viernes, 9 de noviembre de 2012

La política en las calles, 8N y después...


Una de las plumas más ilustrada de la Tribuna de Doctrina mitrista hizo una definición correcta: las cacerolas del 8N ocupan un vacío. No es ni el 54, ni el 46; son los 37 puntos que separaron a Cristina del segundo en las elecciones del año pasado. Nosotros habíamos afirmado que "La diáspora opositora y su desubicación política de los tiempos que corren, permitió un triunfo exagerado en 2011 (por la magnitud de la distancia que le sacó al resto) y fue un plus para la subida al caballo del cristinismo (...)". Y fue esa subida al caballo y la ilusa creencia en las omnipotentes capacidades del arbitraje bonapartista, uno de elementos que le trajo los problemas que hoy tiene la administración con las clases medias moderadamente rabiosas, pero también con otros sectores populares. La "cadena nacional permanente" fue la puesta en escena pública de esta pedantería, pero no la única expresión. La injusta ruptura con un hombre servil como Moyano, el desplante que sufren hoy los gordos oficialistas que se ven condenados a la "espejización", la disciplina de "caja corta" para con los gobernadores e intendentes, otras expresiones del mismo mecanismo político bonapartista.   
Ante el inevitable declinar del kirchnerismo y los límites que encuentra su ciclo, con el agotamiento de los fundamentos del "modelo" que hace agua por todos lados, combinado con la fecha de vencimiento político sin renovación de contrato del cristinismo (2015); y ante la carencia de una oposición con fortaleza y volumen suficiente; aparecen las clases medias y la política sale a las calles, en una típica costumbre argentina.
Era tan patente ese vacío -que muestra que la "fractura expuesta" que sufrió el régimen político en el 2001 no se recompuso-, que hasta un "peso pluma" como Micheli (aliado a Moyano) se había vuelto alguien relevante en la política argentina. El rating "imparable" de Lanata es otra manifestación de lo mismo y esto a pesar de su pifies (Capriles).
Así es, Moyano y Micheli venían gozando de la "exclusividad" en el rol de oposición a un gobierno en declive. La masiva movilización de las clases medias y medias altas del 8N los opacó y les quitaron su inmerecido protagonismo, al punto tal que inmediatamente después del cacerolazo prácticamente confirmaron que el eventual paro, si se convoca, será sin movilización. El protagonismo era inmerecido porque vienen intentando sacar a la política de las calles, para llevarla al terreno de la politiquería burguesa. O mejor dicho, hacen una utilización moderada de la calle en función de estrategias parlamentarias, buscando apuntalar a la oposición. 
Las inorgánicas clases medias de este 8N con su programa y con su tónica política, también son funcionales a estrategias opositoras, pero su manifestación en la calle fue mucho más contundente.
La moderación en los discursos y consignas de este jueves, controlando sus contornos más gorilas y derechistas, constatan la relación de fuerzas que en última instancia la elección de Chávez y, si se quiere, hasta la de Obama, confirmaron y es un límite para a la derechización del escenario.
Clases medias en "libre disponibilidad" que la oposición tratará de capitalizar hacia las elecciones del año que viene y que juegan un rol aportando al descontento y malestar general en un país que todos días recuerda su decadencia estructural: por la luz, por la lluvia o por el transporte. La maravilla del "proyecto", que ya casi cumple una década, no pudo modificar estas mínimas condiciones esenciales. 
Lo importante no es que pasa con el conglomerado del 46%, parte del cual salió a la calle el jueves y que tiene el mérito de sacar a la luz los límites de la hegemonía kirchnerista que, a fuerza de guita y consumo sin problemas, los mantenía a raya; sino los desplazamientos y condensaciones que se pueden estar produciendo en 54%. La desaceleración, la inflación, el impuesto a al salario (y los otros impuestos), los padecimientos por los problemas estructurales cotidianos, en definitiva la clausura del "nunca menos", aumenta la disidencia y descontento en su propia base electoral. Sus lazos con el kirchnerismo son directamente proporcionales a sus conquistas, a la limitada "ciudadanía social" que lograron estos años. Todo indica, a diferencia de lo que repite Artemio Lopez en cuánto micrófono se le pone adelante, que allí el gobierno también está perdiendo. El proyecto de re-re elección, casi imposible desde siempre, tuvo ahora su definitiva muerte anunciada. Pero sobre eso volvemos abajo, ahora una líneas sobre una comparación imposible.

El 8N y la Marcha de la Constitución y la Libertad: peronismo y kirchnerismo

Horacio Verbitsky compara el cacerolazo del 8N con la Marcha por la Constitución y la Libertad del 19 de septiembre de 1945 contra quien era en aquel entonces Secretario de Trabajo y Previsión...un tal Juan Domingo Perón. Afirma que los sectores sociales son las mismas "minorías", pero festeja que las de hoy sean pacíficas y democráticas, a diferencia de aquellas. Con esta simple operación que iguala la farsa con la tragedia embellece al kirchnerismo y también a las clases medias y su presunto "democratismo". El carácter abiertamente destituyente de aquella marcha del 45 también se basaba en el hecho de que estaba apoyada por gran parte de las clases burguesas que repudiaban las medidas preventivas "pro-obreras" de Perón, quien pretendía convencerlas de la necesidad de la incorporación pacífica de la clase obrera al régimen político, con solo entregar algo. Se encaminaba, incluso contra su voluntad, hacia un régimen "bonapartista sui generis", bajo la forma de un nacionalismo burgués, que se apoyó en la clase obrera, con concesiones que significaron un salto cualitativo en la "ampliación de derechos", comparado con la condición obrera en la década del 30. Como lo demostró a partir del 52 y sobre todo en el 55, el carácter de clase del peronismo y de su líder se impuso a su "obrerismo de circunstancia" y las consecuencias las pagaron los trabajadores, tanto en ese momento, como más trágicamente en los 70s. cuando volvió a prestar los últimos servicios a su clase.
El kirchnerismo, expresión distorsionada del 2001 y de sus debilidades, comparte con el primer peronismo, mucho más de relato que de contenido social.
No es la "educación cívica" de las clases medias y medias altas que "aprendieron" a manifestarse democráticamente la explicación del fenómeno y el nivel de tensiones actuales. Hay mucho más continuidad que ruptura bajo el kirchnerismo con "nuestra década infame". Los roces con algunos empresarios son mucho más "culturales" que materiales. Si el conjunto de la burguesía se toma su tiempo y sigue el calendario democrático en la búsqueda de un gobierno más "propio",  es porque mientras tanto continúan haciendo muy buenos negocios y hasta incluso reciben el premio de alguna que otra ley menemista como la de Reforma de ART o la ley antiterrorista. No está en el civismo de la burguesía o de las clases medias la explicación de la estabilidad democrática, sino en la derrota de la cual el 2001 comenzó a ser una primera reversión.  Porque como lo definió muy bien León Rozitchner “La democracia actual fue abierta desde el terror, no desde el deseo”, dejando entrever "que la democracia es la continuación del terror económico de la dictadura por otros medios". El alfonsinismo, el menemismo (incluida la Alianza) y el kirchnerismo, fueron distintos medios de esa continuidad y las conquistas logradas por el capital estuvieron a buen resguardo, bajo las distintas variantes de la democracia.
Lo interesante es que esa reversión política que fue el 2001 se suma una reversión social de recomposición del entramado de la clase trabajadora y ciertas experiencias de lucha con una para nada despreciable presencia de una tendencia de izquierda en el movimiento obrero.
Pero el 8N no fue un 19S del 45 y por lo tanto no hay peligro de un 9 "O" (desplazamiento y encarcelamiento de Perón), ni mucho menos "pasión" para un 17 de Octubre. Los que todavía se creen el discurso, tendrán que conformarse con el 7D y la "batalla de las cautelares", bajo la conducción del rudo "Pomelo" Sabatella. Es lo que hay...

Sciolismo: ¿la continuidad de la restauración, pero por otros medios?

La otra operación de Verbitsky gira en torno a la posibilidad de hacer realidad "el sueño de Néstor" de la emergencia de dos coaliciones, una de centro-derecha y otra de centroizquierda. Una utopía de difícil concreción ante la existencia del peronismo que el kirchnerismo ayudó a reconstruir y las fuerzas políticas realmente existentes.
Sin re-reelección, ni sucesor propio a la vista, la consumación de la Restauración se encaminaría hacia un sciolismo kirchnerista, que algunos cristinistas empiezan a ver como la única alternativa de "lo posible". Quién hubiera dicho en los años del descuelgue de los cuadros, del "aliento" a la protesta porque expresaba las "tensiones del modelo", de los Hijos de las Madres, del retorno redimido del setentismo y el camporismo, del gobierno popular y de "la mar en coche"; que el destino de la "Revolución K" sería encumbrar al ex-motonauta que es una perfecta expresión de duhaldo-menemismo con rostro humano. Pero no hay de que asombrarse, después de todo, durante los noventa ¿no estuvieron "en el mismo lodo, todos manoseaos"?. La crisis será de los que creyeron el relato. 
Más allá de estas especulaciones sobre SUS alternativas, lo interesante es la pérdida creciente del carácter mediador del kirchnerismo, ante los límites económicos y políticos para su reformismo. El 8N aporta al debate político general y la burocracia sindical está en uno de los momentos de mayor debilidad en la historia. Todo esto abre el camino a la construcción política de una izquierda que debe conquistar fuerza orgánica, capacidad y preparación para poder imponer su impronta ante los interesantes tiempos que se vienen, donde la historia pone de nuevo delante un fin de ciclo, una crisis, es decir, una oportunidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario