencido de que el vector de la revolución sería el proletariado industrial. Pablo, cuyo verdadero nombre era Michalis Raptis, había nacido en Alejandría y había crecido en Grecia, un país que contaba con una tradición de larga lucha por la independencia nacional; durante de las décadas de 1950 y 1960 contempló el enorme levantamiento de los movimientos por la independencia en el mundo colonial. Ernest se animaba cuando hablaba de la revolución alemana, de Rosa Luxemburg y demás; mientras que Pablo se regocijaba cuando contaba historias de la Revolución argelina o de la guerra de la liberación en Grecia, en ese sentido, era una especie de conspirador balcánico. Se produjeron innumerables desacuerdos entre ellos, porque tenían sueños verdaderamente diferentes, pero siempre mantuvieron unas relaciones personales cálidas. En 1995 estuve en Grecia para entrevistar a Pablo, quien me llamó una tarde para decirme que Mandel había muerto; entonces grabó una serie de recuerdos muy emotivos de Ernest, con quien había discutido una y otra vez. Este tipo de calidez es algo de lo que carecen los partidos socialdemócratas, porque son en cierta medida demasiado seculares"

LA ENTREVISTA COMPLETA ACÁ

y acá, algo sobre los trotskystas en la guerra de Argelia.

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