lunes, 5 de diciembre de 2011

El eterno presente del policial

Hicimos un "refrito" de este post, con el agregado de la creativa metáfora de Bensaïd sobre la "Novela negra del Capital" y se publicó como nota en diario Alfil. Reposteamos el artículo publicado



Fernando Rosso

frossocba@gmail.com

Es ampliamente conocido que el género policial es uno de los más populares de la literatura mundial. Cuando Borges escribió junto a Bioy Casares los Seis problemas para Don Isidro Parodi, una parodia (la redundancia fonética no es casual) del género, hizo una lectura particular del nacimiento del policial. En una conferencia que luego se introdujo como prólogo de este libro, decía que Edgar Allan Poe, en realidad no sólo había creado un género con su clásico "Los crímenes de la calle Morgue", sino que había engendrado un tipo especial de lector, lo que era un mérito mayor aún. Sí, Poe había creado “un lector desconfiado, lleno de sospechas, que lee con incredulidad, con suspicacia, una suspicacia especial”. Así, según Borges,   un lector de policiales que baja de otro planeta y le informan que "El Quijote" es en realidad un policial, cuando se encuentra con que "En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre prefiero no acordarme...", comienza a preguntarse ¿cuál es ese lugar?, ¿por qué Cervantes prefiere no acordarse?, seguramente alguna complicidad tiene con aquello que sea que haya sucedido en ese  perdido (o escondido) lugar de la Mancha.... y así continúa su periplo (o su "pesquisa") por El Quijote en busca de descifrar el enigma, por caminos seguramente aterradores.
El fílosofo marxista francés Daniel Bensaid, descubrió que hasta “El Capital” de Marx, podía ser uno de los mejores exponentes del género. Un “enigma”, el de la explotación, basado en un robo y un crimen, el de la extracción “camuflada” de plusvalía. Como diría Engels es un perfecto asesinato, donde “la muerte parece natural”. En la bullanguera plaza del mercado, producto de la gran urbe moderna, se disimula este fenomenal delito con aire de “crimen perfecto”. La verdadera escena del crimen, no está en el mercado, sino escondida en las oscuridades de la producción. Marx-Sherlock y Engles Watson, dedicarán su vida a develar a los ojos de los obreros del mundo, el más bárbaro de los crímenes sociales. Y si falta alguna coincidencia, “El Capital” como muchos policiales, es una trilogía.
De Poe y Wilkie Collins hasta Stieg Larsson y su trilogía sobre "Los Hombres que no amaban a los mujeres", hay un largo camino recorrido por un género que produjo una pasión en esos lectores creados por el primero. Conan Doyle y el genio intelectual y un poco aristocrático de su Sherlock, el clásico de la época limpia de la "novela-problema", donde la escena del crimen nunca estaba presente, lo central eran las capacidades intelectuales para resolver el enigma con el uso racional de la inteligencia, en una época de certezas de las ciencias positivas y de confianza burguesa en la fuerza de la "Razón". Maurice Leblanc y su más mundano y hasta "lúmpen" Arsenio Lupín, “un anti-Sherlock” que trabajaba con la intuición y la astucia, más que con la razón. Chandler y su Marlow que junto a Hammet y otros inauguran el policial negro estadounidense y desde algún punto de vista la etapa crítica del género, donde se confunden buenos y malos, la ley no se sabe muy bien donde está y el Estado pasa de gran "Leviatán" y gran criminal. Expresión de la crisis de los años 20 y 30, la ley seca, el crimen organizado y el irracionalismo de la Gran Guerra.
En Latinoamérica tenemos a Leonardo Padura (famoso últimamente por su novela sobre Trotsky y su sicario), a quién su Mario Conde le permitió retratar (y denunciar) las contradicciones de la vida política y cotidiana de su Habana contemporánea. Mankell nos relata las historias de Kurt Wallander y saca a la luz lo que la Suecia moderna pretende esconder bajo la alfombra. En la misma línea Stieg Larsson que llevó a una fama mayor al policial sueco, nos regaló a Lisbet Salander, una vengadora de los martirios que sufren las mujeres y ella misma en la siempre, en apariencia, "pacífica" y "tranquila" Suecia.
Rodolfo Walsh, supo valerse del género para las más profundas denuncias de los crímenes sociales y políticos cometidos en este país.
Mankell, hace honor a la mejor tradición de la etapa crítica del género y en sus novelas policiales desentraña y se introduce en las complejas historias de los asesinos, el motor de sus odios y los motivos de sus venganzas personales (y sociales), convertidos en algunos casos en fetiches morbosos y sangrientos. Ahí se encuentran las respuestas que la mirada siempre superficial de la policía ("esto solo puede ser obra de un loco"), nunca puede resolver.
“El Chino” responde creativamente a todas las reglas de este canon. Un crimen espectacular en un ínfimo pueblo perdido en los bosques suecos, el asesinato de casi todos los habitantes, la mayoría de ellos ancianos y un niño. Degollados, algunos cortados en pedazos y donde las primeras autopsias muestran que en los asesinatos existió la intención de que se produzca un largo martirio previo a la partida a mejor vida.
Un desquiciado (o varios?)... pero sin embargo terriblemente preciso, un asesinato masivo, meticulosamente planificado. No era un crimen acorde a ese país, podía serlo para EEUU, pero no para Suecia. Mankell nos lleva a los antepasados de alguno de los habitantes de ese pueblo, cuando emigraron a EEUU y trabajaron como "capataces" de las empresas que construyeron las redes de los ferrocarriles y abrieron los caminos estructurales en los primeros pasos de la democracia americana. Empresas que "importaban" esclavos chinos y negros, secuestrados en Cantón o en otras grandes ciudades a las que a su vez habían  llegado desde la pobreza del campo, huyendo de sanguinarios terratenientes y en busca de un destino mejor. Los blancos suecos, a su vez empleados de las empresas constructoras y montadoras de rieles, esclavizando a los "perros amarillos" y a los "demonios" sin alma y sin cerebro de piel negra. Una denuncia, en primer lugar, de un "crimen" masivo y de origen en el surgimiento de los EEUU, pero también una descripción de los odios que casi un siglo después desencadenarían la revolución China. Y a la vez una descripción de las corrupciones y los pasajes por los cuales la burocracia china actual, pasó a nueva clase capitalista. Y "de yapa" una crítica a la vida conyugal y conservadora de las "exitosas" familias suecas, retratada a través de la historia de una jueza (Briggita Roslin), activista radical de los años 60s, que no recuerda en que momento y lugar dejó su vida apasionada de esos años, para convertirse en una esposa infeliz y una funcionaria encargada de impartir una justicia imposible.
Otra pieza (y van...) de la talentosa narrativa de Mankell e indiscutiblemente una de las mejores de su obra, aunque Kurt Wallander, no haya intervenido en este caso.


3 comentarios:

  1. wallander es cita obligada . bravo por los fans del policial.
    teresa

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  2. Maestro, sus crítica literaria se asienta en un realismo que ya quisiera ver en sus artículos políticos.
    Me gusta, ché. Muy buena.
    Saludos !
    PS: Ah! Atención con Roncagliolo, su "Abril Rojo" tiene más de un cliché, es cierto. Pero ¿Acaso los lectores de policiales no amamos los clichés?

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