miércoles, 24 de noviembre de 2010

Burocracia Sindical o ¿la clase obrera tiene la dirección que se merece?


La "buena noticia", nos tuvo ocupados en estos días re-pesando el interesante panorama que se abre para la vanguardia obrera de Córdoba y definiendo como ponerse a la altura de las responsabilidades.
Con un poco más de tiempo, volvemos sobre un tema que venimos tratando en este blog desde su "nacimiento": la burocracia sindical (y su inevitable relación con el peronismo). Esta vez, discutiendo no ya con sus fanáticos defensores, sino con cierta intelectualidad de izquierda. Y como hace varios días no escribimos, venimos "recargados" y nos salió un post un poquito largo...
Tuvimos el privilegio de recibir por adelantando un dossier que saldrá en el próximo nro. 7 de la revista El Nuevo Topo, con el eje puesto en discutir, justamente, la burocracia sindical. Son más130 páginas con artículos de varios autores (entre ellos nuestra compañera Paula Varela) que analizan, en general desde el marxismo, el concepto de burocracia sindical, su "complejidad", sus génesis, su representatividad o no, e incluso algunos la posibilidad de superación de la misma. Con muy interesantes análisis que se remontan hasta Marx y Engles y sus aportes a la cuestión sindical, pasando por Gramsci, sobre todo en su "momento consejista", Trotsky y su aporte a la relación sindicatos-estado, hasta clásicos estudiosos del sindicalismo como Hyman o Daniel James.
No faltan, entre varios de los intelectuales que escriben sobre la cuestión, los consejos y criticas a "la izquierda" (así, en general) y sus concepciones sobre la burocracia y su práctica en el movimiento obrero. Hay que reconocer que estas criticas y consejos son más "saludables" que las que recibimos durante los 90 y varios años de los 2000, cuando nos llamaban a dejar de lado ese discurso vetusto y perimido de "la clase obrera", que había desaparecido o se había diluido en nuevos sujetos (materiales y sobre todo "inmateriales") de la nueva sociedad de la información y el Imperio con su biopoder, que había superado a la sociedad del Capital, por otra cosa nueva post-industrial, post-histórica, es decir, post-moderna.
Pero "el verdugo (derrotado y hasta invisibilzado) seguía en el umbral" y reapareció con todo, y con él las nuevas-viejas y clásicas discusiones sobre los caminos de su emancipación.
Sin embargo, el primer problema que surge es que en su critica a "la izquierda", varios de estos intelectuales, más que discutir su teoría y práctica reales, construyen prejuicios propios y se los adosan a "una izquierda", para después "refutarlos". Mitos sobre presuntas concepciones y prácticas que tienen poco u nulo basamento en la realidad o a lo sumo son aplicables a sectas que nunca han hecho nada serio en el movimiento obrero. 
Y lo peor es que en el trasfondo político e ideológico de estas criticas, el resultado mas peligroso, es que a varios de ellos los puede llevar a fundamentar (y justificar?) "por izquierda" la existencia de la burocracia sindical. Vamos a intentar sistematizar estos mitos y explicar polémicamente en varios post, tanto desde la teoría como desde la práctica, cual es nuestra posición del problema (o intentar acercarnos a ella).
Aquí discutiremos con el mito de que la izquierda cree que hay una oposición y una tensión permanente entre las bases y las direcciones, con unas bases que empujan todo el tiempo a la lucha y direcciones que la frenan. Según esta visión, la izquierda vería en la clase obrera un sujeto "ontológicamente" revolucionario. 
En la jerga troska esto se conoce como "la teoría de los 180º", es decir que las bases están siempre 180º opuestas a sus direcciones. Para varios autores del dossier, este es EL problema de "la izquierda" y así lo expresan (todas citas del Dossier de NT)


"Así, se fue abonando y consolidando un fuerte sentido común de izquierdacuya consigna de democracia sindical se aplicó sobre las dirigencias gremiales a las que veía como dique de contención de unas bases obreras perennemente democráticas, combativas y revolucionarias." (Introducción. Hacia un debate sobre el concepto de burocracia sindical)

Gran parte de la izquierda argentina ha utilizado en forma muy imprecisa la categoría de burocracia sindical en sus análisis acerca de la clase obrera. Se ha construido la imagen distorsionada de una dirigencia siempre opuesta a generar procesos de lucha y enfrentada a bases que constantemente estarían dispuestas a luchar y radicalizar los procesos (Gonzalo Pérez Alvarez. Retomando un viejo debate: bases, direcciones, sindicatos y estrategias obreras”)

"Pensar que el problema se reduce a la dirección sindical expresa una grave incomprensión. Suponer que las dificultades de la clase obrera argentina para construir un proyecto alternativo al capitalismo se limita a la necesidad de “acabar con la burocracia sindical” o de hacer llegar a “nuevos dirigentes democráticos”, es no salir de los límites del sindicalismo. Es otra expresión de que el problema es más grave y hace a la 83 conciencia de la clase, algo que se refleja en estas posturas de las corrientes de izquierda más numerosas en nuestro país". (Gonzalo Pérez Alvarez op. cit.)

Sin descartar que locos hay en todos lados (incluso entre la izquierda trotskysta), esta no es ni mucho menos nuestra concepción (y de mínima nos encontramos entre una de las "corrientes de izquierda mas numerosas de nuestro país"). 
La situación de la economía (incluso de ciertas ramas), la experiencia reciente e histórica, tanto sindical como política, las derrotas o triunfos, la ideología o "conciencia", configuran, junto a muchos otros elementos, la situación o fisonomía de "las bases", lo que nosotros hemos llamado la subjetividad y en ese marco su relación con las direcciones. Donde la existencia misma de esa "superestructura" llamada burocracia sindical, es un elemento fundamental que actúa permanentemente y no solo en momentos de lucha sobre las bases, en parte moldeando su subjetividad. Y donde también hay que contar su situación material, como las divisiones impuestas en los últimos años, garantizadas por la burocracia como bien describe Paula V. en su nota. Ghigliani y Belkin (dos de los autores del dossier) rescatan en parte este elemento y se separan de lo que llama la visión "ortodoxa" (las bases siempre enfrentan a la direcciones) y de la visión "revisionista", podría decirse inaugurada por D. James ("hay cierta complementariedad entre bases y direcciones y no solo dicotomía"). 
Afirman, "En este breve ensayo exploraremos la siguiente hipótesis: que denunciar la separación que establecen los análisis ortodoxos entre dirigentes y bases, demostrar la relativa representatividad de los primeros y criticar el esencialismo de la premisa de la que usualmente parten, esto es, el carácter ontológicamente revolucionario de la clase obrera, es un primer paso, sin duda importante, pero insuficiente. Es insuficiente, por un lado, porque corre el riesgo de transformarse en una justificación
complaciente de direcciones que militan activamente contra la construcción de un poder obreroBurocracia sindical: aportes para una discusión en ciernes. Pablo Ghigliani y Alejandro Belkin.
Hay momentos de mayor tendencias a la movilización y al enfrentamiento, por ejemplo en las crisis, cuando el Capital pretende descargarlas sobre la clase trabajadora o por cierta recuperación de sus fuerzas objetivas que llevan a aumentar las aspiraciones e ir por mas y encuentran en la burocracia un límite..
La cuestión central para nosotros, es que el capital (y mucho mas en esta época de crisis histórica) tiene a entrar en crisis recurrentes y a buscar SU "solución" en nuevas formas de apropiación de plusvalor, atacando a la clase obrera. En esos momentos los intereses de la burocracia sindical y su acción, tienden al enfrentamiento abierto con  las bases o la clase en su conjunto. Y en esto no puede desligarse de la orientación política de la burocracia, a la vez determinada y retroalimentada por su ubicación de privilegio, es decir su programa en general reformista. La burocracia reformista, es decir la que pretende "poner límites", "moderar" al Capital, pero no abolirlo, termina siempre del lado del Capital contra la clase obrera cuando éste se ve obligado a aplastarla para "salvar" su régimen social y político. Trotsky planteaba para Gran Bretaña un elemento que es aplicable (y con más razón!) para un país semicolonial como la Argentina, que vive un período de "fin de ciclo":“La decadencia del capitalismo británico, dentro del marco de la declinación del sistema capitalista mundial, minó las bases del trabajo reformista de los sindicatos. El capitalismo sólo se puede mantener rebajando el nivel de vida de la clase obrera. En estas condiciones los sindicatos pueden o bien transformarse en organizaciones revolucionarias o bien convertirse en auxiliares del capital en la creciente explotación de los obreros. La burocracia sindical, que resolvió satisfactoriamente su propio problema social, tomó el segundo camino. Volcó toda la autoridad acumulada por los sindicatos en contra de la revolución socialista e incluso en contra de cualquier intento de los obreros de resistir los ataques del capital y de la reacción.” León Trotsky “Los sindicatos en Gran Bretaña” (1933) en Sobre los sindicatos. 
Esto no quiere decir que entre crisis y crisis no medien momentos, a veces largos (sobre todo si se el ciclo previo se cerró con grandes derrotas)  de crecimiento y desarrollo relativamente "armónico" del Capital (como los últimos años en la Argentina, basados en un terrible ataque al salario con la devaluación, entre otras cuestiones). Pero incluso durante estos momentos (que para los marxistas son preparatorios), y que pueden ser los de mayor "complementariedad" entre bases y direcciones, todo es muy limitado. En sectores parciales, en algunas ramas (que Paula Varela llama "especie de aristocracia obrera"), pueden encontrase cierto apoyo de las bases a sus direcciones, pero de ninguna manera tomando a la clase obrera de conjunto e incluso en esos sectores, la "luna de miel" termina donde comienza la crisis. La pasividad o el "no cuestionamiento" generalizado a las burocracias sindicales o al decir de LT la "tolerancia" de la clase obrera a sus direcciones (tomando en cuenta el "detalle" del poder que acumulan estas burocracias, amparadas por el Estado y las patronales que "colaboran" y trabajan en común para perseguir a quienes las cuestionan), hay que buscarlos en las divisiones impuestas (y garantizadas por las direcciones reformistas), basadas en derrotas previas que hacen difícil la "unidad revolucionaria de la clase obrera". Como estamos lejos de la visión de una clase obrera "ontológicamente revolucionaria", ya dijimos acá, junto a LT que “El proletariado encarna una unidad social poderosa que en período de lucha revolucionaria aguda se despliega de modo pleno para conseguir los objetivos de la clase en su totalidad. Pero en el interior de esta unidad hay una diversidad extraordinaria, diría incluso que una disparidad nada despreciable. Entre el pastor ignorante y analfabeto y el mecánico especializado hay un gran número de niveles de culturas y de calificaciones y de adaptación a la vida diaria. Cada capa, cada gremio, cada grupo está compuesto en última instancia de seres vivos de edad y temperamento distintos, cada uno de los cuales posee un pasado diferente. Si tal diversidad no existiera, el trabajo del Partido comunista para la unificación y educación del proletariado sería muy sencillo. Sin embargo, ¡qué difícil es esa tarea, como vemos en Europa occidental! Podría decirse que cuanto más rica es la historia de un país, y por tanto la historia de su clase obrera; cuanto más educación, tradición y capacidad adquiere, más antiguos grupos contiene y más difícil es constituirla en unidad revolucionaria (…)” (León Trotsky “No solo de política vive el hombre” – 1923)
Ahora, así como es verdad que es falsa la "teoría de los 180º", no menos falsa es la teoría absolutamente contraria que podría resumirse en "la bases tienen la direcciones que se merecen", que fue expresada burdamente acá por un tonto que pretende llevar el título de "intelectual" (discípulo del "hombre mas resentido del mundo") . Y volvemos al magistral tratamiento que LT le dio a esta cuestión en Clase, Partido y Dirección: "Existe un viejo dicho que refleja la concepción evolucionista y liberal de la historia: un pueblo tiene el gobierno que se merece. La historia nos demuestra, no obstante, que un solo y mismo pueblo puede tener durante un período relativamente breve, gobiernos muy diferentes (Rusia, Italia, Alemania, España, etc.) y además que el orden en que éstos se suceden no tiene siempre el mismo sentido, del despotismo hacia la libertad, como creen los liberales evolucionistas. El secreto de este estado de cosas reside en que un pueblo está compuesto de clases hostiles y que estas mismas clases están formadas por capas diferentes, parcialmente opuestas unas a otras y que tienen diferentes orientaciones. Y además, todos los pueblos sufren la influencia de otros pueblos, compuestos a su vez de clases. Los gobiernos no son la expresión de la "madurez" siempre creciente de un "pueblo", sino el producto de la lucha entre las diferentes clases y las diferentes capas en el interior de una sola y misma clase y, además, de la acción de fuerzas exteriores  alianzas, conflictos, guerras, etc. . Hay que añadir que un gobierno, desde el momento en que se establece, puede durar mucho más tiempo que la relación de fuerzas del cual ha sido producto. Es a partir de estas contradicciones históricas que se producen las revoluciones, los golpes de estado, las contrarrevoluciones.El mismo método dialéctico debe emplearse para tratar la cuestión de la dirección de una clase. Al igual que los liberales, nuestros sabios admiten tácitamente el axioma según el cual cada clase tiene la dirección que merece. En realidad, la dirección no es, en absoluto, el "simple reflejo" de una clase o el producto de su propia potencia creadora. Una dirección se constituye en el curso de los choques entre las diferentes clases o de las fricciones entre las diversas capas en el seno de una clase determinada. Pero tan pronto como aparece, la dirección se eleva inevitablemente por encima de la clase y por este hecho se arriesga a sufrir la presión y la influencia de las demás clases. El proletariado puede "tolerar" durante bastante tiempo a una dirección que ya ha sufrido una total degeneración interna, pero que no ha tenido la ocasión de manifestarlo en el curso de los grandes acontecimientos. Es necesario un gran choque histórico para revelar de forma aguda, la contradicción que existe entre la dirección y la clase. Los choques históricos más potentes son las guerras y las revoluciones. Por esta razón la clase obrera se encuentra a menudo cogida de sorpresa por la guerra y la revolución. Pero incluso cuando la antigua dirección ha revelado su propia corrupción interna, la clase no puede improvisar inmediatamente una nueva dirección, sobre todo si no ha heredado del período precedente los cuadros revolucionarios sólidos, capaces de aprovechar el derrumbamiento del viejo partido dirigente. La interpretación marxista, es decir dialéctica, y no escolástica, de las relaciones entre una clase y su dirección no deja piedra sobre piedra de los sofismas legalistas de nuestro autor". León Trotsky "Clase, Partido, Dirección"
Sin la critica rotunda a las direcciones reformistas, es decir a la burocracia sindical y sin el trabajo sobre los sectores avanzados de la clase obrera para derrotarla, no hay posibilidad de formar esos "cuadros revolucionarios sólidos", que se preparen (mientras la clase de conjunto "tolera" a sus direcciones corruptas) para los momentos de ruptura o de revolución.
¿Continuará?...

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