domingo, 4 de diciembre de 2011

El cordobesismo y la sintonía fina

Columna Diario Alfil 5/12/11



Fernando Rosso
frossocba@gmail.com

Con el cordobesismo se dio una paradoja similar a la que trajo consigo el último grito de la ciencia. Efectivamente, como ocurrió con el neutrino, no sabemos si superó la velocidad de la luz, pero llegó a morir, antes de nacer.
Por estos días, el gobernador electo derrocha gestos hacia el gobierno nacional, con la ambición (y la ilusión) de llegar a algún acuerdo que le permita sobrepasar la crisis económica y financiera del estado provincial.
El cordobesismo, que se promocionó como alternativa al kirchnerismo, trocó hacia una adhesión, prácticamente acrítica al “proyecto”, luego del 54% de Cristina Fernández el 23 de octubre. De la Sota confesó en ese acto ser un verdadero “marxista”, pero no de Carlos, sino de Groucho y su conocido aforismo sobre el necesario cambio de los “principios”, de acuerdo a las circunstancias.
En realidad es la expresión de la clásica “realpolitik” peronista, a la que no es menos afecto el cristinismo, que no tiene pruritos en aliarse a un hijo pródigo del menemismo como Scioli u otros gobernadores pejotistas como Insfrán, Soria o Barrionuevo. Tranquilamente, José Manuel de la Sota podría ser el último “sapo” que debería tragarse ese oxímoron que se conoce como “izquierda K”, en su acostumbrado ejercicio de la batraciofagia. Todo pasa, con una ayudita de Ernesto Laclau y sus teorizaciones sobre el “significante vacío” populista que se puede colmar…con lo que venga.

Años de ajuste y crisis de representación

Las urgencias de la provincia se hicieron patentes en estos días de la transición. Nuevamente se cierra un año, donde prácticamente no se realizaron ninguno de los envíos de fondos acordados entre los respectivos gobiernos. Ni lo que estaban destinados a obra pública, ni los que deberían ir a cubrir gran parte del rojo de la Caja de Jubilaciones.
En relación a la Caja se da otra “paradoja”, el gobierno nacional y popular de la “inclusión social”, le exige al gobierno local que “armonice” la Caja. Este es otro eufemismo que en los hechos significa el pedido de reducir los haberes de los jubilados, que en la provincia se calculan con otra fórmula, lo que implica remuneraciones más altas. De ninguna de las partes se discute la “justeza” o no del 82% móvil que deberían cobrar los jubilados, sino quien paga los costos políticos y financieros de la aplicación (o no) del ajuste.
La sintonía fina local, comenzó con el anuncio de significativas subas del inmobiliario urbano y menores en el rural y con un presupuesto que prevé un magro 12% de aumento para los trabajadores estatales, en las paritarias del año que viene.
El largo conflicto con los trabajadores de la salud muestra la tónica de los años por venir, más que expresar un típico reclamo de transición, como pretendieron presentarlo muchos. Que De la Sota esté utilizando la influencia sobre un histórico aliado como José Pihen del SEP, para embarrarle la imagen su adversario interno, no significa que no haya bases estructurales que motorizan el conflicto. Allí también se están pagando las consecuencias de la cooptación de dirigentes sindicales como el mismo Pihen, que asumirá como legislador delasotista, en medio del conflicto. La pérdida de representatividad ante sus afiliados, impulsó el surgimiento de nuevos agrupamientos que exigen otras representaciones.
En este mismo sentido hay que mirar la evolución dentro de otro sindicato importante, como es el de los mecánicos de SMATA. El moderado dirigente Omar Dragún, próximo a reelegirse como Secretario General, asumirá en el Ministerio de Trabajo en momentos en que las empresas discuten también la “sintonía fina” que debería aplicarse a las próximas paritarias y donde la crisis global deja un signo de interrogación sobre el mantenimiento de las actuales condiciones de producción y exportación, hacia el volátil mercado brasilero. Por las fábricas se extiende un amplio cuestionamiento al índice que toma SMATA para negociar con las empresas, muy alejado de la realidad de la inflación.
En épocas de crecimiento, esta “carrerismo” político de muchos dirigentes sindicales, puede pasar desapercibida sobre la base del conformismo social. En épocas de crisis o de “sintonía fina”, se extienden los cuestionamientos como el que vemos hacia Pihen entre los estatales del sector de la salud o el que recibió la misma cúpula de SMATA cuando permitió pasivamente el despido de cerca mil operarios en la efímera crisis del 2008/2009. Augusto Varas de la UOM (en ese entonces legislador juecista), recibió algunos golpes y el intento de incendio de la sede del sindicato, cuando cometió el “error” de movilizar todos juntos a sus afiliados.
Esta combinación de ajuste en el estado, que deberá ser más profundo si no se rubrica un difícil acuerdo con el gobierno nacional, con desaceleración en el sector privado y una crisis de representación política y sindical, puede ser explosiva para los años delasotistas.
Hay otro “cordobesismo” que puede emerger y que es tributario también de su historia y su tradición. La Córdoba “bipolar” o la que algún historiador llamó “la provincia de los extremos”, alternando años de conservadurismo rutinario casi parroquial, con explosiones de rebeldía que impusieron su impronta a la Nación (e incluso a América Latina), puede mostrar en los años por venir, lo que para algunos es su peor y para otros su mejor rostro.  

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