martes, 27 de diciembre de 2011

Moyano, Cristina y la “guerra real”

Columna en Diario Alfil, miércoles 28 de diciembre de 2011



Fernando Rosso
frossocba@gmail.com

En un artículo anterior preguntábamos si la dinámica del enfrentamiento entre el Gobierno y Moyano, tendía hacia la “guerra absoluta”. La pregunta era pertinente y podemos decir que todavía lo es. En la teoría militar, la “guerra absoluta” es la ascensión hacia los extremos que toda guerra, como desarrollo complejo del duelo, lleva en su naturaleza. La “guerra real” es la que, entrando en juego la moderación de la política, impone sus límites a esta tendencia. Napoleón fue en la historia, mientras duró su estrella, quien más acercó la guerra a su concepto “natural” y cambió para siempre las reglas de la estrategia.
Con los límites que tiene toda comparación y más aun la que puede hacerse entre guerra y política, podemos afirmar que en el caso del conflicto entre Moyano y Cristina, la política mezquina de los “beligerantes” marca la impronta del limitado enfrentamiento.
La estrategia de Moyano, se mantiene todavía en el clásico “golpear para negociar”, con la intención de sostener su rol como una pata esencial en la estructura de la coalición gobernante. Pretende seguir siendo el garante de las paritarias en “paz” y un factor clave de contención de las aspiraciones de los trabajadores, que fueron en  un lógico aumento durante estos años de crecimiento. Con este objetivo, su “guerra real” no puede pasar del discurso, un tanto subido de tono y hasta desafiante como el que dio en Huracán, pero discurso al fin.

El corporativismo moyanista

Los trabajadores argentinos tienen muchos fundamentos en su cruda realidad objetiva para ir a una disputa con el gobierno. Al programa de Cristina y su arenga permanente contra las huelgas, los piquetes y cualquier acción sindical por mínimos reclamos, se le puede responder en forma contundente o a la manera moyanista.
Luego de casi 9 años a tasas chinas, prácticamente la mitad de los trabajadores está en negro o precario, lo esencial de las leyes flexibilizadoras aprobadas bajo el menemismo y la Alianza (ley de contrato y de trabajo, tercerización y tantas otras modalidades de precariedad laboral), se mantienen vigentes. El empleo creado durante estos años tiene estas características inestables. La recuperación salarial no permitió a la gran mayoría alcanzar la canasta familiar y el fenómeno de “trabajadores pobres”, es decir, personas con empleo que no alcanzan a superar la línea de pobreza, es una novedosa invención de los años kirchneristas.
No hubo reclamo en el discurso moyanista de Huracán que se refiera a alguna de estas cuestiones y desde el mismo gobierno le marcan estos “olvidos” y lo acusan de “corporativo”, que sólo tiene interés en defender su caja y a sus afiliados y no le importa los que están más abajo en la escala social. Si algo de verdad hay en esta afirmación, pierde valor cuando se la escucha cínicamente de boca de un gobierno que no hizo nada por cambiar sustancialmente esta realidad y peor aún se aprovechó de ella para su “milagro económico”. Como sentenció Marshall McLuhan y se evidencia certeramente en este caso, “el medio es el mensaje”. O el medio convierte al mensaje en su contrario.

Ataque en la defensa                       

La estrategia de Moyano es defensiva. Quiere defender su lugar en la inestable coalición de gobierno, consecuentemente, defender la caja de las obras sociales y en última instancia “blindarse” políticamente ante los tribunales. Con ese moderado programa y esos mezquinos objetivos no hay “guerra absoluta” posible y en su “guerra real” busca desesperadamente un armisticio. La amplia masa de trabajadores argentinos, mira el enfrentamiento como algo ajeno, cuando está en juego gran parte de su futuro. Pero el programa de Moyano y sus objetivos no pueden generar una “fuerza moral”, o para decirlo en criollo, lograr el entusiasmo más allá de una franja que, aunque maneja resortes estratégicos, no deja de ser una minoría de la clase trabajadora.
Pero el final sigue abierto, porque el gobierno con su omnipotencia del 54% y su hoja de ruta de “sintonía fina” puede extremar el enfrentamiento, más allá del limitado plan “vandorista” de Moyano.
Las fiestas imponen de hecho un “cese de hostilidades”, habrá que esperar los movimientos del gobierno y el jefe de la CGT, en el año que está por comenzar. Luego de los brindis y los festejos de rigor, las paritarias serán el escenario de los primeros enfrentamientos. Así lo adelantan las escaramuzas de los empleados judiciales y los trabajadores de la AFIP que realizaron paros en los últimos días del año y la amenaza de Pablo Moyano, de “paralizar el país” en los primeros días de enero, si las empresas no otorgan un plus de $2500.  
La cuestión salarial y el cese de subsidios, el encarecimiento de los servicios y su consecuencia lógica en la inflación, arman un combo que deja poco margen de maniobra a la moderación y el resurgimiento de la tendencia hacia los extremos pondrá a la “guerra absoluta”, no sólo con Moyano, sino y más estratégicamente, con el conjunto de los trabajadores, nuevamente como interrogante probable.   

2 comentarios:

  1. ¿Qué tal Fernando?
    Muy bueno el post. Venía pensando en el mismo sentido, ya que la verborragia de los beligerantes y los deseos de Clarín por encontrar en Moyano una nueva oposición social dada la diáspora de las sectas opositoras, podían dar la impresión de un ascenso a los extremos que derivase en una guerra por la decisión.
    No compartía ni comparto esa visión, y me parecía mejor medir la guerra (y la política) por los objetivos políticos, tal como planteas en este nuevo post.
    De todas maneras, hay otro elemento que me parece interesante incorporar y es la relación entre "intención hostil" y "sentimiento hostil".
    Según Clausewitz: “En la lucha entre los hombres intervienen en realidad dos elementos diferentes: el sentimiento hostil y la intención hostil. Hemos elegido el último de estos dos elementos como rasco distintivo de nuestra definición porque es el más general. Es inconcebible que un odio salvaje, casi instintivo, exista sin intención hostil, mientras que hay casos de intención hostil que no van acompañados de ninguna hostilidad o, por lo menos, de ningún sentimiento hostil predominante (…) cuán lejos estaríamos de la verdad si atribuyéramos la guerra entre hombres civilizados a actos puramente racionales de sus gobiernos, y si concibiéramos como libre siempre de todo apasionamiento (…) Si la guerra es un acto de fuerza, las emociones están necesariamente involucradas en ella. Si las emociones no dan origen a la guerra, ésta ejerce, sin embargo, acción mayor o menor sobre ellas, y el grado de reacción depende no del estado de civilización sino de la importancia y duración de los intereses hostiles.”
    Al mismo tiempo señala que: “Si el plan está dirigido hacia un objetivo fútil, la agitación emotiva de las masas será tan débil, que siempre necesitará que se la aliente más bien que se la contenga.”
    Desde esta perspectiva también hay que pensar el discurso de Moyano.
    La debilidad (por corporativa) de las "intenciones hostiles" moyanistas no pueden generar un verdadero "sentimiento hostil" en las masas laboriosas, al menos desde el punto de vista la pasión necesaria para que el pueblo se comprometa en la guerra, ya que en su inmensa mayoría no se sienten parte de los reclamos enunciados por el camionero pero para los cuales además no planteó ningún modo de llevarlos adelante, dejando en claro que en realidad su ruptura con el gobierno es defensiva (como bien marcas en este post), con el método vandorista de "golpear para negociar". Para las grandes masas, la defensa corporativa de Moyano esconde intereses espurios y es leída por amplios sectores como una estratagema del camionero.
    Sin embargo, tengo la impresión de que cuando los contendientes tienen como base de maniobras sectores de las masas que escuchan un discurso que legitima los reclamos obreros y denuncia (se autodenuncia) que la crisis la pagan siempre los trabajadores y deberían pagarla los empresarios, puede tener enormes efectos indeseados ya que genera un "sentimiento hostil" no intencionado que marca en el gobierno cristinista un enemigo político, y en el empresariado un enemigo económico.
    Unir esto al enorme desprestigio de una burocracia sindical mafiosa, corrupta, asesina y genuflexa a los poderes que ella misma denuncia abre para la fracción clasista del sindicalismo de base, y para el PTS en particular, un escenario extremadamente favorable para su desarrollo orgánico cuando el 2012 va a someter a la clase, a su vanguardia y a los partidos de la izquierda clasista, a enormes pruebas.
    Tan solo 11 años después del 2001 se revitalizaran los debates de estrategia, nuevamente al calor de los encuentros que se impongan, pero esta vez con el peronismo en el poder, con una burocracia desprestigiada, con nuevos y rejuvenecidos músculos obreros y populares, con una corriente clasista aún de vanguardia y con una izquierda trotskista con un amplio reconocimiento.

    Saludos, el flaco

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  2. Interesante Flaco, efectivamente hay que "traducir" a Clausewitz a la "guerra de clases" y a la lucha clases, que no es lo mismo que la guerra entre estados (para las que pensó su teoría), además de que estamos tomando elementos en tiempos de paz, para pensar la estrategia política. En ese sentido me parece buenos los elementos que aportás y acuerdo en general.
    Abrazo

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