lunes, 12 de septiembre de 2011

El "modelo de acumulación con inclusión social" y la "paradoja" del relato


Leemos "Tras largos años de desindustrialización (1976-2001), en la etapa de posconvertibilidad se registró un incremento en la participación de la industria en el conjunto de la economía argentina, tal como se puede observar en el gráfico. Pero dicho aumento se dio hasta 2003 y, en gran medida, se vinculó con la utilización de las capacidades productivas instaladas que se encontraban ociosas por la crisis. A partir de ese año, el sector volvió a perder participación en el PIB total, lo cual se asocia a la relativamente baja inversión respecto a las altas ganancias de las grandes empresas, en particular entre 2004 y 2007, cuando la rentabilidad sobre ventas de los oligopolios líderes osciló entre el 14% y el 19% (niveles holgadamente superiores a los de la convertibilidad)"
El crecimiento industrial en la posconvertibilidad se asoció a una expansión considerable de las exportaciones: casi se triplicaron entre 2001 y 2010, alentadas por el “dólar alto”, los bajos salarios en términos internacionales y la existencia de mercados externos en expansión. Pero ante la debilidad de las políticas tendientes a propiciar una modificación en las modalidades de inserción en el mercado mundial, se fortaleció un perfil exportador muy volcado a la explotación de recursos naturales y la armaduría automotriz; perfil caracterizado además por un altísimo grado de concentración. Así, en 2010 las ramas elaboradoras de alimentos, vehículos automotores, sustancias y productos químicos, metales básicos y refinación de petróleo dieron cuenta del 86% de las exportaciones fabriles, frente a una participación promedio de “apenas” el 78% en la convertibilidad. Asociado a este perfil, hay que señalar que menos de un centenar de grandes corporaciones, en su mayoría extranjeras, explican cerca del 80% de las ventas externas del sector.
En ese marco, en la etapa de posconvertibilidad se afianzó la “dualidad estructural” de la industria argentina resultante de las políticas desindustrializadoras del período 1976-2001. Un puñado de ramas ligadas al procesamiento de recursos básicos presentan una balanza comercial positiva, mientras que las restantes son en general deficitarias.
En una industria caracterizada por esa “dualidad estructural” en materia de inserción internacional, los pocos sectores y actores generadores de divisas asumen un papel central en el desempeño fabril (y en la economía en su conjunto). Por ello, detentan un poder de veto decisivo sobre la orientación de las políticas públicas. Se trata básicamente de un puñado de grandes empresas, extranjeras y locales, altamente transnacionalizadas de los sectores minero, petrolero, agropecuario y elaboradores de ciertos commodities industriales. La paradoja es la siguiente: un proceso en el que la industria está llamada a convertirse en el núcleo ordenador de un “modelo de acumulación con inclusión social”, pero que en los hechos consolida la capacidad de veto de actores cuyo ciclo de acumulación pivotea sobre actividades con un bajo o nulo grado de industrialización.

No está en La Verdad Obrera o en algún "revolucionario" blog trosko especializado, sino en el "progresista" y políticamente correcto "El Diplo" (Le Monde Diplomatique, Edición Conosur, Septiembre 2011), hecho por el "buenazo" de Martin Shorr...
"Modelo de acumulación con inclusión social"?, pssss (diría Artemio L.)



2 comentarios:

  1. En una industria caracterizada por esa “dualidad estructural” en materia de inserción internacional, los pocos sectores y actores generadores de divisas asumen un papel central en el desempeño fabril (y en la economía en su conjunto).Por ello, detentan un poder de veto decisivo sobre la orientación de las políticas públicas. Se trata básicamente de un puñado de grandes empresas, extranjeras y locales, altamente transnacionalizadas de los sectores minero, petrolero, agropecuario y elaboradores de ciertos commodities industriales.

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