lunes, 19 de diciembre de 2011

Gobierno y pejotismo: otra interna latente

Columna Diario Alfil 20/12/11



Fernando Rosso
frossocba@gmail.com
@RossoFer

Parece que la presidenta y sus principales asesores le dan un valor sin límites a la importante cantidad de votos que le permitieron la reelección el pasado 23 de octubre.
Como si esa foto, que expresó más el pasado de los años de crecimiento, que el presente y futuro de “sintonía fina”, fuera mágica, eterna y le permitiera abrir varios frentes simultáneamente, con  pretensión de triunfo en todos.
Con esta táctica de “ofensiva permanente” y mientras la escena política y mediática de la semana pasada era ocupada por el cruce con Moyano, en otro teatro de operaciones se desataba el enfrentamiento de baja intensidad con Scioli, el más pejotista de los kirchneristas o viceversa, quien apuesta a cambiarle el contenido al cristinismo, por ahora, desde adentro.
La tropa de cristinistas puros que dirige políticamente el vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, Garbiel Mariotto y adoctrina “ideológicamente” el periodista Horacio Verbitsky, pretende avanzar en ocupar espacios de poder en esa estratégica provincia, donde se decide gran parte del destino del país.
La gresca entre la división de Infantería de la policía bonaerense y los muchachos de La Cámpora, en las puertas de la Legislatura provincial, el día de la asunción de Socioli, sacó al relucir el primer episodio de un enfrentamiento que seguramente se desarrollará con altas y bajas hasta el 2015.

Scioli y “el Perro”

Horacio Verbistsky dijo alguna vez que el apodo de “El Perro” se lo debe al periodista y escritor Paco Urondo, que lo bautizó de esa manera por “su buen carácter”, otra versión afirma que es por el seguimiento sistemático que le da a los temas o personalidades en sus investigaciones. Menos literaria, mítica o diplomática fue la diatriba del Jefe de Gabinete de Scioli, Aleberto Pérez, en su respuesta a la nota publicada el domingo por el periodista de Página 12. “Por algo le dicen perro”, sentenció el funcionario del gobierno bonaerense, “porque cuando se la agarra con alguien no lo suelta más” explicó, e incluso sugirió que Verbistky escribe y crea “cosas ficticias” cuando se ensaña con una persona.
El motivo de esta virulenta respuesta, a la que se sumaron otras del mismo tenor que deslizaron funcionarios del gobierno bonaerense vía Twiter (el último y modernísimo escenario de disputas políticas en 140 caracteres), se debió a las afirmaciones de Verbistky en su columna del domingo. Allí, aparte de denunciar las evidentes relaciones de la Bonaerense con el poder político y judicial, atacó especialmente a la Secretaria de Derechos Humanos de Scioli, a quien ubicó como parte de una trama de encubrimiento y pacto político – policial para impunidades y negociados mutuos.
Otro “affaire”, esta vez con el ideólogo del oxímoron llamado “izquierda K”, que confía en avanzar sobre los factores reales de poder de los barones del conurbano y su santa alianza con los uniformados de la Bonaerense, disparando salva a través de sus interminables columnas dominicales en Página 12. Como dice el refrán “Perro que ladra…”
Por arriba, la relación entre Cristina Fernández y “Daniel”, mantiene la cordialidad de una alianza política. Sin embargo, sin la posibilidad de reelección, el gobernador bonaerense aparece como uno de los sucesores que puede encolumnar a gran parte del peronismo, incluidos varios gobernadores con una relación tensa con la Casa Rosada (teléfono para De la Sota).
La coalición gobernante cruje y desata crisis políticas, con el moyanismo por un lado y con el “pejotismo” interno y su siempre latente rol de “quinta columna”, por el otro. Todo junto y para nada armoniosamente. Y estas crisis, se dan a poco de ganar las elecciones y cuando todavía la economía argentina no recibió los golpes más serios de la hecatombe que recorre el mundo.
La estructura de poder del “bonapartismo” cristinista, una versión desmejorada del mismo sistema que funcionó bajo la dirección de Néstor Kirchner en "aquellos viejos buenos tiempos”, no aparece como sólida para enfrentar a los poderes fácticos de sindicalistas, barones con poder territorial y policías bravas. No alcanza con las plumas afiladas de periodistas y “jóvenes” trepadores (o “chicos bien” como dulcemente los llamó Moyano) cuya máxima utopía es el cargo más alto al que puedan llegar.
Siempre está la alternativa, que en última instancia se aplicó hasta ahora, del pacto y la subordinación a esos factores reales de poder, que fue dejando cada vez más desilusionados a un lado y otro del camino.

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