martes, 20 de septiembre de 2011

¿Progresista o Restaurador? Otra vez sobre Gramsci y el kirchnerismo (una respuesta a Artermio López)

Para que siga el debate que empezó acá y continuó acá, posteamos una nueva respuesta a Artemio López que elaboramos con una gran colaboración del amigo Juan Dal Maso, del blog "Los Galos de Asterix"

En la discusión sobre las categorías gramscianas hay un eterno debate “hermenéutico” en torno a la interpretación sus textos, escritos en gran parte bajo una forma que le permita esquivar la censura. Esto ha colaborado para que exista un Gramsci “todo terreno”. Sin embargo, su historia personal y sobre todo política debería haber puesto ciertos límites al “libre albedrío” en la interpretación de su marxismo. Partamos entonces de aclarar algunos supuestos de los que parte la argumentación de Artemio López.

No es correcto lo dice Artemio López sobre que Gramsci plantee la “crisis orgánica” como una crisis mundial y simultánea. Si bien no lo explicita mucho en los Cuadernos, Gramsci parte del marco estratégico de la III Internacional, que consideraba la época imperialista como una época de declinación del capitalismo como sistema social, pero esto no significa que vea una crisis permanente ni mucho menos. Considera a la crisis económica como una condición, pero no como la única determinante de una crisis orgánica, dándole un peso principal a la crisis del Estado en su conjunto, la cual se expresa a través de la separación de las masas respecto de los partidos tradicionales de estructuración nacional. Precisamente porque una de las crisis del imperialismo tiene que ver con la contradicción entre el desarrollo de la economía mundial y los límites de las fronteras nacionales, la crisis orgánica se expresa con desigualdades y expresiones nacionales concretas, que a su vez hablan del marco internacional en que surgen. 
La debilidad de Gramsci, que es tener un punto de vista principalmente nacional en detrimento del internacionalismo, lo cual lo alejó de Trotsky, le permite contradictoriamente captar la dimensión de la crisis orgánica como fenómeno con raíces internacionales pero con expresiones nacionales "peculiares".(ver acá un interesante contrapunto entre Trotsky y Gramsci)
Aun así la visión de Artemio sobre la crisis económica es errónea o por lo menos un tanto "provinciana". Desde la salida de la crisis de los '70 que se basó en ataques a las condiciones de vida del movimiento de masas, evitando "sanear" los capitales sobrantes, hubo diversos capítulos de la crisis económica, de los cuales, por poner algunos de la última década y media, fueron hitos la crisis del Tequila,  la crisis del sudeste asiático, el  “default” ruso  y la crisis argentina en este marco. Sin crear "crisis de la autoridad estatal en su conjunto" a escala mundial, los capítulos previos de la crisis fueron mostrando un cambio de condiciones que hacían cada vez más imposible el sostenimiento de la convertibilidad. En cierto sentido, la Argentina fue un "eslabón débil" que mostró la crisis del “neoliberalismo” a nivel mundial. Es decir, que Artemio se equivoca cuando afirma sin más que fue una crisis nacional coyuntural, dejando de lado el contexto mundial. La crisis argentina fue "orgánica" también porque incluyó el fin de un "modelo" de acumulación que se había tornado obsoleto para las condiciones imperantes en la economía mundial y junto con él hizo estallar el sistema de partidos predominante desde la salida de la dictadura.
Sin embargo, para Gramsci lo central de la crisis orgánica no es que esta pueda transformarse en revolución, sino que plantea una crisis de la autoridad estatal, que puede abrir paso a un proceso revolucionario, en caso de que exista una fuerza combativa organizada previamente o a una solución de fuerza cesarista en caso de que ésta última no exista y la iniciativa de los de abajo se vuelva discontinua y desagregada o combinaciones de "coaliciones" con elementos cesaristas como planteamos en el post anterior .
No obstante lo dicho anteriormente, acordamos con Artemio López en que el sistema teórico gramsciano no es el único (y también discutible si es el “mejor”) sobre todo si se lo intenta utilizar en un país semicolonial como la Argentina, cuando en su génesis fue pensado para los países que integran (o integraban) lo que Gramsci llamaba “occidente”, es decir, las democracias capitalistas más o menos avanzadas de su época. Por eso nosotros partimos de que  “En los países industrialmente atrasados el capital extranjero juega un rol decisivo. De ahí la relativa debilidad de la burguesía nacional en relación al proletariado nacional. Esto crea condiciones especiales de poder estatal. El gobierno gira entre el capital extranjero y el nacional, entre la relativamente débil burguesía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esto le da al gobierno un carácter bonapartista de índole particular. Se eleva, por así decirlo, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar o bien convirtiéndose en instrumento del capitalismo extranjero y sometiendo al proletariado con las cadenas de una dictadura policial, o maniobrando con el proletariado, llegando incluso a hacerle concesiones, ganando de este modo la posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros” (León Trotsky “La Industria nacionalizada y la administración obrera”1939). Las condiciones especiales de poder estatal se caracterizan por una mayor “inestabilidad”, comparado con las democracias “avanzadas” o imperialistas, estructuralmente los países semicoloniales son mucho más “inorgánicos” (o "desigual y combinado"). En esto puede estar la base de tantas “crisis orgánicas” que vieron muchos “gramscianos” a lo largo del siglo XX. Y tienen cierta base de verdad, la historia política Argentina del siglo pasado estuvo caracterizada por convulsiones políticas permanentes. La estabilidad democrática de los últimos 30 años tiene su base en una enorme derrota histórica de la clase obrera y los sectores populares.
Pero hay “crisis y crisis”, si todo es “crisis orgánica”, nada es “crisis orgánica” y si todo es “crisis de coyuntura”, nada es “crisis de coyuntura”, por lo tanto es mejor hacer una discusión concreta y no solo de conceptos.
En el debate, Artemio López hace algunas operaciones donde intenta hacernos decir cosas que no afirmamos, para después “refutarlo” (o “falsarlo”), a saber:
En ningún momento afirmamos que la “crisis orgánica” se haya convertido en el 2001 en “revolución”, sino más bien planteamos lo contrario, tampoco Gramsci dice que “crisis orgánica” signifique inmediatamente revolución, como ya explicamos. Había una debilidad en “los de abajo”, producto de su historia política reciente, tanto en términos de subjetividad como de dirección política y la burocracia sindical jugó un rol muy importante para que el proceso avance lo menos posible hacia allí. Esto es una forma muy burda de ridiculizar nuestra posición. Si quiere discutir con Vilma Ripoll y sus “revolución de las cacerolas”, puede hacerlo, pero nosotros no somos, ni queremos ser Vilma Ripoll (menos en este momento!, ejem...si ella lo dice...). En esta respuesta a Manolo Bargue, en los comentarios del post, ampliamos sobre esta cuestión.
Justamente por esto no usamos el concepto gramsciano de “revolución pasiva” o de “diplomatización de la revolución”, para el kirchnerismo, precisamente porque el 2001 las acciones  de masas fueron “jornadas revolucionarias” y no revolución. Sin embargo, el kirchnerismo llevó adelanteuna "pasivización" de los movimientos que habían tenido expresión en aquellos días convulsivos.
Ahora, en este marco, la crisis que tuvo su expresión aguda en diciembre del 2001, no fue una crisis política más (como podía ser la crisis de la “Banelco”) o una crisis económica más. Sino que se combinó una crisis económica profunda (determinada por la crisis internacional del “paradigma neoliberal”), con una crisis social de magnitud y una crisis de hegemonía (ruptura entre “representantes y representados”, con el hundimiento de un partido histórico como el partido radical), todos elementos que Gramsci toma para definir una “crisis orgánica”. Una crisis de la autoridad estatal y de un “tipo de estado”, basado en la convertibilidad y un bipartidismo decadente (“pacto de Olivos), “remendado” (Chacho y la Alianza) pero todavía sobreviviendo.
Duhalde, el pejotismo y la burocracia sindical, hicieron el trabajo sucio e impusieron la devaluación (una medida, digamos…no muy progresista y una gran base para los “años kirchneristas” posteriores), que junto con la mejora de las condiciones internacionales para la Argentina, permitieron ir saliendo de la crisis catastrófica de la economía.
Sin embargo la “crisis de autoridad” estatal se mantenía y es ahí donde NK y sus “coaliciones”, comienzan su rol restaurador, conservador, con una primera “etapa” N&Pop (en la que logró el “trasnformismo” de muchos “intelectuales”, incluso Artemio mismo, siempre visto desde el peronismo “mazorquero” como un “infiltrado menchevique”, se convirtió a la ortodoxia peronista, y hoy es más papista que el Papa). Y ahora en su fase “cristinista” pretende terminar su tarea hasta el final.
Por último el intento de “minimizar” la crisis (“no fue orgánica, fue de coyuntura”)  cumple la función de presentar los aspectos más "progresistas" del kirchenrismo únicamente como producto de una voluntad política y nada como producto de las circunstancias (que no dejaban margen para una continuidad del neoliberalismo a secas). De esta forma, "achicando" las dimensiones de la crisis, Artemio busca agrandar el rol progresivo del ciclo K, disminuyendo su rol profundamente conservador centrado en la recomposición de la autoridad estatal.
Haya sido “orgánica”, como creemos, “de coyuntura” o como sea, el kirchnerismo fue el “agente” restaurador y el cristinismo y su coalición, lo dejan ver más claramente. Esperemos no tener que escuchar nuevamente los llantos de una nueva “traición Frondizi” o una  tragicómica “teoría del cerco”, cuando el N&Pop no sea más que un ¿“coyuntural”? recuerdo y CFK con Boudou y sus nuevos ímtimos de la UIA, desarrollen lo que hoy están mostrando embrionariamente.
Pero la observación más importante a plantear, a propósito de todo análisis concreto de las relaciones de fuerzas, es la siguiente: que tales análisis no pueden y no deben convertirse en fines en sí mismos (a menos que se escriba un capítulo de historia del pasado) y que adquieren un significado sólo en cuanto sirven para justificar una acción práctica, una iniciativa de voluntad. Ellos muestran cuáles son los puntos de menor resistencia donde la fuerza de la voluntad puede ser aplicada de manera más fructífera, sugieren las operaciones tácticas inmediatas, indican cómo se puede lanzar mejor una campaña de agitación política, qué lenguaje será el mejor comprendido por las multitudes, etc. El elemento decisivo de toda situación es la fuerza permanentemente organizada y predispuesta desde largo tiempo, que se puede hacer avanzar cuando se juzga que una situación es favorable (y es favorable sólo en la medida en que una fuerza tal existe y esté impregnada de ardor combativo). En eso estamos....


10 comentarios:

  1. "muy bueno", muy bueno?, sí, siempre y cuando se obvie que la "crisis orgánica" es algo tan fuerte que no sucede sólo allá arriba, sino que pega fuerte abajo...la crisis de representación sólo la sufrió la UCR?, y la izquierda?, estaba vacunada contra estas crisis???

    ResponderEliminar
  2. un lector algo mas atento que anonimo21 de septiembre de 2011, 16:59

    El mismo post dice:
    "Había una debilidad en “los de abajo”, producto de su historia política reciente, tanto en términos de subjetividad como de dirección política"
    Asi que no, no es que la izquierda estaba vacunada...

    ResponderEliminar
  3. uy, no leí así de finito, igual la idea era que la izquierda buscaba a la clase obrera en medio de las asambleas y como no la encontraba les decía "soviet, soviet"! (Con chicana se comprende mejor). Una crisis golpea por todos lados, y en ese momento la palabra "dirección" casi que era como decir hoy "sé conciente!"...

    SuperAnónimo

    ResponderEliminar
  4. No soy troskista y creo que la lectura de gramsci para nuestras latitudes es la mas apropiada, al margen de esas rencillas menores dentro de lz izquierda esta claro que el kirchnerismo esta dotado de intelectuales que pueden conducir a la sociedad e imponer relatos historicos que apelen a simbologias muy sentidas de la historia de nuestro pueblo desde su vaciamiento absoluto. Laizquierda, los troskistas, los gramscianos y demases tenemos que empezar a golpear juntos aunque marchemos separados porque por este camino vamos camino a convertirnos en mexico durante el regimen del pri

    ResponderEliminar
  5. LA SALIDA de la "crisis catastròfica de la economìa" se dà por EL CANJE DE DEUDA PÙBLICA con una quita del 75 %.

    ResponderEliminar
  6. A mi me parece o "la contestación" de A. López deja bastante que desear, en un santiamén de epítetos burlescos y puteadores, donde a la escases contra argumentación, propone puteadas.

    Artemio, ¿y la contestación? mas que populista, sos macartista viejo.

    FP.

    ResponderEliminar
  7. Muy buen artículo, un deleite!!!, la izquierda es siempre acertada en los análisis histórico/políticos pero...no prende, probablemente haya algo en el lenguaje...no en el discurso...en el lenguaje, algo que trae malos recuerdos o algo que merece ser cambiado ya a esta altura...

    ResponderEliminar